Kontzeptua

Molinología

El hombre a lo largo de su historia, fue utilizando los elementos que le ofrecía la naturaleza, tanto para usarlos como armas, como para su protección contra las inclemencias del tiempo, para mejorar su alimentación, etc.

Uno de los útiles que creó fue el molino que le posibilitaba fabricar harina y digerir así mejor los alimentos, además de variar su dieta y los modos de la ingesta. Aparecieron los molinos de mano, luego los que usaban la fuerza de los animales, del agua, del viento y por fin los eléctricos.

Pero, ¿de qué hablamos?: de moler. Según el diccionario, moler es "triturar, desmenuzar un cuerpo, reduciéndolo a menadísimas partes, o hasta hacerlo polvo".

No es moler lo que hacen algunos animales. Los chimpancés, los buitres egipcios, entre otros, usan piedras para quebrar con ellas cáscaras duras. Las nutrias de mar las usan para romper almejas y sacar su contenido. Es pues lógico pensar que de igual forma actuarían nuestros antepasados los "ardipithecus" de hace unos cinco millones de años.

El cambio de golpear un objeto de forma aislada y vertical, esporádicamente, a realizarlo de forma repetitiva (también vertical), supuso un gran avance técnico, al igual que lo fue la aparición de los morteros.

Otro cambio fue el pasar de un movimiento vertical (golpear), a uno horizontal (moler), cambios que solamente fueron posibles con el paso de miles de años.

La molienda, definida como el proceso de fricción de un producto entre dos piedras, tuvo un impulso decisivo a partir del uso masivo del cereal como alimento del género humano.

Hasta la fecha se asociaba la aparición de los molinos con el período Neolítico, época unida al desarrollo de técnicas tales como la agricultura, los textiles y la alfarería, entre otras.

La Revolución Neolítica se inicia en el Oriente Próximo hacia el 10.000 a.C. En centro-Europa, Grecia e Italia aparecen los cereales entre el 7.000 al 6.500 a.C., en la zona de Valencia hacia el 5.500 a.C. y en el País Vasco entre el 5.000 y el 4.500 a.C.

Como vemos, la evolución de la técnica agrícola fue en principio lenta y su expansión gradual. En el British Museum cuentan con molinos de entre el V y el IV milenio antes de nuestra era.

Pero el autor Colin Tudge aporta unas interesantes reflexiones. Según este investigador, antes de la aparición de la agricultura a no dudar existieron unos "proto-agricultores", que Colin sitúa ya hace 40.000 años.

"La Revolución neolítica no representa el comienzo de la actividad agropecuaria. Lo que representa es la transición entre una agricultura y una ganadería de tiempo libre - un suplemento añadido a la caza y a la recolección - , y la época en que, impulsada por las circunstancias cambiantes y por la necesidad, la actividad agropecuaria se convirtió en norma". (Tudge, 1998, p. 83).

El molino más primitivo, que llamaremos molino magdaleniense, o barquiforme (por su forma semejante a una barca), se componía de una piedra inferior fija, generalmente de forma rectangular y cantos redondeados, y otra piedra superior algo más pequeña, adaptable a las manos, para moler el grano introducido entre ambas hasta su pulverización.

Este primer tipo de molinos eran accionados por una persona, generalmente mujer. Theya Molleson del Museo de Historia Natural de Londres publicó un trabajo sobre restos humanos, con traumas en rodillas, dedos de los pies y zonas lumbares, deformaciones producidas por el trabajo de moler durante mucho tiempo con este tipo de molinos (Tudge, 1998, p. 72).

La Edad del Hierro trajo consigo un importante avance con la aparición de los molinos rotativos, consistentes en dos piedras o muelas redondas, la inferior fija y la superior móvil, que girando molían el grano, con lo que se conseguía un mayor rendimiento y, por ende, una mejora en la alimentación.

La mención literaria más antigua que se conoce de molinos de sangre la tenemos con la historia de Sansón, a quien vaciaron los ojos (para evitar que se marease) y pusieron a "dar vueltas a la muela". Se trata de una cita de la Biblia (Jueces 16,21) escrita entre el 1200 al 1025 a.C. aproximadamente, aún en el inicio de la 1ª Edad de Hierro, como lo indica en el mismo texto cuando dice que le ataron a Sansón "con una doble cadena de bronce".

Se suele simplificar mucho cuando se habla de los molinos usados por los hombres, al clasificarlos en solamente dos tipos: los ya citados magdalenienses (de vaivén) y los rotativos (de movimiento circular), pero hay que decir que han existido y existen múltiples tipos de molinos de tracción humana: con muela superior en forma semicircular y que actúa por balanceo, de piedra en forma de pera que se hace rotar en un cuenco inferior, y otros.

