Creadores

Azkue Aberasturi, Resurrección María

Lekeitio (Bizkaia), 1864-1951.

Hijo de Eusebio María Dolores y de María del Carmen Aberásturi. Este "gran testamentario de la tradición popular de los vascos" -como le ha llamado D. Antonio Tovar-, debió en primer lugar a sus padres su inclinación y afición a la lengua vasca, pues su padre destacó como poeta en esta lengua, y su madre fue un archivo viviente de expresiones y modismos populares.

Cursó estudios de Náutica en Lekeitio y de bachillerato en Bilbao. Sintiéndose llamado al estado eclesiástico, estudió Filosofía y Teología en el Seminario de Vitoria, donde tuvo por condiscípulo a Domingo Aguirre, el futuro autor de Kresala y de Garoa.

Una íntima amistad unió de por vida a entrambos. De Vitoria se dirigió a Salamanca, donde realizó estudios especiales de Sagrada Escritura y Derecho Canónico. Más tarde estudió también música en Bruselas y en el Conservatorio de Colonia.

En 1888 la Diputación de Bizkaia acordó crear una cátedra de vascuence en el Instituto de Bilbao y convocó un concurso o especie de oposiciones para la provisión de dicha cátedra.

Azkue se presentó al concurso y lo ganó, a pesar de que tuvo como rivales (entre otros) a Arana Goiri y a Unamuno. Desde esta fecha hasta la guerra civil de 1936 ocupó la mencionada cátedra. Aunque era sacerdote nunca estuvo ligado a cargos pastorales.

Efectuó diversos viajes por Europa, así como numerosos desplazamientos por el país, que en su caso eran necesarios para realizar la ingente labor de recogida que llevo a cabo.

En 1918 se celebró en Oñate el I Congreso de Estudios Vascos. En el mismo se acordó la creación de la Academia de la Lengua Vasca o Euskaltzaindia, siendo Azkue designado como uno de los cuatro académicos fundadores. En una de las primera sesiones de la naciente entidad, Azkue fue elegido Presidente, cargo que desempeñó hasta su muerte.

En 1927 fue elegido también académico de número de la Real Academia Española, de Madrid, en representación del idioma vasco. Azkue fue físicamente robusto y corpulento, de una gran capacidad de trabajo y de un buen humor imperturbable. Casi hasta su muerte no dejó de acudir diariamente al domicilio de la Academia (Ribera, 6, Bilbao), donde trabajaba.

El 14 de octubre de 1951 sufrió un grave accidente, cayendo al río Nervión, frente al Teatro Arriaga. Extraído de las aguas por un obrero, moría el 9 de noviembre de 1951.

No vamos a hacer aquí el recuento completo de sus obras, por cuanto la producción de Azkue ha sido sumamente extensa y variada y existen aún en la actualidad escritos suyos inéditos.

Apenas hubo ramo que no cultivara: música, literatura religiosa, teatro, novela, periodismo, obras didácticas, etc. A él se debe también la reimpresión de varias obras de autores vascos anteriores, así como la publicación de las poesías de su padre. Nos limitaremos, pues, a la reseña de sus grandes obras, de aquéllas en las que ha dejado huella más perenne, y que son sin duda estas cuatro: Diccionario, Cancionero, Morfología, Literatura Popular.

Al fin diremos también algo sobre algunos otros trabajos suyos y sobre el puesto que le corresponde en el campo estrictamente literario. Pero antes de pasar a reseñar sus obras se hace preciso decir una palabra sobre la personalidad científica de Azkue y sobre los rasgos que la caracterizan.

Cuando Azkue se formó, la dialectología como ciencia y los estudios lingüísticos estaban en pleno auge. El príncipe Luis Luciano Bonaparte había realizado una grande y meritoria labor en el estudio, clasificación e interpretación de los dialectos del vascuence. Estos trabajos del príncipe sirvieron para descubrirle la complejidad y riqueza del hecho idiomático vasco. Él mismo reconoce que probablemente no hubiera hecho otra cosa que versos, a imitación de su padre, de no haberle aficionado a los estudios lingüísticos los trabajos del príncipe (Diccionario, Prólogo, p. XXXIII. En el mismo lugar cita a otros autores extranjeros a quienes es deudor).

Por esta época se nota también en la cultura mundial una vuelta y un acercamiento a lo popular. Los mismos gramáticos y lingüistas buscan las formas de las hablas vulgares con preferencia a las formas muertas y académicas de las obras clásicas.

