Concept

Poesía Vasca en el siglo XX

En la historia de la poesía vasca del siglo XX se diferencian tres ciclos importantes: primeramente, el llamado Euskal Pizkundea (renacimiento vasco) cuyo principal eje es el grupo denominado Olerkariak (poetas); en segundo lugar el que gira en torno a Gabriel Aresti, que fue el principal poeta de la posguerra; y en tercer lugar, el ciclo correspondiente a la eclosión vanguardista, propulsado con los escritos representativos de Bernardo Atxaga o Koldo Izagirre.

El término Renacimiento Vasco se utiliza para referir un espacio amplio dentro de la historia. Se sitúa junto al movimiento Renaixença catalán o al Rexurdimento gallego. Es un movimiento cultural y político, muy unido con las ideas románticas en sus comienzos. El renacimiento vasco trajo consigo el principal cambio del sistema literario: surgieron nuevas causas de inducción, por ejemplo premios, revistas, ayudas para publicaciones, etc. Por consiguiente, aparecieron nuevos autores más perennes que dieron a conocer sus trabajos gracias, entre otras, a las revistas Euskal Erria (San Sebastián, 1880-1918), Euskal Esnalea (San Sebastián, 1908-1931) y Euskaltzale (Bilbao, 1897-1899) de Hegoalde y a la revista Eskualduna (Bayona, 1887-1944) de Iparralde.

La literatura y en especial la poesía tomaron gran impulso gracias a que se fomentaron los Juegos Florales o las Fiestas Vascas. Los últimos resultados presentados en los diferentes concursos se sumaron a los ya conocidos y difundidos mediante la poesía o los versos, y se publicaron dentro del cancionero de finales del siglo XIX. En consecuencia se dio un fenómeno de condensación que revistió la producción literaria con cierta importancia, dejando de lado épocas pasadas endebles y diseminadas en el tiempo.

Dentro del contexto de cambios socioeconómicos de finales del siglo XIX, la ideología nacionalista de Sabino Arana Goiri se aferró con fuerza en las zonas donde se estaban dando esos cambios vertiginosos. Sabino Arana Goiri (Sukarrieta, 1865-1903) afrontó con espíritu renovador los planteamientos literarios derivados del fuerismo. Dentro del contexto nacionalista cambian las funciones de la lengua o la literatura, ya que uno de los cimientos del proyecto nacionalista pasaba por tener una cultura propia y particular. Por otra parte, debido a los comportamientos puristas, surge entre los escritores el deseo de apartar los préstamos léxicos y morfosintácticos de origen castellano, siguiendo el neologismo de Arana Goiri y otro tipo de purismo más propio, propuesto por R.Mª. Azkue. Por consiguiente, una de las características de los escritores renacentistas fue el tratamiento estricto de la lengua, un deseo de crear una estructura lingüística más pura, propia y culta. Esa influencia llegó, en cierta medida, hasta los escritores de Iparralde, y se cita a Jules Moulier Oxobi (Bidarray. 1888-1958) como el mejor poeta vasco de la época, creador de la excelente colección Alegiak (1926).

Se les nombra como Olerkariak (poetas), en la cúspide del Renacimiento Vasco (1926-36). El poeta Jose Maria Agirre, Xabier Lizardi (Zarauz, 1896-1933), fue el primer dirigente de la asociación Euskaltzaleak y a partir de 1930 las actuaciones de dicha asociación se reforzaron y se promovió una literatura vasca de culto, a la vez que, entre otras cosas, se investigó el arte de los bertsolaris. Los concursos literarios fueron el eje principal de los denominados Olerti Jaiak. Jose Ariztimuño "Aitzol" (Tolosa, 1896-1937) se encargó de la organización de los concursos y promovió principalmente la literatura vasca de culto, para así, fortalecer el prestigio de la lengua vasca y la identidad cultural del pueblo. Del mismo modo, se publicaron los trabajos de los premiados, se anunciaron los eventos realizados y se publicaron los comentarios de dichos trabajos, tanto en euskara como en castellano. Los periódicos El día y Euzkadi así como la revista Yakintza fueron los portavoces de los actos realizados por la asociación Euskaltzaleak. Los escritores que se dieron a conocer en las plataformas culturales creadas por Euskaltzaleak (Lizardi, Lauaxeta, Orixe y Loramendi) tomaron el nombre de olerkariak (poetas). Esos poetas aportaron una cuidada métrica, una atención por la forma y un punto de vista renovador, a la vez que realizaron un intenso esfuerzo por enriquecer las referencias simbólicas de la literatura vasca.