Para activar estos artefactos en principio se utilizaba la fuerza motriz ejercida por el hombre -principalmente mujeres, esclavos o cautivos de guerra-, y más adelante los animales (si eran asnos se llamaban molae asinae, y molae jumentariae cuando trabajaban con caballerías).

Los molae asinae, y molae jumentariae, usaban muelas redondas semejantes a las ya indicadas de los molinos manuales rotativos, pero de mayor tamaño, a los que a la muela superior se le acoplaba una vara horizontal que se ataba al animal, de forma que al dar vueltas hacía rotar la piedra.

Posteriormente los romanos idearon unos molinos que tenían la piedra inferior en forma de cono, y la superior de diábolo, de modo que se ajustaba una sobre otra. El grano se depositaba en el cono de la muela superior. Este tipo de molinos fue muy popular y se puede ver en todas las ruinas romanas, desde Pompeya, hasta Jordania, Israel, Líbano, Egipto, Túnez, Libia, etc.

Se llama máquina: "al objeto fabricado y generalmente complejo, destinado a transformar una determinada energía en trabajo". Y es que el hombre poco a poco fue buscando soluciones a sus necesidades. Por ejemplo, en amplias zonas de Asia donde abunda la madera y es escasa la piedra, los indígenas se las ingeniaron para fabricar molinos, también de dos muelas redondas, una fija inferior y otra rotativa superior pero construidas, fabricadas, totalmente en madera, en donde la parte mordiente estaba compuesta de maderas muy duras. A la vez se añadía a la muela superior un palo largo que transformaba un movimiento de vaivén en otro rotativo. Este tipo de molino se ha encontrado en una amplia zona de la geografía asiática, desde Tailandia, Afganistán o Laos, hasta Filipinas.

Existieron máquinas de moler manuales de muchos tipos y clases. Hay que recordar, por ejemplo, que en todos los castillos y ciudadelas había, o bien un molino para ser accionado por una caballería, o por una persona mediante una manivela, ya que cuando estaban sitiados no podían bajar al molino del río a moler. Solían ser estructuras de madera, con ruedas dentadas (catalinas) que movían dos pequeñas piedras. Máquinas de este tipo también han sido muy usuales en las casas de los campesinos de los países del norte de Europa.

La aparición del molino hidráulico (de río) supuso un enorme avance para la humanidad. Basta saber que una persona moviendo un molino de sangre podía moler unos 5 kilos/hora, mientras un molino hidráulico es capaz de moler unos 180 kilos/hora.

La rueda hidráulica usada para el riego era ya conocida por los sumerios de hace unos 5.000 años. Ahora bien, ¿cuándo aparece la primera referencia a un molino hidráulico? Para responder a esta pregunta hay que esperar hasta el siglo II-I a.C. El historiador Estrabón da referencia de la existencia de un molino de este tipo en el palacio de Mithriades (120-63 a.C.) en Cabiria (Ponto) (Courtot, 1995, p. 105). Algunos autores sostienen que eran ya comunes durante el mandato imperial de Cayo Julio César (101-44 a.C.).

Decía el historiador romano Lello Cello Antipater en el 85 a.C.:

"Mujer deja de trabajar afanosamente en el molino, sigue durmiendo aunque el gallo madrugador anuncia ya el amanecer, porque Remeter ha ordenado a sus ninfas realizar el trabajo que hacían vuestras manos, y ellas, encaramándose en lo alto de la rueda, hacen girar sus ejes provistos de radios, que a su vez obligan también a girar a las cóncavas piedras del molino".

Julio Caro Baroja por su parte cita unos versos de Lucrecio en su De rerum natura (siglo I a.C.): ...ut fluvios versare rotas atque austra videmus ..., que quiere decir: "...como vemos girar en los ríos ruedas y arcaduces..." (Caro Baroja, 1954).

Una descripción detallada la tenemos gracias al ingeniero romano Marco Lucio Vitrubio, en su obra fechada el año 25 a.C., escrita cuando su autor contaba 85 años de edad. Bajo el epígrafe "De las ruedas de agua y de los molinos de agua", se lee:

"Asimismo en los ríos se construyen ruedas de una ma¬nera semejante a las precedentemente descritas. En torno a su frente se fijan unas paletas que, cuando son impelidas por el ímpetu de la corriente del río, hacen girar las rue¬das; y así, sacando el agua en los arcabuces, la hacen as¬cender sin necesidad de la intervención de hombres, y por el solo empuje de la corriente del río suministran el agua que para el solo uso sea menester.

