Concepto

Historia del Arte. Arte Romano

La aparición de los primeros documentos escritos y las primeras civilizaciones importantes nos llevan a cambiar de período histórico y artístico, y así, pasamos de la Prehistoria a la Historia Antigua. Y es que los primeros documentos escritos aparecen con las antiguas civilizaciones de Oriente Medio -Mesopotamia y Persia-, de África -Egipto- y del Mediterráneo. Este nuevo período que conocemos como Antigüedad concluyó con la desaparición del imperio más importante de la época, el de Roma, que no sólo logró sintetizar todos los avances logrados con anterioridad sino, además, expandirlos por toda Europa.

Desde el punto de vista artístico, Roma heredó el estilo y las formas desarrolladas por los griegos, añadiendo un mayor sentido del pragmatismo y de la monumentalidad. Por lo demás, tanto Grecia como Roma consiguieron transmitir a través de su cultura, valores y elementos tan importantes para la posterior evolución del arte como el sentido de la proporción y de la armonía, el concepto de realismo y de naturalismo y, sobre todo, una nueva interpretación de la existencia que tomaba como principal punto de referencia al ser humano y que revolucionó la cultura y el arte europeo del momento.

En Euskal Herria, la Historia Antigua se inició con la llegada de los romanos. Éstos arribaron a la península Ibérica en el siglo III a.C. en busca de materias primas relacionadas tanto con la agricultura como con la minería; precisamente, las primeras referencias escritas que se conservan sobre los habitantes de Euskal Herria provienen de la información suministrada por estos asentamientos romanos. Incluso, los nombres que utilizamos para denominar a las tribus que habitaban entonces en nuestro territorio -autrigones, caristios, várdulos, berones, vascones, tarbellis, etc.- son los que los romanos designaron y dejaron escritos.

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Aunque Hispania para Roma fue un territorio muy importante, sin embargo, el papel que desempeñó Euskal Herria en este período todavía no está demasiado claro. Sabemos por los documentos escritos y los restos materiales conservados, que los romanos se asentaron en determinadas zonas y que existió un proceso de romanización, pero es difícil precisar con exactitud el grado o el nivel del mismo. Lo que sí resulta evidente es que se acentuó aún más la doble división que existía en el territorio vasco desde la Prehistoria; así, el propio Imperio denominó ager vasconum a la vertiente mediterránea, donde fue más profunda la influencia romana, y saltus vasconum a la vertiente atlántica, con un menor impacto de los modos de organización de Roma.

Por tanto, la mayoría de las manifestaciones artísticas se encuentran en Álava y Navarra, aunque los restos hallados en Irun, Hondarribia y Oiartzun (Gipuzkoa), referidos al topónimo de Oiasso, también nos hablan de un importante núcleo de asentamiento en torno a la desembocadura del río Bidasoa. En cuanto a las disciplinas artísticas que se desarrollaron durante este período en el territorio de Euskal Herria, vamos a distinguir, por un parte, la arquitectura -a través de los restos de las infraestructuras que se conservan- y, por otra parte, las artes plásticas, destacando los restos escultóricos y, sobre todo, los mosaicos. Por último, finalizaremos esta primera parte de la historia del arte en Euskal Herria, analizando las creaciones artísticas relacionadas con la llegada del cristianismo al territorio de Euskal Herria.

A pesar de que tenemos constancia escrita de que los romanos crearon ciudades y villas en Euskal Herria, son escasos los restos que conservamos de la arquitectura o el urbanismo realizado por los romanos. Las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz restos de diferentes construcciones -casas y templos, principalmente- y restos de calzadas romanas, aunque secundarias.

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La mayoría de los testimonios que nos han llegado proceden de localidades que fundaron los propios romanos como Pompaelo (Pamplona, Navarra), Andelos (Mendigorria, Navarra), Iruña (Álava) u Oiasso (Irun, Gipuzkoa), y de villas rurales como las de Arellano y Liédena en Navarra.

Los restos mejor conservados que atestiguan la ocupación romana durante este período se corresponden con las obras de ingeniería que realizaron para dotarse de las infraestructuras necesarias en el proceso de conquista y explotación del territorio. Destacan, en Navarra, el acueducto de Lodosa, la presa, el depósito de aguas, el acueducto y las termas encontradas en Andelos, y la torre de Urkulu en Aezkua, una construcción de sección circular erigida en una roca caliza y levantada con forma troncocónica, cuya función todavía se desconoce. En Álava, además de los restos del puente de Mantible, hay que destacar los elementos constructivos y ornamentales encontrados en la localidad de Iruña, donde se puede vislumbrar un plano urbano ortogonal y restos de la antigua muralla que rodeaba la localidad. En la actualidad, y en un futuro próximo, los restos más importantes que se están rescatando proceden de Oiasso, en las proximidades de la bahía de Txingudi, con testimonios significativos de puentes, calzadas e infraestructuras portuarias.

