Monarchy and Nobility

Anibal

Al suceder a Asdrúbal, su padre, y acaudillar la famosa expedición a Italia, atravesó el Ebro por el país de los vascones, el año 218 antes de Jesucristo. La incorporación de los euskaldunas a su ejército expedicionario la declara Silvio Itálico en sus versos:

"Nec Cecretani quondam Tyrinthia castra
Aut vasco insuetus galeae ferre arma morati".

Atravesando los Alpes, después de haber levantado a los galos contra los romanos, cae sobre las campiñas romanas derrotando a las legiones junto al lago Transimeno. Sigue el testimonio histórico narrando:

"Tum quo non alius venalem in proelia dextram
Ociot attulerit, condictaque bella provarit
Cantaber et galeae contemplo tergmine vasco".

En el mismo año de la batalla del lago, otra gran victoria, la de Cannas, hizo famoso al Cartaginés y a su ejército. También se vuelve a mencionar a los vascos:

"Subiere leves, quos horrida misit
Pyrene, populi, varioque auxere tumultu
Flumineum latus: affulget coetrata juventus;
Cantaber ante alios, nec tectus tempora Vasco".

Y también al hablar del cónsul romano Paulo y de la misma guerra se les vuelve a mencionar:

"Ac juvenem, quem Vasco levis, quem spicula densus
Cantaber urgebat, lethalibus eripit armis."

Después de la derrota de Capua los vascos regresan a sus hogares.

El novelista Navarro Villoslada recoge este episodio en su novela Amaya o los Vascos en el siglo VIII.

Pájaro de dulce canto,
¿Quién te retiene cautivo?
Ha días que tus gorjeos
no resuenan en mi oído.

Y no hay hora, no hay instante
que con ayes y suspiros,
no recuerde aquellos ecos,
regalo del pecho mío.

* * *

Pasó un dia el africano
delante de nuestros riscos;
nos vio, y dijo a nuestros padres:
"Valientes son vuestros hijos".

Y era verdad; y a nosotros,
que probárselo quisimos,
nos habló: "Voy contra Roma,
busco a vuestros enemigos".

Los mancebos contestamos:
"Anibal, vamos contigo;
pero llévanos delante,
y te abriremos camino".

Y a la hora en que se acuestan
las mujeres, nos partimos,
callados, por no turbar
su dulce sueño a los niños.

El mastín de los rebaños
no aúlla en torno al aprisco,
pues cree que al punto volvemos,
al vernos salir tranquilos.

Pasan días, pasan noches
lejos del valle nativo,
noche y día combatiendo
por el africano amigo.

El Ródano atravesamos,
más que el Ebro enfurecido;
cruzamos luego los Alpes,
más que el Pirineo altivos.

Y allí, como un torrente,
vencedores descendimos
e las campiñas de Italia
y a sus vergeles floridos.

Palacios de oro encontramos,
mujeres hermosas vimos;
pero ni damos por ellos
nuestra cabaña al olvido.

Ni valen aquellas hembras,
con sus joyeles y hechizos
lo que mi madre y hermana
y e! amor del pecho mio.

Dícenme que a Roma vamos,
donde el oro corre a ríos...
¿Qué importa? ¡Que se harten ellos!
Yo por mi valle suspiro.

Yo quiero ver a la hermosa
que me guarda su cariño,
y mi tierra está muy lejos,
¡y el tiempo es largo y sombrífo!

* * *

Pájaro de dulce canto,
cántame así de continuo.
Más desdichado que yo
nadie en el mundo ha nacido.

Perdí la hermosa a quien amo,
perdi mi valle nativo.
Nunca, nunca cesarán
de llorar los ojos míos.