De la misma manera se mueven los molinos de agua, que son en todo semejantes, excepto en que tienen en uno de los extremos del eje un tambor dentado que colocado verticalmente gira con la rueda. En conexión con este tambor hay otro mayor, asimismo dentado y dispuesto horizontalmente, que forma cuerpo con la rueda. Así los dientes del tambor horizontal, hacen girar la muela. En esta máquina, una tolva que está colgada suministra el trigo a las muelas y por efecto de esa misma rotación se va moliendo la harina" (Vitruvio, 1955).

Estamos, pues, ante la descripción de un ingenio de rueda vertical. Estos artefactos fluviales, posiblemente eran en principio de eje horizontal, que llamaré aceñas (nombre de etimología árabe), y, según parece, pasados cinco siglos surgió el molino de eje vertical, que llamaré para distinguir de los anteriores molino. La aceña necesita un régimen de agua constante, ya que no suele disponer de depósito o represa para acumularla, cosa habitual en los molinos de eje vertical que, por otra parte, requieren menor cantidad de agua para su movimiento.

Las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz aceñas (eje horizontal) en las termas de Caracalla, en el corazón de Roma, y en Clermont-Ferrant (Francia), ambas del siglo III. En Barbegal (Francia) existe asimismo una instalación de época romana, de una serie de aceñas múltiples en escalera que alimentadas por las aguas de un acueducto de 11 km. sobre el río Ródano, movían dos hileras de ocho aceñas escalonados (16 en total), que tenían en total una capacidad para moler harina como para dar de comer a unos 12.000 individuos al año, exactamente la población que debió tener en esas fechas la cercana ciudad de Arelate (actual Artés). En cambio, el más primitivo molino de eje vertical hallado hasta la fecha es del siglo V, y está situado en el ágora de Atenas (Grecia).

Se dice que el emperador Vespasiano (69-79 d.C.) se opuso a la instalación de estos ingenios hidráulicos por temor a que causaran desempleo, y que su generalización no llegó hasta los tiempos de Arcadio (c. 377-408 d.C.) y Honorio (395-423 d.C.).

Dos factores parece contribuyeron a su difusión. Por una parte, la progresiva desaparición de la esclavitud con la expansión del cristianismo y, por otra, la escasez de mano de obra en el siglo IV, que hizo que la construcción de molinos hidráulicos se convirtiera en asunto de interés público.

En el siglo IV se hallan molineros establecidos en la colina de Janiculum de Roma aprovechando para sus artefactos las aguas que se deslizaban por el acueducto de Trajano desde el lago de Sabbatina.

Al siglo V pertenece una representación de un molino vitrubiano tipo aceña de un mosaico encontrado en el Gran Palacio de Constantinopla (Turquía), lo que la convierte con toda probabilidad en la más remota imagen de un molino hidráulico.

Otros documentos escritos1 que mencionan molinos fluviales en Europa se encuentran en el siglo VIII (en 732-775 en Alemania (Escalera, 1983) y 798 en Francia (Arpin, 1948), por ejemplo).

Una vez se introdujo el molino de eje vertical, la aceña siguió utilizándose a tenor de las necesidades topográficas y climáticas de cada lugar. Esto debió ser así, por cuanto la aceña necesita un régimen de agua constante, mientras que el molino -de presa o de represa- está diseñado para lugares de gran estiaje o caudal insuficiente, allí donde la aceña sirve para poco o nada.

Ello explica que los vascos adoptaran con el tiempo de forma sistemática los molinos de eje vertical y fueran abandonando los de eje horizontal o aceñas.

La aparición del molino de río no hizo desaparecer el molino de sangre. Aún hoy hay comunidades en el mundo que siguen usando los molinos de sangre para moler, al igual otras utilizan aún los molinos de río, y es que el progreso no es igual en todas las latitudes.

1Indicamos las fechas que aparecen en los documentos, sin considerar la diferencia de 38 años existente entre la era cristiana y la era hispana hasta su sincronización entre el siglo XII y el XIII (por ejemplo la era 1123 corresponde al año 1085).

Los molinos de mareas, se diferencian de los de río tan solo en que obtienen su fuerza motriz del agua de mar, de su flujo y reflujo. Su utilidad en mares interiores es bastante limitada, por lo que tuvo su principal desarrollo en costas donde la diferencia entre pleamar y bajamar fue de cierta consideración2.

La cita más antigua de un molino de mareas se encuentra en Irlanda del Norte, en la abadía de Nendrum, del siglo VII, según el arqueólogo Tomas Mc. Erlean de la University of Ulster.

