Erakundeak

MASONERÍA

Sociedad secreta filantrópico-política de origen medieval que se desarrolla en especial a partir del s. XVIII.

Dividiremos su historia en el territorio vasco en tres etapas: Siglo XVIII, siglo XIX y siglo XX.
SIGLO XVIII: EN LOS ORÍGENES.
Las primeras logias en el Bajo del Adour. El nacimiento de la Francmasonería moderna se sitúa oficialmente en 1717 en Londres. Tres años más tarde (1721) se abría en Dunquerque la logia «L'Amitié et Fraternité», adelantándose sin embargo en recibir sus patentes de reconocimiento por parte de la Gran Logia de Inglaterra, la parisina «Le Louis d'argent». Este hecho jurídico hacía que la logia de París se constituyera en la primera de las logias francesas el 3 de abril de 1732. Procedente quizás de Inglaterra, la Masonería se instalaba en Burdeos en 1735 con la logia «L'Anglaise» la primera del Suroeste francés y un poco más tarde, en 1743, se abría «La Saint Jean» de Bayona, primera logia del Bajo del Adour. Esta y otras logias bayonesas harán espaldas más tarde a la vida raquítica o confusa de las guipuzcoanas, alavesas, vizcaínas o navarras y se erigirán, por su situación geográfica privilegiada y por su sólida raigambre, en el mejor rodrigón que asegure las relaciones con las logias masónicas en general. De entre estas primeras logias bayonesas figuraba «Les Pirenées», establecida en Baquéres de Bigorre el 15 de julio de 1787. Su venerable, el hermano Cratére, harto de los arponazos de la Inquisición española declaraba en su discurso de inauguración, quizás como manifestación de protesta: «en ciertas regiones, y yo lo a afirmo para su vergüenza, la Masonería está prohibida por leyes inspiradas con la superstición y la barbarie. El fanatismo, hijo de la ignorancia, se desliza entre ellas bajo capa de religión y sirve de pretexto sagrado para seguir a nuestros hermanos. Se mira a los hombres que destacan todos los días por actos de justicia y de humanidad, como enemigos del Estado y de la religión». Cratère basaba sus afirmaciones generales no sólo en la emisión de señales de intolerancia lejanas, sino en hechos tristes y desamorados que tocaban de cerca a los miembros de su logia «Les Pirenées». En efecto, una nota unida a este discurso precisaba que el hermano Soubres, tío del secretario de la logia, antiguo guarda del rey de España, había sido detenido tres meses en las prisiones de la Inquisición bajo la acusación de francmasón, habiéndose debido su liberación a la constante intervención del embajador de Francia.
Bayona, condensador de libertades masónicas. Por lo que se refiere a España corresponde a la época de Carlos III la implantación de la Masonería. Fradel, Gould, Mackencie, Morayta, Tirado, Díaz y Pérez concuerdan en afirmar que fue el duque de Wharton quien fundaba en Madrid, el 15 de febrero de 1728, la primera logia masónica, en las mismas habitaciones que ocupaba en el hotel francés de Lys, situado en la calle Ancha de San Bernardo n.° 17. Reconocida y patentada el 17 de abril de 1728 por lord Coleraine, gran maestre entonces de la Gran Logia de Inglaterra, su legitimidad antecede en cuatro años a la primera parisina. Corresponde, pues, a las cuatro generaciones que abarcaron el arco de toda esta época carlostercista el intento de introducir, con las deficiencias del Antiguo Régimen, los ideales moderados, temporales y utilitarios de la modernidad. Feijoó, Flores, Campomanes y Jovellanos constituyen todo un esfuerzo por sacar a España del torpor de pobreza e ignorancia ya proverbial en que se encontraba. Pero, pese a su ilusión, preparación y medios adecuados, como las Sociedades Económicas de Amigos del País, políticos como Ensenada, Floridablanca o ellos mismos y el favor real, la reacción abriría sus cauces cebándose en toda reforma, evolución o ilustración. Mientras tanto, frente al primero de los cierres, con que durante siglo y medio se iban a clausurar muchas de las aperturas en España, los masones de Bayona asomaban sus refugios para la tolerancia española transhumante. Cierto que la logia bayonesa «L'Amitié» permanecía cerrada desde 1787 y que «La Zelée» se encontraba medio adormecida (se cerrará en 1793), pero sus miembros se derramaban en otras mil actividades de carácter tolerante. Cualquier pretexto era bueno para acariciar en plenitud las ideas de la Masoneria. Por lo pronto sus miembros se reunían ahora -fuertes y orgullosos de sentirse masones en el seno de la sociedad «Les Amis de la Constitution», fundada el 20 de noviembre de 1790 en el domicilio particular del hermano Guichene con el consentimiento del hermano Dubrocq, flamante alcalde de la villa. A sus puertas llamaba esperanzado el sacerdote José Marchena, nacido el 18 de noviembre de 1768 en Utrera (Sevilla), iniciado en la Masonería gaditana en 1789 y heraldo en España de la «sublime» revolución francesa. La sociedad «Les amis de la Constitution» le recibía el 16 de abril de 1792. Marchena había huido de España a través de Gibraltar en busca de otros cielos más apacibles y plenos. Desde aquí, Marchena en noviembre del mismo año hacía un llamamiento «A la nación española», invitándola a reconquistar sus libertades en contra de la Inquisición. Impreso en vascuence y español en la imprenta republicana de la viuda Fauvet, calle Mayou, en Bayona, el discurso fue profusamente difundido en España. Posteriormente Marchena llegará a ser secretario del revolucionario girondino, el francmasón Brissot y, más tarde, intérprete personal de José Bonaparte, Gran Maestre del Gran Oriente en 1805 a su vez, cuando llegue a ser en 1808 rey de España. Las actividades de los masones bayoneses no se agotaron con respaldar a Marchena, sino que se mantuvieron en relación con Aranda, Jovellanos, Campomanes, etc., a través de Francisco Cabarrus. Denunciado éste a la Inquisición, encarcelado en junio de 1790, liberado bajo fianza y de nuevo encarcelado en 1795, la sociedad «Les amis de la Constitution» creará una comisión de propaganda en favor de España, presidida por Juan Pedro Basterreche e integrada por Domingo y Pedro Esteban Cabarrus (hermano y padre de Francisco), así como por Marqfoy y el mismo Marchena.
Los masones de la «Bascongada». Llega el momento de tocar la conexión de algunos socios importantes de la «Bascongada» con el masonismo en París. Nos referiremos primero a Antonio de Munibe, segundo hijo del conde de Peñaflorida. Iniciaba éste en 1776 un viaje científico y de instrucción al extranjero, acompañado de José de Eguía, último hijo del marqués de Narros. Como preceptor del primero elegían sus padres a un becario de la Corona, Eugenio de Izquierdo, nombrado a su vez por el rey para su Gabinete de Historia Natural. Pero además se les había encomendado nada menos que elegir a destacados hombres de ciencia franceses para enseñar en Vergara. Al efecto, llegaban a consultar en su viaje a personas tan relevantes como Lavoisier por ejemplo y cuyas gestiones les conducían a contratar a Chabanneau, Proust y a Fausto y Juan José de Elhuyar. En la historia de la masonería mundial, una de las logias más distinguidas sería «Les neuf soeurs» del Oriente de París. Se fundaba ésta en 1776 y las nueve hermanas de su denominación hacían referencia a las nueve musas. Su distinción proviene de la importancia dada por sus miembros a las ciencias y artes. Así, Lalande, Franklin, Helvetius, Greuze, Houdou, Vernet. Y más adelante, durante la Revolución francesa, Condorcet, Brissot, Desmoulins, Danton, Chenier... Al mismo Voltaire, un mes antes de morir con ochenta y cuatro años (1778), se le iniciaba también en este taller. Pues bien, analizando su Cuadro lógico del 1778, el único que existe, reparamos en los matices de dos de sus más altos dignatarios. De un lado su venerable, Lalande, fundador de la logia, que «era miembro de la Bascongada», y de otro el vigilante 2.°, el abate Du Rouzeau, «de la Société royale de Biscaye», osea, también de la Bascongada. Y será entre los miembros no dignatarios donde aparecerá nuestro trío de viajeros al completo: Antonio de Munibe, usando inadecuada y anticipadamente el título de conde de Peñaflorida, Eguía e Izquierdo, éste con el añadido de naturalista del rey de España. A ellos hay que añadir a Agustín de Vicuña, vasco ligado a Munibe por lazos de afecto y, en fin, a Chabanneau, químico francés, futuro colaborador de Fausto de Elhuyar. Por otra parte los dos hermanos Elhuyar, de alma curiosa y aprendiza, eran pensionados por el rey en 1778 -Fausto recibía además una ayuda de la Bascongada- para estudiar de nuevo en el extranjero, sobre todo, metalurgia. Recorrieron sucesivamente Estrasburgo, Laudan, Mauheim, Heidelberg, Frankfurt, Leipzig, Dresden y Freiberg, en cuya Academia de minas figuraron como alumnos. Ningún autor niega, aunque tan sólo uno lo afirma, que fue en Alemania en donde Fausto habría sido iniciado en la Masonería. La referencia traída por Roa Barcena en 1962 decía: «habiendo sido recibido en Alemania desde que fue pensionado por el gobierno español a hacer sus estudios». García-Diego, en su último estudio, se inclina a pensar que su iniciación masónica más bien habría tenido lugar en París, aunque en logia distinta a «Les Neuf Soeurs», y no en Alemania, cuyas logias se alimentaban de extraños fundamentos filosóficos, relacionados en parte con la alquimia. Dicha disciplina contrastaba notablemente con el talante de Fausto de Elhuyar, químico profesional, y desde luego racionalista. Después de cerca de seis años de enseñanza e investigación en Vergara, Carlos III mandaba a Fausto, del que nos consta su masonismo directo, a México como director general de las Minas de Nueva España, hacia donde partía en 1788, después de casarse con una distinguida dama austroalemana. La primera y fundamental alusión a sus actividades masónicas en México se encuentran precisamente en el citado Roa Barcena en la forma siguiente: «La masonería se propagó en España durante la primera invasión francesa de este siglo y se cree que el mismo Fernando VII se había afiliado a ella en Francia. Tuvo en la expresada península un carácter enteramente político, a diferencia del de confraternidad puramente filantrópica que ofrecía entonces en Inglaterra. Fue traída a la nueva España por la oficialidad de las tropas expedicionarias que vinieron a sofocar la insurrección y hasta el año 1820 casi no contó con mexicanos, sino españoles y del rito escocés sus miembros. Consideraban éstos como decano suyo a don Fausto de Elhuyar; había entre ellos algunos religiosos y se dijo que el virrey Apodaca les pertenecía, aunque él siempre lo ocultó». Concluye García-Diego afirmando que Fausto seguía «considerándose como masón durante su largo período de estancia en México y ello no por ninguna razón política, sino por simple convicción filosófica». Con toda intención no hablamos para nada de su hermano Juan José, pues había muerto cuarenta años antes que Fausto y su filiación masónica parece muchísimo más incierta.
SIGLO XIX.
En la invasión napoleónica de España I.«Los Hermanos Unidos» de San Sebastián. Ocupado el País Vasco por los franceses, el Grande Oriente de Francia registra con el n.° 8.714 una carta que forma parte del expediente n.° 60.007 de su archivo. Tal carta se recibía en París el 8 de agosto de 1809 y a raíz de ella se acordaba concederle las Constituciones solicitadas, autorizándoles a sus autores -dadas las excepcionales circunstancias bélicas- a que instalaran su propia logia, contra toda costumbre. Prevenidos y atentos, los quince fundadores de la logia en San Sebastián, todos franceses, manifestaban el deseo trasladado de «varios ciudadanos españoles de distinción» de entrar en la Masonería, señalaban que éstos «serían los mejores y más firmes sostenes del nuevo monarca el rey José» Para espolear sin duda la eficacia de su creación añadían una postdata práctica: «Habiéndose ofrecido uno de los hermanos de nuestro taller para abonaras en París el total del dinero que debemos pagar para la regularización de la logia, hemos resuelto añadiros a la presente el cuadro de todos los hermanos fundadores, suplicándoos nos enviéis como queda dicho más arriba- las Constituciones, Reglamentos y Estatutos Generales de la Orden, así como los Cuadernos necesarios para la recepción de los tres primeros grados simbólicos».

