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Oteiza Embil, Jorge

Escultor, poeta y artista contemporáneo y uno de los referentes de las vanguardias artísticas contemporáneas. Orio 21-10-1908; San Sebastián 9-04-2003.

Autor de una importante obra escultórica, que resuelve formalmente en los últimos años de la década de 1950, ha recibido por ella varios reconocimientos, entre éstos el gran premio internacional de Escultura en la IV Bienal de Sao Paulo, Brasil (1957). Su propósito experimental y vanguardista se manifiesta en los primeros años de la década de 1930, cuando, junto a otros creadores vascos como el pintor y esteta Nicolás Lekuona o Narkis Balenciaga, conecta con los movimientos y corrientes más progresistas e innovadoras del arte, que, en el plano ideológico y político, le enfrenta a la ideología nacionalista que prevalece en ese tiempo en Euskadi, y particularmente en San Sebastián. No obstante, Oteiza va conformando un pensamiento mítico y simbólico, que hace referencia constante a aspectos antropológicos, étnicos y de tradición asumida de lo vasco, debiéndose buscar uno de sus grandes logros en la constante invitación que ha hecho para que todos esos referentes se sitúen en la modernidad.

Jorge Oteiza

Estos y otros planteamientos, sobre el arte y la vida cultural de los vascos, quedan claramente expuestos en su libro Quousque tandem...!, cuya primera edición se publica en 1963 (Auñamendi, Donostia), y tiene por título añadido Ensayo de interpretación estética del alma vasca. El libro sería un manual de aprendizaje y estímulo para una generación de jóvenes vascos. En 1988, cuando el escultor, que había abandonado formalmente esta expresión creativa en 1958, tiene ya ochenta años, se realiza en Madrid, en las salas de exposición de la Fundación de Caixa de Pensions de Cataluña, la que con toda propiedad era su primera exposición antológica. Su actitud crítica frente a su tiempo y su carácter decididamente polemista, han creado en la moderna comunicación una imagen de Oteiza distante y hosca, imagen que sin duda no se corresponde con su humanidad y su comportamiento en el tiempo. Estas y otras concesiones a la anécdota, por encima de lo que realmente supone su obra creativa, han hecho desmerecer una parte importante de la misma, como es su poesía. No debe entenderse, en cualquier caso, como algunos han insinuado, que la dedicación a la poesía en Oteiza es una decisión de su madurez personal. En realidad, la primera noticia que se tiene de su poesía es en 1954, cuando da a conocer su libro Androcanto y sigo (Ballet por las piedras de los apóstoles en la carretera), cuya edición se realizó bajo la fórmula de "pro-manuscrito", al estar prohibida por la censura. Esto evitó una mayor difusión de un conjunto poético de gran valor, no sólo simbólico, sino estético. De alguna forma se puede decir que lo poético ha sido un recurso permanente del pensamiento y la obra literaria de Oteiza, como luego veremos.

Jorge Oteiza nace en esta localidad de la costa guipuzcoana el 21 de octubre de 1908. Aunque en la biografía escrita por él mismo y dada a conocer en 1968, Oteiza limita cualquier referencia sobre sus primeros años de vida, así como su adolescencia y primera juventud, lo cierto es que la infancia, como es habitual en una mentalidad imaginativa, vuelve siempre sobre sus recuerdos. De hecho, Oteiza ha declarado cómo el regalo de un punzón por parte de un tío suyo le invita a realizar constantes incisiones sobre las piedras y el escultor nos ha recordado cómo desde niño pasaba mucho tiempo mirando al espacio, abstraído y pensativo.

Oteiza

Surge en esos años una noción que explica su particular visión del tiempo en Oteiza, tanto del tiempo histórico como del creativo.

"El tiempo -nos ha dicho- es el espacio interrumpido".

Por contra, Oteiza ha dicho también algo que pudiera parecer opuesto a lo anterior, pero que no deja de ser, poéticamente hablando, complementario: "El espacio es el tiempo interrumpido". Sobre el tiempo del creador de arte, Oteiza ha manifestado:

"Un artista tiene treinta años de vida: quince para buscar caminos y quince para realizarlos" (1988).

En una conferencia pronunciada por el escultor en 1961, en Irún, localidad donde residió por un tiempo tras su vuelta de América, con motivo de la clausura de una Semana de Arte Contemporáneo, Oteiza nos aporta importantes referencias para conocer el ámbito en el que se desenvuelven sus primeros años, que van a determinar en buena medida su actitud creativa posterior.

"De muy niño -afirma Oteiza-, en Orio, donde he nacido, mi abuelo solía llevarnos de paseo a la playa. Yo sentía una enorme atracción por unos grandes hoyos que había en la parte más interior. Solía ocultarme en uno de ellos, acostado, mirando el gran espacio solo del cielo que quedaba sobre mí, mientras desaparecía todo lo que había a mi alrededor. Me sentía profundamente protegido. Pero, ¿de qué quería protegerme? Desde niño, como todos, sentimos como una pequeña nada nuestra existencia, que se nos define como un círculo negativo de cosas, emociones, limitaciones, en cuyo centro, en nuestro corazón, advertimos el miedo de la muerte. Mi experiencia de niño en ese hoyo en la arena era la de un viaje de evasión desde mi pequeña nada a la gran nada del cielo en la que penetraba, para escaparme, con deseo de salvación. En esa incomodidad o angustia del niño despierta ya el sentimiento trágico de la existencia que nos define a todos de hombre y nos acerca de algún modo a uno de estos tres caminos de salvación espiritual que son la filosofía, la religión y el arte... El que se ha decidido concretamente en la vida por una de ellas y el que no se ha decidido también, hallará en los recuerdos de su niñez datos de una espontánea elección o inclinación por uno de esos caminos".