Muy popular es la cita de un molino de mareas localizado en el lago de Venecia en 1044, pero su veracidad es puesta en duda si se tiene en cuenta la poca actividad de las mareas en el Adriático y el Mediterráneo (Aguirre, 1984).

Más cierta parece la datación de la construcción de un molino de mareas en Inglaterra, entre los años 1067 al 1082 en los tiempos en que el obispo Odo de Bayeux era Conde de Kent (Rivals, 1982/83). Éste autorizó su construcción a su tío Herbert. Estaba situado cerca del puerto de Douves. Fechado en 1132 está el de Wooton Mill (Hampshire). Ambos se encuentran en la costa Atlántica.

A partir del XI la existencia de molinos mareales está abundantemente documentada en toda la costa atlántica europea y es en los siglos XII y XIII cuando se generaliza su construcción.

En cuanto a la Península Ibérica la cita más antigua se sitúa en 1047, en un molino de mareas en la bahía de Santoña (aunque hasta el momento sin apoyo arqueológico) y otro de la Abadia de Valdedios (Asturias) de 1245 (Azurmendi). A partir del siglo XVI, se crean una infinidad de molinos de mareas (Martínez, 2010, p. 460).

Según el investigador Luís Azurmendi el número aproximado de molinos de mareas que hubo en Europa fue el siguiente (Azurmendi):

PaísNúmero
Irlanda5
Inglaterra170
Bélgica1
Bretaña N.70
Bretaña S.30
Aquitania10
País Vasco19
Cantabria90
Asturias4
Galicia14
Portugal Tajo16
Portugal S.29
Huelva36
Cádiz19
Total513

Pero estima el mismo autor que se acercarán a los 900 los que en realidad existieron en Europa.

2En Venecia la diferencia entre pleamar y bajamar es de 0,80 metros, mientras en el Cantábrico es de 4,41 m. en mareas vivas y 2,79 m. en mareas muertas. San Sebastián, por ejemplo, tiene como diferencia media 3 m.

El historiador bizantino Procopio (siglo VI) (Procopio, 2000-2007), secretario personal de Belisario, cuenta que este general se encontró ante un gran problema cuando se dispuso a organizar la defensa de Roma en los años 537 y 538: los ostrogodos, sus enemigos habían destruido los acueductos cuyas aguas movían unos molinos harineros desde hacía más de un siglo. Ante la muy probable escasez de animales para montar molinos de sangre y, por tanto, imposibilitado para proveer de harina a la población y a sus defensores, optó por instalar las ruedas de los molinos en barcas amarradas a pilotes o puentes y dotarlas de unas aspas para que fueran accionadas por las aguas del río Tíber.

No parece que aquello surgiera espontáneamente del ingenio de los hombres de Belisario, sino que simplemente reprodujeron un sistema aprendido de algún pueblo conquistado, dado que se sabe que a comienzos del siglo VI se practicaba esta técnica en Francia. El acta fundacional del monasterio de Saint Mesmin de Micy del año 508 estipula que los monjes podrían establecer sobre el Loira y el Loiret molinos de barca para moler grano. El especialista Alain Peyronel señala que los hijos de Musa, que vivieron en la corte del califa de Bagdad hacia el año 860, mencionaron los molinos de barca en sus escritos (Peyromel, 1979).

En siglos sucesivos, los ríos de Europa se llenaron de molinos de barca. Un solo ejemplo: en el río Adigio, el más largo de Italia después del Po. A lo largo de sus 410 km. en el siglo XIX había 400 molinos de barca. También eran frecuentes en los ríos Ebro en Tortosa, Duero en Fermoselle, y Guadiana en Ciudad Real. Algunos de ellos fueron dibujados por el famoso Juanelo Turriano (siglo XVII), tal y como se puede ver en la madrileña Biblioteca Nacional.

La mención más antigua de un molino de viento, según Julio Caro Baroja, se halla en la obra de Al-Mas'üdí Las praderas de oro, cuyo autor había nacido en Bagdad antes del 912 y moriría en El Cairo hacia el año 957 d.C. Se localizan estos molinos en el Sijistán, una tierra hoy repartida entre Irán y Afganistán.

Otra referencia importante que incluye Caro Baroja en su obra es la mención a los escritos del geógrafo Abü Ishäq Ibrähim ibu Muhammad al-Färisi al-Istakhri o Istajri, quien vivió hacia el 950 y que posiblemente no tuvo conexión alguna con el anterior, aunque su información sea también de primera mano.