Cliché de los quince fundadores. Los miembros fundadores de esta logia redactaban su primer cuadro lógico con meticulosidad. Por eso, de él se desprende toda una oportuna regularización de la logia. De todos, hasta 41 miembros, poseemos numerosos datos sociológicos sobre todo, pero en nuestra síntesis nos interesa extraer tan sólo los de los fundadores:

Thouvenot Pierre, 52 años, Toul (Meurthe), París, S. P. R. venerable, general de brigada, gobernador de la provincia de Guipúzcoa; Bourgade Jacques, 52 años, Figeac (Lot), París, maestro, 1.° vigilante, jefe de batallón, comandante del Ejército de San Sebastián; Thomas François Esther, 36 años, Chambéry (Monblanc), Chambéry, S. P. R. vigilante, oficial del Estado Mayor (ausente momentáneamente por razones de servicio); Fayet François, 32 años, Lanure (?) (Isere), Grenoble, Escoc., orador, cirujano mayor de los hospitales; Thomas Nicolas, 41 años, Avoudrey (Haute-Saone), Strasbourg, maestro, secretario, director de los hospitales; Claverie Auguste Jerome, 62 años, Versailles (Seine-et-Oise), París, S. P. R. maestro de ceremonias, empleado de los hospitales; Caupenne Henri, 41 años, Bayonne (Basses-Pyrenées), St. Sebastien, maestro, arquitecto dec., capitán de ingenieros; Madelaine Louis, 38 años, Basoche (Seine-et-Oise), París, maestro, guardatemplo. Guarda mayor de los víveres; Fatio Jean Antoine, 35 años, Genéve (Lemon), maestro, experto prepar., director de los hospitales; Auge Joseph, 31 años, Clermont (Meuse), maestro, tesorero, capitán de artillería; Baissac Pierre Joseph, 53 años, Les Vans (Ardeche), París, maestro, limosnero, inspecto de víveres; Pellegru Fouiget de, 63 años, Pellegrue (Gironde), St. Sebastien, maestro, guarda sellos y archivos, doctor en medicina; Laplace Edmond, 50 años, Grenoble (Isere), Marseille?, maestro, comisario de guerra; Poulet François Charles, 56 años, Dornes (Nievre), Bodeaux, maestro, director de correos.

Así pues, del manojo de noticias adosadas a cada masón, podemos apreciar que tan sólo dos gozaban de residencia habitual en San Sebastián: Enrique Caupenne, natural de Bayona, y Fouiguet de Pellegru, de Pellegrue en la Gironde. El resto, excepto seis que la tenían en París, se encontraba muy repartido entre Marsella, Estrasburgo, Burdeos, Grenoble, Geneve, etc. Por otro lado, de la lista anterior se desprende toda una escala de profesiones. Así: cinco militares propiamente dichos (1 general, 1 comandante, 1 oficial del Estado Mayor, 1 capitán de ingenieros y 1 capitán de artillería), además de un comisario de guerra; otros seis pertenecían a la plantilla de los hospitales (3 directores, 1 cirujano mayor, 1 doctor en medicina y un empleado); y, en fin, un director de correos, un inspector de víveres y un guarda mayor de víveres. Con estas bases se inauguraba la logia, mientras San Sebastián, transido y devastado, hacía viable una estrategia de confrontación, de creación de contrapoderes para neutralizar la capacidad de decisión del invasor francés. Perdida el acta de la ceremonia de instalación, conocemos indirectamente algunos datos al conservarse la «Obligación» por la que todos los miembros prometían obediencia al Grande Oriente de Francia. Los masones de San Sebastián suscribían: «Yo prometo y me comprometo bajo mi honor y como verdadero masón a estar fiel y constantemente unido al Grande Oriente de Francia y ser siempre exacto observante de sus Estatutos y Reglamentos. En fe de lo cual firmo en el Oriente de San Sebastián el día 28 del 9.° mes del año de la Verdadera Luz 5.809» (28-XI-1809).

Expulsión del único vasco. Gran polvareda se iba a levantar en la logia por la expulsión de la misma del único vasco que había ingresado en ella, León Aldamar, natural de Guetaria. Escribían los masones de la logia de San Sebastián: «Con una pena muy viva os hacemos saber que razones imperiosas nos han forzado a borrar del cuadro de nuestra logia al Sr. León llamado Aldamar, y cuyo nombre no le pertenecía. Es hijo natural del Sr. Aldamar, intendente de la provincia de Santander y su existencia civil no le ha sido reconocida por las leyes». Contrasta con la estrechez mental de los francmasones de San Sebastián la atemperada respuesta del Grande Oriente de Francia, de la que como escribe Ferrer Benimeli tan sólo se conserva el borrador. «A la Respetable Logia "Los Hermanos Unidos" en el Oriente de San Sebastián. Respetables Hermanos: El Grande Oriente de Francia en su Gran Logia Simbólica ha recibido vuestra plancha fechada el día 6 del 12.° mes del año masónico 5.809 por la que nos comunicáis que habéis rayado de vuestro cuadro al h.° León, llamado Aldamar (...). Las discusiones civiles, las cuestiones del estado natural, no son de incumbencia de la Masonería; pertenecen a los tribunales que tienen exclusivamente el derecho de juzgarlas (... ). Visto que este hermano llevaba públicamente el nombre de Aldamar cuando le admitisteis a vuestros trabajos, no debíais de haberle exigido una abdicación del nombre y de la calidad a los que los tribunales no le habían condenado. En segundo lugar vosotros habéis obrado ligeramente al recibirle en vuestro taller, ya que no habéis cumplido en su admisión esas precauciones sabias, aunque severas, cuya observancia estricta y rigurosa garantiza a la Masonería contra los que la amenazan. La Gran Logia os invita, después de estas consideraciones, a revocar vuestra deliberación. Podéis tomar otra más sabia y que no prejuzgue nada y conserve el derecho de todos. Consistirá en decir que, puesto que el Sr. León Aldamar se hizo recibir en vuestra logia bajo un nombre sobre el que existe pleito -visto que no os pertenece el pronunciaros entre la familia y la que él reclama- permanece en el ejercicio de su derecho masónico, hasta que las autoridades a las que corresponde la actuación en el orden civil determinen sobre su estado y su nombre. Esta deliberación sabia, justa, conservadora de los derechos de todos, honraría vuestros trabajos y podría obtener el consenso general».
En la invasión napoleónica de España II.«Los Amigos Reunidos de San José» de Vitoria. Esta logia de Vitoria venía reuniéndose desde 1809, pero transida y devastada por la irregularidad pues caminaba por libre. Tan sólo el 21 de marzo de 1810, con conciencia de culpa y con cierto ardor de neoconverso, un miembro de ella «habiendo pedido y obtenido la palabra del hermano venerable» decía que «a lo largo de casi un año que la logia se venía reuniendo fraternalmente, él había hecho varias veces proposiciones tendentes a obtener del Grande Oriente de Francia cartas patentes para constituir regularmente dicha logia, si bien la marcha de varios miembros llamados a funciones profanas y circunstancias imprevistas habían impedido la ejecución de dichas proposiciones». Consciente asimismo de su dudoso comportamiento subrayaba que «ya era tiempo de tomar una determinación sobre este particular, y que ponía a elección la petición que había en nombre de los hermanos de la logia situada en este Oriente (Vitoria), de solicitar sin dilación del Grande Oriente de Francia el insigne favor de regularizar la R. Logia». A la conveniencia, pues, de regular su situación jurídica, este masón de Vitoria unía un gozoso y hasta eufórico párrafo sobre Napoleón. Así pues, las trapacerías de la logia alavesa quedaban borradas con el entusiasmo, un tanto farolero, de la llegada de Napoleón. «Dijo -subrayaba un extracto del Libro de Arquitectura de la logia- que hasta ese día los trabajos de la logia habían sido masónicos, pero irregulares, y ya era tiempo que todos los profanos que habían tenido la ventaja de ver la logia tuvieran la de ser francmasones regulares a fin de que encontraran tantos hermanos y amigos cuantos masones hay sobre la faz de la tierra. Que los grandes acontecimientos sucedidos y dirigidos por un gran hombre habían hecho penetrar en esta península las ideas liberales que nosotros profesamos. Con la llegada de Napoleón el Grande la dignidad del hombre ha sido reconocida y respetada en toda Europa, y los talleres de los hermanos masones podían trabajar pacíficamente por todas partes bajo la protección de las leyes y de las sublimes instituciones de este héroe». Sin abdicar de sus esperanzas y propósitos todos los hermanos reunidos de Vitoria decidían suplicar la concesión de las cartas patentes del Gran Oriente de Francia, eligiendo al efecto como representante ante éste a Mr. Perrot, Venerable de la R. Logia «L'Union Parfaite de la Persévérance» de París. Su cuadro se componía de 19 miembros, todos franceses, de los que 12 eran miembros del ejército francés y los demás negociantes y un físico residente en Vitoria. Con todo ninguno de los pertenecientes al ejército francés de ocupación era militar propiamente dicho. Por su parte el Gran Oriente de Francia «a la gloria del Gran Arquitecto del Universo», con fecha 3 de septiembre de 1870, concedía sus estatutos y reglamentos, que en tenida posterior los masones de Vitoria acataban. Apilando todas las voluntades el presidente leía la fórmula de las obligaciones, a la que vigilante primero y todos después con voz acentuada respondían: «lo juramos». Las palabras del rito sonaban así: «Yo prometo y me comprometo bajo mi honor y como verdadero masón, a permanecer fiel y constantemente ligado al Gran Oriente de Francia, y ser, para siempre, exacto observador de sus Estatutos y Reglamentos». La trayectoria de la logia arroja una gráfica ascendente en el número de sus miembros. En agosto de 1811 alcanzaba la cifra de 49 miembros, es decir, 12 más que en marzo del año anterior y 30 más que el 24 de marzo del mismo año. Para diciembre de 1811 se llegaba a 77 miembros, paralizándose su actividad en 1815.

Proyectos de vida masónica. Como en España y en el País Vasco se conocía la Masonería a través del invasor, Thovenot prefería en su discurso de introducción recuperar para sus hermanos masones la virtud del buen ejemplo dentro de la sociedad concreta. Es decir, para combatir de veras los juicios y apreciaciones de los demás, había que mojarse hasta los huesos. Discurría así: «...para obtener estos resultados debemos vigilar sobre nosotros mismos, a fin de sólo presentar a los españoles acciones probadas por la más sana moral, y fundadas en las virtudes sociales más depuradas. Lo que ocurre en nuestros templos, al no poder llegar a conocimiento de los profanos, sólo a través de nuestra conducta pública podremos hacer nacer en el corazón de los españoles el deseo de ser miembros de nuestra ilustre asociación contra la que tienen tan largas y profundas prevenciones. Así, pues, hermanos míos, no solamente debemos practicar la caridad y todas las virtudes masónicas en el interior de nuestros templos, sino que más aún debemos llevar una vida irreprochable en todas las relaciones que nos ligan con la sociedad». Después de esto, daba un paso más al frente para destacar de nuevo la situación española y reclamar la atención de sus oyentes sobre las actitudes cotidianas ante las artes y ciencias. Con énfasis subrayada: «La superstición y el fanatismo, los dos monstruos azote de la humanidad, que han sido abatidos por todas partes donde la Francmasonería ha penetrado, han detenido durante dos siglos los progresos de las artes y de las ciencias en España pero los españoles vueltos sobre ellos mismos, liberados de todos los lazos que impedían el desarrollo de su genio, llegarán pronto al grado de civilización que distingue hoy a los otros pueblos de Europa; les igualarán en todos los géneros de conocimiento; deberán incluso sobrepasarlos en muchos de ellos, y entonces no habrá masones más dignos y más celosos sobre la tierra». Quizás lo que el militar francés pretendía era insertar sobre estos cañamazos el mesianismo napoleónico. Thovenot llegaba a vincular lo milagroso con la realidad política de Napoleón. Concluía: «Es a nuestro augusto soberano; es al Gran Napoleón sobre el cual descansan los destinos de Europa; es a la profundidad de su visión; es al resultado de sus vastas concepciones políticas. a lo que debemos la ventaja de poder erigir nuestros templos en España y contar ya con muchos españoles entre nosotros (...). Entonces podrán distinguir sus verdaderos intereses, juzgar sanamente las ventajas de vivir bajo leyes sabias, bajo un gobierno fuerte y justo, y los españoles extraviados sentirán que el primero de sus deberes y la más urgente de sus necesidades será el someterse a un rey digno de su amor».

