Concept

La escolarización en Gipuzkoa: siglos XIX y XX

Los procesos de escolarización en la Europa contemporánea son complejos pues, en general, obedecen a políticas educativas que tratan de implantar la obligación de asistencia a las escuelas como un medio de alfabetizar a la población y de otorgarles el estatuto de ciudadanía. Esta política iba dirigida sobre todo a los hombres y es una consecuencia de los postulados de la Revolución Francesa sobre las bondades de la educación. Por lo tanto, estos procesos van íntimamente ligados a la creación de los sistemas educativos nacionales, donde la escuela es el mejor medio para nacionalizar a la población infantil, imponiendo un mismo sistema de enseñanza en el que la lengua, la uniformidad, la obligatoriedad y la centralización administrativa son los ejes básicos de esta política.

Euskal Herria no vivió ajena a este proceso nacionalizador a través de la castellanización y afrancesamiento de sus escuelas. Así, la Ley Guizot, de 1833 (en Francia) y la Ley Moyano de 1857 (en España) son dos ejemplos de asentamiento del sistema educativo, pues marcan una política centralizadora donde se señala la necesidad de crear determinados tipos de escuelas según características demográficas. Para conocer esta situación en Gipuzkoa, nos vamos a centrar en las estadísticas disponibles desde mediados del siglo XIX a mediados del siglo XX, además de resaltar la situación escolar a través de los informes de la Inspección educativa y de las Juntas Provinciales de Enseñanza. Tenemos que indicar también que nos referimos tanto a las escuelas públicas como a las privadas y que, en general, impartían su docencia en lengua castellana.

En 1858, según la Comisión Estadística del Reino en su Anuario Estadístico de España, correspondiente al año 1858 señala que Gipuzkoa tenía un total de 163 escuelas, de ellas 136 son públicas, 26 privadas y 1 religiosa, lo cual significaba la existencia de 1 escuela por cada 960 habitantes, muy superior a la provincia de Álava con 1 escuela por 353 habitantes. Esta situación del menor número de escuelas por habitante será permanente durante muchos años y no comenzará a invertir su sentido hasta la última década siglo XIX, sobre todo por el incremento de escuelas privadas. Esta situación ya se puso de manifiesto en 1873 donde el dato más relevante es el aumento de escuelas que se produce en Gipuzkoa. No obstante, hay que señalar que la asistencia de las niñas era prácticamente igual que a la de los niños, cosa que no ocurría en los otros herrialdes. Sin embargo, el mismo año en el que se aprueba la ley Moyano, el Ayuntamiento de San Sebatián, publicó un reglamento sobre el régimen interior de las escuelas públicas, elemental y superior de San Sebastián, adaptado al Plan provisional de 1838 a las posteriores órdenes. Esta situación demuestra la lentitud con la que se va aplicando la legislación estatal.

Durante el periodo comprendido entre 1857 y 1876 se aprecia que la Inspección de las escuelas en el territorio guipuzcoano fue muy efectiva, sobre todo en lo que se refiere a la imposición de la lengua castellana, a través del ejercicio profesional de Juan María de Eguren. A pesar de la accidentada topografía de Gipuzkoa, este inspector efectúa visitas de inspección en el 90% de las escuelas existentes en 1860 y en los 16 años sucesivos. Con estas inspecciones podemos obtener una fotografía de la escuela de la segunda mitad del siglo XIX. Así, la asistencia de los alumnos a las escuelas, como era habitual, solía decrecer en los meses de verano, debido a la necesidad de ayuda por parte de los niños y niñas en las tareas del campo. El método adoptado en la mayoría de las escuelas era predominantemente el simultáneo, y en menor medida el mixto, (modificado por el mutuo en escuelas con gran asistencia de alumnos) o con el individual en las pequeñas escuelas rurales. El sistema de premios y castigos, utilizados por el magisterio se ceñía a lo reglamentado. Los libros de texto utilizados en cada asignatura solían ser los mismos en todas las escuelas del Estado, excepto el catecismo de Astete traducido al vascuence en varios dialectos. La Junta Provincial de Instrucción Pública coincide en las mismas observaciones que anotaba el inspector sobre la situación escolar.