José Maria Agirre, Xabier Lizardi (Zarauz, 1896-1933), es el poeta más mencionado y publicó un único libro, Biotz-begietan (1932), la colección de sus mejores poemas. Escribió muchos artículos de prensa, desarrollando también en prosa un estilo de gran identidad. En 1934, se publicaron a título póstumo sus últimos poemas sueltos bajo el título de Umezurtz olerkiak. Además se editó el trabajo Hitz lauz, una colección seleccionada de los artículos en euskara. De todas maneras, se pueden leer todos sus artículos en el trabajo Xabier Lizardiren kazetari-lanak (1988). En prosa buscó sobre todo la naturalidad, el placer y la expresividad; sin embargo, a medida que fue afinando su estilo desarrolló una prosa más literaria y se erigió como un escritor a seguir. Sin embargo, en las poesías, buscaba la capacidad de la lengua para expresarse o una expresividad mucho más elaborada; dio prioridad a las estrofas de estructira reducida y cuidó el ritmo del verso, la musicalidad y la variedad por encima de todo.

Valiéndose de la estilización creó un lenguaje poético especial, eliminó los componentes morfonsintácticos que sobraban y utilizó un lenguaje elíptico, dejando atrás verbos, conectores y demás. Siguiendo la misma línea, evitó los adornos descriptivos e intentó sugerir de una forma sintetizada y elegante el mensaje que quería expresar. Su estilo literario responde a un gusto personal y alguna vez se ha recurrido a los modelos clásicos para buscar sus fuentes estilísticas, mencionando las similitudes que guarda con Arnaud Oihenart, pues les une el estilo conceptista y culto, la rigurosidad métrica y las estrofas breves. Por otro lado, respecto a la métrica, hay que apuntar que cumplía rigurosamente las reglas de sinalefa dadas por Sabino Arana. Adapta las rimas inusuales, encaminándose hacia una literatura culta y utilizando diversos y diferentes recursos rítmicos. Alejándose de los moldes del lenguaje común, solía producir un efecto de novedad, mediante profundas adaptaciones morfosintácticas. El equilibrado nivel de calidad que encierran los poemas de su trabajo Biotz begietan (1932) es una razón más que suficiente para afirmar que es una obra magistral. Puso de manifiesto su intención de romper con los modelos de poesía romántica vigentes hasta entonces: no hay rastro de las comparaciones y modos metafóricos tradicionales, deja a un lado el sentimentalismo y las fórmulas de expresión que se centraban demasiado en la persona; dosifica y margina la emotividad en el texto con maestría, para poder intensificar la expresividad. Su temática se centra en tres áreas: área afectiva (familia, niños, amor), área socio-política, es decir, el euskara y el compromiso del pueblo, y por último, la proyección placentera de la existencia que halla en la naturaleza en el yo subjetivo del poeta.

Estepan Urkiaga Lauaxeta (Laukiniz, 1905-1937). Lauaxeta abrió un nuevo camino en la poesía vasca. Con el empuje que le dio recibir el primer premio de poesía de la Primera Fiesta de Poesía de Rentería, publicó el trabajo titulado Bide Barrijak (1931) trayendo una importante renovación a la literatura vasca. El libro es del período de formación y en él se pueden apreciar poemas de diferentes tendencias, algunos se acercan más al romanticismo de Heiner. Otros, en cambio, son fruto de una literatura más racionalista, yendo por el camino del parnasianismo. Los trabajos de Lauxeta provocaron fuertes debates y afloraron una disputa entre la tendencia literaria renovadora del Renacimiento Vasco y la que era más popular.

Como él mismo declaró en las anotaciones que hizo en Bide barrijak, Lauaxeta trató de plasmar en euskara la belleza que emanaban los modelos europeos contemporáneos y en sus mejores poemas la influencia del simbolismo queda patente gracias a las metáforas renovadoras utilizadas, los intentos por manifestar las sensaciones y estados de conciencia y la expresión de las reflexiones estéticas. Respecto a su segundo trabajo, Arrats beran (1935), según la crítica, se mejoró notablemente cualitativamente. Utiliza varios procesos rítmicos y sintácticos de la lírica popular, especialmente de la copla antigua y de las baladas en su poesía y en sus temas en cierta manera vuelve al repertorio del cancionero tradicional: medievales, piratas, caballeros...Son destacables, por ejemplo, "Amaiur gaztelu baltza" adaptado al modo de los cantos épicos o "Langile eraildu bati", el cual has sido comparado la poesía narrativa con el Romancero Gitano de Federico Garcia Lorca.