Triste muerte de la logia en Toulouse. Tras un silencio de dos años, el 21 de julio de 1814 desde Toulouse volvemos a encontrar noticias de esta logia de Vitoria. Con el desenlace conocido de la invasión napoleónica en España, las logias de la Masonería bonapartista sufrían las consecuencias de la derrota. Esto es lo que ocurrió en Vitoria. De los 81 miembros que la componían -ninguno vasco- tan sólo un grupo muy reducido recalaba en Toulouse, donde lograba volver a reunirse para intentar dar nueva vida a la logia fundada en Vitoria. Después de tantear y buscarle las vueltas a su situación escribían al Gran Oriente de Francia entre otras cosas: «Tras una verdadera y madura deliberación hemos resuelto levantar de nuevo en el Oriente de Toulouse el taller que el azote de la guerra ha destruido. En consecuencia encontrándonos justamente en número de siete hemos procedido a la elección de los oficiales dignatarios». Pero como la aprobación del traslado de la logia tardaba en llegar decidían por unanimidad nombrar un representante ante el Gran Oriente de Francia en la persona del hermano Croquert. De todas formas el nombramiento de Croquert no daba el resultado esperado. Además la vida de los masones, tránsfugas de Vitoria, se la pasaban inventando o consolidando barreras que tenían que saltar. Ellos mismos se ponían los obstáculos y querían olvidar luego que se los habían puesto. Es el caso de recoger los rumores que circulaban por las otras logias de Toulouse en el sentido de que el propio Croquert difundía por todas partes que «éramos -subrayaban dolidos- unos bastardos de la Masonería». Conducta «que -añadían- si fuera posible creer, sería infame». Y como la tergiversación se había espesado, en reunión del 16 de mayo de 1815, determinaban rogar al Gran Oriente de Francia de forma tajante:

«1.°. Que infligiera la pena masónica que juzgara conveniente al H.° Croquert quien al menos era culpable de negligencia, si es que no lo era de abuso de confianza.
2.°. Que nos enviara las Constituciones y las otras piezas de las que el Gran Oriente había acusado recepción hacia unos diez meses.
3.°. Que autorice el traslado de nuestro Oriente (...).
7.°. Finalmente, que el Gran Oriente quedaba advertido que un más largo silencio sería tomado como un rechazo formal (...).

Sin duda tales cláusulas sonarían para el Gran Oriente de Francia como sorprendentes y carentes de fuerza quizás, al carecer de humildad. Lo cierto es que en el archivo del Gran Oriente de Francia hay una nota lacónica que dice en el legajo de esta logia: «El asunto no tuvo continuación».
De Fernando VII al II Imperio francés. El 2 de enero de 1815, por un edicto del inquisidor general Francisco Xavier Mier y Campillo en el que se reproducía a su vez el edicto emanado en Roma contra la Masonería por Consalvi, secretario de Estado de Pío VII, se prohibía de nuevo ésta para toda España. De esta época, en la sección de Inquisición del Archivo Histórico Nacional de Madrid, procedente de la Inquisición de Santiago, se encuentra un «Expediente sobre un folleto impresa en francés, con cortaduras y hojas arrancadas, que trata de Francmasonería, presentado a este Sto. Oficio por el secretario supernumerario don Manuel Freire». Pues bien, precisamente este expediente está relacionado con la transhumante logia de Vitoria. Tal folleto no es sino los «Réglements de la R. L. Des Amis Réunis de St. Joseph à l'0. de Vitoria» (sic). En anónimo dirigido en Santiago de Compostela a Freire Castrillón se le decía entre otras cosas: «Compadecido de los males infinitos que tarde o temprano van a cubrir nuestro suelo, avisa a Vmd. un amante del bien, que tomen Vmds. con la mayor eficacia los medios más oportunos para descubrir los infinitos masones que hay principalmente en el ejército, pues de lo contrario es infructuoso cuanto se hizo. Recompensa, impunidad, asegurarle la persona y guardarle secreto son los medios que inmediatamente deben emplearse para lograrlo promulgando el Tribunal de la Inquisición edictos. Para dar a Vmd. idea si hablo o no con algún dato doy a Vmd. el reglamento adjunto, pero que a nadie debe manifestarle Vmd. porque sería yo descubierto. Si veo pocas voces y mucha... seguiré dando materia hasta que algún día me descubra». El contenido del anónimo producía el efecto contrario. Don Manuel de Freire lo ponía en comunicación rápida del Inquisidor, acompañándolo de la carta siguiente: «Dn. Manuel Freyre de Castrillón secretario honorario de este Santo Oficio, con el mayor respeto da cuenta a V. S. I. de habérsele introducido en el portal de su casa la carta adjunta anónima, que incluía el folleto adjunto, impresa con las cortaduras y hojas arrancadas que se advierten; y aunque por él nada parece que pueda descubrirse, he notado que en el principio hay una raspadura que oculta el lugar a que pertenece y puede ser la ciudad de Vitoria, pues en la página 43, línea 23 lo expresa, y sin duda fue descuido del remitente, en no haber cortado o raspado esta palabra. La impresión por el carácter o módulo de las planas parece francesa, y tengo entendido que Vitoria es uno de los pueblos más contagiados aun antes de la guerra. V. S. I. hará el uso que halle más conveniente». Observa al efecto Ferrer Benimeli, máximo especialista en todos estos temas, que se trataba de los Reglamentos de la logia «Los Amigos Reunidos de San José de Vitoria», pues el folleto en cuestión coincidía exactamente con el ejemplar que, sin cortaduras ni tachaduras, se conserva en el Archivo del Gran Oriente de Francia.

Con la mecha de la guerra carlista a las espaldas. Con la primera guerra carlista en España se resentía la vida de las logias bayonesas. Si el problema dinástico dividía a los españoles ya antes de la muerte de Fernando VII, después iba a estremecer toda la vida del país, salpicando a su vez a región tan cercana como la región del Adour. En carta del venerable de la logia «La Zelée», Andrés Leris, al Gran Oriente de Francia, se pueden leer sus lamentos ante las dificultades económicas por las que atravesaba dicha logia (5 de junio de 1833): «...desde el restablecimiento de nuestra logia nos hemos impuesto enormes dificultades por encontrar un local, adecentarlo, y yo diría por reconstruirlo... Nos asedian las peticiones de ayuda... Además han recalado refugiados españoles, casi todos masones y desheredados, cuyo deber nuestro era el de ayudarles, aun cuando su paso en nuestra ciudad persiste desde hace mucho tiempo. Solicitamos el envío de obsequios gratuitos, de los que somos acreedores». En realidad ni el número de refugiados españoles en 1833 era tan numeroso, ni mucho menos todos eran masones. Ya desde la reposición del absolutismo en 1823 con los «Cien Mil Hijos de San Luis» y con la agitación creciente de los partidarios de don Carlos en las provincias vascas, corrían aires de «guerra santa», nutrida por la intervención del clero. Nada extraño que muchos liberales, francmasones o no, eligieran el camino del destierro, instalándose en Bayona para seguir el curso de los sucesos desde la otra parte del Bidasoa y vigilar más de cerca sus bienes y negocios. El 26 de abril de 1834 la regente María Cristina publicaba el llamado «decreto de Aranjuez». Sus términos constituían todo un fenómeno sociológico lleno de consecuencias. Por él se amnistiaba a todos aquellos que habían pertenecido a sociedades secretas, pero se condenaba sin recurso alguno a todos aquellos que después de esta fecha pertenecieran a cualquiera de ellas, las ayudaran de cualquier forma, o simplemente conocieran su existencia sin denunciarla. Las penas previstas por el decreto eran muy severas: pérdida definitiva de todo empleo, tratamiento y honores, destierro para los simples socios y hasta dieciséis años de prisión para los responsables. Por ello el día después de la promulgación de este decreto «de aparente amnistía», estallaba toda una política de persecución todavía más cruel. Con el incremento de las guerrillas en 1834, colas de refugiados anticarlistas creaban un nuevo malestar en el seno de estas logias locales. Por un lado la mayoría de sus miembros eran rabiosamente anticarlistas, mientras que por otro algunos de ellos eran carlistas particularmente activos. Se sabe por ejemplo, aunque se conoce bien poco, que los hermanos Detroyat, miembros de «La Zelée», y el cónsul de Portugal, Da Cruz, miembro de «La parfaite reunion» organizaron el 9 de junio de 1834 el paso clandestino hacia Elizondo de don Carlos. Es decir, los masones bayoneses se morían en función de los principios esenciales de la Orden, aun con ideologías distintas. Sus riesgos durante ésta y otras guerras señalan -en frase de Crouzet- una sentida toma de conciencia de una misión que cumplir bien específica: la de propagar más allá de la frontera los principios de Tolerancia y Fraternidad.

Dependientes de Lisboa. Así pues, los años de la guerra carlista constituirían para los masones de Bayona todo un reto de responsabilidad y de generosidad frente a las vicisitudes de los francmasones españoles. El hermano Juan Bautista Bonet, delegado por «La Zelée» para exponer en el Gran Oriente de Francia los problemas locales, escribiría el 2 de febrero de 1836 de esta forma: «Ninguno de vosotros ignora la situación geográfica del Oriente de Bayona y, por consiguiente, qué importancia reviste para la Orden el contar en este extremo de Francia con un hogar que pueda alimentar las Luces que comienzan a penetrar al otro lado de los Pirineos. No existe masón francés que no sienta la necesidad de estrechar los lazos que les unen a los masones españoles y a extender en esta parte de Europa los principios de esta moral Universal, base fundamental de nuestra institución, que constituye la gloria y la felicidad de la Humanidad». Algunos años más tarde, el 21 de abril de 1841, una carta del venerable Nicolas Plantie, dirigida al mismo Oriente, pese a subrayar las dificultades de su posición geográfica, remachaba en su disposición de compartirla a fin de inseminar las verdes fuerzas de la Masonería internacional. Razonaba así: «No ignoráis a qué crueles sacrificios nos vemos sometidos por nuestra situación topográfica. Ya lleguen unos, ya marchen otros, siempre se dirigen a nosotros, centinelas avanzados de la Masonería francesa; tenemos a gala el no dejar nada a fin de asegurar más allá de los Pirineos la propagación de nuestra Orden por tan largo tiempo desconocida y despreciada por nuestros vecinos; nosotros consideramos como un deber sagrado para nosotros el de cumplir con mucha amplitud la carga que se nos ha impuesto... ¡Ojalá nuestros esfuerzos produzcan el resultado que apetecemos!». Por otra parte la Masonería española era transplantada a Lisboa ( 1838) donde fundaba un Gran Oriente Nacional de España, bajo la dirección de Pedro de Lázaro y Martín, como gran maestro. El reagrupaba algunas logias, todas clandestinas, una de las cuales había levantado columnas en 1839 en Bilbao, con el nombre de «La Vigilancia». Pero en abril de 1840 Lázaro y Martín era expulsado de Portugal, recalando en Burdeos, donde sus siete logias dependientes del Gran Oriente de Francia como el Consejo Soberano de «La Candeur» reconocían su validez como gran maestro, amparando así sus logias españolas. La de Bilbao, sintiendo la confianza de las de Burdeos, pedía y obtenía el reconocimiento y regularización de sus trabajos por parte del Gran Oriente de Francia. Contagiados, en fin, de la fuerza e ilusión bilbaína, los alaveses en septiembre de 1841 creaban en Vitoria una segunda logia, bajo el nombre de «Les vengeurs d'hiram», como temiendo defraudar a los que contaban con ellos. Cierto que estas logias vascas iban a tener unos efectivos modestos y unas actividades bien reducidas, pero ellos harían que continuara vivo y garboso el ideal de la fraternidad. También contarían con un número notable de personalidades regionales. Agustín Chaho, el polemista redactor de «L'Ariel», condenado a destierro por decreto del 3 de febrero de 1852, elegirá Vitoria como lugar de uno de sus años de destierro.

