Concept

Altsasuko Inauteriak

Los datos recogidos sobre el carnaval antiguo al final de la década de los 60 por el akordeoilari altsasuarra Enrike Zelaia, propiciaron su recuperación en 1.982 tras un paréntesis de casi medio siglo. La detallada información recibida correspondía a una época en que Altsasu contaba con unos 3.000 habitantes (1920-1930). Su población nativa originaria que básicamente había vivido siempre de la labranza, comenzaba en ese tiempo a resentirse como consecuencia de los efectos evolutivos surgidos tras la llegada del ferrocarril (1863), su consiguiente industrialización y el posterior cambio demográfico. Una duplicada población altsasuarra que en suma, indefectiblemente se encaminaba hacia una sociedad más abierta y plural.

Los Carnavales Altsasuarras se celebraban desde siempre en los mismos días de la semana: domingo y martes anteriores al Miércoles de Ceniza y domingo siguiente, primero de Cuaresma. Sus fechas, en cambio, se ven modificadas cada año al estar condicionadas y regidas por el calendario lunar cristiano, razón por la cual, de un año a otro el Carnaval puede variar su celebración hasta con un mes de diferencia.

En las celebraciones carnavalescas altsasuarras convergen desde hace mucho tiempo dos corrientes culturales claramente diferenciadas. Por una parte está el componente rural, como exponente de una economía agrícola con manifestaciones arcaicas que corresponden a un enraizado mundo tradicional antiguo (=Martes de Carnaval, llamado también Carnaval Rural y Momotxorroen Eguna) y por otro lado aflora el componente urbano, relacionado con la modernidad, la evolución industrial, el consiguiente progreso y respuestas sociales pertenecientes a una consecuente diversidad multicultural (= Carnaval Txikito y Carnaval Urbano o Día de Piñata).

Se celebra desde tiempo inmemorial el domingo anterior al Miércoles de Ceniza y nada destacable se puede reseñar de este carnaval, ya que es un evento dedicado a los niños y organizado con mentalidad, disfraces, personajes y medios que se dan en una sociedad urbana en la que pocas diferencias se pueden apreciar entre unos y otros lugares, incluso entre el carnaval altsasuarra antiguo y el actual.

Altsasu es uno de los pocos lugares que, tradicionalmente, finaliza su ciclo carnavalesco dentro de la Cuaresma. Respecto a su nombre, cabe reseñar que el primer domingo cuaresmal, la Iglesia Católica lo conmemoraba incluyendo en su celebración un juego llamado La Piñata, el cual dio título al carnaval.

Por imperativos laborales y con el fin de darle un mayor realce a este Carnaval de Piñata, en época reciente, el Colectivo Organizador del Carnaval decidió adelantar su celebración al sábado, primero de Cuaresma, logrando con ello que la participación fuese tan masiva como antaño.

La orgía lúdica carnavalera comienza por la mañana y termina veinticuatro horas después. Ya desde el mediodía, la Plaza y la zona de bares del casco antiguo se ven concurridos por variopintos personajes y diversas comparsas de enmascarados, exponiendo a través de espontáneas intervenciones populares las diferentes influencias étnicas y culturales con las que tenemos que convivir en nuestros días (mejicanadas, afro-escenificaciones, trikitixas...) Las intervenciones matinales terminan con comidas populares, continuando por la tarde con bailables y tragos hasta la hora de la cena. Y por la noche baile de máscaras, desmadre y orgía. El tipo de disfraces y escenificaciones son la consecuencia de una necesidad cultural común en las sociedades urbanas de nuestro tiempo, lo cual, con más o menos ingenio y medios es lo que podemos encontrarnos en otros lugares del País.

Entre las dos jornadas carnavalescas de carácter urbano, el martes (víspera de Cuaresma) se celebra en Altsasu el Carnaval Rural, el de los momotxorros. En el carnaval antiguo, el Martes era considerado como el día grande de los carnavales, declarado a todos los efectos como día festivo.

El Carnaval Antiguo

En el carnaval antiguo, el Martes era considerado como el día grande de los carnavales, declarado a todos los efectos como día festivo. Ya desde primeras horas de la mañana, los enmascarados se adueñaban de las calles alsasuarras dándose inicio a una actividad básica e imprescindible en toda fiesta popular que se precie como era la Cuestación. En ella postulaban la totalidad de participantes (incluyendo a la Banda Municipal) con el obligado fin de recoger las viandas necesarias para la celebración de la fiesta.

Por la tarde, después de la comida, la concentración carnavalesca se daba cita en la Plaza de Los Fueros. La participación era multitudinaria. Gentes de toda edad y condición se disfrazaban manteniendo con sumo rigor su anonimato. La banda de música y los txistularis eran los encargados de amenizar la tarde con sus interpretaciones, pero el bullicio reinante era tan atronador y tan ensordecedor el sonido de los cencerros, que resultaba imposible percibir lo que estaban tocando.

A las 8 de la tarde, en punto, las campanas de la cercana torre se dejaban sentir con el toque de oración. Campanadas que indicaban el irremisible final de la jornada carnavalesca, momento en que todos los participantes en la fiesta debían desenmascararse. El Alguacil obligaba a los remisos a cumplir el mandato tal y como señalaban las ordenanzas.

