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Navarra. Historia

Desde la última década del siglo XIX se suceden los nombres e intervenciones en el acopio de información sobre los tiempos prehistóricos en Navarra. La identificación en 1894 de algunos dólmenes del Aralar por F. de Huarte empalma inmediatamente (1894/1895) con la excavación de alguno de ellos y con la amplia síntesis de J. de Iturralde y Suit (que se publicó, con carácter póstumo, en 1911). El interés de la Comisión Provincial de Monumentos por la recogida de noticias y colecciones prehistóricas, que se de positarán en la Cámara de Comptos de Pamplona (que, en junio de 1910, alberga ya oficialmente un "Museo ArtísticoArqueológico de Navarra"), completa lo esencial de esa época inicial de estudios. Una nueva etapa de investigaciones casi exclusivamente sobre el fenómeno megalítico ocupa las segunda y tercera décadas de este siglo, hasta la guerra civil. T. de Aranzadi y F. de Ansoleaga dedicarán tres campañas de excavación (de 1913 a 1916) a dólmenes del Aralar, publicando de inmediato sus resultados.

Seguidamente el equipo formado por T. de Aranzadi, J. M. de Barandiarán y E. de Eguren incorpora la investigación del megalitismo navarro al programa que empezaban a desarrollar en estaciones dolménicas similares de zonas próximas de Guipúzcoa y Alava: exploran los grupos limítrofes de Ataun-Borunda en 1919 y de Altzania en 1920, trabajando en Urbasa en 1921. Aranzadi y Barandiarán en los inmediatos años 20 amplían sus investigaciones de campo excavando nuevos dólmenes del Aralar navarro en 1923 y descubriendo monumentos de las estaciones de Auritz y Gorriti-Huici (1925/ 27). Será obra personal de J. M. Barandiarán, por esos mismos años, la prospección y estudio de evidencias en la cueva de Atabo (Alsasua), el descubrimiento de nuevos grupos de dólmenes en Aritz-Ireber, Lerate, Alkurrunz y Abodi, y la definición de otros testimonios prehistóricos.

En 1924 P. Wernert notifica el hallazgo de vestigios del Paleolítico antiguo en Zúñiga, y en 1930 N. Casteret de grabados de estilo magdaleniense en la cueva de Alkerdi (Urdax). Importantes yacimientos de la Edad del Hierro (en términos de Fitero, Arguedas y Etxauri) son advertidos por entonces. En una tercera etapa de las investigaciones se van a potenciar los trabajos de campo mediante la creación de un Servicio de Excavaciones de la D. F. que -dentro de la recién constituida Institución Príncipe de Viana- emprenderá campañas sistemáticas en la década de los 40. B. Taracena y L. Vázquez de Parga (con la colaboración de O. Gil Farrés) desarrollan un plan serio de trabajo en yacimientos del Bronce tardío y de la Edad del Hierro (así en Arguedas, Etxauri y Javier), especialmente en el poblado del Alto de la Cruz (Cortes) donde se excava entre 1947 y 1952 (por Taracena y Vázquez de Parga hasta 1950 -año en que fallece el primero- y en 1951/52 por Gil Farrés); Taracena estudió los dólmenes de Errazu.

Otras actuaciones aportan en estos años interesantes datos al conocimiento del pasado prehistórico de Navarra; destacando el inicio de las prospecciones dolménicas de J. Elósegui (que culmina, en parte, en su excelente catálogo del dolmenismo vasco, de 1953) y la recuperación por M. Ruiz de Gaona de cierta cantidad de restos paleontológicos y arqueológicos del destruido yacimiento de la cantera de Koskobilo (Olazagutía). J. Maluquer de Motes se hizo cargo en 1952 del Servicio de Excavaciones, dirigiendo su actividad hasta 1965: excava en las necrópolis de Valtierra y de La Atalaya (Cortes) y en el yacimiento de la Peña del Saco (Fitero), continuando con Vázquez de Parga en 1953/1957 el estudio del Alto de la Cruz, desarrollando campañas con D. Fernández Medrano en monumentos dolménicos de Bigüezal, Artajona y Ronkal y en la cueva de Berroberria (Urdax) entre 1959 y 1965. En este mismo período se han inaugurado las instalaciones del Museo de Navarra, que dirige M.ª A. Mezquíriz, presentando metódicamente un seleccionado panorama de las culturas de la Prehistoria y Protohistoria. Hace veinte años se iniciaría la etapa "actual" en estos estudios.

La Comisión de Excavaciones y Arqueología creada en 1974- asegura una amistosa cooperación entre equipos de excavadores, prospectores de zona y servicios de la Diputación Foral. Las intensas prospecciones de T. López Sellés, que continúa F. de Ondarra, han ampliado de modo notable el catálogo de dólmenes; E. Redondo, por su parte, protagoniza una meritoria labor de recogidas controladas, desde 1968, en el altiplano de Urbasa. Durante una docena de años (desde mediados los 60) E. Vallespí se ha interesado por el estudio de las industrias líticas de diversos asentamientos; A. Castiella afronta el estudio de la Protohistoria navarra con importantes excavaciones y monografías de materiales. A partir de 1975 se regulariza el desarrollo de campañas de excavación intensa en yacimientos bien estratificados: como es el caso de los de las cuevas de Zatoya (Abaurrea Alta) en tres campañas y de Berroberria en cinco o del alto de Urbasa (así una campaña de Mugarduia) por I. Barandiarán, de la cueva de Abauntz (Arraiz) en tres campañas por P. Utrilla, del dolmen de Miruatza (Ataun-Borunda) y de la cueva del Padre Areso (Bigüezal) por M.ª A. Beguiristain (dos campañas), de los abrigos de Portugain (Urbasa; en dos campañas) y de Aizpea (Aribe) y del sitio 11 de Urbasa por A. Cava, o del abrigo de La Peña (Marañón) (dos campañas) por M.ª A. Beguiristain y A. Cava. A partir de esas excavaciones se han suscitado programas de análisis complementarios (dataciones C14, estudios de pólenes/esporas, sedimentología, paleozología, etc.) que perfilan el ámbito temporal y climático de la ocupación de esos yacimientos.

Numerosas monografías sobre yacimientos y colecciones de la Prehistoria navarra se han recogido en las series de la colección "Excavaciones en Navarra" (con nueve volúmenes publicados) y de las revistas "Príncipe de Viana" y "Trabajos de Arqueología Navarra" (publicada a partir de 1979) de la Comunidad Foral. Como visiones de conjunto de carácter sinóptico se consultarán con provecho la "Prehistoria de Navarra" de I. Barandiarán y E. Vallespí (en 2.° ed. de 1984, en "T. A. N." vol. 2), los resúmenes más recientes sobre "Prehistoria" (por I. Barandiarán, M.ª Beguiristain y A. Castiella) en el "Gran Atlas de Navarra" (vol. II. Historia, pp. 11-25, ed. C. A. N., de 1986) y la ponencia de I. Barandiarán al I Congreso Gral. de Historia de Navarra (1986) sobre "La Prehistoria de Navarra: estado actual de los estudios". En cuanto a monografías extensas de conocimiento imprescindible se recomiendan "La Edad del Hierro en Navarra y Rioja" de A. Castiella ("Excav. en Navarra" vol. VIII, 1977), "Las estructuras funerarias del Neolítico y Eneolítico en la cuenca media del Ebro. Consideraciones críticas" de T. Andrés ("Príncipe de Viana", n.° 146-147, pp. 65-129, 1977), "Los yacimientos de habitación durante el Neolítico y Edad del Bronce en el Alto valle del Ebro" de M.ª A. Beguiristain ("T. A. N." vol. 3, pp. 59-156, 1982) y "La industria lítica de la Prehistoria reciente en la cuenca del Ebro" de A. Cava ("Boletín del Museo de B. A. y Arqueología de Zaragoza", 1987).

Esquema de evolución de las culturas prehistóricas en Navarra.

  • Las gentes del Paleolítico

La primera ocupación de parte del territorio se pudo dar no hace mucho más de unos 150.000 años según se deduce de la tipología y técnicas con que se elaboraron algunos instrumentos de piedra tallada, recogidos fuera de contexto estratigráfico. Es el caso de varios lotes de la sierra de Urbasa, atribuibles al Paleolítico Inferior terminal o al Paleolítico Medio de su tradición, y de otros hallazgos aislados en terrazas del Ega (Zúñiga, Estella), del Irati (Lumbier) y diversos sitios. El importantísimo conjunto de industrias y fauna del destruido lugar de Koskobilo contiene elementos de segura referencia arqueológica al Paleolítico Inferior y/o Medio y a la primera mitad del Superior (Auriñaco-Gravetiense y Solutrense); el depósito de Mugardia en Urbasa se ha revelado como un rico yacimiento de taller atribuible con probabilidad al primer tercio del Paleolítico Superior, seguramente en relación con el próximo sitio de Koscobilo.

En el final de la última glaciación (Würmiense IV o Tardiglaciar: circa 14.500 a 8.200 años a.C.) tiene lugar el desarrollo de la cultura magdaleniense, cuyos testimonios empiezan a definirse con seguridad en Navarra en cuanto a cronología absoluta, entidad industrial y paleoambiente. El Magdaleniense inferior de Abauntz, nivel E, se produce en torno a la primera mitad del XIV milenio antes de nuestra era; el probable Magdaleniense medio de Berroberría, nivel G, a mediados del XIII; por entonces, de acuerdo con sus caracteres estilísticos (sea Magdaleniense inferior o medio), se realizaron grabados de algunos animales en las paredes de Alkerdi; el Magdaleniense superior de Berroberria, nivel E, se fecha en la segunda mitad del XII milenio; mientras que el final del Tardiglaciar (Paleolítico terminal o Epipaleolítico inicial), con los períodos climáticos de Alleröd y Dryas III, se presenta en el nivel II de Zatoya en la primera mitad del X milenio. La ocupación como taller del yacimiento del abrigo de Portugain -en condiciones periglaciares (Dryas III, probablemente)- tuvo lugar a mediados del IX milenio.

  • Las formas culturales del Epipaleolítico

En la transición a la actualidad climática, el Epipaleolítico ("Mesolítico") enraiza al final del Tardiglaciar y se extiende en los primeros milenios del Holoceno: por las etapas climáticas de la oscilación de Alleröd, del Dryas III, del Preboreal y del Boreal llegando a inicios del período Atlántico. Los niveles inferiores de Zatoya se formaron en el Alleröd (acaso en el Dryas II) y el nivel Ib de ese mismo sitio en el Boreal. El Aziliense del nivel D de Berroberria se desarrolló desde inicios del IX milenio a finales del IX; el nivel D de Abauntz se fechó a mediados del VIII. El Epipaleolítico pleno, no geométrico, del nivel Ib de Zatoya se produjo en la segunda mitad del VII milenio; el Epipaleolítico geométrico está representado en los niveles C de Berroberría, D de la Peña (a comienzos del VI milenio), B de Aizpea (durante el VI milenio) y IV de Padre Areso.

  • El proceso de neolitización

Se incorporan innovaciones técnicas (cerámica y, luego, pulimento de la piedra) y de modos de vida (agricultura, domesticación, asentamientos "urbanos") durante el período climático Atlántico, al irse afianzando las circunstancias ambientales (pluviosidad, temperaturas, cubierta vegetal...) actuales. Sus síntomas arqueológicos parciales se perciben en toda la cuenca del Ebro ya para mediados del V milenio, asentándose la neolitización dentro del IV. El Neolítico antiguo, o inicial, de Abauntz (nivel C) se dató por C 14 a inicios del V milenio (fecha que algunos aceptan con cautelas); el nivel I de Zatoia, con cerámica, es del tercer cuarto del V milenio; un asentamiento muy importante en el raso de Urbasa (Urb. 11) debió producirse en pleno Neolítico; también se atribuyen al Neolítico pleno el nivel b4 de Abauntz (fechado a mediados del IV milenio) y el depósito del III del abrigo de Padre Areso. Los ajuares incluidos en algunos de los monumentos dolménicos de zonas próximas (sobre todo en la Rioja y en la Meseta N.) permiten fechar la primera expansión de esas construcciones funerarias colectivas dentro, al menos, del Neolítico reciente: probablemente ya a fines del IV milenio.

Dataciones absolutas del contexto megalítico vecino (en Kurtzebide en Alava, en Collado Palomero II y Portillo de Los Ladrones en Rioja) muestran el pleno arraigo de esas tumbas en la I primera mitad del III milenio. Los depósitos funerarios del Neolítico avanzado, del Eneolítico (Calcolítico) y de la Edad del Bronce -sea en el interior de cuevas o en sepulcros artificiales- son más numerosos que los lugares de habitación conocidos. En Navarra se han catalogado cerca de trescientos cincuenta dólmenes (o, en casos, simples acumulaciones de elementos menores -"túmulos"-). Parecen agruparse en sectores o estaciones por parejas (cordales montañosos, altiplanos, majadas, vías de trashumancia, ...): así los más llamativos de Aralar, Urbasa-Andia, Larrun, Auritz, Ronkal o Artajona. La mayor parte de los dólmenes navarros se sitúa en altitudes comprendidas entre los 700 y los 1.000 m. en parajes de montaña de uso pastoril; excepcionales resultan las estaciones megalíticas de zonas medias (Artajona) o de medio pirenaico elevado (Ronkal y otras).

  • Los inicios de la metalurgia: Eneolítico y Edad del Bronce

El Eneolítico y el Bronce Antiguo tienen su desarrollo en la segunda mitad del III milenio y en el primer cuarto del II; el Bronce Pleno y Final (que empalma ya con la Primera Edad del Hierro) encajan en la segunda mitad de ese II milenio. La ocupación del Eneolítico y Edad del Bronce en el abrigo de La Peña se controla en una serie de dataciones C14 desde mediados del III a comienzos del I; el nivel b2, de entrerramientos, de Abauntz se fechó en 2.290 ± 140. Las primeras evidencias de la cerámica campaniforme (según dataciones de Alava y Rioja) remontan el siglo XXII a. de la era. Pinturas esquemáticas del abrigo de Montañeros (en Etxauri), con figuras humanas y de algún cáprido, y grabados estilizados de la peña del Cuarto (en Learza) ofrecen las características del estilo de la Edad del Bronce. Los paleantropólogos aseguran que en estas épocas debía estar ya establecida la composición básica de las poblaciones del ámbito pirenaico y de la alta y media cuenca del Ebro. Coexisten aquí, con matizaciones según zonas, los tipos pirenaico-occidentales o vascos y los mediterránidos gráciles con otros grupos minoritarios (restos paleomorfos, "islotes" alpinoides, p.e.). Sobre ese panorama "racial" se asientan a lo largo del II milenio (así algunos de los depositados en el covacho sepulcral de Urbiola) y hasta época histórica diversos grupos foráneos ("nórdicos", braquicráneos de distintas ramas) que completarán aquel mosaico étnico que, con dificultades, no aciertan a explicar bien al final de la Protohistoria los eruditos y corógrafos greco-latinos.

  • La Edad del Hierro y los grupos protohistóricos

Diversas oleadas de invasores procedentes del otro lado del Pirineo ("celtas", "hallstátticos" o centroeuropeos, según opiniones) llegan a la Península Ibérica en oleadas, a partir de los años 1000/900 a.C.; se instalaron en la Meseta y en otras áreas occidentales (cuenca del Ebro, Cataluña, ...). Arqueológicamente se han distinguido en esas épocas dos grandes períodos, la Primera y la Segunda Edad del Hierro. No son aún muchos los yacimientos de la Edad del Hierro excavados en Navarra con respecto a los ya identificados como poblados o necrópolis. Destacan en el mapa provincial tres zonas de especial concentración: el tramo superior del Arga y cuenca de Pamplona (poblados de Sansol en Muru Astrain, Leguín, Santo Tomás y San Quirico), el Sudoeste (La Custodia en Viana, o El Castillar en Mendavia) y el Sur (los poblados del Castejón en Arguedas, La Peña del Saco en Fitero y del Alto de la Cruz en Cortes, o las necrópolis de La Torraza en Valtierra y La Atalaya en Cortes).

La muestra más significativa de la Primera Edad del Hierro se ha obtenido en los niveles inferiores del Alto de la Cruz y del Castillar (a partir de los años 950 u 850 a. de C.); la ocupación de esa etapa se prolonga hasta mediados del I milenio en el propio Alto de la Cruz (con evidencias de sucesivos incendios y reconstrucciones del poblado), El Castillar, La Custodia, Sansol o Castejón. La Segunda Edad del Hierro ofrece la aparición de las vasijas elaboradas a torno y de seguido (hacia los años 350 o 300) la expansión de cerámicas pintadas de estilo celtibérico (La Custodia, Castejón, Leguín o Sansol, etc.).

En esos poblados se ponen a contribución conceptos arquitectónicos y urbanísticos bien definidos: con casas de planta rectangular que se adosan entre sí por sectores o barrios, con algunas calles centrales y con un muro común que refuerza la defensa de la topografía elevada del sitio ("castro"). En el Alto de la Cruz las casas bastante grandes disponen de tres estancias: como vestíbulo y depósito de aperos, la primera, como hogar y sitio de habitación (con bancos corridos y vasares), la central, y como despensa y cochiquera la del fondo. La piedra del lugar apenas desbastada o el tapial y el adobe se emplean para levantar los muros, los pies y vigas de maderas para asegurar paredes y techos, los manteados de barro para alisar paredes y las mamparas de cubiertas de ramaje para techar las viviendas o subdividir su interior. Molinos de mano, hornos de pan, recipientes mayores para grano, pesas de telar, cerámicas de cocina, morillos, etc. "amueblan" los recintos domésticos; broches de cinturón, pulseras, fábulas y botones de cobre o bronce, cajitas cerámicas y vasijas "de lujo" (decoradas por excisión, acanaladas, pintadas), algunos idolillos (o "muñecos") de barro componen el efectivo de uso personal de aquellas gentes.

De modo sistemático se expande en la Edad del Hierro la incineración de los cadáveres, cuyas cenizas se recogen en urnas cerámicas o se depositan bajo túmulos de piedras o de tierra. Frente a las necrópolis de tipo habitual de las áreas "celtizadas" del suroeste de Europa -como es el caso de La Torraza o de la Atalaya en la Ribera- los ocupantes del ámbito pirenáico depositan las cenizas de sus muertos bajo amontonamientos de piedras o tierra o en el centro de círculos de hitos de piedra. El catálogo de baratzak o círculos de piedra ("cromlech") en la Euskal Herria pirenaica pasa de los 600 ejemplares; unos 250 se hallan en la montaña navarra. De su excavación -practicada sobre muy pocos yacimientos de este tipo- se asegura la datación de su empleo dentro del I milenio a. de C.

La tribu de los Vascones ocupa en la Protohistoria el solar actual de Navarra, extendiéndose ligeramente -en sus épocas de máxima expansión- por las provincias limítrofes: por el curso del Bidasoa hacia el mar (Oiason=Oyarzun/Irún/Fuenterrabía), hacia el este abarcando la Jacetania aragonesa, y hacia el sur al otro lado del Ebro (asimilando parte del territorio de los Berones riojanos). El nombre de vascón aparece en Tito Livio; se corresponde con el de "Ouáskones" citado por el escritor en griego Estrabón y probablemente con el de "Barskunes" que llevan, en caracteres ibéricos, diversas monedas de bronce y de plata acuñadas por los años 100 a 75 a. de C. en una ceca que debe localizarse en las proximidades de Pamplona. En excavaciones del casco urbano de Pamplona por M.ª A. Mezquíriz se han apreciado, bajo los primeros niveles de época romana (correspondientes a poco después de cuando se supone que fue fundada Pompaelo por Pompeyo), cerámicas a mano de la Primera Edad del Hierro (siglo VIII o VII a.C.). Así cabría pensar que Pompeyo escogió como emplazamiento de su cuartel de invierno en el del año 75/74 el mismo lugar elevado en que Barscunes, supuesta capital del territorio tribal, se situaba.

Para A. Tovar en el étnico Vascones se hallaría una raíz indo-europea que significaría "los altos" acaso "los orgullosos" o "habitantes de un lugar elevado". Quienes invadieron parte del territorio, pasando de Aquitania a Navarra y a los inmediatos Llanada alavesa y Aragón medio, han dejado en él abundantes rastros toponímicos e incluso en la antroponimia de los indígenas (que se mantendrá en algunos epígrafes latinos). El nombre de Vascones sería, pues, aquél con el que los venidos de países transpirenaicos designaron a una de las "tribus" -la más extensa y quizá la más característica- de cuantas habitaban en lo antiguo Euskal Herria. Siendo con el tiempo el nombre de ese grupo étnico concreto el que quedó como genérico para el total de las gentes de su entorno inmediato y proximidad lingüística. Los historiadores y geógrafos antiguos distinguieron dos zonas en esta Vasconia: el Ager Vasconum o las fértiles llanuras cercanas al Ebro, con sus villas y fundos, y el Saltus Vasconum o tierra boscosa poblada por vascones más refractarios a experimentar relaciones de dominación que los labradores del sur, zona que comienza entre Ujué, Artajona, Allo y Lazagurria, es decir, en el límite de los valles navarros.

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(-226 a -202 antes Cristo). Ambos Imperios, cartaginés y romano, se disputan el dominio del mundo entonces conocido, cuando suenan por primera vez los vascos, los vascones. Cartago representaba una civilización africana en tanto Roma actuaba como heredera de la cultura helénica. El contacto lo tuvieron al fin, bajo la forma de un formidable choque militar precedido de relaciones y tratados diplomáticos de mutuo respeto en el arco que va desde el estrecho de Gibraltar hasta los Alpes suizos. La primera fase de las peripecias cartaginesas en la Península Ibérica acaba con el asesinato de Asdrúbal por un celta que vengaba la muerte de su jefe. Después de varios tratados, entre ambos bandos imperiales, se llegó a concertar el "Tratado del Ebro" (hacia -226) en el que se fijaba este río como línea de máximo avance de la expansión cartaginesa. En consecuencia los cartagineses establecen un primer contacto con los vascones de la parte de Cascante y su comarca.

Al cruzar los cartagineses el Ebro rompen su compromiso con Roma el año 218 a.C. El poeta Silio Itálico nos habla ya del "vasco insuetus galeae ferre arma morati", del "vasco que desdeña el yelmo, acostumbrado a llevar las armas". En esta época no hay más vascos que los vascones ya que los de la costa se denominan caristios, vardulos y autrigones. Un abigarrado ejército al mando del cartaginés Aníbal pasa por el país y llega a los Alpes en busca de Roma. Se presenta a los vascones como un conjunto de mercenarios voluntarios, a los que se suman grupos de los mismos. Caen los cartagineses sobre las campiñas romanas después de infligir a los romanos una tremenda derrota junto al lago Trasimeno. El año 207, en la batalla de Metauro, muere Asdrúbal y sucumbe la mayor parte de su ejército. La aventura vascona junto a los cartagineses había terminado.

Alianza vascona (-202 aC). La penetración romana en Navarra tuvo lugar de este a oeste desde el Mediterráneo. Precedió a la llegada de los romanos a Vasconia la lucha sucesiva de éstos contra los suessiones, jacetanos e ilergetes viniendo, Ebro arriba, desde las costas mediterráneas. Solamente la pequeña comarca de los sausetanos, en las cercanías de la actual Sangüesa, se había aliado a Roma para evitar mayores males. Ello le trajo la enemistad de los vascones jacetanos, hostiles a Roma. Hacia el año -153 a.C. los romanos ya habían desbordado el río Gállego y ocupado la cuenca del bajo río Aragón y cercano Ebro. Vasconia permaneció neutral. Andando los años los jinetes vascones lucharon en Ascoli (Italia) en la guerra social bajo las órdenes de Cneo Pompeyo Estrabón. El 18 de noviembre del 90 a.C. se les concedía la ciudadanía romana a los "equites" de la Tunna Salluitana.

La llegada de los romanos acercó a los vascones del sur y del norte ya que los romanos conforme avanzaban iban creando su sistema de calzadas eficaces y sólidas. Según Estrabón (I aC) la vía desde Tarraco a los últimos Vascones "que están junto al Océano" pasaba por Pompaelo y Oíasoûna, término de la gran vía de Augusto, teniendo una longitud de 2.400, lo que viene a coincidir con las trescientas millas que fija Plinio para el mismo recorrido (cfr. Estrabón. Geografía de Iberia. Ed. Schulten, fasc. VI de Fontes Hispaniae Antiquae, Barcelona 1952, p. 245).

Posición de los vascones (-81 a -72). Cuando Sertorio llegó a la Citerior venía ya con la intención de adoptarla como segunda patria pues creía inminente la implantación de la dictadura en Roma. Una de las primeras acciones de Sertorio fue sorprender al lugarteniente de Sila obligándole a abandonar la provincia Citerior. Su escaso ejército fue engrosándose con los naturales hasta formar un cuerpo de unos nueve mil soldados y una regular flota. Logra congraciarse con los pirenaicos e ibéricos más orientales. Se apresta para la defensa. De un momento a otro han de llegar los ejércitos de Roma en su busca. Para ello aposta 6.000 hombres en los Pirineos orientales al mando de L. Livio Salinator. El, entretanto, se instala entre el Ebro y la cordillera dispuesto a atender donde hiciere falta. Si queremos valorar en su justa medida la relación de los vascos con Roma hemos de situarlos en el seno de los acontecimientos mismos. La Euskal Herria de este tiempo comenzaba en los cerretanos y seguía por los ilergetes montañeses para continuar en los vascones y aquitanos. Así es que estos acontecimientos que hoy nos parecen tan apartados del suelo vasco ocurren en sus mismos lindes y aún dentro de él en ocasiones y son protagonistas anónimos muchos de los soldados vascones del ejército sertoriano.

Es el año -79 cuando llega el cónsul Quinto Cecilio Metelo con el encargo expreso de combatirlo. Temen su triunfo y su probable marcha de Roma. Por este tiempo el procónsul de la Citerior contaba con un ejército considerable que reunió desde ese momento al de Metelo haciendo un total de mas de cien mil hombres contra menos de diez mil de Sertorio y, tras repetidas victorias de éste y sus gentes, logra instalarse en la Citerior que ha de ser, en adelante, su fuerte definitivo. La conquista de la Citerior, iniciada por Hirtuleyo, tuvo un momento culminante en la batalla de Ilerda (Lérida) donde son derrotados el lugarteniente de la Citerior, Calidio, y el de la Galica, Manlio, que había venido en su apoyo con 20.000 hombres.

El sertoriano Hirtuleyo les obliga a evacuar Lérida y repasar el Pirineo. Huesca es la elegida para capital romana donde piensa ir, poco a poco, apoderándose de todas las provincias y caer al fin sobre Roma y su dictador. Apoyándose en la zona vascón-ilergete Calahorra- Lérida-Huesca, ciudades fidelísimas a toda prueba. Claro que no toda Euskalerria es afecta al representante de las libertades populares; algunas ciudades vasconas como Cascante y la celtíbera Graccuri, afectas al poder constituido, deben ser tomadas por las armas el año -76. Luego pasa a Calahorra, acampa en la frontera de los berones y atraviesa la tierra vascona, per vasconum agrum ducto exercitu. Sertorio establece su cuartel en tierra de berones. Emisarios de confianza salen en busca de trigo y provisiones, de caballos y jinetes y hasta soldados rasos hacia las tribus celtibéricas amigas. El punto de concentración es Contrebia Leucada que debió de estar, según Bosch, donde ahora están las ruinas del castro de Cervera del Río Alhama desde donde podía acudir a donde quisiera. Metelo, en nombre de Roma, opera por el S. hacia la Lusitania, y Pompeyo debe de llegar, de un momento a otro, por el Pirineo oriental.

Pompeyo, instalado en Emporión, planea coger a los ejércitos sertorianos en un movimiento de tenaza desde las riberas del Ebro y desde Cartagena donde deben desembarcar fuertes contingentes suyos. Tras varias peripecias de victorias y derrotas, Sertorio obliga a Pompeyo y Metelo a repasar el Ebro. La lucha se corre, Ebro arriba, al interior de la Celtiberia. Pompeyo, que depende de los aprovisionamientos que le han de suministrar desde la Galia, elige como cuartel de invierno un centro estratégico en tierra francamente afecta: Iruña. Allí permaneció las dos invernadas del -75, y -74, fecha en que, tras tanto éxito, comenzó a declinar la suerte de su rival. Apiano nos da cuenta de la situación general del Imperio y de las peripecias del cerco de Palencia, la retirada de Pompeyo al campamento de Metelo y cómo Sertorio cae sobre sus enemigos cerca de la vascona Calahorra y les mata tres mil hombres. Después de este sangriento encuentro, Metelo se vio obligado a retirarse a la Hispania Superior y Pompeyo a la Galia quedando de momento Calahorra libre del asedio. Un año más tarde, en el -73, Sertorio solamente poseía con firmeza su famoso núcleo entre Calahorra, Huesca y Lérida. Las sucesivas derrotas trajeron consigo las defecciones y luego, las represalias; finalmente ocurre el asesinato de Sertorio el año -72 por su subordinado Perpena, en medio de un banquete engañosamente preparado en Osca. Derrotado también Perpena por Pompeyo, el ejército se desbanda. Con parte de él organiza el vencedor las civitas de Convenae.

Las luchas civiles entre los dos rivales, César y Pompeyo, hace que las Galias sigan al primero y las Hispanias, al segundo. Pompeyo tenía muchos partidarios en Vasconia, o sea, la Navarra actual, cuya ciudad más importante Iruña, la había engrandecido notablemente a raíz de su alianza con los vascones. Se suele referir a ese hecho el que a la ciudad de los vascones se le comenzara a llamar Pompeiluna o "Ciudad de Pompeyo". Los puertos del Pirineo los guardaba el legado Lucio Afranio que con tres legiones guarnecía la Hispania Citerior. En el ejército de la Galia a favor de César venía la flor de Aquitania y de las montañas confinantes. Las peripecias de la guerra tienen lugar lejos de Vasconia, junto al Segre. Los generales pompeyanos son vencidos en Lérida, Ilerda (-49 a.C). Afianzado César en el poder se muestra generoso p. e. restaurando Calahorra.

(Años -14 a siglo III). Durante el reinado de Tiberio, entre los años -14 al 37 se construyó una obra gigantesca de comunicación que atravesaba diagonalmente Euskalerria uniendo a autrigones, caristios, várdulos, vascones y tarbellis del otro lado del Pirineo (vía Asturica-Burdigala). Con Claudio (41-54) Navarra fue incluida en el Conventus cesaraugustano. El año 69 tuvieron los vascones un actuación espectacular. Ocurrió que Claudio Civil, alemán de nación, se había conjurado con los alemanes contra Vespasiano reuniendo un ejército de varias naciones, según decía, para liberar su tierra y las Galias de los romanos. El ejército romano se hallaba entonces en Gelduba, sobre el Rhin, ignorante de lo que se tramaba. La arremetida de Civil y sus gentes contra los romanos fue repentina e imprevista. La caballería romana quiso repeler el ataque pero lo hizo en forma tan desordenada y confusa que se vio obligada a emprender una precipitada retirada. En esta situación angustiosa llegaron las cohortes vasconas que había reclutado Galba en su tiempo, acometiendo al enemigo por la retaguardia, con tal ímpetu, que creyeron que caían sobre ellos todas las tropas romanas acampadas en Magundia o Noveso. Rehecho el ejército con este episodio lograron una memorable derrota del enemigo.

La toponimia y la arqueología -muy estudiadas en los últimos años- atestiguan el gran desarrollo del ager navarro que debido a las novedades tecnológicas -arado, acueductos, tracción animal, cereales, olivo- experimentaría un gran avance demográfico y urbano (Pamplona, Calahorra, Cascante, Falces, Liédena, Santacara, Villafranca, Funes, Tudela, etc.) y una transformación importante del sistema gentilicio vascón que abre el paso, en esta zona, a un ordenamiento terrateniente de base esclavista. El inmenso Imperio se apoya en las ciudades, y en la red de calzadas romanas (Tarragona-Asturias y Astorga-Burdeos más transversales), en un derecho elaborado ad oc y en una intrincada y eficaz actividad comercial y financiera.

La ruralidad queda relegada a zonas no asimiladas, venidas a menos, paganas y bárbaras. La penetración cristiana afectó a la vida individual y de relación de grandes sectores romanos pero no trascendió a las relaciones de la metrópoli con los pueblos del Imperio. El Ebro habría sido el eje de penetración de la romanización cultural y comercial basada en una red de comunicaciones viarias y en un río navegable hasta Vareia, cerca de Logroño. La "pax" romana comienza sólo a verse alterada hacia la mitad del s. III, época en que el Imperio entra en crisis, pero sus casi dos siglos de duración permitieron una floración de la agricultura -vid, olivo, trigo, hortalizas, regadío-, la minería -plata, mármol, hierro, plomo-, el comercio y las ciudades -Cascantum, Gracurris, Calagurris- ribereñas del Ebro. El contraste entre el saltus y el ager se acompaña con una pérdida de la lengua privativa en la zona más romanizada de Navarra.

Durante el siglo III comienzan a moverse los pueblos bárbaros circundantes del Imperio, principalmente alemanes y francos que invaden las Galias. Desde el año 253 los generales de Valeriano se enfrentaban a ambos pueblos en la Galia. Pasando el Pirineo, Tarragona es tomada el año 255. Tal vez Pamplona fuera incendiada entonces. A pesar de las medidas represivas de Aureliano en 273 contra alamanes y francos no puede impedir que unidos los germanos arrollen todos los obstáculos en su marcha. El año 276 fue el año de la catástrofe, con la destrucción de 60 ciudades incluidas las aquitanas Poitiers y Burdigala y la llegada al Pirineo vascón, hoy diríamos navarro. Todo lo que se sabe de la invasión en tierras vasconas se debe a las fechas de las monedas encontradas en tesorillos escondidos que proceden de años anteriores y a las excavaciones del área pamplonesa. De este orden son las monedas encontradas en las excavaciones de Liédena y la línea del paso por Roncesvalles, las de Clunia y los tesorillos de Briscous y Barcús al norte del Pirineo.

En Liédena, junto a Sangüesa, se encontraron juntos 105 denarios, repartidos, según Taracena, como sigue: 1 de Octacilia Severa, mujer de Filipo (249-249), de Trajano Decio (249-251), 9 de Valeriano (253-260), 42 de Galieno (253-268), 6 de Saloninas (268-270), 2 de Quieto el Rebelde de Oriente (261-262), 13 de Claudio II (268-270) y 28 inclasificables. Estas monedas acreditan que el incendio que destruyó el almacén y quién sabe si el mayor tramo de edificios, ocurrió pocos años después del 270. El paso del Pirineo por estos bárbaros habría tenido lugar hacia el año 276. Todo se sume en la inquietud y el desorden. Avieno habla ya de "inquietos vascones". Nada tendría de particular que existieran auténticos bandidos en las tierras despobladas y lugares montañosos alejados e interiores. Una lápida de Oteiza habla ya de bandoleros en la zona de Estella. Pero, por lo general, se trata de montañeses pobres y míseros, que asaltan las ricas tierras de la llanura en busca del botín.

En el siglo IV se produce la barbarización del Imperio: establecimiento de pueblos godos en el mismo y el sometimiento de la autoridad imperial a la Iglesia, reconocida por Constantino, que proscribe a las religiones paganas y al arrianismo. Aparece también la incursión organizada "oficialmente" por la tribu. Y es ahora cuando se inician las primeras revueltas políticas y toman la iniciativa los oscuros buruzagis y campesinos pobres. El tránsito por algunas vías romanas se hace peligroso. El rincón del Bidasoa por ejemplo se halla cercado de guarniciones romanas estratégicamente colocadas en Veleia (Iruña de Alava), Pompaelo (Pamplona) y Lapurdum (Bayona). Vascos rurales de un lado y otro del Bidasoa, unidos, incursionan en un extenso radio de acción poniendo en peligro equipajes y bienes. En este estado de cosas van llegando las primeras complicaciones con la aparición de tribus germánicas infiltradas a través del inmenso Imperio colonial romano. El año 395 muere el emperador Teodosio dejando el Imperio a sus dos hijos, a Arcadio el Oriente, y a Honorio el Occidente.

(409) Roncesvalles. Los primeros sucesos consisten en el paso del Rhin por los bárbaros en 406 camino del Pirineo a donde llegan después de haber cruzado el Loira y el Garona sin encontrar resistencia alguna. La Novempopulania fue devastada de lado a lado. En el Pirineo no había destacamentos militares romanos de ninguna índole, corriendo la defensa de los pasos a la iniciativa privada. Desde los primeros intentos de invasión los jefes de las milicias romanas, reunidos en Pamplona, se habían dirigido al Emperador Honorio exponiéndole la difícil situación de las defensas. A mediados del 408 contestó, desde Roma, estimulándoles a defenderse. En la carta se concedía a las guarniciones locales honores, aumentos de sueldos y el derecho de Hospitium o sea de alojamiento en las casas de los vecinos.

En 409 los vándalos, álanos y suevos rompen la resistencia pirenaica de los nobles Dídimo y Veriniano cruzando el Pirineo por Roncesvalles. La operación tuvo dos fases: ocupación por los honoriacos y su deserción dando paso a los bárbaros. Del Pirineo descienden por los valles y por Pamplona derramándose por la cuenca del Ebro. Los vínculos con Roma quedan rotos y el país queda a merced de los jefes locales. Comienza a hablarse de "vascones" solamente, pues la tribu vascona (Navarra) se ha impuesto desapareciendo las denominaciones de caristios, várdulos y autrigones. En adelante (siglos V, VI y VII) va a hablarse de una Vasconia indómita en lucha contra toda clase de invasores. Las instituciones romanas llegan casi a desaparecer; así la vida municipal de los núcleos urbanos vascones que, en opinión de Caro Baroja, no pudo "tener continuidad normal a partir del siglo V", aunque tal vez se conservaran, según Caro, determinados caracteres, como el episcopal y la antigua división por valles o pagi.

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(412-541). Los godos habían Ilegado a las Galias como defensores del Imperio en 412, fundando el Reino de Tolosa aquitana en 419, siempre como aliados y huéspedes del Imperio. Los vascones novempopulanos quedan enmarcados oficialmente en el nuevo reino. Los vascones de valles y montañas quedan probablemente marginados de los sucesos excepto los de la ruta de Roncesvalles. El levantamiento de campesinos en las Galias, llamados bagaudas, se dirige hacia 435 en dirección de los Alpes y llegan también a los Pirineos, que cruzan por Roncesvalles, siguiendo la calzada romana. El año 441 les combate el general romano Asturio y dos años después, en 443, el conde Merobaudes en las cercanías de Arakil que se suele identificar por Huarte-Arakil y también con Aracelli, en las cercanías de Corella. En 449 los suevos, establecidos en la Península Ibérica, invaden y saquean las dos Vasconias, de uno y otro lado del Pirineo. En 449 reaparecen los bagaudas. En 457 el rey Teodorico II de Tolosa cruza Roncesvalles en busca de Requiario, rey suevo, alcanzándole en Astorga, donde es vencido y degollado. Desaparece un enemigo peligroso. En 461 los visigodos ocupan la Novempopulania vascona y conquistan Pamplona en 477. Pero el suceso transcendental ha de ser la llegada de los francos a las fronteras de Vasconia. En la batalla de Vouillé del año 507 muere Alarico II y desaparece el famoso Reino de Tolosa. Los francos han triunfado. La capital goda entonces se traslada a Toledo y los francos llegan a tomar Pamplona en 541.

(541-711). La lucha a dos frentes, por el N. con los francos y por el S. con los godos, unifica el esfuerzo militar de los vascones septentrionales. El suceso más memorable es la gran invasión vascona sobre las llanuras aquitanas -de población vascoparlante (Novempopulania)- en 587. El Turonense cuenta cómo los vascones rebeldes irrumpen de las montañas, descendiendo a las llanuras, arrasando viñas y campos, incendiando las casas y llevándose consigo ganados y prisioneros. También dice que el duque Ostrobaldo combatía a menudo a los vascones pero con escaso éxito. En 602 surge el Ducado de Vasconia como creación franca y como base militar contra los vascones rebeldes, bajo el mando del duque Genial. En 621 los vascones aprovechan el comienzo de un nuevo reinado godo para llevar a cabo desde las tierras de Pamplona una gran incursión armada por la provincia tarraconense, pero vencidos por Suintila, el nuevo rey godo, éste les despoja del botín capturado y les obliga a replegarse hacia Pamplona además de tener que construir la ciudad fortificada de Oligito (Olite) como fortaleza de contención por esta parte como Vitoriaco servía para el mismo fin pero por el lado alavés.

En 626 el obispo Senoc colabora con los vascones en su lucha contra el duque franco de Vasconia, Aigino. Las luchas contra Cariberto y luego contra Dagoberto, dueño de Aquitania (630), son constantes. En 635 los vascones arrasan el Reino de Aquitania provocando la reacción de los francos. Con la sublevación de Froya contra el rey godo Recisvinto, los vascones de la parte navarra invaden la Tarraconense hasta las cercanías de Zaragoza pasándola a sangre y fuego. Hacia 660 se independizan Vasconia y Aquitania unidas bajo el duque Félix, con mando "en todas las ciudades hasta los montes Pirineos y sobre las gentes vasconas". Muerto Félix aparece como nuevo duque de vascones y aquitanos Lupo I hacia 670. Hacia 681 se debió perder Pamplona en poder de los godos ya que los obispos de Calahorra y de Pamplona acuden a los concilios todelanos de ese año y al de 683. Es verosímil que el vascón Lupo hacia 684 hubiera recuperado ambas ciudades vasconas aunque para el 688 Calahorra ya figura de nuevo bajo los godos.

(711). A Lupo I le sucede el duque Eudón el Grande que es quien debe hacer frente a los musulmanes cuando invaden Hispania y luego Vasconia (711), año en que el rey godo Rodrigo se hallaba luchando contra Pamplona. Tres años mas tarde, en 714, llegan los invasores a la Ribera del Ebro pero un magnate de la comarca tudelana, el conde Casio, llega a un compromiso con los musulmanes, se hace cliente de Damasco y se establece así una zona de transición entre aquéllos y los cristianos. De ahí nace la comarca culturalmente musulmana de los Banu Kasi, unida por vínculos políticos, familiares y económicos con el resto de Navarra. Debemos a Lévi-Provencal (Histoire...) los elementos para reconstruir las vicisitudes de los Banu Kasi partiendo de un texto de Ibn. Hazm. Posteriormente se ha publicado la traducción del texto de Al-'Udri varias veces citada por Fernando de la Granja: en ella va muy completa la historia del linaje (pp. 24-43, núms. 27-82). La Ribera pasa a formar parte de la Marca Superior musulmana. Ver Banu Kasi.

(711-824). Roncesvalles (778). La invasión musulmana del 711 iba a repercutir vitalmente sobre la Vasconia de Eudón y en particular sobre Pamplona que es ocupada por los nuevos invasores en 718. Los godos se refugian en las montañas asturianas dando lugar a la creación de un foco eficaz de resistencia. El derrumbe de la Hispania goda dejó al descubierto frente a los musulmanes las Llanuras y valles meridionales de Vasconia. En 732 se da el primer paso agareno por Roncesvalles. Abd-al-Rahman al-Gafeki, con Pamplona como base de operaciones, cruza el Pirineo presentándose delante de Burdeos donde vence a Eudón y sus vascones. Esta derrota da lugar a que Eudón y el franco Carlos Martell se unieran y esperaran al común enemigo delante de Poitiers. Después de una semana de terrible lucha y aprovechando la oscuridad de la noche los musulmanes emprenden precipitada retirada. Las tradiciones roncalesas nos hablan de un Abd al-Rahman vencido y muerto en Olast, cerca de Leire, cuando volvía derrotado de Francia.

En 753 los musulmanes mandan un destacamento contra los "vascones de Pamplona" que habían sacudido el yugo agareno. En 768 los francos desmembran Vasconia -nombre que va quedando acantonado al norte de los Pirineos- quedando los vascones septentrionales como una de tantas tierras desligada y a su suerte. En 778 tiene lugar la famosa batalla de Roncesvalles cuando los francos de Carlo Magno intentan someter la cuenca del Ebro (Marca Superior) de acuerdo con los jefes locales musulmanes. Había movilizado el Emperador todas las fuerzas de sus reinos, incluidos los lombardos, recién sometidos, los aquitanos, sojuzgados bajo Hunaldo, y los bávaros que era gente nada segura. Dividida la gran armada en dos, una debería venir desde Barcelona y la otra desde Roncesvalles para reunirse ambas en Zaragoza y tomar posesión de la plaza. El paso del Pirineo navarro fue normal y la entrada en Pamplona sin contratiempos.

Pero, Zaragoza no quiso entregarse, según lo estipulado con Suleiman Ibn al-Arabi y se resistió lo suficiente para no rendirse. Al-Hussain, dueño de la ciudad, no cumplió su palabra. Fracasa el intento. Durante el asedio llegó a Carlos la noticia de la rebelión de los sajones. Ante este inesperado acontecimiento levantó el asedio a Zaragoza e inició el regreso a su patria a través de Roncesvalles. Desde abril, fecha de su llegada, hasta agosto, en que se retira, ha mediado el tiempo suficiente para preparar una concentración de vascones capaz de hacer frente al poderoso ejército. Lleva de rehenes a ciertos jefes musulmanes. En el camino, mediante un ataque sorpresivo, rescatan los agarenos al caudillo Ibn al-Arabi. Pamplona fue destruida por los invasores francos. El 15 de agosto de 778 se daba por fin la gran batalla de Roncesvalles hábilmente organizada en emboscadas sucesivas. El ejército franco fue destruido, sobre todo la retaguardia, salvándose justo Carlo Magno de la matanza. Una concentración parecida tuvo lugar no muchos años más tarde, en 843, para la defensa de Pamplona concurriendo los de Alava y AI-Kilé junto a los demás vascones occidentales y orientales. Por primera vez se llama a Pamplona, otra vez en manos nativas, "fortaleza de los navarros".

(781-824), segundo y tercer Roncesvalles. Los Banu Kasi de la Ribera y los vascones de Pamplona se mantenían, juntos, en actitud levantisca frente a ambas potencias. A eso se debe que Abd al-Rahman I emprenda en 781 una expedición de castigo con el fin de someter a los jefes rebeldes musulmanes y luego a los vascones. La expedición, tal como la narran los cronistas árabes, parece coherente: marchó a Calahorra, tomó Viguera, cruzó el Ebro por Bareia (Logroño) entró en el país de Ximeno el Fuerte (Xertanis) y se adelantó al país de Ibn Belaskot (Belaskoáin?) devastando luego Pamplona. Simultáneamente Carlo Magno creaba el reino de Aquitania con objeto de que sirviera de base para combatir a los vascones. En Pamplona no había unanimidad. Unos preferían llevarse a bien con los musulmanes, otros con los francos y los más optaban por la independencia. Reflejo de este estado de cosas es el tumulto de los pamploneses en 799 matando al jefe de Pamplona Mutarrif Ibn Muza, hermano uterino del que iba a ser famoso Eneko Arista. Iruña se emancipa definitivamente del poder omeya. En 803, Banu Kasis y norvascones se apoderan de Tudela.

Esta alianza ha cambiado la anterior situación en un intento franco de constituir el Ebro por frontera, pero los vascones meridionales se muestran levantiscos y rebeldes. En 812, cuando Ludovico Pío celebra la Asamblea anual en Tolosa aquitana le llega la noticia de que se ha rebelado parte de Vasconia sujeta anteriormente a capitación. Es la comarca de Pamplona y aledaños. El ejército franco se pone en marcha en pleno verano. Después de devastar el país de Aquis, Dax y cercanías, su ejército avanza hacia Orreaga. Franquea el Pirineo, desciende sobre Pamplona y, tomadas las disposiciones pertinentes, emprende la vuelta por el mismo lugar. Escarmentado por el desastre del 778, esta vez lleva como rehenes a mujeres y niños apresados en Pamplona y por el camino. Los vascones, que se hallaban apostados, deben renunciar a la lucha aunque un vascón impulsivo se adelante, provocativo, se apoderan de él y lo ahorcan en presencia del enemigo. Tal fue el segundo Roncesvalles. La reacción de los vascones la dirige ahora un nuevo caudillo, Eneko Arista, que comienza por expulsar a los francos de la región de Jaca, asociado a un personaje llamado Garsea "Malo".

En 814 muere Carlo Magno y reina en Aquitania el rey Pipino, con pretensiones sobre Vasconia. Entretanto rige Pamplona un personaje pro-franco llamado Velasco. Rota la tregua francomusulmana tiene lugar la batalla del río Orón en 816 contra la marca occidental de Vasconia. La batalla es contra Velasco, señor de Pamplona, en las cercanías de Miranda de Ebro al S. de Alava. La lucha fue muy porfiada y peligrosa en las orillas del río Orón que sale de Pancorbo para desembocar en el Ebro. La Vasconia pamplonesa tuvo el auxilio de los asturianos. Por estos años también tiene lugar una memorable alianza Pamplona-Jaca-Tudela y, desde luego, Alava. El año 822 sube al trono Abd al-Rahman II. Dejando a un lado la expedición musulmana de Djemik, en Alava, merece la pena señalar el tercer Roncesvalles del 824 donde son derrotados los francos cuando volvían, acabado ya el cometido encomendado. En la derrota franca cayeron prisioneros los condes Eblo y Aznar. Los vencedores fueron los jefes vascones Eneko Arista, Garsea "Malo" y el Banu Kasi ribereño Musa ben Musa. El resultado trajo tras de sí importantes acontecimientos, uno de ellos la fundación del Reino de Pamplona.

Folio de los "Annales Anianenses" donde se relata la expedición de Carlomagno y la subsiguiente emboscada de Roncesvalles:

...Anno DCCLXXVIII. congregans Carolus rex exercitum magnum, ingressus est in Spania, et conquisivit civitatem Pampelonam, et ibi Taurus Saracenorum rex venit ad eum, et tradidit ei civitates quas habuit, et dedit et obsides, fratrem suum et filium. Et inde perrexit usque Caesar Augustam. Et dum in illis partibus moraretur, commissum est bellum fortissimum die Dominica, et ceciderunt Sarraceni multa millia, et de hora nona factus est sol hora secunda. Et iterum Saxones perfida gens mentiens fidem, egressi de finibus suis, venerunt usque ad Rhenum fluvium succendendo omnia atque vastando; et cum reverterentur cum praeda magna pervenit nuncius ad Carolum regem adhuc in Spania degentem. Cum enim assiduo, et pene continuo cum Saronibus bello certaretur dispositis per congrua confiniorum loca praesidiis. Hispaniam quam maximo porerat belli appuratu udgreditur; saltuque Pyrinei superato, omnibus quae adierat oppidis adque castellis in deditionem acceptis, salvo et incolomi exercitu revertitur, praeter quod in ipso Pyrinei jugo Wasconicam perfidiam paraumper in redeundo contigit experiri. Nam cum agmine longo...

(Biblioteca Nacional de París).

(824-905). Todos los historiadores modernos están de acuerdo de que el primer rey de Pamplona fue Enneko Ennekones (824-852), denominado "Arista", coronado hacia el 824 a raíz de la victoria de Roncesvalles de dicho año. Arista, en grafía moderna, Aritza, que vale tanto como "El Roble" o "El Fuerte". Ibn Haiyan le llama Wannako al-Bascunis, "El Vascón". Tanto por el sobrenombre del Códice de Meyá como por el de Ibn Haiyan se señala su filiación vascona. Su parentesco con los Banu Kasi de Tudela le resguarda, en ocasiones, de los ataques musulmanes. En 843 Abd al-Rahman II ataca Pamplona y con ese motivo se deja ver cuál era el área de influencia del nuevo rey ya que acudieron a la defensa de la capital, no solamente los pamploneses, sino también Muza de Tudela, los de Alava y Al kilé, los Sarataniyyin (Cuenca del río Zertani; actual Deba?) y los Yilliqiyyin a Galiqiyyin, que se interpreta por los galescos o de la Galia Comata, en este caso los vascos más cercanos de Guipúzcoa y Lapurdi.

Se suele señalar el año 848 como el de la llegada a Pamplona de San Eulogio de Córdoba y el de su visita a los monasterios, principalmente el de San Zacarías que dice "resplandecía en todo el occcidente". El 850 el Reino de Pamplona y Muza de Tudela hacen juntos las paces con Carlos el Calvo rey de Francia y de Aquitania. El año 852, último de su vida, celebra solemnemente el traslado de los cuerpos de las vírgenes Nunilo y Alodia al monasterio de Leire. La entrada a reinar de García I Iñiguez (852-882), acerca el Reino hacia la alianza con los asturianos, lo que le permitirá hacer frente a los omeyas en sus triples ataques contra Asturias, Alava y Pamplona. En 859-860 tiene lugar la segunda batalla de Albelda contra Muza que termina en victoria cristiana. En la batalla de Aibar muere el Rey (882). Su sucesor Fortuño el Monje (882-905) acaba renunciando al trono y retirándose al monasterio de Leire. El nombre del conde de Alava -Bela Ximénez aparece en la Crónica Albeldense por primera vez.

Mientras el reino de Pamplona se consolida, hay una zona de Navarra, de temprana romanización, que permanece ocupada por los árabes. Caro Baroja apunta la poca atención que ha merecido a los estudiosos el fenómeno del "mozarabismo meridional" y la cuestión de la "continuidad social", lingüística y cultural de unos territorios que abarcan la merindad de Tudela, de Tafalla y S. de Olite así como la zona de la merindad de Estella más cercana al Ebro. Según Caro "la población mozárabe existió como tal y en algunos puntos parece haber tenido cierta importancia, incluso haber resistido al Islam vencedor". Otra parte de la población habría abrazado la nueva religión conservando así sus derechos, pero no habría habido "una sola familia que pudiera decir que tenía ascendencia puramente árabe". Resto de romance mozárabe vascón serían, según Caro, la pérdida de o final en casos como Olite (Oligitum=Olito) o Cascante (Cascantum=Cascanto).

Pese a la implantación de nombres de lugar árabes, la toponimia anterior a la árabe prima como testimonio de una continuidad que se refleja, luego, en los documentos de restauración de monasterios y sedes, ya entrada la Reconquista. Los fenómenos de la vida material -agricultura por ejemplo- recuerdan, sin embargo, la importancia de estos siglos de dominio político-cultural del Islam. Lévi-Provençal (Histoire de l'Espagne musulmane, I, p. 154) habla de asentamientos de bereberes más o menos aislados, a lo largo del valle del Ebro; de unos grupos árabes aristocráticos más compactos y de los indígenas islamizados, todos con un sentimiento de hostilidad al poder de Córdoba, ya a fines del siglo VIII. La lucha entre los linajes y agnaciones de un lado y el poder califal y burocrático de otro, aparece -según Caro- clara.

Existieron dos zonas fronterizas no sólo militares sino también psicológicas (los musulmanes no gustaban de la fragosidad del norte). Caro Baroja (1971, I, 137) las delimita así:

"Una más antigua que, por el este, estaría marcada por los pueblos del límite meridional de la merindad de Sangüesa (Peña, Cáseda, Gallipienzo...) por Ujué y San Martín de Unx... que luego haría acaso una curva hacia el norte. (por encima de Tafalla) y que aún bajaría otra vez hacia el sur, por las tierras montuosas de la Solana. La razón para establecer esta línea la hallo en el hecho de que la cabeza de una merindad navarra, la más moderna de todas, o sea la de Olite, tiene un nombre muy significativo en vasco, recogido por varios historiadores, aunque no del todo bien interpretado. En efecto, Olite se llamó también "Erriberri", es decir, "Tierra nueva" y sabido es el valor que tiene este concepto de "nuevo" frente al de "viejo" en la Reconquista: en términos muy grandes en Castilla, en Cataluña en términos más reducidos. Lo "nuevo" aquí es mucho más pequeño. La segunda línea posterior nos la marcaban las Bárdenas, teatro de varios conflictos, según los historiadores árabes y el hecho de que los árabes mismos dominaron pueblos como Caparroso, Valtierra, Falces, y aún, acaso, Carcastillo hasta muy tarde: pero conquistados, de todas formas, antes que Tudela: el núcleo más famoso".

Características de este primer siglo de monarquía. Tomamos de J. M. Lacarra, máximo historiador moderno de Navarra, el siguiente comentario (Príncipe del Viana, n.º 92-93, 1963):

"Ya en su origen la monarquía de Pamplona se presenta como algo distinto -por su espíritu- de los demás Estados cristianos que surgen tras la invasión musulmana. Mientras que, de una parte, los reyes de Asturias se consideran como continuadores de los reyes de Toledo y esperan que de su esfuerzo bélico venga la salvación de España (Hispaniae salus), y, de otra, los condes catalanes no serán sino la proyección peninsular del gran imperio de Carlomagno, los reyes de Pamplona no son ni continuadores de Toledo -contra cuyos reyes lucharon los pamploneses hasta el último momento-, ni vasallos de Carlomagno, contra cuyo imperio combatieron con insistencia bien notoria. En los dos siglos que siguen a la invasión no aspiran los navarros a reconquistar, sino a afirmar su independencia, como lo venían haciendo siglos atrás. Les veremos apoyarse en los francos para ir contra los moros, y en éstos para derrotar a aquéllos, pero sin someterse a ninguna soberanía política extraña. Sólo a partir del siglo X -articulado el Estado con unas instituciones que llamaríamos "modernas"- entra el reino pirenaico en el concierto de los Estados peninsulares, y se contagia del mismo deseo que animaba a los asturianos de "reconquistar" tierras para la Cristiandad, ideales éstos que de Navarra pasarán a Aragón, territorio que contaba con una estructura estatal aún menos precisa".

(905). Expansión. Con el retiro de Fortún Garcés sube al trono Sancho I Garcés inaugurando una nueva dinastía en Pamplona. Nada podemos afirmar definitivamente, pero el casamiento del príncipe heredero Eneko Fortuniones con Sancha, hermana del nuevo rey, constituye un indicio de que hubo un pacto entre ambas familias. Simultáneamente se daba un golpe de Estado en Castilla entrando en el poder los Núñez. Es de señalar la ruptura con los Banu Kasi de Tudela, la toma de la fortaleza de Deio, baluarte musulmán, y toda la tierra del Deierri (907). Tres años más tarde, en 910, hasta el 912, reanuda el avance hacia el Ebro en dirección a Logroño, barriendo de enemigos toda la comarca de Los Arcos, Sansol, Torres y Viana. En su fulminante marcha se apodera de villas tan importantes como Mendabia, Lodosa, Cárcar, San Adrián, Azagra y Milagro. El 912 los vascones navarros cruzan el Ebro y entran en la Rioja, apoderándose de Logroño, Alcanadre, Ausejo, Calahorra, Alfaro y otras plazas ya cercanas a Tudela. Caen Falces y Caparroso.

La derrota de Banu Kusi es fulminante y la dinastía va a desaparecer. No podía el joven califa Abd al-Rahmán III ver con buenos ojos la expansión de los vascones cristianos. La nueva política cristiana une a vascones y asturianos que, juntos, en 918, irrumpen en el Califato unos, hacia Talavera y, otros hacia las cercanías de Nájera y Tudela. Ahora caen en poder de Sancho I Garcés la mezquita del arrabal de Valtierra, Calahorra (2.ª vez), Arnedo y Viguera. El Califa decide castigar al expansivo reino de Pamplona con la famosa expedición de Muez y su batalla de Valdejunquera o Yunkadia convertida en 920 en derrota cristiana. En este estado de cosas se incorpora al Reino el condado de Aragone, hacia 921, agrandando el poderío vascón.

De nuevo los vascones vuelven a cruzar el Ebro y recobran gran parte de la Rioja perdida durante la anterior campaña poniendo sitio a Nájera (los leoneses) y a Viguera (los vascones). Era ya 923 cuando se rinden ambas plazas. Al año siguiente, Abd al-Rahmán III acomete la campaña asoladora de Pamplona que marca, sin embargo, el ocaso de los muladíes del Ebro (los Banu Kasi son sustituidos). La nueva política ha consolidado y agrandado el Reino de Pamplona y ha instituido la amistad militar con Asturias-León y Castilla adquiriendo el Rey, rango y prestigio, pero envolviendo al Reino en los asuntos peninsulares. Muere en 925 tras haber casado a su hija, Belasquita, con el conde Momo de Alava. Al tiempo de esta famosa expedición del año 924, vemos que Tudela es musulmana, pero que Cárcar, es cristiano, como Peralta. También Falces, pueblos de los que se señalan algunas peculiaridades en textos árabes.

(925-1076). Mediante un proceso político-militar continuado, Sancho el Mayor (1004-1035) reúne durante su reinado bajo su cetro a la que los cronistas de esos siglos llaman wasconum gens, wasconum nationem (Jul. Toletam., Fredegario, Astrónomo). Quien inicia la expansión de reconquista y de integración es, sin duda, Sancho I Garcés, pero ya en su día había aunado todas las fuerzas vascas en defensa de Pamplona Eneko Arista. El proceso, podemos decir, pues, que arranca de la fundación de la monarquía. A Sancho Garcés le sucede en 925 su hermano Ximeno pero como tutor del menor de edad, el infante García, ya que contaba solamente 12 años de edad. Alava integra ya el Reino como condado bajo Ximeno Garcés, según escritura del año 931. Este año ejerce como regente la Reina doña Toda al morir don Ximeno. Es esa misma fecha la princesa pamplonesa doña Sancha casa con Fernán González, conde de Castilla, llevando consigo el condado de Alava. Desde ese momento figura dicho señor como "conde gerente" en Alava y Castilla.

Fernán González mantiene las libertades castellanas y expulsa a los Vela Ximénez de Alava y Bureba, pero es derrotado en Cirueña (959) por el Rey de Pamplona García II Sánchez pasando Alava de nuevo a integrar el reino como lo hubiera estado bajo Ximeno Garcés. El reinado de Sancho II Garcés Abarca (970-994) es de transición en el proceso de unidad política vasca. Se hizo famoso este rey por pasar el Pirineo nevado calzando a su ejército con albarcas. Una princesa pamplonesa, la conocida en medios musulmanes como Subh "la Vascona", aparece casada con el califa al-Hahkam II. También es el tiempo de las luchas contra las huestes del "terrible" Almanzor -asimismo casado con una vascona- que se prolongan al reinado de García III el Tembloroso (994-1004). Este año entra a reinar Sancho III el Mayor (1004-1035) quien culmina el proceso integrador dando forma definitiva al reino de Pamplona. El Califato ha decaído, la reconquista se intensifica en todo el norte peninsular, y la frontera con los musulmanes del bajo Arga y del Aragón, ya en la Ribera, se estabiliza gracias a nuevas fortificaciones. Lo más notable del nuevo rey es la incorporación en 1025 de Sobrarbe y Ribagorza redondeando el viejo condado de Aragune y, sobre todo, su política de acercamiento con la Vasconia (Gascuña) y Barcelona sobre las cuales dice reinar.

Organiza o reorganiza como condados a Guipúzcoa -que aparece por primera vez en la documentación-, Vizcaya y Alava, cuyos condes firman sus escrituras a partir de 1025, 1033 y 1023. Aparecen también los vizcondados de Baztán, Laburdi, Arberoa y Soule (Zuberoa). Asesinado el infante don García de Castilla (1029) ejerce la tutoría Sancho el Mayor, gobernando el condado en nombre de su esposa doña Mayor, hermana del muerto. Su influencia y su poder fue tal que llegó incluso a actuar como pacificador del reino de León. También fue memorable la introducción de la reforma cluniacense en su reino. Como dice Campión, "los orígenes de esta acumulación de señoríos fueron diversos; de ellos, la herencia; de ellos, el cargo de tutor; de ellos, la investidura feudal; de ellos, la reconquista legítima; de ellos, también, la pura fuerza". Cada señorío goza su estatuto jurídico pero distingue amorosamente sus tierras patrimoniales, lo que es propiamente reino vascón. En 1035 se le intitula "Rex Dei gratia".

A su muerte, en ese año, su hijo primogénito, García, le sucede en el trono pero separando a Castilla, que ha de gobernar su hermano Fernando; a Aragón, como reino, para su otro hermano, el bastardo Ramiro; y Sobrarbe y Ribagorza, para Gonzalo. El Reino de Pamplona, desde ese momento, cubre un territorio que va desde las cercanías de Santillana excluida, hasta los límites roncaleses con Aragón, abarcando en su interior las tierras de Castilla Velula, Vizcaya, Duranguesado, Alava, Bureba, Rioja, Guipúzcoa y la Navarra cristiana, incluida la capital. Nacen los reinos de Castilla y de Aragón pero subordinados, en cierto modo, al de Pamplona. Esta situación no podía prosperar. Pronto se originan las desavenencias y se desatan las ambiciones entre ambos reyes segundones y el nuevo rey vascón García IV el de Nájera (1035-1076). Sin embargo, es León quien rompe la paz en 1037 dando lugar a una expedición vascona en auxilio de Castilla. Durante el choque militar muere Bermudo de León pasando la corona a doña Sancha, su hermana, esposa de don Fernando, rey de Castilla.

Ello da lugar a una unión poderosa de ambos reinos con todas sus consecuencias de ambiciones, a expensas del reino matriz vascón. García el de Nájera casó con doña Estefanía de Barcelona apretando la amistad y los vínculos con el condado catalán; conquistó Calahorra en 1045 y fundó el monasterio de Nájera en 1052. La Rioja pasa a ser parte principal del Reino, sede de reyes y señores, y tierra rica y feraz. La frontera de Montes de Oca, a pocos kilómetros de Burgos, se convierte en un peligro permanente debido a Fernando de Castilla y de León. El conflicto no tarda en estallar dando lugar a la batalla de Atapuerca donde muere el rey de Pamplona víctima de una emboscada traicionera. El proceso desintegrador del Reino ha comenzado. El nuevo rey Sancho el de Peñalén (1054-1076) se encuentra ya con una cuña abierta en la frontera castellano-vascona al caer en manos castellanas una pequeña comarca situada entre los pueblos de La Piedra y Ubierna.

En 1065 muere Fernando de Castilla y le sucede su hijo Sancho. Este hereda el talante agresor de su padre. Ahora coexisten tres reyes Sanchos, el de Aragón, el de Castilla y el de Pamplona. En 1072 muere el rey de Castilla y le sucede Alfonso VI. Entretanto en Aragón y en Castilla subsistía latente la idea de repartirse el reino de Pamplona. En esta situación ocurre lo inesperado para muchos y lo esperado para los conspiradores. Los infantes Ramón y Ermesenda asesinan al rey, su hermano, en una cacería en 1076. El rey castellano acude presuroso pregonándose vengador del crimen pero, en realidad, ocupando el occidente del Reino mientras Sancho I Ramírez de Aragón ocupa la zona oriental con Pamplona. La desmembración se ha consumado, sí, pero el aragonés se hace nombrar rey de Pamplona entretanto el castellano se anexiona la Rioja, Bureba, Alava, Guipúzcoa, Duranguesado y Vizcaya. Además, se constituye un Condado de Navarra: una comarca formada por Pamplona, Monjardín, Tafalla, Falces, Aibar, Leguín y Erro por la cual rinde García Ramírez vasallaje al rey Alfonso VI. El Reino, desmembrado, queda, sin embargo, en forma tal que pueda en su día continuar su marcha histórica propia.

(1076-1112?). La anexión del occidente del reino a Castilla iba a llevar aparejada la contribución de los vascos a todas las empresas castellanas. Por otra parte, la unión en la persona del rey de los reinos de Pamplona y Aragón, les lleva a los pamploneses a numerosas expediciones de reconquista desde una línea que va desde Arguedas hasta Sobrarbe. Esto en el terreno militar; en lo social se produce una verdadera revolución con la repoblación con francos dotados de estatuto especial, de ciudades hasta entonces arcaicamente artesanas, centro sólo de agricultura y ganadería. Florecen las peregrinaciones a Santiago. No bastaba que los poderosos señores castellanos y vizcaínos hubieran entregado la tierra al rey Alfonso VI.

Este, hábil e inteligente, desconfía de los conjurados y traidores, y es, por ese motivo que, sin descuidar sus andanzas militares por tierra de moros, tratará por todos los medios de comprometerlos en una intrincada red de enlaces matrimoniales, cruce de intereses y compromisos políticos. Los avances aragoneses por la cuenca del Cinca siguen adelante. En el largo frente se destacan la reconquista de Ayerbe (1083), Arguedas (1084), Estada (1087) y Monzón (1089). Dos direcciones se abren a los pamploneses y aragoneses, una hacia Lérida y otra, hacia Tortosa. En el cerco de Huesca (1094) muere el rey Sancho I Ramírez y le sucede su hijo Pedro I Sánchez (1094-1104) que prosigue el sitio hasta la caída de la ciudad en su poder. Entre 1096 y 1099 tiene lugar la gran cruzada a Tierra Santa a la que acuden los provenzales, pamploneses, gascones y aquitanos dirigidos por el infante Ramiro de Navarra. Los últimos actos notables del rey fueron la ofensiva hacia Tudela y la toma de Calasanz y Barbastro en el año 1100.