El hecho más destacable durante la Segunda Guerra Carlista fue la publicación del Reglamento Provisional de Escuelas, aprobado por la llamada Diputación General Carlista, presidida por Dorronsoro, en sesión que al efecto celebró en Azpeitia en 31 de diciembre de 1874. Con respecto al euskara en este reglamento se prescribía la enseñanza de la gramática vascongada y que se dieran en euskara la enseñanza en todas las escuelas elementales y de párvulos, para lo cual llegó a usarse algunos textos escritos en esa lengua.

El factor demográfico determinó, por otra parte, el proceso de creación de escuelas a partir de 1877, ya que el aumento de la población obligaba a su creación, en aplicación de la ley Moyano. Así, Gipuzkoa (con 92 Ayuntamientos en 1877 y 91 en 1887) posee 8 centros de población que superan los 4.000 habitantes (Eibar, Azkoitia, Azpeitia, Irun, Oñati, San Sebastián, bergara y Tolosa) en el censo de 1877 y 10 (Azkoitia, Azpeitia, Elgoibar, Eibar, Hondarribia, Irun, Oñati, San Sebastián, Tolosa y Bergara) en el de 1887. Hay que tener presente que Gipuzkoa tenía en 1877, 167.207 habitantes pasando a tener 195.850 en 1900. En función de esos criterios, el número de escuelas que Gipuzkoa debía poseer era de 288 en 1877. La realidad es que ese número de escuelas siempre se superaba, pues las escuelas privadas suplían las carencias de la escuela pública. No obstante, Gipuzkoa, en 1885, ocupaba el puesto número 27 de las provincias españolas con mayor número de escuelas, figurando Álava por ejemplo en 4º lugar, Bizkaia en el puesto 26 y Navarra en el 15.

La tasa de analfabetismo tan alta registrada a comienzos del siglo XX fue un detonador para que el Estado español tomase medidas educativas para paliar la situación; entre otras, la creación de un Ministerio de Instrucción Pública que desarrolló una legislación que aumentaba los años de escolaridad, de 6 a 12 años, cuando en la ley Moyano era de 6 a 9. Además, se realizó una serie de reformas en el curriculum que favoreció la inclusión de nuevas asignaturas. Gipuzkoa, por su parte, debido al proceso de industrialización y modernización ya se había encaminado en el mismo sentido. En el censo escolar 1903, uno de los más completos, ya se consigna una situación favorable, pues Gipuzkoa tiene 208 escuelas públicas de maestros (23 en San Sebastián) y 130 de maestras (14 en San Sebastián). No obstante, a este número de escuelas en las capitales se le tiene que sumar 43 escuelas privadas, 12 de ellas regidas por órdenes y congregaciones religiosas. En cualquier caso, el número de escuelas existentes superaba lo reglamentado por la ley Moyano, gracias a las escuelas privadas. Esta situación irá mejorando con el paso de los años, de manera que en los años treinta del siglo XX, Gipuzkoa presenta un superávit de escuelas. El perfil de estas escuelas era el siguiente: bajo porcentaje de escuelas públicas, que a partir de 1910 pasaron a denominarse nacionales y que representaba alrededor de un 40% del cómputo total de escuelas y el 60% de las escuelas restantes eran escuelas privadas en un 30-35% y escuelas municipales entre un 25-30%. Este perfil también corresponde a Bizkaia, mientras que Alava y Navarra es justo a la inversa. La asistencia a las escuelas era superior (77%) al resto de las provincias vascas y a la media española (66%).

