Casa de Lizarraga, Navarra.
Su nombre, así como la tradición local, denuncian su pertenecía a algún cura o "apaiza". Se trata de un bloque de tres alturas, cubierto por un tejado a dos vertientes, y parcialmente afectado por la construcción de casas más recientes, que se adosan en tres de sus hastiales. Su acceso principal se abre mediante arco rebajado, con un escudete hoy ilegible en su dovela central. La fachada va enlucida, salvo los esquinales y los enmarques de los vanos, entre los que llaman la atención dos ventanitas conopiales simples, de pequeño tamaño, que denuncian la antigüedad de este inmueble, a pesar de las profundas restauraciones. En el frente que da a la calle, de mampostería muy picada y sin enlucir, se abren otros dos arquillos conopiales, así como una ventana de mayores pretensiones, geminada y con dobles arquillos de medio punto. En el dintel se han dibujado tracerías ciegas, y ha perdido su columnita central. En la cornisa que recorre la línea del alero se pueden ver, muy desgastadas, dos gárgolas, una de las cuales parece representar un perro, así como un escudete que lleva labradas las dos llaves cruzadas de San Pedro. Esta casa es la única que, por empaque y visos de antigüedad, pudiera ser identificada con el palacio de cabo de armería del lugar. Su nombre, así como la tradición local y hasta el escudete con las llaves pontificias del alero, no casan mal con la noticia, referida por Martínez de Aguirre y Menéndez Pidal, de que el palacio pertenecía a fines del XIV a un eclesiástico, Miguel de Echarri, vicario general del Obispado de Pamplona hacia 1396. De cualquier manera no se trata sino de noticias muy aisladas e inconexas, y el escudete de la puerta, que pudo haber ostentado las armas del L.A.R.N., es hoy totalmente ilegible.
Joseba ASIRON SÁEZ (2006)
Su nombre, así como la tradición local, denuncian su pertenecía a algún cura o "apaiza". Se trata de un bloque de tres alturas, cubierto por un tejado a dos vertientes, y parcialmente afectado por la construcción de casas más recientes, que se adosan en tres de sus hastiales. Su acceso principal se abre mediante arco rebajado, con un escudete hoy ilegible en su dovela central. La fachada va enlucida, salvo los esquinales y los enmarques de los vanos, entre los que llaman la atención dos ventanitas conopiales simples, de pequeño tamaño, que denuncian la antigüedad de este inmueble, a pesar de las profundas restauraciones. En el frente que da a la calle, de mampostería muy picada y sin enlucir, se abren otros dos arquillos conopiales, así como una ventana de mayores pretensiones, geminada y con dobles arquillos de medio punto. En el dintel se han dibujado tracerías ciegas, y ha perdido su columnita central. En la cornisa que recorre la línea del alero se pueden ver, muy desgastadas, dos gárgolas, una de las cuales parece representar un perro, así como un escudete que lleva labradas las dos llaves cruzadas de San Pedro. Esta casa es la única que, por empaque y visos de antigüedad, pudiera ser identificada con el palacio de cabo de armería del lugar. Su nombre, así como la tradición local y hasta el escudete con las llaves pontificias del alero, no casan mal con la noticia, referida por Martínez de Aguirre y Menéndez Pidal, de que el palacio pertenecía a fines del XIV a un eclesiástico, Miguel de Echarri, vicario general del Obispado de Pamplona hacia 1396. De cualquier manera no se trata sino de noticias muy aisladas e inconexas, y el escudete de la puerta, que pudo haber ostentado las armas del L.A.R.N., es hoy totalmente ilegible.
Joseba ASIRON SÁEZ (2006)