(siglo XII). El nuevo rey Alfonso I el Batallador, (1104-1134), casado con Urraca de Castilla, vio entorpecida su política por las desavenencias conyugales con la reina. Apenas había tomado a los musulmanes Valtierra (1110) y se dirigía hacia Tudela, cuando surge el conflicto entre ambos en 1111, que culmina con el divorcio hacia 1116. Detrás de todo se hallaba toda una conspiración castellano-leonesa. El rey de Pamplona y Aragón, percatado del peligro, prefirió encargar las tenencias y gobiernos de algunas de las principales fortalezas de sus reinos a caballeros pamploneses y aragoneses de total confianza. Hecho ésto encerró a la reina en el Castelar, sobre Zaragoza, una plaza fuerte fundada por su padre a las orillas del Ebro. A raíz de la ruptura y del divorcio se retuvieron Alava, Guipúzcoa, Vizcaya, Bureba, Rioja y Montes de Oca como integrantes del Reino de Pamplona y también Soria, Burgos, Castrojeriz y Carrión de los Condes, sin justo título, a no ser que las capitulaciones de la boda lo autorizaran en cierto modo.

El señor de Vizcaya Diego López siguió una política ambigua que oscila ahora entre doña Urraca y Alfonso I el Batallador, que domina en Grañón, Buradón, Haro, Alava, Vizcaya y Nájera. Termina Diego López al lado del Batallador, participando en la toma de Zaragoza (1118) con el concurso de gascones y aquitanos y de Tudela en 1119 que completa la reconquista de la Ribera navarra. En 1127 pacta Alfonso la llamada Paz de Támara con Alfonso VII Raimúndez, hijo de Urraca, en cuyo pacto se da valor jurídico a la restauración del reino vascón (ver recuadro al final del epígrafe). En 1130 intentó conquistar Bayona que consideraba parte de sus dominios patrimoniales. Son famosas las expediciones del Batallador a Levante y Andalucía, pero en medio de estas y otras andanzas militares, sobreviene el desastre de Fraga en 1134 abortando lo que era un paso para materializar ambiciones mayores. Allí le sobrevino la muerte. Dejaba en su testamento el Reino de Pamplona, tal como lo diseñara el Mayor, a las Ordenes Militares del Temple, Hospital y Santo Sepulcro de Jerusalén. Tan disparatada resolución no podía prosperar de ninguna manera.

Su sucesor, García V Ramírez el Restaurador, (1134-1150) restaura, efectivamente, la dinastía volviéndola a su línea directa. Le proclamaron rey los nobles del Reino y muy significativamente el conde Ladrón, señor de Alava, Guipúzcoa y Vizcaya. Inmediatamente tuvo el apoyo del obispo de Pamplona y el abad de Leire, los dos puntales de la iglesia pamplonesa. Los aragoneses, a su vez, nombraron rey suyo a Ramiro. Por el tratado de Vadoluengo de 1135 se fijaron los límites de ambos reinos. Se reunieron por parte de Aragón, Lexal y Ferriz de Osca (Huesca) y Pedro Atereza; y por parte de Pamplona el citado don Ladrón, Guillermo Azenariz y Semen Azenariz. García Ramírez se halla en difícil situación frente a Alfonso VII de Castilla y prefiere celebrar con él un tratado de paz (1135) rindiéndole vasallaje cuando aquél se titulaba ya Emperador. Lo grave del caso es que, mediante este pacto, las recién reincorporadas Bureba y Rioja, se enajenaban una vez más para formar parte del Reino de Castilla. Solamente Logroño y alguna plaza más se libraron de la cesión. A cambio de estas concesiones se prometía al navarro el "regnum Caesaraugustanum" o de Zaragoza, ajeno y extraño al Reino de Pamplona. Se lo da, pero en el arte del fraude, del engaño, era aquél peritísimo. Inopinadamente arrebata al navarro la Encomienda y se la entrega al rey de Aragón. El Reino de Pamplona se queda sin la Rioja y sin Zaragoza.

En 1136 ambos reyes, aragonés y castellano, se ponen de acuerdo para repartirse el reino vascón. En el tratado de Carrión de 1140 se insiste en el mismo reparto, pero ahora especificando los límites de la zona occidental y oriental con la diferencia de incluir para Castilla la tierra de Estella. Las cosas quedan como estaban gracias a tratados secretos y otras oportunidades.

  • Títulos documentales de García Ramírez

Don García Ramírez se tituló reinar tal como figura en los documentos expedidos por él y que hoy se conocen:

1135: "... rege in Pampilona, et in Alava, et in Vizcaia, et in Ipuzcoa et in Tutela"; 1135: ".... rex in Pampilona, et in Alava. et in Ipuzcoa, et in Bizcaia"; 1139: "...in Pampilona, et Tutela, et Logronio, et Alaua, et Puzchoa et omnibus montañis"; 1140: "... en Pampilona, en Alava, en Vizcaya y en Guipúzcoa"; 1143: "... in Pampilona, et in Alaba, et in Bizcaia, et in Ipuzcoa"; 1143:"... in Pampilona et Tutela et Logronio et in Ypuzcoa et Alava et in Omnibus montañis"; 1143: "... in Pampilona, et in Alaba, et in Bizcaia, el in Ipuzca"; 1146: "... in Pampilona, et in Alava, et in Bizcaia et in Puçca"; 1147: "... en Pamplona, en Alava, en Bizcaya y en Guipúzcoa"; 1147: "... en Pampilona, et in Alaua, et in Bizcaya et in Ypuzcoa"; 1147: "... in Pampilona, in Alaba, et in Bizcaya et in Ipuzca"; 1149: "... in Pampilona, in Alaba, in Bizcaia et in Ipuzcoa"; 1149: "... in Pampilona, et in Alaba, et in Bizcaia et in Puzca"; "... in Pampilona, et in Alaba, et in Bizcaya et in Ypuzcoa"; 1150: "... in Pampilona, et in tota Navarra, in Ipuzchoa et in Alaba". La relación de documentos, archivos y titularidades puede consultarse en Guipúzcoa en los albores de su historia, de Gonzalo Martínez Díez, San Sebastián, 1975; y en Nabarra y la unidad política vasca de Anacleto de Ortueta, Barcelona, 1931.

Así las cosas, muere el rey y le sucede Sancho el Sabio (1150-1194). A la muerte del rey de Castilla quedaba ésta en manos del nuevo rey Alfonso VIII, un menor bajo tutela y regencia de las familias Castro y Lara, que no se entendieron desde el primer momento. Complica la situación la unión de portugueses, leoneses y aragoneses frente a los castellanos. Por el mismo tiempo moría el intrigante Ramón Berenguer sucediéndole en Aragón Alfonso II el Casto, también menor de edad y bajo tutela. Los dos permanentes enemigos de Pamplona dejan ahora un respiro a Sancho el Sabio que halla la gran ocasión para recuperar las tierras usurpadas de Bureba y Rioja. Las operaciones comenzaron, previo tratado de paz con Aragón, en 1162 ocupando primeramente Logroño y luego, una tras otra, las diversas plazas riojanas excepto Nájera y Calahorra defendidas por el vizcaíno Lope Díaz de Haro y por el conde Gómez González respectivamente. Por otra parte, el arzobispo don Rodrigo dice que "el rey Alfonso tuvo guerra con su tío materno Sancho de Navarra, y le arrebató Logroño, Navarrete, Entrena, Grañón, Cerezo y Briviesca y casi todo hasta Burgos". Se recuperaban así, aunque a tramos, las tradicionales fronteras de Montes de Oca. Por occidente la frontera engloba a Vizcaya y Alava bajo el conde don Bela. Sancho el Sabio atiende preferentemente a los condados occidentales fundando o dando fueros a Laguardia (Alava) en 1164, a San Sebastián en 1180, a Durango, a Vitoria en 1181, a Antoñana y Bernedo en 1182, a Labraza en 1196 y a San Vicente en 1172. También había concedido fuero a Estella en 1164. En tiempos de este rey se dice por primera vez "Reino de Navarra".

(1127) Según la Chronica lmperatoris Alfonso el Batallador, rey de Pamplona y de Aragón, ofreció a Alfonso VII devolverle "omne tuum regnum, sicut fuit patrum tuorum", pero es la Crónica Pinatense, en vista del texto del pacto de Támara, desaparecido posteriormente, hace una glosa del mismo que se constituye en fuente:

"para que en adelante no surgiere ninguna disensión entre ambos reinos, se decidió qué tierra era Reino de Navarra, es decir, desde el río Ebro hasta cerca de la ciudad de Burgos, que el rey Sancho de Castilla había arrebatado con violencia a su pariente el rey Sancho de Navarra (Sancho de Peñalén), hijo del rey García Ramírez (García Sánchez el de Nájera). De lo cual se extendieron documentos entre ambos reyes y reinos de Castilla y Navarra y cada uno de ellos recibió cartas suas firmatas et bene vallatas. Entonces Alfonso de Aragón entregó toda la tierra de Castilla a Alfonso de Castilla, y en adelante no quiso que se le llamara emperador, sino rey de Aragón, Pamplona y Navarra".

"Et ne ulterius aliqua distentio oriretur inter ipsa regna, fuit facta decisio que terra erat de regno Nauarre, uidelicet de riuo Iberi usque circa ciuitatem de Burgos, quam uiolenter Sanctius rex Castelle eripuerat a posse Sancti Remiri. Et inde fuerunt facta instrumenta inter ipsos reges et regna Castelle et Nauarre, et uterque ipsorum recepit cartas suas firmatas et bene uallatas. Et Alfonsus de Aragonia tradidit absolute totam illam terram Castelle, que pro ipso tenebatur, Alfonso de Castella, et deinde noluit quod uocaretur Imperatur, nisi rex Aragonum, Pampilone et Nauarre."

(Crónica de San Juan de la Peña. Edic. Ubieto, Valencia, 1961, pp. 78-79.)

Moret:

"...ambos reyes se redujeron a lo que era razón y reconoció cada cual el derecho del otro: el de Aragón apartándose de la pretensión a los reinos de Castilla y de León... y el de Castilla, reconociendo la usurpación violenta y por hecho de armas de las tierras de Rioja, de Alava y Castilla la Vieja, propias de la corona de Pamplona y apartándose de la pretensión de ellas".

(Moret, Anales de Navarra, t. III, p. 224, edic. Tolosa.)

Lacarra:

"Naturalmente no todas las tierras que habían constituido el reino de Alfonso VI pasaron inmediatamente a poder de su nieto Alfonso VII. Parece que éste renunciaba a todas las adquisiciones hechas por Castilla a lo largo del siglo XI en la frontera de Navarra, restaurándose los viejos límites navarros según quedaron a la muerte de Sancho el Mayor, hasta cerca de la ciudad de Burgos".

(Lacarra, Historia de Navarra, III**, p. 320.)

Menéndez Pidal coincide con Lacarra al decir que el rey de León renunciaba a todas las adquisiciones hechas por Castilla a costa de Navarra, tanto por Alfonso VI (1076) como por Sancho el Fuerte (1067), restaurando los viejos límites navarros según quedaron a la muerte de Sancho el Mayor.

Pérdida de Vizcaya y adquisición de la Baja Navarra (1179-1196). Los Señores de Vizcaya practicaban en esas fechas una política fluctuante entre Castilla y Navarra. En 1175 Alfonso VIII se hallaba en el apogeo de su juventud y acometividad. Sucesivas y metódicas ocupaciones militares castellanas tuvieron lugar en 1163 (Rioja), en 1167 (Bureba), en 1175 (Encartaciones y Vizcaya) y en 1179 (al O. de Miranda). El tratado de 1179 entre ambos reyes, castellano y aragonés, es de paz perpetua declarando "traidor y alevoso mentiroso contra la fe pública, y perjuro" a quien lo violare. A pesar de ello, el pacto no era otra cosa que una plataforma para el golpe definitivo que se desarrolla bajo el reinado de Sancho el Fuerte (1194-1234). Todavía bajo Sancho el Sabio tiene lugar la tercera cruzada (1189-1192) a Tierra Santa en compañía de ingleses, francos y aquitanos. El Reino de Navarra no tiene fronteras con Francia porque se interponen Wasconia y Aquitania bajo el inglés Ricardo Corazón de León, casado con Berenguela, hermana de Sancho el Fuerte. Esta vinculación familiar suaviza la relación entre navarros e ingleses hasta el punto de que hacia 1196, o algo antes o más tarde, Ricardo cediera la soberanía de los valles de Baigorri, Arberoa y Osses, reconociendo, además, la navarra sobre Cize. La asimilación al reino de estas tierras da lugar a que la castellanía de San Juan Pie de Puerto extienda sus tentáculos político-administrativos a dichos valles y tierras desligándolos de Dax y de Tartas.

BEL

Perdida de Álava, Guipúzcoa y el Duranguesado (1200). Durante el reinado de Sancho el Fuerte el Reino de Pamplona, ya amputado con anterioridad, va a quedar reducido a la Navarra nuclear que hoy, poco más o menos, conocemos. La vieja aspiración de repartirse el reino vascón obsesionaba a castellanos y aragoneses que, reunidos en 1198, en Calatayud, acuerdan de nuevo el reparto a pesar del pacto de 1179 de "paz perpetua". Los dos reyes especifican al detalle la línea separatoria del reparto, de tal modo, que quedaban para Castilla desde Cintruénigo, Corella, Funes, Peralta, Falces, Miranda, Milagro, Larraga y Mendigorría incluidos, y como dice Lacarra, la línea seguiría por Artederreta a Noáin, Badostáin y Pamplona y, cruzando el Arga, por Valderro y Orreaga. El resto del Reino, hacia oriente, quedaría para Aragón. Pamplona quedaba mitad para uno y mitad para otro. En 1198 tiene lugar la invasión de Navarra por las fuerzas de ambos reyes, el castellano por Miranda de Ebro e Inzura, y el aragonés por Aibar y Burgui.

A pesar del pacto, el rey de Aragón desconfiaba de Alfonso VIII de Castilla y jugaba su baza proponiendo al navarro una tregua si le entregaba su hermana en matrimonio. Sancho el Fuerte accedió para que el aragonés se retirara del Reino. Así lo hizo terminando la campaña para julio del mismo año. Queda ahora Navarra frente a frente de Castilla que no renuncia nunca a sus viejas aspiraciones imperialistas. Si bien es verdad que Aragón se ha desligado de Castilla, también es verdad que Alfonso VIII prepara una campaña ofensiva para la invasión del reino vasco. Sancho el Fuerte, alarmado, viaja apresuradamente a Africa en busca de aliados poderosos, ya que la situación aquitana se halla confusa y revuelta. Al otro lado del Pirineo solamente podía confiar en Ricardo Corazón de León pero la suerte le es adversa y cruel. Ricardo es herido mortalmente en el sitio del castillo de Chaluz, en el Limoisin, muriendo inmediatamente. Nadie sabe lo ocurrido en Africa donde se retiene al Rey al encontrarse con que el Miramamolin había muerto y gobernaba su hermano Aben Jacub.

Entretanto, aprovechándose de las circunstancias, Alfonso VIII de Castilla invade Navarra en 1199 y cerca a Vitoria en 1200, después de haberse apoderado de algunas fortalezas menores. La ciudad se defendió heróicamente. El obispo don García viajó, junto con un caballero alavés, al territorio de los almohades para visitar a Sancho el Fuerte y pedirle autorización para el rendimiento de la ciudad ya en situación desesperada. Vuelto a Navarra el obispo, Vitoria se rinde siguiéndole el Duranguesado y la Guipúzcoa actual sin apenas resistencia. Así cayeron San Sebastián, Fuenterrabía, Feloaga, Zaitegui, Arluzea, Vitoria la Vieja, Marañón, Ausa y Ataun. Se resistieron Treviño y Portella que fueron intercambiadas una vez hecha la paz por Inzura y Miranda respectivamente. Guillermo Aneliers escribía poco después en su gran poema:

Car perdut as Bitoria, é Alava issament
Ipuzcoa, é Amesquoa ab lur pertenement,
E Fonterabia, é zo que si apent,
E San Sebastián, or es la mar balent.

Navarra perdía sus viejos condados y, además, su salida al mar. En pleno territorio vascón se crea, como ha señalado el profesor Orella (1985, Príncipe de Viana), una frontera artificial. Se ha sostenido que el Reino de Pamplona se caracterizó por "la yuxtaposición de varios territorios que mantienen su autonomía jurídica y política, con fueros y gobiernos peculiares". La realidad es que es un reino como los demás de la época y que las únicas noticias que han llegado de fuentes coetáneas son las de hallarse integrado por valles, condados y vizcondados sin noticia alguna de su organización interna y menos foral, pero teniendo clara la noción de frontera común a todo el reino. También se ha dicho, muy a posteriori, que la "unión" de Guipúzcoa a la Corona de Castilla fue "voluntaria y foral". El único testimonio histórico antiguo es el de Aneliers:

Quel rey Alfons que tu tens por leial perent,
y es intrat en Navarra ab gladi é ab foc ardent.
"Que el rey Alfonso que tienes por leal pariente,
Ha entrado en Navarra con espada y con fuego ardiente".

No contento con la ocupación ya reseñada, Alfonso VIII alegaba ahora que tenía derecho a la Wasconia ducal (Gascuña); que consideraba dote de su esposa Leonor, hija de los reyes de Inglaterra, dote que no se cita en ninguna crónica, sea inglesa, francesa o castellana. Era un puro pretexto. Las ambiciones pudieron más que los lazos familiares de las familias reales francesa, inglesa, castellana y navarra. En 1204 los castellanos invadían Laburdi desde Guipúzcoa en una campaña que duró hasta 1205. El arzobispo don Rodrigo dice que "después de haber puesto bajo su obediencia a toda Gascuña, excepto Burdeos, la Roele y Bayona, se retiró victorioso a Castilla". La ocupación no fue muy larga. Pronto abandonó toda pretensión al dominio de las tierras gasconas. El mismo año de la invasión, en 1204, Alfonso VIII, enfermo y en peligro de muerte, otorgaba testamento el día 8 de diciembre, en descargo de su conciencia ordenando devolver al Reino de Navarra las regiones usurpadas y a Diego López de Haro su señorío de Vizcaya. Dice que "si Dios le devuelve la salud, que restituirá al rey de Navarra todo lo que le ocupó desde Puerto Araniello a Fuente Rabia, el castillo de Bu radón, el de San Vicente de Toro, Marañón, Alcázar, Santa Cruz de Campezu, la villa de Antoñana, la de Atauri y Portilla de Cortes, pues sabía que todo pertenecía al rey de Navarra".

Alfonso recobró la salud y no devolvió nada. Sancho el Fuerte, amargado, todavía tuvo entereza de ánimo para ceder a las presiones de la Iglesia y concurrir a la batalla de las Navas de Tolosa (1212) salvando a su enemigo de un grave descalabro gracias a su intervención que fue decisiva. En 1214 moría Alfonso VIII de Castilla. Por otra parte, el hijo de la hermana de don Sancho, Teobaldo de Champaña, aspiraba a suceder al rey en el trono de Navarra ya que éste, con sus setenta y ocho años, padecía de cáncer y se hallaba lleno de achaques. En 1225 Teobaldo viaja a Navarra y trata en vano de atraerse a los nobles. Sancho el Fuerte, en vista de ello dirigió su mirada hacia Jaime I de Aragón. Viudo y sin hijos, viejo y enfermo, pensaba en un joven como Jaime, emprendedor y activo. Pensó en prohijarlo y trató con él del asunto. Buscaba un medio para que el Reino no pasara a la Corona de Castilla ni a la de Francia.

En un consejo de guerra navarro-aragonés se trató de invadir Castilla para la recuperación del occidente del Reino pero todo quedó en palabras. Ambos monarcas, Sancho el Fuerte y Jaime I veían las cosas desde distinta óptica y en razón de la edad y nacionalidad de cada uno. Todo quedó en nada. En 1234 moría el rey de Navarra. Casi cinco siglos después de los hechos, los cronistas guipuzcoanos Martínez de Zaldivia (hacia 1560) y Garibay (1571) justifican, desde la óptica del s. XVI, la no resistencia de Guipúzcoa "por desafueros que según por tradición se conserva entre las gentes hasta hoy (?)...", versión que, desde ese momento, será la, oficial de la historiografía castellanista. A nuestro entender se trata de una teorización erudita y retórica de unas bases pactistas que justificaran el especial status de Guipúzcoa (sistema de fueros) dentro de la Monarquía absolutista argumento típicamente cantabrista. Las hermandades de frontera creadas en los siglos posteriores a la conquista ponen de manifiesto, como lo asevera Orella Unzué (Príncipe de Viana, 1985) la artificiosidad de la nueva frontera creada y la incidencia del problema de los bandos sobre esta situación (los Guebara son gamboínos y pronavarros y los Rojas oñacinos y castellanistas).

La unidad política del Reino de Pamplona lleva en su entraña el respeto a las libertades de las distintas tierras integradas regidas por condes y señores bajo la autoridad jerárquica del Rey navarro. Así como en el Reino de León se producen hechos secesionistas desde muy temprano (reyes de Asturias), en el Reino de Pamplona no se conoce uno solo ni a título de excepción que haya sido propiciado desde el interior. Las fronteras con moros y reinos cristianos se hallan guarnecidas por plazas militares guardadas por "seniores" de la total confianza del Rey. Ciertas tierras y comarcas viven políticamente bajo la forma de condados. El contraste leonés-vascón es manifiesto. Aparte de todo ello es de señalar que el Reino de Pamplona no es otra cosa que la encrucijada de lo europeo y de lo peninsular. Es un istmo, no solamente en su acepción geográfica, sino hasta en la política. Pero la unidad nacional del reino vasco se mantiene contra el afán de castellanos y aragoneses de repartírselo. Y a pesar de ser nuestro Reino más reducido espacialmente, más pobre económicamente pero situado estratégicamente, logra mantener su unidad política en la forma que sigue:

  • Bureba integra el Reino de Pamplona durante sólo 54 años consecutivos entre 1004 y 1058 y 25 años entre 1112 y 1137, con un total de 81 años.
  • Rioja integra el Reino de Pamplona aproximadamente desde 916 a 1076 o sea 160 años consecutivos más otros lapsos de 1112 a 1137, o sea, 25 años, y de 1162 a I 177, quince años, con un total de 180 años.
  • Álava integra el Reino de Pamplona desde 931 a 1076, que hace 145 años consecutivos y de 1112 a 1200, o sea 88 años, con un total de 233 años.
  • Vizcaya integra el Reino de Pamplona desde 931 a 1076 que hace 145 años y desde 1112 a 1175, o sea 63 años, con un total de 208 años.
  • Guipúzcoa integra el Reino de Pamplona de 870 a 1076, que hace 206 años y desde 1112 a 1200, o sea 63 años, con un total de 269 años.
  • Duranguesado integra el Reino de Pamplona desde 931 a 1076 que hace 145 años y desde 1112 a 1200, 63 años, con un total de 208 años.
  • Lapurdi y parte de la Baja Navarra integran el Reino de Pamplona durante los primeros años del reinado de Sancho el Mayor pero la Baja Navarra se integra toda ella y permanece en el Reino hasta 1530 o sea un total de 330 años.
  • Zuberoa comparte la soberanía del Rey de Pamplona y del Duque de Gascuña.

La riqueza pública de Navarra era la agricultura y los productos naturales. Como señala Campión (1927), se cosechaba mucho vino y trigo, y menor cantidad de avena, cebada, mijo, habas, alubias, aceite, hortalizas, etc. La abundante madera de los numerosos bosques se utilizaban para el consumo diario, local y algún tráfico. A pesar de ser Navarra "nemorosa", según la califica la Guía de los peregrinos, en algunos lugares del Reino, cuando se redactó el Fuero general comenzaba a escasear la leña. Aparte las ferrerías, apenas era conocido el trabajo industrial, salvo el laboreo de las salinas y canteras. El comercio, domiciliado en las villas, extendía su radio mediante las ferias y mercados. Lo común era que los pueblos y los valles cubriesen sus parcas necesidades con el trabajo doméstico, tanto en orden al vestido cuanto a los aperos de la labranza y el ajuar de la casa. La ganadería -incluida la transhumante a las tierras del sur recién reconquistadas (Bárdenas) o a los llanos aquitanos- revistió importancia suma en manos de sus principales explotadores: los Reyes, los monasterios y la Nobleza. El ejercicio de un arte manual con ánimo de lucro, vendiendo el producto a otros apenas es conocido; le encontramos en las villas y pueblos grandes, sobre todo en los que habitan francos o se conquistaron a los musulmanes.

  • Oficios

Ordinariamente los oficios estaban agrupados en calles y barrios como aún lo proclaman los nombres de algunos de ellos. El Rey cobraba en Tudela pecha o impuesto por las tiendas en Anayares ferreros zapateros, esparteros, albarderos, alfagemos (alfageme, alfagem=barbero, curandero), alcorqueros (de alcorque=chanclo con suela de corcho), tejedores.

  • El numerario

El metal amonedado era escaso. La moneda disfrutaba, pues, como observa Campión de gran poder adquisitivo, según lo demuestra el precio de las cosas. Los emolumentos, gajes y sueldos de los diversos oficios civiles y militares se pagaban en metálico y en especie (trigo, avena, cebada, vino, etc.), porque era escaso el dinero; el trueque era la forma ordinaria de las compraventas menudas y diarias.

Navarra medieval es una tierra estructurada básicamente sobre una red de linajes que, en la baja Edad Media, dará pie a las guerras de bandos que tan determinante papel jugaron en el ocaso y muerte de la Monarquía. Pero la Reconquista y la posesión de la tierra interfieren ya en este primer entramado conformando una estratificación social en la que la posesión de la tierra y de los honores son además los datos esenciales. Inmediatamente por debajo del Monarca se halla la Nobleza y el gran Clero; luego seguía la cohorte de hombres libres, también hidalgos, y, sosteniendo la pirámide social, los pecheros.

  • Alta Nobleza

Son los seniores, dominatores, princeps, barones, y/o ricoshombres. Los seniores poseen el dominio de un pueblo fortificado colocado en alguna posición estratégica del Reino. La definición del ricohombre en el Fuero es explícita:

"Richombre o ynfanzon cabayllero poderoso, oviendo creaturas fillos et fillas, caveros, vassayllos et escuderos qui prenden (reciben) sua soldada, o su bien et manzebos soldados, claveros et iuveros (el que labra tierras con bueyes) vaqueros et pastores et porqueros e muitos otros soldadados (asalariados) et creando parientes prosmanos (próximos), dandolis a comer et vestir lo que han menester et otros estranios muytos entran et saillen, comiendo en su casa et vassayllos de carneros o de cevada o de dineros por lo que defiende en el mercado o en otro logar".

Eran casi pares al Rey, guerreros beneficiarios de tierras conquistadas, libres de tributos ordinarios y sólo obligados, en lo militar, hacia la persona del Monarca. El Fuero los Llama "ricos ombres naturales del Regno" ("F. G.", p. 7 libro I, título I, capítulo I), "richos ombres" de una tierra o comarca (p. 8, libro I, tít. I, cap. III) "ombres de linage de su tierra" (Idem). En los primeros tiempos de la Monarquía les pertenece, tanto como al Rey, el poder, componiendo los ricoshombres más preeminentes la Corte primitiva y el máximo tribunal de deliberaciones. Su importancia es tanta que en ella hemos de vislumbrar algunos hechos decisivos como la separación de Vizcaya y los vaivenes de Guipúzcoa, Alava y tierras de Ultrapuertos en torno a la corona de Pamplona. Más adelante este estamento se ve incrementado con los señoríos jurisdiccionales creados por los Evreux en detrimento del realengo y en beneficio, por lo general, de sus bastardos: el condado de Lerín, el condado de Cortes, el principado de Viana, el vizcondado de Valderro, etc. Tanto ésta como la pequeña y media nobleza constituían el Brazo Noble o Militar en las Cortes. Su poder, asentado en las torres y fortalezas que jalonaron todo el Reino, experimentó un gran quebranto cuando Cisneros arrasó las fortificaciones y Navarra entró en la órbita de la Monarquía absoluta. Emparentada en Castilla y Aragón, su interés por el Reino parece escaso.

  • Pequeña nobleza y los ruanos

Constituye la cohorte de hombres libres agrupados en varios escalones jerárquicos: caballeros, escuderos, solariegos, hijos-dalgo o hidalgos, gentileshombres e infanzones de sangre o de carta. Suelen ser miembros de algún linaje conocido y poseen casa propia o tomada a censo (feudo). Los hay rurales pero también aquéllos que habitan el medio urbano sirviendo de soldados al Rey, de merino o de comitiva del merino, etc. Estaban exentos de tributo pero solían pagar una ayuda extraordinaria al Rey. Estaban exentos de obligaciones serviles tales como las corveas o el alojamiento de soldados. Disfrutan de honores y sus casas son inmunes. Los "infanzones" tenían facultad para poseer castillos y fortalezas; pero el mismo "Fuero General" (p. 17, libro I, título III, capítulo II) limitaba la construcción de edificios de esta clase con muros, barbacanas y palenques, si la villa era cerrada y de señorío de otros infanzones, de suerte que había que tener facultad real o permiso del señor. Sus bienes se transmitían a otros nobles. Podían tener vasallos ya que "todo infanzón que tiene una heredad libre y que con esta heredad, quiera hacer villanos o pecheros, coillazos (es decir, dar renta o porción de frutos), habrá sobre sus collazos y sobre sus villanos el mismo derecho que el rey y los grandes señores tienen sobre los suyos".

El infanzón de carta es cada vez más numeroso y algunos valles obtienen la infanzonía de forma colectiva (Baztán, Roncal, etc.). Los infanzones que viven en las villas se acabarán fundiendo con los francos, libres también. Su nombre genérico es ruano y están sujetos al Fuero municipal y a lo que acuerden los Fueros generales. Los jornaleros o aixaderos formaron, a su vez, el proletariado en estas villas. En los últimos años del siglo XII los infanzones comienzan a coaligarse en lo que será la Junta de Obanos, futuro semillero de las Cortes estamentales a las que acceden dentro del Brazo Noble. La Corona utilizó el recurso financiero de ampliar la hidalguía haciéndola colectiva -Tudela en 1117, Baztán en el 1212, Roncal, siglo XII-XIII, etc.- aunque también donó los tributos y la jurisdicción de lugares libres que cayeron así en el ámbito señorial creándose en Navarra unos contrastes sociales profundos inexistentes en otras tierras vascas, en especial, en las cantábricas. Integradas en el Brazo noble o en el de las buenas villas o Universidades llegarían a ser con el tiempo, en la Edad Moderna, la columna vertebral de las Cortes y, de esta forma, del Reino. La compra de palacios y de derechos acrecentó este estamento de forma muy considerable. Caro Baroja advierte lo curioso y significativo que es ver cómo los apelativos nobiliarios, que aparecen una y otra vez en los textos jurídicos y legales, escritos en latín más o menos corrupto o en romance, apenas tienen expresión en vasco, salvo una voz que parece equivaler a hidalgo; Azkue (Diccionario..., I, p. 20), recoge la palabra aitonen seme o aitorren seme que podría relacionarse con ellas. (Véase sobre ella el artículo de Michelena, Aitonen, aitorem seme noble hidalgo, en "Boletín de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País" XXIV, I (1968), pp. 318).

En cambio, -prosigue Caro- "se usará de una manera amplia, de la voz equivalente a la de "señor" = jaun, de suerte que incluso cada cabeza de familia será señor de su casa (etxeko jauna): y también se dará el uso de la palabra equivalente a caballero, es decir, zalduna. Castillos y torres señoriales se nombran, en cambio, con palabras de origen románico: gaztelu (de "castellum") refleja un trato muy viejo de la "elle"; dorre dorre-a proviene de "turris", o su acusativo. De modo más genérico se hablará de la "mansión del señor" = jauregi, jauregia, siendo abundante el uso toponímico de estos vocablos".

  • Los prelados

Constituyen el Brazo eclesiástico en determinados momentos los obispos de Nájera, Bayona, Dax, Tarazona y Pamplona, además de los abades de Iratxe, la Oliva, Leire, Iranzu, Urdax, Fitero, Roncesvalles.

  • Los pecheros

Llamados también villanos o agreros, collazos y mezquinos, estaban sujetos a la pecha (tributo) señorial y a diversas prestaciones personales y corveas, pese a que no prestaban homenaje a sus señores laicos o abades, lo que los hubiera convertido en siervos. Estos labradores pecheros no gozaban de las ventajas del "status" de vecindad de las villas y de los valles, no tenían derecho a ser representados en las Cortes ni podían vender su haberes libremente, ya que la pecha y prestaciones se transmitían al adquisidor ya fuera pechero, franco o hidalgo. En el orden judicial estaban sometidos a los tribunales señoriales -Corte señorial- que administraban la baja, media y hasta alta justicia. Por lo demás, son bienes transmisibles junto con la tierra en caso de venta de ésta, son donatos o transmitidos como un bien cualquiera. Con el paso del tiempo la calidad social, semiservil, va siendo sustituida por una calidad más personal y meramente económica: el hombre y la familia que paga pecha. A fines de la Edad Media collazo y aparcero son casi sinónimos.

Sobre el destino cruel y oprobioso de este estamento cabe señalar que el euskara ha utilizado la voz petzero con el significado de "esclavo": Eniz horien petzero jarri nahi = "no quiero estar bajo la esclavitud de esos". Los villanos o pecheros estaban divididos en el Fuero General en tres clases en razón a su deber tributario: 1.º Los del Rey o reallenco. 2.º Los de los monasterios o de orden. 3.º Villanos de solariegos (F. G. tít. V. lib. III). Esta condición duró de lege hasta el siglo XIX pero fue impugnada y soslayada, a veces con éxito, ya desde los siglos XVII y XVIII. La adquisición de una vecindad forana fue una de las vías que permitió a los villanos ascender socialmente. A finales del Antiguo Régimen existían más pecheros en la Montaña que en la Ribera (José Alonso, 1848). Pechero y simple morador (casero o habitante sin derechos concejiles) se confundían de hecho.

  • Esclavos

Sólo parecen haber existido durante la Edad media y haber sido de extracción musulmana o judía.

  • Agotes

Es una minoría cristiana y blanca a la que los textos forales denominan "gafos" o "leprosos". Existieron en varios pueblos de Navarra, principalmente en Bozate (Arizkun), aunque también en otras localidades vascas. Estaban exentos del derecho de vecindad y sus actividades estaban vigiladas y limitadas. Protestaron hasta en Roma (1514) y consiguieron que las Cortes de Navarra borraran oficialmente todo el estigma que pesaba sobre ellos concediéndoles los derechos que disfrutaban los restantes habitantes de cada localidad (1817-1818, ley LXIX). Todavía en este siglo persistía, sin embargo, la condena social sobre el que contraía matrimonio con algún agote como atestigua Leoncio Urabayan en su Barrio Maldito reeditado recientemente por Auñamendi. A principios de este s. había algún pueblo como Oiz de Santesteban en el que una familia a la que se motejaba de "agote", respondía a ésto llamando "oiztar pechero" al que se lo decía.

  • Judíos, francos y musulmanes

Constituyen las minorías étnicas interiores del Reino pero con gran diferencia entre ellas. Entre los judíos y entre los moros los hubo adinerados y pobres, pese a lo cual la discriminación, en especial desde la incorporación de Navarra a Castilla, se cebó en todos. Tenían pese a todo un estatuto especial que les garantizó cierta equidad y una autoadministración apreciable. En lo tocante a los francos -minoría de tipo francés u occitano-, el trato que recibieron por parte de los Reyes fue preferencial siéndoles concedidos estatutos especiales que les beneficiaban. Su actividad comercial les hizo enriquecerse y equipararse en algunos aspectos a la nobleza y a la gran burguesía con las que se asimiló. Para ampliar este historial, ver Musulman, Guía del peregrino Picaud se debió a inspiración "franca": a ella se debería también según Caro Baroja la eliminación de la memoria de lo vascones en ciertos relatos del ciclo carolingio y el recuerdo de victorias, más o menos legendarias, de los francos sobre los navarros mismos, en que aparece el castillo de Monjardín como objeto de la lucha. Los francos sé afincaron también en el norte del Reino: en 1264 se conceden fueros propios a los "francos" de Lanz, y en 1397 a los del valle de Larraun. En estos fueros se procuraba borrar las diferencias entre los "francos" y sus descendientes y los hidalgos del país y los suyos; se establece que todos sean de una condición y que no nombren jurados ni tengan oficios separados. Y hay que advertir que se con firmó en 1439 y aun en 1729. Probablemente este proceso de unificación se extendió desde la Montaña hacia el sur.

Sucesión al trono: Teobaldo I (1234-1253) y Teobaldo II (1253-1270). A partir de 1234 Navarra mirará más al norte que al sur. El prohijamiento de Jaime I de Aragón había quedado en nada a la muerte de don Sancho. Esta sobreviene y ambos reinos, Aragón y Castilla, se preparan para intervenir en Navarra siguiendo la política de anterior desmembramiento. Jaime se apresura y ocupa inmediatamente los castillos de Gallur, Esco, Zalatambor y Trasmoz cedidos a don Sancho en 1232. Los navarros habían ya llamado a Teobaldo, que juró mantener los fueros del Reino, para que se hiciera cargo del poder siguiendo la línea de la legitimidad. Una vez en Navarra inicia los pactos con Castilla, Aragón e Inglaterra para asegurar las respectivas fronteras castellana, aragonesa y gascona. El escollo es, sin embargo, Castilla, siempre atenta a sus viejas pretensiones sobre el reino.

Teobaldo llega a pactar con Fernando III el casamiento de su hija Blanca con el príncipe heredero Alfonso, pero reclamando, simultáneamente, la devolución de las tierras occidentales, y en especial Alava, y Guipúzcoa. Como asegura Lacarra la necesaria recuperación de Alava y Guipúzcoa estaba viva en la conciencia navarra. Una vez afianzado en el trono, Teobaldo I se olvidó del proyectado matrimonio. El nuevo rey se dispuso a gobernar a los navarros pero tropezaba con el desconocimiento de la lengua y tradiciones sociales del país. Los navarros conciben la autoridad real sujeta a los fueros consuetudinarios en tanto el rey, aunque procuró atraer a los nobles, tropezó enseguida con su enemiga y con la unión de nobles, eclesiásticos y buenas villas frente al pleno poder real, calco del ejercido en Champaña. Como resultado de estas discrepancias se recopiló por escrito el Fuero General del Reino en 1238 ya que Teobaldo, que había jurado gobernar con arreglo a Fuero, gobernaba de hecho como lo hacía en Champaña, de forma regalista, antinobiliaria, rodeado de champaneses, no de ricos hombres navarros.

A todo esto el país, los campesinos, eran víctimas de las fechorías de malhechores y hombres de linaje. Como reacción defensiva los infanzones formaron Juntas; una ya existía en tiempos de Sancho el Fuerte compuesta por infanzanes, labradores e incluso eclesiásticos de baja condición pata defenderse contra poderosos y malhechores comunes y ;al mando de un buruzagi o mayoral salva "la fe de la seynoris". Semejaba a las restantes Hermandades vascas y se reunía "allí do mester lis facía en sostener lur dreyto". Cada sobre juntero representaba a una comarca aunque la Junta era una. La nueva Junta persiguió ferozmente a los malhechores extendiéndose a varias comarcas de Navarra como Miluze, la Ribera, Iratxe, Obanos y Artega. Durante el reinado de Teobaldo I la Junta se congregaba en Obanos. Esa es la junta contra la cual el Rey, celoso de sus prerrogativas, "ganó letras de Roma por escomengarlos". Pese a la excomunión la junta perduró durante los siguientes reinados, caracterizándose por poner coto a los desmanes de los ricos-hombres e Iglesia.

El obispo Ximénez de Gazólaz, celoso de su autoridad episcopal, puso en entredicho al reino y excomulgó a Teobaldo. Este, joven, poeta, músico, pacífico y jovial, concebía la vida de distinta forma. Participa en las Cruzadas antialbigenses y a Tierra Santa en 1239-1240, con lo que consiguió que los pontífices, como dice Campión, intervinieran a favor del Rey en los negocios interiores de Navarra. Solamente catorce años de edad contaba Teobaldo II cuando entró a reinar en Navarra (1253-1270) bajo la regencia de madama Margarita de Borbón, su madre. El nuevo monarca, consciente de la fuerza de los juramentados, adopta una nueva fórmula de juramento de reinar conforme a fuero manteniendo en sus leyes y franquezas "a todo el pueblo de Navarra" y a no desaforarlos en toda su vida. En las Juntas o Cortes de 1253 hay una representación popular.

El casamiento con Isabel, hija de San Luis rey de Francia, en 1255, le emparenta con un monarca formado y ambientado en los medios europeos. Este refuerzo azuza el enfrentamiento de Teobaldo II con los infanzones de su reino, Llegando a recusar, merced a una bula papal, el juramento prestado (1257). La ceremonia foral de "alzar rey" va a preceder en adelante a la de ser ungido y coronado por concesión papal. Durante sus viajes a Champaña dejaba nombrado un senescal con amplias facultades. Por otro lado, siempre requerían exquisito cuidado las relaciones con Aragón y Castilla, complicadas y peligrosas. Todavía Castilla ansiaba hacerse con Gascuña y con ciertos castillos y plazas de la frontera navarro-gascona. Aragón se mostraba propicio a defender a Navarra. Uno a uno fueron salvándose los escollos llegando al año 1256, año en que Teobaldo II pacta con el rey de Castilla. Ambos reyes, Alfonso el Sabio y Teobaldo, se reúnen en Vitoria el 1 de enero de 1256. El castellano le devuelve las villas de San Sebastián y Fuenterrabia, mientras viviera, con todas sus rentas de mar y tierra. Pero Teobaldo, en contrapartida, le presta homenaje tornándose en su vasallo como Emperador. Ambas plazas se convertían en el puerto del Reino.

Otro hecho importante es la concordia con el obispo de Pamplona y el Papa: Teobaldo II, don Tibalt, vivió más en Champaña y Francia que en Navarra, a donde acudía cuando graves cuestiones, como las de las Juntas, requerían su presencia. El senescal las reprimió duramente apoyándose en Urbano IV. La principal, la de Obanos, se hacía cada día más independiente, reuniéndose contra la voluntad del rey y nombrando sus cabos sin la confirmación regia. Teobaldo II tomó parte en la Cruzada a Túnez junto con su suegro el rey San Luis de Francia. Este murió en la cruzada y Teobaldo en Trápani en 1270.

Gobernada desde Francia: de Enrique I a Carlos "El Calvo". Teobaldo II moría sin sucesión directa y es por ese motivo que la Corona debería recaer en su hermano Enrique y de ahí la importancia de su boda para los destinos de Navarra. Jugaban su baza Aragón, Castilla, Francia e Inglaterra. Por fin casó Enrique con Blanca, sobrina del difunto rey San Luis de Francia. La baza francesa triunfaba. El nuevo rey Enrique I (1270-1274), lo mismo que los anteriores, debería atender sus estados de Navarra y Champaña prodigando sus viajes, de uno al otro. La investidura real tuvo lugar el 1 de marzo de 1271 y acto seguido los juramentos de rigor a las distintas villas del reino, visitadas una a una hasta su vuelta a Francia en abril del mismo año. Enrique tuvo dos hijos, Teobaldo y Juana. Muerto en accidente el infantito, la Corona recaería en Juana. La muerte prematura del Rey planteaba la más grave crisis sucesoria. Doña Blanca de Artois, su esposa, comienza su regencia cuando Juana I (1274-1305) tenía solamente año y medio de edad.

El reino se hallaba dividido: una facción encabezada por Sanchez de Monteagudo, pro-aragonesa, y otra, por García Almoravid y el Obispo de Pamplona pro-castellana. Pronto los castellanos invaden el territorio por Viana y Mendabia. Simultáneamente los habitantes de la Navarrería atacan a los Burgos incitados por Almoravid y el cabildo. El nuevo gobernador de Navarra, Beaumarchais, se refugia en los burgos y pide ayuda al rey Felipe de Francia, esposo de Juana. Los castellanos han llegado a las proximidades de Pamplona. Los de la Navarrería, abandonados por Almoravid, que huye, e indefensos, sufren la entrada a saco de los franceses que destruyen la ciudad, matan, violan mujeres e incendian la población. Es el año 1276. Juana I y Felipe (IV de Francia), descabezada la rebelión eclesiástica, gobiernan desde París por medio de gobernadores y otros funcionarios franceses. Con motivo de la guerra franco-aragonesa los navarros habían tomado las plazas de Lerda, Ul, Filera y Salvatierra en 1283. Jaime II de Aragón esperanzó a Juana I con la recuperación de la Rioja, Bureba, Alava y Guipúzcoa si prestaba ayuda al infante de la Cerda don Alfonso. Por su parte le pedía la devolución de las plazas aragonesas que, en efecto, le fueron devueltas sin más consecuencias. La política francesa es absorbente y centralista, lo cual provoca las alianzas y asambleas de los navarros que culminan celebrándose Cortes en Pamplona en 1298 y en Estella en 1299.

El lema de la liga de los Infanzones de Obanos, "Pro libertate patria gens libera state", "Por la libertad patria la gente sea libre" simboliza los anhelos de la nobleza media y las villas -Estella, Pamplona, Tudela, Sangüesa, Olite, Viana, Ronces valles, etc.- navarras aunque las poblaciones de francos no se manifestaban tan opuestas. Luis el Hutin, (1305-1316), el "Terco", "el Testarudo", visita el país brevemente y se reintegra a sus estados de Francia. Se coronó rey en 1307. Las villas navarras siguen coaligándose en la Junta de Obanos. Durante su ausencia los aragoneses ponen cerco a Pitilla, en Aragón, en 1308. Los navarros vencen a los aragoneses en Filera pero éstos, a su vez, hacen una correría por Aibar, Olite y Tafalla hasta caer en una emboscada con su correspondiente derrota. Durante el reinado de Luis el Hutín hay que señalar que Oger de Mauleón, cede al rey el castillo de ese nombre y el vizcondado de Soule (Zuberoa) a cambio del señorío de Rada y las villas de Mélida, Berbinzana, Abaiz, y otros lugares. La galificación se intensifica removiéndose de sus cargos a los navarros y sustituyéndolos por funcionarios franceses. Apresaron, además, a don Fortún Almoravid y a Martín Ximénez de Aibar encarcelándolos en Tolosa aquitana.

La represión llegó a la supresión de la orden de los Templarios y a la persecución de las Juntas que se reunían clandestinamente en Obanos. Muerto el rey le sucede su hija Juana, excluida de la Corona de Francia por la ley sálica y de hecho de la de Navarra. Contra todo fuero se instituyó una regencia para ambos reinos a favor de Felipe el Luengo, hermano de Luis el Hutin. En este estado de cosas la reina tuvo un nuevo hijo, Juan el Póstumo, que vivió solamente unos días. El regente Felipe se proclamó rey, reinando de hecho desde 1316 a 1322. Los navarros recibieron con desagrado esta decisión, tardando dos años en designar los mandaderos que deberían prestarle juramento de fidelidad. Este juramento tuvo por fin lugar en París a donde acudió una representación de las Cortes en las que parece haberse integrado la Junta de Obanos; en él se citaba ya expresamente a los tres Estados del Reino. Muerto el rey en 1322 y, como solamente dejara hijas, volvía a plantearse el pleito sucesorio. De nuevo se da el hecho de fuerza sucediéndole su hermano Carlos I el Calvo (1322-1328) contra la voluntad de los navarros que solamente reconocían como legítima a la reina Juana II. El nuevo rey requirió a los navarros que enviaran procuradores a Tolosa para que le prestaran el correspondiente juramento. No lo hicieron, se le soportó pero no se le reconoció como tal rey. Ninguno de los dos reyes hicieron acto de presencia en Navarra. El único hecho de armas tuvo lugar en 1321 en la frontera con Guipúzcoa contra los oñacinos y malhechores de la frontera en el desfiladero de Beotibar donde fueron sorprendidos y derrotados los navarros.

En 1317 casó doña Juana con Felipe, Conde de Evreux, de la casa real francesa. A la muerte de Carlos el Calvo se juntaron Cortes en Puente la Reina (marzo de 1328) "para salvar los derechos del heredero del Reino" y en Pamplona (mayo del mismo año). Las Cortes, desoyendo las pretensiones del rey de Francia, nombraron reina a Juana II y regentes a don Juan de Corbarán de Lehet y a don Juan Martínez de Medrano que deberían integrar un Consejo de Regencia. Tras muchos reclamos y pretensiones de unos y de otros, el rey de Francia llegó a un acuerdo con Felipe de Evreux a cambio del reconocimiento de su esposa como reina de Navarra. Las Cortes de Larrasoaña (1329) dispusieron los artículos de la jura de la nueva reina según los usos y costumbres forales del Reino. Se establecía que si la reina falleciese, al cumplir el primer hijo varón la edad de 21 años, asumiría la Corona, dejando de gobernar su viudo don Felipe, rey consorte.

Este protestó pero prevalecieron los acuerdos de las Cortes. En 1329 fueron coronados los reyes doña Juana II y don Felipe de Evreux. Al año siguiente se produjo un hecho memorable que reafirmaba las libertades forales de Navarra: la promulgación del "Amejoramiento del Fuero General" "con conseilo otorgamiento y voluntad de nuestros prelados ricoshombres infanzones homes de buenas villas é del otro pueblo de Navarra". Se había procedido de inmediato a la renovación de cargos colocando en ellos a personas de toda confianza. De la teledirección francesa se pasaba a un período de leal gobierno, hasta tal punto, que el rey Felipe mereció el sobrenombre de "el Noble". Rey y reina vivían preferentemente en Francia. Es de lamentar que entre 1321 y 1328 tuvieran lugar algunas matanzas de judíos semejantes a las de Francia. También es de señalar alguna guerra con Castilla por la posesión de los monasterios de Fitero y el Castillo de Tudejen. En 1343 fallecía el rey en la Cruzada de Algeciras. Juana II gobernó sola hasta su muerte en 1349. Lo hizo desde Francia y tuvo la habilidad de restaurar las buenas relaciones entre la Corona y la Mitra con la mediación del papa Clemente VI. Le sucedió en el trono su hijo Carlos II el Malo (1349-1387).

El apeo de 1366 utilizado por Yanguas en su Diccionario da una idea bastante completa de la forma en que estaba distribuida la población del reino en la Baja Edad Media, aunque no hay que perder de vista que el s. XIV fue excepcional: el de las grandes pestes y mortandades. Según Yanguas, en 1366 las cuatro merindades de aquende los puertos (descontando algunas poblaciones, como Olite, que no aparecen) tenían aproximadamente 61.315 personas. Sorprende la diferencia en la distribución por merindad.

  1. Estella, 5.095 fuegos.
  2. Pamplona y la Montaña, 2.597.
  3. Tudela 2.433.
  4. Sangüesa, 2.138.

Si se considera, además, que Tudela es la ciudad más poblada, con 1.026 fuegos, que le sigue Pamplona con 968, que Estella va en tercer lugar, con 829 y Sangüesa en cuarto, con 472, Caro Baroja (1971) sienta la consecuencia de que los territorios rurales estaban muy poco poblados y también que, en el sur, como hoy, la población estaba asentada en concentraciones mayores que en el norte. El "ager" había dado lugar, desde antiguo, a núcleos urbanos, que seguían con vida. El "saltus" se poblaba siempre más lenta y precariamente. Destaca en tierras meridionales hasta trece poblaciones con más de cien fuegos y entre ellas tres con más de 200, en el orden que sigue:

  1. Falces, 297;
  2. Viana, 265 (pero con las aldeas);
  3. Lerín, 215;
  4. Larraga, 189;
  5. Peralta, 171;
  6. Caparroso, 169;
  7. Tafalla, 162;
  8. Artajona, 145;
  9. Lumbier, 140;
  10. Arguedas, 120;
  11. Puente la Reina, 104;
  12. Cascante, 102;
  13. Cáseda, 101.

Vienen después varios pueblos separados, de más de 50 fuegos, que son:

  1. Miranda, 76;
  2. Corella, 75;
  3. Milagro, 75;
  4. Urrotz, 68;
  5. Aoiz, 63;
  6. Azagra, 63;
  7. Ablitas, 57;
  8. Valtierra, 56;
  9. Uharte-Arakil.

Aún quedan otros cuantos con 20 o más de 20:

  1. Andosilla, 45;
  2. Funes, 43;
  3. Cirauqui, 37;
  4. Dicastillo, 26;
  5. Allo, 23;
  6. Lantz, 20.

La mitad del censo de 1366 está volcado hacia el Sur, concentrada en municipios, conocidos en la Antigüedad, o en fundaciones de la Edad Media, con francos, judíos, etc. No cabe duda -añade Caro- de que había en ellas "Navarrerías". En cambio, valle por valle, el censo da poblaciones bastante exiguas de hidalgos y villanos o pecheros. El mundo étnicamente más vasco resulta así, según Caro, falto de densidad. Así Yanguas se referirá sólo a los 579 fuegos pudientes que había en Estella, repartidos en sus 17 barrios: más 64 de judíos también pudientes y 21 de judíos que no lo eran. Pero faltan los totales. En casos, el mismo censo era insuficiente en su información. Ocurre esto, empezando por el norte con las cinco villas.

Para todo el Baztán, con trece pueblos, da 158 fuegos de vecinos pudientes: los únicos con más de 20 fuegos son Elizondo y Arizkun. Al valle de Santesteban, unido al de Bertiz, le da 62 fuegos de labradores y 27 pudientes. Al de Ultzama sólo 43 fuegos de pudientes en más de 14 poblados. En Basaburua especifica que había 26 fuegos de labradores y 17 de hidalgos, sobre 13 pueblos, 186 fuegos en el valle de Larraun, con 31 de pudientes, en 17 pueblos. Araiz aparecerá con 33 fuegos de labradores y 21 de pudientes en 5 pueblos. Si dejando el Bidasoa y sus contornos vamos hacia el Pirineo nos encontraremos con una población bastante mayor. El Ronkal es el valle que da más fuegos: hasta 221 en 7 pueblos, señalándose una gran concentración en Isaba, con 65 fuegos; Burgi, con 41; Ustarroz y Bidangoz, con 30 cada uno; Ronkal, con 22; Garde, con 20 y Urzainki sólo con 12. Menos da el valle de Salazar; 139 fuegos con 14 pueblos, aunque Otxagabia llegue a los 37. Menos aún Aezkoa, con 136 fuegos en 8 pueblos, y Erro con 94, en 17.

En este valle no hay entidad superior a los 30 fuegos; las Abaurreas dan 30 en conjunto y Garralda 25. La pequeñez de la generalidad de los poblados de Erro se da, también, en valles más meridionales: Ibargoiti con 14 poblados no arroja más de 34 fuegos e Izagaondoa con 16 da 50. En algunos casos los lugares están despoblados... En el extremo meridional de la zona de valles, el de Orba arroja hasta 98 fuegos con 24 pueblos. Pero 37 corresponden al primer pueblo que podemos considerar de tipo ibérico, el Pueyo. Las villas-fortaleza que fueron contrafuerte del reino por esta banda eran por lo general más densas de población concentrada. Es sensible la densidad de población de algún valle de la merindad de Estella, como el de Yerri, que da hasta 228 fuegos de vecinos pudientes repartidos en 24 pueblos. Abárzuza con 49 está muy en cabeza.

También la Solana da hasta 183 fuegos en 11 pueblos: pero el de Arroniz, de tipo ibérico asímismo, da él sólo 50. Frente a esto se subraya la escasa población de las Amézcoas con 50 fuegos en 11 pueblos. Tampoco las alturas del valle de Goñi aparecen muy pobladas: se unen en el censo con los pueblos del valle de Gesalaz, pero sólo las "cinco villas" por sí dan 72 fuegos, las del valle citado en segundo lugar son hasta 17 entidades de población con Salinas de Oro, con 28 fuegos en cabeza y dan 153 fuegos. La concentración está, así, pues, al suroeste de la merindad. Porque Laguardia y sus aldeas tenían hasta 599 contribuyentes o pagadores hidalgos, francos, judíos y clérigos que representaban un fuego cada uno. Los Arcos con sus aldeas da, en cambio, sólo 124 fuegos pudientes, incluidos los judíos. En suma, -concluye Caro Baroja- la población navarra en este momento de crisis resulta ser inferior a la tercera parte de la que tenía en el padrón de 1818 (46.053 fuegos).

Carlos "El Malo" intenta restaurar el Reino. El reinado de Carlos II el Malo se ve envuelto por los acontecimientos políticos de Francia, Castilla y Aragón en una Europa sumida en plena crisis. Fue coronado rey de Navarra en 1350. Empezó el reinado de forma turbulenta. Con motivo de la ayuda económica, monedaje, acordada por las Cortes a la Corona reprimió a los labradores y nobles mandando ahorcar a cuatro capitanes de la Junta en Miluze, otros cuatro en el mercado de Pamplona, el sozmerino de la Cuenca, despeñándolo, y el sozmerino del Valle de Arakil, ahorcado. Fue un gran escarmiento antipopular para las Juntas de Villas e Infanzones. En 1352, al casar con Juana, hija del rey de Francia (de sólo ocho años), le coloca en el primer puesto de la corte francesa. Las diferencias con su suegro comenzaron pronto. El rey de Francia le ocupó Normandía y le tomó prisionero. Poco tiempo permaneció en una u otra prisión francesa ya que un grupo de destacados navarros le rescató felizmente llevándolo a Amiens con un recibimiento triunfal (1357). De allí pasó a París acompañado de nobles y burgueses interviniendo de lleno en los asuntos franceses.

En este contexto tiene lugar la revolución campesina y urbana de la Jacquerie con asalto de castillos, matanzas e incendios. Carlos II el Malo de Navarra, unido a la caballería francesa e inglesa, llevó a cabo una represión sangrienta en 1358. Entretanto tenían lugar los sucesos de Francia, el pequeño reino de Navarra, vecino de Castilla, se intrinca en los asuntos castellanos y aragoneses que tocan de cerca a los intereses navarros. Por entonces, Enrique de Trastámara, derrotado en Nájera en 1360 por Pedro I el Cruel de Castilla, su hermanastro, apoyado por Aragón, pasa a Francia en busca de apoyo, no solamente de aliados, sino también de las Compañías remunerándolas con 100.000 florines. Carlos II el Malo ha regresado a Navarra. En 1363 celebra un tratado con Pedro IV de Aragón para repartirse Castilla. A Navarra le entregarían las tierras de Castilla Vetula, Soria, Agreda además de restituirle las tierras tradicionalmente navarras hasta Vizcaya, incluida.

Este trato se hacía en Aragón. Y, claro, la conquista de Castilla solamente era posible si se reanudaba la guerra entre los dos hermanastros. En marzo de 1364 Carlos el Malo concertó en Almudevar con el pretendiente Enrique de Trastámara las condiciones de su apoyo, la restitución de Vizcaya, Castilla Vetula y demás tierras occidentales del reino navarro. Este fue el trato por parte de Castilla. En 1366 Enrique penetra en Castilla por la Rioja obligando a huir a Pedro I el Cruel. Los papeles se invierten. El vencido ahora debe emigrar a Bayona ante la entrada triunfal de Enrique. Carlos II el Malo, obsesionado por la restauración del Reino, negocia ese mismo año con el vencido, su apoyo militar, a cambio de Alava, Guipúzcoa, Vizcaya y casi toda la Rioja. La negociación se lleva a cabo en Livourne (1366). Todos juegan sucio y nadie piensa cumplir los compromisos.

El problema navarro contrasta con el anhelo íntimo de franceses y aragoneses de repartirse Navarra. Carlos el Malo aprovecha la guerra entre castellanos para recuperar por las armas Guipúzcoa, Vitoria y el resto de Alava. El esfuerzo bélico no da más de sí y queda en nada al concertarse el tratado de paz castellano-navarro, roto luego con la recuperación de Logroño, en la Rioja. La respuesta no se hizo esperar y consistió en la invasión castellana hasta las cercanías de Pamplona. Todo concluye, finalmente, concertando en 1379 el tratado de Briones por el cual se dan en rehenes a Castila algunas plazas fuertes devueltas luego por el tratado de Estella de 1386. Durante el reinado, Carlos II el Malo ha vivido más los asuntos de Francia que los de Navarra. Allí fue derrotado en Cocherel en 1364, abandonando Normandía y recuperando Evreux y Corentin. Del mismo modo una compañía de navarros intervino en Albania y Grecia creando el reino de Corfú y un principado en Grecia.

La agricultura y sobre todo la ganadería siguen siendo, amén del comercio de las villas y ciudades, el fundamento de la economía navarra. Secano, pastoreo y regadío están bien tipificados. A ello hay que añadir el surgimiento en la Navarra húmeda, especialmente en el oeste de la misma, de la industria ferrona. Según un rol de la Cámara de Comptos las ferrerías de Navarra, en 1426, eran:

A) En la tierra de Bera.

1) Olaberria,
2) Marzedía,
3) Semea,
4) Juzola,
5) Garmendia.

B) En Lesaka y Etxalar:

6) Zalcin o Zalain,
7) Biurrea de yuso,
8) Biurrea de suso,
9) Endara,
10) Garbiso,
11) Bereau,
12) Etxalar.

C) En la tierra de Lerín:

13) Berrizaun de Yuso,
14) Berrizaun de Suso,
15) Arambar,
16) Yereta,
17) Ibarrola d'Aranaz,
18) Lombardola.

D) En Basaburua menor:

19) Nekue,
20) Assura,
21) Jaurrizta.

E) En Anozlarrea:

22) Alduncin,
23) Ibarrola d'Eskas,
24) Artikuza,
25) Ibero,
26) Abola,
27) Arrambide,
28) Eskutxiola.

F) En Larraun:

29) Matxain,
30) Saraasin,
31) Eskinder,
32) Rezeuma,
33) Hurto,
34) Astidia,
35) Ollaberria,
36) Irizabal.

Los dueños de ganados reales y los de los monasterios recibieron privilegios para que sus rebaños pastaran en los territorios del reino, sin trabas, incluso sobrepasando las fronteras de Navarra con Aragón (Alkezar y San Juan de la Peña), o de Navarra con Castilla (Irache). Antonio de Yepes dice que todavía en su época, (a fines del XVI y comienzos del XVII) el monasterio de Irache contaba con 5.000 cabezas de ganado mayor y menor, lo cual era poco comparado con lo que había tenido antes, porque el monasterio no tenía ya que hacer "repastar" a sus ganados en Castilla, como cuando el rey de Castilla Fernando el Santo dio facultad al abad del monasterio para que mandara los ganados a aquel reino, donde pastaban los ganados reales también. Hay documentos similares en relación con el monasterio de San Millán de la Cogolla.

Los ganados podían pastar por todo el "regnum et imperium" de Sancho el Mayor. Pese a que la red más importante de cañadas fue la de la parte este del Reino, había otras rutas largas y complejas. Una la constituida por la cañada que iba del valle de Aezkoa al suroeste de Navarra, hasta tierras de Lerín. Otras eran las que llegaban a los montes con pastos, que no eran del rey, ni de municipios, sino de goce común a todos los ganaderos del reino, modalidad jurídica muy importante, referida a los montes de Andia, Enzia y Urbasa. Otros montes siguieron estatutos distintos y organizaron su aprovechamiento con arreglo al régimen de "fazerías", en el que participan los pueblos de todos los alrededores, incluso de reinos diferentes: Navarra y Castilla, en el caso de Aralar, Navarra y Francia y hasta Navarra y Aragón. El robo de ganados en las fronteras duró toda la Edad Media y constituyó uno de los mayores motivos de hostilidad entre navarros y guipuzcoanos, creándose, por ello, un servicio de guardas de fronteras.

Entre los siglos XI y XIV la Monarquía navarra fomenta la repoblación de sus territorios mediante burgos nuevos, villas, etc. Tiene lugar la incorporación de gran parte de los "navarros" o vascones antiguos a la vida de poblado mayor -el burgo nuevo-, ya que no "urbana" en el sentido estricto de la palabra. Cada sector étnico y social conserva su estatuto y en el siglo XIV, cuando se hacen los apeos de pobladores se determinará quien es "hidalgo", quien pretende serlo y quien no lo es, para fines fiscales. En las montañas, aun bastará con esta distinción. Pero en otras partes, se habrá de fijar cuánta y cuál es la población "franca", la mora y también la judía, que, aunque siempre se registra en proporciones menores, es digna de ser considerada, porque tiene bastante importancia económica de un lado y es, de otro, objeto de persecuciones. Son éstos otro exponente del proceso de "urbanización" de Navarra.

A los agitados reinados de Carlos el Malo y doña Juana de Francia les sucede el de su hijo Carlos III el Noble (1387-1425). Ya anteriormente, en 1373, se había consolidado la paz entre Navarra y Castilla por una sentencia papal donde se pactaba el matrimonio de Carlos con la infanta doña Leonor de Trastamara, hija del rey de Castilla. El compromiso se hace efectivo en 1375, doce años antes de iniciar su reinado. Hasta entonces, el infante Carlos pasaba largas temporadas en la tierra de su esposa. Después reside habitualmente en Navarra, en Olite, donde construye, el magnífico Palacio Real y también el de Tafalla. Se coronó solo en 1390 porque no había manera de traer a Navarra a la reina doña Leonor. Comenta Campión: "la paz, el arte, la gentileza y la magnificencia de la vida cortesana cautivaban el ánimo del buen rey". Su reinado se distingue por las buenas y cordiales relaciones con los reinos vecinos. Así, con Inglaterra, consigue que le devuelva Cherburgo; con Francia llega a un acuerdo por el cual, a cambio del nuevo condado de Nemours, renuncia a los de Evreux y Avranches e incluso a la Normadía, vendiendo Cherburgo a Francia por 200 mil libras tornesas en 1404; se mantiene fiel al papa Clemente VII de Aviñón durante el cisma; y en el interior del reino zanja el problema de los barrios de Pamplona llegando a la formación, en 1423, de un solo municipio, expidiendo el Privilegio de la Unión. Entre sus obras se señalan la reedificación de la Catedral de Pamplona, la reestructuración de la Cámara de Comptos y ciertos cambios importantes en la administración de justicia.

Se valió Carlos III el Noble de su abundante prole, ocho hijos legítimos y seis extramatrimoniales, para establecer una red de relaciones con repercusiones políticas. A los hijos naturales les acomodó adecuadamente. Lancelot, le gobierna la diócesis; Godofre que da nombrado en 1407 mariscal y conde de Cortes; Juana casa con Estúñiga, hijo del Juez Mayor de Castilla; otra Juana, en 1425, casa con el condestable Luis de Beaumont erigiendo además el Condado de Lerín en su favor. Pero la unión más trascendente es la de la hija legitima Blanca que, casa primeramente, en 1402, con Martín, rey de Sicilia y en segundas nupcias, con el infante don Juan. Blanca es reconocida como heredera del Reino de Navarra conservando su marido el carácter de rey consorte.

En 1421 nace en Peñafiel el primogénito Carlos, a cuyo favor se erige en 1423 el Principado de Viana, formado con la villa de su nombre y otras con sus aldeas y las villas de Cintruénigo, Cadreita, Corella y Peralta. Las Cortes, reunidas en Olite, le reconocen y juran como sucesor. Carlos III el Noble abandonó las reivindicaciones sobre las tierras del occidente del Reino al no reclamar, como lo hicieron sus antecesores, La Rioja, Alava, Guipúzcoa, Vizcaya, Bureba y Castela Vetula. Sin embargo, supo recobrar, mediante negociaciones, los castillos de Tudela, San Vicente, Laguardia, Estella, Miranda y Larraga entregados en prenda cuando se ajustaron las paces entre su padre Carlos II el Malo y el Enrique de Castilla. Murió Carlos III el Noble en Olite en 1425. Durante su reinado escribe Garci López de Roncesvalles la primera Crónica general del Reino.