Juan Arana Ezpeleta Loramendi (Bedoña, 1907-1933). A pesar de que su obra fue bastante breve, es digno de mención por la sensibilidad simbolista que utiliza en su obra. Sin embargo, Nicolás Ormaetxea "Orixe" (Orexa, 1888-1961), como poeta, no se clasifica dentro de los olerkariak (poetas), ya que debido a sus características no se sitúa en la misma poética que el resto. Fue poeta y prosista reconocido antes de la guerra y después, y escribió una obra extensa, debido a que fue colaborador profesional para la prensa vasca. La poesía fue uno de los géneros que más trabajó, siendo los más destacables la poesía mística de Barne muinetan (1933) y los largos poemas de Euskaldunak (1950). El segundo lo escribió a petición de la institución Euskaltzaleak, con el objetivo de convertirse poesía vasca nacional. Para ello, tomo como referencia Mireio del poeta provenzal Frederic Mistral, el cual ganó un premio Nobel, introduciendo elementos similares al contenido folclórico del canto Kalevala del poeta finlandés Lonrott. Siendo testigo del espíritu anterior a la guerra, se publicó en 1950, cuando la sociedad vasca estaba completamente inmersa en otra fase. Pronto vendrían las poesías de Mirande, Txillardegi, Juan San Martin y Aresti, dejando de manifiesto que la época del proyecto renacentista había pasado, y que el tradicionalismo y el bucolismo de la obra ya no representaban la visión de la sociedad vasca. Sin embargo, tal vez el propio modelo del lenguaje de Orixe fue el obstáculo principal, pues hasta el lector más experto tenía que recurrir a la traducción sin cesar. El resto de las poesías de Orixe tienen características cultas, tratan de alejarse de los modelos del bersolarismo, organizando estrofas, rimas, pausas y ritmos según los modelos latinos. Su sensibilidad y emotividad se alejan de los escritores románticos de principios de siglo y a lo largo de su trayectoria podemos apreciar también una época simbolista (en varios poemas de 1930 a 1955). Los poemas de postguerra muestran claramente el mundo interior de Orixe; su especial sensibilidad emana de su experiencia religiosa y su mundo afectivo.

La poesía de postguerra es fiel testigo del tenso ambiente que vivieron la cultura y la lengua vasca durante la dictadura de Franco. La temática se centraba en torno a la preocupación por el futuro del euskara, predominando la metaforización dramática. Los primeros autores se expresaban desde el exilio, como por ejemplo, Telesforo Monzón y Jokin Zaitegi. En Hegoalde, son destacables Salbatore Mitxelena, Nemesio Etxaniz, Juan San Martin "Otsalar" y Juan Ignacio Goikoetxea "Gaztelu". En Iparralde, debemos mencionar a J. Diharce "Iratzeder" y M. Erdozaintzi-Etxart. La débil antorcha de la poesía vasca pudo continuar gracias a la protección que a duras penas recibía de las órdenes religiosas. La obra más representativa es Arantzazu, euskal sinismenaren poema (1949) de Salbatore Mitxelena, la cual refleja la agonía del País Vasco, el símbolo de la cruz y el sufrimiento de un pueblo desesperado.

El cambio principal llegó del exilio: de la mano del zuberotarra Jon Mirande (Paris, 1925-1972) que supo introducir los nuevos brotes de la poesía simbolista en la literatura vasca desde París, tomando como fuente a Charles Baudelaire y a Edgar Alan Poe. Tras la II Guerra Mundial, en el agitado periodo de postguerra, se puso en contacto con los refugiados patriotas y como tenía un don especial para la lengua y para la literatura, pronto empezó a escribir en euskara, en cuanto pudo recuperar la lengua y alfabetizarse; al igual que hizo con los textos que podía leer directamente en castellano, inglés, alemán o en alguna de las lenguas minoritarias de Europa, principalmente las célticas (bretón e irlandés), pues le interesaba ampliamente su cultura y su religión.

Sentía preocupación por la lectura y en las lecturas filosóficas, se sentía identificado con las teorías de F. Nietszche y con la visión histórica F. Spengler. Influenciado por esas lecturas, Mirande hizo fuertes críticas a la historia vasca y a la religión cristiana y eso hizo que se alejara totalmente de los euskaltzales de la época. Decía que a consecuencia de la ideología cristiana decadente, la cultura occidental se estaba debilitando, y que la única oportunidad que ofrecía la elección de la conducta democrática a pueblos tan pequeños como el nuestro era la de ser perdedores.