En su autobiografía no ha reparado Oteiza en sus años escolares, aunque ha reiterado constantemente la noción de pérdida del euskera. Sus años de estudio en el Instituto de Guipúzcoa y sus primeras lecturas de Pío Baroja, a quien ha definido como "modelo de comportamiento intelectual y moral", nos transportan en el tiempo a los primeros años treinta, ya en San Sebastián.

Cuando se encuentra en su tercer curso en la Facultad de Medicina de Madrid, Jorge Oteiza decide abandonar la carrera y dedicarse de lleno al arte. Es 1931, un tiempo de gran efervescencia política (advenimiento de la República) y cultural en toda España, particularmente en Madrid. En 1933 Oteiza recibe su primer reconocimiento como artista, el primer premio de escultura en la Bienal de Artistas Noveles Guipuzcoanos.

Oteiza, junto a sus amigos Narkis Balenciaga y Nikolás Lekuona realiza su primera exposición colectiva en San Sebastián (1934).

Al año siguiente realiza un viaje a América, exponiendo conjuntamente con Balenciaga. La guerra civil en España (1936-37) le sorprende en dicho continente, integrándose en el Frente Popular de Chile, y creando el Teatro Político Experimental. Con la pérdida de las elecciones del Frente Popular chileno, viaja a Buenos Aires (1941), donde imparte clases en la Escuela Nacional de Cerámica.

Oteiza
Es esta una de las materias en las que Oteiza ha sido un gran especialista, y sobre la que ha trabajado, tanto en América como en Europa, habiendo escrito muchos trabajos sobre investigaciones llevadas a cabo en cerámica, si bien, como ha denunciado reiteradamente, el original de un ensayo sobre esta materia donde se contenían todos los análisis y estudios llevados a cabo durante mucho tiempo, desapareció de forma inesperada e incomprensible de su casa de Irún. La desaparición de su amigo Nikolás Lekuona, muerto en el frente militar de Fruiz, Bizkaia, siendo camillero de la Cruz Roja, y el desencuentro con Balenciaga, impidió la continuidad de una tarea creativa llevada en equipo, forma de trabajo que, al menos teóricamente, siempre ha sido un planteamiento muy querido por el propio Oteiza.

Oteiza continúa en América, con lo que desaparece la posibilidad de llevar a cabo un planteamiento nuevo de vanguardia, cuestión que se había suscitado en San Sebastián en la década anterior. En Bogotá (1942), es contratado por el gobierno colombiano para organizar un programa de enseñanza oficial de la cerámica. Imparte conferencias en Colombia, Ecuador y Perú, hablando sobre Goya, Picasso, la megalítica americana, entre otras cuestiones.

En agosto de 1947 regresa a Euskadi, e inicia desde el primer momento distintos contactos para organizar un frente cultural, reagrupando a los intelectuales que, tras la guerra civil, habían estado soportando el exilio interior. Como fruto de aquella inquietud surgieron distintos actos culturales, debates, conferencias y exposiciones. En una de esas conferencias, en la que Oteiza invita a Gabriel Celaya, quien imparte su ya conocido ensayo El arte como lenguaje, tuvieron la oportunidad de conocerse Celaya y Blas de Otero, en Bilbao.

En 1950 recibe el encargo de realizar la estatuaria para la Basílica de Arantzazu, en Oñati (Guipúzcoa), en cuyo proyecto intervendrían a su vez los arquitectos Luis Laorga y Sáenz de Oiza y los artistas Eduardo txillida, Lucio Muñoz, Eulate y otros.

Oteiza
La basílica, que se proyectó en 1953, no se construiría hasta 1969, ya que la condición de arquitectura religiosa y los planteamientos de los distintos artistas no parecían agradar a la jerarquía de la Iglesia católica, que incluso llegó a anunciar la excomunión para los arquitectos. El encargo hecho al pintor Agustín Ibarrola no sería admitido y el realizado a Néstor Basterretxea no llegaría a presentarse hasta veinte años después. En este clima, y mientras las piedras de las esculturas de los Apóstoles creadas por Oteiza duermen en las cunetas de la carretera de subida a Arantzazu, comienza a acumularse en el ambiente una sensación de fracaso, que Oteiza denunciará poéticamente en su libro Androcanto y sigo, publicado en 1954.

El primer reconocimiento internacional a la obra de Jorge Oteiza, tiene lugar en 1951, en la ciudad italiana de Milán, en cuya IX Trienal de Arte recibe el diploma de honor.

En ese mismo año, y en la Universidad de Verano, en Santander, Oteiza presentará un Informe sobre la escultura contemporánea, en donde el escultor planteaba distintas cuestiones, como éstas: Del cilindro al hiperboloide. Fases últimas del volumen. Aparición del hueco. Posibilidad de un juicio sobre un vacío vertical en el escultor español (Alberto -Sánchez- y el propio Oteiza, en sus comienzos) frente al vacío acostado anglosajón (Moore). El testimonio de Oteiza es importante para comprender las vicisitudes de su planteamiento artístico en estos años. Nos dice:

Oteiza

"En los años siguientes orienté mi experimentación planteándome un vacío como obtención, por desocupación espacial, frente al concepto de vacío de Malevich como espacio dado. Aunque en mis primeros planteamientos trataba de la obtención de vacíos como energía espacial obtenible por fusión de hiperboloides como elementos livianos, en oposición a los huecos que obtenía Moore por fisión de bloques pesados, digamos que nuclearmente era la liberación de energía por los dos sistemas... Pero aunque arrancaba en mi Propósito experimental para Brasil -añade Oteiza- de estos razonamientos, y de un sentimiento más elemental que visible, de que el concepto de hueco en Moore pertenecía a una geometría orgánica, mientras que el mío era puramente racional y de una geometría inorgánica, mi profunda verdad era que me encontraba en mi escultura (esto ya en 1956-57), descontando expresión, silenciando lenguaje, como necesitando por inmovilización de espacios vacíos, receptivos, sacralizados, de protección".