A la muerte del rey le sucede en el trono la reina doña Blanca I y su esposo, el rey consorte Juan II, infante de Aragón (1425-1479). En la Crónica del Principe de Viana se dice de doña Blanca: "la qual como su nombre lo da a denotar cierto su fermosura e virtut eran muit conformes a su nombre". Don Juan II no fue un legado de virtudes ni nada parecido. Calculador y de genio ambicioso y dominante, iba a acarrear al reino la desgracia y las luchas internas que, tras un siglo de devoradora crisis, desembocarían en el agotamiento y la conquista de 1512. Comenzó por favorecer espléndidamente a los nobles. Esperaba servirse de Navarra para atender la defensa de sus grandes intereses en Castilla. No tardó mucho en atraerse la guerra. Navarra le negó los subsidios que solicitaba de la Reina y de las Cortes, pero aquél, entonces, tomó a préstamo en Barcelona diez y seis mil sueldos además de vender alhajas suyas y de doña Blanca. Los castellanos se presentaron en Navarra incendiando Corella, Cadreita y Villafranca. Entrentanto los guipuzcoanos, al servicio de Castilla, saquearon y quemaron en 1429 los valles de la Burunda, Arakil, Larraún y la villa de Etxarri-Aranaz. La nueva generación, criada durante el pacífico reinado de Carlos III el Noble, había olvidado el problema del Reino de Pamplona.

En 1430 se perdieron Cabredo, Genevilla y Laguardia. En 1439 la reina doña Blanca nombraba heredero en su testamento al Príncipe don Carlos, pero bajo ciertas oscuras condiciones. La reina murió en mayo de 1441. Conforme a derecho (al Fuero General) y a la voluntad de las Cortes debería ser proclamado rey el Príncipe de Viana, don Carlos, pero su astuto padre se lo impidió nombrándole Lugarteniente general del Reino. Se le usurpaba el trono y se sometía al país a prueba de su lealtad. Efectivamente, enseguida se agarran al caso los dos bandos, uno defensor de la legitimidad, los beaumonteses, encabezado por don Luis de Beaumont, Conde de Lerín, y don Juan de Beaumont, Prior de la orden de San Juan; y el inclinado al usurpador don Juan, los agramonteses, de origen bajonavarro y dirigidos por mosén Pierres de Peralta, el Mariscal don Pedro de Navarra y el señor de Gramont. El panorama y el futuro inmediato de Navarra es la guerra de los linajes convertidos en bandos, de imprevisibles consecuencias ya que Francia y Castilla se hallaban al acecho de lo que ocurriera. No en vano el historiador Ramírez de Avalos de la Piscina nos dice que el Príncipe de Viana creó la divisa Utrimque Roditur simbolizando a un par de lebreles royendo un hueso (Navarra).

(1442-1479). Cualquiera que fuere la interpretación del testamento de la reina madre, la ley a observar era el Fuero General donde taxativamente se dice: "todo Rey que oviere fijos de legal coniugio, dos, o tres, o más, o fijas, pues que el padre moriere, el fijo mayor herede el regno". Dice Campión:

"La revolución tardó en salir a la calle; durante nueve años el Príncipe gobernó el Reino sin título de rey, pero usando de todo el poder regio: mando de tropas, cobro de tributos, nombramiento de alcaides, gobernadores de castillos y ministros de diversas clases, ejecución de sentencias, interpretación y aplicación de los contratos públicos, otorgamiento de mercedes, etc. "..."Don Juan andaba de continuo fuera del Reino, enfrascado en los negocios de Aragón y Castilla, pero ejercía la misma autoridad, derechos y funciones que el Príncipe cuando así se le antojaba, y con ínfulas de preeminencia, puesto que algunas veces solía confirmar las donaciones de aquél como si por sí mismas no valiesen. Era ese un consorcio de gobierno extraordinariamente anómalo y peligroso, un equilibrio inestable de cosas que no se podía mantener. Padre e hijo disputaban agriamente sobre la despensa de los caudales públicos, cebo a sus respectivas parcialidades."..."La política exterior de don Carlos era deliberadamene pacífica; al revés de la de su padre, que como Lugarteniente general de Aragón y ricamente hacendado en Castilla, participaba de las guerras exteriores de aquel Reino, por los asuntos de Italia, y de las revueltas interiores del segundo, por conservar la hacienda mientras fue suya, por recuperarla cuando se la confiscaron...".

En 1447 don Juan casa con doña Juana Enríquez, hija del Almirante de Castilla. En 1449 llegan a Navarra llenos de rencores y ambiciones, comenzando aquél a ejercer el pleno poder real. La situación del Príncipe era insostenible. En 1450 Carlos e retira a Segura, en Guipúzcoa, y posteriormente, a San Sebastián a cuyos moradores les exime del pago de aduanas en Navarra. Beamonteses y agramonteses chocan e inician una guerra que iba a ser interminable. Los beamonteses se apoderan en 1450 de Oteiza y del castillo de San Juan Pie de Puerto. Don Carlos se somete a su padre en 1451. Los castellanos invaden Navarra a favor del Príncipe, toman el castillo de Buradón y sitian a Estella. Don Juan levanta el cerco pero le derrotan. La osadía y el desprecio llega a tal punto que incluso asocia a doña Juana Enríquez al gobierno de Navarra. Toda Navarra toma las armas sumiéndose en una horrible guerra civil. Tanto el Príncipe como don Juan se ven desbordados por los acontecimientos.

Los verdaderos personajes de la contienda son Luis de Beaumont, Conde de Lerín, y mosén Pierrés de Peralta. Ambas parcialidades se enfrentaron abiertamente en Aibar, con tan mala fortuna, que cayeron prisioneros tanto el Príncipe don Carlos como el famoso don Luis de Beaumont. Es el 23 de octubre de 1451. Estando prisionero nació en Sos su hermanastro Fernando, futuro rey Católico hijo de Juan II y de Juana Enríquez. El 23 de junio de 1453 el Príncipe recobraba su libertad por intercesión de las Cortes de Aragón. En 1455 padre e hijo se hacían de nuevo la guerra. Siguen a los beaumonteses la mayoría de las montañas de Navarra, Pamplona, Olite, Condado de Lerín y otras comarcas navarras; siguen a los agramonteses el Valle de Roncal, Estella, Tudela y algunos otros pueblos de la Ribera. La guerra va mal para el Príncipe, quien desesperanzado, no ve más camino que retirarse a Nápoles buscando la protección de su tío Alfonso V. Entretanto don Juan y el Conde de Foix habían firmado un tratado en Barcelona excluyendo del trono a don Carlos y a su hermana doña Blanca, abriendo la puerta de la sucesión real a doña Leonor, esposa del citado conde.

Del mismo modo, pero esta vez las Cortes, únicas capacitadas para ello, proclamaron y juraron rey a don Carlos el 16 de marzo de 1457. A la muerte en el año siguiente del rey Alfonso, don Juan ciñó la corona aragonesa y don Carlos subió a Príncipe heredero de Aragón, Valencia, Mallorca, Cerdeña, Sicilia y a gobernador de Cataluña. Ahora don Juan II repitió en Aragón lo hecho en Navarra con el Príncipe, pero éste desde Sicilia, donde vivía, reanudó las negociaciones. Por imposición de su padre llegó a Mallorca en 1459. Al año siguiente Juan II proclamó la tregua ajustada con el Príncipe otorgándole el perdón, lo mismo que a doña Blanca. En 1460 regresó a Barcelona. El Príncipe negociaba secretamente su casamiento con la infanta Isabel de Castilla. Enterado don Juan, llamó al Príncipe a Lérida donde, fue desarmado y prendido traidoramente en presencia real el 2 de diciembre de 1460. Cataluña se alzó en armas al grito "Via foral Sometent!".

Don Juan huyó de Lérida llevándose a su hijo al castillo de Morella. El ejército catalán ocupa Fraga. El Papa publica una Bula pidiendo la libertad de don Carlos. Don Juan, acorralado por todas partes, decreta la libertad del Príncipe, que es recibido en Barcelona clamorosamente. En Navarra, al tener noticia de los acontecimientos catalanes, se sublevan los beumonteses. Los castellanos intervinieron conquistando Laguardia, Los Arcos y San Vicente, cercando a Viana que acabó rindiéndose. El Príncipe envió un embajador a Luis XI de Francia rogándole requiriese a don Juan la devolución de Navarra y el destierro del Conde de Foix. En ese estado de cosas acaeció la misteriosa muerte del Príncipe don Carlos en Barcelona el 23 de septiembre de 1461. Murió, probablemente envenenado, no en vano su padre le había amenazado de muerte más de una vez como consta documentalmente. Juan II siguió gobernando contra Fuero ya que la sucesión legítima era la de doña Blanca II (reina de derecho, 1461-1464) y Leonor (al fallecer doña Blanca). El rey de Castilla cuando supo la muerte de don Carlos atizó la guerra atacando Lerín y Mendigorría pero, descalabrado en Abarzuza, se retiró a Logroño. Se ajustó la paz. Luis XI de Francia como árbitro sentenció contra Navarra ordenando la entrega de Estella y su comarca. Las Cortes enviaron dos embajadores al rey de Francia para hacerle saber que el Reino, según Fuero, era "inalienable e indivisible".

Los castellanos intentaron tomar por la fuerza la merindad de Estella pero ésta se resistió obligando a los castellanos a retirarse sin conseguir su objetivo. Poco más tarde, el 2 de diciembre de 1464 moría la heredera al trono doña Blanca. Después de hallarse recluida en Olite y llevada a San Pie de Puerto fue encerrada, no sin su protesta, en el castillo de Orthez donde corrió la misma suerte que su hermano. Ahora tocaba el turno a doña Leonor y su esposo el Conde de Foix, que toman el título de Príncipes de Viana. El caso de don Carlos y doña Blanca se repetía frente a aquel padre desalmado. No faltaron intentos para expulsar a los castellanos de San Vicente, Laguardia y Los Arcos. Doña Leonor ejercía el poder a título de gobernadora entretanto don Juan, su padre, peleaba contra los catalanes. En la sombra, casado ya con Isabel de Castilla, comenzaba a destacar Fernando el Católico. Hubo tentativas de reconciliación de bandos que desembocaron en la muerte del Obispo de Pamplona Nicolás de Chávarri por las gentes de Mosén Pierrés de Peralta en 1468.

Otra de las resultas de tan intrincadas y enmarañadas negociaciones fue la de cambio de postura de los agromonteses, ahora en favor de la reina. En 1472 muere el Conde de Foix dejando viuda a doña Leonor que queda a merced de su padre. El conde de Lerín se entrevistó con don Fernando en Vitoria quien desde ese momento toma bajo su protección a los beaumonteses. Hubo intentos de treguas y reconciliación de bandos pero todo resultó inútil. El 19 de enero de 1479 moría a los ochenta años de edad el rey Juan II de tan execrable memoria. Doña Leonor fue jurada reina en Tudela el 28 de enero del mismo año para gobernar solamente quince días. La muerte puso fin a la desventura de los hermanos. La Corona pasaba a manos de su nieto Francisco Febo, de once años de edad, para inaugurar un reinado efímero de solamente cuatro años.

Temor fundado en Navarra (1469-1483). Ya en su día, en 1469, el matrimonio de Isabel de Castilla con Fernando de Aragón se sentía como una losa que amenazaba aplastar al reino de Navarra. Ambas monarquías, española y francesa, apetecían el reparto ya que el reino se hallaba extendido a ambos lados del Pirineo. Ahora, con Francisco Febus y su madre Magdalena de Francia, la merindad de Ultrapuertos se veía amparada por el Bearn. No obstante, Navarra era fácil presa para ambos. La reina madre Magdalena y su hijo Francisco Febo (1479-1483) van a dirigir un reino sumido siempre en la cruel lucha de banderizos azuzada desde fuera y promovida desde dentro. Ahora el apoyo de los reyes se basa en los agramonteses mientras los beamonteses se amparan en el poderío de Isabel y Fernando. En este estado de cosas, madama Magdalena, percatada de que solamente la merindad de San Juan Pie de Puerto se hallaba en paz, se decide a pacificar las demás merindades conversando en Zaragoza con Fernando de Castilla y Aragón, quien bajo apariencias pacifistas era quien atizaba las discordias con vistas a un plan ambicioso y premeditado.

Esta entrevista condujo a las treguas de Aoiz entre ambos bandos. Era 1479. La guerra civil parecía terminada. Se respiraba esperanza y optimismo en los medios oficiales. Pero sucedió lo inesperado. El mariscal don Felipe habló mal del Conde de Lerín con tan mala fortuna, que habiéndose enterado éste no dudó un momento en tomarse cumplida venganza. Supo un día que don Felipe pasaba por las Bárdenas. Era la ocasión. Le siguió los pasos y le alcanzó cerca de Meida donde le atravesó el pecho de una lanzada (1480). Las Cortes, reunidas en Tafalla, aconsejaron la venida del rey a Navarra para ser proclamado conforme a Fuero. El rey, espléndido y hermoso de figura, llegó a Pamplona acompañado por mil lanzas bearnesas. Fue proclamado rey y coronado en la catedral el 6 de noviembre de 1482. Una de sus primeras disposiciones fue la de condenar a muerte a todo aquél que se apellidara agramontés o beaumontés; restituyó al conde de Lerín como Condestable, haciendo, además, numerosas mercedes sin distinción de bandos. Auguraba un buen reinado. El rey había regresado a Pau donde vivía dedicado al lujo, la música, las artes y las buenas maneras, soñando consolidar la paz de su reino. Un día, el 29 de enero de 1483, cuando después de la comida se puso a tocar la flauta, se sintió indispuesto y murió poco más tarde probablemente envenenado. Le sucedió en el trono su hermana Catalina.

Sancho Ramírez, Pedro I y Alfonso el Batallador habían conseguido vincular a su persona a diversos vasallos o aliados de Ultrapuertos. También Sancho el Mayor. El advenimiento de Teobaldo I, sobrino de Sancho el Fuerte, trae la posesión de Champagne y Brie, cerca de París. En el s. XIV estos dominios se amplían con la casa de Evreux (izquierda del trajo Sena y litoral del canal de la Mancha) Juana II recibiría Angulema, Mortain y Longueville. Durante el reinado de Carlos II El Malo pasarán a Navarra Cherburgo, Mantes, Meulán, algo de Normandía y Montpellier. Carlos III renunció a Champaña y Brie, a Cherburgo y el condado de Evreux a cambio del condado de Nemours. Leonor I, casada con Gastón de Foix, aportó el condado de Foix y el vizcondado de Béarn, y Catalina I, casada con Juan de Albret, fue además señora de Albret (Labrit).

BEL

(1483-1512): entre Francia y Castilla. Navarra tiene ya nueva Reina, doña Catalina I (1479-1516), alzada cuando tenía solamente 13 años de edad. Tiene los títulos de duquesa de Lemoux, de Gandía, de MontBlanc, de Peñafiel, condesa de Foix, de Bigorra y de Ribagorza, y señora de Bearn y de la ciudad de Balaguer. Suponen intereses y ligazones con Francia y ambiciosos objetivos para Castilla. Ya desde el primer momento le disputa el trono el vizconde de Narbona Juan de Foix, hijo de la reina Leonor. Comienzan de inmediato las intrigas matrimoniales de parte de Fernando e Isabel con el rey de Francia Luis XI. Una enrevesada diplomacia se disputa Navarra a través de propuestas matrimoniales. Los reyes de Castilla-Aragón propician el casamiento de Catalina con el príncipe heredero con vistas a una asimilación del reino a no muy largo plazo. Esta propuesta cuenta con la conformidad de agramonteses y beaumonteses. En Francia se propone el casamiento con Juan de Albret, vizconde de Tartax. De este modo se evitaba que los castellanos se entrometieran en los dominios franceses a través de los estados ducales, condales y señoriales de doña Catalina.

El rey de Francia murió en agosto de 1483 sucediéndole Carlos VIII. Por fin prevaleció la candidatura francesa. Los estados de Bearn, Foix, Bigorra, Marsan, Gabardán, Couserans, Toursain, Castellbon y Andorra se mostraron conformes. Los esponsales de Catalina I y Juan de Albret se celebraron en Orthez y la boda en la catedral de Lescar en 1484. Madama Magdalena trató de atraerse al Conde de Lerín mediante un tratado de amistad firmado en Pau el 8 de febrero de 1485. De poco sirvió. Al año siguiente, 1486, se reanuda la guerra civil, iniciada por los beaumonteses. Gobernaba de hecho Navarra Alain de Albret, padre del monarca, hombre ambicioso y veleidoso, pero enfrente tenía a Fernando el Católico obedecido por los beaumonteses, cada vez más insolentes y levantiscos. Se llegó incluso a la firma de una capitulación de los reyes y el Condestable en 1493 con cláusulas muy ventajosas para éste y los suyos. Al amparo de ellas don Juan y doña Catalina viajaron a Pamplona para jurar los fueros y ser proclamados reyes después de diez años de espera. El Condestable, provocador y prepotente, al amparo del rey de Castilla, les cerró las puertas de la ciudad no siéndoles permitida la entrada hasta enero de 1494. El día 12 se celebró la jura y coronación. El ambiente de la calle se refleja en el canto de los beaumonteses:

Labrit eta Errege
Aita, seme dirade;
Kondestable jauna
Arbitzate anaye.

"Labrit y el Rey
Padre e hijo son;
Señor Condestable
tomadlo por hermano".

Asistían los embajadores de Aragón, Castilla y Francia. Don Juan de Albret aportaba al matrimonio las Landas, el condado de Gaure, el país de Albret, y muchos señoríos en Perigord, Limousin y Bordelesado. Fernando el Católico concertó dos tratados que contribuían a apaciguar el reino pero altamente favorables a su influencia en él. Son los de Navarra y de Medina del Campo de 19 de enero y 30 de abril de 1494. De ahí a poco los beaumonteses rompían la paz asaltando castillos e iglesias almenadas en las merindades de Tudela, Sangüesa y Pamplona. La reina, rebasada ya su paciencia, decretó el 12 de septiembre el embargo de los bienes y castillos del Condestable que acabó perdiendo tras haber tomado Olite y Viana. Le fueron confiscados los bienes y fue desterrado del reino, no sin ciertas condiciones a favor de Castilla (1495), que se traducían en el control de algunas plazas navarras. Don Luis de Beaumont, el Condestable, hospedado en el reino de Castilla obtuvo mercedes de don Fernando e incluso el nombramiento de marqués de Huescar, en Andalucía. A cambio le entregaba la villa de Lerín y otros lugares y fortalezas sitos en Navarra. Cinco años duró el destierro. Catalina cometió la debilidad de perdonarle a cambio de la devolución de Viana y Sangüesa. Luis XII de Francia y Fernando el Católico de Castilla tramaban cómo desmembrar a Navarra y los estados de su posesión en la Corona francesa.

El año 1503 don Juan y doña Catalina confesaban a las Cortes a las que consultaban con gran frecuencia: "estamos puestos entremedios de tan grandes fuegos que no sabemos lo que de ello se podrá seguir". Este mismo año se rompía la paz entre España y Francia sobre la posesión de Nápoles. Los ejércitos franceses se acercaron al Rosellón y a Guipúzcoa. La diplomacia se enmaraña. Muere el papa Clemente VI, afecto a los navarros y le suceden Pío III y Julio II. Navarra permanece neutral enojando con eso al rey de Francia. En 1504 muere Isabel la Católica. En el tratado de Blois de 1505 se conviene el matrimonio de Fernando el Católico con Germana de Foix, hermana del pretendiente al trono de Navarra Gastón. El revoltoso Condestable, don Luis, juega a tratados con el rey de Francia. Le ofrece el rey francés no solamente Narbona, sino también el castillo de Mauleón y el país de Soule o Zuberoa, intermedio entre los estados de Navarra y Bearn. La proposición es diabólica. El Católico retenía siempre en su poder Los Arcos, San Vicente, Laguardia, Bernedo, Toro y Herrera. A fines de 1506 el Conde de Lerín se subleva con sus gentes a quienes hace frente Cesar Borgia, jefe de los ejércitos del rey, asalta Viana, pero muere a manos de los beaumonteses cerca de Mendabia. Viena y Larraga se rindieron. Los beaumonteses fueron derrotados. Era ya 1507. Al año siguiente murió don Luis el 16 de noviembre en Aranda de Xarque. Poco cambiaron las cosas. Su sucesor, otro Luis de Beaumont, heredó de su padre todas sus iniquidades y traidorías.

"En el momento en que las grandes potencias europeas iban a venir a las manos, estaban los reyes de Navarra muy lejos de sospechar las terribles sorpresas y las desastrosas derivaciones que les reservaba un conflicto internacional en el que no parecían tener arte ni parte ni estar interesados. Y, sin embargo, en menos de un año habían de llegar a convertirse de enemigos de Francia en sus más íntimos aliados; y en el mismo lapso de tiempo verían atraerse y abatirse sobre ellos la implacable hostilidad del Rey Católico, de cuyo apoyo en un principio creían estar seguros; en el relampagueante espacio de dos meses habían de perder su corona y ver su reino usurpado, en virtud de una excomunión pontificia jamás merecida; recobrado nuevamente, aunque por poco tiempo, y definitivamente perdido para siempre

(Campión: Prólogo de Amayur...., 1923).

Conquista de Navarra por Fernando el Católico. El 5 de octubre de 1511 formaron la Santa Liga el papa Julio II, Fernando el Católico, los venecianos y el rey de Inglaterra, Enrique VIII (reivindicando Aquitania), con el fin de arrojar a los franceses de Italia. Los reyes navarros deseaban ardientemente mantener la neutralidad en ese mundo de intrigas, manteniendo su obediencia al Papa. Fernando declaró, en nombre del Papa, la guerra a Francia en marzo de 1512. Como dice Campión, la conservación de Navarra aconsejaba la alianza con Castilla; la de los estados de Foix y de Bearne, la amistad con Francia. En vista de ello emprendieron el juego de entablar negociaciones con ambas partes. Los castellanos pensaban invadir Francia por Guipúzcoa. Los ingleses llegaron a Pasajes el 8 de junio de 1512 con la intención de recuperar Aquitania. En vista del peligro, las Cortes navarras reunidas, acordaron alistar 300 caballos y 4.000 peones.

Los castellanos exigían libre paso por Navarra y Béarn. En vista de ello, las Cortes acuerdan publicar el apellido general. Fernando entonces explotó el argumento religioso alegando que el rey de Francia había dividido la unidad de la Iglesia, que los reyes de Navarra habían entrado en la alianza para dejar entrar a los franceses por el reino, uniéndose a ellos. Aludía al tratado de Blois acordado por los Reyes de Navarra con el de Francia, el 17 de julio y firmado al día siguiente. En él se cerraba el paso tanto a los enemigos del rey de Francia como a los enemigos del rey de Castilla. La más rigurosa neutralidad era lo que suponía el tratado pero la suerte estaba ya decidida de antemano. Las embajadas fueron inútiles. El 21 de julio de 1512 los ejércitos del Duque de Alba, compuestos de 1.000 hombres de armas, 2.500 caballos, 6.000 peones y 20 cañones, invadieron Navarra por el valle de Burunda, acompañados por el Conde de Lerín y sus beaumonteses además de alaveses y guipuzcoanos, como súbditos de Castilla. El avance por Etxarri-Aranaz y Huarte-Arakil fue rápido. Destrozado el reino por las banderías de una nobleza ensoberbecida, arruinada su gestión política por una serie ininterrumpida de embarazos, casada con un hombre, Juan de Albret, educado, galante y poco dado a emplear la fuerza, Catalina I, última Reina de Navarra, huyó por Roncal con un corto séquito de agramonteses a Ultrapuertos refugiándose en el Béarn, donde moriría cinco años más tarde.

En el camino murió de cansancio el infante don Francisco. El enemigo pasó el Arga y entró en zona beamontesa. Los pamploneses no pensaron en defenderse sino en una capitulación temporal en las mejores condiciones posibles. Algunos pueblos imitaron a la capital. El 24 de julio los jurados se entregaron en nombre de la ciudad. En evitación de saqueos y muertes, los embajadores de la Reina Catalina llegaron a un acuerdo con el Duque de Alba. Así fue cómo fueron rindiéndose Maya y San Juan Pie de Puerto y el 10 de agosto, Lumbier. El día 15, tras dos semanas de resistencia, lo harían Viana y Estella, para seguir Roncal (3 set.); y Tudela (9 set.). Monjardín, Miranda, Cáseda, Aezcoa y Salazar. El valle de Garro, en la sexta merindad fue saqueado. "El rey Fernando conquista un reino empobrecido por la guerra civil, cuyas fortalezas y pueblos estaban "desguarnecidos y fuera de todo estado de defensa"" (Alesón).

El 22 de agosto de 1512 Tudela responde a Fernando el Católico que había exigido la entrega de la ciudad so pena de "proveer y mandar que se hiciese allí lo que nos pesaría mucho y sería contra nuestra voluntad". " ... Ni Dios nuestro Señor quiere ni es su voluntad que nosotros creamos que V. Exc.ª, siendo tan justo y católico rey... quiera ni mande enturbiar tan lucida y clara fidelidad de tan querida y amada Ciudad, ni desde aquella con tan malo, feo y abominable renombre... Con toda la humildad que podemos a V. Mag. suplicamos no nos haya de poner en tan grande afrenta ni poner por obra tanto cargo a nuestras conciencias y honras, para que hayamos de cobrar ni dejar a nuestros hijos renombre de infidelidad, que es peor que muerte".

En el proceso de ocupar militarmente, una por una, las plazas del Reino, Fernando pide a su aliado el Papa Julio II el auxilio ideológico necesario. Tres son las bulas expedidas con esta finalidad. "Las bulas, con tanto apremio solicitadas (por el rey Católico), fueron expedidas en Roma el día 21 de julio de 1512, y llegaron a España un mes después. Eran el monitorio Etsi hii qui christiani y la bula "Pastor ille caelestis". El primero contenía una advertencia general, para que nadie ayudara a herejes y cismáticos. La bula, más explícita, hace historia del movimiento promovido por el rey de Francia, y conmina a que nadie se deje arrastrar por las falsas sugestiones de los cismáticos, especialmente los Vascos y Cántabros y gentes circunvecinas, que siempre fueron devotísimas de la Santa Sede, amenazando con excomunión latae sententiae a los que obraran en contrario, pudiendo ser confiscados todos sus bienes, que pasarían a ser propiedad de quien se apoderara de ellos.

La bula fue publicada en la iglesia de Calahorra el día 22 de agosto, y al día siguiente la invoca por primera vez el Rey Católico en carta dirigida a los de Tudela; pero la verdad es que ni los de Tudela ni los reyes se creyeron especialmente afectados por el contenido de las bulas. El Rey Católico, sin embargo, a la vista de la bula "Pastor ille caelestis", publicó un manifiesto en que, haciendo expresa invocación de la misma, tomaba el título de Rey de Navarra. No obstante, el 16 de octubre volvió a apremiar a su embajador en Roma para que le enviara otra bula más explícita referente a la concesión del reino de Navarra. La nueva bula "Exigit contumacium" fue otorgada por Julio II el día 18 de febrero de 1513, y el día 21 fallecía el papa". (Lacarra, 1976, 549-550). Esta bula, tenida por falsificada (Campión), califica de "hijos de perdición" a D. Juan y D.ª Catalina, y los excomulga, anatematiza, maldice y priva de sus reinos, honores, títulos y dignidades y añade:

"Para mayor cautela, privamos por sentencia a los mismos Juan y Catalina de sus honores y dignidad, así como del reino de Navarra, de sus ducados, condados y demás señoríos temporales y de todos los bienes que en cualquier lugar poseen y sobre los cuales les compete algún derecho, y damos su legítima posesión a los que los hayan ocupado u ocuparen en adelante (eripuerint arque eripient in posterum) y a los sucesores de los primeros ocupantes en lugar de los antiguos que perpetuamente quedan apartados, ellos y sus herederos".

Releva a los súbditos del juramento de fidelidad y homenaje.

(1512). La presencia de los españoles en San Juan Pie de Puerto amenazaba directamente al reducto bearnés, refugio de los reyes navarros. Catalina y Juan de Albret, entretanto, instaban al rey de Francia el apoyo con parte de su ejército. Finalmente llegaron refuerzos franceses (con alemanes y albaneses), que, junto con los navarros, alcanzaban la cifra de 25.000 hombres bajo el mando del duque de Angulema y los generales La Palice, Lautrec y Longueville. El 24 de septiembre de 1512, fecha en que se había amotinado la guarnición española de San Juan Pie de Puerto debido a estar mal avituallada y peor alojada, en medio de lluvias torrenciales, las tres columnas franco-navarras se ponían en marcha. Era el primer intento de reconquista. En octubre la armada aliada recuperó la Baja Navarra. Estella, Tafalla y otras plazas se alzaron en armas.

El ejército del duque de Alba se retiró el 26 a Pamplona que fue sitiada por los aliados, pero por breve tiempo. Una armada llegada de Castilla reforzó al ejército que ocupaba el país obligando a los navarros a retirarse por los puertos de Belate y de Amaiur. En Belate se hallaban emboscados los guipuzcoanos al servicio de Castilla. Las tropas en retirada estaban formadas principalmente por lansquenetes alemanes. Los guipuzcoanos se hallaban a las órdenes de los señores de Lizaur o Lizarazu y del señor de Berástegui. Los alemanes, hambrientos y muertos de frío, querían a todo trance ganar la frontera. Huyeron abandonando algunos cañones. El desastre ocurrió en los días 3 y 4 de diciembre de 1512 (ver Belate, Batalla de). Luis XII de Francia en vista del fracaso de la intentona de reconquista se inclinó a las negociaciones concertando una tregua de un año el uno de enero de 1513 que fue firmada en Urtubia. Los navarros perdieron de nuevo la sexta merindad en espera de mejores tiempos.

(1515). La política inicial de Fernando, rey de hecho de Navarra, fue dubitativa. Convocó a unas Cortes nutridas de beamonteses del 13 al 24 de marzo de 1513. Estas juraron recibir y tomar "por Rey nuestro e natural Señor de todo este dicho Reyno de Navarra al dicho Rey D. Fernando, nuestro Rey, e Señor natural, ausente". Y Fernando correspondió desde Valladolid, el 12 de junio, intitulándose Rey de Navarra y confirmando el juramento efectuado por el Virrey de guardar los Fueros de Navarra "mejorando e no apeorando" los mismos pero manteniendo los castillos y tropas de Navarra en manos de castellanos hasta que "la necesidad de la guerra del presente Reino cesare" (Los Arcos, 1893, ed. 1966: 417-421). Su promesa de mantener los cargos del Reino en manos de naturales no se cumplió como puede comprobarse por los incidentes ocasionados en las Cortes de 1536, 1561 y 1565 (Los Arcos: 421) y por las quejas y reivindicaciones de la Diputación y Cortes a lo largo de los siglos XVI y XVII. En éstas y en las siguientes Cortes beamontesas del 29 de enero de 1514 y el 15 de marzo de 1515 sigue titulándose Rey de Aragón y de Navarra. Pero ese año, desistiendo ya de tener un hijo con Germana de Foix -hijo al que legar Aragón y Navarray consciente del disgusto castellano por haberse quedado con un Reino cuya conquista se había efectuado con armas y dinero de Castilla, decidió incorporar éste a la Corona castellana. La decisión fue aprobada en las Cortes de Castilla celebradas en Burgos el 11 de junio con asistencia de tres representantes oficiosos navarros -el abad de Iranzu, el señor de Cadreita y el alcalde de Aoiz- que no pudieron intervenir en la negociación. El párrafo más importante del documento de incorporación (AGN, Guerra, I, LXII) dice:

"el dicho rey D. Fernando nuestro señor, para despues de su vida, daba el dicho reino de Navarra á la dicha reina Doña Juana nuestra señora su hija, y desde agora lo incorporaba, e incorporó, en la corona real de estos dichos reinos de Castilla. de Leon, de Granada, etc. para que fuese de la dicha reina nuestra señora, é, despues de sus largos dias. del príncipe nuestro señor y de sus herederos, y sucesores, en estos dichos reinos de Castilla, de Leon y Granada, etc. para siempre jamás".

El 7 de julio Fernando ratificó la cesión añadiendo un significativo párrafo extendiendo la acción del Consejo de Castilla a Navarra:

"é que su Alteza mandaba que de las cosas que tocasen é las ciudades é villas é lugares del dicho reino de Navarra, é los vecinos dellas conociesen desde agora los del consejo de la dicha reina Doña Juana nuestra señora, é administrasen justicia á las dichas ciudades, villas é lugares del dicho reino é á los vecinos dellas que ante ellos la vinieren á pedir, de aqui adelante, guardando los fueros é costumbres del dicho reino". "La conquista-dice Idoate (Príncipe de Viana, 1960, 81 ) trae consigo una nueva organización político-administrativa, iniciada por Fernando el Católico y continuada por los Austrias. Navarra es un Reino aforado, que conserva en principio sus leyes, fueros y libertades, y que, teóricamente, admite tan sólo la sustitución de una dinastía por otra. Prácticamente se inicia un proceso de evolución que afecta a las instituciones fundamentales en el fondo y en la forma".

La naturaleza exacta de la unión a Castilla quedó en la penumbra hasta su definición en el siglo XVII.

(1516). Se efectuó con Fernando el Católico en las puertas de la muerte y un ambiente generalizado de conspiración en Navarra. El mariscal agramontés Pedro de Navarra penetró por el fidelísimo Ronkal con 1.200 soldados bearneses y navarros. Algunos, temerosos por hallarse en tan escaso número, se volvieron. En cambio se les sumaron 120 roncaleses. Las deposiciones de los testigos nos revelan la alegría con que se recibió la noticia de la expedición del rey don Juan:

"¡Oh, quién viese el campo de la Sierpe lleno de ombres de armas franceses!" -decía el cascantino Pero Alcalde-. "Daría por ello mis ovejas, toda mi casa, todo cuanto tengo!... Todo se volvían idas y venidas de los partidarios del monarca destronado haciendo sus preparativos, adquiriendo armas y comprando caballos para reforzar el ejercicio libertador. Tudela, la gran ciudad agramontesa, era la que más ardorosamente anhelaba el retomo de los reyes legítimos: clérigos, burgueses y campesinos aguardaban con ansiedad estas pascuas de 1516. en las que su monarca debía reaparecer victorioso...

(Boisonnada. 1961, 96).

Los castellanos, emboscados, los atacaron por sorpresa en Isaba, el 23 de marzo de 1516, comandados por el coronel Villalba. Mientras, Juan de Albret sitiaba San Juan Pie de Puerto sin conseguir rendirla. El mariscal Pedro cayó, junto con varios caballeros agramonteses, prisionero y moriría en condiciones penosas en la prisión de Simancas. Poco después, el 17 de junio del mismo año, moría el Rey Juan sucediéndole su hijo Enrique II de Navarra (1517-1555). Los tres Estados del Reino pidieron al nieto de Fernando, Carlos I de Castilla, viniera a Pamplona a "ser ungido como el Fuero lo dispone", a lo que contestó desde Bruselas "somos contentos y nos place". El Duque de Nájera, hizo el juramento que fue ratificado en Bruselas el 10 de julio conteniendo la cláusula de que el Rey tendría a Navarra "como reino de por sí y separado, no obstante su incorporación con el de Castilla".

La agitación navarra irritó sobremanera al regente de Castilla, Navarra y Nápoles, Cardenal Cisneros. Según cuenta Garibay (Compendio, III, 589-590) quiso asolar Navarra:

"Por las novedades y alteraciones que en esta sazon se movieron en Navarra, dizen por tradición, que el Cardenal fue de parecer, que no solo se devian derribar, y echar por el suelo las fortalezas y murallas d'el reyno, mas assolar a todo, dexando la tierra para pastos de ganados para los Veranos, pero que ya que despues se hizo lo d'el derribar, era lo d'el assolamiento, cosa de gravissima inhumanidad y de intolerable daño, porque destruyr a reyno tan antiguo y catholico, y deshazer tantas y tan principales poblaciones, siendo no solo deservicio del Rey, mas aun de Dios nuestro Señor y de sus criaturas, cessó este parecer tan terrible, como era razón".

Cesó el parecer pero ordenó al coronel Villalva la demolición de las fortalezas navarras salvo las de Pamplona, Estella, San Juan, Maya y el Peñón,

"porque era cosa muy dificultosa haver de poner en cada lugar gente de guarda, ansi de pie como de caballo, y no bastara gente alguna para lo proveer, habiéndose de guardar ansí de los mismos naturales como de los que viniesen de fuera; y de esta manera el reino puede estar sojuzgado y sujeto y ninguno en aquel reino tendra atrevimiento ni osadía para se rebelar".

Pocos días después -relata Campión (1929)- escribía el Cardenal que era necesario, para defensa del reino de Navarra,

"tomar las fortalezas al marques de Falces y otras personas, y darlas a quien las toviese de mano de su alteza y a ellos ocuparlos acá en algunas cosas por que estén absentes de aquel Reyno, que, segund ha parecido, quasi no habia persona en aquel Reyno de quien nos pudiesemos fiar, y de esta manera todo estará muy seguro y muy subiecto a Castilla y ninguno osará hacer cosa en deservicio de sus Altezas ni tendrá fuerzas para ello, especialmente allanados todos los muros, como agora se hace". "Y lo executó tan puntualmente -escribe Moret en los Anales- que todo lo mandó arrasar menos las murallas de la ciudad y castillo de Pamplona, y las de la ciudad de Estella, que venían exceptuadas. Sólo hizo una gracia a su cuñado el Condestable... y fue a ruegos suyos se dispensase por algún tiempo a las villas de Lumbier y de Puente la Reyna. También se libró (y con más honra) el castillo de Marcilla, por el valor y resolución gallarda de Doña Ana de Velasco, marquesa de Falces, que vivía en él".

Parece que las de Burgui y Sangüesa fueron derribadas el año siguiente.

(1520). La caza de los agromonteses, aún sin estudiar debidamente (Orta Rubio, 1978), tuvo un importante episodio en la toma por medio de las armas del monasterio de Urdax al negarse la comunidad de monjes a rechazar al abad "sospechoso" Juan de Orbara.

"La ocupación violenta del monasterio de Urdax -dice Idoate (Rincones, III)- es una prueba más de la resistencia de una parte de la opinión navarra a los nuevos ocupantes del territorio, y del respeto que exigían los regnícolas a las leyes y libertades del reino, que el Rey Católico y su sucesor Carlos V habían jurado guardar solemnemente".

Fue en 1521 aprovechando la guerra de las Comunidades de Castilla. Ahora se une a las tropas bearnesas y navarras un ejército del rey de Francia, Francisco I, al mando de André de Foix, señor de Esparros.

Carta (4 de abril de 1521) del Virrey de Navarra al Emperador Carlos

"D. Enrique tiene reunidos sus Estados El Bearn le ha ofrecido 100 lanzas y 4.000 hombres, y en otros condados, 6.000. Las gentes de la tierra oyen como yo estas noticias. y los servidores de vuestra Alteza se descorazonan viendo que no tenemos tropas porque el Condestable se las llevó todas contra las Comunidades... Además los partidarios de D. Enrique levantan cabeza y declaran su rebeldía. La sazón es muy favorable a los franceses. y la mayor parte de las voluntades los mira aquí con buenos ojos".

El 15 de mayo es recuperada San Juan Pie de Puerto y luego en medio del mayor entusiasmo, el resto del reino incluida Pamplona donde lucha junto con los castellanos el soldado Iñigo de Loyola, luego fundador de los Jesuitas, que herido, se retira a Azpeitia, su pueblo natal. El ejército navarro de Enrique el Sangüesino alcanza los 12.000 hombres. Es el momento en que rivalizan y luchan entre sí los reyes francés y castellano. Casi todo el Reino se ha levantado contra los castellanos. Todo hubiera ido bien a no ser por un descalabro de Esparrós, ya en tierra castellana, cuando marchaba a ayudar a los Comuneros. El 30 de junio de 1521 tienen lugar las derrotas de Noain, Barbatáin y Ezkiroz. La retirada se impone y la desesperanza se apodera del Reino, en especial de los cristianos nuevos tudelanos presa anunciada de la Inquisición castellana. Un ejército francés del que forman parte 3.000 navarros y bearneses toma la vieja plaza navarra de Fuenterrabia el 18 de octubre. Después de doce días de asedio entrega la plaza su gobernador militar, Diego de Vera, al rey de Navarra Enrique.

(1521-1522). Meses después de la tercera intentona Maya fue recuperada por los navarros de Enrique el Sangüesino estableciéndose una guarnición de caballeros agramonteses al mando de Jaime Belaz de Medrano de forma que la resistencia se centró en este castillo y en el de Fuenterrabía. Diez meses duró el asedio de Amayur (veáse Maya) hasta su honrosa rendición el 19 de julio de 1522 siendo luego, al decir de Alesón, sin dilación arrasada la fortaleza. Los prisioneros fueron llevados a Pamplona; Juan de Jaso consiguió huir pero los Belaz de Medrano, padre e hijo perecieron posiblemente envenenados (Alesón, VII, 429). En 1922 sería inaugurado, cuatro siglos después y en el lugar del castillo, el Monumento a los últimos defensores de la Independencia de Navarra. Los castellanos premiaron a los navarros que les habían apoyado y castigaron a los que ayudaron a los resistentes o a los que no quisieron tomar las armas contra ellos (Idoate, Catálogo, t. 49, 286). Castigo de los agramonteses no sometidos (1523). Con motivo de su visita a Pamplona, el rey Carlos I de España y IV de Navarra expidió el 15 de diciembre de 1523 una Real Cédula perdonando a los agramonteses que se sometieran a su obediencia. Excluyó del indulto a unos ciento cincuenta navarros, porque "ofendieron gravemente a Dios nuestro Señor e a Nos en rebelarse contra su propia patria y venir contra ella e contra nuestra Corona y estado real, y en grave daño e ofensa de todos nuestros reynos de España".

Muchos de los catigados -dice Jimeno Jurio (1982, 108)- debieron participar en la defensa de Amayur, pues el emperador alega expresamente como causa de la excepción que, "quando los franceses vinieron sobre Maya, e después sobre la nuestra villa de Fuente Rabia, se pasaron al exercito de los dichos franceses". La norma fue aplicada igualmente a los navarros de ambas vertientes. "Y en cuanto a las personas de la tierra de Vascos es nuestra merced e voluntad de perdonar todas las personas de cualquier estado y condición que en el día de la data deste nuestro perdón general estuvieren en nuestra obediencia y servicio, eceptando por el contrario todas las otras personas que estuviesen en servicio e obediencia del rey de Francia o sus secazes e aliados" (B. C. M. N., 1921, 94-100). Del rol sacado de la relación nominal que aparece en la R. Cédula de 15 de diciembre de 1523, publicado en el Boletín de la Comisión de Monumentos de Navarra (1921), que puede contener algún error, por lo que los datos tienen solamente valor indicativo, deduce Jimeno Jurio (op. cit.) que las merindades más "rebeldes" o "fieles", según se mire, fueron las montañesas de Pamplona y Sangüesa, siguiendo la de Estella, sobre todo la capital y su comarca.

En esta "lista de honor" de la lealtad navarra, "están representados todos los estamentos y clases sociales: Alta nobleza en Pedro de Navarra, hijo del condestable del mismo nombre, y el hijo del marqués de Falces; altos cargos de la administración real, como el protonotario Jauregizar; palacianos de Bakedano y Etxarren de Guirguillano en tierra Estella, Jauregizar y Etxarren de Baztán, los Jaso de Javier y Urrutia de Otxagabia en la de Sangüesa; eclesiásticos (tres canónigos de Pamplona y clérigos de Cáseda y Sangüesa), escuderos, el justicia de Tafalla, labradores, profesionales y artesanos de todo tipo (calceteros, cirujanos, criados, estudiantes, guanteros, herreros, libreros, mercaderes, panaderos, pellejeros, plateros, porteros reales, sastres y "cristianos nuevos").

Muchos de ellos obtuvieron el perdón del emperador (Burgos 27 de abril de 1524) tras la capitulación de Fuenterrabía, recuperando sus bienes confiscados y regresando del exilio. Otros prefirieron continuar sirviendo a don Enrique y murieron desterrados". En el perdón que el emperador Carlos V concedió, exceptuó a ocho miembros de la familia de los Jaso, a saber: Miguel de Javier, Juan de Azpilcueta, hermanos de San Francisco; Martín de Jaso, Juan de Jaso y Esteban de Jaso; Juan de Azpilcueta y Juan de Olloqui y Valentín de Jaso, todos ellos primos del santo. El castigo dividió aún más a la sociedad navarra. Los beamonteses hicieron alarde de su adhesión colocando las armas de los Austrias (águilas imperiales) en la fachadas de sus casas, en las rejas, hierros del hogar, etc. Todos los cargos públicos les pertenecieron hasta 1628 y también diversas prebendas.

La acusación de "francés" persistió referida a los agramonteses durante muchos años recogiéndosela en boca de Lope de Aguirre o del anónimo autor del "Buho gallego" (siglo XVII), por ejemplo. Los bienes de los emigrados fueron repartidos entre los beamonteses aunque Carlos V procuró en 1524 atraerse a algunos de ellos (Boissonade) entre los cuales el hijo de D. Pedro de Navarra que medró en Castilla. Algunas casas quedaron en manos de hijas mientras los varones se exiliaban en el Béarn. Así las hijas del copero de Catalina I, Beltrán de Suescun, en cuya casa de Barasoain campean los lises y en cuya puerta puede leerse la inscripción siguiente:

"Después que los Labrides se ausentaron
Y en paz y en guerra les rendí lealtades,
Me quedó que decir a las edades,
Que Reyes me habitaron"

La familia del conde de Lerín emparentó en 1565 con la del duque de Alba (Diego de Toledo y Brianda de Beaumont), conquistador de Navarra, y sigue portando aún el apellido Beaumont.

Pérdida de Fuenterrabía y recuperación de Baja Navarra.El joven y animoso Enrique II proseguía mientras en su guerra con los castellanos. Ese 1523 recupera la Baja Navarra y reúne Cortes en Saint-Palais. Ese mismo año vuelven los castellanos y ocupan temporalmente diversas villas bajonavarras, suletinas y bearnesas, incendiando, además, los castillos de Bidache y Guiche. Acuciados por sus problemas internos, desalojan, más tarde la Sexta Merindad. Garibay recoge este verso alusivo:

"Cavalleros de Castilla:
bien os podeys alabar.
Que perdistes a Navarra
por ganar a Villalar".

En febrero de 1524 el condestable de Castilla Fernández de Velasco llega a Guipúzcoa con importantes fuerzas dando comienzo al cerco de Fuenterrabía, territorio histórico vascón ocupado por navarros y franceses. Duró el sitio mes y medio capitulando la plaza el 25 de marzo del mismo año. Con la recuperación de la Sexta Merindad y el fracaso de Fuenterrabía, Enrique II cesa, bien a su pesar, los intentos armados pasando desde ese momento la Monarquía navarra en el exilio a dedicar todos sus esfuerzos a la diplomacia ver Baja Navarra. Las tropas de ocupación, luego guarnición permanente, cometieron diversas tropelías aprovechando la situación política hasta que una Ordenanza de 1535 las sometió al Virrey y al Consejo de Navarra como lo estuvieron en adelante. No en vano Navarra pasaba a ser "una pieza de gran importancia en el mapa militar de España... para detener cualquier intento de invasión francesa" (Idoate, 1981, 17).

Temor de los virreyes a un levantamiento popular. Los años que suceden a los hechos de armas mencionados constituyen un largo período de expectativa. Los agramonteses esperan cualquier ocasión para alzarse mientras los beamonteses viven en continua irritación y suspicacia. Como muestra de esa efervescencia de fondo reproducimos los párrafos de la documentación aportada por Idoate (1981, 84-129) en los que queda de manifiesto el temor del virrey -que labora por atraerse a los agramonteses- a un levantamiento popular apoyado con las armas de Enrique II. Informe del Virrey, Conde de Alcaudete, al Emperador en 1529:

"Aquí se ha dicho, como Vuestra Mag., con toda brevedad parte para Barcelona, por do estan ya tan alterados los de este Reino, como si viesen al exército de don Enrique en la raya del Pirineo; do no solo se ha de proveer para lo de los enemigos, más para los que se tienen por amigos".

En 12 de junio da cuenta el Virrey una vez más, de sus impresiones un tanto pesimistas; temía que los de Vascos y Bearne se vieran secundados por los de la Soule y Labourd, aunque no fuesen súbditos del que aquí es llamado Príncipe de Bearne. Era de temer además que, en caso de invasión, se rendirían enseguida los pueblos de la Montaña, aún en caso de tratarse de un príncipe enemigo;

"cuanto mas -agrega- deseándole ellos por señor". (...) "Y con saber los de Pamplona, que Asparrós traía 150 lanzas y de 5 a 6.000 infantes, antes que llegase a Roncesvalles, se pusieron en armas contra la gente de guerra y los echaron de la ciudad, y saquearon la Casa del Duque (de Alba) y sitiaron la fortaleza... Yo no se ninguna razon por donde se pueda fiar de los de la Ciudad, ni creer que dexarian perder sus haciendas en el campo, y esperar ser cercados, no habiendo en el Reino mil hombres de Castilla".

Estando en guerra Francia y España, corrió el rumor en julio de 1536, de la venida de Enrique II de Labrit. Escribiendo el Virrey Hurtado de Mendoza a la Emperatriz, se explicaba así sobre los navarros:

"Lo segundo es, trabajar de tener contentos a los de este reino, lo qual, aunque no hay que fiar, porque el conde de Miranda sabe quantos contrarios y no de buenas intenciones ay en el... Yo trabajo de sostenellos lo mas que puedo".

A los pocos días partía de visita hacia la frontera. La declaración de guerra de 1541, produce repercusiones en Navarra. El Emperador temía un ataque por esta parte y envía al duque de Alba, para tomar las disposiciones necesarias sobre el terreno. En cartas a Tudela y Tafalla, manifestaba que, el de Labrit (Enrique II), ayudado por el rey francés, trataba de entrar en Navarra, rogándoles que atendiesen las instrucciones del duque. Según una memoria de 1540, en la zona media y Ribera de Navarra, estaban estacionadas las siguientes fuerzas: Cascante y Ablitas. Capitanía del Conde de Altamira; Corella, Cintruénigo y Fitero. Las fuerzas del Duque de Alburquerque y Francés de Beaumont; Villafranca. La compañía del Marqués de Aguilar; Falces. La de Diego de Rojas; Peralta. La de Pedro de Mendoza; Valdorba. La del Condestable de Navarra. En una carta de 1539 escribe el Virrey:

"Y los que no, con ver que de la noche a la mañana se pueden meter en Pamplona, quitarlos cualquier mal pensamiento. Y no basta pasar tiempo, para que mucha gente de todo el reino y aún de la ciudad, no deseen cualquier novedad".

El 12 de agosto del año 1542, comunicaba el Virrey que se estaba abriendo el camino de ronda por la parte de la Catedral, dejándose "abierta y clara, para que ningun aposento de los canonigos toque la muralla por baxo ni por alto". Se cierran las puertas a cal y canto, porque

"de algunos destos ha habido sospechas que han sido aficionados a Francia". (...) "Los contrarios, que son pocos, tienen experiencia de la poca fe de los franceses y sienten el beneficio de sus haciendas, después de servir al rey". (...) "Si tuvieran mala intención los de Pamplona el dia del alarde, que iban armados, pudieran executar cualquier mal pensamiento que oviera en ellos, lo qual verdaderamente no creo, sino que los franceses, por indignar a V. Mg., con ellos, publican estas nuevas, mas no es bastante todo esto".

Por junio de 1543, el ejército imperial se acerca a París, y la Paz de Crespy pone fin a las hostilidades por entonces. Una de las condiciones asentadas, era que no se ayudase al llamado Rey de Navarra. Según Idoate, en 1548 la situación y necesidades del momento, podían resumirse así, según un memorial del duque de Maqueda al rey: a) La Fortaleza estaba mal proveída de arcabuces, picas, artillería y municiones. b) Era necesaria la construcción de la Casa de la Munición, problema sobre el que tanto se insiste por los técnicos. c) Convenía tomar en consideración el parecer del marqués de Mondéjar, sobre el recinto amurallado. d) También debía evitarse el inconveniente del excesivo número de puertas o portales. e) Para una defensa eficaz, Pamplona precisaba 1.500 soldados, más 400 hombres de armas y 200 caballos. Dice el virrey que, "todos los que han estado aquí, han visto que, para mandar y gobernar la tierra es menester fuerza, y con ésta se tiene parte en el Reino, y sin ella, no la hay ni se puede resistir a lo que viniese".

Consecuencias inmediatas de la incorporación a Castilla. Para subsanar este estado de latente insurrección los virreyes utilizaron el halago y el premio no sólo con los beamonteses sino también con sus rivales, los agramonteses. Pero las instituciones navarras fueron modificadas sustancialmente introduciéndose funcionarios castellanos de nacimiento en el Consejo Real de Navarra, Corte Mayor, Chancillería y gobierno de fortalezas y plazas. "La persona del virrey, como sustitutivo del Rey -dice Orella- (Cultura Vasca, 1977, 185-190) tuvo una actuación nunca permitida ni tolerada a la antigua monarquía navarra". Por ello constata Huici Goñi en las Cortes una actitud defensiva, característica que hace aparecer como fin principal de su existencia el de velar por la integridad de la Constitución del reino. Pero, como veremos más adelante, las Cortes serán convocadas cada vez menos.

En lo tocante a la estructura de la sociedad, señala Caro que "si no los señoríos y los linajes, los bandos sí, quedaron virtualmente destruidos al fin y también gran parte de la organización social sobre la que se fundó la existencia de los mismos. La anexión contribuyó a cambiar muchos elementos. Porque a los sistemas de largos linajes poderosos y a la división en clases sociales rígidas, empezaron a sustituirlos otros, que, en sectores enteros del territorio navarro, borraron o procuraron borrar las viejas diferencias. No en balde para recompensar ya a unos u otros, agramonteses o beamonteses, se concedieron varias "hidalguías colectivas", que fragmentan, separan y diferencian, en fin, sensiblemente la Navarra nórdica de la central, mientras que otros hechos, económicos, contribuyen a diferenciar en este orden también, la central de la meridional" Además de las consecuencias políticas y sociales, la conquista e incorporación significa la separación de Navarra de Europa (Universidades, ambiente cultural):

"El triunfo de los beamonteses sobre los agramonteses, la expulsión de los reyes anti guos, el cierre de las fronteras peninsulares por los reyes de la casa de Austria, con el Pirineo, no como barrera infranqueable pero sí "normal", son otros tantos hechos de gran alcance social, económico, incluso lingüístico. Porque, ya desde estos momentos, las hablas originarias del suroeste de Francia, dejaron de oirse y escribirse en la proporción como se escribían antes. Por otro lado, los navarros participarán de modo intenso en las empresas de la Monarquía hispánica y llegará un momento en que, dentro de ella, tendrán papeles decisivos".

También el ascenso social de algunas familias:

"Pronto, muy pronto, veremos, así, a magistrados y militares navarros actuando en América. Pertenecen los más conocidos de ellos, entre los más antiguos, a familias beamontesas de las que medraron con Carlos el emperador, que, como se sabe, se rodeó de secretarios de origen vasco-navarro"

(Caro, 1971, 101).

La batalla de Noain, dice el Padre Aleson, por su parte, "vino a ser, por lo que toca a Navarra, la sentencia decisiva de tan reñido pleyto entre las dos naciones, española y francesa" (Anales, V, 369). "Navarra, incorporada a España, iba ser -al decir de M. Fernández Alvárez (1969)- lo que por imperativos de la propia geografía le correspondía; el antemural de Castilla y aún el de España".

Juramento del futuro Felipe IV de Navarra y II de Castilla en Tudela. El príncipe Felipe, futuro Rey, acudió a Tudela el 19 de agosto de 1551. Al día siguiente, juró ante las Cortes reunidas en la Catedral todos los "Fueros, Leyes y Ordenanzas, usos y costumbres, y franquezas, exenciones, libertades, privilegios y oficios" del Reino, "no obstante la incorporación hecha deste Reino a la Corona de Castilla, para que el dicho Reino quede por sí, y le sean observados los dichos Fueros... amejorándolos y no apeorándolos en todo ni en parte". También "que todas las fuerzas, agravios, desafueros, que a vosotros y a vuestros predecesores hasta aquí se haya hecho por los Reyes antepasados deste dicho Reino o por sus oficiales desfaré y las enmendaré..." y que devolvería la tenencia de los castillos y fortalezas del Reino a los navarros "quando la necesidad de la guerra del dicho Reino cesare". Finalmente exhortó a los tres Estados a no obedecer aquello que pudiera contravenir los Fueros por él jurados. A continuación, Felipe fue jurado por los procuradores. Tres años después, el testamento del Emperador Carlos emplazando a su hijo a examinar "si de justicia y razón seré obligado a restituir el dicho reino" añadía un nuevo elemento de ilegitimidad a estos juramentos.

(1560). Durante todo el siglo XVI se vive en Navarra lo que Idoate (1981) ha denominado como una especie de "guerra fría" durante la cual menudean los rumores y las conspiraciones, sin olvidar la psicosis brujeril que arrecia durante los años finales del siglo. Ver Brujeria. En 1560 fueron procesados, por conspirar contra Castilla, y juzgados Juan de Acedo, alcaide del castillo de Tiebas, el canónigo Remón de Monreal, el vicario de San Nicolás, Antón de Iraizoz, Nicolás de Eguía, Antonio Cruzat, Amaut de Ozta y el licenciado Azcona. De mano en mano circuló una carta del Papa Pío VI en la que éste exhortaba a Felipe II a restituir Navarra a su legítima Reina, Juana de Albret. Habría que averiguar si la conversión al calvinismo de Juana de Albret pudo enfriar, como se ha reiterado, la fidelidad de los navarros.

Desde su incorporación a Castilla las Cortes navarras adoptaron medidas drásticas de contención ante el poder asimilatorio de ésta. En 1514 acordaron la fórmula de obedecer pero no cumplir las Reales cédulas y mandamientos no acordes con los Fueros. La Ley 59 de las Cortes de Tafalla de 1531 obtiene "que de aqui adelante, los vecinos, y habitantes deste dicho nuestro Reino de Navarra, por causas Criminales ni Civiles algunas sobre diferencias de términos, ni otra mente, no sean llamados, ni llevados, ni compelidos por Nos, ni por Jueces algunos de los nuestros Reinos de Castilla, á fundar juicio fuera deste Reinon. En un agravio de 1549, desempolvando el pactismo medieval implícito en el Prefacio de su Fuero Viejo, aluden a los Fueros como "contrato de entre el Rey y el Reino, guardado y cumplido por todos los reyes" añadiendo que "con las dichas condiciones y contrato fue levantado el Rey y con ellas aceptó el Rey católico" (ANG, Leg., leg. 2,62). En 1561 establecieron el derecho de sobrecarta y tuvieron que poner coto a los capítulos de visita, especie de pesquisidores enviados por la Corona pata efectuar inspecciones. El "agravio" correspondiente, refrendado aprobatoriamente por el Rey, expone explícitamente los motivos:

"La intención, y fin, para que se hacen las visitas; es, porque se reforme los Jueces, y Curiales de las Audiencias, y no para que por lo que resultáre de ellas, se hagan Leyes Generales para decission de causas. Y no es justo que á relacion de los que ván á hacer las visitas, por lo que dellas resultáre, se hagan Leyes ningunas decissivas sin guardarse la orden del Fuero, la qual se há guardado despues que en Navarra hai Reyes hasta los tiempos felicissimos de su Cesarea Magestad. Y por esso todo lo que há venido proveído por visitas para que sea Ley General decissiva, fuera de lo que toca al estilo de las Audiencias, es contra Fuero, por haverse hecho sin guardarse la orden del Fuero: y por experiencia se vé, que algunas cosas destas, que han venido proveídas por las dichas visitas, sin guardarse la dicha orden, han causado inconvenientes, y los pueden causar de aqui adelante, como fué señaladamente un capitulo de la visita del Doctor Añaya, que contiene (que por reparos de agravios no se pueda proveer cosa alguna contra lo proveído por visita, sino estuviere confirmado el tal reparo por vuestra Magestad, y hiciere expressa mencion dél). Y otro capitulo de visita del Doctor Luis Gonzalez, donde se acrecienta el agravio, en lo que contiene (que se guarde, cumpla, y execute, lo que se proveyere por visita, sin embargo de cualesquiera reparos de agravios, hechos en contrario, y los que aldelante se hicieren) y si se diesse lugar, á que los dichos capitulos de visita se guardassen, se quitaria por indirecto al dicho Reino, el recurso que há tenido, y debe tener, de pedir el remedio de los agravios, y desafueros por Cortes Generales: y los Visso-Reyes se escusarian siempre de desagraviar al dicho Reino, aunque pida cosas justas, con ocasion de las dichas Leyes de visitas, y también se quitaria al dicho Reino la libertad que siempre há tenido de que vuestra Magestad, y los Reyes sus predecessores, ordenassen, y pusiessen por Ley, lo que el dicho Reino por Cortes Generales suplicasse para buen govierno dél". (...) "Porque no es justo que lo que estuviere proveido por reparos de agravios otorgados en Cortes Generales á suplicacion de los tres Estados, se revoque por lo que se proveyere por visitas, y por informaciones de particulares estrangeros, que no saben los Fueros, Leyes, y costumbres del dicho Reino".

(Ley VII, Lib. I, tít. III, Nov. Rec.)

Ese mismo año las Cortes y el Rey acordaban revocar todas aquellas "leyes decisivas hechas por el Virrey, Regente y Real Consejo... que fueren contrarias a las de el Reino". Y ocho años después que sólo se de validez a "las leyes y ordenanzas de este Reino otorgadas a pedimiento de los tres Estados y que no se impriman otras provissiones sino pidiéndolo el Reino".

Juramento del futuro Felipe V de Navarra y III de Castilla en Pamplona. Este príncipe juró primero los Fueros en 1586 por medio del Virrey y, el 22 de noviembre de 1592 acudió a Pamplona en compañía de su padre, el Rey Felipe y de su hermana, la infanta Isabel, y los juró en la catedral otra vez solemnemente. Durante estos años se erigió la Ciudadela de Pamplona.

(1598). Durante las negociaciones llevadas a cabo para establecer la paz entre Francia y España, Enrique III de Navarra, ahora IV de Francia, trató de conseguir que le fuera devuelta Navarra. La paz de Vervins se firmó por fin el 2 de mayo de 1598 sustituyéndose ésta por otras devoluciones territoriales.

En el caso de la economía navarra en los siglos XVI y XVII diversas circunstancias impiden el establecimiento de conclusiones definitivas y válidas para todo el conjunto. En primer lugar, los límites del estado actual de la investigación que, centrada hasta ahora de modo preferente en ámbitos subzonales o comarcales, sólo ha convergido en lo que hace a la expresión demográfica -cuantitativa- de la crisis del seiscientos. Aún cuando los rasgos esenciales de la economía del reino son conocidos (carácter con mucho mayoritario de las actividades agrícolas a las que se unían en relación estrecha las ganaderas; posición muy subsidiaria de la industria, excepción hecha del foco siderúrgico de los valles cantábricos del noroeste en cuyas ferrerías el campesinado hallaba importantes ingresos complementarios; escasa producción artesanal que no parece haber dado lugar a industrias de consideración a consecuencia probablemente de la situación aduanera que configuraba una estructura del comercio exterior que, a cambio de exportar materias primas, importaba manufacturas...), hay muchos otros aspectos (tales como la evolución detallada de las variables agrícolas, el grado de comercialización y de articulación de la economía navarra o la distribución del excedente agrario, por citar unos pocos) absolutamente desconocidos de los que, esperémoslo, el paso del tiempo dará cuenta.

Por otra parte, a pesar de que el mismo análisis evolutivo del número de hombres sea fundamental a causa de la inmensa importancia del "potencial humano" en el conjunto de fuerzas productivas de una economía tradicional, la identificación entre evolución demográfica y marcha de la economía obvia demasiadas cosas. Por último, el reconocimiento de la diversidad geográfica y de los contrastes y ritmos evolutivos diferenciales de las zonas que integraban el reino, supone un factor añadido a tener en cuenta.

  • Recuperación de la crisis

La evolución demográfica del período que estamos tratando parte de la recuperación de la crisis bajomedieval. Aunque las cifras de que disponemos contemplan únicamente tres merindades, todo hace pensar que aquélla fue intensa. Entre 1427 y 1553 -son cifras tomadas de Floristán Imízcoz- la merindad de Pamplona pasó de 4.403 fuegos -o familias en el sentido de unidad económica de producción y de consumo, compuesta por los que compartían una misma habitación, así como sus ingresos y gastos- a 8.877, la de Sangüesa de 3.550 a 6.065 y la de Estella de 2.920 a 7.096. No obstante, el crecimiento fue menor en 1427-1500 que en la primera mitad del siglo XVI, tal y como lo demuestran las merindades de Sangüesa -0,14 % de tasa de crecimiento acumulativo anual en el primer subperíodo y 0,67 % en el segundo- y de Estella -0,74 % y 1,04 % respectivamente-. En la Montaña, según anota Jiménez de Aberásturi, Lesaka pasó de "ochenta o cient vezinos" hacia 1482 a 264 fuegos en 1553. Para el conjunto navarro el s. XVI fue un siglo de crecimiento de mográfico.

Tras efectuar diversas extrapolaciones, Floristán Imízcoz ha calculado una tasa del 0,57 % de crecimiento acumulativo anual. El desarrollo se localizó en una magnitud mucho mayor en los campos que en las ciudades. Las zonas que más crecieron fueron las más sensibles al aumento de la demanda -consecuencia de la expansión generalizada de la centuria-, tanto de cereal como de manufacturas. Es decir, aquellas zonas de mayores posibilidades agrícolas -traducidas en un aumento de la producción por medio, en la mayoría de las ocasiones, de la extensión de los cultivos y aquéllas vinculadas a la industria siderúrgica tradicional. Con todo, también éstas últimas se beneficiaron de un proceso de "agricolización" puesto que la villa de Lesaka prohibía en la segunda mitad del siglo roturar más tierras comunales a causa de los perjuicios que se ocasionaban a las ferrerías. El fin de la expansión del quinientos fue anterior a la finalización del siglo.

Es posible que en la Montaña atlántica el descenso poblacional fuera más temprano, datando de hacia 1580. Al menos eso es lo que muestran los registros de Elizondo y de Lesaka, explotados por Arizkun y por Mikelarena respectivamente. En el resto de Navarra, Floristán Imízcoz describe cómo a la interrupción del crecimiento en los años setenta, siguió un balance muy positivo en la década siguiente, para entrar ya a partir de 1590 en una fase de estancamiento que se extenderá hasta la crisis de 1630, experimentando algunas alteraciones por efecto de crisis de mortalidad producidas por la acción de malas cosechas y por epidemias como la de 1597-1601.

  • Estancamiento y hundimiento en el siglo XVII

El siglo XVII plantea el problema de su carácter crítico. A nivel general, Floristán Imízcoz más que de crisis, habla del estancamiento. Tras efectuar algunas correcciones y extrapolaciones, las cifras que proporciona para el conjunto navarro son las siguientes: 36.269 fuegos en 1600, 32. 170 en 1646, 33.773 en 1678 y 36.186 en 1726. Así, el descenso de población tuvo lugar en 1600-1646, con una pérdida aproximada del 12 %, siendo respecto de 1553 la Zona media y la Ribera las zonas de mayor disminución. El hundimiento coincidió con la grave mortandad de 1631 motivada por la confluencia de malas cosechas y de peste. La recesión duraría hasta 1645, influyendo la guerra con Francia. A partir de ahí habría habido un crecimiento paulatino, con oscilaciones momentáneas a la baja como la de la década 1660-1670.

Sólo de 1715, en adelante, la población navarra salió del estancamiento. Sin embargo, desviando la mirada fuera de lo puramente demográfico, en el contexto agrario, Orta Rubio para Tudela y el propio Floristán Imízcoz para Estella han comprobado un descenso del precio del grano a partir de aproximadamente 1650 que dura cerca de medio s., signo como mínimo de retrocesos en la demanda. Por otra parte, en cuanto a la manufactura, Mikelarena advierte dificultades crecientes para la siderurgia tradicional del noroeste en la segunda mitad de la centuria. En todo caso una buena muestra de la complejidad que rodea el concepto mismo de "crisis del siglo XVII" lo constituyen las conclusiones de las investigaciones centradas en zonas de la Montaña holohúmeda que, a causa de los efectos de la introducción y desarrollo del cultivo del maíz -planta cuya presencia en suelo navarro detecta Mikelarena en fechas tan tempranas como 1615-1620- incrementaron sus efectivos poblacionales de forma notable.

