Filólogos

Tovar Llorente, Antonio

Filólogo español, importante estudioso y defensor del euskara, especialista en lenguas indoeuropeas y representante de las teorías comparativistas, nacido en Valladolid el 17 de mayo de 1911 y muerto en Madrid el 14 de diciembre de 1985.

En su niñez vivió en Elorrio donde su padre regentó una notaria; pero aprendió euskara más tarde, durante sus veraneos en Orio. Con diecinueve años terminó en 1930 sus estudios de Derecho en El Escorial, donde aprendió griego y alemán. Amplió sus estudios en las universidades de París y Berlín (1935-1936) de donde volvió a Madrid con la idea de implantar el sistema de la universidad humboldtiana. Admirador de Hitler en su primera época, se situó en el lado de Franco en la guerra española, llegando a ser subsecretario de Serrano Suñer hasta el día mismo de su cumpleaños de 1941. No fue intérprete de Franco y Hitler en la reunión de éstos en Hendaya (23.10.40), como se ha dicho, sino simple traductor de documentos. Después sí fue traductor de Serrano Suñer y Musolini en Italia. Se doctoró en Filología Clásica en Madrid en 1941 y en 1942 ganó la cátedra de Latín en la universidad de Salamanca.

Ese mismo año, el 9 de junio se casó en Medina del Campo con Consuelo Larrucea, nacida en Vitoria en 1913, nieta de José Larrucea, fuerista y amigo de Azkue. El contacto con esta familia y sus relaciones con Menéndez Pidal, Azkue y Urquijo le introdujeron en el mundo de la euskarología aunque su cariño, dedicación e, incluso, desvelo político por el euskera se despertó en él durante la guerra civil. Reproducimos por su interés sus propias declaraciones a "Cuadernos para el Diálogo" (mayo de 1965) a este respecto:

"Mi curiosidad por las lenguas ya me había inclinado hacia el vascuence, el gran misterio, pero fue por los tiempos en que, en plena guerra civil, trabajé en Burgos, cuando hube de comenzar a plantearme de veras una cuestión que como todas las importantes, tenía sus implicaciones políticas (...). En la revisión de nuestra historia reciente a que nos entregábamos algunos cuando la guerra civil iba tocando a su fin, el tema de la pluralidad de lenguas entraba también, y los que por educación no éramos centralistas, sentíamos la inquietud del destino de lenguas que representan una tradición y una cultura propias, como el catalán, o algo aborigen y no conquistado todavía por el latín, de los romanos, como el vasco. Desde que comencé en 1938 en Burgos comprándome una gramática de Zamarripa y un diccionario de Azcue, he aprendido algo de vascuence, y he podido completar así el conocimiento de las lenguas peninsulares (...). Nunca dueño de ningún resorte de mando en esta delicada cuestión, el problema para mí no ha salido de la esfera teórica, pero siempre con el afán de llevarlo a un terreno de pura verdad, ya que he creído que el estudio objetivo y sin partidismo puede hacer luz que suprima toda coacción en esfera social tan íntima como es la de la lengua. Había que quitar de un lado el "veneno" que falseaba la Historia, y de otro, había que reconocer la legitimidad, el arraigo y los derechos de la lengua allí donde está, en su casa; más en su casa que ninguna otra. El mejor trato de esa preocupación no son los artículos y libros que he podido dedicar a temas de la lengua vasca, sino el haber contribuido, yo creo, a colocar los estudios vascos en España en un terreno de normalidad (...). Cuando por los días del fin de la guerra civil uno se acercaba a la lengua vasca, había que romper de un lado con el supuesto, confesado o no, del asimilismo centralista; por el otro, con esta desfiguración de la realidad. Los viejos maestros vieron en mi curiosidad de principiante la posibilidad de una esperanza, y don Julio de Urquijo, que consideraba imposible reanudar la publicación de su prestigiosa Revista Internacional de Estudios Vascos, apoyó los no fáciles comienzos del Boletín de la Real Sociedad Vascongada de los Amigos del País, y con su beneplácito se comenzó este periódico en los días inciertos de 1945. También fui yo de los animadores a otro proyecto que sirvió para reanudar en España los estudios vascos: el homenaje a don Julio de Urquijo e Ybarra, iniciado en los últimos años de la vida de este patricio. También cuando tuve alguna influencia en la educación pública -de 1951 a 1956-, conseguí del entonces ministro la creación de una cátedra de vascuence en una Universidad. Con una modestísima dotación comenzó a funcionar en Salamanca una Cátedra Larramendi, en memoria del jesuita guipuzcoano que imprimera en las prensas salmantinas su "Impossible vencido", la primera gramática de la lengua vasca. Publicamos varios trabajos de especialistas españoles y extranjeros, se dieron conferencias, y durante meses yo tenía cada curso la satisfacción de atraer a las clases a estudiantes diversos, entre ellos vascos que hablaban su lengua, pero que desconocían la historia, literatura, dialectos, y los descubrían gozosos, mientras me ayudaban a leer textos Aunque para mí el vascuence es un problema histórico, un enigma que da luz sobre la oscuridad de los orígenes de España y de todo el occidente de Europa, no dejo de ver que también es un problema de futuro. Pues la pervivencia de la lengua vasca es también la de un trozo de tradición, de mi tradición propia de español total. Tradición por este lado más profunda y misteriosa que la que tenemos en la lengua de Cervantes, que continúa en forma moderna la de la lengua de Virgilio, una lengua que hace dos mil años era aquí ajena."