Era un gran esteta que escribía literatura para una minoría, es decir, aquella literatura que necesita de un lector maravillado que le diera licencia poética para una ideología especial y una exageración moral. En 1950-55 desarrolló su trabajo poético más interesante, "Ilhun-argiak" el cual lo introdujo en un proyecto de libros aunque nunca llegara a editarlos. Creó una belleza inusual en la poesía vasca, bebiendo en primer lugar de la fuente de Heiner, y desarrollando el tema del desengaño amoroso. Más tarde, su tendencia fue hacia la incapacidad del nihilismo, y de ese modo en el poema "Nihil mors est" se topa con el sentido de la muerte y la vida, rebelándose contra la incapacidad. La expresión del amor erótico es la herramienta más importante que utiliza para plasmar su sensualidad.

Se encuentran similitudes entre Mirande y Mikel Lasa (Getaria 1938) respecto a los temas y a la sensualidad. Su poesía se empezó a dar a conocer en 1960 y la colección de sus trabajos se editó bajo el título Memory Dump (1960-1990). Al igual que Mirande, su principal fuente es el simbolismo francés y se ha desarrollado bajo la sombra del nihilismo, pero también lo utiliza como medio para expresar su intimidad y su preocupación social.

En Hegoalde perduraba el simbolismo utilizado por los olerkariak (poetas) anteriores a la guerra, pero poco a poco, el simbolismo anglosajón se fue introduciendo de la mano de las obras de T.S. Eliot. En la década de los sesenta, sin embargo, la poesía social tuvo gran influencia en nuestras letras, por medio de la obra de Aresti y así se abrió camino una tendencia que poco tenía que ver con lo que se había trabajado hasta la época.

Gabriel Aresti (Bilbo, 1933-1975) fue el poeta más importante de la segunda mitad del siglo XX, por ello es imprescindible situarlo entre los olerkariak (poetas) autores principales de los últimos cien años. Tras los olerkariak (poetas), en la poesía del siglo, se ha situado un segundo eje principal de la producción poética. Sus libros principales son Maldan behera (1959) y Harri eta Herri (1964). El segundo título tuvo muy buena acogida entre los lectores y poetas de la época, proponiéndoles a los vascos un modelo progresista, fácil de entender y sólido. Su poesía, por encima de todo, está unida a la ciudad de Bilbao, y en su obra le da a la ciudad un tratamiento poético expresivo, digno de mención, siendo el antecesor del tratamiento expresionista que posteriormente introduciría Bernardo Atxaga en Etiopia. Las pinceladas y concreciones de la vida de la ciudad, las calles, los cementos y los trabajadores grises que viven en las casas corrientes fueron los protagonistas de la obra de Aresti, que se presentó bajo la denominación general de poesía social.

Al igual que Mirande, el euskara no era su lengua materna, y lo aprendió fruto de una fuerte voluntad y esfuerzo autodidacta. Comenzó escribiendo en las revistas de la postguerra y en 1959 dio a conocer dos largas poesías que nada tenían que ver una con la otra. La primera, Bizkaitarra, estaba hecha con métrica y recursos del estilo del bersolarismo, y la otra, Maldan behera, era un poema simbolista. Las lecturas y fuentes contemporáneas tuvieron gran influencia en él, a parte de Jon Mirande, T. S. Eliot y los poetas de la generación del 27 de España, especialmente, Pedro Salinas.

En la literatura española, entre los años 1955-65 la poesía social gustaba mucho, sin embargo, posteriormente este género decayó; motivo por el cual, entre los expertos, se encendió el interés hacia las obras anteriores de Aresti, sobre todo hacia la obra titulada Maldan behera. Debido a que Maldan behera está basada en el simbolismo mítico, abre una extenso ámbito de interpretación. Respecto a las características formales, el estrofismo es variado, utiliza un molde lingüístico claro y expresivo, pero recurre a una referencia del mundo universal rica y siempre tiene en mente las ideas filosóficas contemporáneas. Del mismo modo, integra los recursos de la literatura popular, bien de los bersolaris y bien de otros subgéneros líricos, coplas antiguas, cantos de petición o baladas.