Así, en un artículo sobre la evolución demográfica en el valle de Baztán -que pasó de un índice 100 de bautizados en 1620-29 a uno de 143 en 1670-79 y a uno de 146 en 1710-19 Arizkun ha recordado, en una invitación a no perder de vista la marcha de las demás variables de la economía ni tampoco las transformaciones que puedan registrarse en el conjunto social en que se insertan, que aquel concepto "no es incompatible con crecimientos globales de la población". Por su parte, Mikelarena corrobora en Cinco Villas la existencia de una reestructuración de la economía comarcal en la que lo propiamente agrícola accede a una mayor importancia a causa de la crisis siderúrgica y de las posibilidades expansivas que brindaba el maíz. Sin embargo, a pesar del crecimiento demográfico -tasas de crecimiento acumulativo anual de 0,25, 0,68 y 0,25 para 1553 -1646, 1646-1678 y 1678-1726 respectivamente-, los índices de bautizados -tomando 1620-29 como base 100 la cota más alta es el índice 124 de 1680-89- hablan en contra de un desarrollo íntegro de la llamada "revolución del maíz" en Bortziriak, probablemente porque los ayuntamientos dificultaron la extensión de la superficie cultivada a costa del comunal. Aún cuando es posible que la demografía acusara ya la influencia de los "controles preventivos" presentes en el s. XVIII, la presencia de crisis de mortalidad refleja en Bortziriak el desequilibrio existente entre producción y consumo. Por último, el mismo autor plantea el interrogante de si el coste del proceso de "agricolización" fomentó el endeudamiento del campesinado propietario.

FMP

Levantamiento de la condena a los Agramonteses (1628). Durante más de un siglo los Agramonteses estuvieron proscriptos de los cargos públicos y eclesiásticos. Felipe III levantó esta sanción por petición de las Cortes de Navarra el 24 de mayo de 1628 en la que puede leerse:

"Y para que tenga efecto desde luego en virtud desta mi carta, que quiero que tenga fuerza de Ley hecha, y publicada en Cortes, doy por extinguidas, y acabadas las dichas opiniones de Veamonteses, y Agramonteses. Y quiero, y es mi intencion, y deliberada voluntad, que agora, y de aqui adelante perpetuamente para siempre jamás, no haya distincion, ni diferencia de una á otra opinion en lo Eclesiastico, y Secular, y que las Prebendas de la Iglesia Cathedral de la Ciudad de Pamplona, y de las de más del dicho Reino, plazas de los Tribunales, y las de Diputados del Brazo Militar, y las de Sindicos dél se provean sin diferencia alguna, en la forma, y con las calidades con que el Reino me lo suplica. Y encargo al muy Reverendo in Christo Padre mi fiel Consejero Obispo de la dicha Ciudad. Y mando á los Venerables Prior, y Capítulo de la Iglesia della, y al mi Virrey, y Capitan General del dicho Reino, y demás personas Eclesiasticas, y Seglares, Diputados, y Sindicos, á quien en qualquier manera toca, ó tocar puede lo contenido en esta mi carta, que Ilegado el caso de la qualquiera de qualquiera de las dichas plazas, oficios, Calongias, y Diputaciones, en las que yo huviere de proveer, me propongan personas de qualquiera de las dichas opiniones, sin atender que sean de un vando, ú otro, y lo mismo se guarde en las provissiones que tocáre á qualesquier Cabildos juntos, y Diputaciones, por quedar como queda extinguida, confundidas, y acabadas las dichas opiniones, y reducidas las dichas provissiones á las personas mas benemeritas que se halláren en qualquiera dellas, sin atender á que toque, o no al un vando, ó al otro, no embargante el assiento, que se tomó por los Señores Reyes mis predecessores en estas diferencias, y los privilegios, y cedulas que cada una de las dichas opiniones pueda tener en su favor, todo lo qual abrogo, y derogo, y lo doy por ninguno, y de ningun valor, ni efecto"

(Ley XXV).

Sólo hacía tres años que Oihenart, nuestro primer escritor "nacional", había publicado bajo el patrocinio del Duque de Gramont, una Declaration historique de l'injuste usurpation et rétention de la Navarre par les espagnoles.

Comenta Idoate (1981, 20) que si el siglo XVI resulta relativamente tranquilo, no ocurre lo mismo con el XVII, en que la monarquía castellana tiene que enfrentarse con la francesa repetidamente, con las inevitables repercusiones en Navarra, obligada a un esfuerzo mayor que durante los reinados de los dos primeros Austrias.

"Durante la Guerra de los Treinta Años se realizan nuevas jornadas ofensivas contra nuestros vecinos, bajo los virreinatos del Marqués de Valparaíso y del de Los Vélez (1636 y 1638, respectivamente). No podían faltar las consabidas protestas por parte de las Cortes, invocando los mismos argumentos que en 1558 contra el Duque de Alburquerque. Se producen algunas alar mas y hasta algún conato de invasión (como el de 1684), que obliga a movilizaciones parciales, e incluso intervenciones de los valles fronterizos, directamente afectados".

Esta continuada presión militar fue el tema obsesivo de las Cortes que debían responsabilizarse de las levas. Interesaría averiguar (Floristán Imízcoz (1987, 175) la explicación de la adhesión de Navarra a la Monarquía castellana durante el levantamiento independentista de Cataluña y Portugal "como castellanos a la hora de disfrutar de ciertas ventajas y como navarros a la hora de evitar ciertas cargas". Sin olvidar hechos significativos como la detención y ejecución en Madrid del capitán Miguel de Iturbide, caballero de Santiago, acusado de organizar en Navarra un movimiento secesionista semejante (Goñi Gaztambide, 1987, VI: 126). Este autor, (p. 292), comentando la reiterada negativa de los Austrias a nombrar obispos navarros para la sede de Pamplona apostilla que "tendrá que pasar la Guerra de Sucesión Española con el cambio de dinastía para que se desvanezca la secular desconfianza hacia Navarra".

Carlos V de Navarra y II de Castilla: juramento por poder. El 10 de octubre de 1665, con motivo de la muerte de Felipe IV y una carta de la reina viuda para que se levantasen pendones en Navarra por Carlos II su hijo, se ofreció a la Diputación del reino la duda de si se estaba en el caso de verificarlo con un príncipe que no había jurado los fueros, y para resolverla dijo al Virrey que juzgaba conveniente la reunión de Cortes. Este contestó que no tenía orden para ello, que respecto a las circunstancias de los tiempos juzgaba que no debía omitirse el levantamiento de pendón, y que así lo suplicaba a la Diputación. Informada ésta de nuevo acerca del caso, halló que por la reina Catalina I se levantaron pendones en el año 1483 sin estar jurada. Los síndicos informaron también con diplomacia que no había inconveniente pues no era lo mismo levantar pendones que alzar rey. En vista de ello la Diputación ordenó que se levantasen, y así se verificó. El 10 de abril de 1677 tuvo efecto el juramento de Carlos V, prestado en su nombre por el Virrey, conde de Fuensalida, en las Cortes de Pamplona.

La gran Navarra euskaldun de la Edad Moderna. Durante el siglo XVII y gran parte del XVIII crece la demografía navarra en general y las merindades más euskaldunes en especial. De mayor a menor Yanguas las coloca en 1637 en este orden:

  1. Pamplona, con 7.944;
  2. Estella, con 6.456;
  3. Sangüesa, con 5.960;
  4. Tudela, con 4.002;
  5. Olite, con 5.580.

El peso de este crecimiento, observa Caro Baroja (Etnografía, 1971) va a adquirir un carácter determinante ya que ahora en cabeza va Pamplona, que en el siglo XIV iba en segundo lugar. Después va el Sur. Estella pasa a tercer término y Sangüesa sigue igual. La población ha aumentado mucho, no tanto la de la zona media como la del norte y la del sur. Pero el aumento es más sensible aun para el norte sobre todo de 1637 a 1725, porque un censo de este año da:

  1. Pamplona, con 11.509 fuegos;
  2. Estella, con 7.416;
  3. Sangüesa, con 5.755;
  4. Tudela, con 4.946
  5. Olite, con 4.206.

Total 33.832 fuegos, que multiplicados por 5 arrojan 169.160 habitantes frente a los 139.710, de 1637. Después, en cien años, la diferencia es pequeña. El norte aumenta y esto se debe a las causas económicas ya citadas. Es su época de apogeo y así se puede decir que es también aquélla en que "hubo una masa de población de habla vasca mayor que nunca, dado que el límite de la lengua bajaba hacia el S. bastante por debajo de Pamplona, alcanzaba a Estella y se metía aun en las cercanías de Sangüesa y Tafalla", de suerte que el euskara estaba más en relación con tipos de vida mediterráneo que lo que ha estado después. No sólo hay más vascoparlantes y además situados en torno y en la capital; el euskara, al que se llama reiteradamente "lengua materna" o "matríz" del Reino (Obispo Venegas, Moret, etc.) comienza a ser exigido en determinadas funciones eclesiásticas (Goñi Gaztambide, 1987; Idoate, 1981). La doctrina cantabrista surgida en el siglo XVI (Mz. de Zaldibia, 1560) es asumida también en Navarra. Tubal -dice Juan de Beriain en 1626- "habló y enseñó en este Reino la lengua del bascuence y después acá hasta el día de hoy, se ha conservado en la muy noble ciudad de Pamplona y en toda la tierra bascongada".

Reafirmación de la nacionalidad navarra en el siglo XVII. Durante dos siglos la fidelidad de Navarra a la Corona castellana es mantenida, como hemos visto, en cuarentena. Tanto en las Cortes, como las Diputaciones, asumen la defensa de una identidad en continua erosión desde los cambios institucionales acaecidos. Los altos cargos eclesiásticos, especialmente la mitra de Pamplona, son otorgados de forma ineludible a no navarros. También muchos de carácter político. Cortado el flujo de estudiantes navarros a las Universidades europeas debido a las medidas contrarreformistas, éstos deben de acudir por la fuerza a las españolas en las que encuentran cortapisas y dificultades. La Dirección de las órdenes religiosas es entregada a aragoneses y castellanos. No hay una Universidad navarra donde formar a las élites. Además, durante la segunda mitad del siglo, como observa Floristán Imízcoz (1987: 176) las Cortes son convocadas cada vez con menos frecuencia y los agravios tardan más en ser reparados o no lo son. Durante estos años los esfuerzos de las Cortes y la Diputación del Reino se dirigen a atajar esta desnacionalización adoptando medidas y efectuando gestiones no siempre exitosas pero que dan testimonio de una evidente intencionalidad autoafirmatoria. Como escribe Goñi Gaztambide (1987: 18)

"proliferan las escuelas de gramática latina, aumenta el número de maestros de primeras letras y crece la alfabetización. Se legitima la universidad de Irache y surge la universidad de Pamplona, pero el escaso prestigio de ambas sólo sirve para incentivar en las cortes y en la Diputación el deseo de poseer una gran universidad. Sus gestiones fracasan por falta de medios económicos, consumidos en la Guerra de los Treinta Años. Los navarros siguen afluyendo a las universidades castellanas y, en menor escala, a las aragonesas. Ellos se las arreglan para conseguir becas en alguno de los colegios universitarios de Alcalá, Salamanca y Valladolid, que les conducen a las prebendas catedralicias o a la docencia universitaria, para recalar por fin en la alta administración del Estado o de la Iglesia. Un antiguo canónigo de Pamplona, Gabriel de Esparza, formado en Salamanca, siendo obispo de Calahorra, trató de remediar parcialmente esta situación destinando una buena parte de sus ahorros para que con sus réditos estudiasen en Salamanca hijos de las cuatro parroquias de Pamplona".

No sólo preocupa la formación universitaria a las Cortes y Diputación; su interés se manifiesta también en

"la erección de una sede episcopal en Tudela; la exigencia de un vicario general para los pueblos navarros sometidos al obispo de Tarazona (Aragón); la pretensión de que los oficios y dignidades vacantes, comenzando por el obispado de Pamplona, el priorado de Roncesvalles y las abadías cistercienses, se confiriesen a navarros; el encargo de componer una Crónica de este Reino; la orden al prior de Roncesvalles de poner "un letrero muy famoso" en el sepulcro de Sancho el Fuerte; la vigilante atención a que los navarros no fuesen postergados en los colegios y universidades de Castilla y el apoyo prestado al cabildo catedral para que sus dignidades recayeran en canónigos profesos de su iglesia. Algunos de estos problemas venían de atrás. Otros se plantean ahora. Todos darán mucho quehacer a las cortes y a la Diputación, y a fuerza de tenacidad se conseguirán algunos éxitos a lo largo de los s. XVII y XVIII"

(Goñi, Gaztambide, 1987, 50-51).

Al lado de este batallar diario por afianzar la personalidad navarra, vemos también una preocupación de tipo doctrinal por asentar de una vez y de forma definitiva, con todas las necesarias garantías, la situación de Navarra dentro de la Monarquía española. La naturaleza jurídica de la incorporación había quedado soslayada en el siglo XVI. La fórmula reino de por sí y separado, el reconocimiento de los Fueros, los nuevos mecanismos (derecho de sobrecarta, pedimientos, reparación de agravios) habían sido alzados sucesivamente a modo de dique pero era necesaria una teoría general que avalara la voluntad de mantener la identidad propia. Esta teoría va a ser el pactismo y va a discurrir por cauces semejantes al cantabrismo: toda huella de conquista debe de ser borrada mediante la introducción de la idea de contrato entre la Corona y las Provincias, entre el Rey y el Reino. Una vez levantada la condena contra los agramonteses, la tarea se verá facilitada por un mayor consenso social. En las Cortes de Olite de 1645 se debate el derecho de los navarros a ocupar cargos en Castilla (concretamente en los Colegios mayores). La Ley 33 (Lib. I, tít. VIII) consagra este derecho pero introduce de paso una nueva definición. No sólo no figura la palabra "conquista" sino que, al lado del concepto "incorporación", aparece un sintagma nuevo llamado a tener una gran difusión: unión principal.

"porque el año de 1513, fué unido, é incorporado por el Señor Rey Don Fernando de gloriosa memoria á los dichos Reinos de Castilla, y Leon, y aunque quedó el Reino distinto, y separado en territorio, Fuero, y Leyes, no lo quedó en la comunicación, y promiscua aptitud para los oficios Reales, y Beneficios Eclesiásticos, por haverse hecho la dicha incorporacion con esta calidad, como consta del auto della inserto en las Cortes Generales que se celebráron en la Ciudad de Burgos el año de 1515, donde expressamente se dice, que la incorporacion de este Reino á los de Leon, y Castilla fuesse. quedando salvos, e ilesos todos sus Fueros, Leyes, y costumbres para governarse por ellos: de manera, que el haverla incorporado no fué por modo de supression, sino por el de union principal, y assi, cada Reino retuvo su naturaleza antigua en Leyes, territorio, y govierno, aunque los Naturales con derecho igual, y reciproco para obtener promiscuamente los de Castilla en Navarra, y los de Navarra en Castilla, Dignidades, Oficios, y Beneficios, lo qual assi se há observado, y usado despues que la dicha incorporacion se hizo: de manera, que de ordinario, muchas de las Dignidades de este Reino han estado en Personas Castellanas, no haviendose admitido en él de otra Provincia, ni Nacion alguna, y también sus Naturales, por ser reciproca esta aptitud, han sido admitidos á los Oficios, y Beneficios de Castilla, por haverse reconocido ser este derecho llano, y corriente y muy ajustado al animo de vuestra Magestad. á mas de ser igual á ambos Reinos, y que sin él, la dicha incorporacion no obrára efecto alguno..."

Este es el célebre párrafo I, VIII, 33, adulterado, con posterioridad, con intenciones diversas. La adulteración no sólo fue interpretativa: alguien introdujo el adverbio latino aeque ("igualmente", "de igual a igual") en algún momento de la segunda mitad del siglo XIX acuñando la fórmula "unión aeque principal", que nunca ha existido en el texto como puede comprobarse en la edición de 1735 de la N. Recopilación y en el Cuaderno de las Cortes de 1645 del Archivo del Reino. La fórmula se utilizaría a fin de arropar el concepto de soberanía y de contrato de igual a igual, entre los fueristas de fines del siglo XIX. Con una intencionalidad política nacionalista, según la cual los navarros libremente decidieron participar en la nacionalidad española en 1512, por otros (Aizpún, J. I. del Burgo, etc.). Los jesuitas profundizaron también en la segunda mitad del siglo XVII en esta tarea doctrinal aunque con motivaciones más concretas (por no pagar el diezmo, Orella, 1987; 18-39). Siguiendo la senda de los cronistas del Renacimiento navarro -Príncipe de Viana, Juan de Jaso, Avalos de la Piscina- en su nacionalización de la historia (Orcástegui, 1986), dos de ellos, los cronistas Moret y Alesón escriben una historia privativa, "apologética" pero documentada, que se complementa con la primera edición del Fuero General y la de otros textos jurídicos de carácter básico. También jesuita y de familia agramontesa, Francisco de Javier es nombrado patrón de Navarra, a la par (1657), que el viejo Fermín medieval. El hecho constituye un símbolo de la nacionalización a la que aludimos.

Demografía: vecinos y palacianos a comienzos del siglo XVIII. Al no haber estudios demográficos fiables, es difícil conocer con exactitud la población de Navarra a principios del siglo XVIII; según los datos que proporciona la Diputación, el Reino tendría en 1708 unos 30.000 vecinos (AGN, actas Dip., Lib. 7). A esta cifra aproximada también hemos llegado nosotros analizando los repartimientos que hacía la Diputación del Reino sobre el servicio concedido en las Cortes de Pamplona en 1701/02 de 60.000 ducados. En estos repartimientos se encuentran los núcleos de población de cada merindad, villas valles, y cendeas. Se pagaba una tasa fija de 5 reales y medio por vecino y habitante, estando exentos los dueños de palacio y el cabo de armería de la ciudad. Según los documentos consultados (AGN, Cuarteles, leg 3) en 1703, tenemos:

  • Merindad de Pamplona

Hay 25 villas, 20 valles, 4 lugares y 5 cendeas con un total de unos 10.067 habitantes, destacando Pamplona con 1.664 h., y el valle de Baztán con 865 habitantes. Había más de 80 palacios en total, de los cuales 25 estaban concentrados en el valle de Baztán. La villa de Lizarragabengoa y el lugar de Guerendalaín no pagaban por tener pleito pendiente.

  • Merindad de Estella

Contaba con 15 villas y 13 valles, con una población de 6.425 habitantes. Los puntos más importantes eran Estella 1.011 h., y Viana 704 habitantes. Se contabilizaban 20 palacios.

  • Merindad de Tudela

Había 25 villas y una población de 4.326 habitantes destacando Tudela, 1.374 h., y Corella, 689 habitantes. Tenían pleito pendiente Urzante, Tulebras y Pedriz mientras que Mora y Azequia estaban deshabitados. Sólo había 2 palacios, lo que demuestra el contraste montaña-llano.

  • Merindad de Sangüesa

Tenía 13 villas y 17 valles con 4.763 habitantes, sobresaliendo el valle del Ronkal 760 h., valle de Salazar 604 h., y la villa de Sangüesa con 367 habitantes. De sus 44 palacios, 7 estaban en el valle de Salazar, y 5 en el valle de Egüés.

  • Merindad de Olite

Estaba formada por 22 villas y 1 valle con 3.861 vecinos. Los principales núcleos de población eran Tafalla 633 h., valle de Orba 523 h., y Olite 208 habitantes. De los 13 palacios, en el valle de Orba se concentraban 10.

Conformación de la propiedad comunal en los siglos XVII y XVIII. A lo largo de los siglos ha ido conformándose en torno a las comunidades municipales un tipo de tierras no particulares consideradas comunales. El avance de la apropiación privada, dice Ezquiroz (1977), "había mermado su superficie, por lo que se acrecienta la vigilancia y el respeto responsable de los vecinos". En los s. XVII y XVIII este carácter comunal va adquiriendo mayor fijeza. Había tierras comunales a escala del Reino -Andía, Urbasa, Enzia, las Bárdenas- y simples comunales de cada localidad. El usufructo de los grandes y pequeños comunes se reglamentó entre los siglos XVII y XVIII, siendo el gran recurso de las gentes desheredadas la plantación de viñedos en las piezas desocupadas. Tal es así que en el preámbulo de la declaración formulada acerca de la desheredación de los hijos en la Ley 16 (Pamplona, 1688), dice así:

"Por uso, estilo y costumbre inconcusa e inviolablemente observada de tiempo inmemorial a esta parte, los padres legítimos de este Reino han tenido facultad de disponer de todos sus bienes, que no fueran de condición de labradores (esto -aclaramos- afectaba a unos pocos lugares) sin que los hijos legítimos y naturales hayan tenido ni tengan más ni otro derecho preciso a la herencia de sus padres que el de la legítima foral, reducida por dicha costumbre a sólo cinco sueldos, y una robada de tierra en los montes comunes, la cual se ha observado, y juzgándose por justa y conveniente".

Con los años, la tenencia de tierras comunales suscitó problemas ya que tendió a confundirse con la propiedad privada y originó el peligro de la paulatina pérdida de propiedad de las comunas, conflictos y pleitos diversos, ante el Consejo Real de Navarra y el Fiscal del Reino. Entre este tipo de apropiaciones estuvieron las corralizas o partes del común usufructuadas por los ganaderos para hacer apacentar sus animales que pasaron a una situación privada de facto mediante el establecimiento de un canon.

Navarra recibió el testamento de Carlos II a favor del Duque de Anjou con cierta expectación, dado que suponía un cambio de dinastía. Ahora serán los Borbones quienes llevarán las riendas del Imperio español, pero tal como estaba gobernando Luis XIV en Francia todo hacía suponer que su nieto, Felipe V, seguiría sus mismos pasos: centralismo, uniformidad, absolutismo. Los navarros podían tener el peligro de perder sus derechos forales, aunque confiaban en que la antigua relación Navarra-Francia inclinaría al nuevo rey español a mantenerlos. Cuando al cabo de unos meses estalló la Guerra de Sucesión entre Felipe V y el pretendiente austríaco, Navarra se vio inmersa en el conflicto bélico y optó por la tesis filipista. Desde el inicio de la contienda, Navarra se puso al lado de los Borbones -Felipe fue jurado y juró los Fueros el 15 de nov. de 1701 por medio del Virrey-, contrariamente a lo que hizo la Corona de Aragón que, con una situación privilegiada parecida, tomó, en cambio, parte a favor del Archiduque Carlos de Austria. Las razones de la elección y del por qué el pueblo acogió con agrado un monarca presumiblemente absolutista son complejas y difíciles de analizar. Algunos historiadores como el Conde de Rodezno y Carlos Clavería consideran que con los Borbones Navarra veía reintegrada su antigua y legítima dinastía, como descendientes de Enrique IV el Bearnés.

Rafael Olaechea, por su lado, insiste en las razones de vecindad y los motivos económicos-comerciales como argumentos principales. Jaime del Burgo, en cambio, califica la tesis de legitimidad dinástica como inconsistente, puesto que el primer Borbón español era desconocido para los navarros; según él, el hecho de encontrarse el territorio navarro amenazado por el enemigo e indefenso, sin armamento ni municiones, y con las fronteras desguarnecidas, les haría aproximarse al vecino francés. Cronológicamente podemos dividir la Guerra de Sucesión a nivel europeo en dos períodos: 1701-1706, desfavorable para los Borbones, y 1707 1713, cuando el triunfo de los Borbones se afirma; con un epílogo, que llega hasta 1715, al no haberse resuelto en las negociaciones de Paz de Utrecht el llamado "caso de los Catalanes".

Podemos decir que el Reino de Navarra entró en la Guerra de Sucesión desde el primer momento en que tomó partido por el pretendiente francés en la lucha por el trono, pero el territorio no participó activamente, bien con hombres o económicamente, hasta 1704, en que entraron en Navarra los primeros contingentes de tropas auxiliares francesas, de paso hacia Portugal. En 1706 Navarra atraviesa un momento especialmente crítico, con sus fronteras desamparadas y un imminente peligro de invasión enemiga. Ante tal situación, la Diputación decide el 3 de julio de 1706 enviar un escrito a los pueblos para que recluten gente con la que defender las fronteras del Reino. Tres meses más tarde la Diputación vuelve a escribirles para comunicarles que ha llegado el momento de hacer la "leva del fuero". Otro momento crítico será en 1710, cuando muchas ciudades fronterizas con Aragón cayeron en manos del Archiduque tras una ofensiva general de éste. Plazas importantes como Tudela, castillo de Berdún, Corella, Sangüesa, Cáseda, Aibar, Gallipienzo, fueron ocupadas y sometidas por los austríacos. A partir de 1711 la situación general mejora para Navarra con la expulsión del enemigo de su territorio. Sin embargo, no terminaron todavía las desgracias de la guerra para el pueblo navarro puesto que grupos incontrolados siguieron dedicándose al pillaje y saqueo hasta más o menos 1713.

  • Itinerarios y tránsito de tropas

La situación geoestratégica del Reino de Navarra hizo que transitara por su territorio un contingente muy elevado de tropas francesas; primero vinieron para ayudar a Felipe V en su lucha por el trono español; en 1709 volvieron a pisar nuestra región al retirarse hacia Francia y posteriormente volvieron a hacerlo al regresar a España. Estos movimientos de hombres produjeron en el territorio unas situaciones anómalas y desconocidas hasta el momento, y los naturales tuvieron que sufrir las consecuencias que generaban estos traslados de las tropas francesas hacia Castilla, Aragón, Extremadura, Logroño, etc. El 8 de enero de 1704 la Diputación recibe una carta de sus representantes en Madrid comunicando la orden de S. Magestad para que se permitiera transitar tropas por este Reino. La ley ordenaba que no pasara un contingente superior a 150 hombres, pero la Diputación, observando que las necesidades de la guerra exigían un paso más numeroso de soldados, el 30 de junio de 1706 decide elevar el número a 500 ó 600 hombres. Hasta 1706 el número de tropas en tránsito era el "legal", pero a partir de junio de este año el grueso de ejército que ha de pasar de Francia a Castilla por el Reino de Navarra aumenta considerablemente.

La Diputación recibe una carta del Rey al Virrey comunicándole que muy pronto llegarán al Reino de Navarra 30 batallones y 20 escuadrones franceses, ordenando que se envíen cartas a las villas de Tafalla, Olite, Tudela, Almansa, Berlanga y Agreda para que reciban bien a los soldados. En algunos papeles que la Diputación hace llegar al monarca, se le recuerda que

"Desde el de 704; todo es transito de tropas por este Reyno pues passo por el mucha parte de Infanteria y toda la Cavalleria del exercito Auxiliar que vino contra Portugal, en el 706; el exercito que se salvo en la espedición en Barcelona; el de 707 el que vino a servir devajo del mando S A R y las tropas de VM, que de Italia vinieron aestos Reynos y continuamente, numerosísimos reclutas, desde junio de 706; (...) pasaron de trecemil hombres a su socorro y el delos tres Regimientos del Reyno..."

El tránsito de todas estas tropas tuvo unas consecuencias negativas para los naturales. La Diputación de Navarra recibió numerosos memoriales de villas comunicándole los excesos y abusos de los soldados franceses a su paso por el Reino. Los itinerarios que seguían estos ejércitos eran diferentes según entraran o salieran del territorio navarro. La principal vía de entrada al Reino por Francia era Donibane Garazi (Saint Jean Pied de Port)-Pamplona pasando por Orreaga y Auriz. Desde Pamplona se efectuaba la redistribución según las órdenes y las necesidades de la guerra, y la Diputación se encargaba de programar los itinerarios procurando variar las vías para no per judicar siempre a las mismas poblaciones en el alojamiento y abastecimiento de las tropas. Además, había algunas poblaciones que estaban exentas de dicho servicio. La mayor parte de los soldados que entraron en el Reino iban destinados a Aragón, saliendo por dos caminos: Pamplona-Tudela-Aragón y Pamplona-Sangüesa-Aragón. Aunque también se utilizaron otros itinerarios alternativos en alguna ocasión, los pueblos que sufrieron más perjuicios por el tránsito de hombres en el Reino, al ser los más frecuentados, fueron:

Vía Tudela
Pamplona-Artajona-Falces-Milagro-Tudela-Aragón
Pamplona-Barasoain-Olite-Caparroso-Arguedas-Tudela-Aragón

Vía Sangüesa
Pamplona-Urroz-Lumbier-Aragón
Pamplona-Monreal-Aibar-Aragón.

A lo largo de estos años de guerra pasaron por tierras navarras más de 33.000 soldados franceses, -cifra superior al total de población de todo el Reino de Navarra-, a los que deberemos añadir los naturales del país reclutados para la guerra, que en marzo de 1707 eran más de 13.000, con el consiguiente perjuicio que conllevaba dejar abandonados los campos. Como podemos ver, el Reino de Navarra ayudó a la causa borbónica con unas prestaciones extraordinarias en hombres y dinero, renunciando momentáneamente a sus antiguos derechos forales, que no sabían si después de la guerra los seguirían disfrutando.

  • Cortes

Durante la Guerra de Sucesión se celebraron en el Reino de Navarra tres reuniones de Cortes. La primera tuvo lugar en Pamplona del 15 de noviembre de 1701 al 13 de febrero de 1702 y en ella se concedió un donativo de 60.000 ducados pagaderos en cuatro plazos (1702/04/07/08) más 1 año de cuarteles y alcabalas. El 2 de junio de 1705 las Cortes se volvieron a reunir ahora en Sangüesa, finalizando tres meses más tarde con la concesión al monarca de 6.000 ducados de plata distribuidos en tres años, más 1 año de cuarteles y alcabalas; también se le concedieron, durante todo el tiempo que durara la guerra 3 Regimientos de 600 hombres cada uno. Las últimas Cortes del período se celebraron en Olite el 20 de julio de 1709, concediendo al Rey un año de cuarteles y alcabalas. Las primeras Cortes después de la guerra se iniciaron el 1716.

  • Relaciones Navarra-Gobierno Central durante la guerra

Según María del Puy Huici Goñi (1963), "el cesarismo de los Austrias toleró mucho mejor a las Cortes que el absolutista". La política seguida por los respresentantes del gobierno central, y la de las Cortes y de la Diputación, se movía exclusivamente por intereses. Unos defendían unos intereses políticos y militares -mantener el orden dentro del territorio y asegurar el abastecimiento para las tropas del monarca-, mientras los navarros buscaban intereses preferentemente económicos y de defensa de unas libertades, privilegios y leyes del Reino. Durante el tiempo que duró la guerra, la Diputación fue un fiel guardián de estas libertades y fueros de los naturales, frente a los decretos reales que podían significar un perjuicio para los mismos. Existen muchos memoriales de contrafueros sobre órdenes del Virrey al Reino, que la Diputación defendió arduamente llegando a recordarle al monarca las condiciones del pacto de la unión Navarra-Castilla y cuáles eran sus derechos y obligaciones para con los naturales del Reino.

"(...) Aunque se unió este Reyno ala Corona Catolica no asus Reynos, pues por sí tiene sus leyes municipales sin que las deaquellas y las Pragmaticas que las comprenden se executen en este aunque se dirijan ael por tener la peculiar de que sí se oponen a sus fueros y leyes y livertades se obedezcan y no se cumplan (...) y con esta independencia, Y como Reyno separado entro en el, el D. Fernando el Catolico siendo su Unión no Acesoria sino independiente y manteniendo sus fueros livertades y franquezas como sino se hubiese unido aotra Corona, y sea observado así siempre por la Real Clemencia de los Sres. Reyes".

AGN Sección Actas de la Diputación. Libro 7. folio 20/R.

Durante estos años los principales asuntos que defendió la Diputación frente al Virrey o al Rey fueron económicos o militares: levantamiento de tercios en el reino, excesos y abusos derivados del tránsito de las tropas, los valimientos y oficios enajenados de la corona, y la extracción de trigo y cebada de este Reino, especialmente durante los años 1708 (en que hubo mala cosecha) y 1709 (donde las catástrofes meteorológicas fueron muy importantes) (AGN, actas Dip. lib. 7). Felipe V, al igual que la Diputación, era conocedor de la importancia del Reino de Navarra en la guerra y de su ayuda para poder mantenerse en el trono, por lo que tuvo que acceder en algunos temas que eran contrarios a su idea de estado absolutista y centralista. La correspondencia real con la Diputación era muy correcta y respetuosa, mostrando en todo momento su agradecimiento por la fidelidad de sus vasallos del Reino de Navarra. Una vez terminada la guerra, siguió con sus deferencias como cuando decretó un impuesto a los Reinos de Castilla y León, Aragón y Valencia para hacer frente a los gastos de la guerra de Cataluña, mientras que de Navarra sólo esperaba un donativo gracioso y voluntario (AGN, Sec. Cuart., leg. 3).

Las relaciones monarca-instituciones forales, a pesar de lo delicado del momento, eran buenas, pero ésto no presupone necesariamente el sentimiento unánime de todos los estamentos sociales. Dentro del Reino también encontramos partidarios del Archiduque de Austria (carlistas), al igual que tenemos gente antifrancesa (filipistas). De los primeros tenemos las noticias que nos ha dejado Florencio Idoate (1954-1966), y por unos papeles anónimos podemos ver que tampoco la dinastía francesa era del agrado de todo el pueblo navarrés (AGN, Sec. guerra, ley, 5). A partir de esta guerra y hasta finales de siglo, merced a los Pactos de Familia, Navarra disfrutó de una época de paz no exenta de dificultades políticas debido al cambio que impulsa la clase rectora española desde 1766 a la concepción tradicional del Estado.

PGB

Este es el título del conocido trabajo que dedica Caro Baroja (1969) al lobby navarro enclavado en las tierras de la Corona de Castilla, principalmente en Madrid, desde finales del siglo XVII. Dice Caro que

"el Madrid del tiempo de Felipe V estaba dominado ya por navarros y, concretamente, por baztaneses. A estos baztaneses habremos de añadir algunos montañeses de otros valles de la zona: atlántica (...), que se distinguen en tareas poco comunes entonces en España y que en lo económico dan una especie de avance o de prefiguración de lo que había de ser el movimiento de la Ilustración más conocido: el tiempo de Carlos III" (...). "Cádiz, Sevilla también, son centros comerciales que atraen a los jóvenes navarros, tanto o más que Madrid, y que les dan oportunidad de ser marinos y soldados, mercaderes y negociantes, o las cuatro cosas a la vez".

Esta emigración navarra, euskaldun en gran parte, se incrusta en la Administración central, practica el comercio a gran escala y se familiariza con la Banca:

"Observemos, pues, que así como en tiempos de Felipe IV los asientos y administradores de rentas se reparten, sobre todo, entre los hombres de negocios genoveses de un lado y los de origen judeo-portugués de otros, en la época de Felipe V hay un curioso predominio de navarros y dentro de Navarra de los de determinada zona".

Don Juan de Goyeneche será el patriarca del grupo: vienen luego los nacidos entre 1670 y 1690. Llegan casi todos a Madrid sin grandes medios de fortuna y entre 1710 y 1740 se colocan a la cabeza del capitalismo peninsular. Nombres como Olavide, Goya, Múzquiz, Labayru, Indart, Alba, Azanza, Goyeneche, Uztáriz, Muniain, Garro, Munárriz figuran en la avanzadilla de esta nueva aristocracia ilustrada:

"Nos encontramos, en fin, con un grupo de hombres de la misma tierra, de origen parecido, con educación similar, dados a actividades económicas iguales entre sí, que llegan a adquirir posiciones muy fuertes para ellos y su familia y que influidos por su trato y contrato sin desdeñar las viejas ambiciones nobiliarias, viven guiados por una mentalidad económica aunque no un sistema: la admiración por Feijoó y el respeto que Feijoó siente hacia alguno de ellos, nos indica también cuáles eran sus tendencias culturales. Un anticipo de la Ilustración: un anticipo templado, claro y dentro de la más estricta ortodoxia" (...). "Que unos valles fronterizos de la Navarra atlántica dé los colbertianos más significativos de un momento dado, no puede considerarse como pura casualidad, como tampoco lo es que quien vive en su niñez cerca de Francia sienta más interés por Francia que el nacido lejos de aquella nación. Que la familia que educa a sus hijos con destino al comercio, dándoles instrucción adecuada (francés, contabilidad, etc.), produzca cierta clase de hombres, generación tras generación, tampoco es cosa que haya de sorprendernos" (...). "En tiempos de Fernando VI, Carlos III y aún Carlos IV sus descendientes y allegados, siguieron ocupando lugar destacado como altos funcionarios, en materias de Hacienda, como comerciantes en gran escala y como banqueros".

Esta comunidad de navarros extraterritoriales crea en 1684 la Real Congregación de San Fermín de los navarros y se halla estrechamente vinculada a la compañía de Filipinas y a la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País desde su fundación misma:

"Así, por ejemplo, el Marqués de Uztáriz o Ustáriz, intendente de Extremadura fue socio desde 1766. Juan Felipe de Uztáriz en 1771 y José Joaquín en 1774, afincados los dos en Cádiz. También son socios los Vértiz y algunos baztaneses distinguidos en la carrera de las armas, como don Agustín de Jáuregui, que era, al inscribirse, gobernador y Capitán general del reino de Chile y que llegó a virrey... y comerciantes, como aquel corresponsal del Conde de Repáraz en Londres, don Fermín Juaniz de Echalar (1775); o don Nicolás de Echenique, en Amsterdam (1775), autor de grandes operaciones de crédito, o don José Martínez de Elizalde en Sevilla (1772)... Mucho navarro en Indias también se siente solidario con las actividades culturales de la Real Sociedad".

Parte de esta casta ilustrada apoyará la labor centralizadora del Gobierno sobre Navarra y las Vascongadas. ¿Subsistió el régimen foral vasco merced a algún tipo de apoyo subterráneo del resto? Ello es más que probable (Rodríguez Garraza, 1974, 146; Barahona, 1983, 280) ya que, como apunta Castillo (1986), existe además una élite político-intelectual navarra no sólo vinculada a la del resto del País sino también liderada por ésta:

"En la segunda mitad del siglo el liderazgo pasa a las Vascongadas que conocen una Ilustración más amplia y más eficaz. Navarra, aun pareciendo incorporarse con un cierto retraso al progreso logrado por las Vascongadas, se nos aparece realmente encarnada en las mismas coordenadas históricas: economía, cultura, política, lengua, etc. Por un lado nos encontramos con una literatura dentro de Navarra que vincula el Reino al Pueblo Vasco (Vasconia, Cantabria, Vizcaya, Euskal Herria, etc., son más sinónimos usados entonces para designarlo). La situación universitaria, lingüística y religiosa también favorece esa conexión. Por otro lado la Ilustración navarra, ayudada por los Vascongados, se abre a la lectura de los ilustrados franceses a partir de 1776-1777 (Archivo Histórico Nacional, Madrid, Inquisición, Legajo 3729 n.° 131). Si no ¿por qué refutar en 1777 a Voltaire (y Montesquieu)? "Todos" sabemos que la ideología es una consecuencia de la praxis. Pues bien, R. Rodríguez Garraza me parece haber demostrado al nivel económico (dentro del nivel historio gráfico que actualmente poseemos) que Navarra entroncaba con "las Provincias", las Vascongadas, y secundariamente con Francia en su desarrollo económico. Que esos lazos económicos se enlazaban con los políticos lo vemos en los años 1778-1781: los navarros prefieren seguir dentro del área del "Bascuence" a pesar de las trabas que con el Comercio Libre (con América) y los diversos Aranceles se les ponían desde Madrid".

Nos hallaríamos así ante la confederación tácita de vascos a la que aludió Baretti al relatar su viaje de 1768-1769. La Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, nutrida de un importante núcleo de navarros (Barrenechea, Astigarraga, Lluch, 1986), sería el mayor y más visible exponente de esta confederación ilustrada destinada a desaparecer durante la ocupación francesa y restauración fernandina.

Juramento del futuro Fernando II de Navarra y VI de Castilla (1725 y 1756). Juró los Fueros de Navarra por intermedio del Virrey Cristóbal de Moscoso en Estella el 11 de mayo de 1725. Era aún Príncipe y reinaba su padre. Ratificó el juramento por medio del Virrey Sada y Antillón, en las Cortes de Pamplona de 1756, siendo ya él mismo Rey. Su proclamación, el 21 de agosto de 1746, es el objeto del "Día Grande de Navarra" del P. José F. de Isla, escrito por encargo de la Diputación e interpretado por algunos como una sátira del amor propio de los navarros.

Carlos VI de Navarra y III de Castilla (1766). Fue proclamado por la Diputación tras la muerte de Fernando II en 1759. Juró la observancia de los Fueros, junto con el príncipe Carlos, en las Cortes de 1766, representándole el Virrey Conde de Ricla.

La actividad comercial en la segunda mitad del siglo XVIII. En el año 1786 se llevó a cabo una estadística comercial que serviría de base a los académicos para la elaboración del célebre Diccionario G. H. de 1802. La evaluación utiliza como punto de referencia diversos núcleos urbanos de cada Merindad. En la de Pamplona: Elizondo, Errazu, Maia, Urdax, Bera, Alsasua, Leiza, Gorriti, Arruazu, Arbizu, Urdiain, Bakaikoa, Etxarri-Aranaz, Lesaka, Olazagutia, Ziordia, Arriba, Azkarate, Huarte Arakil, Etxalar, Goizueta, Iturmendi, Lakuntza, Aranaz y Zugarramurdi, se consignan las cargas de vino, los cántaros de aguardiente, las cargas de sal, los robos de linosa, las cargas de hortalizas y fruta, las arrobas de queso, los robos de trigo, las arrobas de lana burda sucia y pelletas, las cargas de carbón, las cabezas de ganado de cerda, las cargas de aros y las sacas de lana fina que habían pagado su impuesto en aquellas plazas.

El vino es el que arroja consumo mayor con 33.518 cargas y media. Menor es el movimiento en la Merindad de Sangüesa, donde se dan cifras de la capital, de Auriz, Otxagabia, Isaba, Ustatroz, Lumbier, Garde, Orbaizeta, Cáseda, Yesa, Eugi, Burgi, Bigüezal e Izalzu y donde aparece algún otro capítulo. El vino no suma más de 1031 cargas. En la Merindad de Tudela, se dan cifras correspondientes a la capital, Corella, Cascante, Villafranca, Peralta, Milagro, Carcastillo, Ablitas, Cintruénigo, Fitero, Valtierra, Cortes, Marcilla, Falces, Caparroso, Fustiñana, Monteagudo y Mélida. La tabla es general. En la merindad de Estella, tenemos datos de la capital, Viana, la Población, la Aldea, Lodosa, Marañón, Zúñiga, Cabredo, Azagra, San Adrián, Mendabia, Genevilla, Gastiain, Larraona y Aguilar, y la especial de Pamplona y Tafalla. Hay resúmenes generales de producción de 1756, 1776, 1777, 1780, 1781 y 1786.

Comparando el valor de los efectos salidos de Navarra en 1786, en que destacan el vino y la lana, y los efectos extranjeros que entraron en el mismo año, se advierte que había en Navarra un déficit comercial de 2.324-263,8 reales. Los fardos importados son paquetes y cajas de pimienta, de platillas, de monfort, de cera, los barriles de hoja de lata, los fardos de estaño, de cacao, de azúcar, de arroz, de sargetas, frisos, carzos, hilos, bayetas (de Miniquin y Alconcher), de calamandras, sargas, valchetes, baquetas, marragas, paños, barbas de ballena, camelotes, bufíes o peñascos, broguetes, creas, pañuelos, terlices, samuesas, bocadillos, ruanes, anascotes, estameñas, angeo, trues, tripe o monfort de pelo, serafinas, perdurables, tabaretes, sempiternos, churros de canela, mantas, papel, ante, cobre, quincallería, brabante, palote, Talavera (platos sobre todo), estameña, cuero y coracha, presillas, lienzos de Flandes, duroy, lamparillas, chalones o sargas, sombreros, escarlatines, arpilleras, bonvasis de hilo, becerriles, franelas, cajones de varas, hilo de alambre, barraganes, licores, polvos de peluca, botellas, perdigón, vidrios, castores, drogas, lanillas, lila, calamancos, gante, ratina, clavos, sedería, azufre, cordellates de Oloron y aun otros sin especificar. Navarra saca por valor de 7.284.241 ,09 reales e introduce 12.782.944, 17

"El comercio es deficitario desde antiguo: pero esto no quiere decir que su desarrollo no sea muy fuerte en el reino, paso obligado para muchos que querían entrar en Aragón, Valencia e incluso en ciertas partes de Castilla. ¡Cuanto no influiría en las técnicas del país!" comenta Caro Baroja (1971, II). El mercado más importante es Vascongadas

(Rz. Garraza, 1968; Barrenechea, Astigarraga, Lluch, 1986).

IEZ

Tras la aplicación de los Decretos de Nueva Planta (1707-1716) a los países de la antigua Corona de Aragón, el reino de Navarra y las Vascongadas -a las que se llamará Provincias Exentas- sientan plaza de excepción en la Monarquía española. Étnicamente semejantes, dotadas de instituciones peculiares y separadas del mercado nacional por una línea de aduanas, aparecerán a los ojos del Despotismo ilustrado como un obstáculo tanto a las ideas de modernidad como al libre ejercicio de las facultades del Consejo de Castilla. Los ministros de la Corona no desperdiciarán ocasión de manifestar su desagrado ante el anacronismo vasco, especialmente a partir de 1766, año en el que Carlos III, tras la crisis del motín de Esquilache, imprime un giro decisivo a la política de la dinastía. Rodríguez Garraza (1974) divide la gran crisis navarra, previa a la desaparición como Reino, en dos períodos: 1778-1795, años en los que el régimen foral experimentará grandes dificultades pero saldrá indemne del embate. 1795-1808, período en el cual la foralidad navarra sufre amputaciones irreversibles. Entre ambos transcurre la Guerra de la Convención. Son años en los que se opera no sólo un cambio en la estructura del Estado (centralización, dirigismo, expansión y luego crisis económica), sino también un cambio en la mentalidad de parte de las clases rectoras de las que no serán excepción las navarras.

  • Período 1778-1793

Este período del reinado de Carlos III se inicia en realidad en 1766 con varias órdenes sintomáticas. Una del Conde de Aranda, presidente del Consejo, prohibiendo al de Navarra la publicación de libros en euskara, otra ordenando la recogida de la obra de Fontecha y la expulsión de los jesuitas. El 68 una RP ordenaba la observancia en Vizcaya del Capitulado de Chinchilla y el 70 se inicia un nuevo intento de nivelar el sistema militar en Navarra instaurando el sistema de quintas y reemplazos, pugna que se desarrollará hasta doblar el siglo con desigual suerte. El 73 una Real Orden sin sobrecartear imponía la Ordenanza sobre servicio militar en Navarra. Como era de esperar la Fiscalía de Castilla (Informe Campomanes, 1777) puso en tela de juicio la naturaleza "pactada" de la incorporación de Navarra a Castilla. Veremos durante estos años madurar la doctrina pactista de las instituciones rectoras navarras con alegatos como éstos de 1776 y 1777:

El "derecho general de España", o el de "las Partidas", "no puede ser el que haya establecido principios a Navarra para que el Fiscal de V. M. pueda decir que su Diputación los ha querido controvertir. Lo primero porque, aun cuando lo fuera, ningún derecho de un Estado puede tener fuerza para otro. Lo segundo porque, por lo tanto, ni por semejante derecho ni por otro, jamás ha tenido Navarra dependencia alguna de Castilla para que ésta haya podido darle ni establecerle principios ni reglas algunas de gobierno, pues antes hubo Leyes y Reyes en Navarra que los hubiere y que se pudiese pensar en formar el derecho que se alega de Castilla. Lo tercero porque de otro modo se diría que los Reyes de aquel Reino no habían sido legítimos ni tales, ni habían podido constituir legítima sucesión para que ni V. M. ni otro pudiese heredar en él, pues cierto es que ninguno ha entrado en la posesión de aquel Estado ni en el Solio de aquel Trono por el derecho de Castilla y menos por el de las partidas, sino sólo por el peculiar y privativo de aquel Reyno" ... "Con este conocimiento, sin duda, apela a otro y es el de dudar si aquella Corona está accesoria o principalmente incorporada con Castilla. Dudar señor ahora en su última respuesta, al cabo de dos siglos, de la naturaleza de la Incorporación de aquel Reyno ..., es volver a disputar de los principios sin más diferencia que la que constituye el tiempo de la Institución al de la Incorporación".

* * *

"El establecimiento, Señor, de esta Monarquía, los artículos preliminares de su elección, la fe inviolable de un contrato, el continuado juramento de 46 reyes; la más religiosa observancia de éstos, con la conservación tranquila de este estado en la serie de tantos siglos, y el últimamente (juramento) ejecutado por V. M., son unos fundamentos de tan alta jerarquía, que ni pueden dejar de hacer el mayor peso en la católica consideración de V. M., ni permitir al reino su silencio... V. M., Señor tiene pactado con el reino de Navarra bajo un solemne juramento, hecho ante la presencia del mismo Dios y sobre sus cuatro sagrados Evangelios, el guardar a sus naturales toda su Constitución, sus exenciones, sus franquezas y sus fueros; con la expresada calidad de que ni en otra forma, deban tampoco obedecer a V. M. AGN, Quintas, leg. 1, 39.

El gran desencadenante de la crisis va a ser, sin embargo, el RD de 1778 implantando el libre comercio con América tras el cual, Vasconia se veía obligada a elegir entre éste y el comercio con el mercado metropolitano sin aranceles, por una parte, o el mantenimiento de su independencia aduanera y de su estructura comercial volcada hacia Francia y el resto de Europa septentrional (sin olvidar el contrabando), por otra. Navarra, cuyo comercio se desenvuelve principalmente con Vascongadas y también con Francia se divide. A grandes rasgos puede decirse que el Centro (con Pamplona) y el norte optan por el statu quo mientras los vinateros y cerealistas del sur pugnan por romper el nuevo cerco arancelario e introducir sus géneros en Castilla, Aragón y en el mercado americano. La guerra con Inglaterra (1779-1783), con su correlato militar, añade elementos de tensión, a los que se suman los aranceles de octubre de 1778 y siguientes por los cuales Navarra y Vascongadas recibían tratamiento de extranjería. La polémica interior adquiere grandes proporciones; proliferan los escritos y los posicionamientos en pro o en contra del mantenimiento de las aduanas en el Ebro o de estrategias intermedias. Navarra convoca por ello unas Cortes en las cuales dirimir la cuestión. Al iniciarse las mismas, la Asamblea descubre que el Virrey es portador de una Instrucción reservada según la cual nada debe ser resuelto sin contar con el Consejo de Castilla, las Cortes no debían de reunirse más de 60 días, se confiaba a una comisión compuesta por el Virrey y algunos diputados el arreglo de la cuestión aduanera y se exigía la concesión del donativo antes que el otorgamiento de contrafueros. Ninguno de estos requisitos se cumplió merced a la tesonera defensa que hicieron los comitentes mediante representaciones y memoriales al Gobierno, al Rey y a los navarros bien situados en la Corte.

Pero la cuestión aduanera dividió no sólo al Congreso en su totalidad sino también a cada uno de los tres brazos. Finalmente, en la votación por brazos efectuada el 15 de enero de 1781 los navarros, por poco margen, decidieron mantener las aduanas donde estaban aunque se señaló que "a excepción de la ciudad de Pamplona, el total del vecindario de las repúblicas opuestas apenas equivale a una décima parte de la población del Reino". Meses después la Diputación conseguía, además, que el procedimiento de pedimentos de leyes no fuera modificado en la Patente de Leyes. Sólo entonces se pagó el donativo. Dos años más tarde la Diputación reivindicaba y obtenía la exclusiva en la construcción de caminos, cosa que hizo con evidente sentido de la autosuficiencia y control de sus recursos económicos trazándose las grandes carreteras de Navarra aún vigentes financiadas con portazgos y cadenas. Navarra y Bizkaia encabezaron en aquellos años finales del siglo XVIII la resistencia al unitarismo.

  • Guerra de la Convención (1793-1795)

La decapitación de Luis XVI en Francia y la constitución de un gobierno revolucionario -Convención con base jacobina, montañesa y sans-culotte- acarreó sobre la nación gala la declaración de guerra de las monarquías vecinas, entre las cuales la española (7 de marzo). La guerra se efectúa a lo largo de toda la frontera hasta Cataluña. Consistió en tres campañas -1793, 1794, 1795- interrumpidas por sus respectivos inviernos. No nos detendremos en las acciones militares que apenas poseen relieve. Conviene, sin embargo, señalar que la intervención de las tropas francesas, precedida y seguida de difusión de la propaganda revolucionaria, va a desencadenar una formidable crisis en la descontenta élite político-intelectual vasca que, por medio de sus Juntas y Cortes había decidido en los años anteriores proseguir, pese a las medidas de retorsión económica adoptadas por el Gobierno central, dentro del marco de la foralidad. La élite ilustrada navarra, parte de la cual conoce y lee a los autores revolucionarios perseguidos por la Inquisición (Castillo, 1986, 200-202), se expresará primero, por medio de la Diputación y, luego, a través de las largas Cortes que se reúnen desde el 11 de mayo de 1794 hasta febrero de 1797, y que habían sido convocadas debido a la preocupación de los navarros por el irregular sistema de levas implantado (dos batallones al mando no del virrey que alega enfermedad) sino del general Ventura Caro (16.300 hombres en febrero de 1794).

El pueblo, por otra parte, pese a la inquietud del clero, se manifestará remiso a "defenderse" de los franceses. Tras una primera acción ofensiva en 1793 sobre el País Vasco de Francia, en el transcurso de la cual Aldudes, de la Baja Navarra, pide la anexión a Navarra la Alta, el ejército real español se bate en retirada y los convencionales, al mando del general Moncey, traspasan la frontera en la primavera de 1794 y ocupan, sin dificultades, a lo largo del verano, Aldudes, Baztán, el norte de Navarra y casi toda Gipuzkoa produciéndose la célebre capitulación de ésta y su intento de anexión a Francia. Toda Navarra se halla en vilo no sólo por la cercanía de los revolucionarios, sino también por los sucesos gipuzkoanos que no pueden dejar de tener eco, expectante o favorable, en una región sometida a los mismos avatares políticos que su vecina. Castillo (1986) que ha estudiado el episodio a la luz de muy diversa documentación, establece las siguientes fases en estas Cortes de Navarra 1794-1795 en las que cree hallar un precedente dieciochesco de un nacionalismo vasco objetivo.

· Primer momento (20-22 de mayo)

Deseo de que las Cortes, y en su nombre la Diputación, sean responsables de ¿casi? todo lo concerniente a la guerra, menos lo que concierne a su aspecto puramente militar.

· Segundo momento (11-14 de junio)

Deseo de "variar la Constitución en perjuicio del poder ejecutivo, que reside en la autoridad real" (Colomera, in Anexo III, y Libro de las Actas de las Cortes, t. 13, f. 131). En las ciudades de Pamplona, Tafalla, Sangüesa y Marcilla se ven pasquines y/o "vozes sediciosas alusibas á apetecer la higualdad".

· Tercer momento (23 de junio-1.º de julio)

Desde el comienzo de la guerra las Cortes se quejaban de la poca eficacia de la intendencia militar, de los malos tratos dados a los Paysanos (Navarros) y de otras exigencias desorbitantes. Sabían cómo era el Virrey (el Conde de Colomera) cuyo retrato militar nos es dado por Jomini en "Histoire critique et militaire des guerres de la Révolution" t. V, Paris 1820, pág. 256

"le Compte Colomera, vétéran, dont le plus grand méris était d'avoir fait la guerre de 7 ans en qualité de volontaire, et qui avait plus de liant dans le caractère; mais I'ecole des Soubise et des Clermont n'était pas celle qui formait des héros; et l'armée ne lui accordait aucune des grands, qualités qui distinguaient son prédécesseur; d' ailleurs, moins heureux que Dagobert et que Caro, l'âge avait déjà glacé les facultés de son Ame".

El partido antimonárquico "puso un inepto militar al frente del ejército de Guipúzcoa y Navarra cuando el ataque y la penetración francesa comenzaban. Además, en contra de la real Orden transmitida por Godoy, las Cortes siguieron abiertas y legislando. En varias ciudades corrieron "las voces que se esparcen por el Pueblo de desmedida libertad".

· Cuarto momento (19 al 28 de julio de 1794)

El día 19 se inicia el nuevo debate "del poder executado a los Tres Estados" y el 21 (lunes) juran guardar secreto sobre el tema (pero el Virrey se enterará ¿por algún eclesiástico?). La discusión se profundiza; pues ahora es la oferta de los dirigentes parisinos, hecha a través del periódico oficial (Le Moniteur Universel, del 27-5-1794), de anexionarse a Francia guardando sus Fueros y Prerrogativas. No hay que olvidar que entonces los estados pequeños (cf. E. Sieber "Die Idee des Klein-staate", nota 77) estaban bien considerados entre los intelectuales más prestigiosos; ni que siguiendo el confederalismo rousseauista 'muchos' creían que Francia sería la base matriz para una gran confederación de los pueblos regenerados por el nacionalismo (p. e. así lo pensaron e hicieron los belgas). Sobre este cuarto momento -el más importante- apenas sabemos nada. Sin embargo, entre los vocales había gente juzgada por la Inquisición por ser defensores de las máximas de la Revolución francesa: casos de Hortuño M. Corral y Aguirre y de Vidarte.

Carlos VII de Navarra y IV de Castilla (1795). En 1789 proclamó la Diputación al rey Carlos VII por muerte de Carlos VI verificada en el año anterior. Y en las Cortes de 1795 ratificó el juramento que había hecho siendo príncipe por medio del Virrey, conde Colomera. En las mismas Cortes fue jurado el príncipe de Asturias Fernando como sucesor en la corona.

· Quinto momento (24 de agosto 94-hasta finales de junio del 95)

Tras el fracaso del intento independentista y luego anexionista de Gipuzkoa, el partido pro monárquico y la represión dominaron la escena políticomilitar. Sin embargo, el partido opuesto no dándose por vencido consigue conjuntamente con las otras Tres Provincias pedir (15-4-1795) al nuevo Vicerrey y Jefe Militar (Príncipe Castelfranco, desde el 20-3-1795) que el ejército pase a la ofensiva, lo cual era un golpe de audacia o infantilismo, pues era provocar al ejército francés, victorioso ya en diversos campos europeos, oponiéndole un ejército mediocre bajo varios aspectos.

· Sexto momento (de comienzos de julio del 95 a comienzos de agosto del 95)

Es la derrota del ejército 'español' y la desbandada. Las Cortes inculpan a los dirigentes militares y al gobierno de Madrid por no ayudar. En los pueblos ocupados desde hace un año (algunos ininterrumpidamente -la inmensa mayoría del Baztán-, otros por momentos) parece que cunde el desánimo y la 'aceptación' de la nueva ideología. Es difícil valorar esta última fase, pues los archivos (el Provincial y los municipales de Pamplona, Bera, Lesaka y Etxalar -que he escogido como muestreo-) han sido censurados; y presumiblemente otros muchos más.

Godoy, acuciado por los problemas -enemigos personales, ejército real inepto, situación vasca- precipita las negociaciones de una Paz que se firma en Basilea el 22 de julio de 1795. Días después en las Cortes, no conocedoras aún de esta firma, los elementos más conservadores consiguen el decreto de apellido general. "Si hasta entonces -comenta Rodríguez Garraza (1974)- la formación de batallones se había adaptado a las condiciones de la guerra moderna, el mal uso, que según el Reino, se había hecho de los mismos, obliga a éste a manifestarse en apellido. En 13 días los comisionados del Congreso pusieron en pie de guerra a 25.000 navarros después de tres años de lucha". Era ya demasiado tarde. Godoy, espoleado por los informes del agente del Consejo de Castilla Zamora, iba a entregarse a fondo a la tarea de castigar a los afrancesados vascos y a erradicar las peculiares estructuras que éstos defendían. El País, decepcionado, destruido en parte por la guerra, diezmado por una epidemia de tifus exantemático traída por el ejército ocupante, víctima de las malas cosechas (Torre, CHN, 1985), afrontará en condiciones desfavorables un siglo XIX lleno de incertidumbres. El lema "Religión, Rey, Patria" esgrimido contra los ilustrados hace su aparición durante esta coyuntura (R. Garraza, 1988).

  • Período 1796-1808

Estos años finales del siglo y los precedentes a la francesada hubieran conocido con toda probabilidad la abolición definitiva de la foralidad de no mediar la intervención extranjera y la subsiguiente guerra. El período se inaugura con la Real Orden del 1 de setiembre de 1796 creando una Junta para analizar los Fueros navarros y conminando a que se ejecuten en el Reino las R. pragmáticas, cédulas y órdenes. Un escaso mes más tarde estallaba la guerra con Inglaterra que, al interrumpir el tráfico con América, hacía zozobrar la Real Hacienda española obligando al Gobierno a arbitrar toda clase de contribuciones ordinarias y extraordinarias incluso sobre el clero y nobleza. Quintas y contribuciones asedian al Reino y las Provincias Exentas mediante una serie ininterrumpida de R. Cédulas. En Bizkaia la imposición por la Diputación de Nuevos arbitrios suscita una agitación indisimulada. En Navarra se consigue reunir Cortes (1801) pero sólo limitadas a otorgar el donativo, es decir, a entregar dinero. Obligadas a economizar tiempo, acaban otorgando poder a la Diputación para que ésta negocie con el Gobierno las nuevas contribuciones. Al cabo de unos meses aparece, a tenor de las necesidades del Gobierno, el Diccionario Geográfico-Histórico de la Academia de la Historia en el que se pone en cuestión la interpretación histórica de los Fueros como constructos jurídicos peculiares y privativos (los de Navarra "no son tanto como se figura la imaginación acalorada de sus ciegos patronos") y se conceptúa el euskara como lengua no original sino introducida "a mediados del siglo VIII para figurar sus naturales total independencia del extranjero". El Gobierno crea en Navarra una Junta de reclutamiento. La agitación de Bizkaia desemboca en 1804 en la zamacolada y la ocupación de la provincia por las tropas reales. Navarra, mientras tanto, negocia, ejerce sus dotes diplomáticas, acude a los navarros en Madrid, se remueve, también en vano. El donativo de 1801 es rechazado en 1805. De la misma forma que en el resto de Vasconia, el Gobierno acaba consiguiendo introducir los principios de una fiscalidad general y la leva de quintas aunque se reduzcan estas contribuciones y se rescate, por medio de dinero, las últimas. La situación, extremadamente tensa, se arrastra durante los años que inician el siglo produciéndose esta vez lesiones irreversibles a la foralidad. Recogiendo las palabras de Rodríguez Garraza (1974, 289) "lo que el Gobierno no consiguió contra las instituciones de Navarra habrá que atribuirlo a su debilidad y no a sus intenciones". Este mismo autor recoge en su magnífica ponencia al II CMV (1988) otra de las consecuencias de este hostigamiento, el acercamiento a las P. Vascongadas, sintetizando en la respuesta de agradecimiento que da la Diputación en 1803 al envío por Astarloa de su Apología:

"no tenga ocioso su talento y se sirva de él para justificar la buena causa de este País Bascongado contra tantas plumas que parece han hecho empeño en sublevarse llevando por objeto el derogar o disminuir su gloria".

Evolución: población en los siglos XVIII y XIX. La no ejecución del Catastro de la Ensenada, por lo que se sabe hasta el momento, y el hecho de que todavía no se hayan calculado los efectivos en el censo de Aranda, hace que todavía la evolución global de la población navarra durante los dos primeros tercios del XVIII no sea bien conocida. Sin embargo, todos los datos disponibles permiten asegurar que, aunque a un ritmo desigual, sus efectivos aumentaron a lo largo del siglo XVIII con una tasa de crecimiento medio anual similar al del conjunto de la monarquía española. Por el contrario, desde la última década del siglo XVIII y hasta el último cuarto del XIX, Navarra, y todo el País Vasco, atravesaron por una serie de circunstancias negativas que hicieron que su población creciese más débilmente que la española y que incluso en algún momento retrocediese. Los censos generales, elaborados a partir de la segunda mitad del XVIII, los de ámbito exclusivamente navarro como el de 1796 y la Matrícula de 1816-1817, permiten conocer detalladamente esta evolución. Navarra que contaba 227.382 habitantes en 1786 tenía 297.432 en 1857, lo que supone una tasa de crecimiento medio anual de 0,49 %, que contrasta con la media anual española del 0,63% en el mismo período. Como consecuencia de ello, el porcentaje de la población navarra dentro del conjunto español descendió entre ambas fechas del 2 al 1,9 %.

La evolución de la población navarra en el conjunto vasco
* cifra rectficada
NavarraAlavaGipuzkoaBizkaia
1725180000?------
178722738271182119415114726
179722172869158104491111603
185729742296398156493160579
1877299189*93191167207189954
190030766996385195850311361

Las causas de este lento crecimiento son muy diversas, aunque todas interrelacionadas entre sí. Las malas cosechas, las guerras y las secuelas de ambas, tales como las epidemias que frecuentemente se dieron a la vez, la deficiente situación sanitaria, la emigración, etc., son las más importantes. Hay que tener en cuenta que Navarra fue escenario de todas las guerras que se dieron en el período y que las epidemias, como el tifus o el cólera, causaron una gran mortandad en numerosas comarcas. Durante la guerra de la Convención tuvo lugar la primera crisis de mortalidad de las que se dieron en la época final del Antiguo Régimen... Como consecuencia de ello, el lento, pero progresivo crecimiento de la población navarra durante el siglo XVIII se vio bruscamente cortado. Con todo, esta regresión se dio sólo en las merindades de Pamplona y Sangüesa, que perdieron aproximadamente el 10 % de su población.

La recuperación de esta crisis fue lenta, pues aunque afectó fundamentalmente a los adultos, se vio dificultada por las cuantiosas pérdidas materiales, las malas cosechas de principios del siglo XIX y la guerra de la Independencia. Las consecuencias demográficas de esta contienda, y las derivadas de las guerras realista y carlista están sin evaluar, no obstante, dada su duración y que los efectos en onda se superponían, cabe pensar que sus efectos fueron muy negativos. De hecho, se ha comprobado que en algunas zonas, además de aumentar la mortalidad, disminuyeron la nupcialidad y la natalidad y dificultaron el descenso de la mortalidad infantil. Podría pensarse que, una vez terminada la primera guerra carlista, durante la cual se produjo la epidemia de cólera de 1834, Navarra estaría en condiciones de emprender un ritmo de crecimiento demográfico más acorde con el que se registraba en Europa Occidental en la época. Sin embargo, no fue así. El peso de las pérdidas del pasado, nuevas epidemias y conflictos bélicos, como la segunda guerra carlista, junto al mantenimiento del predominio de las actividades agrarias, fueron las causas que imposibilitaron o retrasaron el cambio de una demografía de Antiguo Régimen a otra de nuevo cuño.

La nueva epidemia de cólera, en 1855, segó la vida de un 4 % de la población (grosso modo murieron unas 12.000 personas) y otra, en 1883, la de un 1 % (fallecieron por esta causa 3.261 individuos). A estas pérdidas habría que añadir las de la segunda guerra carlista, todavía desconocidas pero que en cualquier caso hicieron disminuir la población entre 1860 y 1877. Los censos de la segunda mitad del XIX muestran la incidencia de estos fenómenos. En el de 1857 se aprecia la disminución de los efectivos de 20 a 25, a causa del descenso de los nacimientos durante la primera guerra carlista y la de los grupos de edad más viejos a causa de la epidemia de cólera de 1855. El censo de 1877 (hay que descontar los más de 35.000 y más de 12.000 militares incluidos en la población de derecho y de hecho respectivamente) da una cifra de población más baja que la de 1860, aunque posiblemente el descenso de algunos valles no fue tan grande como el que se desprende de este censo. Además de todas estas circunstancias, los comportamientos internos de la población, y su no evolución, explican el lento crecimiento de la población.

Las tasas de natalidad, en 1787, 1797 y 1860 eran, como en el País Vasco, inferiores a las del conjunto español. No era ajeno a ello el que el porcentaje de jóvenes de 16 a 25 años casados era también más bajo y que lo mismo ocurría con la tasa de nupcialidad femenina. Por otro lado, la tasa de mortalidad, sobre todo la infantil, siguió siendo muy alta durante el siglo XIX. Si a todo lo dicho se añade que en las últimas décadas del XIX, a causa del fracaso, o del no inicio, de la industrialización, decenas de miles de navarros abandonaron su tierra, se explica que en 1900 la población provincial había descendido al 1,6 % del conjunto de la monarquía y que fuese sobrepasada en números absolutos por Bizkaia, la cual a finales del XVIII apenas representaba el 50 % del conjunto navarro.

AGM

La francesada (1808-1814): ¿una oportunidad perdida?. Los seis años de ocupación francesa de Navarra deben de ser examinados dentro del especial contexto en el que la misma tiene lugar:

a) Proyectos reordenatorios del territorio peninsular de Napoleón I: Nueva Fenicia, que englobaría en un solo estado independiente las tierras vascas de Francia y de España, y el País Transpirenáico que podría abarcar las Vascongadas, Navarra, Aragón y Cataluña (Estornés Zubizarreta, 1983 y 1986).

b) Tensiones ininterrumpidas y crecientes a lo largo de las últimas décadas del siglo XVIII entre Navarra y la Administración central (Rodríguez Garraza, 1974).

c) Instauración de un nuevo orden constitucional en España.

d) Tensiones internas en la sociedad vasca derivadas del cerco arancelario y de la consolidación de una burguesía comercial que necesita romper con el regionalismo foral, ya sea integrándose como minoría dirigente en un pequeño estado vasco ya en la burguesía nacional española mediante la eliminación de las aduanas en los puertos y en el Ebro.