Cuarenta años de desíerto en el Estado francés. La II República francesa moría en la práctica el 2 de diciembre de 1851, aunque Luis Napoleón sería proclamado emperador un año más tarde, exactamente el 2 de diciembre de 1852. Numerosos masones opuestos a este Imperio autoritario por esencia no volverán a respirar hondo hasta la tercera República. De 404 talleres en 1848, el Gran Oriente de Francia cerrará 213 logias en 1853. La Comisión Extraordinaria de los Bajos Pirineos pronunciaba a su vez siete condenas, pesadas condenas, contra siete bayoneses, de los cuales seis eran masones. Así, Capo de Feuillide sería deportado a Lambesa en Argelia; Agustín Chaho, cinco años de destierro; Teodoro Delissalde, cinco años; Emilio Silva, tres años; Teodoro Plantié, cuatro años también de destierro, y Nicolás Plantié, dos años de prisión política, primero en Burdeos y después en Saint André de Cubzac. Agustín, los dos Teodoros y Emilio Silva, mareados y transtomados por el rumbo de los hechos políticos, encontraban futuro entre sus amigos de San Sebastián, Vitoria y Tolosa. Estas poblaciones, sobre todo las dos primeras, no defraudarán las esperanzas del liberalismo. Mientras tanto la Masonería de los Bajos Pirineos, no por transida y devastada dejaba de rebrotar. Así en 1859 nacía en Tarbes la logia «La propagation de la vraie lumière» que cerrará sus trabajos en 1875 para reemprenderlos definitivamente el 28 de febrero de 1885. En Pau «Le berceau d'Henry IV» recuperaría sus actividades el 2 de octubre de 1863, para cerrarlas el 3 de marzo de 1875. Este taller «encenderá de nuevo sus fuegos» el 14 de mayo de 1888 con un nuevo nombre: «Le reveil du Bearn». Asimismo el 6 de abril de 1867 la logia «La Sobriété» de Dax reemprendería sus trabajos, para suspenderlos de nuevo el 3 de marzo de 1872, recuperarlos de nuevo el 30 de octubre de 1888 y desaparecer definitivamente en 1895. Por estas fechas, en Mont de Marsan el 9 de abril de 1888 se abría la logia «La Concorde», que volvía a desaparecer en 1910, para abrirse de nuevo el 11 de noviembre de 1913 con un nombre nuevo: «Le devoir social». Al mismo tiempo se abría «La solidarité landaise», afiliada a la Gran Logia, al par que en Bayona será preciso esperar hasta el 10 de noviembre de 1892 para que «La Zelée» reciba su nueva patente de creación.
Entre «la Gloriosa» y la Restauración alfonsina I.Trayectoria masónica navarra. Por el primer documento que conservamos de la historia de la masonería en Navarra, sabemos que la logia «El Faro del Norte» se reconstituía el 12 de marzo de 1882 con ocho hermanos masones, siete de los cuales vivían en Pamplona y el octavo en Madrid. Parece que la primera fundación de esta logia iruñesa había sido el 12 de marzo de 1870 como viene a demostrar Arbeloa. La edad media de sus componentes era de 35 años, cuando la mínima exigida por el reglamento era de 21 . Sobre su extracción social, tres eran comerciantes, uno militar, uno propietario, uno periodista y dos empleados, mientras que su estado se repartía en igual proporción entre solteros y casados. Mayor vitalidad en cambio había de tener la logia «Resolución» de Sangüesa. Sus cinco primeros masones de 1886 se convertían en veinte en 1887, residentes en varios puntos de Navarra sobre todo. Así la logia sangüesina asumía el carácter de volante, pues tan sólo cuatro residían en Sangüesa, mientras que otros lo hacían en las cercanías -uno en Liédena, dos en Aoiz, tres en Tiernas-; cinco sin embargo en Pamplona, uno en Elizondo y dos fuera de Navarra: uno en Guernica y otro en Cáceres. Al ordenar por encima su organización, nos encontramos con masones de profesiones más bien móviles, como la de telegrafistas, comerciantes y militares. Tales profesiones darían lugar a la creación de varios triángulos y otra logia en Pamplona. Con mucho ruido y rapidez Miguel Morayta organizaba en Madrid el 4 de abril de 1888 un «convento» masónico a fin de venir todos los masones españoles en una única entidad. Obedientes e impertérritos ante un nuevo futuro los masones de Sangüesa elegían como representantes de su Logia a Aniceto Giral y como suplente a Juan Harina. Pero en realidad la situación de la Masonería en España resultaba complicada. Agotada, pues, toda la placidez y el desgarro del momento, por demás jubiloso y difícil, los masones sangüesinos se decantaban en su elección para gran comendador de la Orden por Alfredo Vega, vizconde Ros. Por otro lado otros diez hermanos, todos ellos de Pamplona, se abstenían de votar y tan sólo dos elegían a Morayta. Así pues, consumada la escisión del Grande Oriente Nacional de España, la logia «Resolución» n.° 209 acataba por mayoría la obediencia de Vega. Dos meses más tarde se aprobaba el traslado de la logia a Pamplona, según el «Boletín Oficial del Srmo. Grande Oriente Nacional de España», desapareciendo toda documentación directa sobre esta logia navarra. De todas formas, por los papeles del triángulo de Elizondo del 30 de octubre de 1888 sabemos que se pedía autorización para «levantar columnas» en estos Valles, «atendida la diseminación de los obreros y triángulos de la Respetable Logia Resolución». Conviene traer unas ideas de una carta de su fundador Casimiro Rufino al Gran Comendador el 18 de abril de 1890. A Rufino le rondaban por el corazón las dificultades atravesadas de esta manera: «Cuando hace cuatro años, al poner los pies en la fanática Navarra, inicié al inolvidable y nunca bien sentido hermano José Alfaro, no era fácil imaginar el portentoso desarrollo de nuestra sublime institución en tan contrarios Valles, pero nuestro entusiasmo, a falta de otras dotes, todo lo venció, y hoy dejamos existentes en plena actividad las logias de Tudela, Pamplona e Isaba con varios triángulos».

Vitalidad y anticlericalismo en Tudela. Cuenca receptora de diversas inquietudes había sido la logia «Resolución» de Sangüesa. De allí, cargados de ilusiones habían llegado a Tudela los hermanos Morse y Licurgo, fundando la logia «Vega del César» en junio de 1888. Este último con voz privada felicitaba al vizconde de Ros en carta del 19 de septiembre del mismo año por su elección como comendador interino, deseándole con viveza el mismo cargo, pero con carácter definitivo. Pese a su creciente vitalidad Licurgo -Alfaro y Troyas en la vida profana- por temor a la posible agresividad de los católicos, le rogaba el mayor sigilo en las noticias de su logia sobre el «Boletín Oficial del Gran Oriente de España». Para reducir al máximo su posible intemperie escribía: «siendo este país fanático teocrático hasta la exageración, será muy conveniente que no se publiquen en el Boletín Oficial del Gran Oriente los trabajos que se lleven a cabo y, caso de hacerse, que sólo figuren los nombres simbólicos, pues como digo, si nos descubrieran, se inutilizarían por ahora nuestros trabajos (...). No creáis, Ilustre y Poderoso Hermano -concluía Alfaro- que el miedo nos acobarda, no; es sólo el interés por la prosperidad de la Orden en estos Valles que, trabajados con acierto y sigilo, responderían valientes a vuestro llamamiento honrado». Pero la verdadera veta del anticlericalismo de los masones de Tudela se encuentra en otra carta escrita por el secretario de la logia «Viriato» el mismo día de la anterior al mismo gran comendador. Entre otras ideas escribía: «...dos caminos debemos tener siempre a la vista, el primero el de la luz, la civilización y progreso, por el que debemos encaminar al profano y hacerlo digno de ser libre; el segundo, debemos recorrerlo nosotros, los masones de fe, aquellos que por condición y temperamento lo somos, limpiando su superficie de aquellos obstáculos que se opongan a la marcha del neófito y que éste llegue sin amenazas, sin recelos, a descubrir el punto luminoso; que puede disfrutar de aquella luz que deja ver las cosas tal cual son, de esa luz masónica que tanto significa. Esos obstáculos, como llevo dicho, es preciso que desaparezcan, esas quebraduras que nos impiden una marcha tranquila, esas pequeñas alturas que muchas veces nos fatigan esos bosquecillos que se convierten en espesuras numerosas, imposibles de cerrar, todo eso lo representa el clero, esas comunidades religiosas; en fin, esa compañía de Jesús, que todo lo invade, que todo lo fiscaliza, que todo lo interviene como si fuese propio, pues ni respeta la paz del hogar doméstico, que es lo más sagrado entre los hombres; mientras no imitemos a esa Francia, a esos Estados americanos, a esa Inglaterra, en donde hemos tenido el gusto de trabajar expulsando esas bandadas de aves de rapiña, esos explotadores de la conciencia, a esos parásitos, no habremos conseguido nada, todos nuestros esfuerzos se estrellarán ante ese malhadado dique, que sabe resistir nuestro empuje, porque son más unidos; que el Gran Arquitecto os ilumine para poder combatir con ventaja a nuestro común enemigo». Había que transcribir casi toda la carta de «Viriato» a fin de descubrir el verdadero cordón umbilical de la situación masónica por Tudela. Aunque sus reflexiones abunden en la retórica anticlerical de la época, nos descubre también el dolorido, esperanzado, feraz, ultrajado, invencible y prodigioso mundo masónico. Al asa de esta trayectoria se entroncan ya en 1889 las actitudes y palabras de la logia en el caso del arzobispo de Valencia, Antolín Monescillo, que había condenado la inauguración de la estatua de Giordano Bruno en Barcelona.