En 1952, de nuevo en la Universidad Internacional de Verano, en Santander, Oteiza imparte una conferencia sobre Escultura dinámica, siendo seleccionado un año después, en Londres, para realizar el monumento al prisionero político desconocido, proyecto que no llegaría a realizarse. En 1954, obtiene un premio nacional de Arquitectura, con un equipo, en el que estaban los arquitectos Romaní y Sáenz de Oiza. Realiza en ese mismo año la escultura del ábside de la iglesia de los PP. Dominicos de Valladolid.

La primera noticia de la poesía de Oteiza es su libro Androcanto y sigo que surge de la respuesta del artista ante la inconsecuencia y la falsía que percibe en el entorno social ante sus propuestas culturales, y contiene en esencia un conjunto de imágenes, símbolos y propuestas poéticas importantes.

En alguna ocasión Oteiza nos ha dicho que la poesía es para él una razón vital.

"Para mí la poesía -afirma Oteiza- es la forma de recuperar el tiempo perdido en la vida. Es el modo de hallar un escaparate, una ventana, un refugio -recordemos las trasposiciones de Mallarmé, recordemos a Hegel-, para que podamos ver con claridad que el destino del ser es el lenguaje".

Androcanto y sigo es una propuesta también de modernidad. En uno de sus poemas, Oteiza aboga porque "los niños vascos no sigan naciendo en el siglo XVII". Veamos un testimonio de este libro poético:

Pusiste Señor un árbol
hermoso como un rostro en la falda del Aloña
lo miraban un carpintero y un pintor
yo bajaba del Urbía
donde nuestros padres obraron misteriosamente en tu presencia
que yo comprobaría en la ciudad
al cabo de un tiempo
donde una universidad tenía parada su máquina
y desde entonces todos los niños nacen aquí en el siglo 17.

Aunque en el tiempo fue publicando algún poema suelto, tras Androcanto y sigo, sus máximas inquietudes poéticas están en su tiempo de América, donde conecta con el poeta Huidobro, el creador del "ultraísmo". Otro poeta estudiado por Oteiza es César Vallejo, sobre quien en 1960 pronunció una conferencia en Lima. La intervención tenía por título La poética de la ausencia en César Vallejo. Oteiza realizó la escultura de homenaje al autor de España, aparta de mí este cáliz, que se encuentra en la capital de Perú. No es extraño encontrar por tanto en la poesía de Oteiza, elementos de expresión surreal, que surgen de su conocimiento de la poética de éstos y otros autores que dan nombre a la poesía del presente siglo.

Pero la expresión más significativa de la noción poética de Jorge Oteiza se presenta en un texto que escribió en 1964, como prólogo de una antología poética, que no llegaría a publicarse, de los escritores Gabriel Aresti, Joxe Azurmendi, Mikel Lasa y Juan San Martín ("Otsalar"). En este prólogo, que luego se publicará en su libro Ejercicios espirituales en un túnel (1982-84), Oteiza, además de insistir en la necesidad de crear un movimiento cultural alternativo, afirma: "Poeta es el hombre que se recupera y se usa entero en su lenguaje". Para Oteiza, "lo que transforma un idioma en poesía es la necesidad de que las palabras nazcan en el corazón del hombre".

El poeta Juan Mari Lekuona, que ha realizado distintos análisis de la poesía popular y el bertsolarismo, y ha estudiado las nociones poéticas de Oteiza a partir de su libro Quousque tandem...!, ha afirmado que "la existencia del pensamiento poético de Oteiza libera a la poesía vasca de cualquier complejo de inferioridad". Como nota más característica de esta poesía hay que señalar la constante tendencia de Oteiza a reducir la expresión a lo más esencial, propuesta que se corresponde en su escultura con su "silencio del lenguaje" y "descuento de la expresión" a que antes nos hemos referido o, dicho con otras palabras, la noción de vacío y desocupación espacial. Esculturas suyas como Caja vacía (1958) o Desocupación espacial (1973), entre otras muchas, nos remiten constantemente a ello. Con el tiempo, otro poeta vasco como es Blas de Otero se referiría en 1977 a esta misma noción, en un poema que tiene por título Oteiza, en Aránzazu, poema que luego se publicó en su libro Expresión y reunión (1981) y que es un retrato musical de la expresión poética oteiziana. El poema de Blas de Otero es éste:

El vacío del centro
de la piedra,
círculo horizontal
prolongándose
por sí solo,
redondo
y pleno
todo,
lengua llameando,
izando
entre la piedra
cóncava,
cuchara de la palabra,
sílabas oleando,
ritmo
brizado en el silencio,
ahondando
en el cuenco de la mano
poderosa
de Oteiza.

En 1986 da a conocer un conjunto de poemas, con el título general de Theomaquias, escritas en el año anterior y publicadas en la Revista Internacional de Estudios Vascos. En estos poemas, que escribe a un tiempo con otros, a los que inicialmente dio el título de Existe Dios al noroeste, se aparece y representa de nuevo ese tono envolvente de toda la poesía de Oteiza, con referencia constante, de forma alusiva y elusiva, al silencio. Su ritmo perifrástico, sintético, de expresión mínima, hace que su noción de poética enlace con una escritura casi automática, de un ritmo vertiginoso, torrencial, de una gran expresión. Su poética concuerda en muchos de sus acentos con poetas de la dimensión y creatividad de Y. Ritsos.

El poeta Gabriel Aresti, que dedicó a Jorge Oteiza el más largo poema que compuso, el que lleva por título la letra Q, de su libro Harri eta Herri (Piedra y pueblo), afirmó en uno de sus versos:

"Para comprender la escultura de Jorge Oteiza/ se necesita vista larga".