La fórmula híbrida -regionalismo foral, la vinculación, con más inconvenientes que ventajas, a la Monarquía española- ha entrado en crisis y ha de resolverse en una u otra forma. Sólo así puede comprenderse que la ocupación de Vasconia entre 1807 y 1808 haya sido absolutamente pacífica, y que en Navarra, tras la toma de la Ciudadela de Pamplona (16-17 de febrero de 1808), "los habitantes se quedaron sorprendidos dos o tres días, pero, vueltos en sí, casi todos han dicho, de común acuerdo, que los franceses han hecho muy bien en aprovechar las circunstancias y la incapacidad de la Corte de Madrid" (Estornés Zubizarreta, Príncipe de Viana, 1989). La connivencia y hasta complacencia urbana con el ocupante (Campo, Luis del, Príncipe de Viana, 1981, 182, 189 y passim) coexiste con la pasividad campesina pese a las exhortaciones del clero diezmero, enemigo acérrimo de la Revolución y, en consecuencia, de sus vanguardias armadas. A ello hay que añadir, además, la normalidad (Thiers: Histoire du consulat, 1892), con la que las cuatro Diputaciones envían sus representantes a la Asamblea de Bayona, -en contraste con la menguada asistencia de dignatarios del resto del Estado- y la actividad de los mismos en el seno de la Comisión redactora de la Constitución de Bayona-Exposición de Gainza y Escudero por Navarra- que culmina con la aprobación -controvertida- del art. 44 reconociendo la existencia de un régimen foral especial a tener en cuenta en los cuatro territorios forales. Son los hechos de armas en España, el primero de los cuales Bailén (19 de julio), los que modificarán con el tiempo esta postura inicial de la población y las instituciones vascas.

En Bizkaia se constituye una Junta Suprema de Gobierno (6 de agosto) al margen de la Diputación, alentada por diversos sectores religiosos (Labayru, VII, 135-136), y rápidamente reprimida. En Navarra, la Diputación, ante la cercanía del ejército español al Ebro, abandona de noche (29 de agosto) Pamplona emitiendo un Manifiesto según el cual "La Religión, el Rey y la Patria, están pidiendo venganza contra el pérfido violador de sus sagrados derechos", pero ésta es la única reacción. Ayuntamientos, Diputación (nueva) y Virreyes serán renovados periódicamente en la Navarra ocupada hasta 1810. La división moral de Navarra se produce tarde y en torno a varios acontecimientos cuya interrelación habría que estudiar a fondo: supresión de conventos por José I (el prior de Ujué es investido por la Junta Central de plenos poderes para dirigir el alzamiento en Navarra) (Miranda Rubio, 1977), decreto de José I suprimiendo las aduanas vascas en el Ebro (Prontuario, 1810), constitución de los Gobiernos militares de Vizcaya, Navarra, Aragón y Cataluña el 8 de febrero de 1810, consolidación de la resistencia española y convocatoria a Cortes en Sevilla (luego Cádiz).

Es en estos meses cuando se organiza en Navarra una verdadera guerrilla (y no el bandolerismo endémico anterior) mientras "la casa del sacerdote era hospital y refugio de rezagados, así como depósito de armas y cuartel general de voluntarios" (Miranda Rubio, 1977). Mina el Joven, Cholín, Juanito el de la Rotxapea, Tachuelas, Burutxuri, El Cuevilla, el párroco de Valcarlos, el abogadillo de Logroño, Cruchaga entre otros, y, finalmente, el célebre Espoz y Mina, futuro comandante de la División de Navarra, hostigan a los franceses contagiados del espíritu de Zaragoza y con los ojos puestos en la Junta Central Suprema de resistencia española.

Elecciones del 21 de setiembre de 1810 a Cortes españolas. Diputado suplente, elegido por la colonia navarra en la Isla de León: Francisco de Paula Escudero.

Elecciones a Cortes españolas del 25 de setiembre de 1813. Tres diputados a elegir: uno por cada 70.000 habitantes. Elección efectuada en Estella, capital provisional del Reino.

Diputado 1.°
Veremundo Arias (obispo de Pamplona)7 votos
Obispo de Tudela2 votos
Diputado 2.°:
Juan Carlos Areizaga (Tte. Gral. de los Ejércitos)4 votos
Alexandro Dolarea3 votos
Sebastián de Torner2 votos
Diputado 3.°:
Alexandro Dolarea7 votos
Sebastián de Torner2 votos
Suplente:
Josef Manuel Lombardo (presbítero de Los Arcos)
6 votos

No fueron aprobados los poderes de Areizaga. Hubo gran oposición a los del obispo de Pamplona. El 9 de setiembre de 1813 habían resuelto las Cortes, en Cádiz, nombrar diputado suplente, hasta la llegada de los titulares, a D. Francisco de Paula Escudero. Ref Actas electorales y documentos complementarios. Arch. Cortes Españolas.

Bloquean Pamplona (finales de 1811) y posibilitan la recuperación por parte española de Estella en la que el 31 de julio es proclamada la Constitución de Cádiz (que ignora el Fuero de Navarra). La fase final de la guerra de la independencia española transcurre en tierra éuskara y es la única en la que el país va a conocer los efectos devastadores de la misma. Empujados hacia el norte, los efectivos franceses se repliegan hacia Navarra que limpian de guerrilleros en la primavera de 1813. Clausel abandona Pamplona con la mayor parte de sus fuerzas marchando hacia la llanada alavesa. Queda en la capital navarra el general Cassan con varios miles de soldados bien pertrechados y abastecidos. El 21 se libra la batalla de Vitoria. El derrotado José I entra en Pamplona el 23 transpasando el 27 la frontera.

Pamplona va a permanecer cercada durante 4 meses y "la masa del vecindario prefiere permanecer en su hogares a emprender el éxodo" (Campo, 1981: 202). Mientras tanto y, a punta de bayoneta, la Constitución de Cádiz va siendo implantada. Se crea, en sustitución de la Diputación, la Junta de Subsistencia para el Reino de Navarra (agosto 21) y van siendo elegidos diputados para enviar a Cádiz (Laborie, 1968). El 26 de setiembre se elige una Diputación provincial presidida por el jefe político Miguel Escudero, ex afrancesado. Todo parece indicar que la victoria de la resistencia española sienta las bases para la creación no sólo de un nuevo Estado sino incluso de una Nación a la francesa (con su correspondiente nacionalismo) dentro de los patrones jacobinos.

Pero la derrota y emigración de los afrancesados no implica forzosamente una unanimidad entre los vencedores; los había, y muchos, contrarios a lo legislado en Cádiz que no tarda en levantar su voz y tomar la iniciativa. Entre éstos y aprovechando la desintegración del grupo de navarros que puso sus esperanzas en los planes de Napoleón I, los partidarios de volver al estado anterior de cosas. Como consecuencia, Navarra queda dividida en dos campos ideológicos: liberales (unitarios o federales, como Mina) y absolutistas. Además, los gravámenes impuestos por las necesidades bélicas de los ocupantes, las de los guerrilleros y las del ejército aliado, han empobrecido a la mayor parte de la población dando comienzo en estos años la venta de propios y comunales (Esquíroz, 1977-95) que arruinaría, a lo largo del siglo XIX, a muchas poblaciones navarras.

Juramento de Fernando III de Navarra y VII de Castilla (1817). Se efectuó en el primer período de su reinado, durante las Cortes de Pamplona, el 8 de julio de 1817. Lo representó el Conde de Ezpeleta de Beire.

(1814-1833). El período final de la crisis centro-periferia abarca todo el reinado de Fernando VII. Durante éste, habiendo desaparecido el núcleo afrancesado susceptible de haber aglutinado en torno a sí el sentimiento autoafirmativo del etnogrupo éuskaro, la reacción contra la asimilación y el centralismo se volcará en los moldes de un regionalismo conservador firmemente apoyado por el clero. Con la emancipación de América, la Hacienda española se ve amputada de uno de sus principales recursos. Como dice Andrés-Gallego (1982) "no es raro, pues, que aquellas demandas... dejen de ser preocupaciones renovadoras de nuestros ilustrados y se conviertan en necesidades acuciantes" y que los vascos tuvieran pronto que "añorar la época del despotismo benevolente, barrida por la turbulencia de la época napoleónica" (Barahona, 1983). Durante este período decrece también la influencia vasca en la Corte y se acrecienta la división de la sociedad, tanto navarra como vascongada, en torno a la cuestión de las aduanas, cuyo traslado durante la ocupación francesa y el trienio constitucional proporciona argumentos concretos y demostrables a unos y a otros. Debido a las guerras, el campo experimenta además un empobrecimiento general. El regionalismo conservador al que aludimos apoyará al absolutismo frente al constitucionalismo porque, puesto a elegir entre Scilla y Caribdis, les ofrecía aún menos garantías esta última -el constitucionalismo unitario- que el gradualismo despótico fernandino. La división clásica de este reinado es la siguiente:

  • Primera restauración (1814-1820)

Al mes de restaurado en el trono, Fernando VII deshacía la labor de Cádiz, encarcelaba a los diputados y restauraba los Fueros. Nombra virrey al conde de Ezpeleta, un noble acogido a la tranquilidad de la retaguardia francesa, en vez de escoger a Espoz y Mina, el héroe popular del momento, a lo que éste respondió intentando tomar la Ciudadela y huyendo luego a Francia. En Navarra se acumulan los problemas -deuda municipal (Torre, J. de la, 1985) enajenaciones, ocupación militar, desorganización institucional- y se piden Cortes que se celebran en 1817-1818 con un marcado carácter restauracionista ya que anulan más de 100 reales cédulas libradas desde finales del siglo XVIII declarando nulo todo lo obrado en contravención y quiebra de los Fueros y Leyes, entre otras cosas la supresión del derecho de sobrecarta de 1796.

El acervo de Leyes aprobadas a cuenta además de la voluntad de modernización de los legisladores navarros: abolición de la tortura, liberalización del trabajo de los gremios, despenalización de los hijos extramatrimoniales, prohibición del apelativo "agote", constitución de oncenas y quincenas, (es decir, oligarquización del municipio, como en el resto de Europa), etc. Se sancionaron -como en otros lugares de Vasconia- las ventas y enajenaciones hechas durante la guerra. Se denegó la traslación de las aduanas pero se reconoció, sin embargo, la posibilidad de rescatar el servicio de las odiadas quintas en dinero. Durante este período, acosadas por la recién creada Junta de Reforma de Abusos de la Real Hacienda y los jueces de contrabando, las Vascongadas estrecharon sus relaciones con Navarra gestionando medios de caminar unidas en el mantenimiento de sus antiguas prerrogativas. Esta convergencia seguirá produciéndose a lo largo de todo el reinado de Fernando VII, especialmente en los asuntos referidos a quintas.

  • El alzamiento realista

El 1 de enero de 1820 se alzaba Riego y el 2 de marzo penetraba Mina en Navarra proclamando la Constitución. Por presión de la guarnición de Pamplona, el día 11 diversos ayuntamientos, entre los cuales el de Pamplona, y la Diputación, de acuerdo con el virrey Ezpeleta, juraban la misma. Mina hacía su entrada triunfal dos días más tarde siendo investido Capitán general de Navarra el 24. Su proyecto (Girón, II, 1979: 101-104), federalista, contemplaba la sustitución del ejército ocupante español por navarros y la constitución de milicias nacionales con sus antiguos combatientes, tratando probablemente de compaginar las novedades constitucionales con los Fueros (Campo, 1981: 520). Pero esto no se hizo así y la ocupación militar no iba a tardar en provocar problemas. Las tropas ocupantes y los anticonstitucionales (en especial los seminaristas) protagonizaron a lo largo de todo 1820 fricciones e incidentes. Las medidas laicistas -reforma de la dotación del clero, suspensión de entrada en religión, supresión de las órdenes monacales- y la disolución de los jesuitas colocaron también al clero en guerra abierta contra el Gobierno. En enero de 1821 Mina era destinado a Galicia y en marzo, cuando las partidas realistas comienzan a proliferar, Fernando VII pide en secreto ayuda a la Santa Alianza.

Elecciones a Cortes del 22 mayo 1820
1er. DiputadoJosé M.ª Ezpeleta (Mariscal de Campo)
2.º DiputadoAlexandro Dolarea
3er. DiputadoJosé Francisco Lecumberri (Vicario de la Parroquia de San Nicolás de Pamplona).

Elecciones a Cortes del 3 diciembre 1821
1er. DiputadoJosé Luis Munárriz
2 º DiputadoFermín Alvarez de Eulate
3er. DiputadoMiguel Escudero

En Navarra la Junta realista compuesta por J. J. Mélida, Eraso, Lacarra, Villanueva, Uriz y Santos Ladrón prepara la gran sublevación armada, vanguardia de la española, que cobra vida entre noviembre y diciembre encabezada por los seminaristas de Pamplona y párrocos que no dudan en abandonar sus feligresías (Montoya, 1971). Pero el levantamiento general es abortado debiendo pasar la frontera algunos de sus mentores aunque en campo abierto las partidas se en señorean del territorio. El 19 de marzo de 1822 un tiroteo se cobra la vida de cinco militares y dos paisanos en Pamplona. La Milicia Nacional de la ciudad, sospechosa de parcialidad y de connivencia con los rebeldes, es desarmada. La sublevación rebrota con fuerza en la primavera de 1822 con la estructuración de la División Real dependiente de Urgel en la que podrán verse pocos de los antiguos guerrilleros navarros que, por lo general, han preferido el campo liberal, y sí al espectro más conservador de la sociedad navarra que se erige en defensor del Fuero.

El 15 de agosto es declarado el estado de guerra en una Navarra alzada en armas -a veces por la fuerza (Río Aldaz, 1987)- en la que la capital y algunas villas son los únicos islotes gubernamentales merced a las tropas acantonadas en las mismas. La llegada del nuevo año presencia el endurecimiento de la guerra y las derrotas de los constitucionales. La invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis (7 de abril) no tropezó con resistencia. Para mediados de abril los franceses, habían llegado al Ebro dejando bloqueada Pamplona que capitula el 16 de setiembre. La reacción absolutista se pone en marcha. Las Sociedades Patrióticas de Pamplona y Tudela son clausuradas. El obispo y el clero de Navarra piden el restablecimiento de la Inquisición y las Listas de Depuración llegan a las mesas de todos los nuevos ayuntamientos. Durante este período y aprovechando el dominio de sus entonces correligionarios, José M.ª de Zuaznabar publicó su Ensayo Histórico-Crítico sobre la Legislación de Navarra atacando los fundamentos de la foralidad navarra. Además, las aduanas del Ebro fueron declaradas nulas y los grandes agricultores de la Ribera pudieron saborear las mieles del libre comercio con Castilla.

  • Segunda restauración del "Deseado"

Los diez años que la historiografía liberal ha denominado "década ominosa" constituyen el período de incubación de los incesantes disturbios civiles que caracterizan el siglo XIX español. La revolución liberal cobra en Vasconia, además, una dimensión más compleja; viene a superponerse y a ofrecer sus cauces y canales a una peculiar crisis del Antiguo régimen, la del régimen foral, sistema de autogobierno que, como hemos visto, llega al nuevo siglo cuarteado y vacilante. En Navarra, la pervivencia del sistema feudal en el seno de la foralidad, complica aún más la situación ya que al campesino -pechero o no- la experiencia liberal recién transcurrida, lejos de favorecerle le ha perjudicado (Río Aldaz, 1987) y la elevación y monetización de las ventas le han entregado en manos de acreedores y usureros. La Iglesia y su clero, perjudicados también por el francés y luego por el Trienio (desamortización, diezmo), serán sus más interesados aliados.

Sumemos a estos dos bloques las grandes fracciones de la Nobleza (sobre todo pequeña) y de las Universidades partidarias de las aduanas en el Ebro, añadamos el fervor apostólico de algunas gentes y tendremos al futuro Carlista. La dinámica de este enfrentamiento atraviesa las instituciones navarras en el peor momento de su vida histórica, cuando, restablecido el absolutismo y nominalmente los Fueros, España se sigue construyendo como un Estado unitario siguiendo el modelo francés, es decir, el más centralizado de todos los modelos occidentales. En diez escasos años la foralidad vasca se verá reducida, de hecho, a la mera letra, tanto durante el período meramente absolutista como durante los meses de gobierno liberal que preceden a la muerte del Rey en octubre de 1833. En 1824 serán implantadas las Comisiones Militares y la Policía en Navarra, y el Gobierno se reservó el nombramiento de alcaldes en Bizkaia.

En 1825 se hacía extensiva a las Vascongadas las disposiciones sobre importaciones, se implantaba la ley de minas en Bizkaia, y se reinstauraban las viejas Ordenanzas de Chinchilla. En 1826 se creaba la Junta gubernativa para el examen de los Fueros de Navarra. La guerra de los agraviats, y el temor a que ésta prendiera en Navarra y Vascongadas, hizo, sin embargo, que el Gobierno se retrajera en sus exigencias sobre quintas en 1827, consiguiendo las cuatro provincias, de consuno, imponer su punto de vista. Tras diversas peticiones, los navarros pudieron juntar en setiembre de 1828 Cortes, que se inician con la reparación de los contrafueros más flagrantes (15 leyes). El Cuerpo de Voluntarios realistas pasaba a ser controlado por la Diputación que restablecía, además, su autoridad desafiada últimamente por las Merindades. Se creaba una Junta Superior de Educación, se mejoraba la red educativa y se ponían las bases legales para la erección de un Colegio de Medicina, Cirugía y Farmacia.

En lo tocante al ramo de la economía, las Cortes, apremiadas por la situación y las demandas del Gobierno, flexibilizaron el reparto sobre los pueblos; lo impusieron de forma equitativa sobre el comercio, la industria y la agricultura; restringieron las exenciones fiscales del clero y los privilegios de universidades e individuos. Como era de esperar, el tema más debatido fue el de las aduanas. Por primera vez las Cortes aprobaron su traslado a los límites del Estado bajo determinadas condiciones (ley contractual), entre las cuales que el traslado fuera a modo de prueba temporal (6 años), y mediando la protesta de Pamplona y otras localidades. Las condiciones no fueron aceptadas y las traslación no fue llevada a cabo. Días más tarde (14 de mayo de 1829) una Real Orden suspendía el Derecho de Sobrecarta hasta que la Junta de Examen de Fueros diera su veredicto. Las últimas Cortes de Navarra iban a resultar en su parte más sustancial papel mojado. Incluso la figura del Virrey iba a ser solapada al serle superpuesto desde Madrid el Consejo Real, cabeza de puente gubernamental en Navarra (Real Orden del 25-XIl-1829).

En 1830 tuvieron que aceptarse las quintas mientras el resto de las facultades de Navarra seguía en entredicho o en peligro. Las representaciones de la Diputación al Gobierno son continuas, tanto durante los últimos meses de gobierno absolutista como durante los primeros del nuevo ministerio liberal (set. 1832); a lo largo de las mismas se asienta definitivamente la doctrina navarra de la unión aeque principal utilizada como justificación histórico-moral de una identidad diferenciada que se quiere mantener a toda costa. Las raíces del tradicionalismo navarro se hunden en este alegato teórico sostenido por las élites navarras -y vascas en general, ej. Aranguren y Sobrado, Novia de Salcedo-, élites tradicionalistas que el conflicto dinástico de 1833 escindió al adscribirse parte consistente de la clase nobiliaria y propietaria a un liberalismo moderado garante de sus intereses. La idea de una reforma drástica de la foralidad, incluso de su posible sustitución por un régimen autonómico integrado en la unicidad de una sola Nación, va abriéndose además camino durante los años anteriores a la guerra carlista en determinadas cabezas pensantes de Navarra. Meses antes de estallar ésta, Yanguas y Miranda, enviado navarro y ex diputado y Calvet, comisionado ministerial, inician los primeros pasos. Pero el resto de la clase dirigente navarra o abraza la causa de la Reina (y del liberalismo) esperando hacer primar, con el tiempo, su visión moderada de la reforma, o se adhiere a Carlos María Isidro, idealizada visión de un Monarca de otros tiempos del que se espera restablezca una Arcadia foral cada vez más añorada y mitificada.

Composición social del campo y corte carlistas según J. Caro Baroja (1972: 174-5).

"1.º) Una cantidad regular de antiguos funcionarios públicos y de cortesanos, que habían sido servidores de la Monarquía fernandina y que tenían una concepción de la Monarquía absoluta inspirada en el recuerdo de los grandes ministros y reyes borbónicos, con Luis XIV a la cabeza. Este, sin duda, era un tipo monárquico apto para medrar en despachos y ministerios.
2.º) Otra cantidad regular de representantes de la nobleza, no cortesana sino más bien afincada en el campo de ciertas regiones, Navarra, Cataluña, etc. con una visión de la Monarquía bastante distinta en el fondo a la de la gente anteriormente definida, y parecida a la de la nobleza campesina legitimista francesa, que, en la corte y capital de Francia veía ya el símbolo de males perpetrados desde antiguo, por la misma Monarquía, manejada por ministros y hombres de origen vario, con nobles de nuevo cuño, grandes asentistas enriquecidos, letrados, etc.
3.º) Una porción considerable de militares, educados en los principios del Gran Federico y de los reyes soldados del XVIII.
4.º) Un clero alto de tendencia también cortesana.
5.º) Un clero rural o más popular, tanto secular como regular, entre el que se repite el tipo de fraile guerrillero, del clérigo militarizado ya en la guerra de la Independencia.
6.º) Una masa rural representada por pequeños propietarios e hijos de éstos y por gente aún más pobre, que, en gran parte, estaba espiritualmente dominada por el clero y que tenía sentimientos muy particularistas.
7.º) Un residuo de la juventud mal acomodada a causa de la pérdida del Imperio, de la guerra de la Independencia y de la vida difícil de los años posteriores a ésta. La experiencia vino a demostrar que los elementos más perturbadores para la causa carlista fueron los del sector cortesano (más ducho en intrigas) y que la gente que padeció más las consecuencias de la guerra, fue la de los campos: tanto la nobleza rural, como el paisanaje".

(1833-1839). Habiendo abordado en su conjunto el tema de esta guerra en el artículo Carlismo, nos referiremos en este apartado solamente a las vicisitudes institucionales de Navarra durante este período, el más polémico sin duda de su historia. Sobre los problemas que dividen la sociedad navarra viene a incidir ahora la cuestión dinástica. No creemos posea verdadera entidad esta cuestión ya que Navarra, en lo tocante a la sucesión, había hecho dejación de sus propios preceptos (Burgo, J. I. de, 1968: 19-23) desde su conquista e incorporación a Castilla, aceptando todas las vicisitudes en las que incurrió la ley de sucesión castellana. Estaba, pues, obligada de lege a apoyar a la hija de Fernando VII en detrimento de su hermano Carlos. Impelida en noviembre de 1832 a pronunciarse sobre la legitimidad de la princesa Isabel, la última Diputación del Reino pide la reunión de Cortes cometiendo el Gobierno el trágico error de no responder a la demanda. Como comenta Campión (ER, 1891),

"esos reconocimientos y proclamación efectuados en la vida de Fernando VII, mucho antes de que la paz material se turbase... hubieran imposibilitado cualquier movimiento carlista en Navarra, donde habría cabido una guerra religiosa y foral, como la del año 1822, pero sin mezcla de elementos dinásticos que han adulterado y esterilizado, a la postre, los esfuerzos de este heróico Reino".

En efecto, la noticia de la muerte de Fernando VII pone en pie de guerra a Vasconia y los actos de fuerza se prodigan tanto entre los gubernamentales (cristinos), como entre los insurgentes (carlistas). De esta forma una Diputación depurada por los primeros proclama a Carlos V en Bilbao (4 de oct.) y otra expurgada de elementos carlistas aclama a Isabel I de Navarra y II de Castilla (2 de marzo de 1834) en Pamplona cuyo ayuntamiento se había declarado carlista meses antes. Es indudable que, salvo en el caso de San Sebastián, la presencia de una importante guarnición y la fidelidad de las tropas a la Regente Cristina decidieron la suerte de las capitales vascas. En lo tocante a las Diputaciones, como instituciones forales en manos de indecisos o de moderados, son el capitán general de las Vascongadas y el virrey de Navarra los que las acaban de colocar de parte del Gobierno. Contrariamente a lo que algunos historiadores han afirmado (ej. Mina, 1981), creemos que la cuestión foral embebe ya, desde sus comienzos, el clima moral en el que se desarrollan los primeros hechos de armas de una guerra de motivo baladí -el dinástico- en la que, sin embargo, se ventilaba la segunda gran batalla entre el Antiguo y el Viejo Régimen éuskaros, uncidos, de forma ineludible ya, a la Revolución liberal española.

Así lo avalan, por ejemplo, los ininterrumpidos partes emitidos por el Capitán General de las Vascongadas, Castañón (Berruezo, 1967), la proclama de la Diputación de Bizkaia (5 de octubre de 1833), la de Verástegui (7 de octubre), la de Alzáa (8 de octubre), la de la Diputación de Gipuzkoa (1.º de octubre), la de la Diputación depurada de Bizkaia (28 de noviembre), la suspensión de los Fueros en Bizkaia y Álava como castigo (Castañón, bando del 30 de noviembre), la proclama de la Diputación carlista de Gipuzkoa (7 de diciembre), la petición del Regimiento general de Bizkaia (16 de diciembre), la circular de la Diputación de la misma provincia (24 de dic.), el oficio del general Valdés (el 10 de enero de 1834) y la misma alocución del Virrey de Navarra, Armíldez de Toledo, el día de la proclamación de Isabel I en Navarra ya aludido. Y es que, como dice el general Castañón en su parte del 3 de enero, "el espíritu del País es fatal y tratándose de fueros hasta los más legitimistas claudican y no tienen opinión segura".

Es decir, que el tema de los Fueros, sin ser él sólo la causa eficiente del levantamiento carlista, constituye la causa material principal, aquello con lo que se produce la repulsa del sistema nivelatorio, anticlerical y antipopular (quintas, encarecimiento de bienes de subsistencia, mayor presión fiscal, monetarización de las rentas agrarias, privatización del comunal y despojo campesino) ya ensayado en 1820-1823 en suelo navarro. Y constituye también una parte muy importante de la cuota de indecisión que recorre a los futuros moderados vascos presentes en las Diputaciones vascongadas y navarras. Todo ello independientemente de la instrumentalización del tema por sus mismos protagonistas a finales y tras la guerra, a tenor de la coyuntura política entonces creada, y de la distorsión historiográfica consecuente, razón por la que la documentación coetánea a los hechos es la más idónea a la hora de enfocar éstos. Según ésta, durante 1834 y 1835 y hasta el Golpe de la Granja, las cuatro Diputaciones moderadas vascas dirigirán su actividad hacia un doble frente: defenderse del levantamiento generalizado y defender el régimen foral amenazado por el Estatuto Real promulgado el 10 de abril de 1834. Pero sobre la actitud foralista de la Diputación navarra (Campión, 1891) va a pesar con el tiempo la consideración hacia un sector minoritario pero importante de la población navarra que ha optado por integrarse a las Cortes españolas y hacer que el Gobierno español se haga cargo de la deuda pública navarra, todo ello a cambio de permitir que éste reforme el Fuero.

Elecciones generales del 30 junio 1834
Joaquín Ezpeleta (Mariscal de Campo)
Evaristo San Clemente (Marqués de Montera)
José Francisco Muguiro e Iribarren

Muguiro renunció por razones de salud. Para sustituirle, fue elegido el 17 de agosto 1834 José María Monreal. El 4 setiembre 1834 fue anulada la elección de José M.ª Monreal, por no poseer la renta requerida por el Estatuto Real. En su lugar fue elegido, el 14 setiembre 1834, por unanimidad, el Conde de Sáceda (Ignacio de Goyeneche), que renunció seguidamente, por motivos de salud, también. Por fin, el 20 octubre 1834 fue elegido Román Marichalar (6 v.) contra el Barón de Bigüézal (5 v.).

Elecciones generales del 26 de febrero de 1836
Ref. Actas electorales y docs. complementarios, Arch. Cortes Esp., G. de M. 2 de marzo 1836.
Francisco Espoz y Mina14 votos
Francisco Alonso8 votos
Victoriano Esain8 votos

Así, después de enviar sus procuradores integrándose en la mítica "voluntad general de la Nación", esperaba conservar intactas sus instituciones. Pero ello no es así y una RO de marzo de 1836 suprimía la Cámara de Comptos, otra de abril cesaba el Consejo Real y la Corte del Reino, pese a las protestas de la Diputación moderada. Días después un dictamen de la Comisión especial del Estamento de Procuradores del Reino (de Castilla) manifestaba su convicción sobre la necesidad urgente de uniformizar a las provincias vascas con el resto de la Monarquía a lo que respondía la Diputación de Vizcaya de forma intransigente y la de Navarra, sin embargo, resignándose, es decir, afirmando que "nunca podrá persuadirse que se presupongan derogados y sin vida sus fueros y sus dogmas políticos de libertad y justa independencia sin adopción de lo bueno que contienen, conciliable con la regeneración y las reformas de la monarquía" (actas, 9 de junio).

Elecciones generales de set. de 1836
Ref. Gaceta de Madrid, n.º 671, 13 oct. 1836.
Francisco de Espoz y Mina Licenciado
Francisco Goyeneche
Agustín Armendáriz
Juan Muguiro e Iribarren
Suplentes
Pedro Clemente Ligués
Gral. Miguel Iribarren

Este discurso político va a cesar a partir de agosto de 1836 y la llegada de los progesistas al poder provincial como consecuencia del motín de los sargentos de La Granja. Las Diputaciones forales son disueltas -hasta 1837 sólo las vascongadas, hasta 1841 la navarra- siendo sustituidas por los respectivos entes provinciales. La minoría progresista navarra pugnará desde la nueva Diputación y desde sus escaños en las Cortes españolas por acogerse a las ventajas que la revolución liberal puede depararle. Pequeña burguesía radicalizada, capitalistas suscritores de la deuda pública navarra y compradores de tierras desamortizadas batallarán por conseguir la supremacía de sus intereses a costa de los de la gran mayoría de la población considerándose a sí mismos como "la parte rica e ilustrada (que) se somete a seguir la suerte de la monarquía española bajo esas bases indispensables (libertad legal y constitucional) y no sin ellas".

Incluso llega a hacerse de estos prosaicos intereses una cuestión de nacionalidad (española, o no española que no se especifica) y a señalar, como lo hace Yanguas (1838), el carácter conflictivo de esta opción: "estas instituciones (las navarras) no son convenientes ni pueden sostenerse en este siglo: yo busco la conveniencia pública en donde creo que la puedo encontrar y me parece haberla hallado en el gobierno representativo de la nación española". Días más tarde la Diputación aprueba las palabras de su secretario en su Exposición del 5 de marzo (R. Garraza, 1968: 458); las Cortes de Navarra, institución en la que cualquiera de los tres brazos puede vetar una resolución (Huici Goñi, 1963: 240), estorba a los propósitos desamortizadores del progresismo y debe de desaparecer. El declive militar del carlismo y el empuje del fuerismo favorecen sus designios; pero debe de sortear los peligros implícitos en el Convenio de Vergara, es decir, evitar que los Fueros sean confirmados en toda su integridad (lo cual le obligaría a compartir el poder provincial) consiguiendo, sin embargo, que subsistan algunas de sus características, aquéllas que le permitan erigirse en única clase hegemónica de Navarra. La primera guerra carlista llamada coloquialmente Guerra de Navarra "no obstante que Álava, Gipuzkoa y Bizkaia la vieron también nacer" (F. Arteta en Trenas, 1971: 156), brinda a estas nuevas élites unas oportunidades que no van a desaprovechar. Para ello contarán con el apoyo circunstancial de algunos pecheros a los que la abolición del régimen señorial civil y eclesiástico liberará, merced a la revolución burguesa, de gravámenes feudales seculares.

Tras haber revestido el carácter de "inconsciencia histórica inequívocamente presente" (Ayestarán Lecuona, 1976: 38), es decir, después de haber sido la causa material de una guerra en principio dinástica y aleatoria, la foralidad se convierte, a lo largo de la misma, en el centro de una polémica que enzarza a liberales y carlistas, al Gobierno y a la oposición parlamentaria. La extensión del radio de acción de la Constitución de 1837 a los territorios diferenciados ha demostrado de forma fehaciente que los temores de los que veían en la misma un instrumento supremo de nivelación estaban bien fundados. En agosto de 1839 el Convenio de Bergara solventa la situación de los combatientes carlistas y consigna la promesa de Espartero de proponer a las Cortes la concesión o modificación de los fueros. Los 13 batallones navarros y los 6 alaveses se niegan a acogerse a lo convenido, seguidos de 5 guipuzcoanos (de 8), un castellano (de 6) y un cántabro. Sólo los vizcaínos lo aceptan en su totalidad (8 batallones). Como puede comprobarse, la aceptación se produce allí donde un fuerte partido moderado parece ofrecer una garantía de que los Fueros no serán eliminados. Así, mientras el carlismo navarro sigue combatiendo o atraviesa la frontera como "aquellos vascones que abandonaron su patria a la fuerza imponente de los godos antes que sucumbir a su dominio" (Yanguas en Trenas, 1971: 169), progresistas (mayoría de las Cortes) y moderados (Gobierno apoyado por el moderantismo vasco, sobre todo vizcaíno) van a decidir la suerte de los Fueros en las Cortes que inician sus trabajos en setiembre de 1839.

Elecciones generales del 5-VIII-1839
(Acta en Pamplona)
Proclamados diputados en Pamplona:
Florencio García Goyena708 votos
Fermín Arteta Sesma666 votos
Fulgencio Barrena634 votos
Agustín Armendáriz621 votos
Diputado suplente:
Barón de Bigüeza632 votos
Propuestos para Senadores:
Marqués de Falces 664 votos
Brigadier D. Joaquín Bayona660 votos

Fueron tomados en cuenta solamente los votos de 5 distritos: Pamplona, Tudela, Tafalla, Puente la Reina y Peralta, desestimándose los de Luzaide, Viana y Lumbier al no haber enviado comisionados.

Electores (5 distritos)2.411 votos
Tomaron parte1.144 votos

El Congreso, no obstante, aprobó las actas de los tres distritos rechazados en Pamplona, con lo que el resultado definitivo fue:

Ref. Actas electorales y documentos complementarios, Arch. de las Cortes Españolas.
Diputados propietarios:
Gaspar Elordi834 votos
Fermín Arteta806 votos
Tomaron parte (8 distritos)1.586 electores votos

El 25 de octubre los Fueros de los cuatro territorios forales son confirmados "sin perjuicio de la unidad constitucional de la Monarquía" emplazándose al Gobierno a que "oyendo antes a las Provincias Vascongadas y de Navarra" proponga a las Cortes "la modificación indispensable que en los mencionados fueros reclame el interés general de la Nación". A partir de este momento se crea un nuevo orden jurídico: se abre una puerta a la constitucionalización de la foralidad y se somete el fundamento legal de ésta a la "voluntad general" de la Nación española. Nace así el Estado unitario español y su complemento, el Estatuto de Autonomía, cuyo primer exponente va a ser la Ley de Fueros de Navarra. En la batalla política que se entabla para conseguirla a su imagen y semejanza, el liberalismo navarro va a contar con una baza importante: restablecer unas Cortes estamentales en la España de 1839 resulta un anacronismo: reformarlas, convertirlas en una institución moderna, no reviste interés para la oligarquía.

Por tanto, mientras a tenor del Real Decreto del 16 de noviembre, en las Provincias Vascongadas se convocaban las tradicionales Juntas Generales a efectos de reformar el Fuero, en Navarra tal cometido va a incumbir a una Diputación provincial elegida en 1840 por sufragio masculino muy restringido, notablemente ampliada en lo tocante a sus competencias con algunas atribuciones de la antigua Diputación del Reino y del Consejo Real y, además, compuesta sólo de 7 individuos (Estornés, 1976: 127-8): Justo Galarza y Fermín Gamio por Pamplona; Lorenzo Mutiloa y José M.ª Pérez de Notario por Estella; Tomás Arteta por Tudela; Bonifacio Garcés de los Fayos por Olite; Juan Pedro Aguirre por Sangüesa. Así, mientras las Diputaciones Forales son reconstruidas en Álava, Gipuzkoa y Bizkia y constituyen un auténtico frente foral en el seno de las cuales ha de efectuarse la modificación convenida con el Gobierno, en Navarra la nueva Diputación que se reúne el 9 de marzo de 1840, coincide con la anterior en que la Constitución de 1837 ha de bastar a los navarros, existiendo, sin embargo, "intereses materiales inherentes a nuestro sistema particular, hábitos y costumbres que es necesario combinar con el nuevo orden de cosas... " En vano se reúnen durante mayo de 1840 las cuatro Diputaciones para concertar su política; ni el mantenimiento de las Cortes ni el de la libertad aduanera interesa a los progresistas navarros que deciden en junio separarse y tratar de negociar por su propia cuenta.

Elecciones generales del 31-I-1840
Ref. Actas electorales y documentos complementarios,
Arch. de las Cortes Españolas, 31-1-1840. B. O. Pamplona, 6-II-1840, (1).
Sobre éste recayó la designación real.
Diputados (propietarios 3, suplentes 2).
Juan Pablo Ribed4.536 votos
Agustín Armendáriz4.391 votos
Barón de Bigüezal4.332 votos
Florencio García Goyena4.141 votos
Fulgencio Barrena4.037 votos
Propuestos para Senadores:
Domingo Luis de Jáuregui4.461 votos
José María Galdeano4.456 votos
Marcelino de Oraá4.211 votos
N.º electores13.135
Tomaron parte7.977

Elecciones generales del 12-II-1841
Acta en Pamplona
Diputados:
D. Luis Sagasti (Progresista)5.430 votos
Agustín Fernández Gamboa5.182 votos
Pascual Madoz5.121 votos
José Francisco Goyeneche4.843 votos
Propuestos para Senadores:
Joaquín M.ª Ferrer4.078 votos
José Alonso2.965 votos
Electores13.033
Tomaron parte5.680

Participaron todos los distritos, excepto Valtierra y Sangüesa. Pascual Madoz fue elegido diputado también por Lérida y Huesca, y optó por representar a la 1ª. Le sustituyó Pablo Ilarregui, que aunque no había sido proclamado en acta diputado suplente, había obtenido 2.487 v., es decir, más de la mitad más uno. Ilarregui renunció, el 14 de mayo siguiente, al cargo de diputado, del que ya había tomado posesión, por razones de salud. Para sustituirle se celebraron nuevas elecciones: Acta en Pamplona, a 10-VII-1847.

José Alonso1.046 votos
Brigadier D. Fermín Conget817 votos
N.º de electores13.033
Tomaron parte1.396

El escrutinio sólo comprendió 6 distritos: Pamplona, Güesa, Aoiz, Iturmendi, Auritz y Cascante. No se formó mesa en los veinte restantes. Pero no hubo protestas. José Alonso había tomado ya posesión como diputado por Avila, por lo que fue proclamado Conget.

Y el 30 de junio se inician ya las conversaciones Gobierno Diputación provincial navarra que seguirán adelante, contra viento y marea, esté quien esté en la Jefatura del Estado y pese al pronunciamiento de setiembre con el que solidariza la Diputación. El 1 de diciembre tales negociaciones pueden darse por finiquitadas y Gobernación envía el 7 el borrador de acuerdo a la Diputación para que ésta "pueda aprobarlo o procederse en su consecuencia a formalizar como corresponda" (hay discrepancias sobre si se lee i u o en el documento). Un decreto provisional traslada (15 diciembre) las aduanas al Pirineo. Mientras tanto, en diversos sectores de la población navarra se cuestiona la representatividad de esta Diputación y la legitimidad que puedan revestir sus acuerdos. Un ilustre navarro, Angel Sagaseta de Ilurdoz, asesor jurídico de las amenazadas Cortes navarras, sale al paso por medio de su vibrante Fueros Fundamentales del Reino de Navarra y defensa legal de los mismos, publicación que, prohibida inmediatamente, fue recogida por la autoridad gubernativa. En esta defensa Sagaseta toca los dos puntos fundamentales de la cuestión: Quién y Cómo debe o puede modificar el ordenamiento jurídico-político de Navarra.

a) Quién. Sagaseta, jurisconsulto, síndico del Reino y asesor oficial de las Cortes navarras, otorga toda capacidad de adoptar tal decisión a las Cortes:

"En Navarra cuando los demás reinos de la Península no ofrecían más que un teatro uniforme, en que se cumplía sin contradicción la voluntad del Gobierno, hallaba éste un antemural inexpugnable, en que iban a estrellarse sus órdenes y providencias, siempre que eran contra la Ley o pro comunal del Reino. Este conservó la celebración de Cortes: ninguna ley puede establecerse sin que ellas la pidan y consientan libremente, para lo cual deliberan sin la asistencia del Virrey. En las contribuciones observan igual escrupulosidad. La ley del servicio ha de pasar por los mismos trámites que las demás para ser aprobada, y ningún impuesto tiene fuerza hasta haberse obtenido otorgamiento de las Cortes, que para conservar más cabal y absoluta su autoridad en esta parte, llaman a toda contribución donativo voluntario. La Diputación permanente ejerce también una autoridad muy extensa. Su principal objeto es velar que se guarde la Constitución, Fuero y se observen las leyes; oponerse al cumplimiento de todas las Cédulas y Ordenes Reales que ofenden a aquéllas: pedir contrafuero en todas las providencias del Gobierno que sean contrarias a los derechos y libertades de Navarra, y entender en otros varios negocios. La autoridad judicial es también muy independiente del poder del Gobierno. En el Consejo de Navarra se finalizan todas las causas así civiles como criminales entre cualesquiera personas, por privilegiadas que sean, sin que vayan a otros tribunales fuera de Navarra ni en apelación, ni aun por el recurso de injusticia notoria".

La capacidad de reformar sus propias instituciones es una facultad soberana irrenunciable.

"Si Navarra necesita reformas, si le conviene variar su Constitución, y establecer nueva unión con la Corona de Castilla lo sabrán hacer sus tres Estados: no hay otro medio justo, legítimo, estable y político. El Reino de Navarra, legítimamente congregado, no ha autorizado a persona ni corporación alguna para que pueda variar sus Fueros: no necesita que nadie por autoridad propia le introduzca mejoras, aunque sean reales y efectivas: tiene derecho de gobernarse por sí, y tiene dadas pruebas inequívocas de que sabe adoptar las medidas que reclaman las luces del siglo. Consúltense los cuadernos impresos de las Cortes de 1817 y 1818, y de las de 1828 y 7829, y juzgue cualquiera desapasionado. El Reino de Navarra tiene derecho incuestionable a lo que es suyo, es su Constitución, y nadie puede, obrando con justicia, quitárselo, disminuirlo o modificarlo, ni aún con el sobre-escrito de mejoras".

b) Cómo. Navarra es un reino, luego la reforma debe hacerse de reino a reino:

"Véase demostrado que Navarra es reino de por sí, es una Monarquía constitucional, unida a la Corona de Castilla con unión eqüeprincipal. Sentado el verdadero origen y naturaleza del Reino de Navarra, es forzoso convenir en que ningún otro reino, por extenso que sea, por formidable que aparezca, tiene derecho para dictar providencias al mismo, introducir novedades, confirmar, ni modificar sus Fueros o Constitución, sujetarlos a convenio, ni variar la Diputación permanente, sean todo lo defectuosos que se quiera, necesiten enhorabuena reformas, reclámenlas imperiosamente las tan ponderadas luces del siglo: todo ello será peculiar y privativo de los tres Estados de dicho reino, obrando por sí solos, sin fuerza, sin intervención, sin concurso de ningún otro reino. Los reinos pequeños no se diferencian de los grandes en especie, ni en sustancia lo mayor y lo menor no constituyen en esta materia diversidad sustancial: aunque el reino pequeño esté circunscrito a los términos de un islote, como dijo Horacio del reino de Ulises, siempre que sea independiente, y de por sí, tiene intensiva aunque no extensivamente un poder supremo igual al de imperio más populoso. El reducido reino de Portugal es igual en sus derechos e independencia al vastísimo Imperio ruso. Los periódicos liberales, los más avanzados en materia de libertad, se quejan frecuentemente de que se vea oprimida la república de Cracovia; porque, pequeña realmente en territorio, la suponen independiente en toda la extensión de la palabra, y siendo cierto este hecho, no puede desconocerse la razón de tales quejas. La guerra no ha cambiado la naturaleza del Reino de Navarra, ni dado derecho a ninguna persona ni comunidad para variar su Constitución"...

Aún antes de que se dictara la Ley de Fueros, el pueblo se rebela contra el establecimiento del sistema de quintas y el traslado de aduanas, produciéndose la agitación y tensiones subsiguientes. Pero siete años de guerra pesaban de tal forma sobre la población que ésta, desasistida de sus autoridades, tiene que doblegarse. Mientras, la Ley, tramitada como una Ley ordinaria más (Mina, 1981: 217-218) fue promulgada el 16 de agosto de 1841. Por medio de ella una Diputación restringida en número y enriquecida con los poderes de la antigua Diputación y del Consejo Real asumía la administración de Navarra. El sistema judicial, las Cortes, el Virrey, el Consejo Real y el derecho de sobrecarta desaparecían definitivamente. Los ayuntamientos pasan a ser elegidos según la Ley general pero dependen estrechamente de la Diputación a cuya merced queda la autorización de las desamortizaciones (Donezar, 1979). El sistema militar y la tributación quedan sometidos a un cupo (poco claro, el primero, y fijo el de esta última) y las aduanas son trasladadas a los Pirineos. Se eximía el papel sellado pero se estancaba la sal. En conjunto la oligarquía liberal navarra toma las riendas del poder local mientras accede, al mismo tiempo, a las Cortes y al mercado nacionales de la unidad mayor, España. En palabras del ponente de la Comisión parlamentaria los representantes navarros estuvieron "animados del más vivo deseo de identificarse con la Nación de que naturalmente forma parte aquella provincia" y durante las negociaciones -pacto para J. I. del Burgo- "sus exigencias fueron siempre racionales y prudentes, sin que jamás hubiesen insistido en que las que se les manifestaban eran opuestas a la unidad constitucional". Como diría otro miembro de la Comisión, el navarro Goyeneche, se trataba nada menos que de "la unión voluntaria de Navarra al resto de la Monarquía española, sin conquista como en 1512", y con sólo la anuencia de una minoría dominante, como también acaeciera en 1512. La Ley, que algunos con el correr de los años llamarían "paccionada" iba a tener una larga vida, hasta su asimilación en el Amejoramiento de 1982.

Las secuelas de un tan largo período de guerras se reflejan de forma dramática en las estadísticas de criminalidad que recoge Madoz en el tomo IX de su célebre Diccionario.

  • Procesados en relación con la población

El territorio de Navarra con una población oficial de 235,874 habitantes, dio en la época a que el estado se refiere (1843) 1,201 procesados, o sea un acusado por 196,398 almas, proporción que la coloca en el más alto grado de criminalidad en la escala comparativa de las audiencias, cuyas estadísticas van publicadas, como se demuestra a continuación:

AudienciasPoblacion.AcusadosProportion.
hab./acus.
Albacete 986,2363,332295,04 a 1
Barcelona 1.041,2161,262825,05 a 1
Burgos 966,5433,549272,74 a 1
Caceres 547,4202,219246,70 a 1
Canarias 199,950279716,67 a 1
Coruna 1.471,9823,903377,14 a 1
Granada 1.211,1244,484270,10 a 1
Madrid 1.022,6745,151198,54 a 1
Mallorca 229,197301761,45 a 1
Navarra 235,8741,201196,39 a 1

Y en el de las provincias en el cuarto lugar, como se demuestra en el cuadro comparativo que sigue:

Grado de criminalidad
AudienciasPoblaciónAcusadosProporción
hab./acus.
Alava71,237251284 á 1
Albacete190,226668285 á 1
Alicante368,961847438 á 1
Almería234,789662355 á 1
Avila137,903502271 á 1
Badajoz306,0921.167261 á 1
Baleares229,197301761 á 1
Barcelona442,273519852 á 1
Burgos224,4071,112202 á 1
Cáceres241,3281,052229 á 1
Cadiz324,703851372 á 1
Canarias199,905279742 á 1
Castellón199,22568351 á 1
Ciudad-Real277,788766362 á 1
Córdoba315,459999312 á 1
Coruña435,671,163375 á 1
Cuenca234,5821,028228 á 1
Gerona214,15216991 á 1
Granada370,9741,651224 á 1
Guadalajara159,044810196 á 1
Guipuzcoa108,569135804 á 1
Huelva133,47419319 á 1
Huesca214,874542396 á 1
Jaén266,919826333 á 1
León267,438617433 á 1
Lérida151,322303499 á 1
Logroño147,718792186 á 1
Lugo357,272668535 á 1
Madrid308,6722,253137 á 1
Málaga338,4421,345252 á 1
Murcia283,54870325 á 1
Navarra235,8741.201196 á 1

Ni el clima menos áspero en todas estaciones en el territorio de la audiencia que en el de algunas otras audiencias y provincias, ni las producciones abundantes y variadas, ni el comercio y la industria, al nivel con el mayor número de las provincias de la monarquía, ni el estado de la beneficiencia, que si no es satisfactorio, tampoco se halla en mayor decadencia que en otros puntos, ni la religiosidad, que si en cosas tan santas lícito fuera, pudiera calificarse de fanatismo en los navarros, ni su carácter noble y generoso explican la propensión al crimen que se desprende del estado por la comparación de la población con los acusados.

  • Armas

El uso de armas predomina en tales términos en el territorio de la audiencia de Navarra, que sólo hay una provincia con la que guarde alguna proporción, la de Málaga. En 236 delitos de homicidio y de heridas que se cometieron, se ocuparon como cuerpo de delito 135 armas de fuego y blancas, esto es, en más de la mitad del número total de delitos se emplearon armas de fuego y blancas; y entre ellas 85 prohibidas, dos terceras partes poco menos del total de los medios de ejecución. Este dato nos proporciona juzgar, sino con plena seguridad, cuando menos con inducción probable, que la gravedad de los delitos de homicidio y de heridas fue mayor en la provincia de Navarra, que en el mayor número de las otras provincias. Sólo en un caso se empleó el veneno, recayendo tan horroroso crimen en el partido de Tafalla: dos quintas partes de los instrumentos fueron contundentes. Los partidos judiciales de Estella y de Tafalla son en los que se advierte más propensión al uso de armas, y en los de Pamplona y Tudela donde resulta menor número.

  • Tipo de delitos

Es notable la propensión que se advierte hacia los delitos contra las personas. "Aunque no se incluyan entre los atentados de este género los que fueron acusados por inmoralidad, ni los que se presentan clasificados bajo la denominación de delitos correccionales y de policía, que propiamente afectan también a las personas, el número de los procesados por apedreo, desafío, golpes, heridas, contusiones, homicidio, injurias y suicidio, forma casi una mitad del total de los encausados por toda clase de crímenes".

· Homicidios

"Si para averiguar el número de atentados de cada especie y su gravedad, nos valemos de las penas impuestas a los perpetradores, que es el único dato que poseemos... el resultado será que en el territorio de Navarra hubo 24 homicidas convictos y confesos, número igual al de las penas de muerte que se impusieron; 15 con presunciones juris et de jure, que fueron los condenados a presidio en Africa con retención, y 6 con más o menos vehementes sospechas, que es el número de los que sufrieron la condena de presidio simple en Africa. Admira efectivamente este resultado, que no tiene ejemplo en ninguno de los otros territorios de la Península, de cuyas estadísticas criminales nos hemos ocupado. El de Granada presenta mayor número de homicidios, pero hecha la comparación entre los delitos de aquel género con la población y aún con los acusados, aparece mucho menor la proporción que en el territorio de Navarra. El de Albacete dijimos presentaba el máximo proporcional comparativo con el resto de las otras audiencias, pero se halla muy mejorado, si la comparación se limita al territorio de Navarra: 15 homicidios justificados, 31 con vehementes sospechas, y 34 más o menos iniciados, dan sus noticias estadísticas, total 80; pero distribuido este número entre los 986,236 habitantes que se le calcularon de población, la relación entre los homicidas y la población es 1 por 12,327'95 almas, al paso que Navarra con una población de 235,874 habitantes cuenta 21 homicidas convictos, 15 con presunciones juris et de jure, y 6 con más o menos vehementes sospechas, total 41: por tanto, la proporción es de un homicida por 5,735'02 almas, diferencia 6,574'93 almas más en Albacete por cada homicida que en Navarra; siendo la diferencia que resulta en la comparación entre Granada y Navarra 3,581'32 almas más por homicida en la primera que en la segunda. Una circunstancia hay, sin embargo, que favorece al territorio de Navarra en la comparación con los otros dos y aún con los territorios de las restantes audiencias, a saber: que en aquella no ha ocurrido ninguno de aquellos crímenes que horrorizan a la naturaleza, tales como el parricidio y el infanticidio, ni tampoco aparece de los estados más que el caso de envenenamiento, de que ya se ha hablado, ni más que un acusado por desafío. Menor en número son los delitos contra las cosas, y menor en gravedad, como del estado resultan. Los acusados por conato de hurto, robo, estafa y tala de montes, fueron 248 o sea 8 unidades más de la quinta parte del total de acusados, de los cuales aparecen absueltos 43, habiéndose impuesto 6 penas de muerte, 15 de África con retenciones, 6 sin ella y 46 de presidio peninsular. Estimando pues, como queda dicho la especie y gravedad de los delitos por las penas, el resultado era haberse cometido en la provincia de Navarra 27 robos calificados, 46 hurtos manifiestos, y que el resto de atentados de este género fueron de menor importancia, como lo acreditan las penas menores que recayeron en la sustanciación de los procesos".

· Contrabando

"En ningún territorio se advierte más marcada propensión al contrabando que en el de Navarra: 114 acusados presenta por este delito el estado número 2, que, comparados con la población dan la proporción de 1 acusado para 2,069'07 almas. La audiencia de la Coruña, en cuyo artículo observamos escedía considerablemente a las demás audiencias en esta especie de atentado, presenta la proporción de 1 por 2,465'67 habitantes esto es, 396'60 habitantes más que la de Navarra por cada acusado de contrabando".

· Inmoralidad y escándalo

"No predominan en Navarra los delitos de inmoralidad y escándalo: las audiencias de Madrid, Albacete, Burgos y otras de las que ya nos hemos ocupado, le exceden en mucho, y pocas son las que presentan tan ventajosa proporción en esta clase de atentados. Los acusados por ellos fueron 12, de los que en 1 recayó fallo absolutorio, siendo las penas impuestas 3 de presidio correccional, 1 de peninsular, 1 de destierro o confinamiento, 1 de prisión sufrida, 3 de multa y 3 de vigilancia. En mayor número fueron los procesos formados por aprehensión de armas, disparo de tiros, curar sin título, ocultación de reos y vagancia; resultando 95 acusados, entre quienes 20 fueron absueltos, 12 condenados a presidio correccional, 14 a cárcel, 2 a prisión sufrida, 29 a multa y 5 a redención pecuniaria.

· Delitos políticos

Por lo común no hemos fijado nuestra consideración en ninguno de los artículos de audiencia publicados hasta el día, en los delitos políticos, porque si bien en algunos territorios como en el de Madrid y la Coruña, aparecen muchos encausados por esta especie de delito, lo leve de las penas impuestas acredita, o bien que la formación de aquellos procesos reconocía por causa el encuentro de los partidos, o los rencores todavía mal apagados, o que versaban sobre cosas tan insignificantes que no merecían fijar la consideración. No sucedió así en el territorio de Navarra donde hay 144 acusados por delitos políticos, de ellos sólo 5 absueltos, y de tanta gravedad los delitos, que a pesar de los progresos de la civilización se impuso a 4 procesados la pena de muerte, a 4 presidio peninsular y a 20 correccional".

· Delitos de sangre por habitantes

"El número de delitos de homicidio y heridas fue de 236, y reconociéndose a Navarra 235,874 habitantes, la relación entre los atentados contra la vida de sus semejantes, y la población será 1 a 999, proporción a que no llegan 26 provincias, como lo demuestra el cuadro comparativo que sigue.

Atentados contra la vida
AudienciasPoblaciónAcusadosProporción
hab./acus.
Navarra235,8742361 a 999
Cáceres241,3288131 a 297
Badajoz306,0927711 a 397
Logroño147,7183481 a 424
Granada370,9747931 a 468
Burgos224,4074661 a 482
Orense319,0386311 a 506
Málaga338,4426291 a 541
Madrid308,6725551 a 556
Valencia368,7596531 a 595
Valladolid115,6473101 a 596
Jaén266,9194261 a 627
Soria115,6191761 a 659
Coruña435,576531 a 667
Sevilla367,3035381 a 683
Alava71,2371041 a 685
Vizcaya112,2631601 a 702
Almería234,7893191 a 736
Zamora159,4352021 a 789
Toledo283,1973481 a 811
Córdoba315,4593531 a 894
Lugo357,2723871 a 923
Albacete190,2262031 a 942
Salamanca210,3142231 a 943
Pontevedra360,0023771 a 955
Santander166,731721 a 960
Guadalajara159,0441601 a 994

Al ocuparnos del estado anterior observamos, que en el territorio, de la audiencia de Navarra se habían impuesto, proporción guardada, más penas de muerte que en los demás territorios. No favorece más al territorio que nos ocupa, el estado de proporción de las penas que el anterior: por el contrario le coloca en peor situación y lo demostraremos comparando los datos, que en el particular proporciona con los de las audiencias en que fue más frecuente la imposición de la pena de muerte. En Albacete se impuso una pena de muerte por 65,552 habitantes: en Granada 1 por 26,328; y en Navarra se aplicó la última pena a un procesado por cada 7,608 almas; de modo que sólo en el territorio de la audiencia de Madrid, donde para ello concurren, como en su artículo dijimos, circunstancias especiales, es mayor que en el territorio que nos ocupa el número de penas de muerte. Iguales resultados presenta la comparación de la pena capital con los acusados y penados. Tampoco sale más favorecido el territorio de la audiencia de Navarra en la proporción que guarda la imposición de la pena inmediata con la población, los acusados y los penados, 1 a 7862,467: 1 a 40,033: 1 a 35,536. Diferencia menos marcada se encuentra en la imposición de la pena de presidio simple en Africa, comparada con la población; con la particularidad de resultar aquella más favorable, si el término comparativo se toma de los acusados y penados. Aún son menos favorables al territorio de Navarra los resultados, que da el examen de la segunda parte del estado número 5, como lo demuestra la escala gradual que sigue.

AudienciasPoblaciónAcusadosProporción
hab./acus.
Madrid1.022,672851 a 3,588,33
Albacete986,2364161 a 2,370,76
Barcelona1.041,201511 a 6,896,04
Burgos966,5431691 a 5,719,19
Cáceres547,421581 a 3,464,68
Canarias199,95211 a 9,521,43
Coruña1.471,981291 a 11,410,71
Granada1.211,126131 a 1,975,73
Mallorca299,197151 a 15,279,80
Navarra235,8741581 a 1,492,87

· Causas políticas de fondo: guerra y levantamiento

"Verdad es que entre las causas que hemos anotado como impulsión del crimen, hay algunas que afectan a las costumbres y a la civilización de los navarros; pero también es menester se considere, que en la época a que las noticias se refieren, la Navarra acababa de salir de una guerra civil, que abrazó con entusiasmo, y que no abandonó hasta que dejó en el vecino reino a su caudillo a salvo de todas las consecuencias de una derrota; que los partidos contendientes se miraron siempre allí con más encarnizada enemiga que en otro punto alguno de la Península; que terminada la guerra, quedaron muchos agravios que vengar, muchas familias arruinadas, muchos brazos sin ocupación, y últimamente que el mismo partido liberal fraccionado en distintos bandos, buscó en este suelo habitado por hombres valientes y decididos, el campo para disputar por las vías de hecho la bondad o malicia de sus principios".

Otra de las consecuencias de la guerra y de la victoria de los liberales sobre el régimen foral fue la venta de tierras pertenecientes al clero (Roncesvalles, Irache, la Oliva, Fitero), a la nobleza o a los ayuntamientos. Tal venta se efectuó desde 1814 y 1838 (desamortización de Mendizabal) hasta la segunda mitad del siglo. Las tierras fueron sacadas a subasta por las Juntas de Ventas y compradas por elementos capitalistas, nobles o burgueses. Durante el gobierno del navarro Madoz se pusieron en venta los bienes de propios y comunes de los municipios. El Gobierno central obtenía el 20 % de las ventas. En Navarra la salida al mercado de las tierras disfrutadas tradicionalmente, por lo general, por los más pobres trajo consecuencias nefastas: el minifundio en el Norte y el latifundio en la Ribera. No sin luchas, a veces sangrientas, que, iniciadas en 1884 (motín de Olite), ensombrecerán progresivamente la historia contemporánea de Navarra.

La trayectoria histórica de Navarra como provincia foral, 1841-1872. Con la ley de modificación de fueros de 1841 o Ley "paccionada", como se la ha venido denominando, se abre un nuevo período en la trayectoria histórica de Navarra. Se suprimen sus instituciones típicas y que daban a Navarra su carácter de reino: Cortes, virrey, consejo real... sustituidas por la nueva organización del estado constitucional: diputación provincial, jefe político, audiencia. De su antigua autonomía sólo perdurarán unas ciertas ventajas económicas y administrativas. En los años 1841-1872 se inician los primeros pasos hacia la configuración de esa nueva autonomía, pero también los conflictos con el Poder Central, en un momento en que ambos organismos persiguen procesos paralelos. De todos los conflictos, hay dos que merecen especial significación y que recoge expresamente la ley de 1841. El primero referente a las atribuciones administrativas de la Diputación navarra, y el segundo a sus atribuciones económicas.

  • Organización y atribuciones de la Diputación

Los artículos 6 al 10 de la Ley "paccionada" determinan la organización y atribuciones de la Diputación navarra. Se establece un sistema electoral similar al que la legislación general fija para el resto de las provincias españolas, con una diputación provincial -llamada foral a partir de 1867- compuesta por siete miembros y presidida por el jefe político. Si bien en el conjunto de las provincias españolas, esta figura tuvo amplias funciones -presidían las diputaciones, convocaban las reuniones, etc.- en Navarra, su calidad de representante del Gobierno Central, le constituyó en una autoridad "extraña" a la provincia. Hasta 1849 los jefes políticos ejercieron una presidencia activa, pero a partir de ese año en que pasan a denominarse gobernadores, su presencia queda reducida a la toma de juramento de su cargo y de los diputados electos, o a sesiones extraordinarias. Sin duda, el continuo relevo de gobernadores -cerca de treinta en veinte años- contribuyó al cambio de actitud. Pero su ausencia de la Corporación creó una conciencia de que su presidencia era estrictamente honorífica, a la vez que reforzó la autoridad de la propia Diputación como órgano independiente.

Esto permitió que la vicepresidencia se convirtiera en el cargo auténticamente representativo de Navarra. Dicha vicepresidencia correspondía al vocal decano; en la práctica se entendió por tal el de mayor edad, quedando institucionalizado a partir de 1868 al aprobar Diputación la propuesta presentada en este sentido por el diputado Antonio Baztán. En lo relativo a la organización y atribuciones de la Diputación provincial, también surgieron conflictos con el Poder Central. Las leyes de 8 de enero de 1845 reorganizaban los ayuntamientos y diputaciones, bajo la dirección de personas designadas por el gobierno. Esta concepción del régimen local por parte del partido moderado, lesionaba la autoridad de la Diputación recogida en la ley de modificación de fueros de 1841. El contencioso concluyó con la Real Orden de 5 de abril de 1845, en la que -a petición expresa de la Diputación- se decretaba que las nuevas leyes de 8 de enero se observarían en Navarra, en todo lo que no se opusiera a la ley de 16 de agosto de 1841, reconociendo de esta forma, la peculiaridad de la legislación navarra.

Dicha orden se reiteraría en las leyes de gobierno provincial de los años 1863, 1864 y 1865 que tendían aún más a controlar, por la acción de los delegados de gobierno a ayuntamientos y diputaciones provinciales. No tuvo igual fortuna la ley de 2 de abril de 1845 -complemento de las leyes de 8 de enero del mismo año- que fijaba el establecimiento de los consejos provinciales. Los consejos se concebían como órganos con funciones consultivas y con jurisdicción en lo contencioso administrativo. En Real Orden de 9 de abril de 1845, el Gobierno anunciaba su determinación de implantar dicho órgano en Navarra. A pesar de las protestas de la Diputación navarra por considerarlo contrario a la ley foral, por Real Orden de 2 de julio se decretó su instalación. Después de una corta interrupción en el bienio progresista, quedaría nuevamente implantado por Real Decreto de 16 de octubre de 1856 hasta 1868, año en que los consejos provinciales desaparecerían en toda España. También la ley del 41 recogía las atribuciones de la Diputación en los ayuntamientos navarros.

Desaparece el antiguo sistema de elección municipal de insaculación por el adoptado por el conjunto de la monarquía. Se establece que las atribuciones de los ayuntamientos, relativas a su administración económica, se ejerzan bajo la dependencia de la Diputación. Por Real Orden de 31 de marzo de 1846 se reconoció que, con arreglo a la ley del 41, competía a la Diputación la aprobación de los presupuestos y cuentas municipales, pero a su vez decretaba que aquéllos fueran remitidos al Gobierno de acuerdo con el modelo que regía para los demás de la monarquía, con una función exclusivamente estadística. Si bien puede considerarse como el inicio de un rígido control municipal por parte de la Corporación, en la práctica durante este período no fue así; en primer lugar, por la ausencia de una administración desarrollada, y en segundo lugar porque sólo un tercio de los ayuntamientos navarros estaba obligado a entregar sus cuentas a la aprobación de la Diputación.

Ingresos por aduanas entre 1842 y 1847 (Madoz)
AñosCantidades
AñosCantidades
1842154.728,22
1843170.366,16
184469.265,28
1846313.620,50
1847342.776,30
Total1.050.766,60
Año comun.210.153,80

  • Los privilegios fiscales de Navarra

Al desaparecer las Cortes, la Diputación navarra asumió las competencias tributarias recogidas en los artículos 25 y 26 de la ley de 1841. Por el art. 25, la Diputación podía acordar el sistema fiscal que considerase conveniente, y se comprometía a pagar al Estado una "única contribución" de 1.800.000 reales al año, de los que se deducirían, como compensación por el monopolio estatal del tabaco, 87,537 reales y lo necesario para pagar los réditos y amortización de la deuda pública de la extinguida Hacienda de Navarra.

Evolución del cupo navarro hasta 1965 según Martinez Tomás
Los cupos fueron revisados en 1887, 1924, 1941 y 1969
AñoCupo NavarraGasto Estado(%)
1842800.000242.000.000,370,33
18491.275.000309.000.000,410,41
18551.275.000374.500.000,340,34
18601.275.000472.000.000,270,27
1877-81.900.000734.000.000,260,26
19001.900.000905.500.000,200,21
19151.900.0001.465.000.000,130,13
1924-51.900.0002.941.700.000,060,064
19275.750.0003.139.400.000,180,18
19355.750.0004.841.000.000,120,12
19405.750.0006.160.000.000,090,09
194220.250.0007.880.000.000,250,25
196520.250.000149.000.000.000,010,014

El art. 26 fijaba la contribución de culto y clero que debía estar regulada de acuerdo a la legislación general, quedando la Diputación encargada únicamente de su recaudación. El primer conflicto se inicia con el proyecto-ley de presupuestos de 23 de mayo de 1845. En el art. 4 del citado proyecto de ley se incluyó, comprendido en la contribución territorial, la contribución de culto y clero y el servicio de Navarra. De llevarse a efecto, la medida hubiera acabado con la autonomía fiscal del viejo Reino. Por ello, la Diputación navarra protestó enérgicamente solicitando una nueva redacción del texto. La intervención del diputado a Cortes navarro, Barón de Bigüezal, permitió la reforma del artículo salvaguardando el régimen fiscal. No obstante, en el reparto de la contribución territorial de 1846, se incluyó comprendida en ella como contribución única, tanto la contribución directa como la de culto y clero. La Diputación navarra, con el fin de resolver el contencioso, nombró una comisión compuesta por los diputados Fernando Bezunartea y Luis Fernández.