Noticias pamplonesas y librepensamiento tafallés. Superados los primeros riesgos de la disolución de la logia «Resolución», los hermanos de aquélla, residentes en Elizondo, encontraron dificultades a la hora de «levantar columnas» en el Baztán, o por el reducido número de los pretendientes o por su desfavorable situación geográfica. Sin duda por eso pensaron en trasladarse a Pamplona, donde vivían masones más activos. Así pues, todavía con membrete de la logia «Resolución» escribían el 8 de febrero de 1880 al supremo comendador de la orden. Pero tan sólo en el tardío 2 de febrero de 1890, es decir, diez años más tarde, el vizconde de Ros anunciaba el envío adjunto del expediente para poder obtener, decía textualmente, «la carta constitutiva el 5 de abril de 1890» y cuya documentación, exigua, se agota el 23 de octubre del mismo año. Si la actividad de la logia anterior pamplonesa permanece oscura, en la de la logia «Justicia» de Tafalla podemos distinguir una trayectoria dura, vital y minuciosa. Tan valiente en su época, que podía suscitar miedo; tan dedicada y limpia a sus fines, que podía producir envidia. Su primer cuadro lógico data del 17 de septiembre de 1890, acompañado de una plancha al Grande Oriente Nacional de España, en la que subrayaba la importancia del envío así: «para mejor cumplir los sagrados deberes que la orden decían con énfasis nos impone en sus elevadas aspiraciones de justicia, libertad, bien, fraternidad, progreso, verdad, etc., que hemos de procurar reinen entre todos los hombres, saltando por encima de toda clase de barreras, ya sean puestas por torpes fanatismos, groseras miras egoístas, estúpidas ignorancias o estrechos formulismos, y para hacer más íntimos los fraternales lazos de deben existir en la gran familia masónica». Como muestra ostensible de causas precedentes y más hondas en «ese amor a la humanidad», patrimonio común de todos los masones, los de Tafalla hacían su traducción política más concreta en un sistema bien preciso: la República democrática. Carlos Alfaro, el masón tafallés, del que conservamos una plancha de 14 folios escribía al respecto: «Creemos que los tiempos actuales reclaman de nosotros en el terreno político la propaganda de la República democrática; en el social la del trabajo, como única fuente del capital, y la posesión de éste por todos los ciudadanos en la cantidad necesaria al logro de su vida racional; en el económico la desaparición de todos los gastos improductivos para la masa social, la disminución de empleados y la administración autonómica responsable ante el pueblo; y en el religioso, la sustitución de las irracionales religiones positivas, por la religión de la justicia, de la verdad, del bien, de la ciencia, de la moral universal, etc., etc., simbolizada en el libre pensamiento». A compás con estas ideas latían todos los masones tafalleses. Por eso a la convocatoria del congreso mundial de Librepensamiento en Madrid, que fue prohibido por Cánovas- ellos no podían estar ausentes. Seis días antes los tafalleses enviaban al director de «Las Dominicales del Librepensamiento» una carta con los motivos de su adhesión y participación en el congreso.
Entre «la Gloriosa» y la Restauración alfonsina II.El esplendor bilbaíno, .«La Caridad n.° 200». La logia «La Caridad n.° 200» se constituiría en rodrigón masónico para toda Vizcaya, dependiendo primero del Gran Oriente Nacional de España desde 1885 a 1904 y pasando luego a la jurisdicción del Gran Oriente Español con el número 273. En la primera lista conservada, que lleva por fecha el 12 de septiembre de 1885, la logia bilbaína se componía de diez miembros fundadores, todos ellos residentes en Bilbao y cuyos dos miembros más antiguos eran precisamente extranjeros, Alphonse Maurin y Juan G. Krug, iniciados en la Orden con toda probabilidad fuera de España el 11 de febrero de 1857 y el 10 de abril de 1868 respectivamente. Superando, pues, riesgos y los fantasmas del integrismo, los masones de la «Caridad» al poco tiempo alcanzaban ya la cifra de 27 miembros, como nos consta por el cuadro siguiente:(Ver cuadro en imágenes). Se puede observar por las profesiones ejercidas que no: encontramos ante un grupo de clase media alta, con una gama variadísima de 18 profesiones distintas. Merece la pena destacarse la presencia de un pastor protestante que, aunque parezca raro, era bastante frecuente por aquellos años en otras logias peninsulares. A principios de 1889 llegaban a 54 componentes con predominio notable de empleados, seguido de comerciantes, viajantes e industriales. Pero, por otro lado, al declinar el año se iniciaba un descenso todavía ligero, para, cuatro años después (enero de 1893), quedar reducida a 18 componentes, si bien el 31 de diciembre de 1894 habían ya alcanzado la cifra de 30 hermanos. El 14 de abril de 1896 se concedía a la logia bilbaína el título de «Benemérita»: «Visto el expediente mandado instruir con ocasión de los actos realizados por la Logia «La Caridad n.° 200», al Oriente de Bilbao. Considerando los constantes esfuerzos que de 11 años a esta parte viene realizando el mencionado Taller, siendo el último el haber conseguido levantar un Templo que honra a los Hermanos que lo han erigido, a la capital de Vizcaya, y al Grande Oriente Nacional de España; considerando que es merecedor de una recompensa el Taller que tales hechos ejecuta tanto para propio galardón como para estímulo de los demás: Oído el Supremo Consejo de la Orden y vista la Sección 13 del Capítulo 3.°, título 11, libro 1.° de la Ley de Gobierno y Administración, el Poder Ejecutivo decreta: Artículo único: Se concede a la Logia «La Caridad n.° 200» al Oriente de Bilbao, el título de Benemérita. Dado al Oriente de Madrid a 14 de abril de 1896».

Las logias guipuzcoanas a fin de siglo. Fundada en San Sebastián en 1890 y, después de duras pruebas de orden interno durante todo el 1891, la logia donostiarra se lanzaba hacia su más esforzada consolidación. Si por un lado recibían generosamente los muebles que habían pertenecido al extinguido taller «Aureola Guipuzcoana», por otro no reducían sus horizontes a su ámbito y a su ciudad, sino que señalaban en su Memoria de 1892 haber sopesado sus fronteras y haber atendido a otras necesidades benéficas, tan propias de la Orden. Decían así: «También hemos procurado, en lo que hemos podido, atender al socorro de las necesidades, tanto dentro como fuera de la Institución, deber que siempre cumpliremos con grato al par que triste placer, pues quisiéramos que todos los habitantes de este pequeño astro fueran felices». Otra meta imparable desde 1891 por parte de los miembros de este taller había sido la del proselitismo en favor propio y también de la Masonería en general. Con el resultado de los hechos en sus manos por delante escribían: «Pero donde más se ha distinguido este taller, sobre todo en estos últimos meses, es en el trabajo de propaganda, como lo prueban las iniciaciones que continuamente se han sucedido y lo demostrará más adelante, el levantamiento de talleres en varios pueblos de esta provincia, según os tenemos ya indicado». Por aquellos días afloraban constantes y perseverantes las viejas ideas anticlericales. Tanto que el entonces arzobispo de Valencia ya citado, Monescillo, publicaba densas exhortaciones y cartas pastorales sobre tal situación. «La Cruz», órgano oficioso del episcopado español, denunciaba al respecto los frecuentes ataques a manifestaciones religiosas públicas. Sin embargo el diagnóstico ambiental de la logia «Providencia n.° 270» del País Vasco era bien distinto en este aspecto. Los masones donostiarras de esta logia, mientras disminuían sus méritos en el campo del proselitismo, los ponderaban muy bien por otro lado, precisamente por tener que laborar en una tierra surcada por el integrismo religioso más duro. «Ahora bien, queridos hermanos, estos trabajos que no son más que el cumplimiento de nuestro deber, si algún mérito tienen no es otro que el de verificarse en estos valles, cuna de Loyola, y donde parece que hasta el aire que se respira está inficionado con los miasmas del oscurantismo, pues aun dentro de nuestros propios hogares tenemos que sostener una continua guerra para quitar de nuestras familias rancias preocupaciones sostenidas (por la cuenta que les tiene) por esa gente cuya conciencia es aún más negra que el traje que visten».

Asfixia de la logia irunesa «Luz de la Frontera». De nuestros masones iruneses, nacidos en 1893, queda una pequeña «Memoria» en cuatro folios firmada en la misma ciudad de Irún, el I de enero de 1896, por el hermano orador «Montesinos», es decir, Tomás Campos, de profesión profesor superior, con interesantes interpretaciones del momento: «Ni la época por la que la nación española atraviesa, ni el país en que nos encontramos, son muy a propósito para que la Francmasonería se desenvuelva con aquel desembarazo que fuera de desear y que pueden realizar otras potencias francmasónicas donde todas las asociaciones que tienen por objeto principal el adelanto, bajo todos los puntos de vista, del ser inteligente a quien el Gran Arquitecto del Universo dotó de facultades no concedidas a los demás seres de la naturaleza, gozan de la libertad indispensable para convencer, sin martirios ni amenazas, de la bondad y fines de nuestra augusta institución». Era la época del carlismo todavía, del integrismo y del tradicionalismo de toda índole. Contaban éstos en el País Vasco con buenas clientelas que en las elecciones no se dejaban fácilmente expoliar por los mecanismos electorales del gobierno. El mejor exponente de ese catolicismo político sería sin duda alguna José María de Urquijo e Ibarra para todo el País Vasco, como para Guipúzcoa Rafael Picavea con su magnífico diario donostiarra «El Pueblo Vasco». Los resabios, pues, de las filiaciones integristas, aun en los católicos vascos independientes, exhibían un firme antiliberalismo político e intelectual y un fuerismo que observa García de Cortazar «junto con el rancio clericalismo de sus programas, les aproximaba a los nacionalistas vascos». No en vano los masones iruneses advertían con mucho énfasis del peligro del «jesuitismo de levita» contra el progreso y las libertades. Estos son sus sabrosos y explícitos juicios: «Pero aquí en que los habitantes se hallan supeditados -en su inmensa mayoría- al jesuitismo de levita y al de coronilla, el primero mucho más temible que el segundo, es más difícil de lo que pudiera imaginarse el propagar la verdadera luz. Sin embargo todos los miembros del Taller han coadyuvado en cuanto les ha sido dable para que los prejuicios de la verdadera moral en que se apoyan nuestras creencias y nuestras obras se extiendan todo lo posible, como podrá verse por el resumen que va al final de este insulso trabajo».
SIGLO XX.
En los albores del siglo.«La Zelée», puente entre dos Estados. En los albores del siglo, «La Zelée», se convertía para las logias masónicas vascas en actividad seminal. Sobre la vitalidad de la logia bayonesa habia una carta escrita en Bilbao, con fecha 20 de enero de 1902 por parte del Consejo Supremo de la «Gran Logia Cantábrica», en vías de formación, al Gran Oriente de Francia. Su importancia histórica está fuera de toda duda, debido al menos a tres razones. Por la primera, nos descubre desde el interior el grado de anarquía que reinaba dentro de «la desorganización» de la Masonería española al final del siglo XIX, analizando además sus causas. Asimismo su enganche directo y abierto con los partidos políticos y la carencia total de formación de las bases masónicas. Por la segunda, demuestra cómo el Gran Oriente de Francia es considerado también fuera de sus propias fronteras como una gran potencia masónica de peso, y por la tercera, en fin, destaca el papel de las logias bayonesas entre la Francmasonería de ambos lados de la frontera.

La «Gran Logia Regional Cantábrica». Aparte de la aspiración concreta, que se desprende de la carta mencionada de la «Gran Logia Regional Cantábrica» de Bilbao al Gran Oriente de Francia, sobresale su deseo de organización e influjo social. Claro que no se podían enmendar en un día los desastres, pero sí poner las bases de la reconducción masónica, al menos, para Bilbao. Y empeñados en ello, bajo la dirección de Cándido Palomo, fundaban una revista masónica con el nombre de «Boletín Oficial de la Gran Logia Regional Cantábrica», cuyo primer número salía en marzo de 1903. Sus objetivos con toda claridad se definían desde la primera página así: «Nuestro propósito al publicar este BOLETÍN OFICIAL es buscar un medio más eficaz de comunicación entre los organismos francmasónicos, dar a conocer nuestros principales trabajos, especialmente aquellos que se relacionan con el bien general de la Orden, en la firme creencia que habiéndose aceptado ya en España la buena idea de constituirse en Regionales, una vez convenientemente organizados y con suficientes fuerzas éstas, ha de llegar el día en que todas en unión fraternal y observando los principios de nuestros Estatutos convoquen a una asamblea general que ha de designar el único y legítimo poder superior de la Francmasonería española». Palomo, simbólico «Riego», proseguía con énfasis: «Despierten los masones durmientes, únanse y trabajemos en contra de nuestros enemigos por la igualdad, la libertad y el progreso social». Como aval para dar cumplida fortaleza a sus palabras, subrayaba que la constitución de esta «Gran Logia Regional» provenía del respaldo, fuerte respaldo, de la logia bilbaína la «Caridad», dependiente antes del Gran Oriente Nacional de España y de la logia «Emulación» a su vez del Gran Oriente Ibérico. La masonería bilbaína se desensimismaba para atravesar la agresiva y dilatada selva del integrismo. Escribían así: «Adelante»: «A pesar de la sangrienta y encarnizada lucha que nos hacen en ésta los elementos jesuíticos, cada día son más concurridas nuestra reuniones, habiéndose iniciado ya la necesidad de agrandar nuestros templos; los masones de estos valles parecen que despiertan respondiendo al llamamiento de las cuatro Logias existentes en esta localidad». Con el título «Atrocidad» escribían: «Desde que ha sido conocido el acuerdo de publicar nuestro BOLETÍN OFICIAL los elementos jesuíticos de esta Villa no descansan un momento en sus trabajos de indagación» (...). «Los francmasones somos hombres libres y de buenas costumbres con nuestros sacrificios materiales trabajamos en bien del progreso de la humanidad, hacemos a costa de nuestros bolsillos particulares las limosnas y el bien que podemos, acudimos sin jactancia ni publicación a enjugar las lágrimas y cubrir la miseria de nuestros hermanos y de los profanos; es una sociedad autorizada por la ley (y en prueba de ello en algunas naciones, monarcas, presidentes de Repúblicas y jefes de Estados son cabezas de ella); tiene secretos pero no es sociedad secreta, y camina al fin que se propone por medios lícitos y meritorios».