Aresti, como otros muchos autores, ha reconocido la intuición e ingenio de Oteiza, tanto en la formulación de bases teóricas como en la resolución de sus propuestas. Ya hemos visto anteriormente alguno de los reconocimientos internacionales que ha merecido su escultura. En la autobiografía escrita por el escultor, para el libro sobre el mismo, del escritor Miguel Pelay Orozco en 1978, Oteiza alude al tiempo que reside en Madrid, a partir de 1956, como

"el período experimental en mi vida de mayor intensidad, trabajo y concentración."

Y añade Oteiza:

"Lo debo a que dispongo, gracias a Juan Huarte, y creo que ya desde el año anterior, de grandes espacios para mi trabajo y de un ayudante para la realización en piedra, en el edificio de Nuevos Ministerios, cuya obra se encontraba interrumpida".

Tras el reconocimiento internacional, con el premio recibido en la Bienal de Escultura de Sao Paulo, en Brasil (1957), Oteiza realiza otras obras, como la estela del monte Agiña, en Lesaka (Navarra) en memoria del músico vasco Padre Donostia, en un conjunto realizado arquitectónicamente por Luis Vallet. Es este año de 1958 cuando Oteiza finaliza su investigación sobre la Ley de los Cambios. Así lo testimonia el propio autor:

"Y finalizo con mi Ley de los Cambios, mi experimentación en escultura, con escultura vacía, con un vacío conclusivo que relaciono con la naturaleza estética de nuestro cromlech microlítico vasco".

Oteiza lo ha dicho con otras palabras, a raíz de la exposición antológica de su obra en 1988, en la Fundación Caja de Pensiones, en Madrid, Barcelona y el Museo de Bellas Artes de Bilbao:

"Deseo justificar -escribía Oteiza con este motivo- la pobreza aparente de mi escultura me ha tocado servir al arte contemporáneo en una fase que debía resultar experimentalmente mínimal y conclusiva. Mi importancia podría residir en el rigor y la humildad de mi sometimiento a esta tarea experimental para que tuve que auxiliarme con una Ecuación molecular del Ser estético y una Ley para el proceso de los cambios/ ocupación-desocupación de la expresión".

Y, tras ratificar planteamientos ya expresados, Oteiza concluye:

"Mi conclusión en 1958 fue con un espacio vacío puramente receptivo que me dejó sin escultura en las manos/ uno años después esto sucedía visiblemente a muchos artistas; el Arte contemporáneo experimentalmente concluía".

En estas y otras manifestaciones, como queda expresamente señalado en su libro Quousque tandem...! (1963), se plantea en síntesis su interés por el reduccionismo y su geometría, que ha sido determinante en movimientos artísticos como el cubismo o el minimalismo, así como el constructivismo ruso. Teóricos e historiadores del arte como José María Moreno Galván o Francisco Calvo Serraller se han referido al conjunto de expresión teórica y práctica de Oteiza, para calificar a éste como uno de los autores más importantes del siglo XX.

Calvo Serraller, citado anteriormente, hizo en 1985 una valoración escrita (Diario "El País"; 2-02-85) de lo que supone el pensamiento de Jorge Oteiza, con un testimonio que expresa la importancia de Quousque tandem...!, el libro editado por Auñamendi en 1963. Escribe Francisco Calvo Serraller:

"Uno de los documentos más incisivos y polémicos sobre Arte y Estética entre los que se han publicado en nuestro país durante los últimos 40 años, el Quousque tandem...!, del escultor vasco Jorge Oteiza, ha alcanzado ya esa proyección mítica que le convierte en algo más que un libro... A pesar de ser Oteiza un creador plástico de tan notable envergadura, aquí lo traemos a colación básicamente por sus reflexiones teóricas, que han supuesto un auténtico aldabonazo crítico sobre el problema de las raíces antropológicas de la identidad estética contemporánea, asunto éste que es tratado por él desde la perspectiva específica de la peculiar cultura vasca".

Según el profesor Calvo Serraller,

"habría que preguntarse cómo un artista de vanguardia, como ha sido siempre Oteiza, lleva su pensamiento al campo de las raíces antropológicas que definen una tradición cultural, cuando el espíritu moderno parece haberse definido por una oposición indiscriminada frente al pasado".

Efectivamente, en Quousque tandem...!, Oteiza plantea esta cuestión que señala con acierto Calvo Serraller, afirmando el escultor de Orio:

"Escribo hacia atrás. Miro adelante, pero voy retrocediendo, caminando hacia atrás".

Y añade el profesor Calvo Serraller:

"...Bajo esta paradoja aparente, la de relacionar el acelerado vértigo temporal de la vanguardia, siempre cambiante por tener que ir continuamente en pos de la novedad, con algo tan decididamente intemporal como es una identidad cultural arquetípica, Oteiza acertó a plantear la cuestión quizá más acuciante y grave del artista contemporáneo: su razón de ser. Antes incluso de haberse elevado a un plano de la consciencia, encontramos este mismo anhelo de avanzar retrocediendo en los principales maestros de la vanguardia histórica, cuya ruptura abismal con el pasado en pro de formas de expresión inéditas les lleva a identificarse con el hombre primitivo, a auscultar el eco interior no contaminado por siglos de civilización histórica".

Ese "avanzar retrocediendo" que plantea Oteiza, enlaza a juicio de muchos historiadores con la misma noción de progreso planteada por la vanguardia histórica.

Cuanto sobre este particular teoriza y reflexiona Oteiza, se expresa con la misma intensidad en el libro El presente eterno: los comienzos del arte, el pensador Sigfried Giedion (1964) y estudios aún más recientes de Suzi Gablik (1977) ponen de relieve la importancia de ese enlace a la memoria prehistórica que expone Jorge Oteiza en Quousque tandem...!.