Las negociaciones concluyeron con la Real Orden de 22 de abril de 1846, que fijaba de forma transitoria, la contribución de culto y clero en 3.000.000 de reales y reconocía la existencia de la contribución directa, si bien formando parte de la contribución territorial y como único cupo que Navarra debía pagar al Estado. Nuevamente, en 1849, se creó una nueva comisión foral integrada por los diputados Ramón Marichalar y Ramón Vicuña con el único objeto de negociar con el Gobierno la contribución de culto y clero y separar definitivamente ambas contribuciones. Las negociaciones concluyeron con la Real Orden de 22 de septiembre de 1849 que no alteraban, en sentido jurídico, la ley de 1841 , y presentaba algunos aspectos positivos para Navarra: 1.º El reconocimiento del Gobierno, de que cualquier alteración en la ley del 41 debía hacerse con la intervención de Navarra. 2.º La Contribución de culto y clero queda fijada en 3.600.000 reales con carácter inalterable, que no tenía en la ley de 1841. Durante estos primeros años de vigencia de la ley modificadora de fueros de 1841, Navarra mantiene los dos aspectos más significativos de dicha ley como son su autonomía administrativa y los privilegios fiscales.

SMB

Elecciones generales del 10-III-1843
La mesa constituida en Berásoain fue expulsada y sustituida por otra ilegal,
por lo que se anuló la votación, que por otra parte no alteraba los resultados definitivos.
CandidatosVotos
Diputados:
Juan Pedro Aguirre6.303
Agustín Fernández de Gamboa6.278
José Francisco Goyeneche6.034
Luis Iñarra5.976
Propuestos para senadores:
José Joaquín Pérez de Necochea6.752
Miguel José Irigoyen5.638
N.º de electores .16.886
Tomaron parte9.689

Elecciones del 27-IX-1843
CandidatosVotos
Diputados:
Luis Iñarra3.471
Nazario Carriquiri3.276
Antonio Aperregui3.191
Joaquín Aguirre2.888
Propuestos para senadores:
D. Miguel José Irigoyen3.732
Conde de Ezpeleta3.583
Obispo D. José Joaquín Pérez de Necoechea3.385
Gral. D. Joaquín Bayona3.215
José M.ª Galdeano3.072
Conde de Castejón2.797
Excmo. SReal Decreto Joaquín M.ª López2.643
N.º de electores16.888
Tomaron parte4.192

Elecciones generales del 14-IX-1844
CandidatosVotos
Diputados:
Nazario Carriquiri5.148
Barón de Bigüezal4.284
Joaquín Fagoaga4.037
Fermín Arteta4.010
Propuestos para senadores:
José M.ª Galdeano4.274
Miguel José de Irigoyen .4.012
Electores19.060
Tomaron parte7.979

Se anularon las elecciones de los distritos de Pamplona, Tudela (por coacción y soborno) y Estella (por falsos electores). El Congreso admitió la legalidad de las elecciones en Pamplona, con lo que resultaron:

CandidatosVotos
Diputados:
Nazario Carriquiri5.278
Juan Crisóstomo Vidaondo y Mendinueta4.457
Barón de Bigüezal .4.434
Tomaron parte:8.683

Sólo se formó mesa en los distritos de: Pamplona, Elizondo, Lerín, Cintruénigo y Burguete.

Segundas elecciones: acta a 15 de noviembre de 1844
Ref. Actas electorales y documentación complementaria, archivo de las Cortes Españolas.
Diputado:
D. Joaquín Fagoaga57
Suplentes:
Fermín Arteta667
Agustín Arnendáriz661
N.º de electores19.060
Tomaron parte973

Elecciones generales del 6 y 7-Xll-1846
CandidatosVotos
Distrito de Estella
D. Tomás Jaén82
D. Facundo Goñi47
D. José M.ª Ezcarti21
Otros varios

Hubo una protesta por no poseer Jaén una renta de 12.000 reales de vellón o pagar 1.000 R.v. de contribución, y por estar procesado criminalmente fue desestimada.

Distrito de Pamplona
D. Luis Iñarra51
Barón de Bigüezal49
Fermín Arteta1

Se celebraron segundas elecciones, los días 13 y 14 de diciembre de 1846, con el siguiente resultado:

El Congreso anuló estas segundas elecciones, siendo proclamado diputado Iñarra.
CandidatosVotos
Barón de Bigüezal84
D. Luis Iñarra4

Fagoaga renunció el 26 de octubre de 1849, alegando "mis desgracias y la causa a que me hallo sometido".
Distrito de Santisteban de Lerín
Joaquín Fagoaga208
José Francisco Goyeneche2

Se establecieron nuevas elecciones en el distrito el 3 y 4 de diciembre de 1849:

D. José M.ª Monreal111
D. Crisóstomo Videondo59
Conde de Ezpeleta5
Varios Distrito de Tudela Fermín Arteta93
Luis Sagasti49
Joaquín Magallón1

Fermín Arteta fue nombrado senador real por decreto de 6 de noviembre de 1849. Se celebró, para sustituirle, una elección en el distrito el 16 y 17 de diciembre de 1849:

Rafael Navascués122
Enrique Morales61
Benigno Labastida27

Ref. Actas electorales y documentos complementarios, Arch. Cortes Españolas.
Distrito de Aoiz
Nazario Carriquiri136
Distrito de Tafalla
Antonio M.ª Rubio139
José M.ª Monreal10

Elecciones generales del 31-VIII y 1-IX-1850
Ortigosa renunció al cargo por haber sido nombrado, el 23 de noviembre de 1850, gobernador de la plaza de Pamplona. Ref. Actas electorales y documentos complementarios, Arch. Cortes Españolas.
CandidatosVotos
Distrito de Pamplona
Conde de Ezpeleta159
Barón de Bigüezal1
Distrito de Estella
Tomás Jaén134
Facundo Goñi119
Manuel Albizu1
Distrito de Tudela
D. Rafael de Navascués162
Distrito de Aoiz
Nazario Carriquiri137
José Manuel Urzainqui51
Distrito de Tafalla
Antonio M.ª Rubio155
Vizconde de Zolina88
Distrito de Santesteban de Lerín
D. Francisco Ortigosa

Elecciones generales 10 y 11-V-1851
CandidatosVotos
Distrito de Pamplona
Conde de Ezpeleta115
Bernardo Arbizu42
Joaquín Magallón15
Distrito de Santesteban de Lerín
D. Román Marichalar20
Distrito de Estella
Tomás Jaén152
José Ignacio Echevarría68
José M.ª Echeverría3
Distrito de Aoiz
Nazario Carriquiri145
Distrito de Tafalla
Antonio M.ª Rubio113
Distrito de Tudela
Rafael Navascués151
Sr. Marqués de Fontellas122
Enrique Morales65
Sr. Marqués1

Ningún candidato consiguió la mitad más uno de los votos emitidos, por los que se celebraron segundas elecciones los días 15 y 16 de mayo.

Marqués de Fontellas188
D. Rafael de Navascués161

La elección fue muy protestada, sin éxito, por la escandalosa intervención de la Diputación de Navarra, con todos su medios, a favor del marqués de Fontellas. Ref. Actas electorales y documentos complementarios, Arch. Cortes Españolas.

Elecciones generales del 4-9-II-1853
CandidatosVotos
Distrito de Pamplona
Conde de Ezpeleta125
Pedro Esteban Górriz114
Distrito de Estella
Facundo Goñi209
Juan Modet130
Tomás Jaén1
Juan Olóriz1
Víctor Goñi1
Nulo1

Fue muy protestada, sin resultado, principalmente por Tomás Jaén.

Ref. Actas electorales y documentos complementarios, Arch. Cortes Españolas.
Distrito de Santesteban de Lerín
Sebastián Suit274
Luis Iñarra147
Sebastián Zubit1
Distrito de Tudela
Marqués de Fontellas197
Joaquín Magallón112
Distrito de Tafalla
Nazario Carriquiri169
Distrito de Aoiz
Excmo. Sr. Conde del Real y Vizconde de Zolina172
José M.ª Urzainqui29
José Manuel Urzainqui2
José M.ª Orense1

Elecciones generales 4, 5 y 6-X-1854
CandidatosVotos
Luis Iñarra6.027
Luis Sagasti4.719
José Alonso4.556

Tuvieron, además, votos sin llegar a la mitad más uno de los emitidos.

José M.ª Gastón4.335
Joaquín Aguirre4.120
Nazario Carriquiri3.810
Juan Modet3.327

CandidatosVotos
Fermín Iracheta2.973
José Storch2.697
Tomás Jaén2.663
Ignacio Gurrea2.425
Nicolás M.ª Echeverría1.777
Y otros varios.

Entre los nueve citados (tres ternas) se celebró una segunda elección (Acta en Pamplona, a 28-X-1854).

Tomás Jaén5.093
José M.ª Gastón4.289
Nicolás M.ª Echeverría4.069

A 1 de diciembre, José Alonso, que había sido elegido también por Avila y Burgos, optó por Burgos. Para sustituirlo se celebró una nueva elección. (Acta en Pamplona, a 14 de enero de 1855):

Antero Echarri3.806
Fausto Elío992
Y otros varios.

Sagasti falleció, y para sustituirle hubo una nueva elección: (Acta en Pamplona, a 21-XI-1855).

Ref. Actas electorales y documentos complementarios, Arch. Cortes Españolas.
Fausto Elío Jiménez Navarro1.551
Valentín Garralda630
Y otros varios.

Elecciones generales 25 y 26- III-1857
Ref. Actas electorales y documentos complementarios, Arch. Cortes Españolas.
CandidatosVotos
Distrito de Pamplona
Excmo. Sr. Conde de Ezpeleta197
Pedro Esteban Górriz90
Distrito de Santisteban de Lerín
Francisco Arizcun292
Antonio Arjona104
Distrito de Estella
Francisco Navarro Villoslada210
Juan Vidarte113
Distrito de Tudela
Marqués de Fontellas192
Distrito de Aoiz
Antero de Echarri150
Fulgencio Ormachea5
Distrito de Tafalla
Excmo. SReal Decreto Nazario Carriquiri124
José Güell y Renté1

Elecciones generales 31 octubre y I-XI-1858
CandidatosVotos
Distrito de Pamplona
Juan Vidarte201
Distrito de Santesteban de Lerín
Pedro Echeverría94
Luis Iñarra78
Distrito de Estella
Juan Modet (Unión Liberal)246
Distrito de Aoiz
Fausto Elío y Jiménez185
Antero Echarri118
P. Francisco Perurena1
Distrito de Tafalla
Nazario Carriquiri152
Amalio Marichalar147

Se presentaron, sin éxito, numerosas protestas.

Distrito de Tudela
Rafael Navascués (Unión Liberal)158
José Salamanca103

Navascués era el candidato ministerial, y contó con todo el apoyo del gobernador civil. Salamanca, a su vez, era el promotor de la construcción de la vía férrea Pamplona-Zaragoza, y manejó las influencias que pueden imaginarse. El 23 de octubre, poco antes del comienzo de las elecciones, la policía sorprendió una reunión no autorizada en el aposento tudelano del ingeniero Sr. Pagés, subdirector de la vía férrea en proyecto, y se instruyó a los presentes un procedimiento judicial que, aunque acabó en sobreseimiento, atemorizó a los partidarios de Salamanca. Parece que la elección fue una lucha entre los caciques de viejo cuño y los "recién llegados" al país -Salamanca, en su protesta, dice que en la campaña electoral se ha afirmado que no defendería los intereses navarros por ser ajeno al país, cosa que no era cierta, ya que Salamanca "... se está constituyendo en un propietario, si no el mayor, el segundo o tercero de la Provincia por los muchos millones que en ella emplea...". El juez instructor era hermano político del candidato Navascués. El Boletín Oficial de la Provincia, de 29 octubre, insertaba una circular del gobernador a los electores en la que se les recomendaba "...no pierdan de vista que éstos (los candidatos) sean naturales del país". El financiero era el único candidato que no cumplía la condición. Las protestas de Salamanca fueron desestimadas por el Congreso, y admitido Navascués. Las consecuencias de la derrota electoral de Salamanca se hicieron sentir en el trazado posterior del ferrocarril y en el modelo de desarrollo económico navarro en la segunda mitad del siglo. Ref. Actas electorales y documentos complementarios, Arch. Cortes Españolas.

Elecciones generales 20 y 21-X-1863
CandidatosVotos
Distrito de Pamplona
Sr. Conde de Ezpeleta231
Distrito de Santisteban de Lerín
Miguel M.ª Zozaya (Unión Liberal)263
Distrito de Estella
Juan Modet (Unión Liberal)229
Simón Santos Lerín127
Distrito de Tafalla
Nazario Carriquiri263

Por Real Decreto de 14-III-1864, Carriquiri fue nombrado senador; se celebró nueva elección los días 23 y 24-IV-1864:

Ref. Actas electorales y documentos complementarios, Arch. Cortes Españolas.
CANDlDATOSVOTOS
Amalio Marichalar209
José Múzquiz131
Distrito de Aoiz
Antero Echarri313
Alberto Calatayud1
Distrito de Tudela
Sr. Conde Viudo de Rodezno (Unión Liberal)195
Conde de Heredia173

Elecciones generales 22 y 23- XI-1864
Ref. Actas electorales y documentos complementarios, Arch. Cortes Españolas.
CandidatosVotos
Distrito de Pamplona
Ricardo Alzugaray y Yanguas (Unión Liberal)325
En blanco1
Distrito de Santisteban de Lerín
Miguel M.ª Zozaya Irigoyen (Unión Liberal)260
Distrito de Estella
Juan Modet (Unión Liberal)260
Eustaquio Díaz de Rada165
Distrito de Tudela
Luis Martos y Potestad Conde de Heredia-Spínola216
Conde viudo de Rodezno (Unión Liberal)184
Distrito de Aoiz
Antero Echarri380
Distrito de Tafalla
Calixto Bretón229

Elecciones Generales 1, 2 y 3- XII-1865. (Elegidos los 7 primeros.)
CandidatosVotos
Luis Martos y Potestad, Conde de Heredia-Spínola4.021
Francisco Navarro Villoslada (Carlista)3.644
José M.ª Clarós3.641
Cándido Nocedal (Carlista)3.578
Francisco Sánchez Asso3.549
Aparisi y Guijarro (Carlista) (Optó por Valencia)3.406
Gabino Tejado3.400
Calixto Bretón (Unión Liberal)2.698
Gral. D. José de la Gándara (Unión Liberal)2.685
Conde viudo de Rodezno (Unión Liberal)2.692
Ricardo Alzugaray (Unión Liberal)2.783
Miguel M.ª Zozaya (Unión Liberal)2.660
Juan Modet (Unión Liberal)2.384
Marqués de Montesa (Unión Liberal)2.602

Aparisi y Guijarro, a pesar del resultado electoral, no presentó credenciales como diputado por Navarra. Hubo protestas vehementes en Aoiz, Estella y Pamplona, por la coacción ejercida por el clero sobre los electores a favor de la llamada "candidatura católica". Los 7 candidatos derrotados de la Unión Liberal habían sido calificados de impíos: las posiciones integristas se había radicalizado al reconocer el Gobierno al reino de Italia. Ref. Actas electorales y documentos complementarios, Arch. Cortes Españolas. BOPN, 4, 6 y 8-XII-1865.

Elecciones generales del 11, 12 y 13-III-1867
(Elegidos los 5 primeros.)
De las siete plazas sólo fueron nombrados 5 diputados, ya que los demás no habían obtenido mayoría absoluta. Ref. Actas electorales y documentos complementarios, Arch. Cortes Españolas.
CandidatosVotos
Luis Martos y Potestad, Conde de Heredia-Spínola4.563
Joaquín M.ª Múzquiz3.660
Pedro Javier Izco3.564
José M.ª Clarós3.355
Francisco Navarro Villoslada (Carlista)2.870
Javier Ozcáriz2.579
Manuel Echeverría2.430
Cándido Nocedal (Carlista)2.345
Francisco Sánchez Asso2.202
Antonio Aparisi y Guijarro (Carlista)2.139
Fulgencio Bengoechea2.092
Juan Vidarte1.578
Esteban Pérez Tafalla1.385

Navarra, motor del Laurak Bat (1864-1868). Mientras Navarra tantea, a lo largo de estos años, los aspectos concretos de su arreglo de fueros, en las Vascongadas, al antiforalismo gubernamental, responde un fuerismo exacerbado, en especial durante el período de forcejeos entre los representantes vascongados y Bravo Murillo a propósito del arreglo foral pendiente. Iparraguirre es expulsado en 1855 y su himno se convierte en la expresión artística y popular de un irredentismo que durante esos años cobra carta de naturaleza. La agitación llega también a Navarra donde las primeras quintas ( 1848) encuentran una cerrada oposición por parte del pueblo. En 1864, durante la discusión sobre la Ley de Presupuestos, Sánchez Silva, opuesto a de los Fueros vascos, resucita a Llorente y Tomás González poniendo además en cuestión la vigencia de la Ley del 25 de octubre. Ese mismo año una renovación lleva a la Diputación de Navarra a un equipo de hombres diferentes a los establecidos en 1841; se trata de carlistas como Nicasio Zabalza y/o moderados y neos como Juan Cancio Mena y Alberto Calatayud. La ininterrumpida serie de nuevas atribuciones ejercidas por parte del Gobierno central (Guardia Civil, intervencionismo fiscal, etc.) pone en guardia a estos hombres que conciben el proyecto de estrechar vínculos con unas provincias, las vascongadas, con las que hasta 1840 se había marchado de consumo.

"Todos reconocíamos que era ésta (la unión de las cuatro) una necesidad social de la raza vasca y lamentábamos que en 1841, la revolución realizara el arreglo de los fueros, separando con este acto impolítico lo que la naturaleza y la historia habían creado para vivir juntos"

(Ortíz de Zárate; 1870).

En 1866 la Diputación de Navarra, dentro de sus planes de efectuar un Laurak Bat oficial, invita a las otras tres a crear una Universidad Vasco Navarra, un Manicomio y una Casa de Beneficencia. También a que se supriman los portazgos y el impuesto sobre el vino navarro y a que las tres provincias sean agregadas a la Audiencia de Pamplona. Ese mismo año aparece en Vitoria el "Seminario Católico Vasco-Navarro" desde el cual el carlista alavés Ortíz de Zárate apoyará calurosamente el proyecto. Además de esta característica común -panvasquismo- estos primeros euskaros comparten su hostilidad hacia un Gobierno que acaba de reconocer al reino de Italia en detrimento del poderío del Papa. Fuerismo y antiregalismo clerical van a darse la mano cuando el Gobierno ordene el "arreglo parroquial" que conlleva una reducción considerable del personal del clero. Protonacionalismo presente en el proyecto de Cancio Mena de "fusionar estas cuatro provincias sin perjuicio de su respectiva autonomía" (Serdán, 1888; 147) y en el texto de la Confederación euskara (Laurak Bat y País Vasco de Francia) elaborado por Ortíz de Zárate en 1867 de acuerdo con los navarros.

Por las mismas fechas Zabalza y Cancio Mena visitan las tres Diputaciones donde la acogida "ha sido afectuosa, entusiasta y patriótica". Se inician así los intercambios de representaciones a fin de acelerar "la santa alianza de las cuatro familias del pueblo euskaro", no sin fuertes recelos de algunas personalidades isabelinas vascas que sospechan encontrar tras todo esto una trama carlista más. Sin embargo, en el movimiento panvasquista que vemos esbozarse en Navarra también aparecen nombres liberales y/o anticarlistas como los de Juan Iturralde y Suit, Pablo Illarregui y Campión, y los de los futuros fundadores de la Asociación Euskara de Navarra, Nicasio Landa y Esteban Obanos. Se trata a nuestro entender no sólo de un movimiento coyuntural antiliberal sino también, y en medida muy importante, de un movimiento destinado a atajar la crisis de identidad que experimenta por esos años el pueblo vasco, en especial Navarra (Caro Baroja, 1972, III: 451), como consecuencia de la guerra de Independencia y de la pérdida de atribuciones tras la guerra carlista. El Laurak Bat proyecta cohesionar la vieja "familia mayor vascongada" de forma gradual; mediante certámenes científico-culturales, exposiciones, restablecimiento de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País, mancomunicación de servicios, creación de una Comisión vasca en Cortes, revitalización y ampliación a Navarra de las Conferencias, etc. Pero la Revolución de setiembre corta esta convergencia que renacerá luego con bríos bajo la forma de Contrarrevolución.

El sosegado proceso que hemos enunciado pierde con la Revolución su sustentáculo fundamental: la Junta Suprema de Gobierno de Navarra nombra el 3 de octubre de 1868 a una nueva Diputación provincial que desplaza a los miembros electos. Desde sus comienzos la Revolución atrae sobre sí la enemiga del clero (véase la Pastoral del obispo de Pamplona, Uriz, de 1869) que será el motor de la constitución de las candidaturas de "unión católica" que en enero de 1869 darán un triunfo arrollador en todo el País Vasco al renacido carlismo.

Elecciones Generales del 16, 17 y 18 de enero de 1869
[Ref. Arch. Cortes Esp.: Actas]. Al estar procesado Ochoa de Zabalegui fue proclamado Gregorio Zabalza, monárquico, que luego fue desestimado. Total censo: 299.654].
Cruz Ochoa de ZabaleguiCarlista19.139 votos
Joaquín Ochoa de OlzaCarlista19.136 votos
Nicasio ZabalzaCarlista19.091 votos
Manuel EcheverriaCarlista18.967 votos
Mauricio BobadillaCarlista19.355 votos
Joaquín M. MúzquizCarlista19.110 votos
Pascual García FalcesCarlista18.834 votos

"La primera guerra civil -dice Caro Baroja (1972-183)- dejó a la masa popular carlista la persuasión de que había sido traicionada: que el país había quedado humillado y la fe en entredicho. Estas ideas se cultivaron con perseverancia durante las décadas siguientes, de 1840 a 1870".

El carlismo renace no solo en las urnas sino también en la frontera y en la conspiración. Navarra es declarada en estado de sitio y es durante éste cuando se efectúan las elecciones provinciales que, en medio de una gran abstención, colocan en los escaños a gentes afines al Gobierno. Un viento de rebelión sopla sobre Vasconia al suscitarse en Cortes la cuestión del arreglo parroquial y del juramento a la Constitución por parte del clero. (Real Decreto de Montero Ríos, 17 de marzo de 1870). La Diputación revolucionaria se niega a pagar la dotación del clero navarro mientras éste no jure. La legislación laicista de las Cortes, los acontecimientos internacionales -invasión de los Estados Pontificios, Comuna de París- y el advenimiento de Amadeo I de Saboya (hijo del "carcelero del Papa") al trono de España enardecen aún más a un clero vasco que ha optado, en su mayor parte, una vez más por la guerra. Olvidándose del arreglo foral de 1841 y de sus mentores, la mayoría de la población vuelve a elegir a carlistas para las nuevas Cortes.

Elecciones generales del 8-11 de marzo de 1871
[Ref. "Gaceta de Madrid". Arch. Cortes Esp.: Actas]. En las elecciones a Senadores de marzo de 1871 resultaron elegidos por esta provincia D. Luis Iñarra, D. Nazario Carriquiri, D. Cayo Escudero Marichalar y D. José de la Gándara. [Ref. "Gaceta de Madrid", 1871].
Luis EcheverriaCarlistaDistrito de Aoiz
Gregorio ZabalzaCarlistaDistrito del Baztán
Joaquín M.ª MuzquizCarlistaDistrito de Estella
Cruz OchoaCarlistaDistrito de Olza
Cesáreo Sanz y LópezCarlistaDistrito de Pamplona
Demetrio IribasCarlistaDistrito de Tafalla
Eduardo Alonso ColmenaresAdictoDistrito de Tudela

Bajo el signo del carlismo y de un clero enardecido toma cuerpo otra vez el Laurak Bat. Como escribe Ortíz de Zárate:

"Hoy es un hecho consumado la confederación vascona, hecho que se revela en todas las manifestaciones de la vida pública y privada y que tiene diversos órganos en la prensa periódica de todos los partidos políticos, unanimidad y concordia que justifica que la grey euskara posee un instinto admirable y certero para conocer sus verdaderas necesidades político-sociales. El Semanario Católico Vasco-navarro, el Laurak-bat, La Unión Vasco-navarra y el País Vasco-navarro pregonan diariamente que las cuatro provincias forales constituyen una verdadera nacionalidad y familia.

(Semin. Cat. Vasco-navarro, 18-Il-70).

Lo que en Vascongadas toma la forma de una frenética agitación fuerista, en Navarra adopta la de la impugnación de la Ley de 1841 a la que se califica de malhadada e ilegal (Exposición de 1871), de quitar "a Navarra su ser nacional" (Un navarro neto, 1871 ) y de causar la ruina del clero navarro (Cartas de un labriego, 1872). Las nuevas elecciones ratifican el arraigo de estas protestas y reivindicaciones.

Elecciones generales del 3-8 de abril de 1872
Ref. Arch. Cortes Esp.: Actas. Total de diputados carlistas en Vasconia: 14. Gubernamentales: 3. En el resto del Estado, el carlismo baja de 79 escaños a 12.
Cesáreo Sanz y Lópezcarlista5.012 v.Pamplona
Eduardo Alonso y Colmenaresadicto3.187 v.Tudela
Demetrio Yribascarlista3.715 v.Tafalla
Cándido Nocedalcarlista4.611 v.Estella
José Manuel Urzainquicarlista1.860 v.Aoíz
Eusebio Múzquizcarlista3.140v.Baztán
Cruz Ochoa de Zabaleguicarlista5.997 v.Olza

Días después comenzaba la segunda guerra carlista en Vasconia y Cataluña.

(1872). Esta guerra que a decir de Caro "no se desarrolló con la violencia total (y hasta cierto punto genial) de la primera", tuvo un prolegómeno armado en conformidad con el levantamiento planeado por Carlos VII en Vasconia y Cataluña para el día 21 de abril de 1872 bajo la dirección de Eustaquio Díaz de Rada, General en Jefe de Vascongadas y Navarra. Se levantaron los carlistas catalanes y vascos, "allí donde tradicionales diferencias de carácter jurídico e histórico, reflejadas en la legislación foral, favorecían la adhesión a don Carlos" (Fz. Almagro). Habiendo fallado el concurso de las guarniciones y de determinados republicanos, los navarros son derrotados en Orokieta (4 de mayo) mientras los vizcaínos ocupan Arrigorriaga (7 de mayo) pero, desanimados algunos jefes carlistas, conciertan el Convenio de Amorebieta (24 de mayo) por el que entregan las armas varias partidas a cambio del respeto al régimen foral. En pleno estado de guerra no resulta difícil al Gobierno desbancar en las urnas al carlismo.

Elecciones generales del 24-27-VIII-1872
José de la GándaraRadicalDistrito de Pamplona
Angel Frauca IbarraRadicalDistrito de Tudela
Ramón M.ª BadaranRadicalDistrito de Tafalla
Javier EscartínRadicalDistrito del Baztán
José M.ª EzcartíRadicalDistrito de Estella
Julián RuízRadicalDistrito de Aoiz
Serafín OlaveRepublicanoDistrito de Olza

En las elecciones a Senadores de agosto de 1872 resultaron elegidos por esta provincia D. Nazario Carriquiri, D. Fausto Elio, D. Juan Martínez Plowes, D. Sebastián González Nandin. [Ref. "Gaceta de Madrid", 1872; Arch. Cortes Esp.: Actas].

Sustituido Díaz de Rada por Antonio Dorregaray, éste decide reemprender la lucha en la primavera siguiente. El 11 de febrero de 1873 Amadeo I abdica al trono de España. Las Cortes proclaman la República. El levantamiento carlista no sólo no es postpuesto sino que se verá revigorizado.

El republicanismo español, con sus posteriores derivaciones federales, nació como contraposición a las tesis centralizadoras plasmadas desde el final de la primera guerra carlista. A este pensamiento ideológico se acogería una serie de personalidades, profesionales liberales en su mayoría, los cuales comenzaron a difundir su teoría, a través de folletos, libros, prensa, etc., por todos los rincones del país. Ellos propugnarían, frente a la estructuración básicamente centralizadora del Estado, no ya una simple descentralización sino un nuevo esquema territorial español. Eran fervientes admiradores de aquellos países que habían adoptado una configuración territorial federal y, dentro de España, como la puso de manifiesto su líder indiscutible, Pí Margall, elogiaban el sistema foral imperante tanto en Navarra como en Vascongadas. Sectores progresistas del liberalismo y, más en concreto, una de sus alas escindidas, la demócrata, adoptarán esta doctrina política, la cual, con el paso del tiempo, los llevará a una división entre unitarios y federales.

En Navarra, en esta tarea de fomentar el pensamiento republicano, colaboraron personalidades originarias de otras regiones españolas -como el catalán Sardá, el madrileño Lasala- con el propósito de que, dado el arraigo que el carlismo tenía en Navarra, el republicanismo tuviera pujanza en los principales núcleos urbanos como Pamplona, Tudela, etc. Paulatinamente fueron constituyéndose comités republicanos cuyos miembros pertenecían, en su mayor parte, a las clases medias y profesiones liberales -médicos, comerciantes, maestros, farmacéuticos, algunos propietarios-, una serie de personalidades conocidas a nivel local y provincial -excepto la gran figura del republicano navarro, Serafín Olave- que contribuyeron al nacimiento y desarrollo del republicanismo en Navarra, pero que tuvieron siempre un carácter minoritario. Sin embargo, la actuación de los republicanos navarros, al igual que el resto de sus correligionarios, no adquirió notoriedad hasta la revolución de septiembre de 1868. Destronada Isabel II, se abrieron unas expectativas políticas desconocidas hasta entonces, por cuanto que mientras para unos -los artífices de la Revolución- dicho acontecimiento concluía con el destronamiento de la reina, para otros no era más que el inicio de un proceso que llevaría a España por unos nuevos derroteros en todos los órdenes.

Entre éstos últimos estaban, sin duda, los republicanos. Dos objetivos son perseguidos con claridad por los republicanos: convertirse en una alternativa al poder constituido y establecer pactos federales entre las diversas regiones españolas. El 28 de junio de 1869 representantes de Vascongadas y Navarra se reunieron para establecer la Asamblea federal vasco-navarra, acordando, entre otras cosas, la defensa del código foral hasta alcanzar su completa autonomía. Asimismo, resaltan que con ningún régimen político estarán garantizadas las libertades de la región como con la República federal. Junto a esto, la continua presencia de republicanos navarros en asambleas republicanas nacionales donde comenzaba a hacerse patente la división de los propios republicanos en benévolos e intransigentes. Salvo Olave, la práctica totalidad de los republicanos navarros pertenecieron al primer sector, seguramente porque aquí existía una homogeneidad estando la preocupación de éstos directamente relacionada con la guerra carlista. Ante el conflicto bélico, tanto los republicanos como los liberales navarros cerraron filas frente a un enemigo común.

  • Acceso al poder

La primera consecuencia de la proclamación de la República -el 11 de febrero de 1873- para los consistorios fue la renovación total de sus componentes. Antes de la instauración del nuevo régimen, los municipios estaban regidos por radicales quines siempre mostraron su descofianza de los republicanos, al igual que éstos hacia aquéllos. El cambio, no obstante,se produjo por decreto. En efecto, y por lo que respecta a Pamplona y Tudela, por citar unos ejemplos, el gobernador civil de Navarra, de mutuo acuerdo con su homólogo militar, nombró a varias personas -la mayoría de ellas integrantes de los respectivos comités republicanos- para hacerse cargo de las Alcaldías. Una vez traspasados los poderes al nuevo Ayuntamiento, se procedía a la elección de su correspondiente Alcalde y de los restantes miembros del consistorio. Así acontenció en la mayoría de las localidades y, en enero de 1874, tras el golpe de Estado de Pavía, volvio a repetirse tal circunstancia. En Pamplona, v. gr., sería nuevamente Alcalde José Javier Colmenares, la misma persona que, en vísperas de la proclamaciòn de la República, ya ostentaba dicho cargo.

  • La Diputación Navarra

Si alguna característica merece ser resaltada respecto al comportamiento político durante el régimen republicano es su constante esfuerzo por mantener intactas las peculiaridaes de la ley de 1841. Poco después de proclamada la República, la Diputación, en una alocución dirigida al país, acataba el nuevo orden constituido, pero haciendo prevalecer las peculariedades propias de Navarra, ante cualquier evento transformador de la ley de 1841, eje de la política navarra en sus relaciones con el Estado. La guerra carlista marcaba una línea divisoria entre el poder del Estado y el provincial ejercido por la Diputación. Para el primero, unas circunstancias tan excepcionales como las provocada por la guerra, eran motivo más que suficiente para que los altos intereses nacionales prevaleciesen sobre particulares legislaciones provinciales. Por su parte, la Diputación -nacida por decreto al igual que los Ayuntamientos en enero de 1874- reconocerá la prioridad de derrotar a los carlistas, pero nunca a costa o conculcando la legislación especial navarra. Ciertamente que hubo peticiones de la Diputación -como la de suspender las elecciones a Cortes en Navarra -que fueron desoidas por el Gobierno central, pero la mayoría de los enfrentamientos Diputación-Gobierno salió beneficiada la institución navarra.

Elecciones generales del 10/13 de mayo de 1873
[Ref. "Gaceta de Madrid"; Arch. Cortes españolas: Actas].
Agustín SardáRep. FederalDistrito de Pamplona
Santiago Jiménez e IlzarbeRep. FederalDistrito de Tudela
Santos LandaRep. FederalDistrito de Tafalla
Francisco HuderRep. FederalDistrito de Aoiz
No se celebraron comiciosDistrito de Baztán
José M.ª Ercazti Lorenteex RadicalDistrito de Estella
Serafín Olave y DíezRep. FederalDistrito de Olza

Dos tácticas eran utilizada por la Diputación preferentemente en estos casos:

a) Acusar de contrafuero a las autoridades centrales, como así ocurrió cuando, en abril de 1873, el gobernador civil, el guipuzcoano Justo M.ª Zavala solicitaba la entrega de dos millones de reales en un plazo de ocho días. Tras un peregrinaje legislativo, fue reconocida la incompetencia de dicha autoridad en esta materia puesto que vulneraba uno de los artículos de la ley de 1841.

b) En medidas como el alistamiento de los mozos de la reserva,las contribuciones forzosas autorizadas a las provincias, la Diputación replicaba la contraproducente de tales medidas por los efectos contrarios -disposiciones similares de los carlistas-, en suma, temor a las represalias.

Tras muchos intercambios de notas, todo quedaba en un statu que no favorecía los intereses "forales". En otros apartados, la Diputación fracasó. Los militares pedían ingentes sumas de dinero que la Diputación prestaba en la confianza de que le fueran devueltos los reintegros cosa que acontecióen contadas ocasiones y en cantidades exiguas. Por otras parte, la política crediticia llevada a cabo por la Diputación -con empréstitos de escaso eco entre la población- no hizo más que aumentar considerablemente el déficit. Esto y otras circunstancias provocaron disensiones en el seno de la Diputación que consujeron a la dimisión de los diputados provinciales poco antes que el golpe de Pavía acabara con la República y, de paso, con las diputaciones provinciales.

  • Proyectos constitucionales

Uno de los asuntos más transcendentales concernientes al Gobierno republicano era la configuración de los estados o cantones federales que deberían constituir la República democrática federal española. Con vistas a ello fue creada una comisión constitucional encargada de plasmar en un proyecto de Constitución tal configuración territorial. En vísperas de la creación de dicho organismo, varios diputados navarros plantearon a la Diputación si Navarra debía constituir un cantón o Estado federal propio, o bien una configuración con la unión a Castilla, Aragón o Vascongadas. El 19 de junio de 1873, la Diputación acordó, en sesión extraordinaria, que Navarra formase por sí sola un Estado federal, acuerdo que fue remitido a los diputados navarros. El 17 de julio de 1873, Castelar, presidente de la Comisión Constitucional, terminaba de redactar el proyecto, Navarra y Vascongadas formaban conjuntamente un Estado Federal. Como hasta el día 26 de julio de 1873, el proyecto constitucional no terminaría de imprimirse y repartirse entre los diputados, este intervalo de tiempo fue aprovechado por los diputados navarros por un lado, para tratar de que en el proyecto Navarra quedara configurada como Estado federal propio y, por otro lado, remitir estas circunstancias tanto a la Diputación como a otras instituciones, como el Ayuntamiento republicano de Pamplona, con el fin de insistir en esa demanda.

Tras nuevos acuerdos de la Diputación y elAyuntamiento de Pamplona reclamando el Estado federal solamente para Navarra y las conversaciones mantenidas por diputados como Olave y Sardá, se consiguió lo que se pretendía y el 26 de julio de 1873,en el proyecto de Constitución ya impreso -y con la fecha de 17 de julio de 1873- Navarra quedaba configurada como uno de los 17 estados federales. El mismo día 26 también quedo impreso otro proyecto constitucional -auspiciado por Díaz Quintero y Cala, ambos intransigentes- más radical que el anterior. En uno de sus apartados -el de Pactos cantonales- y en su artículo 67 se dice: "Las actuales provincias de la Península se reúnen en cantones enuso de su autonomía". Respecto a las "Regiones Vascongadas" -nombre que recibe el cantón vasco en el texto constitucional- sabemos que Álava rechazó tal proyecto porque afectaba a su parecer gravemente a los fueros en puntos tales como la libertad de cultos, separación Iglesia-Estado, autonomía de cada provincia. La Junta particular de Álava, en su reunión de agosto de 1873, expresa su rechazo al cantón vascongado "porque estas Provincias disfrutan cada una de su autonomía con independencia de la otra". (Arch. Diput. de Álava, leg DH, 264, n.º3). Cuando las Juntas Generales de Gipuzkoa reunidas en Tolosa el 9 de julio 1873, trataron sobre la cuestión federal dejaban claro que la "organización foral guipuzcoana debe ser respetada en su integridad soteniendo los legítimos e indusputables derechos de Gipuzkoa". Tanto alaveses como guipuzcoanos eran partidarios de que, manteniendo las peculiaridades propias de cada provincia, se solidarizaran las tres provincias "hermanas" en ámbitos de interés común. En sus acuerdos, no mencionan a Navarra. Como puede comprobarse, por un lado propugnan un federalismo uniprovincial en tanto que pretenden la conservación de las respectivas organizaciones forales y, por otro, un espíritu supraprovincial entre las tres en el mantenimiento de intereses comunes.

(1873-1876). Ciegamente, como bajo el imperio de un reflejo histórico ancestral, veteranos y jóvenes navarros vuelven a echarse al monte desoyendo la proclama de Pavía (19-II-1873) en la que se ofrece Paz y Fueros. En la secretaría de la Junta Gubernativa carlista de Navarra vemos a Juan Cancio Mena,el mentor del Laurak Bat. Pronto Vasconia queda convertida en islote carlista, ajeno a las capitales (a sus guarniciones sobre todo); Durango, Oñate, Tolosa y Estella albergarán a una Corte de campaña que legisla y administra sobre todo el territorio insurrecto a la par con las Diputación esa guerra carlistas. Su órgano de expresión, El Cuartel Real, aparece en Peña Plata, Estella y Tolosa sucesivamente. A esta unidad "de facto" corresponde el restablecimiento de la Universidad de Oñate, ahora "vasco-navarra", el del Seminario Vasconavarro de Vergara y la restauración de un Tribunal Supremo en Estella. Mientras dura la anarquía en España, este "Estado carlista", bendecido por un clero agraviado y emprobecido, se asienta con fuerza y trata de conquistar Bilbao y Pamplona mediante sendos asedios.

Pero, la proclamación de Alfonso XII a finales de 1874, el pacto de la Iglesia y la gran oligarquía españolas con el nuevo monarca y la bendición de parte importante de Europa restan al carlismo apoyos, financiación y soportes importantes. Mientras, Vasconia pasa a desempeñar el papel de ciudadela sitiada, crisol en el que todos los irredentismos políticos, sociales y religiosos, forman un precipitado del que saldrá, en breve, el nacionalismo aranista de origen carlista. Y también cierto prenacionalismo de origen liberal latente ya en los alegatos anticarlista de Sagarmínaga (1875) o Campión (1876), cuando comienza a vaticinarse que la derrota carlista va a traer aparejada la muerte de los Fueros. En febrero de 1876 caen dos símbolos, Montejurra y Estella, en manos gubernamentales y el carlismo se ve empujado un vez más, después de un dominio de más de dos años sobre casi toda Navarra (salvo Pamplona y la Ribera), al otro lado de la frontera. Ahora, incluso la denostada Ley de Fueros de 1841 se ve amenazada por una opinión pública que en todas las capitales españolas pide un castigo ejemplar para los vascos y la eliminación definitiva de sus "privilegios".

Los Fueros de Álava, Gipuzkoa y Bizkaia son anulados por la Ley del 21 de julio de 1876 que emplaza al Gobierno, además, a que "dando cuenta en su día a las Cortes, y teniendo por presente la ley del 19 de septiembre de 1837 y la del 16 de agosto de 1841, y el decreto del 29 de octubre del mismo año,proceda a acordar, con audiencia de las provincias de Álava, Gipuzkoa y Bizkaia, si lo juzgan oportuno, todas las reformas que su antiguo régimen exijan". Al no llegar a un acuerdo, tanto las Diputaciones como las Juntas Generales vascongadas son disueltas definitivamente siendo sustituidas por Diputaciones provinciales a las que en 1878 se otorgará un Concierto económico. El caso navarro va a ser diferente.

Elecciones generales del 20/23 de enero de 1876
Javier M.ª Los Arcos MinisterialDistrito de Aoiz
Felipe González Vallarina Distrito de Baztán
Fructuoso de Miguel Distrito de Estella
Antonio Morales Distrito de Olza
Francisco García Goyena Ministerial Distrito de Pamplona
Nazario Carriquiri Ministerial Distrito de Tafalla

En las elecciones a Senadores de enero de 1876 resultaron elegidos por esta provincia Marqués de Montesa, el Marqués de Alhama, el Conde Viudo de Rodezno y D. Gregorio Alzugaray. [Ref. "G. de M.", 1876, Arch. Cortes españolas: Actas]. Sólo se votó en los pueblos no ocupados por los carlista. Población censada: 304.184.

Negociaciones sobre la Ley de 1841 entre Navarra y el Poder Central, 1876-1893.

Este nuevo período viene configurado por un hecho de profundas repercusiones en el País vasco-navarro. El triunfo militar de los liberales alfonsinos en 1876 afianzó el centralismo y la "unidad constitucional" de España. Los fueros de las que fueron considerada "provincias rebeldes" correrán una suerte diferente. Mientras que para las Provincias Vacongadas era necesaria una reforma en su concepción foral, el propósito del Gobierno para con Navarra será el de una equiparación fiscal con el resto de las provincias españolas. Las negociaciones concluirían con el denominado Convenio de Tejada Valdosera. El tema fiscal, no obstante, constituirá el eje central de las tensiones entre la Diputación navarra y el Poder Central durante estos años. A la firma de dicho Convenio se suman estos años. A la firma de dicho Convenio se suman los progresivos intentos por introdudir los impuestos indirectos y la Gamazada. En el plano puramente administrativo perdurará la autonomía navarra con la reiteración de la Real Orden de 5 de abril de 1845 que disponía el cumplimientode las leyes de ayuntamientos y diputaciones, en todo lo que no se opusiera a la ley de 16 de agosto de 1841. Al mismo tiempo, la Diputación como superior jerárquico de los ayuntamientos, da los primeros pasos hacia una mayor fiscalización de la administración municipal, que se acentuará en el siglo XX. En 1887 se crean arbitrios provinciales sobre determinados productos -que provocaron incidentes en varios pueblos navarros-, al amparo de la legislación general, pero en especial por las prerrogativas recogidas en la ley de modificación de fueros de 1841.

  • El Convenio de Tejada Valdosera 1876-1877)

En la Real Orden de 6 de abril de 1876 se emplazaba a la elección de dos comisionados que quince días después de ser oídos los de las Provincias Vascongadas -convocadas para el 1.º de mayo- concurrirían a Madrid, con el fin de preparar la modificación "que en la ley de 16 de agosto de 1841, hacían indispensable el trascurso del tiempo y las actuales circunstancias". La Diputación navarra encontró graves dificultades para nombrar las dos comisionados que debían representarla ante el Gobierno. Los diputados y senadores a Cortes, así como importantes personalidades de la vida política navarra -Marqués de Castelfuerte, Conde de Guendulain, José M.ª Gastón- eludieron la propuesta de la diputación. Incluso la propia Diputación, por su origen gubernamental, no se sentía con fuerza moral para representar los intereses de la provincia. Finalmente la comisión quedó integrada por los diputados forales Luis Iñarra, Fortunato Fortún, Martín Huarte Mendicoa y Manuel Alfaro.

Las primeras conferencias se celebraron los días 16 y 17 de mayo. Cánovas reconoció que, si bien la situación de Navarra era distinta a la de las Provincias Vascongadas, por cuanto se había adaptado a la unidad constitucional, era necesaria, no obstante, una revisión en la tributación. Por su parte, los comisionados navarros expusieron la difícil situación de la provincia después de la guerra civil. Se avinieron, sin embargo, a negociar la ley del 41 en lo concerniente a tributación, pero sin acudir al legislativo, sino a través de negociaciones con el Poder ejecutivo, ya que consideraban este procedimiento como "más apropiado y expedito, y no variará los sentimientos de hostilidad que algunos se proponen mantener y explotar entre provincias hermanas... y correspondería a las precedentes que ha contribuido Navarra a establecer en diversas épocas". El 11 de junio se suspendieron conversaciones, quedando en la Villa y Corte únicamente los diputados forales Alfaro y Echarte.

El 22 de junio el Marqués de Alhama, senador por Navarra, a petición expresa de Cánovas, requería nuevamente la presentación de los comisionados. La buena disposición que desde un primer momento habían mantenido éstos, así como la opinión unánime de que era necesaria una reforma en la tributación futura, propiciaron una postura de conciliación con el Gobierno que contribuyó a la redacción del artículo 24 del proyecto-ley de presupuestos que debía duscutirse en las Cortes y que decía: "Se autoriza al Gobierno para dar dese luego a la contribución de inmuebles, cultivo y ganadería en la provincia de Navarra, la misma extensión proporcional que en las demás de la península, y para ir estableciendo en ella los demás impuestos consignados en los presupuestos generales del Estado". A pesar del pacto concluido entre los comisionados navarros y Cánovas, en la discusión del dictamen en el Congreso intervino el diputado y jurista navarro Antonio Morales y Gómez, defendiendo el carácter pactado de la ley de 16 de agosto de 1841 y su inalterabilidad. Por el contrario, Cánovas, Presidente del Consejo de Ministros, sostuvo que la ley de 1841 era similar a todas las leyes, pero su propósito no era derogar dicha Ley, sino modificar la tributación.

El también diputado González Vallarino intervino sosteniendo que Navarra no protestaría por pagar una contribución según una base porporcional. El artículo quedaría aprobado en el Congreso por 123 votos contra 11, correspondiendo éstos a los diputados de las provincias vascongadas y por Navarra a Morales, Los Arcos, De Miguel y García Goyena. Igual futuro alcanzó el artículo en el Senado. El Marqués de Alhama, senador por Navarra, defendió que si bien la ley de 1841 no constituída un verdadero tratado internacional, sí tenía carácter especial. Consideraba que el artículo 24 lesionaba dicha ley, pero dejaba abierta la posibilidad a una futura negociación. Sólo quedaba concluir las negociaciones del Gobierno con las autoridades navarras y fijar la cantidad que la provincia debía pagar. Las primeras conversaciones fueron encomendadas al general en jefe del ejército del Norte, Jenaro Quesada, con el fin de indagar la opinión de la provincia. Así, el 18 de diciembre el Gobierno comunicaba a la Diputación el nombramiento como Comisario Regio del Conde de Tejada Valdosera.

En un ambiente de tensión se iniciaron en Pamplona las primeras conferencias los días 22 y 23 de diciembre de 1876. Por parte del Gobierno, su propósito era negociar hasta las últimas consecuencias el artículo 24 de la ley de presupuestos; la Diputación, sin embargo, y en aras a la unidad constitucional -argumento ya esgrimido en 1841- sólo estaba dispuesta a incrementar el cupo de la contribución directa, revisando el artículo 25; pero oponiéndose terminantemente a una posible introducción de impuestos indirectos por ser contrarios a la ley de 16 de agosto de 1841. El 28 de diciembre, el Conde de Tejada comunicaba a Cánovas que, de no llegar a un acuerdo satisfactorio con la Diputación navarra, tenía prevista la posibilidad de nombrar comisionados que acudiesen a Madrid. Cánovas se opuso a esta fórmula y encargaba concertar la contribución directa reservando los impuestos indirectos a una futura discusión en las Cortes. Así pues, el pensamiento del Gobierno era claramente nivelador negando el carácter pactado de la ley del 41 a la que consideraba una ley ordinaria susceptible de modificación por el poder legislativo.

En los días siguientes continuaron las negociaciones en las que el Comisario Regio expuso el deseo del Gobierno de concertar un convenio con Navarra, para un cierto número de años, en el que debía incluirse los impuestos indirectos. La negativa de la Diputación a tratar este punto contribuyó a que únicamente se negociara el cupo de la contribución directa. Después de profundas discusiones sobre la nanera de determinar el cupo contributivo, los diputados navarros propusieron a Tejada dejar éste en 8.000.000 de reales, es decir, 2.000.000 de ptas., de las que debían deducirse: 1.º Por interés de la deuda, arriendo del tabaco u atenciones sobre las antiguas tablas: 1.500.000 reales que el tesoro venía abonando a la Diputación. 2.º Por dotación de culto y clero, 3.600.000 reales mientras continuase la provincia cubriendo esa atención. 3.º Por recaudación: 400.000 reales, es decir, el 5%. El Comisario Regio aprobó estas bases, si bien quedaba la aprobación definitiva del Gobierno. El 21 de enero de 1877, Cánovas, Presidente del Consejo de Ministros, escribía a la Diputación comunicando que dicho acuerdo debía considerarse como aprobado, puesto que ya lo conocía y tenía resuelta su aprobación. Así fue dictado el Real Decreto de 19 de febrero de 1877 que ha venido en donominarse Convenio de Tejada Valdosera, que si bien modifica la tributación de Navarra, consagra la aspiración de la Diputación de que cualquier modificación de la ley de 1841 no fuera ejecutada unilateralmente, sino con la aquiescencia de la provincia y el marco instituido por la ley del 41.

  • Los impuestos indirectos

La conclusión del Convenio de Tejada Valdosera sólo resolvió el primer punto del art. 24 de la ley de presupuestos de 1876, pero no la segunda parte del mismo en el que se preveía la progesiva introducción de los demás impuestos que regían en la Península. El primer conflicto se inicia con la Real Orden de 14 de julio de 1877 por la que se hacía extensivo a Navarra el art.47 de la ley de presupuestos del 11 de julio de ese año que decretaba, en sustitución del impuesto sobre la sal, el establecimiento de una cantidad fija por la fabricación y una cuota a los ayuntamientos de 1 pta. por habitante. La Diputación navarra, a solicitud de los propitarios de salinas, y previo informe del asesor, calificó dicho impuesto de antiforal y contrario a la ley pactada de 1841. En el proyecto-ley de 25 de octubre de 1881 decía que Navarra debía satisfacer el impuesto de la sal que se señaló por Real Orden de 14 de julio de 1877. El artículo sería aprobado con la oposición de los representantes navarros, si bien el Ministro de Hacienda, Camacho, prometió a los comisionados Escudero y De Miguel, que por altas consideraciones políticas, no se exigiría en la provincia, y que el Gobierno no haría nada sin tratar antes con la Diputación. Pero por Real Orden de 29 de enero de 1883 se volvía a exigir el impuesto.

La reiterada negativa del Gobierno a las pretensiones de Navarra dio lugar a la presentación de un "menorial de agravios" al Presidente del Consejo de Ministros, Práxedes Mateo Sagasta, a la vez que se interponía contencioso-administrativo contra la citada Real Orden Las disposiciones sucesivas fueron contrarias a la provincia, sin embargo, el impuesto no fue pagado por Navarra. Un nuevo conflicto lo constituyó la ley de 26 de junio de 1888 por la que se aplicaba a Navarra el impuesto indirecto de alcoholes y bebidas espirituosas. Con el fin de concluir un arreglo previo con la provincia, el Gobierno, por Real Orden de 8 de agosto de 1888, instaba a la Diputación navarra al nombramiento de comisionados que debían acudir a Madrid el 1 de septiembre. Formaron la comisión los diputados forales Antonio Baztán, Joaquín Gastón y Esteban de Benito que junto a los diputados a Cortes celebraron una reunión con el Ministerio de Hacienda, Puigcerver, al que expusieron que las leyes de presupuestos, por su carácter efímero y temporal, no podían derogar una ley "especial" como la de 1841. Por su parte Puigcerver manifestó el deseo del Gobirno de implantar el impuesto de alcoholes con el fin de evitar el contrabando.

En la entrevista que los comisionados sostuvieron con Sagasta, éste expresó el deseo de reconocer siempre la autonomía de Navarra y su organización especial, si bien, añadió, no podía consentir que no contribuyera en proporción a su riqueza. Trasladada la Diputación en pleno a Madrid, propuso al Ministro de Hacienda el establecimiendo para la provincia, con objeto de evitar así el fraude. El contencioso concluyó con la Real Orden de 20 de octubre de 1888, por la que se autorizaba a Navarra la creación del citado impuesto.

SMB

Precedida por el movimiento Laurak Bat y por las gestiones de Iturralde y su círculo de amistades anteriores a la Revolución, el movimiento nacionalista moderno, surgió en todo el País Vasco como consecuencia de la reivindicación fuerista provocada por la derrota carlista y por el centralismo de la Restauración borbónica (1874) véase Nacionalismo. Este fuerismo dio origen en las cuatro provincias a movimientos de renacimiento cultural vasco. En Navarra,la Asociación Euskara constituida el 6 de enero de 1878, asumió dicha reivindicación y se propuso conservar y propagar la lengua, literatura e Historia del País Vasco-Navarro, así como estudiar su legislación y procurar cuanto tienda al bienestar moral y material del País intentando la fraternización de todos los vascos. Fueron promotores de la Asociación Arturo Campión y Juan Iturralde y Suit. La Junta Directiva fundacional estuvo integrada por las siguientes personas: Esteban Obanos, presidente; Juan Iturralde y Suit, secretario y Florencio Ansoleaga, Estanislao de Aranzadi, Salvador Echaide y Ramón Irurozqui, vocales.

La insignia de la Asociación Euskara (Zazpirak Bat) era el árbol de Gernika con la cruz encima, sobre el tronco el escudo de Navarra y en fondo siete montañas representando a las siete regiones históricas vascas. Los euskaros fueron, por lo que sabemos hasta hoy, los primeros formuladores del lema "Zazpirak-bat" (siete en uno), expresión de la fraternidad de los vascos de uno y otro lado del Bidasoa. Desarrollaron su labor de propaganda cultural a través de la Revista Euskara (febrero 1878-diciembre 1883). A pesar de sus promesas de neutralidad, la Asociación Euskara no se limitó a canalizar su vasquismo a través de la cultura, ya que a partir de 1881, y aunque fuera a título individual tuvo intervención directa en política a través del Partido Fuerista, agrupación política constituida en Bilbao en torno a la abolición de los Fueros (1876-1877)y defendida por políticos vasquistas que pretendían la recuperación del Fuero. En Navarra la defendieron los euskaros cuyo lema político fue "Jaungoikoa eta Foruak" (Dios y Fueros), abogan por la unión vasco-navarra y el abandono de los partidos políticos de ámbito estatal que habían sido responsables de la muerte de los Fueros y proponen como sistema de gobierno la federación vasco-navarra regida por unas instituciones tradicionales que restaurasen el sistema anterior a 1876.

La actividad política de los euskaros en el Partido Fuerista se inició en 1881. Ante las elecciones del 4 de mayo de dicho año los Fueristas promovieron una candidatura unitaria con los Carlistas, "La Unión Pamplonesa" y obtuvieron 8 concejales frente a 3 liberales y un demócrata. Entre 1882 y 1884 se produjo un gran auge del Partido Fuerista en Navarra. Sus formulaciones se radicalizaron, desarrollando lo que es ya una argumentación nacionalista; admiten la unidad nacional de España pero no la unidad política. En esta etapa sobresale el alineamiento con el Carlismo en la denuncia de los valores liberales y la postura contrarrevolucionaria frente a un movimiento obrero socialista. En las elecciones de 1883 presentan su candidatura bajo el nombre de "Lau-buru" y obtienen ocho concejales de los doce puestos a cubrir. Los otros cuatro fueron para una coalición de liberales monárquicos y republicanos. El lema de los fueristas era Jaungoikoa eta Fueroak (Dios y Fueros) y su labor de propaganda política la realizaron primero desde el diario El Arga (1879-1881)y después a través de las páginas de Lau-buru (1882-1886). El Arga con el lema "Por Navarra y para Navarra" propugnada la recuperación del régimen Foral y la unidad vasca.

Lau-buru fue un diario que recogió el espíritu vasquista de El Arga, defensor de la lengua y costumbres vascas y con el lema "Dios y Fueros". En 1886 la reaparición en la escena electoral navarra del Carlismo supuso el final de la actividad política para los fueristas. Pero su influencia, en especial su concepción unitaria de la nación vasca nucleada en torno a Navarra, no sólo no desapareció sino que puede decirse que moldeó de forma importante a varias generaciones de intelectuales navarros hasta nuestros días. Un ejemplo importante de esta influencia sería D. Serafín Olave, republicano federal que habiendo patrocinadola automía monoprovincial en 1873, redactó en 1883 la Constitución Federal de Navarra en la que ésta pasaba a articularse con sus territorios históricos de ambos lados de la frontera.

AMP

Elecciones generales del 20-IV-1879
Ref.AMP, Actas. Filiaciones en "La Correspondencia de España", 22-23-IV-1879.
CandidatosPartidosVotos
Distrito de Pamplona
Enrique LarrainzarConservador2.833
J.M. AstizIndependiente2.460
Marqués de VadilloUltramontano1.640
Distrito de Tudela
Luis Martos, Conde de Heredia-SpínolaConservador1.201
Distrito de Tafalla
Nazario CarriquiriConservador1.273
Distrito de Aoiz
Javier M. Losarcos y m.Conservador1.584
Distrito de Estella
Fructuoso de MiguelModerado1.766

Elecciones generales del 21-VIII-1881
Ref.Actas electores y documentos complementarios, Arch. Cortes Españolas.
CandidatosPartidosVotos
Distrito de Pamplona
Enrique Larráinzar y EzcurraLiberal fusionista3.327
Gregorio Zabalza y OlasoLiberal fusionista2.958
Luis Díez de UlzurrunLiberal fusionista2.029
Distrito de Tudela
Luis Martos y Potestad,
Conde de Heredia- Spínola836
Distrito de Tafalla
Ramón M.ª Badarán y EchévarriLiberal fusionista1.166
Distrito de Aoiz
José Manuel Urzainqui1.858
Distrito de Estella
Fructuoso de Miguel y Mauleón1.314

Elecciones parciales del 25-III-1883
Ref.Actas electorales y documentos complementarios. Arch. Cortes Españolas.
CandidatosPartidosVotos
Distrito de Pamplona
Wenceslao Martínez AquerretaFusionista2.276
Migueln Díez de Ulzurrun1.933
Distrito de Estella (13 de mayo de 1883)
José M.ª Martínez de Ubago
y Rodríguez1.567

Elecciones generales del 27-IV-1884
Ref.AMP, Actas. Filiaciones en "El Imparcial", 28-IV-1884.
CandidatosPartidosVotos
Distrito de Pamplona
Wenceslao Martínez de AquerretaIzda. Monárquica3.854
Hortuño Ezpeleta, Conde de EchanzConservador3.638
Marqués de VadilloConservador2.314
Distrito de Aoiz
Javier Los Arcos MirandaConservador1.481
Distrito de Estella
José M.ª Martínez de Ubago1.109
Distrito de Tudela
Luis Martos y Potestad,
Marqués de Heredia SpínolaConservador868
Distrito de Tafalla
Antonio Dubán y Ramírez de Arellano1.159

Elecciones generales del 26-VII-1885
CandidatosPartidosVotos
Wenceslao Martínez AquerretaIzda. Monárquica1.668
Marqués de VadilloConservador1.377

Elecciones generales del 4-IV-1886
Ref.Actas electorales y documentos complementarios, Arch. Cortes Españolas.
CandidatosPartidosVotos
Distrito de Pamplona
Wenceslao Martínez AquerretaLiberal2.998
J. Castejón y Elío, Marqués de VadilloConservador2.914
Ramón M.ª Badarán y EchávarriLiberal2.614
Distrito de Aoiz
Javier Los Arcos y MirandaConservador1.708
Distrito de Estella
Veremundo Ruíz de Galarreta1.340
Distrito de Tafalla
Antonio Dabán y Mart. de Arellano1.448
Distrito de Tudela
Luis Martos y Potestad,
Conde de Heredia Spínola535

Elecciones para Senadores, 1886
José Javier Colmenares y VidarteLiberal sagastino

Elecciones generales de 1891
Ref.M.M. Cuadrado: "E y P.P. de E.", 2, p. 887.
Total general304.122N.º de escaños Congreso7
Conservadores5
Carlistas1
Liberales1
CircunscripciónN.º de escaños Congreso3
Carlistas1
Conservadores1
Liberales1
DistritosN.º de escaños Congreso4
Conservadores3
Carlistas1

Elecciones generales del 1-II-1891
Ref."Boletín Oficial de Navarra" del 4-II-1891. Filiaciones en "La Epoca" del 2-II-1891 y en "El Imperial" del 31-I-1891.
CandidatosPartidosVotos
Distrito de Pamplona
Romualdo Sanz y EscartínCarlista7.725
Marqués de VadilloConservador7.097
Ramón M.ª BadaránFusionista6.751
Distrito de Estella
Enrique Ochoa CintoraConservador3.215
Distrito de Tafalla
Cecilio GurreaConservador5.020
Distrito de Tudela
Andrés ArtetaConservador4.517

Elecciones senatoriales del 16-II-1891
Rafael Gaztelu Murga, Marqués de Echeandía

Elecciones generales del 5-III-1893
Ref."Boletín Oficial de Navarra" del 8-III-1893. Filiaciones en "La Epoca" del 6-III-1893 y en "El Imparcial" del 6-III-1893.
CandidatosPartidosVotos
Distrito de Pamplona
Romualdo Sanz y EscartínCarlista6.215
Marqués de VadilloConservador5.448
Ramón M.ª BadaránFusionista5.098
Distrito de Aoiz
Javier Los Arcos MirandaConservador-silvelista2.733
Distrito de Estella
Juan Vázquez de MellaTradicionalista2.689
Distrito de Tafalla
Cecilio Gurrea ZaritieguiConservador3.505
Distrito de Tudela
Martín Enrique de GuelbenzuFusionista4.168

Se conoce con el nombre de "Gamazada" (1893-1894) el movimiento fuerista originado en Navarra a raíz del rechazo del proyecto-ley de presupuestos presentado por el Ministro de Hacienda, Germán Gamazo, relativo al aumento de la cuota tributaria con que la provincia subvenía a los gastos generales del Estado. La citada ley presupuestaria, leída ante el Congreso el 10 de mayo de 1893, decía así en su artículo 16 párrafo 1.º:

"El Gobierno usará inmediatamente de la autorización que le otorga el artículo 8.º de la Ley de 11 de julio de 1877 para aplicar a la provincia de Navarra las contribuciones, rentas e impuestos que actualmente rigen, y los que por la presente Ley se crean en las demás provincias del Reino".

De llevarse a efecto, la medida hubiera acabado con la autonomía fiscal de el viejo Reino, único residuo de su régimen foral. Por ello, la Diputación navarra protestó enérgicamente en nota fechada el 16 de mayo, manifestadndo su rechazo al mencionado artículo por ser opuesto a la Ley de 25 de octubre de 1839, confirmatoria de los Fueros de Navarra y Provincias Vascongadas, y a la Ley del 16 de agosto de 1841. La iniciativa fue secundada por el Ayuntamiento de Pamplona, y por multitud de localidades y corporaciones municipales de la provincia. Mientras tanto, los diputados navarros a Cortes se entrevistaron con Sagasta y Gamazo solicitando la supresión del polémico artículo. El fracaso de estas primeras negociaciones en Madrid indujo a la organización de actos públicos de reafirmación foral en Navarra. Concretamente, el domingo 28 de mayo se realizaron diversas manifestaciones en las cinco cabezas de merinad y villas más importanes. El éxito del acto celebrado en la capital hizo pensar en una magna manifestación que reuniera a Navarra entera en defensa de sus Fueros.

No obstante, un hecho vino a torcer el comportamiento hasta entonces legal de los navarros. En la noche del 1 al 2 de junio el sargento José López Zabalegui, destinado en el fuerte "Infanta Isabel" (emplazado entre Obanos y Puente la Reina), logró formar una partida con dos soldados y cuatro civiles que, tras hacerse con el armamento, se echó al monte al grito de ¡Vivan los Fueros! El hecho, que acabó a los pocos días en fuga o rendición, fue condenado por las autoridades y partidos políticos provinciales. Como estaba anunciado, el domingo 4 de junio representantes y vecinos de todos los Ayuntamientos navarros, con la Diputación al frente, recorrieron las calles de Pamplona en una extraordinaria manifestación que congregó cerca de 20.000 personas y que se caracterizó en todo momento por el pacifismo y orden de los asistentes. Posteriormente se acordó el envío de una exposición a la Reina Regente, refrenadada con la firma de casi 120.000 navarros y editada como "Libro de Honor de los Navarros". Igualmente se abrió una suscripción popular para la construcción de un Monumento a los Fueros, sito en el Paseo de Sarasate frente al Palacio Provincial. Ya fuera por la enérgica actitud de los navarros, ya por los temores que suscitó la partida de López Zabalegui, el caso es que el Gobierno se decidió a presentar una nueva redacción del artículo, que pasó a ser el n.º 35 del proyecto de presupuestos, y cuyo contenido rezaba así en su párrafo 2.º:

"El Gobierno podrá también concertar con la Diputación de Navarra sobre los extremos a que se prefiere este artículo (art. 14 de la Ley de Presupuestos de 1887-8), cuidando de conciliar las circunstancias especiales de esta provincia con los intereses generales de la Nación".

En Navarra, no obstante, se entendió que el propósito antiforal del Gabinete era el mismo, por lo que volvió a impugnarse la disposición. Los días 21 y 22 de julio se discutió en el Congreso el articulado del proyecto-ley de presupuestos. Los diputados navarros presentaron extensas enmiendas en las que abordaron la defensa del régimen foral desde una óptica jurídica, económica y política, siendo tres las ideas básicas de sus exaltados discursos:

1) La ilegalidad que entrañaba el art. 35 por ser contrario a lo acordado en la Paccionada, cuya modificación sólo era posible por acuerdo de ambas partes contratantes (Diputación y Cortes);
2) El error que suponía afirmar que Navarra no contribuía como el resto de las provincias;
3) Y la consideración de que el viejo Reino no era una tierra levantisca sino leal a la Monarquía constituida.

El debate parlamentario también puso al descubierto las tres posturas que sobre la naturaleza jurídica de la Ley de 1841 existían a fines de la centuria: la que la consideraba un contrafuero, inválido por tanto, aunque admisible como hipótesis legitimada por el tiempo (tradicionalistas y fueristas); la que la entendía como un pacto definitivo (los llamados cuarentaiunistas, representantes del liberalismo); y la que veía en ella una ley ordinaria más susceptible de modificación por el poder legislativo, postura que no era otra sino la del Gobierno. Como era de suponer las enmiendas fueron rechazadas y el artículo en cuestión aprobado por 99 votos contra 8. Aún así, el Gabinete tardó varios meses en citar a la Corporación Foral al concierto previsto. Por fin, el 30 de enero de 1894 el Ministerio de Hacienda envió a la Diputación una Real Orden a fin de que presentase en Madrid una comisión

"para que el Gobierno pueda hacer uso de la autorización contenida en el párrafo 2.º del art. 41 de la ley de presupuestos de 5 de agosto último en armonía con el 8.º de la de 11 de julio de 1877 (...) con objeto de conferenciar en este Ministerio acerca de la forma de realizar el concierto económico, armonizando los intereses de esa provincia con los generales de la nación".

La Diputación se negó a acudir en un principio, por lo que el Gobierno hubo de ordenarle expresamente su comparecencia por una nueva Real Orden de 7 de febrero. El viaje de los diputados forales a Madrid fue, en su recorrido por Navarra, una renovada manifestación del sentimiento foral de la provincia. A su llegada a la capital española fueron recibidos por los diputados a Cortes y senadores, así como por miembros de la colonia navarra. La prensa madrileña apoyó decididamente a los corporativos, que igualmente contaron con la adhesión entusiasta de numerosas sociedades regionalistas del país. Los periódicos navarros, por su parte, desplegaron una auténtica campaña de divulgación y defensa foral.

