Concepto

Caza de la Ballena

Este mamífero gigantesco ha ocupado un lugar importante en el imaginario de las sociedades desde la prehistoria. Aunque antiguamente se le asoció a un monstruo marino, su cuerpo ha sido intensamente aprovechado (piel, grasa, carne y huesos). En el desarrollo de la caza de la ballena, en la Edad Media, destacan pronto los vascos, habiendo dejado dicha actividad gran impronta en la cultura del país.

Realmente este tipo de cetáceos comprenden diversas especies organizadas en tres familias: las ballenas grises, ballenas francas y los balenópteros. Dentro de las ballenas se identifican la Balaena mysticetus, Eubalaena australis, Eubalaena glacialis, Eubalaena japonica, y Eschrichtius gibbosus. Dentro de los ballenópteros se identifican la Balaenoptera physalus, Balaenoptera borealis, Balaenoptera brydei, Balaenoptera musculus, Balaenoptera acutorostrata y Megaptera boops.

Mutriku

La referencia más antigua de la caza de ballena en Gipuzkoa se encuentra en un documento del año 1200 dónde Alfonso VIII concede a la Orden de Santiago la ballena que anualmente el pueblo de Mutriku debían donar al rey.



Los primeros datos acerca del consumo de ballenas por el hombre se sitúan en el Paleolítico Superior. La localización de arte mueble con representaciones de ballenas así como la aparición de restos de éstas indican el conocimiento que la sociedad de la Edad de Piedra tenía de estos mamíferos. La existencia de estos testimonios no permite afirmar que su presencia en los yacimientos responda a una caza en el mar, sino más bien que se trate de la observación y al carroñeo de cetáceos varados en las zonas costeras.

Lonja 2010
Lonja 1920-1924

El aprovechamiento de los cetáceos varados en la costa ha sido una práctica habitual a lo largo de la historia. Cuándo se comenzó a capturarlas en el mar es una incógnita, aunque conviene resaltar que se podía realizar desde pequeñas embarcaciones de remos, tal y como se ha realizado en el litoral vasco durante siglos. Además, en los momentos iniciales en los que esta actividad no se había generalizado, los cetáceos no se alterarían con la presencia del hombre.

No será hasta la Edad Media que la caza de la ballena quede registrada como actividad habitual en la documentación.

Los primeros documentos referentes a la caza de la ballena los ofrecen escandinavos y vascos. Por un lado esta práctica se cita en las sagas nórdicas, siendo del siglo IX la primera referencia. En la costa vasca la primera documentación es de 1059, en relación con la venta de carne de ballena en el mercado de Bayona. Algunos autores afirman que son precisamente los normandos, debido a su presencia en este rincón del Atlántico, los que mostrarán a los vascos las técnicas para esta actividad.

Conforme avance la Edad Media los vascos se convertirán en los únicos europeos que practiquen la caza comercial de ballenas.

Privilegio
Lonja 1920-1924

Lo cierto es que a partir de las primeras citas la caza de la ballena queda muy constatada en el País Vasco. No es de extrañar que en las zonas costeras, con gran tradición pesquera y marítima se desarrollara la caza de semejante animal, conocidos desde antiguo la variedad de productos y riquezas que reportaban.

La ballena habitual en las costas vascas era la ballena franca, Eubalaena glacialis, que podía alcanzar en torno a 15 metros de longitud y pesar hasta 70 toneladas.

Privilegio
Lonja 1920-1924

Parece que hasta el siglo XV la pesca de la ballena no fue una actividad programada, más bien era una actividad complementaria dentro de la pesca de bajura, realizada en pequeñas embarcaciones. Se dedicaban a la captura de especies menores y, cuando los cetáceos aparecían por estas costas se dedicaban a su caza, acercándose al animal a una distancia adecuada, para que el arponero hiciera su trabajo.

La documentación escrita refleja cómo diferentes instituciones de la época intentaron sacar provecho de esta actividad que reportaba importantes beneficios al que la protagonizara. Así la iglesia y la Corona se aseguraron recibir parte del botín.

Al margen de los escritos, diversas villas vascas reflejan la caza de la ballena en sus escudos: Hondarribia, Bermeo, Mutriku, Lekeitio, Ondarroa, Getaria, Hendaia, o Biarritz son ejemplos de ello.