Abandonó el mundo de la política para dedicarse de lleno a su cátedra y estudios filológicos. En 1945 empezó a colaborar en el Boletín de la RSBAP y en 1947 inició en Salamanca sus clases de euskara en lo que sería el embrión de la Cátedra Manuel de Larramendi que fundó en 1953, siendo inaugurada con unas conferencias de José Miguel de Barandiaran. En 1947 publicó su primera gran obra Vida de Sócrates y poco después una edición crítica de las Eglogas de Virgilio. En 1949 dio a la luz en Buenos Aires su Estudio sobre las primitivas lenguas hispánicas. Fue nombrado rector de la universidad de Salamanca en 1951, cargo del que dimitió en 1956, año en que publicó Un libro sobre Platón. Para entonces ya había dado a conocer su trabajo Estado actual de los estudios de filología euskérica (1948) lo que le valió el nombramiento de académico correspondiente de Euskaltzaindia. En 1950 publicó su libro La lengua vasca (2.ª edición en 1954), editado en inglés en Filadelfia en 1957. En 1953 fundó con Agud y Mitxelena el Seminario de Filología Vasca "Julio de Urquijo" y su Anuario. De 1959 es su libro El euskera y sus parientes.

Tras su dimisión del rectorado de Salamanca y desengañado de la política franquista, se trasladó a la universidad de Tucumán donde impartió un curso de lingüística general (1958-1959). Durante su estancia en Argentina realizó investigaciones sobre las lenguas, incluso precolombinas, de América del Sur, llegando a clasificar hasta 2.000 diversas variedades, publicando en 1961 el Catálogo de las lenguas de América del Sur. Para entonces, desde 1960 estaba ejerciendo el profesorado en la universidad de Urbana, en Illinois (EEUU), de donde en 1967 fue llamado a la universidad alemana de Tubingen donde ocupó la cátedra de Hans Krahe de Lingüística comparada que había creado en 1925 Ernst Sittig. Su "jubilación germánica" -como él decía- le llegó en 1979. La universidad de Tubingen le rindió homenaje el 9 de febrero de 1979, incluyendo en el programa un concierto del Coro universitario dirigido por Patxi Oroz Arizkuren.

Vuelto a Madrid regentó la cátedra de Filología Clásica hasta su jubilación en 1981. En agosto de 1980 participó en los Encuentros internacionales de euskerólogos"organizados por Euskaltzaindia con una ponencia sobre "Comparación: Léxicoestadística y Tipología" tema que ya había tocado antes en la revista Euskera en su trabajo "Comparaciones tipológicas del euskera" (1977). El 25 de mayo de 1973 había sido nombrado académico de honor de Euskaltzaindia. Volvió al País Vasco en febrero de 1984 para pronunciar en San Sebastián y Bilbao conferencias sobre Larramendi y en Vitoria sobre Azkue. Su último libro sobre el euskara fue publicado en 1980: Mitología e ideología sobre la lengua vasca.

Además de la lingüística cultivó Tovar la crítica literaria y la música, tocando obras de todo tipo en el piano de media cola de su casa en la calle Príncipe de Vergara de Madrid. Este humanista mereció ser nombrado "Doctor Honoris Causa" de las universidades de Buenos Aires, Munich, Dublín y Sevilla. La Editoria Gredos le dedicó en 1972 el libro Homenaje a Antonio Tovar. La universidad de Tubingen publicó en 1984 Studia in honorem Antonii Tovar. Después de su muerte, Koldo Mitxelena organizó en la Sociedad "El Sitio" de Bilbao un homenaje el 20 de enero de 1986. Se lo merecía este hombre con una bibliografía de más de 400 títulos y que conocía 50 idiomas, de los cuales dominaba el castellano, francés, inglés, alemán, italiano, portugués, catalán, latín, griego antiguo y moderno, y el matako de América del Sur. Sus conocimientos sobre el euskara eran sobresalientes. Su viuda, Doña Consuelo Larrucea donó en 1993 a Euskaltzaindia la biblioteca vasca de Antonio Tovar.