En la conferencia de 1960 "Poesia eta euskal poesia" quedó manifiestamente patente el nuevo interés hacia la poesía social. En la obra Harri eta Herri (1964) se plasmó la conciencia social radical. En dicho libro eligió una metaforización clara y cercana, utilizando sin parar ciertos términos expresivos (piedra, palabra, pan, verdad, justicia...) (harri, hitza, ogia, egia, justizia...). La obra de Aresti obtuvo un éxito tal porque supo formular el mensaje que pedía la situación socio-política: se topó con un sector de la sociedad fuerte, joven y concienciado, el cual se identificó fácilmente con los valores que el autor había expresado. Los lectores encontraron en su obra moldes literarios cercanos, entendibles, un euskara moderno y una propuesta progresista.

Los poetas contemporáneos de Aresti también evolucionaron de la poesía simbolista a la poesía social. Concretamente las primeras obras de B. Gandiaga y J. M. Lekuona, Elorri (1962) y Mindura gaur (1966) respectivamente, eran poesías que estaban fuertemente unidas al modelo simbolista, y al igual que el mismo Aresti, unieron los recursos y los moldes de la literatura popular a la simbolista. En el mismo nivel se podría citar a Xabier Lete, aunque sea bastante más joven.

El fraile franciscano Bitoriano Gandiaga (Mendata, 1928-2001) editó su obra Elorri, en 1962, tras superar unos tres o cuatro años de censura. En el libro Arantzazu aparece como una arcadia mística, la simbología y las imágenes están muy trabajadas, repara hasta en las más pequeñas características, del libro dimana un juego cromático elaborado y refleja una percepción profunda de los sentimientos, al igual que en el poema T'euria (1961). Tras un largo período de silencio, publicó los poemas Hiru gizon bakarka (1974), en los cuales se refleja la influencia de la poesía social y contiene una fuerza dramática más expresiva. Tuvo gran acogida entre los lectores de la época y en los medios literarios. Como en el caso de Aresti, a medida que la poesía social de los sesenta perdía urgencia y fuerza, se han hecho ensayos críticos para recuperar los valores de sus primeros libros, principalmente, analizando su adjetividad y cromatismo o reivindicando su profundidad emocional. Elorri es un trabajo estático, inerte, un trabajo que según la crítica reflejaba la preocupación religiosa de cada uno. Comenzaba a expandirse la poesía social.

La segunda obra de Gandiaga Hiru gizon bakarka (1974) nos habla de la preocupación político-social y lingüística del País Vasco. Las reformas que se estaban dando dentro de la iglesia tuvieron influencia en Gandiaga, sobre todo los contenidos de la encíclica Pacem in terris de Juan XXIII; por ello, los críticos han situado esta segunda obra de Gandiaga en lo que se ha denominado existencialismo cristiano, debido a que hacen una reivindicación social en nombre del yo colectivo. Respecto al aspecto formal, utiliza los versos libres y no cuida tanto la métrica como en Elorri. El ritmo siempre es elemento decorativo en los versos de Gandiaga, pero es de entre líneas, y la en la mayoría utiliza un tipo de homofonía. Respecto al mundo de las imágenes, recurre a un nivel de simbolismo, en cierta manera influenciado por el sistema de imágenes de la poesía social. En sus últimos libros, Uda batez Madrilen (1976), Denbora galdu alde (1985), Gabon dut anuntzio (1986) son evidentes los temas religiosos y sociales.