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Los restos escultóricos de época romana no son relevantes. De hecho, sólo se conservan en algunos museos de Euskal Herria fragmentos de piedra y de bronce, además de algunos capiteles decorados y altares votivos con inscripciones; los mejores ejemplos se han encontrado en Iruña y Oiasso. Sin embargo, el elemento escultórico más característico de la presencia romana durante este período es la estela funeraria, que destaca por la escasa ornamentación si se compara con el estilo y el gusto que predominaba en el Imperio romano. Estas estelas sustituyeron la función funeraria que cumplían las construcciones megalíticas y su uso se prolongó no sólo durante los siglos que duró el dominio romano, sino que se extendió a periodos posteriores. Como ya hemos apuntado, la ornamentación y las inscripciones son sencillas y breves, y la mayoría de las figuras que aparecen hacen referencia a seres humanos, a animales como caballos y a símbolos de la tradición figurativa celta y romana, como cruces y círculos.

Estos elementos escultóricos han sido interpretados por algunos historiadores como un claro exponente -junto a las construcciones megalíticas- de la existencia de un arte propio realizado en Euskal Herria durante este período. Sin embargo, aunque es verdad que estas estelas no son una creación exclusiva del territorio vasco -se encuentran durante este período extendidas por todo el imperio romano-, es verdad que como en el caso de las construcciones megalíticas, llama la atención la prolongación de su uso en el tiempo, la influencia que ejerció su ornamentación en la artesanía -muchos de los símbolos utilizados en los trabajos sobre madera o cuero provienen de los signos grabados en las estelas- y la extrema sencillez con la que están realizadas.

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Pero la manifestación artística más destacable de este período la constituye el mosaico. Empleado para decorar los suelos y las paredes de los templos y las viviendas más importantes, en el sur de Navarra, principalmente, han aparecido decenas de ejemplos en muy buen estado de conservación, lo que nos demuestra la existencia de una importante red de villas rurales en esta zona meridional de Euskal Herria. Los mosaicos más importantes que se han hallado en territorio navarro se localizaron en las localidades navarras de Tudela, Villafranca, Liédena y Arellano, y actualmente, se encuentran expuestos, como otros muchos restos de este período, en el Museo de Navarra de Pamplona. La mayoría representa escenas mitológicas realizadas con gran realismo y precisión, ya que corresponden al estilo del final del Imperio, aunque también los hay con escenas de la vida cotidiana y con diseños vegetales o geométricos.

En el siglo V d.C. el Imperio romano desapareció y Europa fue ocupada por los diferentes pueblos que llegaron del Este de Europa. En Hispania, entre los pueblos invasores destacó el de los visigodos, mientras que la zona de Iparralde de Euskal Herria fue controlada por los francos.

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De este modo, se inició un nuevo período en la historia y el arte denominado Edad Media. Aunque el primer arte cristiano se encuadra cronológicamente al inicio de este nuevo período, estilísticamente hay que incluirlo junto con el resto de las manifestaciones artísticas relacionadas con el Imperio romano y el proceso de romanización.

Un siglo antes del final del Imperio romano comenzó a llegar a Euskal Herria la influencia del cristianismo. Poco sabemos de la expansión por nuestro territorio de esta religión, pero por los datos que conservamos parece ser que sí influyó tempranamente y se extendió de forma paralela al nivel de romanización existente; así, mientras que en el ager vasconum -la vertiente mediterránea- se introdujo a partir del siglo IV, en el saltus vasconum -la vertiente atlántica- no tenemos noticias de su llegada hasta el siglo IX. Este dato nos demuestra cómo la división entre los dos territorios era cada vez más evidente.

Son pocos los restos arqueológicos y artísticos que conservamos de esta etapa que se extiende del siglo V al X d.C. La caída del Imperio romano trajo consigo la desaparición de sus infraestructuras e instituciones y, paralelamente, la disolución del arte que denominamos como clásico. Por tanto, la manifestación artística más significativa de esta etapa la constituyen las basílicas excavadas en la roca en localidades del condado de Treviño en Álava. Los conjuntos más importantes se encuentran en Las Gobas, San Julián, Peña de Santiago, Santorkaria, Montico de Charratu y Nuestra Señora de la Peña. En estas cuevas, entre otras estancias también excavadas en la roca -como viviendas-, destacan las iglesias de planta basilical, con ábside y contra ábside, y cámaras laterales. Uno de los detalles constructivos más sorprendentes son las bóvedas, de cañón con arcos fajones, que arrancan sobre imposta corrida muy sencilla en Las Gobas y rebajada en Santorkaria.

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De este período también se conservan algunos elementos escultóricos como las pilas bautismales de Idiazabal y Ormaiztegi, ambas en Gipuzkoa, o los sarcófagos de la iglesia parroquial de San Andrés de Astigarribia en Mutriku (Gipuzkoa). En otras iglesias como San Pedro de Abrisketa en Arrigorriaga (Bizkaia) o San Julián de Astrea en Zalduondo (Álava) se hallan elementos decorativos y constructivos de este período como ventanas, de antiguos edificios hoy desaparecidos, y que fueron reutilizados en posteriores construcciones.

En todos estos ejemplos es interesante resaltar la desaparición de los valores y los modos de representación del estilo clásico. Con la crisis del Imperio romano y la llegada de los nuevos pueblos desde el Este de Europa, tanto por falta de pericia como porque las necesidades y los objetivos habían cambiado -como ocurrió también con la situación política, económica y social-, el arte se transformó, y así, por ejemplo, el realismo y el naturalismo pasaron a un segundo plano, o cuestiones como la proporción y la armonía perdieron su significado. De este modo, comenzó un nuevo período que denominamos Edad Media.

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