Dado que las primeras referencias conocidas del molino de viento se sitúan en el continente asiático, la pregunta siguiente es obvia: ¿cuándo se conocieron en Europa? Todo parece indicar que vinieron de la mano de los árabes hacia el siglo XI. En el XII aparecen en Francia, Inglaterra, Bélgica y resto de Europa. Caro Baroja apunta , apoyándose en el análisis de los autores clásicos, que fueron los cruzados los importadores de la nueva técnica, conocida en Occidente precisamente durante el siglo XII (época de las "guerras santas") (Caro Baroja, 1952).

Hasta el momento se ha establecido la tipología de los molinos y las fechas de aparición de los mismos en el mundo. A continuación se analiza el caso concreto de Euskal Herria.

Numerosos restos de este tipo de molinos han aparecido en los yacimientos arqueológicos de Euskal Herria, tanto de los de vaivén como de los rotativos.

De los barquiformes se han encontrado en las ruinas de Los Cascajos (zona de Los Arcos, Navarra) de hacia el 4.400 a.C.; en Elvillar (Álava) en un yacimiento del Eneolítico II datado del 2.780 a.C. y en yacimiento de Salbatierrabide, cerca de Vitoria, del siglo IX. a.C. (Aguirre, 1988, p. 28).

Según la investigadora Sonia San José, la primera muela rotativa encontrada en Gipuzkoa fue en el poblado fortificado de Munoaundi en Azkoitia-Azpeitia, en un yacimiento de la Edad del Hierro (San José, 2008, p. 451). Otra durmiente semejante, datada de entre el siglo III-II a.C. apareció en Laguardia, Álava (Ajamil, 2008, p. 106).

Existieron máquinas de moler manuales de muchos tipos y clases. Hay que recordar por ejemplo que en la Edad Media, en todos los castillos y ciudadelas había, o bien un molino para ser accionado por una caballería, o lo hacía una persona mediante una manivela, ya que cuando estaban sitiados no podían bajar al molino del río a moler. Solían ser estructuras de madera, con ruedas dentadas (catalinas) que movían dos pequeñas piedras. Así existe constancia documental en los inventarios, por ejemplo en los castillos de Cortes (1267), Tudela (1308), Olite (1367), Laguardia (1433), etc. (Aguirre, 1988, p. 32).

Algunos buenos ejemplares de este tipo de máquinas se pueden ver en el Museo de la Confitería de la familia Gorrotxategi de Tolosa (Gipuzkoa).

También se usaban este tipo de molinos en las alfarerías para moler los colorantes.

El cronista moro Raxis, describió en el 802 las aceñas que estaban a orillas del río Ebro a su paso por Tudela (Martín, 1978). A partir del siglo X los reyes navarros donaron un sinfín de molinos a diferentes monasterios. De todo ello ha quedado una amplia documentación.

También contamos con testimonios tempranos que nos hablan de molinos pertenecientes al patrimonio monástico: es el caso de las donaciones datadas en 822 (Ubieta, 1960) en Alava y en el 831 en Burgos (Gutiérrez, 1984).

Hay que anotar que aunque en los documentos anteriores al siglo IX son escasas las citas de molinos, en los del siglo X aparecen con mayor frecuencia, y en el XI de forma abundante, casi siempre como elementos complementarios de otros bienes: huertas, montes, viñas, etc. (Aguirre, 1999, p. 9-23).

Recientemente hemos conocido un texto histórico que nos refiere un molino en Bizkaia el año 1013 (Hidalgo, 1988), lo que supone un avance de medio siglo respecto a la anterior constatación de labores molineras en esta provincia (VV.AA, 1883).

El territorio que ha legado más tardía documentación de molinos medievales es Gipuzkoa, pues del año 1141 data la primera alusión , contenida en una orden del rey navarro García el Restaurador por la que entregaba a la comunidad de San Miguel de Excelsis las molendinis de Berástegui (Ostolaza, 1982). Pensamos que el menor carácter cerealista del territorio, y, sobre todo, la escasez documental en Gipuzkoa, explican tal retraso.

No disponemos, desgraciadamente el censo de todos los molinos de Euskal Herria, pero poseemos un dato muy interesante, como es el censo de los molinos de Pascual Madoz, que publicó en su enciclopedia realizada entre 1834 y 1845. Gracias al estudio que en dicha obra realizó el investigador Koldo Lizarralde sabemos que Madoz cita el siguiente censo de molinos (Lizarralde):

ZonaMolinos
Álava413
Bizkaia665
Gipuzkoa355
Navarra419
Total1.852

Pero a no dudar existieron muchos más, ya que mientras Madoz cita, por ejemplo, 355 molinos en Gipuzkoa, nosotros hemos censado 661 molinos.