El sacerdote y profesor universitario Juan Mari Lekuona (Oiartzun, 1927-2005), ha sido junto con Gandiaga, en el ámbito de la literatura popular, uno de los ejes de la poesía vasca del último cuarto de siglo, influenciando directamente a los jóvenes poetas. La poesía de Lekuona está muy trabajada y elaborada, no tan fluida y de ritmo tan marcado como la de Gandiaga, pero al igual que la de éste, surge de la preocupación de la identidad cultural y conservación del País Vasco. Sus libros se componen de lotes de poesía estructurada y en la mayoría de las ocasiones desarrolla un tratamiento intelectual profundo. En la colección Itinerario/ Ibilaldia (1996) se recoge toda su producción, quedando su auto poética concretada en un prólogo. En los años 1950-60 comenzó a trabajar la poesía y en la obra Mindura gaur (1966) se recoge dicha producción. Sin embargo, Muga beroak (1973) surgió bajo la influencia de la poesía social. El trabajo de Jorge Oteiza Quosque Tandem está basado en sus pensamientos. Tanto el libro Ensayo para la interpretación del alma vasca (1963) como la Mitología vasca de J. M. Barandiarán (1960) y la concepción antropológica del País Vasco son dignos de mención por la importancia que adquirieron en su poesía. No podemos dejar de lado Hondarrean idatzia (1973) o el poema Lurra nigan (1972). Tanto en el libro Ilargiaren eskolan (1979) como en Mimodramak eta ikonoak (1990), analiza el espíritu humano, investigándolo en las formas físicas y simbólicas del mundo. El poeta Joxean Artze (Usurbil, 1939) también recorre el mismo camino que Lekuona refleja en su evolución espiritual. Artze fue el precursor del experimentalismo formal entre los poetas vascos. Son fieles testigos de ello Isturitzetik Tolosan barna laino guztien azpitik eta sasi guztien gainetik y Eta sasi guztien gainetik, Laino guztien azpitik (1973), y/o Bide bazterrean hi eta ni kantari (1979). Siguiendo la línea del experimentalismo hacia la religión nos podemos encontrar con el libro Ortzia lorez. Lurra izarrez (1987). Respecto al aspecto antropológico, entre otros, podríamos mencionar la obra Adanen poema amaigabea del antropólogo Joseba Zulaika (1975).

Xabier Lete (Oiartzun, 1944-2010), es poeta y cantautor. Recibió la influencia de la canción moderna, entre otros de George Brassens, Jacques Brel, Leo Ferre, y del movimiento catalán Nova Canço o de cantantes como Pako Ibañez. En este primer período publicó dos libros, Egunetik egunera egunen gurpilean (1968) y Bigarren poema liburua (1974), su texto más conocido. Se han situado dentro de la poesía social, recibiendo clara influencia del existencialismo y nihilismo. Sin embargo, la voz interna de Lete responde a una llamada irracional, pidiendo luz y vida. Responde a un entorno duro con un gran vitalismo. Tras la crisis de los ochenta, en cambio, se inclina hacia la gran poesía de tradición clásica, y entre otros, toma como referencia Rainer M. Rilke, Salvador Espriu, Carles Riba, etcétera. Su último libro, Egunsentiaren esku izoztuak (2008) se ha convertido en fiel testigo de la evolución espiritual y poética de la experiencia reencarnada.

Entre los poetas de los sesenta, las voces femeninas merecen una atención especial, entre otras, Amaia Lasa (Getaria, 1948) Geroaren arpegia (2000) y Arantxa Urretabizkaia (Donostia, 1947) San Pedro bezperaren ondokoak (1972). Junto con ellas se podrían mencionar otras voces poéticas; Jose Angel Irigarai (Iruñea, 1942) Kondairaren ihauterian (1975), Bizi minaren olerkiak (1986) y Urdinkara (1995). Siguiendo la misma línea, Luis Mari Mujika, Patxi Ezkiaga, Mikel Arregi, Iñaki Zabaleta y/o José Auxtin Arrieta, o Patzi Perurena editaron un molde de poesía simbolista. Entre sus líneas principales, todos los autores recibieron la influencia de los artistas plásticos contemporáneos y trabajaron bajo la influencia de los presupuestos estéticos de tanto Chillida como Oteiza. Introdujeron las vanguardias estéticas en la poesía vasca, con especial fuerza a partir de 1970. De ese modo, en los libros de poesía se integraron grabados, fotografías, dibujos, y también se hizo notable el experimentalismo para explotar la capacidad de expresar la letras, sobre todo en Artze, Lete y/o Gandiaga, explorando el modo de colocar las estrofas en el espacio.

Esta nueva era llegó para destacar las características del cambio. En primer lugar hay que tomar en cuenta el contexto político. En los últimos años del franquismo, surgió la polarización de las fuerzas de la sociedad: era época de represión y se vivía una gran tensión entre las fuerzas de la sociedad. También se difundió la práctica del control ideológico de la mando de intelectuales como Aresti y/o Txillardegi. Por ello, destaca la corriente que quería liberarse de la presión del compromiso social, por medio de la líneas editoriales de algunas revistas de 1975: la donostiarra Ustela (1975-76), formada por Bernardo Atxaga, Koldo Izagirre y Ramon Saizarbitoria; pero principalmente la revista bilbaína Pott (1978-80), en la cual junto con Bernardo Atxaga participan Jon Juaristi, Manu Ertzilla, Joseba Sarrionandia, J. Iturralde y R. Ordorika. A partir de entonces, surgieron, entre otras, Oh Euzkadi (1979-83), Susa (1980-94), Idatz-Mintz (1981-2001) Kandela (1983-84), Porrot (1984-90) y Literatur Kazeta (1985-89), Maiatz de Bayona (1982), Pamiela de Pamplona (1983-93) y Korrok (1984-89). Las editoriales y manifiestos de estas revistas reflejaban la gran heterogeneidad de las fuentes literarias y de las influencias, siempre revindicando que el aspecto literario tenía que estar separado del social.