Anticlericalismo de la «Caridad n.° 270». Las noticias de las actividades de esta logia bilbaína se recuperan cuando ésta se vuelve a constituir hacia 1903 y más en particular en octubre de 1904, esta vez bajo la obediencia del Gran Oriente Español con el número 270. La lista oficial en este momento arroja una cifra de 40 miembros, la mayor parte de ellos viejos masones, pues aparecen nada menos que diez grados 33, un grado 30, nueve grados 18, siete grados 4, ocho grados 3, tres grados 2 y tan sólo dos aprendices o grado 1.°. Si en relación con su composición social, dentro de una curiosa diversidad, volvía a predominar una clase media alta, por lo que se refiere a su organización sabemos que se reunían todos los sábados a las 9,30 de la noche. Asimismo la dirección de la logia era la de su venerable Nicasio Chasco y Heredia, que vivía en la Alameda de San Mamés n.° 15. Por su parte los masones bilbaínos, en esta segunda época, debían de tener algunas dificultades, según se desprende de carta fechada el 24 de julio de 1912. Escribían: «La Logia Caridad que se honra cobijándose bajo los auspicios del Gran Oriente Español, como centinela avanzado y siempre en vanguardia estará en su lugar el mes de agosto próximo en que la clerigalla de arzobispos, obispos, jesuitas y demás aves negras se ciernen sobre Bilbao a celebrar el término de las Peregrinaciones hechas por todos estos desocupados a la llamada tierra santa». Su mismo venerable, Cándido Palomo Goitiandía, de profesión industrial y nombre simbólico «Riego», se expresaba así el 14 de febrero de 1913, en carta dirigida a las autoridades masónicas de Madrid: «Como veréis nuestro trabajo es lento por las condiciones especiales en que estamos colocados en esta Ilustre Villa, dominada en la actualidad por el maldito jesuitismo, y en donde un puñado de hombres, del temple de acero, sostiene y sostendrá enhiesta la bandera de nuestra grandiosa Orden». En una carta suya, fechada en Bilbao el 25 de octubre de 1903, decía: «Oriente de Bilbao. Reunidos los Caballeros Kadosh y dada lectura de vuestra atenta comunicación referente a los sucesos acaecidos en estos Valles el día 11 del actual, tiene el honor de participaros que haciéndose intérprete de vuestra protesta, hoy más que nunca nos hallamos dispuestos a combatir por cuantos medios están a nuestro alcance, al funesto clericalismo que exhibiéndose en grotescas manifestaciones no tiene otro objeto que el de perturbar el trabajo honrado de este pueblo viril que ha sabido demostrar en dos sangrientos asedios la fortaleza de que se hallan poseídos los que con orgullo ostentan el grandioso lema de amantes del Progreso. (...). Con profunda pena tenemos el sentimiento de participaros que nuestro querido hermano Scoevola, Juan Buisan Conde, Orador de la Respetable Logia Capitular «La Caridad», fue el primer masón herido por la espalda habiendo tenido que guardar cama durante diez días, considerándole hoy fuera de peligro y dispuesto a emprender de nuevo briosa lucha contra nuestros eternos enemigos».

«La Caridad n.° 270» en los vaivenes sociopolíticos de 1917. Pero los masones bilbaínos, frente a sus eternos problemas de tipo local de presiones socio-clericales e incluso los suyos propios de tipo doméstico, tenían que hacer frente también a otros comportamientos coyunturales derivados ahora de la primera guerra mundial que ejercieron una incesante y silenciosa disminución de sus efectivos humanos. Ya en enero de 1917 se dirigían a Madrid de esta forma: «Nuestra pequeña Logia en número, se halla actualmente sin el calor necesario debido a que la mayoría de los hermanos son marinos mercantes y por las circunstancias que atraviesa el mundo no frecuentan tan a menudo este Puerto ignorando si podemos contarlos entre nosotros o si el destino los separó para no poderlos volver más a nuestro lado. El gran conflicto mundial no será duradero por el agotamiento y entonces esperamos resurgir nuevamente animosos y dispuestos a laborar constantemente por el bien de la humanidad». También desde esta carta se aludía la situación de crisis general por la que atravesaba todo el Gran Oriente Español, a raíz del fallecimiento del Gran Maestre de la Orden, el catedrático de la Universidad de Madrid Miguel Morayta. Con motivo de la famosa huelga general de agosto de 1917 los masones bilbaínos señalaban el norte que había de seguirse. Pese a sus modestas posibilidades, explicaban sus actitudes en Bilbao frente a las necesidades de las víctimas: «En esta Ilustre Villa es donde los sangrientos sucesos del 16 de agosto fueron los más lamentables y sangrientos puesto que perecieron en dicha noche doce personas y resultaron heridas más de 40, contándose entre los fallecidos un empleado de la Sociedad «El Sitio» a quien nos hemos visto precisados a socorrer especialmente por ser un jubilado de dicha Sociedad y un buen padre de numerosa familia. Además, como los condenados por dichos sucesos han sido más de 1.500, habiendo sido necesario habilitar además de la cárcel el acorazado Alfonso XII y un fuerte militar, esta Logia, en las suscripciones que para remediar tanto infortunio se abriera, emitió su modesto óbolo y aun en la actualidad los contados hermanos que la componen están asediados para no dejar sin amparo a tanta infortunada familia que con la bárbara represión del Gobierno de Dato ha quedado en la miseria tanto en la zona fabril como en la Capital». Remitía también un informe con fecha 8 de diciembre de 1917 así: «Recibida vuestra plancha de fecha 20 del pasado noviembre en la que solicitáis un informe detallado de los sucesos que hayan ocurrido en estos Valles durante la pasada huelga, adjunto un número de «El Liberal» de esta Ilustre Villa, que detalla todo lo ocurrido aquí la noche trágica del 16 de agosto en que se asesinó a la gente por los secuaces del Gobierno Dato-Sánchez-Guerra».
De la Républica española a las posguerras I.Masonería y antimasonería vascas en las Constituyentes de 1931. Observamos que de los 458 diputados de la cámara de 1931, 183 pertenecían a la Masonería. Por nuestra parte y de la mano de Ferrer resulta tan interesante como elocuente el subrayar que entre las ciudades y provincias, que no obtenían ningún masón en la fila de diputados de 1931, se encontraba Alava y Navarra junto a Ceuta, Melilla, Orense, Salamanca y Segovia. Y entre las que obtenían una proporción mínima se encontraba Vizcaya con uno solo sobre nueve diputados, Luis Araquistain y Quevedo, mientras que Guipúzcoa arrojaba dos diputados, aunque de distinto partido político: Enrique de Francisco Jiménez y Juan Usabiaga Lasquibar. En relación con la vida masónica de Araquistain, por tantos otros motivos personalidad socialista de relieve, pese a la condena de treinta años de reclusión mayor «por delito consumado de masonería y comunismo» sentenciada por el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y del Comunismo, cuando se solicitaba en 1949 el documento que acreditase su pertenencia directa a la Orden se aducía tan sólo la carta del agente comercial Manuel Tejedor. En ella se habla efectivamente de la necesidad sentida por Araquistain de crear una «Liga Laica» y los pasos propagandísticos dados por su amigo Tejedor para lograr su difusión en ciudades como Zaragoza, Vitoria, Barcelona, Valencia, Alicante, Elda y Madrid, utilizando unas veces las logias masónicas y otras las Casas del Pueblo socialistas, pero ningún otro documento más. Mientras tanto la intervención parlamentaria de Joaquín Beunza, diputado por Pamplona, denunciando la presencia de la Masonería en el Congreso, ha quedado como signo de toda una generación: «He dicho y repito que en la Cámara existen diputados que pertenecen a asociaciones ligadas con otras de carácter internacional que no sé qué género de dependencias tienen; pero que de igual manera (...) (El señor Ballester: Pida el ingreso y lo sabrá) puedo decir que tengo derecho a que se ponga en claro qué clase de dependencia es ésa, y en ese sentido no me debe interrumpir ni obstruccionar la Cámara, sino ayudarme para que todos sepamos aquí qué clase de compromisos tenemos y adónde vamos, pues eso es interés de todos (Rumores). Si así como los que nos llamamos católicos lo estamos diciendo a todas horas, los que pertenecen a la Masonería (Varios diputados: ¡Ah!) lo manifestarán claramente, entonces sabríamos si, como el otro día decía un señor diputado, la masonería es un poder imaginario o si, por el contrario, es un poder eficaz; porque yo conozco a algún diputado que no rehuye el llamarse masón, y eso no lo puede decir sin que lo sea (Nuevos rumores). El día que sepa yo quiénes pertenecen a ese grupo y su importancia numérica dentro de la Cámara (Un señor diputado: Mucha), entonces podré decir a ese diputado que el otro día parecía mofarse de que se hablase de la francmasonería, que tenía razón, que es un peligro imaginario; o si por el número de diputados que están afiliados a ella, su influencia es decisiva en la Cámara, entonces diré que no es un poder imaginario, sino que es un poder eficaz, y quizá en eso encontremos la explicación de muchas de las cosas que nos están sucediendo (Fuertes rumores). Porque si me encuentro con que, efectivamente, se trata de una fuerza positiva dentro de la Cámara, ya no tendré más que recordar lo que Gustavo Hervé ha dicho en La Victoire: «Donde quiera que la masonería se hace poderosa, éste es su primer cuidado: la expulsión de los Padres Jesuitas, a quienes la masonería internacional persigue con implacable odio» (2-II-1932).