En el golfo de Gascuña aparecen desde el siglo XII, y poco después en Gipuzkoa y Bizkaia, durante un periodo sin duda propicio, en que la explotación de la energía hidráulica empezó a aplicarse de forma general en las actividades más variadas (ferrerías, batanes, minería...). Juzgamos nosotros que posiblemente fueran los gascones quienes trajeron a nuestras costas la técnica de construcción de los molinos de marea.

Tras nuestras investigaciones hemos censado los siguientes molinos de mareas en el Golfo de Bizkaia, empezando en el Adour, en la provincia de Lapurdi, y terminando en Somorrostro, Bizkaia (Aguirre, 1988, p. 73).

  • Lapurdi
  1. Baiona I: Un molino de mareas situado en el margen izquierdo del Adour, en la confluencia entre éste y el Nive, en los solares ocupados en la actualidad por el Hotel de Ville y el teatro. Desaparecido hace muchísimos años.
  2. Baiona II: Un poco más adelante del anterior estaba situado el segundo, en lo que hoy es la Alameda de la Marina y un grupo de casas. Se puede ver dibujado en un plano de Baiona de 1599.
  3. Baiona III: Estaba situado en los solares donde se construyó la plaza de Armas de la villa, solar donado por Enrique IV en 1600. Aparece también en el plano antes citado. Se encontraba a la derecha del Adour.
  4. Baiona IV: El de Castera, citado por Maurice Daumas en su célebre libro L'Archeologie Industrielle en France, y que sobrevivió hasta 1972. Hoy desaparecido. Se encontraba a la derecha del Adour.
  5. Saint-Bernard: Existía uno en el límite con Boucau, a la derecha del Adour, a las afueras de Baiona. Está ya documentado en 1580.
  6. Saint Jean de Luz I: El de Errepira, situado en los solares ocupados en la actualidad por la estación de ferrocarril, a la derecha del Nivelle, citado en 1625.
  7. Saint Jean de Luz II: El de Billitorte, situado a la salida de la ciudad hacia Cambó, y a la derecha del Nivelle.
  8. Ciboure: Citado por Daumas, desaparecido por la construcción de un barrio industrial.
  • Gipuzkoa
  1. Irun: En la zona de Santa Elena, citado en 1527.
  2. Hondarribia: El de Santa Engracia, edificado en 1576. Funcionó hasta finales del siglo XVIII.
  3. Pasaia: Existieron posiblemente dos molinos de mareas: el de Molinao y el de Iparraguirre-errota.
  4. San Sebastián I: El de Malvernet, también llamado de Albernat o de Iparraguirre, molino de mareas que estaría situado en Alza, en la zona de La Herrera, y documentado ya a principio del siglo XVI.
  5. San Sebastián II: El de Errota-txiki, construido sobre el Urumea.
  6. San Sebastián III: El Santiago-errota, con contrato de compra-venta fechado en 1538.
  7. San Sebastián IV: Juandegi-errota, edificado hacia finales del XVI.
  8. San Sebastián V: El Errota-aundieta, posible molino de mareas en la zona de Benta-Berri.
  9. San Sebastián VI: Komporta-errota levantado en 1574 por la villa, en la citada zona de Benta-Berri.
  10. San Sebastián VII: El de Errotaberri, situado en la zona de Loyola y que está documentado a principios del siglo XVII.
  11. Orio: A principios del XVIII la villa sufragó la construcción del Mare-errota.
  12. Zumaia: El Zubiaurre-errota, documentado ya en 1610 y levantado posiblemente a mediados del siglo XVI.
  13. Deba: Errotazar, que ocupaba los actuales terrenos del campo de fútbol.
  • Bizkaia
  1. Lekeitio: El molino de mareas de Isuntza, construido posiblemente hacia 1554 por el maestro Olabide por encargo de la Cofradía. Reconstruido como museo.
  2. Arteaga I: El de Koba edificado en 1638, el único que se mantiene entero. En el Boletín Oficial del País Vasco del 13 de mayo de 1999 se declara Bien Cultural al citado molino.
  3. Arteaga II: El de Arraburu, situado muy cerca del anterior y en ruinas.
  4. Arteaga III: Errotazar, desaparecido. Al igual que los dos anteriores situado a la derecha de la ría de Gernika.
  5. Kortezubi I: Errotatxu, en ruinas, a la derecha de la desembocadura de la ría de Mundaka.
  6. Kortezubi II: El molino de mareas de Errotaberri, convertido hace muchísimos años en simple caserío y situado cerca del anterior.
  7. Murueta: Itxas-errota, ahora ya desmantelada su maquinaria, siendo casa de labranza.
  8. Buzturia: El Mare-errota, en el barrio de San Cristóbal y que dejó de funcionar al llenarse de barro su represa en las riadas de agosto de 1983.
  9. Plentzia I: Molino de Gazteluondo, construido por la villa en 1506. Derruido para construir en su lugar un puente.
  10. Plentzia II: El de Errotaberri, edificado en 1847 y actualmente desaparecido.
  11. Plentzia III: Molino de Ardanza, vendido por el Ayuntamiento en 1806 a un particular. Ruinas.
  12. Leioa: El de Txakurzulo derribado en 1981.
  13. Barakaldo: Existió uno en los solares adquiridos por Altos Hornos de Vizcaya, a la izquierda del Nervión.
  14. Somorrostro: Había uno en el lugar hoy en día ocupado por Petronor.