La cuarta edición de este libro data de 1983. El libro, al que en esta última edición le precede una Nota con resentimientos para esta cuarta edición, tiene como subtítulo Ensayo de interpretación estética del alma vasca. A su vez se añade un breve diccionario crítico comparado del arte prehistórico y el arte actual. El artista alemán Joseph Beuys, cuyo pensamiento ha interesado mucho a Oteiza, ha insistido en las bases históricas del discurso teórico, como afirmó en su viaje a Madrid en 1985:

"Lo que trato de desarrollar es un entendimiento antropológico, un desarrollo psicológico del arte, relacionado con la historia que lleve verdaderamente al estado en que se puede hablar de arte moderno, es decir, con Marchel Duchamp, Picasso, Miró, Mondrian. Todos ellos pertenecen a lo que llamamos arte moderno".

Con motivo de la exposición antológica de Jorge Oteiza a que nos hemos referido, el crítico e historiador del arte Francisco Calvo Serraller, volvía a reconocer (Diario "El País"; 6 de febrero de 1988) la importancia del discurso de Quousque tandem...!. Y aún más, de lo que supone el "propósito experimental" de Oteiza, presentado ya en esencia en 1957, con motivo de la Bienal de Sao Paulo. Para Calvo Serraller

"el proyecto creador de Oteiza es más que un simple proyecto artístico: es un proyecto metafísico, una cosmovisión".

Como otros muchos historiadores, y el propio Oteiza, Calvo Serraller señala cómo el escultor, pensador y filósofo "se ha situado en el antes de la historia, lo que él llama situarse en ese vasto territorio de lo preindoeuropeo". En ese "refugio" no hay sino "imágenes".

"Para explorar en lo más profundo -agrega el citado autor- hay, no obstante, que elevarse, como para avanzar hay que dar muchos pasos atrás. Esta paradoja sitúa a Oteiza en la experimentación vanguardista, a la que accede, por sendas en algún momento coincidentes, fundamentalmente, con Mondrian y Malevitch, a la consciencia del vacío, una consciencia plástica o poética, mas, en todo caso, una consciencia reconstructiva, pues en ella el hombre ha de reconstruirse y hallar su lugar en el cosmos, lejos del centro, fuera del centro".

Se acerca así el pensamiento de Oteiza a una conciencia oceánica expresada en otros creadores, como es el caso del también poeta vasco Gabriel Celaya, con su noción del "Nadie es nadie. Todos somos en los demás". El propio Oteiza, con motivo de una conferencia de prensa, en Madrid, declaró (1988):

"Mi centro está en los demás; son los demás".

La respuesta de la sociedad vasca a los planteamientos innovadores de Oteiza, en aquellos primeros años de la década de los años sesenta, fue desigual, aunque tuvo especial reconocimiento en la juventud, y, de modo particular, en una juventud nacionalista, que no veía salida alguna al discurso del nacionalismo tradicional. Uno de estos testimonios, expresado con el tiempo (1985) es el de Mario Onaindía, escritor y político, que fue juzgado por su pertenencia a la organización ETA, en el proceso de Burgos (1970). El testimonio de Onaindía, posteriormente, uno de los impulsores y dirigentes del partido político Euskadiko Ezkerra, puede ser el paradigma del pensamiento de aquella juventud, frente al mensaje de Oteiza. Escribe Onaindía (Diario "El País"; 11 de febrero de 1985):

"Ya para mediados de los años sesenta, el nacionalismo vasco tenía tan desarrollados como ahora algunos de sus perfiles más negativos: antiespañolismo visceral, acaso menos injustificado que ahora por la identificación del régimen franquista con España; ausencia de proyectos positivos; ambigüedad de los fines y no definición de los principios; y, por encima de todos ellos, el peor y más difícil de desarraigar, una ideología absolutamente aburrida por monotemática". "En un mundo de esas características -continúa Mario Onaindía- no es raro que la mayoría de los jóvenes de familias nacionalistas, abandonara, junto con la estéril, por soporífera, mitología nacionalista, los vínculos con el país, arrojando al niño con el agua sucia. Yo no estuve lejos de hacer lo mismo. Y lo hubiera hecho si no fuera por un libro, Quousque tandem...! , que de modo muy oteiziano, apasionado, iluminado, contradictorio, paradójico, nos gritaba en cada página que había algo más. Que debajo de aquel folclor, ritos, mitos y pitos había un pueblo desconocido, y que debíamos esforzarnos en encontrar en sus raíces prehistóricas las respuestas a las preguntas que nos planteaba la cultura moderna. Tras aquella bullente mezcla precipitada de Heidegger, la banda de música de Irún y los recuerdos de la playa de Orio, había una clara voluntad de modernización del nacionalismo y del conjunto del país. ¿No fue acaso Marx quien dijo que si la historia había sido la ciencia desarrollada por la burguesía, el proletariado debía centrar su atención en la prehistoria?".

Y concluye Onaindía:

":...Al reconstruir la prehistoria no se hacía otra cosa sino romper los estrechos moldes en que se encerraban nuestra historia, y, por tanto, nuestro futuro".

Este pensamiento innovador de Oteiza ha sido tenido en cuenta por otros jóvenes profesores vascos. Es el caso de Juan Aranzadi, autor del libro El milenarismo vasco, quien, a la hora de valorar la presencia del discurso de Oteiza en la sociedad de su tiempo, afirma:

"...ningún otro artista, ni siquiera Eduardo Chillida, ha alcanzado la importancia civil y extraartística de Jorge Oteiza, su influjo en los más diversos aspectos de la vida vasca, ya que la experiencia y la teoría de Oteiza empieza en la escultura, pero desemboca en la política y en la vida, pasando por la estética y la religión".