Azkue ha captado del ambiente cultural el sentido de lo popular, la afición tan viva que en él se nota a tomar de labios de pueblo el documento vivo. En el prólogo del Diccionario nos dirá (p. X) que un testimonio vivo captado de esta manera, tiene para él más autoridad que una frase tomada de un libro. Pero a esta afición por lo popular se agrega en la psicología de Azkue otra, en cierto modo, contrapuesta. Es la preocupación normativa, purista, que controla el dato popular y lo corrige según ciertos criterios ideales de pureza y corrección. En la personalidad de Azkue se amalgaman de una manera un tanto extraña estas dos notas dispares. De aquí nacen las limitaciones que se observan en su obra. Así se explica, por ejemplo, que publicara las poesías de su padre corrigiéndolas y depurándolas. Y los datos que toma del pueblo con frecuencia son sometidos a una reelaboración personal, lo cual ciertamente les priva de parte de su valor.

Pasamos ya a reseñar las cuatro grandes obras de Azkue.

Es sin duda la obra que más fama le ha dado y por la que se ha hecho acreedor al reconocimiento de todos los cultivadores del euskera. Este idioma estaba falto de un auténtico diccionario, pues el que Larramendi hiciera en el siglo XVIII era una mezcla de vocablos reales y de otros fantásticos, sin que el lector estudioso sepa cuándo pisa tierra firme. Los diccionarios posteriores a Larramendi no aciertan a desembarazarse de éste. Azkue vio la necesidad de hacer obra nueva empezando "a fundamentis", y la hizo. La consulta directa al pueblo ha sido la base de su libro. Los asilos de ancianos le proporcionaron los mejores colaboradores, amén de los que halló en los recorridos que efectuó por todo el país. Junto con esto, llevó a cabo el despojo de los principales libros de la literatura vasca. El diccionario de Azkue aparece así enriquecido con una gran cantidad de testigos. Naturalmente, como toda obra humana, tiene sus limitaciones. La preocupación por evitar los "barbarismos", le ha llevado a cerrar con exceso la puerta a vocablos arraigadísimos en la lengua (como la ha cerrado asimismo a los neologismos de cualquier clase); no siempre interpreta bien el dato o el documento que utiliza, etc.

En 1912 las cuatro Diputaciones vascas anunciaron un concurso de canciones populares vascas. El trabajo presentado por Azkue obtuvo el primer premio y fue publicado después en este monumental repertorio. Esta colección es de inestimable valor para el conocimiento de la poesía y música popular vasca, que antes de Azkue eran mal conocidas por falta de colecciones un tanto extensas.

Es un tratado de los afijos vascos y de las categorías gramaticales del euskera. Sobresale por la copia de documentación acumulada.

Es una colección del folklore, tradiciones, cuentos, refranes, modismos, costumbres, etc. La labor de recogida efectuada por Azkue ha sido realmente enorme. En sus obras nos ha dejado inventariado el euskera y también el mundo de tradiciones de los euskaldunes de las generaciones viejas.

El problema de crear un lenguaje literario unificado preocupó siempre a Azkue. En su juventud publicó Euskal Izkindea (1891), gramática en que emplea las formas verbales que él juzga primitivas.

Años más tarde publicó Gipuzkera Osotua (El guipuzcoano completado); 1934-1935, donde intenta sentar las bases de esta lengua literaria unificada. Su novela Ardi Galdua (La oveja perdida), año 1918, está escrita en este vasco unificado, pero, a decir verdad, no ha tenido gran éxito. Como escritor y artista del lenguaje, Azkue no tiene la talla que le corresponde en el campo lexicográfico, folklórico, etc.

Algunas de las obras que compuso en la primera época en su dialecto nativo -Txirristadak (Deslizamientos), Vizcaytik Bizkaira (De Vizcaya a Bizkaia), etcétera - son tal vez literariamente las más logradas.

  • Antonio Tovar, "La obra de D. Resurrección M.ª de Azcue" (conferencia publicada en el opúsculo que lleva este mismo título), Bilbao, 1952.
  • Euskera, publicación de la Academia, Bilbao, 1957 (tomo dedicado a la memoria de Azkue con la publicación de su epistolario).
  • Michelena - Caro Baroja - Tovar, Don Resurrección M.ª de Azkue, lexicógrafo, folklorista y gramático, Bilbao, 1966.

En la colección Bidegileak editada por el Gobierno Vasco hay más información disponible sobre Resurreccion Maria de Azkue.