B. Atxaga, K. Izagirre y R. Saizarbitoria fueron los primeros impulsores del movimiento y en sus trabajos queda patente el deseo de experimentación literaria. Investigan registros lingüísticos especiales, entre otros; el del enfermo, el del loco... e investigan y aparecen ensayos para dar muestra de la patología inconsciente. En el grupo Pott el vanguardismo tuvo una gran influencia, de la mano de T.S. Eliot, Ezra Pound y/o el simbolismo de Jorge L. Borges, el cual expresaría la maestría del juego de la metaliteratura. En los primeros trabajos de Sarrionandia y Atxaga, Etiopia (1978) e Izuaren gordelekuetan barna (1980) se puede ver claramente esa influencia. Los primeros que trajeron la influencia del surrealismo a la poesía vasca fueron Itsaso ahantzia (1976), Oinaze zaharrera (1977) y Guardasola ahantzia (1978) de Koldo Izagirre. Pero aparecerán de lleno por primera vez y con un expresionismo llevado al extremo en obras como Etiopia (1978).

El escritor Bernardo Atxaga (Asteasu, 1952) lideró el grupo Pott y fue el tercer eje principal de la evolución de la poesía vasca del siglo XX con el libro Etiopia. Como hemos dicho, se dio a conocer por medio de revistas literarias y trabajos colectivos: en las revistas Pampina ustela y Pott. Su primer libro Ziutateaz (1976) es una narración, en la cual se alternan párrafos de prosa con poemas. En el libro de poesía Etiopia (1978) hay una gran unión respecto al entorno mítico y dramático. Intensificando el expresionismo de Kafka y Trackl, reúne tendencias, registros y géneros de todo tipo, expresando a modo de collage, la imposibilidad de la utopía y la vida dura de la ciudad. La poesía del libro es una poesía cuidada, elaborada y bella, sugerente y llena de metáforas impactantes. De todas formas, rechaza la idea de que la belleza sea un regalo, se rebela en contra del esteticismo, no quiere hacer una poesía que repita sin cesar lo que ha dicho anteriormente. El libro tuvo gran impacto entre los lectores de 1976-1980. Desde entonces, todas las poesías que ha escrito las ha editado en una selección de poemas de Etiopía, así como en los libros Poemas &Hibridos (1990), Henry Bengoa inventarium (1987) y/o Nueva Etiopia (1996).

Joseba Sarrionandia, (Igorre, 1958), siendo miembro del grupo Pott, editó el libro Izuen gordelekuetan barrena (1981) asegurando la introducción de la vanguardia y coincidiendo con algunas de las características de la poesía de Atxaga. Los dos coinciden en la combinación efectiva del juego metaliterario y el surrealismo. Tras cambiar el rumbo del primer libro editó Eguberri amarauna (1983), Marinel Zaharrak (1987), Izkiriaturik aurkitu ditudan ene poemak (1985), Hezurrezko xirulak (1991), Gartzelako poemak (1992), Hnuy illa malah yahoo (1995) y Hau da ene ondasun guztia (2000). Participó como miembro de la Banda Pott en la traducción colectiva de los textos de T.S. Eliot, concretamente, hizo la traducción de The Waste Land: Lur eremua (1983). En la primera época de la poesía de Sarrionandia se pueden apreciar diversas referencias literarias, así como, en el libro Izkiriaturik aurkitu ditudan ene poemak (1985) se pueden leer a modo de antología todas sus poesías preferidas, siendo su voz la que habla entre líneas por medio de textos apócrifos.