En resumen, en la zona por nosotros estudiada, en el llamado Golfo de Bizkaia, existieron 36 molinos de mareas: 8 en Lapurdi, 14 en Gipuzkoa y 14 en Bizkaia.

No tenemos datos de la existencia de este tipo de molinos en Euskal Herria.

Tenemos constancia de la existencia en Euskal Herría de los siguientes molinos de viento (Aguirre, 1988, p. 61):

En Bizkaia conocemos la existencia de diez molinos de viento, aunque ninguno mantiene su maquinaria ni, por tanto, está en condiciones de funcionar, pero sus edificios de fábrica y demás particularidades hacen recomendable su visita. Además, están enclavados en altozanos y cumbres, con lo que las vistas son siempre excelentes.

En Abadiano se halla el molino de Azpazar, en lo alto del barrio de Larrigan, con los montes Aitz-tiki y Alluitz a sus espaldas.

Sobre la ermita de Santa Cruz de Ispaster, en la carretera que une Lekeitio y Gernika (entre los kilómetros 45 y 46) está el molino de Aixeder. Se terminó en 1729. En 1746 ya no funcionaba.

En Luno (Gernika) estaba el molino de viento de Izerrota, hoy desaparecido.

También Sondika cuenta con uno de estos viejos testigos de la época preindustrial en su monte Artxanda y se llama molino de Aixerrota. Fue construido en 1726 y fue reconstruido después de que durante la guerra civil un obús lo redujera casi a escombros.

En Getxo, fronterizo con Sopelana y en una loma cercana a la playa, se pueden visitar los restos del molino de Azkorri o Arnabarre, restos que hoy se reducen a unas piedras. En 1875 sirvió de fortín improvisado para las tropas carlistas, siendo escenario de un intenso enfrentamiento bélico.

Tal vez más interesante sea el de Axerrota, también en Getxo, sobre el acantilado de la playa de Arrigunaga, orillando la antigua carretera de Algorta a punta Galea. Se construyó entre 1726 y 1727. En 1787 vivía en él Edmundo de Shee, un comerciante de origen irlandés. Hoy es galería de arte y entrada a un restaurante.

En Karranza, concretamente en Treto debió existir un molino de viento ya que éste es el topónimo de un altozano, propio para tal fin.

En Narbanitz, según don José Miguel de Barandirán debió haber un molino de viento en el alto de Gaztañetxuetagana, en el monte Arrola.

Terminamos indicando que en el siglo XVIII existió un molino de viento en el barrio de Las Arenas (en el lugar donde luego se erigió la parroquia de Las Mercedes) destinado a desecar las marismas.

Pasando ahora a Álava, según nuestras investigaciones parece probable que en el alto de Opacua existieran dos molinos de viento y otro en la zona de Irurita, tal y como nos indican los topónimos. Hoy no quedan restos.

Sobre la existencia o no de molinos de viento en la antigua San Sebastián hay distintas teorías. Está demostrado que en 1370 la ciudad recibió permiso real para construirlos, pero se ignora si se hicieron. Fausto Arocena barruntaba que hubo varios en Urgull, cosa harto improbable. El único molino de viento que se ha conocido con seguridad es el que despuntaba sobre el alto de Aiete, junto a "La Cumbre", llamado Aize-errota. Se edificó a principios del siglo XIX y fue destruido con la segunda carlistada.

Según recogió Jimeno Jurío debió existir uno en Artajona ya que en 1300 había un cerro con el nombre de "rueda del viento".

En Olite en 1345 el Concejo decidió construir un molino de viento para uso como batán.

En la Cendea de Galar de Subiza sabemos que en 1581 había un molino de viento.

En San Martín de Unx, en el parque de aerogeneradores de la sierra de Guerinda en el año de 1996 se ha reconstruido totalmente un molino de viento de Olleta, de tipo castellano que se puede visitar.