El músico vasco Benito Lertxundi, natural también de Orio, ha declarado (1985):

"En aquellos años 60, cuando empezábamos a cantar, Oteiza estaba escribiendo y pasábamos largas tardes conversando. Me impresionó mucho aquel hombre en aquella época".

Fue precisamente Oteiza quien puso el nombre a aquel movimiento de canción vasca que surge en ese tiempo, "Ez dok amairu".

En ese capítulo de reconocimientos, encontramos el del escultor Manuel Alvarez (Revista "Tiempo", núm. 368, 22 de mayo de 1989):

"Hace muchos años que considero a Oteiza el padre de la escultura española actual".

Aguilera Cerni, en su libro Panorama del nuevo arte español (1966) escribió:

"Oteiza es la más fulgurante figura del arte posbélico español. Oteiza encarna el inmenso lado metafísico del arte normativo. La estética oteiziana es la más importante aportación jamás hecha por un artista español a la filosofía del arte".

En una conferencia pronunciada por el crítico Santiago Amón en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del País Vasco (Bilbao, 1983), el hoy desaparecido escritor expresa una opinión de gran trascendencia, por cuanto se refiere al primer párrafo del Propósito experimental de Oteiza:

"Voy a decir algo -afirma Amón- que nunca he dicho por razones absurdas, que pueden ocurrir entre las relaciones de las personas. Este texto de Oteiza es la base del tratado, háyalo leído o no Martin Heidegger, no lo sé, pero bien leído este texto es la base del soberbio ensayo que nada menos que Martin Heidegger publicó con el título El arte y el espacio, que por cierto fue ilustrado por otro vasco ilustre, por Eduardo Chillida. El único manifiesto digno de figurar en las antologías, es el manifiesto que Jorge Oteiza titula Propósito experimental y lo escribe entre 1956 y 1957 para su presentación, representando a España, en la Bienal de Sao Paulo, en la que logrará el Premio de Escultura, es de una lucidez insólita, y el título es La estatua como desocupación activa del espacio por fusión de unidades formales livianas".

Otro crítico e historiador del arte, José María Moreno Galván, ha calificado a Oteiza (1967) en términos similares, afirmando:

"Oteiza es uno de los 4 ó 5 escultores fundamentales del siglo XX".

Entre los distintos planteamientos y reflexiones sobre el arte que Oteiza aporta en sus discursos teóricos, fundamentalmente en su "Quousque tandem...!", nos encontramos con dos cuestiones que responden a las inquietudes básicas de este pensador sobre el arte. Una, se refiere al comienzo, a la referencia primera de lo artístico; la segunda cuestión, a la conclusión del arte. Así escribe Oteiza en el Diccionario crítico comparado del Arte Prehistórico y el Arte Actual, incluido en el citado libro:

"El Arte comienza en la prehistoria europea cuando el hombre apoya su mano herida en el muro: descubre estéticamente la pared, el poder mágico de la pared. Todo lo que pone en la pared se hace invulnerable, sagrado. Los rostros de las cosas los irá convirtiendo en máscara en la pared, para irlos dominando. Luego pintará la mano como un peine. El pintor recupera su rostro natural y se irá. Esto le sucederá dos veces al hombre del paleolítico superior. Cada vez dura miles de años su actividad (...Auriñaciense y Magdaleniense... son las dos culturas que corresponden a estas dos veces)".

Oteiza completa esta reflexión con el planteamiento siguiente:

"El arte concluye como empezó. Pero al revés. Las cosas concluyen como empezaron. Pero cambiando lo que era hablado y expresivo al comienzo por lo que es silencioso y receptivo. La técnica del comienzo es por ocupación espacial. El artista se apoya en el espacio y va poniendo cosas en él. Pero al final el artista va desocupando el espacio, quitando cosas de él o representando el aspecto temporal y más subjetivo de las cosas, lo que el tiempo trabaja y deja en el hombre y en la realidad. Así el arte contemporáneo comienza pegando papel de periódico y arena y pedazos materiales de la realidad para iniciar un nuevo objeto estético, un nuevo sitio para la pintura. Y termina reflejando la acción eliminativa del tiempo, desocupando el objeto con los mismos materiales de la realidad, con el papel, el no-color y la arena. Al comienzo, con unas gotas de tinta sobre el papel, Kandinsky piensa en un espacio discontinuo espacialmente. Hoy esto mismo se piensa con una continuidad temporal, temporalmente".

Pero la actividad de Oteiza no se agota en su labor teórica, en su creación escultórica, en su obra literaria. Oteiza ha participado en diversas empresas culturales. En 1962 y 1963, coincidiendo con la publicación de Quousque tandem...!, Oteiza participa en diversas sesiones de "La Academia Errante", agrupación popular, donde intervienen distintos intelectuales vascos, entre los que destacan Luis Martín-Santos, el propio Oteiza, Julio Caro Baroja, Joxe Miguel de Barandiarán, entre otros. Oteiza participó con distintas aportaciones en las sesiones dedicadas a Lope de Aguirre, la generación del 98, a Barandiarán o Los Caballeritos de Azkoitia. Sobre estas cuestiones se publicaron, en el mismo año de 1963, cuatro libros (Auñamendi, San Sebastián).

Oteiza sigue participando en la tarea de crear una nueva conciencia crítica, recorriendo el País y dando diversas conferencias.

Oteiza
Una de éstas tiene lugar en 1964, en el estreno en Guernica de la película Pelotari. El título de esta conferencia fue Importancia del artista en la vida del pueblo vasco. Al año siguiente, y en Barcelona, habla a los estudiantes vascos en la Universidad, con una conferencia cuyo título invitaba a muchas cosas: El arte como escuela política de tomas de conciencia. Hace propuestas a los jesuitas en Loiola, (Azpeitia) para que se habilite un pabellón como ikastola experimental y Universidad Vasca piloto, con talleres de arte; similar propuesta hace en el edificio del Gran Kursaal de San Sebastián, y en Vitoria-Gasteiz, presenta un proyecto de Museo de Antropología estética vasca. Los proyectos no irían adelante.