Las negociaciones en Madrid (12 a 16 de febrero) concluyeron sin llegar a un acuerdo pues los diputados navarros se mantuvieron firmes en su actitud de no transigir en el conflicto. Su regreso a la provincia dio pie a nuevas manifestaciones y actos de exaltación fuerista. Ante la negativa de Navarra a concertar, el Gobierno no se atrevió a tomar otras medidas antiforales. Sagasta sustituyó a Gamazo por Amós Salvador en el mes de marzo. El nuevo Ministro de Hacienda presentó el 7 de junio de 1895 otro proyecto a las Cortes. En su virtud se concedía a la Diputación un plazo de cuatro meses para tratar de concertarse con el Estado sobre el aumento de un millón de pesetas. La Corporación no claudicó de su postura. No obstante, no se adoptó ninguna determinaciòn ya que la legislatura quedó clausurada sin que se aprobase en Cortes el citado proyecto de presupuestos. El episodio de "La Gamazada" concluyó favorablemente para Navarra, que no vería alterado su status hasta el Concierto Económico de 1927.

MML

Elecciones del 12-IV-1896
Ref."Boletín Oficial de Navarra" Filiaciones en "El Imparcial" y "La Epoca".
CandidatosPartidosVotos
Distrito de Aoiz
Valentín Gayarre ArreguiFusionista4.225
Distrito de Estella
Carlista o integrista
Distrito de Pamplona
Marqués de VadilloConservador8.966
Romualdo Sanz y EscartínCarlista7.847
Joaquín M.ª GastónFusionista6.452
Distrito de Tafalla
Cecilio Gurrea ZaratieguiConservador4.568
Distrito de Tudela
Miguel IrigarayCarlista2.292

Elecciones generales del 27-III-1898
Ref."Boletín Oficial de Navarra". Filiaciones en "El Imparcial".
CandidatosPartidosVotos
Distrito de Aoiz
Unión Conserv. o Liberal
Distrito de Estella
Juan Vázquez de MellaCarlista3.512
Distrito de Pamplona
Marqués de VadilloConservador8.514
Eduardo Díez de UlzurrunLiberal-Independiente7.981
Romualdo Sanz y EscartínCarlista6.889
Distrito de Tafalla
Unión Conserv. o Liberal
Distrito de Tudela
Martín Enrique de GuelbenzuLiberal3.545

Elecciones generales del 19-V-1901
Ref."Boletín Oficial de Navarra". Filiaciones en "El Imparcial".
CandidatosPartidosVotos
Distrito de Aoiz
Conservador o Carlista
Distrito de Estella
Joaquín LlorensCarlista3.551
Distrito de Pamplona
Romualdo Sanz y EscartínCarlista8.534
Marqués de VadilloConservador8.186
Eduardo Díaz de UlzúrrunLiberal7.993
Distrito de Tafalla
Conservador o Carlista
Distrito de Tafalla
Conservador o Carlista
Distrito de Tutdela
Martín E. de Guelbenzu y SánchezLiberal3.830

Elecciones Generales del 26-VI-1903
Ref."Boletín Oficial de Navarra". Filiaciones en "El Imparcial".
CandidatosPartidosVotos
Distrito de Aoiz
Juan Vázquez de MellaCarlista3.908
Distrito de Estella
Carlista o Integrista
Distrito de Pamplona
Marqués de VadilloConservador8.777
Ramón Nocedal y RomeaIntegrista8.626
Enrique Gil RoblesCarlista8.176
Distrito de Tafalla
Javier BretónCarlista4.269
Distrito de Tudela
Eduardo Díez de Ulzúrrun,
Marqués de San Miguel de AguayoConservador4.162

Elecciones generales del 10-IX-1905
Ref."Boletín Oficial de Navarra". Filiaciones en el "Diario de Navarra".
CandidatosPartidosVotos
Distrito de Aoiz
Tomás Domínguez y Romera,
C. de RodeznoCarlista3.893
Distrito de Estella
Conservador
Distrito de Pamplona
Marqués de VadilloConservador7.693
Ramón Vázquez de MellaCarlista6.083
Distrito de Tafalla
Jenaro Pérez MosoConservador3.385
Distrito de Tudela
Conservador

Elecciones generales del 21-IV-1907
Ref."Boletín Oficial de Navarra". Filiaciones en "Diario de Navarra" y en "La Epoca".
CandidatosPartidosVotos
Distrito de Aoiz
Carlista o Integrista
Distrito de Estella
Carlista o Integrista
Distrito de Pamplona
Juan Vázquez de Mella y FanjulCarlista11.383
José Sánchez MarcoÏntegrista10.322
Marqués de VadilloConservador7.448
Distrito de Tafalla
Carlista o Integrista
Distrito de Tafalla
Carlista o Integrista
Distrito de Tudela
Eduardo Castillo PiñeiroCarlista4.664

Elecciones generales del 8-V-1910
Ref."Boletín Oficial de Navarra". Filiaciones en "Diario de Navarra".
CandidatosPartidosVotos
Distrito de Aoiz
Tomás Domínguez, C. de RodeznoCarlista5.264
Distrito de Estella
1 Diputado. Art. 29
Distrito de Pamplona
3 Diputado. Art.291 Con.
2 Car.
Distrito de Tafalla
Bartolomé Feliú y PérezCarlista5.082
Distrito de Tudela
Lorenzo Sanz y FernándezCarlista4.854

Elecciones generales del 8-III-1914
CandidatosPartidosVotos
Distrito de Aoiz
Carlista
Distrito de estella
Carlista
Distrito de Pamplona
Juan Vázquez de MellaCarlista11.182
Marqués de VadilloConservador7.622
José Sánchez MarcoIntegrista7.615
Distrito de Tafalla
Bartolomé Feliú y PérezCarlista3.450
Distrito de Tudela
José M.ª Méndez VigoConservador4.826

La primera muestra de una cierta organización nacionalista aranista en Navarra la encontramos en 1904. En junio de dicho año, Angel de Zabala y Ozámiz, intenta la organización definitiva del Partido implantándolo en las demás provincias vascas por medio de la elección de Delegados en todos aquellos pueblos donde hubiera más de diez nacionalistas. En diciembre fue la elección en la que Francisco de Oyartzun de Villaba se convirtió en Delegado regional por Navarra. En Navarra se cumple por lo regular la norma organizativa general de implantación del Partido Nacionalista Vasco por la cual, antes de la creación de entidades políticas -Consejo Regional, Juntas Municipales- se organizan centros recreativos -batzokis-. Así el 23 de junio de 1910 se constituye el Centro Vasco de Pamplona, primera entidad nacionalista de la Provincia, que se estableció primero en la Plaza de San José n.º 4 de Pamplona, trasladándose en noviembre de 1913 a la calle Zapatería 50.

En el desarrollo del Partido Nacionalista Vasco en Navarra tuvo crucial importancia la labor desarrollada por el semanario Napartarra que bajo el lema Jaun Goikoa eta lege zarra (Dios y ley vieja) se editó regularmente desde enero de 1911 a febrero de 1919 (?), como portavoz y defensor de la doctrina nacionalista vasca en Navarra. El partido Nacionalista Vasco quedó definitivamente implantando en la provincia en diciembre de 1911, con la elección del Napa-Buru-Batzarra, cuya presidencia recayó en D. Estanislao de Aranzadi. Actuaron como vocales: Serapio Esparza, José Lampreabe, Rafael Amicis y Ataulfo Urmeneta. En Enero de 1912 se constituyó la primera Junta Municipal de Pamplona o Iruña-Buru-Batzar (I.B.B.) integrada por: Presidente, Cipriano Monzón; Tesorero, Joaquín Aramburu y Secretario. Fermín Ciaurriz.

En el resto de Navarra y hasta 1918 son cuatro las localidades donde el Partido Nacionalista Vasco se afinca: Urroz, Puente la Reina, Baztán y Estella, ya que para entonces tienen Centro Vasco y Junta Municipal. Para esa fecha se habrán constituido en Navarra otras seis Juntas Municipales en: Ameskoas, Aoiz, Barbarin; Cáseda, Luquin y Tafalla. Desde dicho año hasta el inicio de la II República prácticamente no hay variación en cuanto al número de entidades nacionalistas en la provincia. El Partido Nacionalista Vasco en Navarra se inició en la vida política con las elecciones municipales de noviembre de 1917, en la que obtuvo tres concejales en Pamplona: Francisco Lorda Yoldi, Santiago Cunchillos Manterola y Félix García Larrache. En las elecciones generales de 1918, el nacionalista Manuel de Aranzadi fue elegido Diputado a Cortes por Navarra, siendo además portavoz del grupo Nacionalista en las Cortes. Resultó reelegido en las elecciones generales de 1920 y 1923.

En las elecciones municipales de abril de 1922 obtuvieron el acta en Pamplona ocho concejales nacionalistas, desde esa fecha fue primer teniente de alcalde el nacionalista Francisco Lorda Yoldi, hasta la llegada de la Dictadura de Primo de Rivera -13 de septiembre de 1923- en que fueron disueltos todos los ayuntamientos. Con la Dictadura de Berenguer (26 de febrero de 1930), volvieron los concejales a sus antiguos puestos. En la Diputación Foral, el nacionalista Manuel de Irujo fue elegido Diputado en cuatro ocasiones: 1919, 1921, 1923, y 1930, aunque solo ejerció su cargo en 1921-23 y de 1930 al advenimiento de la República, ya que en las elecciones de 1919 y 1923 le fue impugnada el Acta. En la escisión producida en 1921 dentro de Partido Nacionalista Vasco (Comunión/Partido), los nacionalistas navarros manifestaron su repulsa de todo independentismo y pasaron a integrarse en Comunión. En 1923 se fundó en Pamplona el diario La Voz de Navarra con clara tendencia nacionalista. Se editó regularmente hasta 1936.

AMP

Jornal medio diario y media diaria de horas trabajadas en Navarra,
según cuencas, en 1912
1/ Horas de trabajo diario
2/ Importe del jornal diario
3/ Valor de la hora de trabajo
4/ Escalas respectivas en el orden económico
Cuencas1234
HoraJornalValor
hora
Del Esca10,053,090,313182122
Del Salazar9,672,720,281131817
Del Irati9,942,720,27171715
Del Valcarlos9,663,220,33122323
Del Bidasoa9,562,390,2591112
Del Urumea10,623,110,305222221
Del Leizarán9,623,50,365112424
Del Araxes10,122,190,21961
Del Basaburua y Larraun9,592,170,2251054
Superior del Arga10,182,370,23320107
Del Erro9,882,90,294152021
Valles Unciti é Ibargoiti10,92,790,24823191
Del Aragón9,922,640,266161514
Del Cidacos9,112,650,2927168
Del valle lizarbe10,292,270,2192183
Del Araquil9,762,550,262141413
De las Amescoas8,542,470,29231219
Del Valle de Yerri10,922,340,2172492
Inferior del Arga9,12,480,27361316
Del Ebro y Queiles8,171,910,233128
Del Alhama8,281,910,23216
Inferior del Ega9,052,120,236539
Del Valle de Aguilar8,932,160,2364410
Superior del Ega9,492,270,23875

Delitos objeto de proceso en la Audiencia Provincial
entre el 1, de julio de 1911 y el 30 de junio de 1912
AoizEstellaPamplonaTafallaTudela
Delitos políticos:11200
- contra el orden público32619107
- de falsificación421022
- contra la salud pública12100
- de prevaricación, infidelidad, cohecho,
malversación, abuso de funciones, ...
30111
Delitos contra la honestidad:24403
- contra las personas1623243016
- de calumnia é injuria00000
- contra el estado civil00000
- contra la libertad y seguridad351033
- contra la propiedad3355354659
- de imprenta31320
- de imprenta00000
- electorales03000
Sumas totales691221099491

Importaciones y exportaciones en 1911
ArtículosUnidadesImportaciónExportación
TrigoQuintales métricos---220.000
Harina"6168.000
Cebada"123,5734.270
Avena"1,510.160
Centeno"2,73---
Alubias"13,2---
Garbanzos"19,1---
Maiz"33,6500
Lentejas"1,155---
Habas"12,9528.150
Guisantes"3,75550
Patatas"40,6295.100
Paja"468622.000
AlcoholHectálitros28485.000
AzúcarQuintales métricos5,880.150
Tocino y mantecaKilogramos162.500
Embutidos"27.500
Quesos"10,34.400
AceiteHectólitros7,413.400
Ganado vacunoCabezas2359.310
- lanar"31,65.300
- caballar"1,89.500
- mular"2840
- asnal"900200
VinoHectólitros44,317.000
Aguardiente"6003.200
Pescado frescoKilogramos1.605,00---
BacalaoQuintales métricos25,8---
Camas de hierroKilogramos18,826.000
Muebles"6211.000
Cementos y calesToneladas9140.000
Drogas, pinturas y barnicesKilogramos7,25---
Hierro fundidoQuintales métricos7241.000
Bronce fundido"13,7---
Metales manufacturados"83,826.000
Carbones mineralesToneladas17---
Carbones vegetales"---21.200
Leña"---19.500
JabonesKilogramos423.800
Productos de alfareríaQuintales métricos2,352.600
Productos cerámicos"1,7220
Sal"3,58.800
Pieles sin curtirNúmero1390068.700
Pieles curtidas"16,227.800
Calzado de cueroKilogramos16,713.600
Tejidos en general"10826.400
Ropa confeccionada"9,62.800
Quincalla"7,9---
Cervezas y gaseosasBarriles1,8360
Cervezas y gaseosasBotellas9013.100
Vinos generososLitros17538.000
MaquinariaToneladas34,319.500
HerramientasQuintales métricos61.250
Ferretería"18---
Abonos químicosToneladas226103.000
AsfaltosQuintales métricos1,82.860
BujíasKilogramos29---
Artículos de viaje"1,28370
ArrozQuintales métricos22,3---
LicoresHectólitros28,13.300
CaféKilogramos19,1---
Pastas de sopa"8,32.700
Chocolate elaborado"1224.700
Conservas vegetales"11,514.400
Conservas animales"6,8---
Castañas"---7.600
Nueces"---2.300
Frutas"5744.500
Hortalizas y verduras"3240.000
PapelToneladas116.500
Piedra de construcción"319.000
Madera en bruto"22038.000
Madera aserrada"11,543.000

Elecciones generales del 9-IV-1916
Ref."Boletín Oficial de Navarra" Filiaciones en "El Imparcial" y en "Diario de Navarra".
CandidatosPartidosVotos
Distrito de Aoiz
Tomás Domínguez ArévaloJaimista4.108
Distrito de Estella (art. 29)
Joaquín Llorens. Fdez de CordobaJaimista
Distrito de Pamplona
Joaquín Vázquez de Mella FanjulaJaimista18.213
Celedonio Leyún y VillanuevaMaurista15.300
José M.ª GastónLiberal14.289
Distrito de Tafalla
Gabino Martínez y Lope-GarcíaJaimista4.681
Distrito de Tudela
José M.ª Méndez VigoConservador5.175

Elecciones generales del 24-II-1918
Ref."Boletín Oficial de Navarra" Filiaciones en "Diario de Navarra".
CandidatosPartidosVotos
Distrito de Aoiz
Tomás Domínguez ArévaloJaimista4.303
Distrito de Estella
Joaquín Llorens. Fdez de CordobaJaimista4.470
Distrito de Pamplona (art. 29)
Manuel de AranzadiNacionalista
Victor Pradera y LarumbeJaimista
Celedonio LeyúnMaurista
Distrito de Tafalla
Joaquín Ignacio Mencos, Conde del VadoConservador-datista4.958
Distrito de Tudela
José M.ª Méndez VigoConservador5.556

Elecciones de senadores del 10-III-1918
Ref."JJ: RA 1917-1919" "P y H" 1977, N.º 41,p. 30.
CandidatosPartidos
Casareo Sanz EscartínCarlista
Luis Elío Megallón, Vizconde de ValderroMaurista
Valentín GayarreLiberal

Elecciones generales del 1-VI-1919
Ref."Boletín Oficial de Navarra" Filiaciones en "La Voz de Guipuzcoa".
CandidatosPartidosVotos
Distrito de Aoiz
Cándido Barricart ErdozainMaurista3.488
Distrito de Estella
José M.ª Gastón y PujadasLiberal albista3.332
Distrito de Pamplona
Juan Víctor pradera y LarumbeMellista12.762
Celedonio Leyún VillanuevaMaurista9.166
Joaquín Baleztena y AscarateJaimista8.761
Distrito de Tafalla (art. 29)
Conde del VadoConservador
José M.ª Méndez VigoConservador

(1917-1919). Al comenzar el siglo y en virtud de los acontecimientos vividos en la centuria pasada Navarra y Vascongadas se hallan sujetas a dos sistemas jurídicos diferentes. La primera posee un ordenamiento, la Ley de 1841, todo lo discutible que se quiera pero definido y concreto. Las Vascongadas, sin embargo, sustentan su actuación en la interinidad de la Ley de 1876, en especial de su artículo 4 que prevee una reforma del régimen foral que nunca se hará. Dotada de un estatuto concreto, Navarra -su clase dirigente- vacilará siempre a la hora de sumarse a las reivindicaciones autonomistas de las otras tres provincias. El carácter fijo de su cupo económico al Estado -en contraposición al renovable vascongado- reviste tales ventajas para todos los navarros que difícilmente sentirán éstos necesidad de mezclar su política con la de nadie a no ser que puedan preverse beneficios aún mayores.

Ello no obsta para que el movimiento autonomista cantábrico sea acogido con gran simpatía, como es el caso de la Liga Autonomista de 1904-1906, o el proceso suscitado por la Gran Guerra entre 1917-1919. En torno a éste último, sin embargo, la opinión Navarra no va a ser unánime y el movimiento, encabezado por las tres Diputaciones vascongadas recién renovadas (de mayoría nacionalista en Bizkaia, carlo-integrista en Álava y, sobre todo, Gipuzkoa), tropezará no sólo con el habitual temor de los conservadores a poner en peligro el status de 1841 sino también con un elemento nuevo, el recelo antinacionalista suscitado en España por la actuación de la Liga catalana en combinación con el nacionalismo vizcaíno. El primer elemento constituye el meollo de la argumentación del Consejo Administrativo de Navarra al rechazar el 12 de julio de 1917 la invitación vascongada a acudir a Vitoria para concertar una política reivindicativa (Mensaje de 1917). Sin embargo este mismo consejo insta a la Diputación navarra a que "sea rectamente interpretada y lealmente cumplida (por parte del Gobierno) la ley paccionada".

La Diputación, pese a no vincular su actuación a la de las Vascongadas, se mantendrá expectante, mientras el movimiento autonomista prende también con fuerza, a lo largo de 1918, en los ayuntamientos navarros. El segundo elemento toma cuerpo y acrece con el triunfo de los nacionalistas en las elecciones de 1918 y su primera aparición en las Cortes españolas. Ambos elementos no consiguen impedir las participación navarra en la creación de la Sociedad de Estudios Vascos (Eusko-Ikaskuntza) en setiembre de ese año, pero sí frenar la impetuosidad de los ayuntamientos navarros, que, encabezados por el de Pamplona, urgen a la Diputación a que "acuerde inmediatamente reclamar esta autonomía y derogación de la Ley de 1839 de las Cortes, por los procedimientos que juzgue más eficaces (Jimeno Jurio, 1977-1978 y Estornés Zubizarreta, tesis doctoral, 1988). Esta convoca a "una Asamblea Constituyente que represente la unión de todo el pueblo navarro" para el 30 de diciembre de 1918.

El ambiente en los días precedentes va a ser caldeado; la hostilidad contra nacionalistas vascos y catalanes en las Cortes y en las calles españolas alcanza su cenit y Romanones, tratando de dar un golpe de timón, crea una Comisión extraparlamentaria que elabore un proyecto de la ley sobre regímenes autonómicos. Ambos elementos a los que aludimos, el temor a perder el status de 1841 y el temor al nacionalismo vasco y catalán, se hallan presentes en la Asamblea de 1918 calificada por el Presidente Baztán como el asunto "más trascendental que se ha ofrecido al País desde hace 80 años". Multitudinaria y tensa, fue seguida por un público foralista que rodeó a la Diputación coreando frases y entonando, como en la Gamazada, el Gernikako Arbola. En la misma, de forma sorpresiva, diputados provinciales y a Cortes, senadores, exdiputados, parlamentarios, amén de representantes de los ayuntamientos, fueron llamados a aceptar no la petición de los ayuntamientos sino una ponencia única elaborada días antes en Madrid por un antinacionalista conspicuo, Víctor Pradera, en la que se reivindicaba una "reintegración" sustentada en el régimen cuarentayunista:

"1.º Que siendo aspiración constante de Navarra la reintegración de su régimen foral y habiendo reconocido el Gobierno recientemente la conveniencia de otorgar una organización autonómica a las diversas regiones, considera la Asamblea llegada la oportunidad de que, partiendo del régimen jurídico actual, haga presente la Diputación al Gobierno que Navarra reitera una vez más sus propósitos de restaurar sin quebranto de la unidad de España, la integridad de sus facultades forales, con derogación de todas las leyes y disposiciones que a ellas se opongan, manteniendo las especialidades características de este antiguo Reino adaptadas a las actuales necesidades y conveniencias de Navarra y armonizadas con las facultades del Estado español en las materias propias de éste. 2.º Que la Diputación designe una Comisión que estudio y proponga concretamente en su día las bases del nuevo régimen".

Caracterizados dinásticos pero también conspicuos carlistas como Rodezno, Pradera y Beunza firmaban la ponencia con lo que, la discusión, de la que se vieron excluidos los más de 400 representantes de ayuntamientos presentes, se polarizó entre el nacionalista Manuel Aranzadi y el diputado Pradera. Lo que estaba en juego era el sistema jurídico establecido en 1841 -que la ponencia quiere conservar- y, en palabras de Pradera, el no ir "a rastras de Cambo", es decir, del nacionalismo periférico. La ponencia no fue votada sino "aprobada por aclamación" procediendo la Diputación al día siguiente a crear una Comisión que la desarrollara. De esta forma, mientras las Vascongadas optan por abrir un período constituyente a partir de la derogación de las Leyes de 1837, 1839 y subsiguientes (dictamen de la subponencia vascongada), la Comisión navarra trata de acomodarse al Estatuto Regional en curso de elaboración y de lograr "una devolución de facultades y derechos que nos fueron injustamente arrebatados por el poder central". A comienzos de 1919 el proyecto de Estatuto Regional es presentado en Cortes.

El 2 de febrero Alcalá Zamora, por encargo de la comisión introduce siete artículos más en el proyecto en los que recoge en parte el trabajo de la subponencia vasca aunque restringiendo las competencias recabadas en ella. Seis de estos articulos contemplan las reestructuración de la foralidad monoprovincial de las Vascongadas sin pasar necesariamente por las Cortes mientras implantan una cooficialidad condicionada de la lengua vasca. El séptimo artículo permitía a Navarra efectuar las "modificaciones pertinentes del actual régimen autonómico" (...) lo que sometería "a la aprobación definitiva de las Cortes mediante una ley especial" : "La restauración o modificación de las organizaciones tradicionales de los municipios de Navarra, se podrá realizar con toda la amplitud que establece el art. 20, párrafo 1.º o la Diputación de Navarra con intervención de los ayuntamientos y en la forma más conveniente, acordará su propia reorganización foral, que comunicará al Gobierno proponiéndole la modificaciones pertinentes del actual régimen autonómico, leyes y convenios que regulan sus relaciones con el Estado. El Estado, oyendo al Consejo de Estado en pleno, lo someterá a la aprobación definitiva de las Cortes mediante una ley especial". El estallido de la célebre huelga de La Canadiense daba comienzo, días después, a una nueva era de luchas sociales que sumergirían, tras el cierre de las Cortes el 27 de febrero, la cuestión vasca y catalana.

Elecciones generales del 19-XII-1920
Ref."Boletín Oficial de Navarra" Filiaciones en "La Voz de Guipúzcoa" .

CandidatosPartidosVotos
Distrito de Aoiz
Cándido Barricart ErdozainConservador4.251
Distrito de Estella
Esteban de Bilbao y EguíaJaimista4.071
Distrito de Pamplona (art.29)
Manuel de AranzadiNacionalista
Joaquín de BaleztenaJaimista
Félix AnsorenaMaurista
Distrito de Tafalla
Joaquín Ignacio Mencós,
Conde del VadoConservador4.207
Distrito de Tudela (art. 29)
José M.ª Méndez VigoConservador

Elecciones generales del 29-IV-1923
Ref."Euzkadi", 3-V-1923; "La Voz de Guipúzcoa", 2-V-1923.
(1) Nacionalista.
(2) Jaimista.
(3) No hizo campaña electoral; presentó candidatura "para que no se aplicara el art. 29".
CandidatosPartidosVotos
Elegidos:
Circusnscripción de Pamplona
Manuel de Aranzadi e IrujoAlianza Foral (1)7.603
Joaquín Baleztena y AscárateAlianza Foral (2)7.553
Félix Amorena y MartínezMaurista6.319
Distrito de Tafalla
Justo GarránCatólico independiente5.802
Distrito de Tudela
José M.ª Méndez VigoConservador6.033
Distrito Estella
Manuel Gómez AceboLiberal4.744
Distrito de Aoiz
Cándido Barricart y ErdozáinMauristaArt.29
Derrotados:
Circunscripción de Pamplona
ViñasDemócrata (3)2.982
ValcarlosIndependiente5.963
Distrito de Tafalla
Pedro ArzaConcentracion liberal (ministerial)3.330
Distrito de Tudela
José M.ª LiguésLiberal5.180
Distrito de Estella
Gabino MartínezAlianza Foral (2)3.948

Elecciones para senadores del 14-V-1923
Ref. "Euzkadi", 15-V-1923.
CandidatosPartidosVotos
Elegidos:
Valentín Gayarre y ArreguiLiberal albista258
Conde de RodeznoJaimista214
José M.ª GastónLiberal184
Derrotado:
Celedonio Leyún y VillanuevaMaurista103

(1923-1930). Hasta el momento presente son escasos los trabajos historiográficos relativos a la Dictadura de Primo de Rivera y su incidencia sobre Navarra. Dentro de esta precariedad sobresalen los estudios acerca de las relaciones entre las instituciones navarras y los dos Directorios -militar y civil- presididos por el dictador y, de una forma concreta, la repercusión que sobre el sistema foral tuvo la política centralista de Primo de Rivera.

  • La Dictadura y la política foral

El golpe de Estado propició la subida al poder de Primo de Rivera provocó en Navarra las lógicas expectativas propias de todo cambio de rumbo en el panorama político español. Esta expectación gravitaba sobre las consecuencias que la política primorriverista podría acarrear al régimen foral navarro; en definitiva, si los "fueros" permanecerían invariables o serían menoscabados. Pese a que Primo de Rivera y otros miembros de su Gobierno reiteraron en multitud de declaraciones su respeto al peculiar sistema foral navarro, las tensiones entre el poder central y el provincial serían numerosas a lo largo de la Dictadura. En esta disyuntiva, las disposiciones emanadas de los Directorios satisfacían a las autoridades navarras en ocasiones mientras que otros decretos provocaban los consabidos conflictos en los que la Diputación cedió de sus propias atribuciones, al menos en los asuntos más importantes, como se puede corroborrar en los siguientes ejemplos:

1.º En enero de 1924, el Directorio militar decreta la suspensión de todas las Diputaciones provinciales, exceptuando Vascongadas y Navarra. Los medios de comunicación navarros de la época mostraron su satisfacción por esta noticia.

2.º Sin embargo, pocos días después, el Gobierno nombraba delegados gubernativos, dependientes de su inmediata autoridad superior, es decir, del gobernador, en todas las provincias españolas, cargos que fueron ostentados por militares. La misión de los delegados gubernativos consistía en inspeccionar los ayuntamientos y organismos judiciales locales, organizar y desarrollar un partido de personas adictas al régimen, como era la Unión patriótica, etc. La Diputación foral fracasó en su empeño de que estos delegados fueran excluidos de Navarra, y aunque designó cinco delegados -uno por cada partido judicial- no consiguió su propósito de que dependieran de la Diputación puesto que en su actuación se regían por las normas recibidas del general gobernador civil.

3.º En marzo de 1924, el Gobernador civil suspendió la facultad de nombrar a sus secretarios a las propias corporaciones municipales. Las protestas de la Diputación y las posteriores conversaciones hicieron que este derecho de los ayuntamientos fuera finalmente respetado una vez que entró en vigor el Reglamento para la Administración Municipal de Navarra (RAMN) de 1928.

4.º Por otro lado, el Directorio mantuvo la norma que afectaba al nombramiento de maestros de escuela, según la cual, eran designados por el Rectorado de la Universidad de Zaragoza. Los empeños de la Diputación en que ese derecho recayera en los ayuntamientos navarros resultaron infructuosas.

  • El Estatuto Municipal y el Convenio de 1927

Sin embargo, las dos cuestiones que más polémica y disparidad de criterios -incluso entre los historiadores- han suscitado fuera el Estatuto Municipal de 1924 y el Convenio Económico de 1927 y sus consecuencias relativas a su aplicación en el régimen foral navarro.

1.º El Estatuto Municipal trataba de garantizar la autonomía de los ayuntamientos respecto de las Diputaciones provinciales. Esto contravenía frontalmente la Ley de 1841 al suprimir gran parte de las atribuciones propias de la Diputación foral, originando un fuerte movimiento de protesta en las cuatro provincias. Una comisión compuesta por tres diputados y sus asesores viajó a Madrid donde las conversaciones mantenidas con Calvo Sotelo, artífice del Estatuto, demostraban que la posibilidad de un acuerdo entre ambas partes parecía imposible. Si a esto añadimos, pese a las promesas efectuadas por el Rey de respetar el régimen privativo navarro, que el Ayuntamiento de Pamplona quedó constituido de conformidad con el Estatuto y que éste, el 11 de abril de 1924, fue impuesto obligatoriamente en Navarra salvo en lo que se opusiera a la Ley de 1841, no es de extrañar que los posicionamientos se tornaran más enconados. La Diputación convocó a los ayuntamientos a una asamblea, la cual aprobó la constitución de una comisión que redactara un proyecto de bases que la Diputación negociaría en Madrid, una vez que fuera aprobado por las diversas corporaciones municipales y el Consejo Administrativo. Tras negociar con Madrid se llegó a un acuerdo por el que entraba en vigor el llamado Convenio de Régimen Local el 4 de noviembre de 1925. Pese a todo, estos acuerdos provocaron la dimensión de tres diputados forales - Erro, Guelbenzu y Usechi- por estar disconformes al considerar que en ese proyecto de bases estaba implícita una dejación de sus atribuciones forales por parte de la Diputación.

2.º En noviembre de 1926, la Dictadura primorriverista tenían el propósito "firme y resuelto" de elevar el cupo anual que navarra pagaba desde 1841. Nada más conocerse las intenciones gubernamentales, los medios de comunicación, en particular aquéllos que, como "La Voz de Navarra" mantenían posturas muy críticas al régimen y en la medida que lo permitía la censura, consideraron esto una coculación del "fuero" navarro por parte del Gobierno del Estado. La Diputación aceptó negociar la subida con el Gobierno, a pesar de las muestras de disconformidad recibidas por parte de otros organismos navarros como los ayuntamientos, personalidades, etc. El Convenio fue firmado el 12 de agosto de 1927 y en él se fijaba el cupo anual en seis millones, frente a los dos vigentes desde 1877. Es más: la Diputación -en una nota oficial- justificaba la revisión del cupo contributivo porque desde 1877 habían aumentado las cargas del Estado, el crecimiento de la riqueza y la depreciación de la moneda. Las interpretaciones que los historiadores han hecho de este Convenio son divergentes. Para J.I. del Burgo la autonomía fiscal de Navarra quedaba proclamada porque reconocía "expresamente la libertad de la Diputación para mantener en la provincia el régimen tributario que estime procedente" y, asimismo, porque las posibles modificaciones del Convenio tendrían validez siempre y cuando siguieran el mismo procedimiento para su adopción, es decir, por acuerdo mutuo entre las dos parte ligitantes. Otros historiadores, como Esarte, Huici, resaltan más el hecho de que la Diputación cediera en la elevación del cupo y que la autonomía fiscal desapareciera puesto que esa facultad de establecer el régimen tributario quedaba supeditada al condicionante de que no se opusiera a los pactos internacionales, al presente Convenio, ni a las contribuciones, rentas o impuestos propios del Estado, lo que podría inducir a la Dictadura a ampliarlos cuando lo estimase conveniente.

  • La Dictadura: una etapa histórica por investigar

A pesar del indudable interés que adquieren las relaciones políticas entre la Diputación y la Dictadura, en este período todavía hay grandes lagunas historiográficas; se desconoce el alcance de la lucha contra el caciquismo promovido por Primo en los primeros meses de su mandato; sabemos muy poco de la organización y desarrollo de la Unión Patriótica, afiliados, estructura socio-profesional de los mismos, etc.; la postura de los partidos tradicionalistas ante la Dictadura, así como las relaciones con la Iglesia navarra; los partidos políticos opositores al régimen dictatorial, en especial el auge que fueron adquiriendo los republicanos; el comportamiento del P.S.O.E. y la U.G.T. en su actitud colaboracionista que traería consigo la constitución de los comités paritarios, etc., etc. Son, qué duda cabe, apartados importantes que necesitan de una profunda investigación y, de esta manera, conocer de forma global y lo más sistemática posible, un período de nuestra historia que resultó decisivo por los acontecimientos que de ella se derivaron y que son conocidos sobradamente.

JFL

La convocatoria de elecciones municipales para abril de 1931 supone la vuelta a la normalidad electoral de 1923, rota por Primo de Rivera con la suspensión de las corporaciones municipales poco después del golpe militar. Durante el mes de marzo de 1931 los partidos políticos navarros, al igual que en el resto, preparan candidaturas para los ayuntamientos y la inminente campaña electoral. Al mismo tiempo, la prensa informa a sus lectores de los contactos mantenidos por los partidos de derechas para presentarse en coalición al ayuntamiento de Pamplona. El acuerdo alcanzado en la capital es un ejemplo a seguir para el resto de Navarra. Tres candidaturas se disputan las concejalías en Pamplona: la Antirrevolucionaria (mescolanza de integristas, liberales, personas afines al periódico "Diario de Navarra" y jaimistas, con predominio de estos últimos) la Revolucionaria (formada por la Conjunción republicano-socialista" y la Nacionalista (con personas afectas al Centro Vasco de Iruña y su periódico "La Voz de Navarra").

Las tres candidaturas ser repiten en Tafalla y Estella; las dos primeras están presentes en Tudela, Alsasua, Aoiz y en la mayoría de las poblaciones de la Ribera. La ley electoral de 1907 recogía dos posibilidades para designar nuevas corporaciones municipales: por el artículo 29 y por sufragio popular. Se aplicaba el artículo 29 y por sufragio popular. Se aplicaba el artículo 29 cuando el número de aspirantes a concejal era igual o menor que el de puestos a cubrir; en estos casos la proclamación de concejales se realizaba de modo automático entre los aspirantes. En las elecciones de 1931 se fijó para el cinco de abril la aplicación del artículo 29, como domingo anterior a las votaciones generales. Ese día fueron designados 1.103 concejales -el 53 % del total-, lo que indica que algo más de la mitad de los puestos a cubrir en los ayuntamientos navarros no recibieron el respaldo de las urnas. Sólo 28 de estos concejales pertenecían a la Conjunción o bien podían considerarse de extracción social baja. Mientras tanto continuaba la campaña electoral para las votaciones del 12 de abril. Una campaña con el dilema Monarquía-República como fondo en los mítines de los partidos, sin olvidar los problemas locales de aguas, tierras comunales, luz, leña, pastos..., de mayor atractivo para los oyentes que la cuestión del cambio de régimen.

Los oradores de la Conjunción republicano-socialista hacían hincapié, sobre todo, en la reversión de comunales y corralizas a los pueblos, vieja aspiración de los municipios de la Ribera, que tendría solución -afirmaban- en la futura República. Por su parte, la derecha navarra avisaba en mítines y panfletos de los peligros que corría la Religión ante un posible triunfo de la candidatura Revolucionaria, pero callaba que igual suerte corría la Monarquía alfonsina. El domingo de las votaciones, el día 12, apenas registra incidentes graves, si exceptuamos la rotura de urnas en Azagra cuando los votos se volvieron desfavorables a la candidatura de izquierdas. En esta jornada la victoria corresponde otra vez a la derecha: casi con total seguridad pueden adscribirse 765 concejales a la derecha -el 77 % del total electo-, 134 a la izquierda -el 13 %-, y el resto corresponde a Otros y sin datos. A destacar el triunfo de los primeros en Pamplona, Estella, Tafalla, Valtierra, Lodosa, Carcastillo, Arguedas; la izquierda obtiene mayorías en Tudela, Caparroso, Villafranca, Buñuel, Cascante, Falces y Castejón, como lugares más representativos. El triunfo de la derecha en la capital -17 concejales por 12 sus oponentes- no admite dudas. Sería Pamplona una de las siete capitales de provincia donde la Conjunción no triunfó en la histórica jornada del 12 de abril (Bilbao y San Sebastián fueron para la izquierda, Vitoria también para la derecha). En Pamplona las noticias que llegaban desde Madrid empañaban la satisfacción de la derecha por los resultados.

El lunes ya se hablaba de la inminente salida del rey hacia el exilio y la proclamación de la República. Cuando el Comité republicano-socialista de Pamplona recibe confirmación oficial de la renuncia al trono por parte de Alfonso XIII, los elementos de izquierda salen a la calle en la tarde del 14 para festejar el cambio de régimen. Las nuevas autoridades presiden manifestaciones populares en Pamplona, Tudela, Tafalla y Estella, pero se niegan a recibir el poder de manos de las autoridades monárquicas mientras no reciban instrucciones del Gobierno Provisional. En días posteriores los concejales electos, si eran de izquierdas, y Comités republicanos locales se hacen cargo de los ayuntamientos, para inmediatamente dejar paso por orden gubernativa a las nuevas corporaciones salidas del 12 de abril, excepto en aquellos municipios que hubieran presentado reclamaciones electorales -normalmente bajo la acusación de presiones de los propietarios agrícolas a los arrendatarios y jornaleros y por compra de votos. La proclamación de la II República en Navarra puede, por tanto, ser calificada de pacífica. La normalización de la vida administrativa en los ayuntamientos coincide con la toma de posesión, el 17, del primer gobernador civil de la II República, Jesús Ruiz del Río, y los primeros decretos del Gobierno Provisional publicados en el Boletín Oficial de Navarra.

Entre otros asuntos, la primera autoridad de la provincia debe resolver los expedientes sobre posibles irregularidades cometidas en las pasadas elecciones, protestas lógicamente suscritas por los perdedores (en Pamplona por los nacionalistas). La aceptación gubernativa de estas reclamaciones dejaba a los ayuntamientos en manos de Comisiones Gestoras (con hombres afines a la nueva situación política). Las atribuciones que la Ley de Fueros de 1841 concedía a la Diputación Foral sobre los municipios navarros hacía de esta institución una pieza clave en la vida política. La postura que la Diputación adoptase ante situaciones como la de abril facilitaría la aceptación pacífica de la República o su contestación más o menos violenta, como había ocurrido en el siglo XIX frente a los liberales. A la Diputación y a los nuevos gobernantes interesaba, por ello, conseguir una transmisión pacífica de poderes. Bastaba una declaración de respeto al régimen privativo de Navarra por parte de las autoridades republicanas. Una vez alcanzado este compromiso por boca del nuevo ministro de la Gobernación, Miguel Maura, comienza a negociarse la fórmula para sustituir a los últimos diputados de la Monarquía.

La Diputación saliente (amalgama de conservadores, carlistas y un nacionalista -Irujo-) apoyaba una renovación de sus miembros con hombres salidos del Consejo Administrativo de Navarra y mostraba su rechazo a todo intento de nombramiento gubernativo para la Diputación Foral de Navarra, por ser opuesto -decían- a la Ley Paccionada de 1841. La Conjunción quería para Navarra una Diputación de mayoría republicano-socialista, formada por hombres salidos de las urnas de abril. Al final predominó la postura de la izquierda, apoyada plenamente desde el Gobierno Civil. El día 21 tomará posesión en Pamplona la primera Comisión Gestora republicana; por primera vez será presidida la Diputación por un socialista, el médico de Alsasua Constantino Salinas. De los siete diputados, cinco pertenecían a Conjunción. Los comicios del 31 de mayo obligan otra vez a la presentación de nuevas candidaturas y a repetir la campaña electoral. La izquierda, ayer perdedora, pretende conseguir mayorías en los ayun- tamientos merced al nuevo clima político. La esperanza en las reformas prometidas por el Gobierno Provisional -los recientes decretos para el campo del socialista Largo Caballero preanunciaban la futura Ley de Reforma Agraria- favorecía claramente a los candidatos republicano-socialistas, si bien la ola de incendios de edificios religiosos en los últimos días podía restarles votos.

En Pamplona la candidatura Antirrevolucionaria pasa a denominarse Católico-Fuerista (formada en torno al lema "Religión y Fueros", en clara alusión a la quema de conventos y a la campaña estatutaria promovida por los nacionalistas, la Conjunción presenta a los mismos hombres y los nacionalistas deciden abstenerse de la lucha electoral. En los treinta municipios restantes que celebran elecciones (casi todos ellos en la Ribera), el tema agrario y la cuestión religiosa son banderas que enarbolan los dos grupos antagónicos -derechas e izquierdas- en que se había dividido la sociedad navarra, apenas mes y medio después de proclamarse la II República. La normalidad electoral es también la tónica general del domingo 31 de mayo, excepto en Arguedas, Funes, Carcastillo y Milagro donde las urnas son destrozadas por elementos de izquierda. Los resultados de la jornada, una vez repetida la elección de los cuatro municipios, dan como vencedores absolutos a los candidatos de derechas -154 concejales-; la izquierda con sus 149 concejales obtiene, sin embargo, la mayoría en ayuntamientos tan significativos como Tafalla, Corella, Caparroso, Valtierra, Lodosa y Peralta. En Pamplona 15 puestos consigue la izquierda y 14 la derecha, en consecuencia la alcaldía de la capital navarra recae en un hombre de la Conjunción, el republicano Mariano Ansó.

JVI

(1931). A la proclamación de la República española y del Estado Catalán el 14 de abril sucedió una gran oleada de manifestaciones afines en todas las provincias. La constitución el día 15 de un Gobierno provisional catalán basado en el pacto de San Sebastián suscitó, como era de esperar, entusiasmos, recelos, envidias y mimetismos. Si en un principio la agitación autonomista (Movimiento de Alcaldes) recorre sólo Bizkaia y Gipuzkoa, el movimiento no ha de tardar en contagiar su entusiasmo a Álava y Navarra, máxime cuando las quemas de conventos e iglesias en España (10-12 de mayo) ponen de manifiesto las ventajas que una autonomía aislacionista puede reportar a efectos de preservar la catolicidad y el dominio de la Iglesia sobre toda Vasconia.

El Movimiento de Alcaldes (Estornés, tesis, cit. ) gestado, el mismo 14 de abril en que la renovación de ayuntamientos acarrea la implantación de la II República en España, fue una ola de fondo hábilmente dirigida por el nacionalismo vasco confesional. Merced a este movimiento el PNV recuperaba el tiempo perdido durante la Dictadura, tratando -y consiguiendo- liderar a gran parte de la derecha sociológica autonomista vasca desorientada por los súbitos acontecimientos. Más de 400 ayuntamientos de 548 se adhirieron entre mayo y junio a esta Campaña, 82 de 89 en Gipuzkoa, 189 de 267 en Navarra, 59 de 77 en Álava y 90 de 115 en Bizkaia. La agitación autonomista fue especialmente intensa en Navarra donde dio lugar, pese a la oposición de los sectores afines a "Diario de Navarra", a reuniones y asambleas de cendeas, distritos y valles y propició un acercamiento de las fuerzas de la derecha (incluidos nacionalistas) que casi culminó en coalición electoral en torno al Estatuto único cara a las elecciones parciales del 31 de mayo.

Ayuntamientos sustentadores del Movimiento de Alcaldes.

Sangüesa. Ay. compuesto de 7 antirrevolucionarios (jaimistas), 3 republicanos y un "fuerista". Alcalde: Agustín Blanco.

Abárzuza. Ay. compuesto de 5 antirrevolucionarios y 3 indefinidos. Alcalde: Faustino Azanza.

Amescoa Baja. Ay. compuesto de 9 monárquicos. Alcalde: Gregorio Ulíbarri.

Aranaratxe. Ay. compuesto de 6 antirrevolucionarios. Alcalde: Martín Ruiz.

Eulate. Ay. elegido el 12 de abril, de derechas. Comisión gestora desde el 7 de mayo. 5 republicanos, 1 liberal y 1 independiente en mayo. Alcalde (junio): Miguel Andueza.

Larraona. Ay. compuesto por 6 antirrevolucionarios. Alcalde Cayetano de Ulibarri.

Movimiento de alcaldes. Mayorías políticas de los ayuntamientos adheridos.

Movimiento de alcaldes
Mayorías políticas de los ayuntamientos adheridos
* Conjunciones de dinásticos, carlistas y derecha católica en general.
Antirrevolucionaria (*)115,5Ayuntamiento
Monárquica31Ayuntamiento
Sin filiación15Ayuntamiento
Bloque republicano-socialista9Ayuntamiento
Sin especificar8Ayuntamiento
Carlista5Ayuntamiento
Católica4Ayuntamiento
Independiente2Ayuntamiento

Orden decreciente de adhesión (en relación con la población)
al Movimiento de Alcaldes
Navarra: (339.220 h. de derecho)
Adhesiones consignadas189 de 267 ayuntamientos
Pobl. que representan202.2154h.; 59,6 % del total
Denegaciones consignadas3 de 267 ayuntamientos
Recurso a lo que decida Diput.21 de 267 ayuntamientos
Pobl. que representan (Deneg. y Rec.)80.468 h.; 23,73 % del total
Pbol. de los ay. sin evaluar16,6 % del total

Municipios que denegaron su participación y/o se sumaron
a las iniciativas de la CG de la Diputación
TipologíaPoblaciónLenguaAyuntamiento
Denegaron
AnsoainCuenca Pamplona1.591CastellanoMonárquico
Los ArcosTierra Estella2.303CastellanoCG/Independientes
TudelaRibera10.511CastellanoBloque
Se adhieren "a lo que acuerde la Diputación"
AlsasuaNudo ferroviario2.578CastellanoBloque
AraquilRural2.355EuskaraAntirrevolucionario
ArtajonaAgrícola2.721CastellanoDerechas
BakaikuRural424EuskaraAntirrevolucionario
CabanillasRibera997CastellanoDer./CG/Bloque
CascanteRibera3.879CastellanoBloque
CastejonNudo ferroviario1.576CastellanoBloque
ZiordiaRural531EuskaraSin filiación
ElayoRural267CastellanoAntirrevolucionario
JavierRural248CastellanoAntirrevolucionario
LabaienRural690CastellanoAntirrevolucionario
LarraunRural3.599Euskara(Desconocido)
LerinAgr./Rib. estellesa3.413Cast./Eusk.Monárquico
LumbierAgr./Centro comarcal1.959CastellanoMonárquico
OtxagabiaRural1.269CastellanoAntirrevolucionario
OlejuaRural180Cast./Eusk.Antirrevolucionario
PamplonaCapital33.281CastellanoBloque
San AdriánRibera1.355CastellanoMonárquico
SansoainRural158CastellanoAntirrevolucionario
SartagudaRibera1.215CastellanoMon./CG/Bloque
TorralbaRural507CastellanoAntirrevolucionario
TulebrasRibera193CastellanoMonárquico
UlzamaRural2.508Cast./Eusk.Antirrevolucionario
UrdiainRural747EuskaraAntirrevolucionario
ValtierraRibera2.229CastellanoMon./Bloque
VillafrancaRibera3.153CastellanoBloque
VillamayorRural214CastellanoMonárquico

Desbordados por este movimiento, las ensimismadas e indecisas Comisiones Gestoras de las cuatro Diputaciones van a adoptar a fines de mayo unas normas unitarias conjuntas para la confección detextos autonómicos, normas que entran en abierta contradicción con las tesis municipalistas. El Estatuto de la Sociedad de Estudios Vascos, gestado entre 1930-1931, esperado tanto por las Gestoras como por el movimiento de Alcaldes, verá la luz el 31 de mayo en estas circunstancias. Dicho Estatuto contemplaba otra vez el Laurak Bat, es decir, la constitución de un Estatuto Vasco mediante la confederación paritaria de Navarra, Álava, Gipuzkoa y Bizkaia, Estado que, a su vez, quedaría vinculado a la República española. Entre sus disposiciones las había que contentaban a las izquierdas y las que se rendían a las exigencias de las derecha. Eran los partidos políticos los que habían de dictaminar sobre la procedencia del mismo.

El Estatuto General del Estado Vasco y sus hijos navarros. El EGEV proporcionaba por fin un texto-ponencia a las diversas fuerzas políticas enfrentadas. Algo más de una semana va a durar la corta vida del EGEV antes de acabar transformado en dos textos antagónicos. En este lapso de tiempo la mayoría de los partidos vascos va a examinar y/o enmendar el mismo a su guisa. ANV y el Partido Republicano Autónomo van a ser los únicos que admitan el texto tal como salió de los troqueles de Eusko-Ikaskuntza. El PNV, primero, y la Comunión Tradicionalista, luego, acentuarán su carácter etnocéntrico y recabarán para el Estado Vasco la facultad de establecer relaciones directas con Roma. Los socialistas, remodelan los órganos rectores de la futura comunidad primando el carácter demográfico sobre el territorial, es decir, volcando interesadamente el Estatuto hacia Bizkaia. Finalmente, los integristas harán una lectura teocéntrica y aislacionista del mismo y el Partido Federalista se atrincherará en la vieja fórmula monoprovincial ya conocida. El primer derivado del EGEV va a ser el Estatuto de Estella. Estando ya firmada la convocatoria de elecciones generales el Movimiento de Alcaldes convoca un Mitin monumental en Estella para dos semanas antes (28 de junio).

Su propósito es sancionar un nuevo Estatuto con las modificaciones de los nacionalistas y de los tradicionalistas (enaltecimiento de Navarra, concordato con la Santa Sede, diez años de residencia, etc.). Pero dicho Movimiento liderado por el PNV de Bizkaia tropezó con dos grandes disidencias. Por una parte el Mitin de Afirmación Católica convocado en Pamplona el mismo día le demostró que el carlismo podía ser un aliado pero no una mera comparsa. Por otra que el nacionalismo de Navarra no deseaba divorciar su acción de la de su Comisión Gestora, es decir, que sintonizaba en mayor medida que otros, con la sensibilidad republicana. Y esto se puso de manifiesto en los síes condicionados, entre los cuales el del líder del Movimiento en Navarra y alcalde de Sangüesa Blanco, a lo aprobado en Estella. Ello se debe a que la Diputación navarra republicana había creado a mediados de mayo una Comisión Autonómica compuesta por elementos de diferente procedencia política y que dicha Comisión ofrecía serias garantías de imparcialidad y de eficacia.

Efectivamente, a diferencia de lo acaecido en las otras provincias, esta Comisión consiguió desviar hacia sí a un número importante de ayuntamientos que creemos estaban abocados a sumarse o se habían ya sumado al Movimiento de Alcaldes. Inició este proceso la CG del ayuntamiento de Pamplona que, el 20 de mayo, acordó adherirse a cuantos acuerdos adoptara la Diputación en orden a la formación de un Estatuto. El 22 del mismo mes era el eyuntamiento de Tudela el que hacía otro tanto seguido de 26 municipios. La Comisión inició sus trabajos el 19 de mayo, abriendo una información pública de 15 días para que las Corporaciones, entidades y personas particulares presentaran sus iniciativas. Concurrieron a la misma el ayuntamiento de Ansoain, Justo Garrán, ex diputado provincial y en Cortes, y los notarios Alejandro Lanz, decano del Colegio de Notarios, y Federico Oficialdegui, vecino de Peralta. El 15 de junio, es decir, al siguiente día de la Asamblea de Estella, la Comisión entregaba a la Diputación su dictamen consistente en:

a) Un Proyecto de Estatuto Vasco-Navarro, segundo hijo, por orden cronológico del EGEV.
b) Un Proyecto de Estatuo exclusivamente navarro.
c) Un Proyecto de Constitución política interior de Navarra.

Acompaña a estos textos una Exposición de Principios Fundamentales y una Opinión Razonada, señalando como más idóneo para Navarra el Estatuto único Vasco-Navarro:

"Navarra, según queda demostrado, no pierde un ápice de sus facultades y personalidad y pacta como soberana la creación del Estado Vasco Navarro y el reconocimiento de ese Estado, como Estado miembro de la República Federal Española, y lo pacta en uso de su perfectísimo derecho, por entender que el País Vasco constituye una entidad natural con personalidad propia, y porque tal es el designio de su voluntad soberana.

No hay desmembración de soberanía ni renunciamiento de derechos a favor del Estado Vasco-Navarro y se produce, en cambio, la inmensa ventaja de la fuerza que da la unión íntima de esas cuatro regiones, o mejor pudiera decirse ex-Estados, que aparte de comunidad de lengua y raza, han mantenido vínculos estrechos de todo orden, y perdieron su libertad y soberanía al promulgarse aquella Ley de 25 de octubre de 1839, que al decir que se confirmaban los Fueros de las Provincias Vascongadas y Navarra los abolió injustamente" (...)

"En resumen, Navarra, sin perder ninguna de las preeminencias que su situación como Estado federeado le reportaría, adquiere la inmensa e inapreciable ventaja de hacer valer sus derechos por intermedio de un Estado Federado que representa una población y un territorio importantísimo, aumentando con ello las probabilidades de consideración y buen trato de que ha de ser objeto dentro de una federación de pueblos ibéricos".

El 22 de junio, al día siguiente de la aprobación por las cuatro CCGG reunidad del EGEV de la Sociedad de Estudios Vascos, la Diputación de Navarra daba su visto bueno a lo acordado por la Ponencia convocando a todos los ayuntamientos de la provincia a una Asamblea a celebrar el 13 de julio, es decir, después de las elecciones del 28 en las que la Coalición Católico Fuerista (carlistas, liberales conservadores y el PNV), aglutinada en torno al "Estatuto que Navarra apruebe", obtiene el 63,7 % de los votos:

Elecciones a Cortes Constituyentes del 28-VI-1931
CANDIDATOSPARTIDOSVOTOS
Miguel Gortari ErreaCoalición catól.-fuer.46.684
Rafael Aizpún SantaféCoalición catól.-fuer.46.674
José Antonio Aguirre LecubeCoalición catól.-fuer.46.441
Joaquín Beunza RedínCoalición catól.-fuer.46.117
Tomás Domínguez ArévaloCoalición catól.-fuer.46.051
Mariano Ansó ZunzarrenCoalición republ.-social.27.191
Emilio Azarola GresillónCoalición republ.-social.27.033

Para cuando se reunen, pues, los representantes de los municipios navarros, las derechas han ganado las elecciones en Navarra y se ha constituido la Minoría Vasco-Navarra "Pro Estatuto" centrada en torno al Estatuo de Estella y al que "Navarra entera acuerde para sí", es decir, sin desestimar en esta provincia por la CG.

A la Asamblea acuden 242de los 267 ayuntamientos de Navarra. Tras una discusión inicial sobre el tipo de voto -proporcional o capitativo- a utilizar en la misma, se aceptó el criterio de que fuera proporcional y que el acuerdo final fuera sometido al referéndum de los electores de la provincia. Dos posturas se dibujan entonces en la Asamblea; la de aquéllos que solicitan se efectúe un estudio suplementario sobre la parte económica de los Estatutos y la del alcalde de Sangüesa que manifiesta que "la mayor parte de los ayuntamiento tiene ya criterio formado y que siendo asunto urgente no debía aplazarse la reunión". Dado el "número considerable" que se pronunció por la primera postura, el Presidente accedió a la petición y declaró suspendida la Asamblea "hasta nuevo señalamiento". Este llegó el 10 de agosto de ese año. Acudieron a la Asamblea todos los ayuntamientos de Navarra salvo 17. Muchas corporaciones habían estado previamente reuniéndose en Estella, Aoiz, Villaba, Tudela, Mugaire, Tafalla y Pamplona.

El clima a favor del Estatuto Vasco-Navarro era óptimo. Lo prohijaba la CG de la Diputación navarra que había manifestado comprensión hacia el Movimiento de Alcaldes, apertura hacia las gestiones de ANV, y sincera voluntad de virtualizar la autonomía de Navarra. Era ésta, además, la garante de una política democrática en lo tocante al espinoso tema de las corralizas y bienes comunales de los ayuntamientos con problemas de propiedad agraria y esto era importante sobre todo en aquéllos cuya sensibilidad nacionalista era escasa. Tal era el caso de Tudela y su distrito. La capital ribera había aprobado por fin, el 8 de julio, el Estatuto Vasco-Navarro, con el voto particular de Cuadra, Ansó, Goñi y Cabezudo sobre régimen de enseñanza y cementerios, aprobación del Estatuto y "reciprocidad de derechos entre Navarra y los demás ciudadanos españoles". Días después lo apoyaba públicamente la Agrupación Republicana de Tudela y, el 6 de agosto, lo hacían los ayuntamientos del distrito pidiendo no se discutiera la cuestión religiosa (García Umbón, 1987). Habiéndose efectuado a satisfacción el estudioeconómico, favorable al Estatuto, se procedió a votar obeniéndose el siguiente resultado:

  • A favor del Estatuto Vasco-Navarro

229 ayuntamientos, de 267, cuyos votos, computados conarregldo a la población de derecho de sus respectivos municipios, representaban a 304.351 votos y al 88,34 % de la población.

  • A favor del Estatuto Navarro

Adiós, Cirauqui y Dicastillo con 2.808 votos y el 0,82 %de la población navarra.

  • Por ningún Estatuto

Armañanzas, Cabanillas, Caparroso, Ziordia, Fitero, Isaba, Jaurrieta, Larraga, Lodosa, Mélida, Mendabia, Mendaza, peralta, Sartaguda, Torres del Río y Valtierra. Total, dieciseis Ayuntamientos que representan 30.290 votos y el 8,80 % de la población de la provincia.

  • Por una Autonomía Regional inespecificada

Olazagutía y Urdiain con 2.561 votos.

El Estatuto Vasco-Navarro fue, pues, aprobado por la inmensa mayoría de los ayuntamientos navarros que representaban al 89,5 de los votantes de los ayuntamientos presentes. Tanto las corporaciones de derecha como las de izquierda votaron al EVN de forma abrumadora. A continuación se procedió a enmendar el texto. Así fue cómo, a propuesta de Pamplona, se cambió la sede primera (Vitora) establecida por la SEV -y aceptada por la ponencia navarra- por Pamplona, seguida por Bilbao, San Sebastián y Vitoria, y se añadió un epígrafe otorgando plena autonomía para el gobierno y dirección de sus intereses peculiares a los organismos locales. Pero, por la tarde, iba a romperse la unanimidad alcanzada. Obedeciendo tal vez a un acuerdo secreto pactado por el alcalde de Sangüesa y la CG de la Diputación, el representante de Estella expuso a la aprobación de los ayuntamientos las enmiendas introducidas al EGEV en la Asamblea de Estella.

Algunas fueron rechazadas, otras progresaron. Fue derrotada la tendente a exigir diez años de residencia a los no naturales de la comunidad autónoma -recuérdese que Navarra es un país de enorme emigración entre los dos siglos, no existiendo, por el contrario, inmigración alguna- para obtener derechos políticos. Prevaleció la que asignaba a los municipios el régimen de cementerios y la que eliminaba las facultades reservadas al Estado español en materia de relaciones entre la Iglesia y el Estado, carácter de la enseñanza y el régimen de cultos, que eran otorgadas al Estado Vasco. El gran elemento de discordia era introducido pese al voto en contra de 55 variados ayuntamientos (entre los cuales Pamplona, Tafalla, Tudela y gran parte de la Ribera) con 147.977 votos, frente a 165 con 172.026 votos, es decir, por un estrecho margen de 7,5 % de diferencia a favor del estellismo. A continuación, y a propuesta también del delegado de Estella, la Asamblea acordó que el euskara sólo tuviera carácter de lengua oficial "en aquellos territorios que se demarquen como euskaldunes, por constar que puedan ser comprendidos por las Autoridades y Corporaciones a quienes vayan dirigidos".

Tema crucial fue la adopción de una fórmula para la aprobación definitiva del Estatuto -recordemos que la República aún no había establecido norma alguna- y en él encalló finalmente la Asamblea. El representante de Estella manifestó que, habiéndose aprobado el proyecto de Estatuto Vasco-Navarro casi por unanimidad y discrepando la Asamblea tan solo en algunas enmiendas, la fórmula que procedería emplear era la del plebiscito, debiéndose votar por el Estatuto Vasco-Navarro "con o sin las enmiendas aprobadas en la Asamblea". El resultado no dejaba apenas lugar a dudas. Pero los representantes de Pamplona y de Tudela y el diputado Soriano arguyeron entonces que no era posible aceptar esta fórmula "porque, siendo varias las enmiendas aprobadas, pudiera suceder que muchos quisieran aceptar unas y rechazar otras, y en los términos planteados no podría hacerse tal distinción", añadiendo que, a su juicio, no cabía otra cosa que "acoplar al proyecto de la Ponencia las enmiendas introducidas, formando así un cuerpo total con el Estatuto aprobado y sobre ese proyecto abrir el plebiscito" para que los votantes lo aprobaran o rechazaran en toda su integridad. Intervinieron, en vano, otros representantes -las actas no especifican quiénes- en la discusión haciendo resaltar, de forma profética, el peligro de que el Estatuto, con las enmiendas aprobadas -es decir, "estellizado" en parte- no fuera aceptado por gran proporción de los electores y que por ello pudiera perecer totalmente la autonomía que se pretendía.

La Asamblea acordó a la postre que la fórmula de votación del plebiscito fuera la de la aceptación o rechazo, en su totalidad,del proyecto de Estatuto que había sido aprobado, comprendidas en él las enmiendas introducidas por medio de todos los acuerdos anteriormente adoptados. No se votaría, de esta forma, a uno u otro Estatuto sino al Estatuto "estellizado" o nada. Por último se decidió, aprobar en todas sus partes el proyecto de Constitución Política Interior de Navarra propuesto por la Ponencia. Desde este momento el Estatuto vasco-navarro llevaba plomo en el ala. La reacción de las izquierdas no se hizo esperar; Tudela volvió a asumir el liderato antiestellista negándose a dejarse representar por los católico-fueristas y la polarización acaecida en las Vascongadas se enseñoreó también de Navarra. 156 alcaldes acudirían a Madrid a presentar el Estatuto de Estella sin cumplimentar el acuerdo adoptado.

(1932-1936). Tras las asambleas de municipios reseñadas, el proceso del Estatuto Vasco entró en una nueva fase al quedar definitivamente relegado el proyecto de Estatuto de Estella, por contener en su articulado disposiciones contrarias a la Constitución que se estaba redactando en estos momentos. El decreto de 8 de diciembre de 1931 señalaba los trámites necesarios para la aprobación de un Estatuto, dentro de la Constitución, y concedía a las Comisiones Gestoras de las Diputaciones -de mayoría republicano-socialista y nombradas por el Gobierno- la dirección del proceso autonómico. Según este decreto, deberían celebrarse primero asambleas provinciales de ayuntamientos, en las que cada provincia debía decidir únicamente si quería un Estatuto único para todo el País, o Estatutos uniprovinciales o ningún Estatuto. Posteriormente, se redactaría el anteproyecto, que sería sometido a la aprobación de una asamblea conjunta de ayuntamientos, del cuerpo electoral y, por último, de Parlamento. Las Gestoras convocaron las respectivas asambleas de ayuntamientos para el 31 de enero de 1932 en las cuatro capitales. En Navarra, la Junta Regional Carlista dejó en libertad a sus seguidores para acudir a la asamblea y votar a favor del Estatuto Vasco-Navarro, pero recordó que la Comunión se abstenía de colaborar con las Gestoras y prefería la reintegración foral, aun sin ser enemiga del Estatuto en abstracto.

Por su parte, un importante sector de la izquierda navarra, encabezado por el alcalde de Santesteban y diputado radical-socialista Emilio Azarola, consideraba perjudicial para Navarra el Estatuto Vasco-Navarro y abogaba por el proyecto de Estatuto Navarro. El 31 de enero, mientras en las demás capitales vascas el Estatuto único era aprobado por abrumadora mayoría, en Pamplona sesenta y nueve ayuntamientos -entre abstenciones y votos a favor del Estatuto Navarro o de ningún Estatuto- se opusieron al Estatuto Vasco-Navarro. No obstante, ciento sesenta ayuntamientos, que representaban casi el setenta por ciento de la población navarra, se manifestaron a favor del Estatuto Vasco-Navarro. En la asamblea, los ayuntamientos navarros aprobaron, a propuesta de Azarola, una enmienda por la que el porcentaje de dos tercios del censo electoral que la Constitución exigía tanto en la definitiva asamblea de ayuntamientos como en el plebiscito debería aplicarse no sólo a la comunidad autónoma en trance de constitución, sino también a Navarra sola. Este acuerdo era consecuencia del temor de los representantes navarros a que el proyecto de Estatuto que se redactara fuera contrario a los intereses particulares de Navarra.

La asamblea de 31-I-1932 en Navarra
Nº de ayuntamientosHabitantes% de poblacion
Estatuto Vasco-Nav.160209.47964,4
Estatuto Navarro3628.8918,9
Ningún Estatuto2166.55320,5
Abstención1220.0046,2
Total129324.967100

Aprobado el Estatuto único, la comisión encargada de redactar el proyecto realizó su trabajo con rapidez. De ella formaban parte tres navarros: Rufino García Larrache, republicano, que representaba a la Gestora de la Diputación; el católico independiente Rafael Aizpún, designado por la Comisión de alcaldes, y Salvador Goñi, concejal del Ayuntamiento de Pamplona, que representaba al PSOE. El denominado Estatuto de las Gestoras -cuya redacción se terminó en marzo de 1932- era mucho más largo y completo que el anterior proyecto; se ajustaba a la Constitución de la República y -a diferencia del Estatuto de la Sociedad de Estudios Vascos- primaba el poder unitario vasco sobre el de las Diputaciones. Los representantes en el Parlamento Vasco serían elegidos en su mitad proporcionalmente por el electorado de todo el País Vasco, y la otra mitad paritariamente por cada una de las provincias.

Este proyecto fue aprobado por la Comisión de alcaldes y por las Gestoras, que convocaron la asamblea de ayuntamientos para el 19 de junio de 1932 en Pamplona. En las semanas anteriores, las Gestoras y el PNV desarrollaron una intensa campaña de propaganda, cuyo máximo exponente en Navarra fue la publicación del bisemanario autonomista Por Navarra. Ante la asamblea, los diversos partidos políticos fueron expresando su opinión. El PNV y ANV fueron los que con más empeño contribuyeron a la propaganda del Estatuto. La Comunión Tradicionalista estaba profundamente dividida, y así quedó claro en la nota que la Junta Vasconavarra de la Comunión hizo pública dejando en libertad a sus afiliados. El diputado Joaquín Beunza se declaró fervoroso partidario del Estatuto, mientras el conde de Rodezno adoptaba una actitud ambigua. Los concejales carlistas de Pamplona acabaron votando en contra del Estatuto, por considerarlo caro, laico, antiforal y separatista.

Por su parte, los diputados Rafael Aizpún y Miguel Gortari, futuros dirigentes del grupo cedista Unión Navarra, declararon que, a pesar de ciertas reticencias, votarían a favor del Estatuto. Esta actitud fue duramente criticada por Diario de Navarra y por su director Raimundo García, "Garcilaso". También los socialistas y la mayor parte de los republicanos navarros se oponían al Estatuto Vasco-Navarro. La Agrupación Socialista de Pamplona decidió aconsejar el voto negativo, por "encontrar equivocado el criterio mantenido en el Estatuto sobre unidad étnica del País Vasco-Navarro". El Partido Radical-Socialista también adoptó una posición semejante, y afirmó que Navarra no debía formar parte de ese "teórico núcleo llamado País Vasco-Navarro". No obstante, varios concejales radical-socialistas y el propio presidente de la Agrupación de Pamplona se dieron de baja en el partido, como protesta por la actitud antiautonomista del radical-socialismo navarro.