A partir de los años de los años 1980 se inicia una curiosa moda de construcción de "panémonas", sencillos molinos de viento de eje vertical realizado con material de reciclaje y bidones metálicos (Alegría, 2002, p. 487-500).

Respecto a los molinos de viento de Iparralde, solamente hemos encontrado una referencia en un plano en el que aparece claramente un molino de viento frente a la iglesia de Ciboure, frente al mar, y cuyo topónimo se mantiene.

En base a los datos anteriores señalaremos:

ZonaMolinos de viento
Álava3
Bizkaia10
Gipuzkoa1
Iparralde1
Navarra4
Total19

Al parecer muchos de estos molinos, caso de los de Bizkaia de los que de algunos conocemos sus fechas de construcción se levantaron entre 1726 y 1729, durante un período de pertinaz sequía. Ante la imperiosa necesidad de moler grano para fabricar pan y como quiera que los ríos apenas llevaban caudal, se tomó la decisión de levantar estos artefactos impulsados por la fuerza del viento.

Hoy nuestras cumbres se están poblando de aerogeneradores (Aguirre, 2002, p. 394-399).

Tras su estudio, hemos llegado a la conclusión de que la mayoría de los molinos de viento de Euskal Herría fueron construidos a mediados del siglo XVIII, con motivo de una época de gran sequía que paralizó la práctica totalidad de los molinos de río.

Podríamos establecer cuatro fases en la historia evolutiva de los molinos.

Se da en el Neolítico, con la aparición de la agricultura, unida al uso masivo del molino de sangre. Esto posibilitó un gran cambio en el régimen alimenticio de aquellas gentes, que pasaron de ser mayoritariamente carnívoros a alimentarse de granos y vegetales, desde luego sin desdeñar otros elementos que les ofrecía la naturaleza, como la caza, la pesca y la recolección de elementos silvestres.

La presencia de la cultura romana produjo un considerable aumento en el cultivo de tierras, con nuevas técnicas de laboreo y con ello la aparición de los molinos movidos por animales y los de río.

En esta época tienen lugar toda una serie de eventos, que de forma conjunta tendrán una importancia capital en nuestra historia: la creación de las nuevas villas, la aparición de las ferias y mercados, el aumento del artesanado y la creación de los gremios y cofradías; el aumento del transporte, sobre todo del naval y la generalización del uso de agua como fuerza motriz. En principio de forma débil, pero la evolución de los procesos tecnológicos, por medio de la ciencia experimental hace que se use la fuerza del agua para mover molinos, ferrerías, batanes, serrerías, etc. Todo ello produce una liberación de mano de obra que puede dedicarse a otros menesteres, un mayor aumento en la producción de alimentos, un nuevo sistema comercial, un crecimiento económico de la sociedad y a la vez un aumento de la demografía.

Las tierras se van poblando de villas, generalmente junto a un río, que a la vez mueve los molinos, elementos imprescindibles para el sustento de su población.

Fue la realeza la que dispuso de los primeros molinos. Según los documentos el rey utilizaba el molino como moneda de pago de determinados favores (mesnadas, fidelidades, etc.), para fomentar la creación de una población o su repoblación, y a veces como donativo a monasterios para que los monjes rezaran por su alma, y la de los suyos. Aparecen pues los primeros molinos en manos de la realeza, pasando posteriormente a la gente "con más medios" como el clero, los nobles y en algunos casos a los concejos a los que se les concede un molino con la obligación de que pueblen un lugar y lo muren.

El aumento de las órdenes religiosas y de la clase noble hace que los molinos (junto con tierras, y rentas) sean elementos principales de su economía, que dan buenos réditos económicos, a la vez de ser elementos de prestigio y poder.

Falta documentación anterior a la Alta Edad Media, época en la que hay constancia de la existencia de molinos hidráulicos en nuestra zona. Pero será a partir de los siglos XIII-XV cuando se produzca la auténtica revolución del agua.

Los orígenes de la industria moderna podemos situarlos entre finales del siglo XVIII y principios del XIX. Se van abandonado los procesos artesanales por otros de carácter industrial.

Poco a poco la máquina de vapor va sustituyendo a los anteriores sistemas tradicionales, e igual ocurre con los molinos, con la aparición de las fábricas harineras, perdiendo por lo tanto el molino su papel en la comunidad.

Solamente cuando se inicia la electrificación aparece la reutilización de las estructuras de los molinos que se van transformado en pequeñas centrales hidroeléctricas.

Los nuevos sistemas de producción hacen ya obsoletos a los molinos, que no son necesarios ni para hacer harina, ni como fuentes de electricidad. Solamente se mantienen algunos en activo, generalmente como testigos culturales del pasado.

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