Sí tuvo en cambio un papel importante el clima generado en torno a la Galería Barandiarán, en la que intervinieron jóvenes creadores y, entre otros, el poeta argentino Julio Campal, creador de poesía especialista, de la que se hizo una exposición en dicha galería. Como en dicha galería se haría en 1966 otra exposición de artistas, en la que el grupo Gaur, grupo fundacional de la entonces denominada Escuela Vasca, lleva a cabo una exposición y presenta un manifiesto.

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En aquella exposición participan los siguientes artistas, integrantes en ese momento del grupo Gaur: Jorge Oteiza, Eduardo Chillida, Néstor Basterretxea, José Antonio Sistiaga, Amable Arias, José Luis Zumeta, Rafael Ruiz Balerdi, Remigio Mendiburu. La Escuela Vasca, cuya misma entidad niegan algunos de los integrantes, estuvo más alimentada por una inquietud civil, social, que por planteamientos estéticos comunes. Oteiza, el principal impulsor de aquella postura, iniciaría posteriormente contactos con otros artistas vascos, para que se crearan grupos similares en otras provincias. De este modo surgieron los grupos "Emen", en Vizcaya, y "Orain", en Álava. El grupo "Danok", en Navarra, tuvo mayores dificultades y no pudo siquiera llevar a cabo una exposición.

En ese mismo año de 1966, el Ministerio de Información y Turismo había prohibido la publicación del libro de Jorge Oteiza, Ejercicios Espirituales en un túnel. El libro no se publicaría hasta 1982.

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En 1969, y en Deba, Oteiza ensaya otra experiencia de trabajo colectivo en arte. Se crea la donominada Escuela de Deba. Oteiza cuenta de este modo dicha experiencia:

"Aperribay, alcalde de Deba, al que le habían impresionado en un coloquio sobre urbanismo en Irún, mis quejas y referencia a soluciones de urgencia, y que creía que estaba en disposición de hacer algo, de ayudarme a hacer algo. Así comenzó la Escuela de Deba, con la pretensión de modelo de Escuela de Arte, de Escuela piloto, para multiplicarse en nuestro país, para documentaciones, información cultural, servicio en la educación del niño, ikastolas, imaginación para andereños y artesanías. Lugar insuficiente, medios lentos, pocos, pero sobre todo la falta total de espíritu de generosidad, de sacrificio, por parte de los artistas que debieron de haberme acompañado hasta dejar en funcionamiento la escuela. Los 10 meses que viví en Deba, una experiencia triste, una juventud sin disciplina voluntaria de trabajo, insensatos, miopes de visión para imaginar comportamiento, hipócritas delante de mí, todos divididos a mi espalda, actuando por su cuenta, conspirando por mandar. Sigo sin entender este estilo suicida de nuestra conducta, que lo considero además no vasco, pero que no veo otro".

En 1974, en la galería "Txantxangorri", de Hondarribia, Oteiza presenta una exposición de su obra escultórica, que considera entonces debe ser su última exposición como escultor. Pero no suponía silencio. Oteiza publicaría en 1983 la primera edición del libro Ejercicios Espirituales en un túnel. Si en Quousque tandem...! Oteiza hacía un retrato y aportaba una propuesta de recuperación de una actitud creativa y crítica, en este nuevo libro, el pensador vuelve a advertir de la necesidad de retomar con urgencia el discurso, pues el país está aún por hacer, la sociedad por vertebrarse. Su pesimismo se acrecentará, no obstante y, en 1988, con motivo de la exposición antológica de su obra en Madrid, declaró: "Euskadi se recuperará en todo menos en lo cultural".

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Tras la segunda edición de sus Ejercicios, en los que se ofrece una aguda reflexión sobre la muerte del arte, la necesidad de recuperar un modelo de pedagogía que mire al interior del hombre y una propuesta lingüística, en la que Oteiza ha estado trabajando en los últimos años, el pensador ha seguido estando presente en la sociedad vasca.

A esos conceptos lingüísticos se ha vuelto a referir Oteiza en su libro Cartas al Príncipe (1988), editado con motivo de la concesión del Premio Príncipe de Asturias de las Artes. Considera Jorge Oteiza, como lo entiende el antropólogo y lingüista Friedrich, de la Escuela de Chicago, que

"es posible el acceso a una lengua primitiva y su cultura pero sujetándonos rigurosamente a un método que consiste en la combinación de unas raíces supuestamente originales para la obtención de un vocabulario".

"Exactamente -afirma Oteiza- es el método que yo propongo como Operador etimológico en mi libro Ejercicios Espirituales (el Código Semántico al que me acabo de referir de Friedrich) y que yo utilicé 30 años antes en mi Propósito experimental para el estudio de mi escultura como lenguaje. Ni un sólo comentario en nuestro país sobre mi libro".

Con la llegada del proceso democrático, Jorge Oteiza, como otros muchos artistas, esperaba la creación de un clima de creación, debate y experimentación en libertad. El escultor, junto con otros artistas, mantuvo una reunión con el presidente del Consejo General del País Vasco, luego lehendakari del Gobierno Vasco, Carlos Garaikoetxea, para ofrecer su colaboración en una política del arte y para las artes. Oteiza denunciaría posteriormente, con firmeza y dolor, la frustración frente a aquellas expectativas. En 1985, Oteiza recibió el premio de la revista "Euskadi", como reconocimiento a su labor general en la cultura. Con este motivo, el escultor envió una carta abierta, en la que criticaba duramente la política cultural llevada a cabo por el Gobierno Vasco, lo que generó una auténtica convulsión en muchos ambientes.