Este alto porcentaje de escuelas privadas, la mayoría de ellas regidas por órdenes y congregaciones religiosas, es el dato más relevante a lo largo de todo el siglo XX, pues va a representar casi un 50% del total, seguida de Girona con casi un 40%. Estas dos provincias fronterizas se vieron beneficiadas por la expulsión de Francia en 1904 de estos institutos religiosos dedicados a la enseñanza. La congregación que creó mayor número de centros educativos a lo largo del siglo XX, fue la de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, comúnmente conocidos como La Salle, que en el corto periodo de 10 años, entre 1904 y 1914, instalaron 9 escuelas en Gipuzkoa (Beasain 1909, Zumarraga 1914, Azkoitia 1904, San Sebastián 1905 y 1906, Irun 1906, Zarautz 1904, Eibar 1905 y Elgoibar 1905), además del noviciado de Irun. Muchas de ellas fueron escuelas gratuitas, aunque las de Zarautz, Eibar y Elgoibar, que eran de pago, cerrarían en 1914. El número tanto de alumnos, como de religiosos dedicados a la enseñanza fue importante, siendo de resaltar el Colegio San Bernardo de San Sebastián que recogía a 42 Hermanos franceses. Durante el franquismo se fueron creando otro conjunto de escuelas por toda la provincia, siendo de resaltar el Colegio de La Salle en Loyola (Donostia) que fue un centro de referencia para todo el territorio. A partir de la Ley General de Educación de 1970 cerraron unos cuantos centros, pero a partir de la década de los ochenta hasta la actualidad se ha consolidado en un conjunto de centros que ofrecen todos los niveles educativos, aunque alguno de ellos tiene una larga proyección en la formación profesional, siendo socialmente muy requeridos por la buena preparación que ofrecían.

La importancia de los Jesuitas, con su tradicional santuario de Loyola, no sólo era lugar de peregrinación, sino también de expansión de la orden, cuya influencia se registra en tantos aspectos del país. Un momento de crisis sería la expulsión de la Orden a raíz del Sexenio revolucionario de 1869, debido a las relaciones más o menos estrechas con el carlismo, y que habrían cristalizado en las ofertas por parte de los carlistas a la Compañía para dirigir los centros de más prestigio del país, -el Seminario de Bergara y la Universidad de Oñati, así como el tradicional Colegio de Orduña-, crisis que sería superada en la Restauración. Con la llegada de la II República, nuevamente se procedió a su expulsión. Durante el franquismo, sin embargo, volvieron a recuperar su presencia y se asentaron también en la formación profesional, sobre todo en Donostia, con la escuela profesional de San José Obrero y el Colegio de San Ignacio. La presencia de los escolapios se registra en Tolosa desde 1878, al igual que los Salesianos en Errenteria, o a los Maristas, Marianistas u otras congregaciones. En cuanto a las escuelas privadas femeninas, entre un conjunto importante de institutos religiosos, se puede señalar a las Religiosas del Sagrado Corazón de Jesús, que abrieron en Donostia su centro en 1903, con el situado en Miraconcha, uno de los lugares privilegiados de la ciudad,

Una de las fundaciones escolares más importante fue la "Fundación Viteri", que creó una serie de escuelas a partir de la primera de ellas que fue en Arrasate, pueblo natal de Pedro de Viteri y Arana, quien en fecha 16 de junio de 1901, legaría en testamento una serie de bienes que constituiría la donación a dicha fundación. Al efecto se constituyeron numerosos edificios para escuelas públicas a los Ayuntamientos de Arrasate, Irun, Hondarribia, Pasaia y San Sebastián, etc. Otras fundaciones de menor entidad fueron extendiéndose por el territorio, todas ellas independientes de la oferta de escolarización pública.

Junto con esta oferta tan diversificada, el surgimiento de nuevos proyectos auspiciados por la Diputación y diversos Ayuntamientos o la iniciativa privada, en orden a conseguir una escuela vasca, o a eliminar el analfabetismo rural, será otro elemento dentro de esta amplia red escolar. Entre ellas, no podemos dejar de citar las escuelas rurales y la amplia creación de ikastolas que se irá consolidando a partir de la década de los sesenta hasta la actualidad.

  • DAVILA BALSERA, Paulí. La política educativa y la enseñanza pública en el País Vasco (1860-1930). San Sebastián: Ibaeta Pedagogía, 1995.