En el siglo XV, conforme las ballenas empezaron a escasear en la costa vasca, los pescadores se desplazaron hacia Cantabria, Asturias y Galicia, lugares donde la población no capturaba cetáceos de forma organizada. Los viajes a esta zona se desarrollaban entre septiembre-octubre y febrero-marzo. Frente a la pesca de bajura, esta pesca de altura necesitaba de una inversión mayor (buques más grandes, más hombres, más provisiones, más tiempo,...) por lo que las expediciones eran organizadas por empresarios o armadores, quienes para financiar los viajes podían pedir dinero prestado. Gran parte de los productos obtenidos de las ballenas capturadas en este sector del Cantábrico se vendían en los puertos vascos o se exportaban a puertos europeos. En esas mismas expediciones balleneras a Galicia, también se producían intercambios comerciales de sardinas y vino de Ribadabia, por hierro y armas vascas.

Estas expediciones, además de las de otras pesquerías a Irlanda e Inglaterra, sirvieron de base para posteriores viajes a ultramar.

Ballena
Ballena

En el siglo XVI, portugueses y franceses iniciaron la búsqueda de bacalao en las costas del recién descubierto nuevo continente americano, en la zona de la isla de Terranova. Los primeros vascos presentes en el área proceden del País Vasco francés, poco antes de 1520.

Pero estas expediciones buscaban bacalao, y no fue hasta 1530 cuando se dieron expediciones vascas dirigidas a la captura de ballenas además de bacalao.

Las expediciones durante la primera mitad del XVI fueron escasas debido a las guerras entre España y Francia, en las que además de existir el peligro de ser capturados, muchos pescadores se convertían en corsarios.

Fue en la mitad del XVI cuando crecieron notablemente las expediciones a Terranova, combinándose viajes en busca de bacalao y en busca de cetáceos, e iniciándose la industria ballenera vasca en América. Los inicios se vieron frenados por una nueva guerra entre España y Francia (1551-1559), que implicó además del peligro de los corsarios, el requiso de naves y tripulaciones para la flota real.

Privilegio
Ballena

Entre 1559 y 1585 se desarrolló el periodo de mayor florecimiento de las pesquerías vascas de cetáceos en Terranova. En los mejores años parece que se trasladaron al lugar unos 40 buques bacaladeros y balleneros, siendo menos de la mitad los balleneros, llegándose a capturar 400 cetáceos anualmente. La captura de cetáceos en Terranova, en concreto en el sur de Labrador, se convirtió en un monopolio vasco. En esta situación gran parte de las tripulaciones balleneras experimentadas se trasladaban a las pesquerías de América, lo que afectó a la pesca de bajura, a la pesca vasca en Irlanda y suroeste de Inglaterra y a la desarrollada en Cantabria, Asturias y Galicia, dejándolas sin apenas tripulaciones.

Las especies de cetáceos que se capturaban eran la ballena franca (Eubalaena glacialis) y la ballena polar (Balaena mysticetus), que aparecían en diferentes épocas del año. La ballena franca entre junio y septiembre y la polar entre octubre y mayo, dando lugar a dos temporadas o costeras de pesca en la zona. Entre las dos costeras se pescaba bacalao, y en numerosas ocasiones las tripulaciones permanecían en la zona hasta el invierno.

Ballena
Ballena

Al igual que la pesca de altura en otras zonas, las expediciones a Terranova eran organizadas por armadores, los cuales, intentando maximizar los beneficios trataban de fletar grandes barcos, que debido a los riesgos que existían, habían de viajar previa contratación de seguros. A finales del XVI la presencia de vascos españoles en Terranova entra en declive, descendiendo de manera importante el número de barcos en la zona. Los factores que dieron lugar a dicha situación son la entrada en guerra de España con Inglaterra, que además de la ya mencionada requisa de barcos y tripulaciones por parte de la corona para la guerra (con numerosas pérdidas materiales y humanas), implicó el aumento de la amenaza de barcos enemigos en Terranova, la competencia con holandeses e ingleses. Además surgió hostilidad por parte de los esquimales.

Ahora bien, si bien la presencia de vascos del sur se ve seriamente afectada, los vascos del norte ocupan su lugar en Terranova, aunque dedicándose a la pesca del bacalao.

Un hecho fundamental en esta situación es que a inicios del XVII la presencia de cetáceos en las zonas de pesca vasca en Terranova había descendido enormemente.

Privilegio
Ballena

A partir de 1611 los ingleses y holandeses organizaron expediciones para capturar ballenas en nuevas zonas (islas Spitsberg, Noruega), llevando consigo a vascos para formar a las tripulaciones en la captura de cetáceos. Pero la participación de embarcaciones vascas fue vetada, de manera que el monopolio vasco sobre la caza y comercialización de la ballena llegó a su fin, siendo sustituido por ingleses y holandeses. A pesar de todo, todavía algunos barcos siguieron desplazándose a Terranova a capturar ballenas y bacalao en la primera mitad del XVII, y se mantuvo la pesca de ballenas en el litoral cantábrico, aunque a un nivel no comparable al del siglo XVI y gravemente afectadas ya por la pérdida y requiso de tripulaciones y embarcaciones en las continuas guerras en las que se vio envuelta España.