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En ese mismo año, Oteiza recibía la Medalla de Oro de las Bellas Artes y expresaba de nuevo su pesar y contrariedad porque su proyecto para la creación de un cementerio en Ametzagaña, en San Sebastián, no fuera aceptado por el Ayuntamiento de la ciudad, presidido por Ramón Labayen, quien fuera consejero de Cultura del Gobierno Vasco, y a quien Oteiza ha responsabilizado de forma especial del deterioro cultural de estos años. En 1988 recibe el Premio "Príncipe de Asturias de las Artes" y representa a España en la Bienal de Venecia, junto a la escultora Susana Solano. En este mismo año se da a conocer su nuevo proyecto, la creación de un centro cultural, en la Alhóndiga, de Bilbao, a propuesta del Ayuntamiento de la ciudad. El proyecto, conocido como "Cubo", representa una moderna construcción, ideada por los arquitectos Francisco Sáenz de Oiza y J. Daniel Fullaondo. Sin embargo el proyecto nunca se llevó a cabo al considerar la Junta Asesora del Patrimonio Monumental de Euskadi (adscrita a la Cosejería de Cultura) como Monumento Artístico el edificio de la Alhóndiga.

Én 1992 tomó la decisión de donar su fondo artístico y documental al Gobierno de Navarra. En 1996 Oteiza y el Gobierno de Navarra ratifican el acuerdo sobre el destino de su obra y se establecen los estatutos de la Fundación Museo Oteiza.

El Museo Oteiza cuyo proyecto arquitéctonico desarrolló Javier Sáenz de Oiza, abre sus puertas en Alzuza (Navarra) en abril de 2003.

  • Carta a los artistas de América (Sobre el arte nuevo en la postguerra); Universidad de Popayán, Colombia, 1944.
  • Lo dinámico en el arte (En el libro "Problemas del Arte Abstracto"), Madrid, 1956. (El texto de Oteiza fue escrito en 1950).
  • Interpretación estética de la estatuaria megalítica americana; Edic. Cultura Hispánica, Madrid, 1952.
  • Androcanto y sigo. Ballet por las piedras de los apóstoles en la carretera (Poemas), Edición Pro-Manuscrito, Madrid, 1954.
  • Propósito experimental 1956-57, 1957.
  • Quousque tandem...!. Ensayo de interpretación estética del alma vasca, Auñamendi, San Sebastián, 1963, Primera Edición.
  • Para una tipología de las relaciones del vasco con Dios y con la muerte (Epílogo al libro de Elías Amézaga "Consejos a un recién muerto"), Ediciones Ellacuría Bilbao, 1965.
  • Estética del huevo. Mentalidad vasca y laberinto (Epílogo al libro "Oteiza, 1933-68", de J. Daniel Fullaondo), Alfaguara, Madrid, 1968.
  • Para una tipología del cuento vasco en castellano (Prólogo al libro "Cuentos Vascos", de Luis de Uranzu, Irún, 1970.
  • Un modelo de hombre para el niño en cada país (Epílogo al libro "La sicología entre la física y la ecología", del Dr. Ubalde Merino, Santander, 1973.
  • Carta al escultor navarro (Catálogo de exposición de Aizkorbe, Pamplona, 1976).
  • Algo sobre los dos lados en el espacio, para un comportamiento combatiente (Prólogo al libro "Hernani 1", de Tomás Goikoetxea), Edit. Hórdago, San Sebastián, 1978.
  • Quousque tandem...! (Con un prólogo "Nota con resentimientos para esta cuarta edición"), edit. Hórdago, San Sebastián, 1983.
  • Ejercicios Espirituales en un túnel. De antropología estética vasca y nuestra recuperación política como estética aplicada, Hórdago, San Sebastián, 1983.
  • La alternativa cultural vasca de Oteiza ("Tribuna Vasca", 20 de marzo de 1983).
  • Ejercicios Espirituales en un túnel. En busca y encuentro de nuestra identidad perdida; 2 edición, Hórdago, San Sebastian, 1984.
  • Carta de Oteiza a la revista "Euzkadi" en protesta y agradecimiento (La Gaceta del Norte, 2 de febrero de 1985).
  • El concurso de ideas, contra ideas y cultura (El Diario Vasco, 23 de diciembre de 1985).
  • Política de sepultureros en Ametzagaña. Proyecto de cementerio Izarrak Alde (Con las estrellas) (El Diario Vasco, 11 de enero de 1986).
  • Política de sepultureros en Ametzagaña (El País, 13 de enero de 1986).
  • Acusación con defensa de mi aislamiento (El Diario Vasco, 20 de mayo de 1987).
  • Llamamiento al artista en Navarra y el País Vasco (El Correo Español-El Pueblo Vasco; 2 de marzo de 1988).
  • No aguanto oir hablar aquí del Gernika de Picasso (Y ya mi carta abierta para nadie) (El Diario Vasco, 15 de mayo de 1988).
  • Cartas al príncipe; Itxaropena, Zarautz, 1988.
  • Por qué devuelvo 60 millones al Museo de Bilbao (El Diario Vasco, 25 de febrero de 1989).
  • Existe Dios al Noroeste, Pamiela, Pamplona,1990.
  • La ley de los cambios, Ediciones Tristan-Deche Arte Contemporáneo, 1990, Zarautz.
  • Libro de los plagios, Pamiela, Pamplona, 1991.
  • Itziar. Elegía y otros poemas, Pamiela, Pamplona, 1991.
  • Nociones para una filología vasca de nuestro preindoeuropeo, Pamiela, Pamplona, 1995.
  • Goya mañana. El Realismo Inmóvil, Fundación Museo Jorge Oteiza, Alzuza (Navarra), 1997.