Monarchy and Nobility

Abrantes, Duquesa de

Esposa del general napoleónico Junot. Las Memorias de la Duquesa de Abrantes son muy conocidas, pero lo son menos sus Souvenirs d'une Ambassadrice en Espagne et en Portugal, los que, habiendo estado menos en boga, han sido también menos difundidos. El general Junot, primer ayuda de campo del emperador, habiendo sido trasladado a la embajada de Portugal, dejó París el martes de Carnaval de 1805. Iba acompañado por su mujer, Laure Permont, y llegaba a Burdeos el 16 de febrero. Pronto estuvieron en Bayona, donde fueron recibidos por el Alcalde y la Corporación Municipal, que fueron a visitarles ceremoniosamente. De esta primera estancia, la Sra. Junot no dice mucho, pero en la otra obra que acabamos de citar más arriba, presenta un agradable cuadro de la ciudad de Bayona.

"Se ven balcones en casi todas las casas y muchos arcos. La gran plaza que se llamó durante tanto tiempo "Place de la Liberté", estaba embellecida por el paseo que le servía de avenida".

El banquero del general Junot, que era el Sr. Dubrocq, les paseó por todo; es allí donde la joven embajadora, que tenía ya pretensiones científicas, hizo algunas tentativas más bien desafortunadas sobre la lengua vasca. Repite, poetizándola, la leyenda de la "Chambre d'Amour" y sale para España. Debía volver aún a Bayona, pero esta vez no era ya la embajadora que acompañaba a su marido. El general Junot, casi en desgracia, después de haber mandado el ejército de Portugal, se encontraba ahora bajo las órdenes de Masséna, con quien debía mandar el 8° Cuerpo. La Duquesa, que tenía una gran fuerza de carácter, quiso acompañar a su marido:

"Me puse, dice, un traje de montar de casimir gris, con falda redonda. Hice cortar mis cabellos y me puse un gorro polaco forrado de pieles, borceguíes forrados y, así vestida, subí a medianoche a una calesa alemana bien cerrada en la que estaba Junot, y salimos para Bayona".

Nuestra ciudad produjo en ella la impresión de siempre. El general Junot recibió órdenes que le mandaban salir en el acto. Debía estar en Burdeos el 15 de febrero y no tenía tiempo que perder. Tenía que hacer el camino a caballo y su animosa mujer quiso acompañarle. Aunque la Duquesa de Abrantes no se detuvo sino algunas horas en Bayona, no olvidó mencionarla en sus Memorias.

"Me gusta Bayona, dice, es una pequeña ciudad riente, construida al estilo español y presentando un aspecto muy particular y muy diferente de nuestras ciudades de Francia. Las casas tienen balcones con celosías; una se siente tentada de cantar bajo la ventana. La gran plaza misma parece una plaza española. Se llega a ella a través de un hermoso paseo bordeado por el Adour; el Nive, otro pequeño río cuyas orillas son encantadoras, atraviesa la ciudad. Todo es animado, alegre, y de buen humor. Se ve que no es una alegría pasajera y que habitualmente los habitantes tienen un humor alegre".

Después de haber hecho el elogio de los alrededores de nuestra ciudad, la duquesa, que era conocedora en belleza, añade:

"Las mujeres son bonitas en Bayona, y generalmente en todo el país vasco. Su cintura es esbelta, su piel blanca, sus ojos expresivos, bien sean azules, bien negros, y su fisonomía tiene una expresión encantadora. Es sobre todo entre las campesinas donde hay que ir a buscar los bellos rostros".

Mme. d'Abrantes termina la relación de su estancia en Bayona con el relato de una aventura entre un grande de España y una conductora de artolas, después pasa la frontera con su marido. Volvió a pasar por Bayona al año siguiente, siempre acompañada por el general Junot, vuelto a llamar por Napoleón. Pero de esta última estancia no ha guardado ningún recuerdo y no hace sino mencionarla en sus memorias. Ref. Edouard Duceré: Dictionnaire historique de Bayonne, 2 vols, Bayonne, 1911-1915.