Oficialmente el carnaval había terminado, pero a partir de ese momento comenzaban a preparase las "merendolas", viéndose éstas muy concurridas, sobre todo por parte de la juventud de ambos sexos. La juerga continuaría por la noche con bailes en los diferentes locales sociales que había en el pueblo.

En la actualidad, la mañana de este gran día de Carnaval (al ser laborable) resulta inusitadamente tranquila, contando a partir del mediodía con la presencia de esporádicos enmascarados, los cuales pululan por el casco antiguo como almas en pena. El programa oficial no incluye nada hasta la tarde, momento en que tras una comida popular se inicia el Carnaval Rural Txiki de reciente incorporación. A su vez se realiza la cuestación por el casco antiguo, la cual finaliza con un auzate popular en base a los productos recogidos. Pero la gran eclosión carnavalera está todavía por llegar.

A media tarde la concentración de la comitiva rural se va dando cita en las inmediaciones del frontón Zelandi, dándose inicio al primer acto importante del día como es el Rito de la sangre, en el cual y al trepidante ritmo de la txalaparta, los momotxorros embadurnan su cara, brazos y camisola con la sangre de animales recién sacrificados.

Actualmente el conjunto carnavalesco rural puede sobrepasar el millar de enmascarados, interviniendo todos de manera espontánea y natural. Destacan sobremanera las mascaradas mitológicas más antiguas como son las formadas por los Momotxorroak (Zelaia: Altsasuko inauteriak, pags. 8,9,10), la Ereintza (ibid, pag. 11) y los Juantranposoak (ibid, pag.12), así como las comparsas de época más reciente como la Boda (ibid, pag. 13) y las Mascaritak (ibid, pag. 14), junto a las posteriores incorporaciones del Akerra y las Sorginak (ibid, pag. 15) (1984), codo a codo con variopintos personajes de tipo monstruoso, harapiento o estrafalario, en compañía de comparsas como la de los Matxingaiztoak (ibid, pag. 17) u otras con carrozas y alegorías rurales que se han ido incorporando a lo largo de los últimos tiempos. Todo ello, aderezado con la mágica presencia del fuego, la sangre y el acompañamiento de diferentes conjuntos musicales, con lo cual el espacio carnavalesco quedará bañado de ritmo, luz y sonido en todo su recorrido, formándose una especie de escalofriante y descomunal comitiva andante.

Altsasu

A las siete y media de la tarde... Una estruendosa explosión señala el comienzo del mágico desfile carnavalesco. Cientos de participantes enmascarados inician el recorrido encabezados por los agresivos e intrépidos "momotxorroak" que, cumpliendo con lo que su instinto reclama, irán marcando el ritmo a través de las diferentes calles del pueblo, arremetiendo contra todo aquello que se les ponga por delante.

Estableciéndose una parada en la plaza de Zumalakarregi, las fuerzas nocturnas se embriagarán con la magia brujeril del "Akelarre", donde el "Dios de la Noche", el "Akerra", se encargará de prender fuego a la fatídica hoguera, dándose inicio a un ritual en el que sangre, fuego, akerra, brujas, cuernos, sardas y mascarada general, irán fundiéndose lentamente con las imágenes humeantes de las llamas de la hoguera.

El cuerno de oro señalará con su sonido el álgido momento de bailarse la "Momotxorroen dantza" (ibid, pag. 16) junto a las tradicionales askas y como si de otro ritual se tratase, los momotxorros acudirán a su llamada creándose una inmensa nube de cuernos y sardas danzantes, moviéndose en las penumbras de la noche entre humos y bengalas, a los sones de la música y el estruendoso ritmo de los cencerros. Emocionantes momentos que se irán repitiendo en diferentes lugares del recorrido.

El desfile carnavalesco rural altsasuarra culmina su itinerario con un apoteósico final en la Plaza de los Fueros. La "txalaparta" ejecutando un toque de "arrebato" anuncia la proximidad del carnaval. La gente que desde horas antes abarrota el lugar, espera el momento de su llegada con gran expectación, tensión y nerviosismo. Y por fin, el estruendo de otra potente explosión indica el momento en que los cientos de "momotxorros", poseídos, entran corriendo en loca carrera para la toma de la plaza. Una vez instalados, los mitológicos astados bailan una vez más su "momotxorroen dantza" y acto seguido la música de una interminable "kalejira" irá recibiendo a todos los participantes en el carnaval, conformándose en pocos minutos una agitada y estruendosa muchedumbre que, sobrecogiendo el ambiente, terminará por contagiar a todos la orgía y desenfreno allí reinantes.

Y dando continuidad a una antigua tradición, a las diez de la noche, sonarán las campanas de la iglesia adyacente, indicando con ello, que el carnaval habrá finalizado, por lo que la totalidad de disfrazados deberán desenmascararse para bailar la última Momotxorroen dantza. Un caos festivo de inusitadas dimensiones pondrá el punto final a la jornada carnavalesca.

Por la noche y después de la cena (que algunos habrán disfrutado degustando el antiguo menú de patas orejas y morros de cerdo), la fiesta continuará con la kalejira final, bailando alrededor del quiosco en sentido contrario a las agujas del reloj, tal y como señala la tradición, posiblemente con la subconsciente pretensión de conseguir que el tiempo no corra, o que lo haga al revés para que la fiesta se perpetúe prolongándose hasta el infinito...