A la vez que la pesca de altura, en época moderna se mantuvo la pesca de bajura. Las embarcaciones utilizadas en dicha actividad fueron galeones, chalupas y pinazas, embarcaciones propulsadas a remo y vela y que eran manejadas por unos pocos marineros-pescadores, que siempre salían preparados para una posible caza de la ballena que pudiera darse en el transcurso de su actividad pesquera programada, ya fueran sardina o congrio capturados en la misma costa o besugo, atún y merluza, pescados a mayor distancia.

Privilegio
Ballena

Ahora bien, el número de cetáceos capturados en los diferentes puertos en el XVI no supera generalmente los cinco de media anual, a menudo incluso ninguno. Esta cantidad irá descendiendo hasta la práctica desaparición en el XVIII. Debido a la escasa presencia de los cetáceos, los pescadores-balleneros se dedicaban a otras actividades en el periodo de caza de las ballenas, como el remolcado de barcos mayores en los puertos, transportes costeros, pesca de bajura,...

La gran demanda y el precio adquirido por los productos que derivan de la ballena provocaba que una parte importante de recursos de los puertos vascos se orientaran estacionalmente a esta actividad. Si además se tiene en cuenta el escaso número de cetáceos la competencia era grande. Así, en los puertos había al menos media docena de embarcaciones (chalupas y pinazas) destinadas a su captura, empleando cada una seis u ocho pescadores.

Privilegio
Ballena

La pesca de bajura era organizada y regulada por las cofradías de mareantes y pescadores.

Los pescadores se lanzaban a perseguir a los cetáceos una vez los divisaban o eran avisados por el atalayero, vigía contratado situado en un emplazamiento localizado en altura y cercano al puerto. El atalayero era un cargo muy importante, y participaba del botín de la ballena. El primero que arponeara al cetáceo tenía el derecho a decidir qué otras embarcaciones le podían ayudar, recibiendo por ello parte de lo obtenido.

Ballena

El cetáceo era capturado clavándole un arpón unido con una soga a la embarcación. Una vez arponeado el mamífero se revolvía y hundía buscando librarse de sus perseguidores. Cuando volvía a la superficie era arponeado tantas veces como fuera necesario. A veces el cetáceo conseguía librarse de sus perseguidores. En esta actuación los pescadores-balleneros corrían gran peligro, dado que ante una embestida del animal las embarcaciones destinadas a su captura eran endebles. Cuando la ballena quedaba con el vientre hacia arriba ya había muerto.

Una vez muerto, el mamífero era remolcado a puerto donde era subastado en almoneda pública.

Los beneficios eran repartidos, primeramente con las tripulaciones que habían participado en la acción.

Después se descuartizaba el animal, y la carne, el aceite, y las barbas obtenidos se comercializaban por el comprador.

Como ya se ha señalado, la pesca de la ballena en el Cantábrico se fue reduciendo a lo largo de la época moderna, siendo muy escasas las capturas en el XIX, hasta 1901 que se capture la última. Por otro lado, los últimos intentos vascos de realizar expediciones a ultramar en busca de ballenas se realizaron en el XVIII y resultaron un fracaso.

Privilegio
Ballena

Si tras sustituir a los vascos los holandeses dominaron las capturas de ballenas en el XVII y XVIII, ya desde el XVIII, surgen dos nuevas potencias balleneras, los británicos (apoyados en su dominio de los mares) y los americanos, a los que se unirán los noruegos, rusos y japoneses. Las pesquerías se desplazan de las zonas tradicionales de época moderna al Pacífico y al Atlántico sur.

Getaria

Con la aparición de nuevas técnicas, como el cañón arponeador en 1867, las capturas de cetáceos se hicieron más fáciles. A lo largo del XIX la caza de la ballena sufrió tal desarrollo que el número de estos mamíferos se redujo drásticamente. La situación fue lo suficientemente grave como para que las diferentes potencias balleneras comenzaran a tratar de regular las capturas en el XX. Así, en 1937 se limitaron las capturas y se establecieron las fechas de apertura de las pesquerías, y en 1946 se creó la Comisión Ballenera Internacional (International Whaling Commission, IWC), que trata de proteger las especies amenazadas, disponer de reservas o establecer cupos de captura.

Orio

En 1986 se estableció una moratoria que impide la captura de ballenas con fines comerciales, pero que permite la captura de subsistencia a determinadas comunidades (indígenas en Canadá, Alaska, Groenlandia,...) y las capturas científicas. A pesar de ello algunos países realizan capturas consideradas comerciales, encubiertas como Japón.

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