La logia donostiarra «La Altuna». La logia «Altuna» se constituía oficialmente en San Sebastián el 17 de mayo de 1932, bajo la obediencia al Grande Oriente Español. Todos los hermanos integrantes, a excepción del hermano Doporto que procedía de la logia «Marte n.° 57» de obediencia a la Gran Logia Española, los restantes provenían de talleres del Grande Oriente Español, gozando todos además de la documentación adecuada y en regla. Rellenadas las solicitudes de constitución y fundación, desde Madrid se les aprobaban con fecha 4 de junio de 1932, otorgando los poderes necesarios para el ejercicio de sus cargos a José Julián Bellido y Rodríguez como venerable maestro, a Ricardo Vera Salas, como primer vigilante, y a Angel Heras Maíz, como segundo vigilante. Pero para no demorarse siempre en las colas del liberalismo, los masones donostiarras optaban desde el principio, a semejanza de sus hermanos de la logia «Goethe» de Bilbao, por mantener estrechas relaciones con las ancianas logias bayonesas, «La Zelée» y «L'etoile du Labourd». Pese a su organización y obediencia al Gran Oriente Español, el 28 de febrero de 1933, pedía a «La Zelée» de Bayona pusiera en estudio la creación de una logia francmasónica española internacional, «donde los hermanos de las dos democracias trabajaran por el acercamiento de los pueblos, discutiendo en común los problemas más importantes en orden a la división de los hombres en lugar de su unidad». «España -proseguían en dicha carta a «La Zelée»- se debate entre graves dificultades. Francia tiene también motivos para estar inquieta. Será bueno imbuirnos de este ideal, tan querido para nosotros, y trabajar en común como medio seguro de realización». Al llegar aquí, los donostiarras criticaban el espíritu tan exclusivamente nacionalista de las Obediencias dentro de la Masonería, tan domésticos y segregacionistas en su organización. Si el cielo internacional se presentaba tan oscuro -añadían- independientemente de las fronteras de los Estados, trabajar por la fraternidad de los pueblos cada logia desde su acera y dentro de un Oriente nacional, parecía tan sólo lograr unas difusas aspiraciones benéficas, o líricas, o retóricas, sin grandes repercusiones prácticas.
Sus signos de identidad. De los discursos de las tenidas, con motivo de la elección de sus nombres simbólicos, entresacamos sus líneas de librepensamiento, así como sus posibles pautas morales de comportamiento. Ya tales nombres como Fausto, Spencer, Prometeo, Alzate o Monsalud... constituyen toda una teoría de masones bienmandados con los ideales de la institución. El «Monsalud» de San Sebastián se acogía al «Monsalud» creado por Galdós, como ser sencillo y sin brillo propio. El «Alzate» donostiarra elegía un personaje creado por Baroja, tomado «no como modelo sino como situación», en el humilde país del Bidasoa. Baroja al presentar su leyenda ya había advertido: «Tengo más simpatía por lo pequeño que por lo enorme y colosal» y a «Jaun», su protagonista, le hacía decir: «Ya no seré nunca universal; me contento con ser de Alzate». En realidad «Jaun de Alzate» era un señor comprometido con el Bidasoa. El pequeño río daba a todos una gran lección: el bachiller Juan de Iztea le había pronosticado que llegaría «a formar una república independiente: sin moscas, sin frailes y sin carabineros».
De la Républica española a las posguerras II.«Espartaco», una logia internacional franco- española. La primera voz de esta logia internacional se alza tres veces ampliada por la de las tres logias hermanas, «La Zelée», «L'etoile dv Labourd» y «La Altuna», en un local provisional de Hendaya, con la presencia de los delegados de las tres logias ya citadas, repartiéndose los cargos del nuevo taller «Espartaco» de la siguiente manera: el cargo de venerable para Pinéde de «La Zelée», el de primer vigilante para Labarrére y el de secretario para Chestia, ambos de «L'etoile dv Laóburd» y todos los demás cargos para los hermanos de «La Altuna». A fines de 1933, había nacido no una logia más, sino todo un reto, con su oportuno carisma: el antifascismo. Y nunca mejor aceptado este riesgo ante la creciente fisonomía fascista del centro republicano con la derecha católica en el gobierno salido de 1933. De hecho la incorporación de Gil Robles a este gobierno de 1934 originaría el levantamiento de la izquierda socialista y anarquista con un pequeño movimiento comunista, conocido con el nombre de «Revolución de Octubre». Los masones donostiarras y los bayoneses habían previsto el despeñamiento político y desde 1933 habían elegido el civilizado diálogo internacional en esta logia. El secretario de «La Zelée» escribía el 7 de abril de 1933 a Felicien Court, miembro del Consejo de la Orden en Francia: «L'Espagne se débat dans des difficultés graves. La France a aussi lieu d'être inquiete. Il serait donc bon en nous pénétrant de l'ideal qui nous est cher de travailler en commun aux moyens de le réaliser». Y más adelante: «L'esprit trop exclusivement nationaliste dont se frapent les Obédiences nous apparâit comme une sorte de tunique de tussus qui nous sera fatale». Pero las descalificaciones cartelísticas por parte de la derecha contra la Masonería se iban a suceder ininterrumpidamente, como bien demuestra el profesor Ferrer Benimeli. Sus consecuencias se habían de notar inmediatamente también en la vida de esta logia «ESPARTACO». Su secretario, en carta al Gran Oriente de Francia, después de recordar el año de su fundación por diez hermanos, su considerable ascenso hasta llegar el 1 de enero de 1935 a ser 72 hermanos francmasones, bajaba el diapasón al descubrir el clima de intimidación por el que atravesaba España: «Le Venerable vient de nous faire savoir, que, malheuresement, il crevignait cette année un déchet important dû á la défection de plusieurs frères espagnols qui, sous le régime préfasciste que subit leur pays, se sentat surveillés et menacés, n'osent plus fréquenter l'Atelier».
Creatividad incansable de estos masones. Por carta dirigida al Gran Oriente de Francia del delegado de la logia «La Zelée» desde Perigueux, del 20 de junio de 1934, sabemos que la fiesta solsticial se celebraba con la participación de los numerosos hermanos de las tres logias, «La Zelée», «Espartaco» y «L'étoile dv Labourd», presididos de alguna forma por los hermanos Roques, miembro del Consejo del Gran Oriente de Francia; Grossain, delegado de la Gran Logia de Francia; Pérez Aneja, delegado de la Gran Logia de España; Lobo, delegado del Gran Oriente Español; Basquez, venerable de «La Altuna»; Brenguet, de Zaragoza. El banquete doméstico no impedía palmear los brillantes discursos que tuvieron lugar ni recibir con atención los consejos adecuados a las circunstancias presentes. Al final del mismo junio de 1934 se volvían a tener conversaciones entre hermanos masones de distintas logias, esta vez de Bayona, San Sebastián y Pamplona. El hermano Patarin de «La Zelée» dirigía una nota al hermano Lamothe para que con ocasión de su desplazamiento a París le recordara al secretario del Gran Oriente: «no perder de vista la construcción de la ruta franco-española pasando por Urepel, proyecto contrario al que quería desarrollar Ibémegaray con fines electorales. El proyecto sostenido por nuestros amigos españoles y franceses -señalaba- es el adoptado por la Diputación de Pamplona. El Consejo General de los Bajos Pirineos se había pronunciado igualmente en su favor. También sabemos cuánto trabaja Ibérnegaray ante los ministros de Obras Públicas y de Trabajo en su favor. Por ello es preciso actuar con mucha energía, pues el paso del camino por Quinto Real y Urepel ofrece un primordial interés para las poblaciones. En esta dirección habrá que intervenir con energía, pues Ibémegaray, según sus métodos, amenaza con no ofrecer nada si el camino no pasa por Ezuazu, fuera del alcance de Urepel. En carta -proseguía- del 19 de mayo de 1934 os daba todo género de explicaciones en relación con el proyecto. Aquí incluyo copia de la última deliberación de la Diputación española. En caso -concluía- de que la presión de Ibérnegaray se hiciera muy activa, 10 ministerios interesados: Obras Públicas, Trabajo, Asuntos Exteriores, deberían responder simplemente: 1.° que la construcción de la carretera no podía ser inmediata por parte francesa y 2.° que vista la urgencia de los trabajos a realizar en España, y en caso que, después de examen, el trazado por Ezuazu no pareciera conveniente, el acuerdo del 8 de abril de 1932 sería respetado y, por consiguiente, la carretera seria construida por Urepel y Quinto Real en la medida de lo posible». Pero cada iniciativa, escalonadamente, había de colocarla en su sitio y en 1934 había que templar otras dificultades. Labarrere, primer sirviente de la logia «Espartaco», escribía al Gran Oriente de Francia en estos términos: «En tenida del 24 de noviembre, la logia Espartaco, estimulada por la crítica situación de los hermanos españoles, víctimas de la implacable represión del gobierno Lerroux, ha decidido intensificar la generosa actividad del Comité de entrada en favor de los refugiados españoles. Este comité regional tiene por fin socorrer la miseria de los emigrados ya en especie ya en dinero. Esto obedece a un sentimiento de Humanidad, sin que deba interpretarse como una adhesión política al movimiento. Nuestros esfuerzos para nosotros masones consisten en secundar a los organismos de izquierda en función de disminuir la miseria de los refugiados y de aliviar también los sufrimientos físicos y morales de los hermanos que, en España, son víctimas de la implacable represión». Labarrère, pues, y con él la logia «Espartaco» arrojaban al aire una comprometida pregunta, cuya cara y cruz podía constituirse en vida o muerte para los emigrantes españoles. Concluía: «Le Grand Orient de France, d'accord avec le Grand Orient Espagnol, voudra-t-il seconder nos efforts?». El 18 de julio de 1936 estallaba el alzamiento militar, por lo que la logia «Espartaco», trasladada desde 1935 de Hendaya a los locales de «La Zelée» en Bayona, se organizaba como lugar de acogida para los refugiados españoles, masones o no. «La Zelée» a su vez se movilizaba para encontrar centros de asistencia, colonias para niños españoles instalados en la región: en Biarritz, Ustarritz. En fin, los francmasones de los Bajos Pirineos intentaban hacer más llevadera la vida a los perdidos y necesitados, obligados por las infinitas causas de la guerra a atravesar la «muga».

La cruzada antimasónica de Franco. Antes de las leyes de responsabilidades políticas contra los masones publicadas por Franco el 9 de febrero de 1939, el generalhabía creado un cuerpo especial -dentro de la policía y guardia civil- encargado de llevar a cabo la represión masónica, organizándose paulatinamente a lo largo de 1937, 1938 y 1939. La requisa sistemática de archivos, bibliotecas, editoriales, pertenecientes a las diversas logias y obediencias masónicas se llevaría con todo rigor y meticulosidad. Todos estos documentos pasaban a constituir un organismo denominado «Recuperación de Documentos». Fundado en Bilbao --cuando la «liberación» de los nacionales- por Marcelino Ulíbarri, quien desde mayo de 1937 lo iba a dirigir, recogía toda la documentación posible al respecto que, una vez archivada y debidamente catalogada, facilitaría información a todos los diversos organismos del Estado. El propio Ulíbarri hacía historia de esta institución al dirigirse a Lorenzo Vidal Tolosana en carta del 3 de diciembre de 1938 así: «Tengo también a mi cargo la «Recuperación de Documentos», organismo que constituí en Bilbao al ser tomado, y en el que pasan de cinco millones los documentos, clasificados en la actualidad, más una biblioteca de varios miles de volúmenes, millares de folletos, colecciones de Gacetas, Boletines Oficiales y periódicos, carteles murales, banderas, sellos, fotografías, etc..., constituyendo un espléndido arsenal de cuanto la canalla internacional ha producido en un alarde de propaganda, que hoy se utiliza para extraer antecedentes de actividades político- sociales y que en lo sucesivo será obligada fuente de información de cuantos se dediquen a estudiar los orígenes, causas y desenvolvimiento de esta Cruzada Española». La sede de este organismo, donde eran concentrados todos los papeles y documentos, hasta constituir lo que primero se llamaría Archivo de los Servicios Documentales (más conocido con el nombre de Archivo Secreto Masónico Español) y hoy Archivo Histórico Nacional (Sección Masonería) se situaba en Salamanca, y que en un principio dependía directamente de la Secretaría particular de Franco, para luego serlo de la Presidencia del Gobierno y, desde 1977, del Ministerio de Cultura. Los masones en España, en 1936, máximo momento de su esplendor, apenas llegaban a 5.000; sin embargo suman unos 80.000 los expedientes personales sobre masones o presuntos masones, dado el número de falsas acusaciones, como el estar recogidos la mayor parte de masones españoles que han existido desde mitad del siglo XIX, así como los de las colonias de Cuba, Puerto Rico, Santo Domingo, Filipinas, efe. Este Tribunal, pues, de la Represión de la Masonería y del Comunismo estaría en vigor hasta la creación del Tribunal del Orden Público en 1963, al que quedaban sometidos los hechos delictivos de la ley del 1 de marzo de 1940. Dicha ley quedó suprimida -comentaba el mismo Franco en 1965, según su primo y secretario Salgado- Araujo- por no haber ya masones a quienes juzgar.
Represión masónica vasca y vitoriana. Por la actuación de este Tribunal de Represión contra la Masonería y en lo que se refiere a nuestro País Vasco nos queda constancia de bastantes sentencias, ya que no se libraban de pasar por él ni siquiera los que se encontraban fuera de su alcance, por residir en el extranjero, amparados en el exilio político. Es el caso de la sentencia en contra de Luis Araquistain, ya citada. Esta venía a constituir todo un trágico espectáculo. Saliquet y los vocales de su tribunal le condenaban «por delito consumado de masonería y comunismo» apareando los dos conceptos como idénticos, al menos a tenor de los «Resultandos». Por otro lado la campaña antimasónica sistemática contra las logias arroja noticias escuetas y de tipo policial sobre la vida masónica en Vitoria a la llegada del Alzamiento, bajo las siglas de sección 781, A-1 y A-2. Con tan simples cuatro expedientes sabemos de la vida de un triángulo «Ciencia» en la capital de Alava en 1936, del que poco conocíamos hasta ahora. Se componía éste al parecer de cuatro personas: Antonio de la Portilla, Isaac Puente Amestoy, Luis Apraiz González de Betolaza y Sebastián San Vicente Arrieta. Mientras tanto la Jefatura del Servicio Nacional de Seguridad con fecha 30 de diciembre de 1938 enviaba al servicio de «Recuperación de Documentos» diez fichas «correspondientes a otros tantos individuos afiliados y supuestos masones de Vitoria». La relación de masones que se cita es como sigue: Luis Apraiz y González de Betolaza, Nicolás Bylin Aramburu, César Castresana Peciña, Francisco Castresana Peciña, Victoriano Ledo González, Ramón López Andueza, Isaac Puente Amestoy, Sebastián San Vicente Arrieta, Domingo Valle Cano y Manuel Zabala Echanove.
Geografía masónica del País Vasco. Tan sólo a partir de 1870 podemos reconstruir, con más información, la implantación de la Masonería en el País Vasco, una de las Zonas peninsulares donde menos fuerza y tradición alcanzó, así como en Navarra y algunas provincias castellanas y aragonesas. Curiosamente, dentro de la gran cantidad de obediencias masónicas que se constituían en España por entonces, la que más alcance y desarrollo alcanzaba en el País Vasco era el Gran Oriente Nacional de España (G. O. N. E.) con al menos veinte talleres masónicos (logias, logias provinciales, capítulos, triángulos...). Le siguieron en importancia, y por este orden: el Gran Oriente Español (G. O. E.) con siete; La Soberana Gran Logia Simbólica de Memphis y Mizrain (G. L. S. E.), con cinco; el G. O. D. E., o sea el Gran Oriente de España, con tres, y la Gran Logia Española (G. L. E.), el Gran Oriente Nacional de España del vizconde de Ros y el Gran Oriente Ibérico (G. O. I.) con uno en cada caso. Otras obediencias, como el Gran Oriente Lusitano Unido, y el Gran Oriente de España, de Pérez, no parece llegaran a tener logias en el País Vasco. Siguiendo, pues, un orden cronológico, y de modo todavía provisional, pues aún se encuentra en marcha su estudio e investigación, podemos señalar la implantación de la Masonería en el País Vasco peninsular durante el período de 1868-1939, de la forma siguiente:

ÁLAVA-ARABA
AÑOSLOGIALOCALIDADOBEDIENCIA
1872Logia "Luz de Vitoria nº85"VitoriaG.O.N.E.
1879Logia "Victoria nº 134"VitoriaG.O.N.E.
1879Capítulo Victoria nº 27VitoriaG.O.N.E.
1893Logia "Justicia nº 128"VitoriaG.L.S.E.
1898Logia "Luz de las Montañas nº 195"InosoG.O.E.
?-1936Triángulo "Ciencia"Vitoria


GIPUZKOA
AÑOSLOGIALOCALIDADOBEDIENCIA
1870Logia "Cosmopolita Fraternal nº 30"San SebastiánG.O.N.E.
1870Capítulo "Cosmopolita nº 6"San SebastiánG.O.N.E.
1871Logia "Buenaventura nº 27"PasajesG.O.N.E.
1871Triángulo nº 31IrunG.O.N.E.
1881Logia "Aureola Guipuzcoana nº 66"San SebastiánG.O.N.E.
1882Logia "Obreros del Progreso nº 120"TolosaG.O.N.E.
1878Capítulo "Obreros del Progreso nº 24"TolosaG.O.N.E.
?-1886Logia "La Aurora"San Sebastián
1890-1895Logia "Providencia nº 270"San SebastiánG.O.N.E.
1891Logia "La Paz nº 97"San SebastiánG.L.S.E.
1893-1895Capítulo "Heroísmo nº 322"San SebastiánG.O.N.E.
1893-1896Logia "Luz de la Frontera nº 323"IrunG.O.N.E.
1895Cápitulo "Seoane"IrunG.O.N.E.
1902-1908Logia "Progreso nº 289"San SebastiánG.O.E.
1915-1917Logia "La Ciencia nº 78"DebaG.O.E.
1925Logia "Anatole France nº 29"San Sebastián
1932-1935Logia Altuna nº 15"San Sebastián
1937Logia "Juan Prim"Irun


NAVARRA
AÑOSLOGIALOCALIDADOBEDIENCIA
1870-1886Logia "Faro del Norte nº 28"PamplonaG.O.N.E.
1886-1890Logia "Resolución nº 209"SangüesaG.O.N.E.
1888-1893Logia "Vega del César nº 45"TudelaG.O.N.E.
1890Logia "Luz de la Montaña nº 82"PamplonaG.O.N.E.
1890-1901Logia "Justicia nº 59"TafallaG.O.N.E.
1870Cápitulo "Faro del Norte nº 5"PamplonaG.O.N.E.
1923-1925Triángulo "Ciencia" ?Alsasua?
1931Logia "Libertad" ?Pamplona?G.L.E.


BIZKAIA
AÑOSLOGIALOCALIDADOBEDIENCIA
1870Logia "Estrella del Norte"BilbaoG.O.N.E.
1885-1904Logia "Caridad nº 200"BilbaoG.O.N.E.
1904-1917Logia "Caridad nº 273"BilbaoG.O.E.
1888-1893Logia "Esperanza VII nº 235"PortugaleteG.O.N.E.
1888Capítulo "Constancia"PortugaleteG.O.N.E.
1889-1892Logia "Euskaria nº 250"BermeoG.O.N.E.
1885-1889Capítulo Provincial de los Valles VascosBilbaoG.O.N.E.
1891-1893Logia "Luz de Vizcaya nº 62"BilbaoG.O.N.E. (Ro.)
1893-1895Capítulo "Luz del Norte nº 57"BilbaoG.O.N.E.
1893Logia "Luz del Nervión nº 141"BilbaoG.L.S.E.
1893Logia Provincial de BilbaoBilbaoG.O.N.E.
1893Logia "Luz de Vizcaya nº 62"BilbaoG.O.I.
1894Logia "Hijos de Chies nº 152"PortugaleteG.L.S.E.
1894Logia "Tolerancia nº 153"SestaoG.L.S.E.
1903Gran Logia Regional CantábricaBilbaoG.O.E.
1904-1907Logia "Puritanos nº 277"BilbaoG.O.E.
1907Logia "Emulación"Bilbao
1926-1933Logia "Goethe nº 6"BilbaoG.O.E.
1931-1932Logia "Marte"BilbaoG.L.E.

Conclusiones.1 . Intentar sacar conclusiones sobre la Masonería en el País Vasco tal vez sea todavía prematuro. No obstante su discurrir por estas tierras casi siempre fue efímero o muy asediado por el clima tan integrista de la zona, si exceptuamos la región del Bajo del Adour, dentro de la trayectoria histórica tan distinta del Estado francés.

2. De todas formas queda de manifiesto que la existencia de logias masónicas en el País Vasco durante la época bonapartista resulta excesivamente ligada a la presencia de las tropas francesas en San Sebastián o Vitoria. Su influjo, además, en las dos ciudades debió de ser muy escaso, ya que en la de Vitoria no figuraba ni un solo miembro del País Vasco, y en la de San Sebastián el único que existía tuvo que ser expulsado.

3. En la época fernandina y del II Imperio francés su vida tanto a un lado como al otro del Bidasoa presenta una característica común: la de la languidez y el torpor, época de desierto se llama para la Masonería francesa y, por tanto, para toda la zona vasca de esta parte. Mientras tanto la actividad obsesiva de Fernando VII fue tan hábilmente explotada por no pocos de sus políticos e informadores, que traspasó el nivel personal del monarca y de su camarilla, para trasladarse a todo el nivel y espacio nacional. Por tanto, en la práctica, tan sólo con los años de la revolución «Gloriosa» (1868), volverá a cobrar fuerza entre nosotros.

4. Hecho incuestionable que se desprende de la lectura de muchos de sus cuadros lógicos es el escaso número de miembros francmasones vascos. Tanto que en algunas ocasiones, propicias para su desarrollo como la Restauración alfonsina, uno de los talleres más representativos, la logia «Providencia n.° 270» de San Sebastián, lo advertirá en su Memoria del 1891 . Propósito, sin duda, de los componentes de todas las logias vascas en todas las épocas, será la captación de hermanos oriundos del País Vasco, con resultados más bien mediocres, al menos para el final del siglo XIX y principios del XX.

5. Conviene también destacar que los masones enclavados en el Estado español jamás estuvieron exentos de disensiones internas, a causa de las rivalidades personales y cuestiones domésticas, la mayoría de ellas crematísticas. Es decir, las penurias económicas de estas logias son ya proverbiales, a excepción de la «Caridad n.° 200 ó 273» de Bilbao. Si en alguna ocasión éstas funcionaron con mayor desahogo económico se debió casi con exclusividad al desprendimiento y generosidad de alguno de sus miembros.

6. Otro matiz, ya endémico entre los francmasones vascos, subrayado con reiteración en sus planchas de finales del siglo XIX y de los primeros treinta y seis años del XX, es el peligro del «jesuitismo de levita», mucho peor-dicho por ellos- que el «jesuitismo de coronilla». Por tanto, el carácter anticlerical de estas logias adquiriría cotas elevadas en todos los tiempos, por lo demás nada original si se considera el resto del pensamiento de las otras logias de la península.

7. Sobresale, entre todas las iniciativas de la Masonería vasca, la valoración de lo internacional sobre lo nacional, sobre todo durante la II.ª República. Con la creación y subsiguiente organización de una logia internacional franco-española -quizás única en su género llamada «Espartaco» se daba cumplida respuesta a una de sus más originales aspiraciones. Que semejante iniciativa no fue simple utopía nos lo demuestra el hecho de alcanzar el considerable número de 72 miembros.

8. Si a nuestro parecer, la Masonería en el País Vasco constituye un pequeño apartado de escasa influencia al menos para Guipúzcoa, Alava y Navarra, no parece lo mismo para los Bajos Pirineos ni quizás para Vizcaya, donde llega a obtener un lugar interesante dentro de la historia general de la Masonería y de la misma región. Convenía sin embargo recuperar una trayectoria sintética, aun en plan de maniobras, y rescatar así nuestra intrahistoria masónica, en términos de Unamuno, para completar lo más posible el marco completo de los estudios vascos contemporáneos.

Dada la enorme cantidad de libros que circulan sobre el tema (sólo la Bibliografía masónica de WOLFSTIEG adición de 1926- recogía 55.000 títulos) nos limitamos a una muy breve selección orientadora de obras de carácter exclusivamente histórico vasco, o más en general con valiosas noticias sobre la Masonería en el País Vasco.

  • ÁLVAREZ LÁZARO P., Masonología española post-franquista: «Miscelánea Comillas» 43 (1985) 505-530.
  • ARBELOA V M., La Masonería en Navarra (1870- 1945). Pamplona, Ed. Aranzadi, 1976, 214 pp.; La Masonería en Vitoria (I): «Scriptorium Victoriense» 22 (1975) 329-340; La Masonería en Vitoria (II): «Scriptorium Victoriense» 25 (1978)
  • CROUZET J., Bayonne entre L'equerre et le compas (I). Bayonne, Cadier, 1982, 204 pp.; Bayonne entre l'equerre et le compas (II). Bayonne, Curuchet, 1987, 195 pp.
  • FERRER BENIMELLI J. A., La Masonería en el País Vasco (I): La primera logia masónica. Los Hermanos Unidos de San Sebastián: «Muga» 39 (1985) 18-35; La Masonería en el País Vasco (II). Los Amigos Reunidos de San José, la primera logia masónica de Vitoria: «Muga» 43 (1985) 80-86; Les Amis Réunis de Saint Joseph. La primera logia masónica de Vitoria (1810): «Cuadernos de Investigación Histórica» 3 ( 1979) 187-216; Los Hermanos Unidos de San Sebastián (1809-1812). Primera logia masónica del País Vasco: «Boletín de Estudios Históricos sobre San Sebastián» 13 (1979) 251-293; Primeros pasos de la Masonería en Bilbao. La logia Caridad (1885-1917): «Muga» 49 ( 1985) 44-59; La Masonería con Unamuno: «Historia 16» 129 (1987) 108-109; ¿Bolívar masón?: «Historia 16» 96 (1984) 109-118; Carlos VII y el Congreso antimasónica de Trento: «Letras de Deusto» 29 (1984) 151-157; Masonería española contemporánea. Madrid, Siglo XXI de España Ed., 1987, 2 tomos, 2.ª edición; El contubernio judeo-masónico-comunista. Madrid, Itsmo, 1982, 445 pp.
  • GARCIA DIEGO J .A., El masonismo de Fausto de Elhuyar y de algunos otros socios de la Bascongada: «Boletín de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País» 41 (1985) 441-457; Un gran científico que fue masón: Fausto de Elhuyar, en Actas de Salamanca, vol. II, 657-667
  • GÓMEZ MOLLEDA Mª D., La Masonería en la crisis española del siglo XX. Madrid, Taurus, 1986, 538 pp.
  • RODRÍGUEZ DE CORO F., Masonería y Restauración en Guipúzcoa, en Actas de Salamanca, vol. I, 349-360; Masonería y librepensamiento donostiarra en la II.° República, en Actas de Córdoba (en prensa); Relaciones entre la Masonería bayonesa y la península lbérica (1789-1940). en II.° Congreso Mundial Vasco; La Masonería en Deva (1915- 1917), en II.° Congreso Mundial Vasco; La Masonería donostiarra al final del siglo XIX, en próximo Boletín de Estudios Históricos sobre San Sebastián.

Francisco RODRÍGUEZ DE CORO