Izuen gordelekuetan barrena (1981) se convirtió en el símbolo de la década para los escritores noveles y fue considerado como su manifiesto literario. La trayectoria literaria toma el libro como una guía de viajes, en la cual el poema del prólogo titulado "Bitakora kaiera" anuncia el camino que se va a tomar. Básicamente, es una visión de la literatura europea, provista de gran variedad de recursos y motivada por los intentos de formar un lenguaje literario personal. En el ensayo Ni ez naiz hemengoa (1985) planteó una teoría acerca de las características de la literatura vanguardista: Nietzsche y Witgenstein, la filosofía de la pérdida de la esperanza se convirtieron en el eje, porque ya no creían que el mundo era un lugar seguro y que el progreso nos iba a traer un futuro feliz, pues occidente lo único que ofrecía eran las miserias de la sociedad de consumo. Por eso, Sarrionandia cree que la literatura creativa lo único que puede llegar a ser es una literatura destructiva, nihilista, porque la literatura no puede cambiar nada.

En los libros posteriores, revisa la temática de los primeros y al hacer poesía sobre la experiencia vital, convierte el ser despedido o desterrado en símbolos existencialistas. Por último Hnuy illa nyha majah yahoo (Poemak 1985-95) es una selección y reorganización de sus poesías, estructurado desde un punto de vista humanista, actualizando su visión del mundo. El título es peculiar, es el saludo del caballo de Gulliver de Jonathan Swift que significa "cuídate amigo", es decir; la metáfora de la capacidad destructiva de la civilización.

La poética de los escritores que surgió en aquella vanguardia literaria surrealista ha sufrido varios cambios a través de aquellos años y los escritores han encaminado sus poéticas al fácil entendimiento de los lectores, en un intento de mantener las vías de comunicación abiertas. En el modo de expresión tan fluido de Atxaga podemos encontrar canciones pop, populares, primitivas o étnicas, aparentemente ayudada de elementos culturales, pero unida la temática expresada y encaminada al universo literario rico por medio de referencias. Sin embargo, Sarrionandia, tomando como base los cambios de su vida, ha convertido la poesía en refugio para los recuerdos, convirtiéndola en una vida humilde o un testimonio alejado que no tendrá reflejo en la gran historia.

Por otra parte, el escritor que avanzó en el camino de vanguardia surrealista, Koldo Izagirre (Pasaia, 1953) también dejó a un lado la fascinación y la exploración de la parte lúdica de la literatura que despertaron en el las experimentaciones de Eluard, Oulipo o Italo Calvinor. Cuando editó la obra Balizko erroten erresuma (1989) reivindicó que era un "manifiesto militante", y así, haciendo autocrítica se anunciaba la poética nueva que debía de venir, bajo las órdenes de la estricta conciencia ideológica y política. En sus libros de poesías da mucha importancia a la crítica; en el denominado Non dago Basques Harbour? (1997) repasa afectos como la patria, el amor, el miedo, colocándolos en un contexto simbólico de un puerto marítimo.

Al clasificar la época siguiente a la poesía de vanguardia de 1976-1987, las dificultades se hacen patentes entre los autores de la historia de la literatura. La poesía ha perdido el protagonismo como género en el sistema literario de final de siglo y los autores comparten sus poesías con otros géneros. Son destacables en esta época autores como Felipe Juaristi (Azkoitia, 1957) el autor de Galderen geografia (1997) y uno de los autores de los pocos libros de poesía que han ganado el Premio de la Literatura Vasca: Ricardo Arregi (Gazteiz, 1958), autor de Hari hauskorrak (1993) y Kartografía (1998), y según los críticos el autor más interesante de finales de siglo.

Entre tantos autores interesantes de las últimas décadas, son destacables estos autores: Harkaitz Cano (Lasarte, 1975), Kea behalinopean bezala (1994), y Dardaren interpretazioa / La interpretación de los temblores (2003); Kirmen Uribe (Ondarroa, 1970), se dio a conocer por medio del espectáculo con el cantante Mikel Urdangarin, Bitartean heldu eskutik (2001) único libro de poesía; y la escritora Miren Agur Meabe (Lekeitio, 1962), sus libros Azalaren kodea (2000) y Bitsa eskuetan (2010) son seguramente los que más interés han despertado entre los textos del nuevo siglo.

La poesía del siglo XX se asienta en tres hitos estéticos, se han señalado tres manifiestos o poéticas "innovadoras" que han roto con las normas estéticas anteriores, dando paso a la vanguardia. Sin embargo, los autores de principio del siglo XXI quieren colocar la literatura de nuevo en el hilo de la comunicación. Por eso, al igual que la poesía de Aresti encontró su lugar por medio de festivales de canto públicos y al igual que el grupo Pott preparó el espectáculo llamado Henry Bengoa inventarium, los escritores jóvenes del tercer milenio han preferido acercar el camino de los cantos y de los espectáculos dirigidos a la gente.

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