Por último, ni siquiera los azañistas de Acción Republicana -que acabaron decidiendo esperar a lo que resultara de la asamblea de ayuntamientos- adoptaron una posición rotundamente favorable al voto afirmativo. La excepción a la postura general de la izquierda navarra la constituyeron los miembros republicanos y socialistas de la Gestora provincial, y el diputado a Cortes Mariano Ansó, que apoyaron claramente el Estatuto Vasco-Navarro. Los miembros del Partido Nacionalista Vasco -en especial los de Navarra- eran conscientes de las dificultades que, a causa de la falta de apoyo unánime tanto por parte de la derecha como de la izquierda, comenzaban a sentirse en Navarra. El panorama se ensombreció aún más para los autonomistas cuando, el 16 de junio, el Ayuntamiento de Pamplona (compuesto por quince concejales de izquierdas y catorce de derechas) votó en contra del proyecto. La ausencia de seis concejales republicano- socialistas permitió a los ediles derechistas inclinar la decisión del Ayuntamiento de la capital hacia el voto negativo.

El hecho era importante, no sólo por el peso numérico de la población de Pamplona, sino también porque su ejemplo fue seguido por otros municipios navarros. El 19 de junio de 1932 se reunieron en el Teatro Gayarre de Pamplona más de quinientos representantes de ayuntamientos de las cuatro provincias. Al iniciarse la asamblea, Emilio Azarola -a pesar de la oposición de José Antonio de Aguirre y del también radical-socialista Ramón María Aldasoro- consiguió la suspensión de la sesión, con objeto de permitir una reunión previa de los representantes navarros, en la que el alcalde de Santesteban intentó atraer a los reunidos hacia el voto negativo. Reanudada la asamblea general de ayuntamientos -y tras unos momentos de gran confusión-, se realizó la votación del Estatuto, que fue aprobado por vizcainos, guipuzcoanos y alaveses y rechazado por los navarros. Sólo ciento nueve de los doscientos sesenta y siete representantes de los municipios navarros votaron a favor del proyecto autonómico. El número de habitantes opuestos al Estatuto (más de doscientos quince mil, sumando abstenciones y votos en contra) era muy superior a los ciento treinta y cinco mil favorables al mismo. Estos estaban muy lejos de la mayoría, y más aún de los dos tercios del censo electoral, exigidos por la enmienda aprobada en la asamblea de enero de 1932. Al finalizar la votación, el presidente de la Comisión Gestora de Bizkaia reconoció que, ante el resultado de la votación de Navarra, era preciso reelaborar el proyecto, adaptándolo solamente a Álava, Gipuzkoa y Bizkaia. Las causas de la decisión navarra de 1932 han sido objeto de discusión por los historiadores.

Está claro que el entusiasmo carlista por la autonomía disminuyó notablemente -sobre todo en Navarra- en cuanto el problema estatutario se separó de la cuestión religiosa. Pero también es claro que la negativa navarra al Estatuto en junio de 1932 fue producto -como ya demostró Martin Blinkhorn- de la división tanto de la derecha como de la izquierda navarra, lo que mostraba que había unas razones profundas -distintas de las causas partidistas coyunturales- que incidían sobre el conjunto de la población navarra. El cuadro que presentamos -elaborado a partir de los datos de Virto sobre la filiación política de los ayuntamientos navarros a finales de 1932 o, en su defecto, en la primavera de 1931- confirma las conclusiones de Blinkhorn sobre la actitud de los grupos políticos navarros ante el Estatuto. Un cuarenta y cuatro por ciento de los municipios de derechas votaron a favor del Estatuto, mientras sólo el treinta y dos por ciento de los ayuntamientos de izquierda apoyaron el proyecto autonómico. Incluso considerando -como parece lógico deducir- que la casi totalidad de los ayuntamientos independientes, indeterminados y los que se calificaban de "republicanos de derecha" eran en realidad municipios derechistas, el porcentaje de representantes municipales de la izquierda navarra que se opuso al Estatuto en junio de 1932 fue muy superior al de la derecha.

Por otra parte, es claro también que la mayor parte de los ayuntamientos más rotundamente opuestos al Estatuto Vasco-Navarro estaban en la Ribera, mientras que la zona norte -que conservaba con mayor intensidad las características culturales vascas- tendía a apoyar más unánimamente las aspiraciones autonómicas, independientemente de vinculaciones partidistas. Por otra parte, el sentimiento "navarrista" fue alimentado también por el carácter más centralista del proyecto de Estatuto de 1932 frente al de 1931, de orientación confederal. Esta fue seguramente la causa de que los representantes municipales navarros -que en enero de 1932, cuando ya el Estatuto había perdido su carácter de arma político-religiosa, habían acordado la integración en el País Vasco autónomo- decidieran en la asamblea de junio la separación de Navarra, ante el temor de que su personalidad se viera ahogada por el unitarismo del proyecto de Estatuto de las Gestoras.

Resultado de la asamblea de 19-VI-32
Composición política de los ayuntamientos
NoAbstenciónTotal
Pamplona3437980
Estella28321171
Aoiz2632765
Tafalla188228
Tudela314623
TOTAL10912335267
Fuente: Elaboración propia de V.M. Arbeloa: Navarra ante los Estatutos y
J.J. Virto: Las elecciones municipales de 1931 en Navarra.
NoAbstenciónTotal
Derecha39381188
Izquierda2338970
PNV1--1
Republicanos de derecha913325
Independientes2027552
Indeterminados83516
Heterogéneos94215
TOTAL10912335267

El resultado de la asamblea de junio de 1932 en relación con Navarra fue objeto de una polémica que comenzó casi inmediatamente después de su conclusión. El diario nacionalista La Voz de Navarra y la agrupación "Acción Autonomista", constituida en Pamplona en agosto de 1932 e integrada por personas de diversos partidos políticos, iniciaron una campaña para tratar de revocar el resultado de la asamblea. Se basaban, para ello, en una doble argumentación. Por una parte, afirmaban que debía declararse la invalidez moral de la votación a causa del gran número de coacciones y falseamientos de votos que se dieron en torno a la misma. En segundo lugar, aseguraban que el Estatuto estaba legalmente aprobado, ya que la cláusula introducida por los ayuntamientos navarros el 31 de enero de 1932 era anticonstitucional, pues envolvía, dentro de la igualdad establecida entre las cuatro provincias, un privilegio ilegítimo, producto de la voluntad unilateral de una de las partes federadas.

Lo cierto era que el problema de las coacciones y votos en contra del mandato favorable otorgado por algunos ayuntamientos -varios de ellos comprobados documentalmente por J.M. Jimeno Jurio (1977)- no tenía solución jurídica sencilla, tratándose de una votación de segundo grado. Por otra parte, desde el punto de vista constitucional, hubiera sido posible seguir adelante con el Estatuto único para las cuatro provincias, amparándose en la decisión de los ayuntamientos navarros de enero de 1932 de integrar la región autónoma vasca. Sin embargo, desde el punto de vista político esta alternativa era inviable y así lo reconocieron incluso los nacionalistas, que veían muy difícil obtener a partir de este momento no sólo las dos terceras partes del censo electoral navarro, sino incluso una mayoría simple a favor del Estatuto Vasco-Navarro en Navarra. A pesar de ello, continuaron en los meses siguientes los intentos de conseguir la reincorporación de Navarra al Estatuto. En marzo de 1933, las Gestoras de Álava, Gipuzkoa y Bizkaia invitaban a la de Navarra a hacer efectiva su incorporación, con objeto de proceder a la celebración del plebiscito.

La Gestora acordó que se reuniera la misma comisión -integrada por miembros de todos los partidos políticos de Navarra- que había dictaminado el Estatuto de 1931. Esta comisión propuso el nombramiento de una ponencia mixta ayuntamientos-partidos políticos, que se encargaría de estudiar el asunto. Pero a pesar del interés de los nacionalistas en que esta ponencia diera validez a la asamblea de Pamplona, computando como afirmativos los votos de los representantes municipales navarros que habían votado en contra del mandato otorgado por su ayuntamiento, la Gestora de Navarra ni siquiera llegó a designar a los miembros de la mencionada ponencia. En noviembre de 1933 el Estatuto era mayoritariamente aprobado en referéndum por Álava, Gipuzkoa y Bizkaia, pasando a continuación a las Cortes, donde el proyecto estaría prácticamente bloqueado desde la primavera de 1934 hasta febrero de 1936.

Tras el triunfo del Frente Popular en las elecciones de 1936, la Diputación de Navarra -elegida en 1936, la Diputación de Navarra -elegida en 1935 por el sufragio indirecto de los ayuntamientos y controlada por la derecha- lanzaba la idea de aprobar un Estatuto para Navarra, tomando como base el proyecto de Estatuto Navarro redactado en el verano de 1931. La idea fue apoyada por los carlistas, pero a la oposición nacionalista se sumó la de Diario de Navarra y de parte de la CEDA, que entendían que un proyecto de Estatuto Navarro era antiforal, por lo que debía irse únicamente a un "amejoramiento" del Fuero de Navarra. El intento derechista -de carácter en buena parte defensivo respecto al Estatuto Vasco- no prosperó, y de hecho estuvo prácticamente paralizado entre mayo y junio de 1936. Por su parte, el proyecto de Estatuto Vasco había comenzado de nuevo a discutirse en las Cortes, y se esperaba su pronta aprobación. Esta circunstancia fue aprovechada por el Frente Popular de Navarra para-variando la postura de la izquierda en 1932- solicitar la incorporación -si no inmediata, sí en un futuro no muy lejano- de Navarra al Estatuto Vasco. El 15 de junio, los dirigentes navarros del Frente Popular enviaban un escrito al Presidente del Congreso de los Diputados en este sentido.

  • Escrito del Frente Popular de Navarra a la Presidencia

"Ha llegado a conocimiento de este Comité del Frente Popular Navarro que la Comisión de Estatutos del Parlamento no acepta el artículo adicional del Estatuto vasco plebiscitado, por el que se permitía la posibilidad de la incorporación de Navarra, previas las formalidades de la Constitución, al Estatuto vasco. La enemiga de esta posibilidad procede de las derechas, que sistemáticamente han venido boicoteando la formación de Estatutos. que se opusieron al Estatuto Vasco-Navarro, que se han apuesto después al vasco y, que ahora quieren dificultar la incorporación de Navarra, para no dejarle otra posibilidad que la del Estatuto navarro aislado o dejarla a la deriva, sin acogerse a la fórmula constitucional; todo por odio a la República y a la Constitución. Porque esas mismas derechas, que sumaban la mayoría de los ayuntamientos navarros, en diversas asambleas tenidas al efecto, en momentos en que no confiaban en otra posibilidad acordaron se formulase un proyecto de Estatuto Vasco-Navarro.

Y, en el folleto en que se recogen los distintos proyectos, la ponencia encargada por la Diputación de Navarra; compuesta por personalidades de distintas ideologías políticas. entre ellas dos tan representativas en el campo de las derechas como D. Rafael Aizpún y D. Miguel Gortari, actualmente diputados a Cortes, aconsejaron a Navarra el Estatuto Vasco-Navarro. En aquel momento, repetimos, no encontraron otra posibilidad, pero en cambio hicieron después que la asamblea General de Ayuntamientos rechazase el Estatuto formulado (que después fue plebiscitado en las Vascongadas) porque en aquel momento corrieron nuevas esperanzas de derrumbamiento de la República y de restauración monárquico-fascista. La enemiga de las derechas contra los Estatutos ha sido constante; y ahora, al boicotear la incorporación de Navarra al Estatuto vasco, persiguen que, ante la amenaza que pudiera cernirse contra los restos forales, que disfruta Navarra, no quedase más solución que la del Estatuto navarro; este Estatuto aislado vendría a confirmar y afianzar el dominio de las derechas en Navarra, a proveerse ellas de mayores facultades para mantener sojuzgado al pueblo navarro, a impedir que el contacto y trabazón con la democracia vasca diera a las izquierdas de Navarra una mayor representación y fuerza que mermase su poderío y sus privilegios. Que el Estatuto navarro fuese una cosa mezquina, que no pudiese desenvolver por falta de área y población las magníficas posibilidades derivadas de fas facultades autonómicas que concede la Constitución, y que, en definitiva, este Estatuto navarro no responda a esa nueva ideología, a esa nueva estructuración del cuerpo español que persigue la Constitución, todo esto poco les importa. Lo que buscan es precisamente hacer abortar esas nuevas ideas de estructuración nacional, de democratización del pueblo, para reforzar su posición y, su mando en Navarra.

No sabemos qué forma de Estatuto podrá elegir Navarra, pero lo inaudito de las derechas es que, desde ahora, pretendan matar la posibilidad de la incorporación al Estatuto vasco, que ya en ocasiones anteriores, en principio, acordaran los ayuntamientos navarros. Esto es lo que las derechas pretenden y han propuesto en la Comisión de Estatutos; y seguramente las izquierdas no han conocido íntimamente la razón de esta oposición, que es la expresada, en esquema, en este escrito. El Comité del Frente Popular Navarro quiere salir al paso de la maniobra de las derechas, interesando del Gobierno y de la Comisión deEstatutos que quede abierta la posibilidad de incorporación de Navarra al Estatuto vasco. Porque conocemos además las dificultades para la incorporación, de no expresarse esta posibilidad en la ley, por no figurar expresamente en la Constitución la forma de incorporación de una provincia a una región autónoma. El Frente Popular Navarro ruega pues a todas los elementos integrantes del Frente Popular que no desamparen a las izquierdas navarras, no dejando otra posibilidad para Navarra que la del Estatuto aislado, en lucha con unas derechas crecidas en su poderío; y, al contrario, procuren facilitar la entrada de Navarra en el Estatuto vasco, proporcionando una mayor comunidad de fuerzas de izquierda y de afanes de democratización social entre las cuatro provincias y secundando así las altas finalidades de estructuración espiritual y, social de España que persigue la Constitución. Pamplona, 15 de junio de 1936. Firman: El presidente del Comité del Frente Popular Navarro, Izquierda Republicana, Unión Republicana, Acción Nacionalista, Partido Socialista, Partido Comunista, Juventud de Izquierda Republicana. Juventud Socialista, Juventud Comunista y Unión General de Trabajadores".

Hay que destacar que esta petición estaba motivada -más que por las ventajas que el Estatuto pudiera acarrear a Navarra- por el temor al predominio de la derecha en Navarra y por la mayor comunidad de fuerzas de izquierda que proporcionaría la vigencia del Estatuto Vasco en Navarra. El hecho fue que, cuando estalló la sublevación militar de julio de 1936, ni se había conseguido la aprobación del Estatuto Vasco, ni se habían dado pasos serios para la consecución de un Estatuto Navarro. En octubre de 1936 las Cortes de la República aprobaban, en plena guerra civil, el Estatuto Vasco, del que había sido suprimida incluso la posibilidad de una futura incorporación de Navarra.

SDP

Elecciones generales del 19 de noviembre de 1933
CandidatosPartidos%Votos
Elegidos:
Tomás Domínguez ArevaloTradicionalista70,890.007
Javier Martínez de MorentínTradicionalista81.590
Rafael AizpúnUnión Navarra77.690
Luis ArellanoTradicionalista73.425
Esteban BilbaoTradicionalista72.211
Raimundo GarcíaIndependiente72.775
Padre José GafoIndependiente64.148
Restantes:
Julia Alvarez ResanoSocialista1422.280
Ricardo ZabalzaSocialista9,121.627
Tiburcio OsacarSocialista3,420.877
Salvador GoñiSocialista1,820.482
Gregorio AnguloSocialista0,820.652
Manuel IrujoNacionalista14.953
J.A. AguirreNacionalista14.265
Julio EchaideNacionalista13.449
Félix IzcoNacionalista13.222
Serapio EsparzaNacionalista13.436
Fernando RomeroRadical5.075
Francisco OliverRadical5.889
Orosio CristobalenaRadical5.141
José Martínez de UbagoRadical4.248
Serafín YanguasRadical4.888
Arcadio IbañezRadic.-socialista2.828
Félix LuriRadic.-socialista2.724
José ArancetaComunista963
Jesús SáezComunista1.881
Juan MendiolaComunista1.053
Vicente ZozayaComunista1.275
Augusto UrabayenComunista948

Elecciones generales del 16 de febrero de 1936
CandidaturasVotosVotantes% (media)
Coalición de derechas79.60162,11
Rafael Aizpún82.859
Tomas Domínguez Arévalo81.770
Miguel Gortari80.253
Javier Martínez de Morentín79.224
Luis Arellano78.861
Jesús Elizalde78.159
Raimundo García76.082
Frente Popular33.75926,34
Juan Carlos Basterra34.987
Constantino Salinas33.912
Ramón Bengaray33.903
Aquiles Cuadra33.120
Jesús Monzón32.874
PNV14.79911,55
Manuel Irujo14.799

Aunque discutido por autores derechistas de la época republicana, la existencia del problema agrario en Navarra durante la Segunda República es un tema común en las obras de los historiadores más contemporáneos. Es de destacar, sin embargo, que todavía buena parte de los argumentos que demuestran algunos aspectos de dicho problema, están basados en obras anteriores a la proclamación del nuevo régimen democrático del 14 de abril. Son mencionables las obras de Félix Amorena, José Joaquín Montoro Sagasti y Felipe Arin y Dorronsoro, para percibir la importancia de algunos grandes señoríos nobiliarios, la trayectoria de privatización de bienes de propios y comunes en no pocos pueblos navarros a lo largo del siglo XIX, y los intentos de recuperación de los mismos por parte de algunos ayuntamientos y grupos de vecinos a comienzos de este siglo. Ya en estos trabajos se traslucen algunas constantes de dicho problema agrario.

En primer lugar, su ubicación en la zona ribereña navarra (Merindad de Tudela, y zonas importantes de las de Tafalla y Estella). Esto fue debido a la revalorización económica del uso agrícola de la tierra, que supuso la introducción de nuevas técnicas que permitieron, a diferencia de lo ocurrido en el siglo XIX, conquistar nuevas tierras para el cultivo y modificar el anterior uso del suelo, lo cual motivó importantes cambios sociales, allí donde se produjeron con mayor fuerza dichas transformaciones. Aunque este fenómeno afectó, en mayor o menor grado, todas las zonas de la provincia, fue en la Ribera donde se dieron con mayor intensidad. Es aquí donde encontramos una constante introducción de maquinaria (segadoras, nuevos arados, atadoras, etc.), utilización de abonos químicos (particularmente los superfosfatos), nuevos cultivos intensivos (remolacha, alfalfa, maíz, etc.), importantes extensiones roturadas por vez primera (en las Bardenas, corralizas y otras grandes extensiones dedicadas hasta entonces para pastos), con lo que resultó que la malparada agricultura navarra, en grave crisis a finales del XIX, se recuperó de tal forma que, llegó a colocar en el mercado estatal algunas de sus producciones más importantes a comienzos de la segunda década del siglo.

Este dinamismo económico del sector primario se vio complementado con un incipiente desarrollo industrial, que redujo en un buen porcentaje la tasa de emigración de la zona ribereña. Si las consecuencias desde el punto de vista económico fueron importantísimas, no fueron menores desde el aspecto social, de forma que se produjeron movimientos sociales en torno a los propios problemas que suscitó todo este desarrollo. En concreto, comenzaron a reivindicarse con más fuerza las tierras que anteriormente habían pertenecido al común de los vecinos, y que habían sido privatizadas a lo largo del siglo XIX, principalmente por pago de deudas municipales por motivo de guerra, y por efecto de la legislación liberal desamortizadora. Las corporaciones reivindicantes o grupos de vecinos, comuneros, basaban sus argumentos en la diferencia existente en las escrituras de venta y los derechos arrogados por los actuales detentadores de las antiguas corralizas comunales. Las expectativas de mejoras económicas por parte de los corraliceros y la posibilidad de incremento de las mermadas rentas campesinas, a partir de movimiento roturador de comienzos de siglo, llevó a distintos grupos sociales navarros a enfrentamientos importantes, en ocasiones sangrientos, que se manifestaron en numerosas peleas, invasiones de fincas, pleitos, etc. por el control de la tierra.

Con estos precedentes es obvio que el problema agrario navarro fuera anterior a la proclamación de nuevo régimen. Precisamente una de las características que explican el apoyo popular en la zona corralicera a la recién instalada República, se sustentó en la esperanza de solución del problema agrario a partir de abril de 1931. De hecho, buena parte de la dinámica política provincial, desde los procesos electorales hasta las luchas por el control de la Gestora de la Diputación Provincial, la importancia de los sindicatos campesinos, tanto de izquierdas (UGT, CNT) como de derechas (Federación Católico Social Agraria), los programas de los distintos partidos, etc. nos hablan de la intensidad con que se vivió el problema agrario en Navarra. A ello hay que añadir los propios datos de carácter estructural, como la distribución de la población activa por sectores (1930, 60,8 % sector primario), los censos de propietarios agrícolas y de otras clases campesinas agrarias (18.823 jornaleros, según Nagore, 1932), y las fragmentarias informaciones que disponemos sobre la estructura de la propiedad territorial. A esta permanencia del problema agrario en el primer tercio del siglo, tuvo que hacer frente la nueva legislación republicana.

El problema corralicero quedó vinculado a la Ley de Reforma Agraria, en concreto a su Base 20, que permitía la recuperación de tierras de origen comunal. Las peripecias que sufrió esta Ley de Bases para su aprobación y consiguiente puesta en funcionamiento entre 1931 y 1933, y los posteriores cambios políticos hasta julio de 1936, impidieron que tuviera en la práctica unos efectos mínimos sobre el complejo problema agrario, hecho que afectó, por su estrecha vinculación a lo regulado en la ley general, a la no solución de los aspectos concretos de dicho problema de Navarra. Solamente a comienzos de julio de 1936, se aprobaron los primeros artículos de la Ley de Recuperación de Comunales, medidas esperanzadoras pero tardías debido a lo avanzado de la conspiración antirrepublicana. Si legalmente cambió de forma tangencial la situación en el agro navarro, desde el punto de vista práctico pocas experiencias culminaron con cierto éxito, si atendemos al objetivo de modificar en favor de los más desfavorecidos, la estructura de la propiedad o el uso que de la misma se hacía. En muy pocos pueblos se llegó a un acuerdo de compra o arrendamiento de las corralizas para uso y beneficio de los campesinos sin tierra o con pocos recursos (Murillo el Fruto, Mendavia, Lodosa, Cabanillas, ...).

Todo ello no significó la pasividad de los campesinos navarros, que dieron muestras de creciente movilización durante el primer bienio e incluso hasta octubre de 1934, fecha a la que siguió un período de inactividad organizativa principalmente debido a la represión. En Navarra, como en el resto del Estado, hubo otra serie de problemas que incidieron en los niveles de conflictividad social, tales como la lucha para el cumplimiento de los derechos constitucionales, las confrontaciones electorales, los convenios sectoriales, el peso de la Iglesia y la propia configuración de las fuerzas políticas navarras muy polarizadas entre un sector de derechas hegemónicas en la provincia (cuyo mayor peso recaía en el carlismo), una izquierda no despreciable al menos en la Ribera, Pamplona y otras localidades (en cuyo seno los partidos republicanos tenían menos fuerza que el PSOE), y un sector nacionalista, el PNV, que modificó sus planteamientos a lo largo del período en favor de posturas no tan enfrentadas con el régimen republicano. Sin embargo, fueron los conflictos en torno al problema agrario (corralizas, comunes, arrendamientos, salarios, Bases de Trabajo, Turno riguroso, etc.), los más numerosos entre 1931 y l936, manifestándose de distintas formas como huelgas (70), tumultos (103), sabotajes-atentados (84), roturaciones (113), incendios (238), daños (201), etc. Esto venía a demostrar que Navarra no era una provincia de vida idílica, apartada de las luchas entre las diversas clases y grupos sociales, aunque no por ello es comparable esta conflictividad con la que se produjo en zonas de Andalucía, Cataluña o Aragón.

De cualquier forma ni en Navarra ni en el resto de las zonas mencionadas fue este fenómeno conflictivo el provocador de la insurrección que estaba en marcha desde muchos meses antes, años incluso en el caso navarro. Que la primavera de 1936 fuera una época tranquila, desde el punto de vista de la conflictividad social, no impidió que el requeté navarro, de acuerdo con las fuerzas del ejército y escasos sectores civiles, se lanzara al golpe de Estado contra la República, argumentando en su favor la defensa del orden público y contra el complot revolucionario comunista (complot inexistente incluso para la derecha). Tras ese argot vino la "pacificación" de los espíritus y de los cuerpos, contabilizándose más de 2.789 personas asesinadas a cargo de los insurrectos. No es de extrañar que la mayoría de ellos fueran campesinos conscientes, afiliados a sindicatos de clase y pertenecieran en su mayoría a la Ribera, zona donde mayor porcentaje de voto frente populista se había producido. Era uno de los últimos episodios del problema agrario navarro, aunque no el último como el franquismo se encargaría de demostrar.

EMG

De 1932 a 1934 los nacionalistas navarros abren periódicamente batzokis por toda la geografía provincial. En octubre de 1931 se constituye oficialmente en Pamplona la Asociación política de mujeres patriotas, filial del Partido Nacionalista Vasco, denominada Emakume Abertzale Batza (E. A. B.). Sus actividades e iniciativas estaban orientadas principalmente hacia el aspecto social, cultural y benéfico. En 1936 habrá en Navarra doce asociaciones legales de Emakumes en las siguientes localidades: Aoiz, Arbizu, Elizondo, Estella, Pamplona, Leiza, Marcilla, Goizueta, Sesma, Sangüesa, Tafalla y Villaba. En 1933 se constituyó en Pamplona el Partido Acción Nacionalista Vasca (A. N. V.) (nacido en Bilbao en 1930).

Sus principios esenciales son: abandono del lema J. E. L. y propugnar la República como única forma de gobierno en España compatible con las libertades que defiende. Intenta conseguir para Navarra, unida al resto del País Vasco, el Estatuto único. En el orden religioso se define como aconfesional. Respecto a los problemas económico-sociales, defiende los derechos del proletariado. Y en el aspecto cultural pretende la difusión y el abaratamiento de la enseñanza hasta hacerla gratuita, abogando por la inmediata formación de la Universidad Vasca. Acción Nacionalista Vasca fue en la práctica un movimiento integrado por intelectuales y pequeños burgueses, sin muchos seguidores. En las elecciones municipales de 1931 se alió con Republicanos y Socialistas, sin lograr en Navarra ningún concejal. En 1935 ingresó en el Frente Popular. La guerra civil supuso el final de Acción Nacionalista Vasca.

Hay que decir, en primer lugar, que, en Navarra, no se produjeron enfrentamientos bélicos durante los tres años de la guerra, pues no podemos considerar como tales los escasos conatos producidos en algún pueblo de la Ribera los primeros días del levantamiento. En segundo lugar el papel del voluntariado navarro resultó decisivo para que la rebelión militar contra el Gobierno de la República legalmente constituido pudiera mantenerse primero y triunfase más tarde, cuando el fracasado pronunciamiento dio paso a la guerra civil. El avance de las tropas navarras (con su gran contingente de voluntarios, en su mayoría requetés carlistas) sobre Gipuzkoa y la frontera de Irún y sobre Madrid fue determinante para el éxito posterior de los rebeldes. Las instituciones del poder civil navarro, Diputación y ayuntamientos, se mantienen, en tercer lugar, en las mismas manos. Garantizan desde la retaguardia el esfuerzo bélico de los combatientes con los recursos materiales, políticos y económicos que canaliza la Diputación Foral.

En cuarto lugar y contra la opinión extendida durante muchos años, es preciso tener en cuenta que no todos los navarros apoyaron la rebelión militar y que en la católica Navarra se desató una brutal represión, en cuyo balance hay que contar más de 2.500 personas muertas (en su mayoría dirigentes o militantes riberos de los partidos de izquierdas o de organizaciones obreras), desde los primeros días de la guerra. Navarra, pues, destacó por su actuación en la guerra civil. Desde aquí el general Mola (el Director), que había llegado a Pamplona a mediados de marzo, dirigió y ultimó la conspiración militar. Aquí también los carlistas, la fuerza hegemónica de las derechas y cuyas milicias armadas, los requetés, hacían entrenamiento militar por los montes navarros desde meses antes, preparaban su propio levantamiento y en pocas horas pusieron en pie de guerra el 19 de julio a miles de ellos.

  • Organigrama de la J.C. de guerra de Navarra

"Con el fin de facilitar la movilización del partido, queda constituida la JUNTA CENTRAL DE GUERRA en la forma siguiente: Presidente Honorario, Don Joaquín Baleztena Azcárate. Presidente efectivo, Don José Martínez Berasain. Por la Merindad de Estella, Don José Gómez Itoiz. Por la Merindad de Pamplona, Don Víctor Eusa Razquin. Por la Merindad de Tafalla. Don Marcelino Ulibarri Eguiluz. Por la Merindad de Tudela, Don Víctor Morte Celayeta. Esta junta se subdividirá en otras de Merindades en la siguiente forma:

Organigrama
Merindad de Aoiz:Merindad de Tafalla:
Presidente: D. Félix IriartePresidente: D. Pedro Berruezo
Vocal: D. Celedonio ErdozainVocal: D. Antonio Arbona
Vocal: D. Amadeo Marco.Vocal: D. Esteban Martínez Vélez
Merindad de Estella:Merindad de Tudela:
Presidente: D. Jesús BarbarinPresidente: D. Ramón Añón
Vocal: D. Jesús LarrainzarVocal: D. Agustín Sánchez
Vocal: D. Jaime Balanzategui.Vocal: D. José López Sanz
Merindad de Pamplona:
Presidente: D. Blas Inza Cabasés
Vocal: D. Ricardo Arribillaga.

Lo que diferencia a Navarra de otras provincias de similares características en las que tampoco hubo frentes de guerra, es el masivo apoyo popular que encontraron aquí los rebeldes. Esta singularidad no estriba en que la provincia aportara un mayor número de combatientes (pues la cifra total de los movilizados es parecida a la de las otras provincias al final de la guerra), sino en que casi la mitad de los movilizados en los tres años de guerra lo hicieron como voluntarios en tercios de requetés o en banderas de Falange, como puede verse en el cuadro siguiente:

Voluntarios
PamplonaEstellaTudelaSagüesaTafallaTotal%
Requetés3.3102.5721.1181.9302.13911.06928
FE1.2552.0831.3126901.5796.91917
Otros64530325109-
Vol. Ejér.291552255432481.4894
Sin Reemplazo6.5474.3683.9413.2762.22320.36551
Sin datos4524182150158-
Total11.4549.6446.6746.0636.27440.109100

Cerca de 20.000 navarros -cifra importante, pero muy alejada de los 40.000 0 70.000 requetés voluntarios que llegaron a barajarse con fines propagandísticos-, la mitad del total de los combatientes, salieron voluntarios. Once mil de ellos se incorporaron entre el 19 y el 31 de julio de 1936, el 63 % como requetés, el 38 % como falangistas y el 7,5 % directamente al ejército. En el cuadro se aprecia el mayor peso de los voluntarios carlistas en todas las Merindades, excepto la de Tudela, donde son más los falangistas, (véase Falange). En esta Merindad son más los incorporados a partir de agosto que los de los primeros días de la guerra; por el contrario en las otras Merindades los voluntarios del 19 al 31 de julio doblan (Estella, Sangüesa, Tafalla), o casi (Pamplona) a los incorporados después de esa fecha. Con Falange en la Merindad de Tafalla y otros pueblos de la Ribera estellesa, ocurre lo mismo que en la de Tudela en general. Lo que indica, como he podido comprobar documentalmente, que una parte de los voluntarios falangistas militaban antes de julio de 1936 en partidos u organizaciones sindicales de izquierda y se incorporaron a Falange para escapar a la represión desatada.

Otro de los puntos que caracterizan la situación navarra es el mantenimiento en las mismas manos de toda la estructura del poder civil: la Diputación y los ayuntamientos, aunque en 71 de los 267 que tenía Navarra (27 de menos de mil habitantes y 44 de más de mil, entre ellos Tudela, donde tenía mayoría el Frente Popular, Pamplona, Estella y Tafalla) debieron ser destituidos y sustituidos los concejales. Se crearon, además, organismos de poder paralelos, como la Junta Central Carlista de Guerra -y poco después Juntas de Merindad y Locales-, que operaba desde el palacio de Diputación. La Administración Foral se pone inmediatamente al servicio de los sublevados y prosigue su actuación con la garantía expresada en el bando de Mola de mantener "en todo su vigor el actual régimen foral". Desde Diputación se canaliza la ayuda material y económica, que ha de añadirse a la elevada contribución de los navarros en vidas humanas: 4.293 muertos y 144 desaparecidos a lo largo de los tres años de guerra, el 11 % de los movilizados.

En los primeros días de la guerra, y por orden de Mola, la Diputación concede un crédito de dos millones de pesetas para atender las necesidades del ejército rebelde y otras ayudas económicas; lo mismo que hicieron empresas y particulares, recogiendo oro y dinero o entregando comestibles en tanta cantidad que se hizo preciso recomendar que no enviasen más. Diputación que, además, tomó medidas para garantizar la recogida de las cosechas y acordó conceder un susbsidio a las familias de los voluntarios, más adelante de todos los combatientes. Desde el 20 de julio de 1936 hasta julio de 1938 se había atendido a más de 8.000 familias, con un coste de 17 millones de Ptas.; para hacer frente a ese gasto se implantó el Impuesto Transitorio de Guerra. En este período inicial la Diputación legisla y toma acuerdos relacionados sobre todo con los problemas religiosos y educativos: se repone el crucifijo en las escuelas, se restablece la Compañía de Jesús, se acuerda la exención impositiva del culto y clero, se declara la obligatoriedad de la enseñanza religiosa en las escuelas y se constituye la Junta Superior de Educación, que se hará cargo de la educación en Navarra y, en especial, de la depuración del magisterio navarro.

Las derechas navarras hablan de lograr la plena reintegración foral; en tal sentido se realiza el restablecimiento de la JSE; pero poco más se avanzará en esa dirección. Progresivamente y conforme el nuevo Estado franquista se vaya consolidando aumentarán los conflictos entre la Diputación y el Estado (conflictos que se resolverán siempre en beneficio del común interés por ganar la guerra), que dejará notar su primacía. Finalmente Diputación comprenderá que su mayor interés reside en conservar su peculiar régimen "foral" y a ello se aplica. Sin embargo no todos los navarros reaccionaron de igual manera, ni apoyaron a los rebeldes. Los votantes del Frente Popular Navarro (un 22 %, cerca de 35.000 personas) en modo alguno les apoyaron. Más dudas se plantearon inicialmente entre los nacionalistas (un 9 % de los votos, 14.000 personas), algunos de cuyos miembros como Manuel de Aranzadi o Ramón de Goñi, se dieron de baja en el partido al haber escuchado un llamamiento del mismo en Guipúzcoa a adherirse al Frente Popular. La prensa recoge una nota del NBB en la que rechaza estar unido "al Gobierno en la lucha actual" y repudian la declaración de adhesión al Gobierno aparecida en otros periódicos vascos.

La represión se abatió inmediatamente sobre las izquierdas navarras, singularmente sobre los campesinos y jornaleros de la Ribera. Novecientos fueron asesinados o fusilados en julio y agosto y más de dos mil entre julio y diciembre de 1936. La represión, cuyo alcance magnificaron algunos autores en la inmediata postguerra elevándola a 7.000 muertos (Iturralde) o han pretendido minimizar otros (Del Burgo, Salas Larrazabal), alcanzó a más de 2.500 personas que dejaron su vida en las cunetas y campos de la provincia o fueron sometidos a ejecución sumaria. Pero también alcanzó a otros muchos, hombres y mujeres, que hubieron de abandonar sus trabajos, pasaron años de cárcel o sufrieron otro tipo de vejaciones. Las muertes brutales que se produjeron en Navarra eran toleradas, aceptadas y, en cualquier caso, bien conocidas por las autoridades civiles (Diputación, Gobierno Civil), militares y eclesiásticas, y desde luego por los partidos políticos, carlistas y Falange. Sin embargo, no se produjo ni una sola detención, ni un solo procesamiento sobre alguno de los componentes de las cuadrillas de pistoleros que asolaron la Ribera.

Y eso que el Gobierno Civil y la autoridad militar llamaron oficialmente la atención sobre detenciones y muertes habidas en la provincia. Bastante tarde, el 15 de noviembre, cuando habían muerto ya más de 1.500 personas, el Obispo Olaechea se animó por fin a reclamar que no hubiera más derramamiento de sangre. Casi el 40 % de los asesinados navarros eran jornaleros y de los que se conoce su afiliación la mayoría pertenecientes a las izquierdas (36 % a UGT, 37 % de izquierdas sin especificar, 9 % a la CNT, 7 % socialistas y de IR, 2 % comunistas y 1 % nacionalistas). La Ribera fue la zona más castigada, por eso las merindades en las que se contabilizan más muertos son Estella (747), Tudela (689) y Tafalla (498), sobre un total de 2.564. Una comparación gráfica entre los municipios en los que triunfó el Frente Popular y aquéllos con un índice por mil mayor de asesinados, da una idea precisa de cómo la represión, planificada por tanto, tiene relación más que estrecha con los pueblos de mayoría de izquierdas y con el problema de la tierra, tan sentido en la Ribera navarra durante el primer tercio del siglo XX.

APB

Al producirse el alzamiento, por iniciativa de Manuel de Irujo se decidió que el Partido Nacionalista Vasco seguiría defendiendo la República. Durante el período de la guerra civil, la organización del PNV en Navarra careció de actividad, salvo el auxilio dispensado a los combatientes por las Emakumes. En 1936 el nacionalista Manuel de Irujo fue nombrado ministro en el gobierno de coalición de Largo Caballero. Aunque le ofrecieron la cartera de Obras Públicas, prefirió ser ministro vasco sin cartera (septiembre 1936 a marzo 1937). En el gobierno de Negrín pasó a ser ministro de Justicia de marzo 1937 a diciembre de ese año en que dimitió. En abril de 1938 volvió a desempeñar el cargo de ministro sin cartera hasta agosto de 1938, fecha en que dimitió solidarizándose con el ministro catalán Aguadé que lo había hecho por haber presentado Negrín tres Decretos contra la Generalitat de Catalunya. El final de la contienda con la derrota de las fuerzas republicanas, supuso el principio del exilio para unos y la entrada en la clandestinidad para el resto de los afiliados al Partido Nacionalista Vasco de Navarra. Esta clandestinidad produjo una gran dispersión que acabó con la actividad nacionalista, a pesar de existir un Napar Buru Batzar.

  • Carlismo

Las bases sociales del franquismo, agrupadas en su gran mayoría en Navarra en torno al carlismo, fueron poco a poco desgajándose. Dentro del carlismo navarro podemos distinguir tres tendencias:

a) D. Juan III.
b) D. Carlos VIII.
c) La Regencia.

Durante los primeros años de la década de los 40, la candidatura de Carlos VIII irá consiguiendo mayoría de adeptos, disminuyendo por el contrario los de Juan III y manteniéndose en una posición discreta los partidarios de la Regencia. En general y a lo largo de estos años se observa una desorientación de la masa carlista y poca actividad en sus figuras más representativas, todo ello originado por el desconcierto que reinaba en el seno de la Comunión Tradicionalista, a la vista de las contrapuestas razones que cada uno de los tres grupos en que se hallaba dividido alegaba para justificar el derecho de ser candidato a la Corona de España. Entre los elementos tradicionalistas que apoyaban a Carlos VIII, podemos destacar a Amadeo Marco, Eladio Esparza, Jaime del Burgo o el concejal del Ayuntamiento pamplonés Juan Ciganda. En general su política es colaboracionista con el régimen imperante, y a este respecto son significativas las palabras de D. Carlos en una visita a Olite: "...manifestando el deseo de los carlistas una colaboración leal y honrada al Movimiento, sin reserva mental alguna, porque no hay nada fundamental que nos separe..."

Sin embargo, y a pesar de la fuerte propaganda de este grupo, este candidato carlista no llegará a calar en la masa carlista, que lo verá como un personaje impuesto por el "Movimiento" y, como tal, adversario de los principios de la Comunión Tradicionalista. Entre los partidarios de Juan III, podemos destacar al Conde de Rodezno. La postura de la Regencia será defendida por Manuel Fal Conde, que se manifestará en una activa propaganda hecha mediante el envío de cartas y circulares, en las que se criticará a D. Juan de Borbón, calificándolo de inadecuado para el cargo, al suponerle "contaminado de las ideas democráticas y liberales". Para el sector falcondista el "rey de todos los españoles lo ha de nombrar España por medio de las Cortes de la Regencia". Asimismo este sector no cejará en sus constantes críticas al Régimen.

  • Dualidad Carlismo-Falangismo

El 19 de abril de 1937 Franco firmaba el decreto de unificación de Falange Española y de las JONS y la Comunión Tradicionalista, en una entidad que pasa a denominarse Falange Española Tradicionalista y de las JONS. Organización que nacía con el propósito de "comunicar al Estado el aliento del pueblo y de llevar a este el pensamiento de aquél a través de las verdades políticas y morales, de servicio, jerarquía y hermandad". Sin embargo, en Navarra la mayoría de los tradicionalistas, aun cuando abiertamente no se mostrarán hostiles a FET y de las JONS, no sentirán como suyas las directrices del régimen franquista, constatándose que la fusión era incompleta, pues el sector Tradicionalista mantiene su apartamiento de la actuación de la Falange, sosteniendo una clara discrepancia de los puntos pragmáticos de la Falange. En general existe un fuerte grado de contestación que la masa tradicionalista adopta ante el régimen imperante. Muy pronto surgirán divergencias entre las dos fuerzas "exponentes del 18 de julio". Rivalidad que se iniciará en el mismo frente de batalla, pero que alcanzará su máximo enfrentamiento, una vez concluida la contienda, produciéndose incidentes y enfrentamientos entre ambas organizaciones.

El nombramiento de los cargos de una u otra fracción, la adopción de una u otra política, etc. , harán que pronto la situación alcance cotas preocupantes. Dentro de este ambiente, los sucesos acaecidos en Begoña, el 16 de agosto de 1942, adquieren connotaciones que hasta este momento no se habían producido y que tendrán gran influencia dentro del marco político navarro. Antes de que estos hechos se produjeran, el ambiente se había enrarecido con motivo de organizar los carlistas vizcaínos el 25 de julio de 1942 una misa en la iglesia de S. Martín de Abando a la memoria de Carlos V y sus descendientes. El acto será suspendido por las autoridades de Madrid, no así por el gobernador civil de Vizcaya D. José Garrán, que anteriormente había desempeñado la alcaldía de Pamplona. A pesar de la prohibición, tradicionalistas del País Vasco y Cataluña se manifestarán en Bilbao. Serán 4.000 personas encabezadas por cerca de 20 jefes y oficiales del ejército en uniforme.

La concentración concluirá sin más incidentes que los enfrentamientos verbales entre carlistas y falangistas. Estos acontecimientos pondrán sobre aviso a las autoridades falangistas, teniendo en cuenta que el 16 de agosto de ese mismo año debía celebrarse una concentración carlista en el santuario de Begoña. A este acto, acudían el general Varela, el subsecretario de gobernación Antonio Iturmendi, gobernador militar y civil; así como los alcaldes de Bilbao, Pamplona y San Sebastián, además de otras autoridades. En general se trataba de las figuras más representativas del carlismo en estos momentos a nivel político. Una vez finalizado el acto y a la salida del templo, el falangista Juan Domínguez arrojó una primera bomba de mano que no hará explosión, cosa que si hará una segunda que desviada por un brazo caerá entre la multitud e iba dirigida al general Varela. Como es lógico, la transcendencia que a nivel nacional tuvo el hecho fue mínima, (en la prensa no se recoge ninguna información sobre el suceso). Por otro lado ni la Falange ni el propio Franco condenaron lo sucedido. La entrevista mantenida entre el general Varela y Franco terminará en altercado y la destitución del primero que acusará a Franco de permisibilidad hacia la Falange.

La repercusión que estos hechos tendrán en el ayuntamiento de Pamplona será importante, al concluir con la sustitución del Sr. Echandi, así como de los concejales carlistas del ayuntamiento. Antes de llegar a esta situación y una vez producidos los hechos, tendrá lugar una reunión en Bilbao entre los alcaldes de Bilbao, San Sebastián y Pamplona, donde se tomará la decisión de renunciar a sus cargos como medida de protesta por lo acaecido en Begoña. Esto recibirá una objeción por parte del alcalde de Pamplona Sr. Echandi: "no se podía dimitir como alcalde por una cuestión política, él se debía a Pamplona". La solución del Sr. Echandi era la de darse de baja en el partido de la unificación, con lo que automáticamente se le dará de baja en la alcaldía (era requisito imprescindible para ocupar el cargo el pertenecer al partido de la unificación). La reunión de Bilbao entre los alcaldes carlistas, tendrá su continuación en una reunión que los carlistas celebrarán en Pamplona, donde se planteará el tema. Las divergencias en el seno del carlismo, se pondrán de manifiesto entre los "dispuestos a colaborar con el régimen", como mal menor y los partidarios de una postura crítica. No obstante, se producirá la sustitución del alcalde de Pamplona, así como de los concejales que se solidarizaron con él.

En octubre de 1944, se producirán unos sucesos que van a dejar a la luz nuevamente las diferencias entre carlistas y falangistas y que acabarán con una serie de sanciones. Los sucesos se producirán con ocasión del entierro de Juan Larrea Zabala (tradicionalista muerto por los "maquis"), al acudir a la ceremonia un grupo de tradicionalistas con uniformes de requetés y dando gritos de "Viva el Rey". Las sanciones que les fueron impuestas, serán calificadas por el sector Falcondista como una persecución gubernativa, interviniendo el propio Conde de Rodezno para zanjar las diferencias existentes. (5 carlistas serán desterrados). Otros incidentes de gran relevancia, serán los producidos el 3 de diciembre de 1945 en la sede del Círculo Carlista y que originarán el cierre de éste por orden gubernativa.

  • Montejurra

A finales de setiembre de 1943 se iniciarán las peregrinaciones a los Santuarios de S. Miguel de Aralar y Montejurra, que se anunciaban como ensayos de concentración de elementos carlistas. Estas primeras peregrinaciones se reducían a la asistencia a misa y a reuniones de escaso número, guiados en general por ideales religiosos sin que en ningún momento se hiciera ninguna demostración de tipo político. Sin embargo, la romería a Montejurra se irá consolidando, pasando de ser "la exaltación religiosa de los que dieron su vida por Dios y por España" a ser una manifestación de claro matiz antigubernamental, alentándola Fal Conde y sus partidarios. Lo que originará en años posteriores enfrentamientos con los partidarios de D. Carlos que insistían en el hecho de que los carlistas debían prestar "una colaboración leal y honrada al movimiento".

  • El Régimen Foral

Navarra que desde el inicio del golpe militar, defenderá las tesis de los sublevados, recibirá como recompensa, no solo la Cruz Laureada de S. Fernando, otorgada el 8 de noviembre de 1937, sino una serie de concesiones que configurarán y permitirán el régimen "foral" navarro. Durante estos años las disposiciones legislativas respetarán generalmente la peculiaridad del régimen navarro, si bien a lo largo de estos años podemos constatar varios "contrafueros" promovidos por los gobernadores civiles. La Ley de Bases del Régimen Local los conciertos económicos o la Ley de Administración Local, son ejemplos de respeto a la "foralidad" navarra. Los órganos en los que durante estos años se sustentará el régimen navarro, serán la Diputación, el Consejo Foral, y el Tribunal Administrativo. La composición de la Diputación será de 7 miembros, elegidos por Merindades. El gobernador civil, representaba la presidencia de la Diputación, si bien será el Vicepresidente de la Diputación quien ejerza las tareas de poder, quedando el gobernador en un papel honorífico.

XMM

Se creó en México a finales de 1945 como organismo provisional representativo de Navarra hasta tanto se restableciera la legalidad democrática en Navarra. Lo presidió Constantino Salinas Jaca, ex presidente de la Comisión Gestora de la Diputación de Navarra socialista, y lo componían 7 republicanos que hubieran desempeñado cargos públicos en el régimen precedente. Se estableció en Bayona el 20 de setiembre de 1946 bajo la presidencia de David Jaime Dean; secretario, Vicente Navarro. Estas dos personalidades fueron sus mentores junto con Rufino García Larrache, ex diputado foral. La entidad mantuvo constante relación con el Gobierno Vasco, pero escasas, debido a las circunstancias, con el interior. Entre sus presupuestos políticos estaba la incorporación de Navarra a la Comunidad Autónoma de Euskadi siguiendo la legalidad marcada por la Constitución de 1931, cosa que había sido probada por el Parlamento republicano en el exilio de México el año de su creación.

Referéndum. En 1947 participó el pueblo navarro en referéndum para aprobar la Ley de Sucesión, en la que se establecía la monarquía como forma de Estado.

Referéndum
ElectoresVotaron
256.835241.440 (94,01 %)
Sí:234.793 (97,26 %)
No:3.095 (1.28 %)
Blancos:3.458 (1.46 %)
Abstención:15.395 (6 %)

Resultado elecciones municipales (alcaldes) 1948
(*). Filiación dada por el Servicio Nacional de Estadística.
5 (20-30)171 Labradores235 Militantes
59 (30-40)20 Comerciantes99 Tradicionalistas
85 (40-50)16 Industriales56 Apolíticos
78 (50-60)15 Obreros20 Falange Española
25 (60-70)7 Propietarios13 C.E.D.A
2 (70-80)6 Maestros10 No Afiliados
5 Ganaderos9 Adheridos
4 Empleados2 Repluc. Derecha
4 Prof. Varias1 Acción Popular
3 Abogados
2 Prof. Liberal
1 Militar

Resultado elecciones municipales (concejales) 1948
(*) Filiación dada por el Servicio Nacional de Estadística.
Fuente: Servicio Nacional de Estadística. Elaboraión Propia.
55 (20-30)1.129 Labradores1.105 Militantes
381 (30-40)116 Industriales475 Tradicionalistas
533 (40-50)52 Prof Varias412 Apolíticos
367 (30-60)38 Obreros377 Derechas
106 (60-70)30 Comercantes227 No Afiliados
4 (70-80)21 Empleados114 Adheridos
18 Ganaderos70 Falange Española
17 Propietarios59 C.E.Da
5 Abogados12 Republic. Izquierdas
4 Medicos9 Republic. Derechas
3 Maestros7 U.G.T.-P.S.
2 Militares2 Acción Popular
2 Monárquicos
1 Renovación Española

Resumen estadístico diputados elegidos en 1949 en Navarra
EdadProfesiónAntecedentes
1 (20-30)5 AbogadosTradicionalistas--
1 (30-40)1 LabradorFalange Española4
3 (40-50)1 Prof. LiberalDerechas1
1 (50-60)No Cita2
1 (60-70)

  • Economía y Sociedad

Durante este periodo de nuestro estudio, Navarra permanecerá sumida en un régimen claramente agrícola. Este retraso económico se reflejará en un crecimiento inferior a la media del Estado en lo referente a población. De 1940-1960 la población navarra pasará de 369.618 a 402.042. Durante estos años Navarra experimentará un importante éxodo de población lo que hará que el saldo migratorio sea claramente negativo. Por merindades la evolución de la población fue la siguiente:

Evolución
Merindades19401968
Pamplona142.109174.352
Aoiz46.62243.819
Estella73.85469.413
Tafalla46.21245.213
Tudela65.15369.245

En cuanto a la población activa, la encontramos agrupada en torno al sector primario, con porcentajes que duplican a los otros dos sectores. El trigo, la cebada, vid y olivo, así como un incipiente sector hortícola constituyen la base de este sector en las zonas Media y Ribera. En la montaña la explotación forestal y ganadera constituyen el núcleo fundamental de este sector. El sector secundario agrupa a industrias cárnicas y de grasas vegetales, transformados de la madera, etc. En general se trata de una industria muy diseminada, con poca actividad y de carácter artesanal en muchos casos. En la década de los 50, se empieza a configurar, lo que en la de los 60, será el gran desarrollo de la industria navarra.

Poblacion activa
Sector 1.ºSector 2.ºSector 3.º
194056,76%23,94%23,94%
195053,71%20,78%23,55%

Será a partir de 1950, cuando en Navarra se empiece a romper "la paz social reinante". Así en 1951 se producirá la huelga en Pamplona de obreros industriales, que se transmitirá a otras ciudades, como Estella o Tudela. En 1952 y a raíz de subidas de precios en alimentos de primera necesidad se producirán diversas manifestaciones. Igual ocurrirá en 1954.

Movimiento obrero. Navarra es escenario de un fuerte desarrollo económico desde los años sesenta. La provincia deja de tener un carácter fundamentalmente agrario al desarrollarse una importante industria, que se nutrirá, en cuanto a mano de obra, sobretodo, de aquélla que deja el sector primario. La población activa de éste pasa del 44 % del total en el año 1960 al 17 % en 1975. El saldo migratorio cambia de signo y la población se concentra en Pamplona y en las cabeceras de comarca. En esta transformación, el cambio de mayor peso social es el producido por la aparición de una nueva clase obrera que con el paso de los años se muestra decidida a defender sus derechos y reivindicaciones en el marco político del franquismo. Navarra va a ser escenario de una importante conflictividad social a partir de finales de la década de los sesenta. Ya en las primeras huelgas aparecen algunas de las características más relevantes del movimiento obrero navarro. Se trata de la solidaridad, combatividad y organización. Y es respecto a esta última donde se encuentra una de las especificidades de Navarra. En los años sesenta y setenta, se denota de forma especial y contrariamente a lo que sucede en otras zonas del Estado, la falta de influencia de las organizaciones clásicas de la izquierda, como el PCE y el PSOE, y en parte debido a ello, importantes sectores de la oposición sindical y política se desarrollan en tomo a las ramas obreras de organizaciones apostólicas (HOAC, JOC, VOJ, AST), que con el paso de los años evolucionan conforme participan activamente en el movimiento obrero y en la oposición política, y sobre todo, en el desarrollo de Comisiones Obreras. Así pues, grupos obreros cristianos sindicalistas se transforman políticamente adoptando concepciones marxistas en un primer momento y leninistas posteriormente. Una organización de las mencionadas, AST se transforma de organización sindical en organización política, adoptando el nombre de ORT.

Este partido, de tendencia maoísta, tiene durante varios años gran influencia en sectores obreros y populares, acompañado de otros como MCE, PTE y LCR, con quienes confluye en Comisiones Obreras. Otras fuerzas sindicales, o no tienen apenas presencia, o aparecen muy tardíamente. Es Comisiones Obreras la organización más desarrollada con diferencia, y donde se agrupan trabajadores con independencia de su ideología y pertenencia política. La mayoría de las huelgas y manifestaciones obreras de los años setenta fueron inspiradas, coordinadas y dirigidas por esta organización. Otros sectores populares tuvieron protagonismo en los años finales del franquismo, especialmente los estudiantes y el movimiento ciudadano, que se dotaron de sus organizaciones respectivas, los Comités de Estudiantes de Navarra y las Comisiones de Barrios. Aunque la conflictividad social tiene un crecimiento sostenido a partir de finales de los sesenta, su punto álgido se da en el período que va de junio de 1973 a junio de 1977. Sin embargo, antes, en los años 1951 y 1956, en plena autarquía, hay dos momentos huelguísticos en razón, sobre todo, de los bajos salarios y la carestía de la vida.

A partir de 1966 y con la huelga de Frenos Iruña, Eaton y Super Ser, el movimiento obrero entra en una dinámica organizada, no espontánea, que tendrá como hitos la lucha contra los topes salariales, contra la Organización Sindical y por las mejoras económicas y de condiciones de vida y trabajo. En el año 1971, una vez aprobada la Ley Sindical, las Elecciones Sindicales son boicoteadas por la oposición organizada que intenta levantar una estructura representativa de los trabajadores al margen del Sindicato Vertical. Tras un período de transición destacan los conflictos de Torfinasa, finales de 1972, durante el cual se secuestra a Felipe Huarte, y el de Motor Ibérica, cuya huelga dará lugar a la Huelga General de Navarra, de los días 14 al 22 de junio de 1973, suponiendo un salto cualitativo por la extensión e intensidad del paro efectuado en solidaridad con la empresa antes citada.

En 1974 tiene lugar un "otoño caliente" que empieza con la negociación general de una plataforma reivindicativa propuesta por Comisiones Obreras, pasa por la jornada de lucha del 11 de diciembre por las libertades democráticas y contra la carestía de la vida que se realiza a nivel de Euskadi y termina con otra Huelga General en enero de 1975 en solidaridad con la empresa Potasas de Navarra y los cientos de despedidos habidos desde el comienzo de los conflictos, el 15 de noviembre. En 1974, otras huelgas importantes son las de Authi (Automóviles Morris) que dura 30 días y la de Villanueva que dura 100. En el año 1975 se celebran Elecciones Sindicales. La táctica de las organizaciones sindicales y políticas es de participar, de ir al copo, de forma que la estructura de la Organización Sindical, y en concreto el Consejo de Trabajadores de Navarra va a estar compuesto por sindicalistas progresistas, muchos de ellos miembros de Comisiones Obreras. Esto marca un nuevo marco organizativo del movimiento obrero, que a través de cauces legales promueve el llamado Convenio General de Navarra (el primero de este género que se intentaba sacar adelante en todo el Estado), que no pretendía sino crear unas mínimas condiciones en cuestión de salarios y de condiciones laborales a nivel provincial. En el transcurso de las movilizaciones de estos años se asumen también reivindicaciones que son reflejo de un aumento de la conciencia nacional. Momentos de gran movilización se dan con motivo de los fusilamientos de miembros de ETA y FRAP (septiembre 1975), sucesos de Vitoria (marzo de 1976), Montejurra (mayo 1976), la batalla por la amnistía total y en solidaridad con otros acontecimientos al generarse respuestas antirrepresivas.

Respuestas antirrepresivas
ConflictosEmpresas
afectadas
Horas perdidas
(millones)
19714027776,167
19724830359.634
197357321,874,927
19741681362.395.934
19751611061.731.111
1976------4.321.572
1977 (6 meses)------3.286.242

Nótese el auge a partir de 1973 (H.G. de Motor Ibérica), el crescendo de 1974, la posterior caída de 1975, y el fortísimo ascenso de 1976, año en el que en los dos primeros meses se perdieron tantas horas como en 1975. Las Elecciones Generales de 1977 cortan, inicialmente, un proceso conflictivo de gran envergadura. Los meses de mayo de 1977 con 1.616.825 horas no trabajadas, y diciembre de 1976 con 1.811.435, son los meses más conflictivos de este período. El sector industrial más conflictivo es el del metal, con un índice del 40 % de total conflictos. La motivación varía con los años; mientras hasta 1972 era fundamentalmente de tipo laboral, a partir de este año la motivación más importante es la solidaridad en su más amplio concepto. La conducta fue el paro total en el 73 % de los conflictos, y la intensidad del paro entre 1 y 4 días en el 62 % de los conflictos. A medida que la conflictividad fue más intensa, se produjo una politización, observándose la existencia de dos períodos claramente distintos:

Períodos
1963/671963/74
Motivaciones profesionales-económicas44%25%
Motivaciones negociación colectiva15%20%
Motivaciones solidaridad política4%45%

JIA

En 1960 se constituyó en Pamplona la Real Sociedad de Amigos del País, entidad cultural que, a partir de 1965 y aunque se autodenominara apolítica, vino a ser de una forma camuflada el Partido Nacionalista Vasco en Navarra. Consiguió ciertos logros: instalación de la primera Ikastola, primera misa en euskera, restauración de los Coros de Santa Agueda, el establecimiento de un museo etnográfico y la creación de la Academia de Cultura Vasca. Dentro de esta sociedad surgió en 1967 Eusko Basterra, sección de juventud con una intención cultural vasquista y de activismo político. En 1968 ante su radicalización, los dirigentes de Amigos del País, decidieron disolverla. Algunos de los jóvenes que quedaron fuera se integraron en EGI (Eusko Gastedi Indarra). EGI era una agrupación de jóvenes vasquistas que se había organizado en Pamplona a principios de 1960 y que no adquirió cierta fuerza hasta el Aberri Eguna de 1967. Dos de sus miembros, Jokin Artajo y Alberto Azurmendi murieron dicha fecha -6 de abril- al explotarles una bomba que manipulaban en el interior de un automóvil. De esta agrupación surgió EGI Batasuna que no tardó en confluir hacia ETA, organización nacionalista que ya se había desarrollado en Navarra. Caso aparte es el de ELA-MSE que arraigó en Navarra entre 1967 y 1968. Tras el cambio de régimen producido a raíz de la muerte de Franco, el Partido Nacionalista Vasco se presentó a las elecciones generales de 1977 en coalición con otras fuerzas políticas navarras (ESEI, PSOE), resultando elegido senador el nacionalista Manuel de Irujo. Las células de ELA-MSE abren paso y engendran al reunificado sindicato ELA-STV.

La inserción de NavarraF en el estado de las autonomías reviste unas características diferenciadoras derivadas de su peculiar situación jurídica desde 1841 y de la polarización, cada vez más acentuada, de las fuerzas políticas en torno a la cuestión de la adhesión o no del ex-reino a la construcción de una comunidad autónoma vasca, junto con alaveses, guipuzcoanos y vizcaínos. La desorganización de la izquierda y del nacionalismo durante los primeros comicios democráticos del 15 de junio de 1977 va a favorecer, Hondt mediante, a la derecha tradicional Navarra, en su mayoría procedente del anterior régimen, que, bajo la forma de UCD, va a conseguir 6 escaños frente a los 2 del PSOE y 1 del Frente Autonómico compuesto por PNV-PSOE y ESEI (el senador Manuel Irujo)

Transición política
(1) Coalic. de EHAS, EIA, OIC y MC.
CandidaturaVotos% sobre
válidos
Escaño
Unión de Centro Democrático (UCD)75.03629,13
Partido Socialista Obrero Español (PSOE)54.72021,222
Agrupación de Electores "Union Navarra de izquierdas" UNAI (1)24.4899,5--
Alianza Foral Navarra (AFN)21.9008,49--
Coalición "Unión Autonomista de Navarra" (PNV, ESB, ANV)18.0797,01--
Agrupación Electoral de Trabajadores de Navarra (ORT)13.1955,12--
Agrupación Electoral "Frente Navarro Independiente" (FNI)10.6064,11--
Agrupación Popular Navarra de la Federación de la Democracia Cristiana (APN)10.4504,05--
Agrupación de Electores "Montejurra"8.4513,28--
Coalición "Frente Demócratico de Izquierdas"6.6312,57--
Partido Socialista Popular de Euskadi (PSP)6.6292,57--
Partido Comunista de Euskadi (PCE)6.3192,45--
Frente por la Unidad de los Trabajadores (FUT)1.3610,53--
TOTALES257.8661005

La falta de fuerza del nacionalismo queda patente además, aunque más atenuada, en los resultados obtenidos en Navarra en el Referéndum sobre la nueva Constitución celebrado el 6 de diciembre de 1978. Frente al rechazo de la misma en Álava (42,33 % de síes), en Gipuzkoa (27,75 %) y Bizkaia (30,93 %), el resultado en Navarra fue positivo:

Resultado
sobre un censo de 361.714 electores
Abst. Est. Español: 32,23 %
Votos240.817 (66,58 %)Abstención120.897 (33,42 %)
No40.844 (11,29 %)Blanco17.732 (4,90 %)
182.241 (50,38 %)Abstención y No161.741 (44,72 %)

(La abstención y el no fueron preconizados por los nacionalistas vascos).

Las cifras indican asimismo una importante diferencia intraprovincial ya que la abstención sólo alcanzó el 20 % en la Ribera, el 30 en la zona central, el 39 en Pamplona y el 41 en la Navarra húmeda del Norte. El resultado de 1977 va a ser decisivo a la hora de negociarse el régimen preautonómico. El 4 de enero de 1978 un decreto-ley instaura tal régimen al que tienen derecho a acogerse las cuatro provincias vascas del estado español, y, un segundo DL establece que en Navarra tal iniciativa debe de ser precedida de un referéndum. A partir de esta primera valla, UCD de Navarra va a conseguir sembrar la vía autonómica unitaria de obstáculos que se concretizarán, en la Constitución de 1978 bajo la forma de una Disposición transitoria cuarta que consagra la citada exigencia referendaria previa:

1.º En el caso de Navarra, y a efectos de su incorporación al Consejo General Vasco o al régimen autonómico vasco que le sustituya, en lugar de lo que establece el artículo 143 de la Constitución, la iniciativa corresponde al Organo Foral competente, el cual adoptará su decisión por mayoría de los miembros que lo componen. Para la validez de dicha iniciativa será preciso, además, que la decisión del Organo Foral competente sea ratificada por referéndum expresamente convocado al efecto, y aprobado por mayoría de los votos válidos emitidos. 2.º Si la iniciativa no prosperase, solamente se podrá reproducir la misma en distinto periodo de mandato del Organo Foral competente, y en todo caso cuando haya transcurrido el plazo mínimo que establece el artículo 143.

A la cual hay que añadir el art. 2 del Estatuto de Gernika que establece el requisito de un Referendum posterior aprobatorio del Estatuto cuadriprovincial. En esta fase del proceso nos hallamos con que Navarra va a ser la única provincia del Estado que para acceder a la autonomía constitucional debe de efectuar dos referéndums.

(Lorafna), (1979-1982). El 26 de enero de 1979 un RD regula las próximas elecciones locales y pone en marcha la ordenación de las Instituciones vascas convocando elecciones para un Parlamento Foral Navarro y Juntas Generales de las provincias vascongadas. La subida del nacionalismo-ya sea moderado (PNV), ya radical (HB, EE y agrupaciones independientes como Amaiur, etc.) -en todo el País Vasco se refleja asimismo en la relación de fuerzas de Navarra pero no servirá para romper, mediante la comprensión del Gobierno de UCD, el entramado de obstáculos arriba descrito. Las elecciones generales de 1979 traen como consecuencia una bipolarización todavía mayor de los nacionalismos español y vasco ya que el colchón socialista casi desaparece:

Elecciones generales del 1-III-1979
Congreso:3 UCD,
1 UPN (Unión del Pueblo Navarro, a la derecha de UCD),
1 PSOE.
Senado:3 UCD,
1 PSOE
(Censo Electoral: 363.713)
Ref. ESEI. Boletín n.º 6.
(1) Coalición de PNV, PT'E Y EE.
(2) Coalición de MC, OIC, LKI, IR.
UCD83.511 (32,47 %)PCE5.257 (2,14 %)
PSOE 55.126 (21,43 %)EMK2.971 (1,15 %)
UPN28.400 (11,04 %)LKI1.056 (0,41 %)
HB22.592 (8,78 %)LC704 (0,27 %)
NV(1)21.496 (8,35 %)IR512 (0,19 %)
EKA19.779 (7,69 %)PP212 (0,08 %)
UNAI (2)10.983 (4,27 %)Abstenciones: 29,3 %

Esta bipolarización se complica aún más en las elecciones locales para ayuntamientos y Parlamento Foral en las que izquierdas y nacionalistas vascos consiguen un número considerable de escaños:

Elecciones para el Parlamento Foral
de Navarra del 3-IV-1979
UCD20PNV3
PSOE15ORHI MENDI (Izq. y nac.)3
UPN13TIERRA ESTELLA (Izq. Y nac.)2
HB9AGRUPACI. TAFALLA (Izq. y nac.)2
UNAI (Izq. y nac.)1INDEP. FORALES1
CARLISTAS1

Y la composición resultante de la Diputación navarra -predominantemente UCD- añade un nuevo factor de complicación al cuadro postelectoral: 4 UCD, 1 PSOE, 1 HB, 1 ORHI MENDI. UCD ya no puede dirigir en solitario el ordenamiento futuro de la vida política navarra ya que tiene que contar con un Parlamento muy diversificado que puede cuestionar sus iniciativas. El 15 de junio se constituye en el PFN la Comisión de Régimen Foral encargada de regir el futuro institucional de Navarra mientras, en Madrid, los restantes parlamentarios vascos proceden a negociar y redactar el texto final del Estatuto de Guernica. Cómo y quién negocia con el Gobierno en Navarra y sobre qué bases, tal va a ser el nudo de la cuestión en los días sucesivos. Durante este período van a ser los socialistas los que arbitren la situación, decidiéndose, al final, por las posiciones políticas más cercanas a la derecha. No sólo apoyarán la vía del "amejoramiento del Fuero" (actualización de la ley de 1841 dentro del marco de la Constitución) sino que se escindirán del Partido Socialista de Euskadi formando una agrupación navarra.

El 20 de junio de 1980 la negociación del "amejoramiento" queda en manos de la Diputación mediante el dictamen de la Comisión del PFN que establece que "la Diputación Foral informará periódicamente a la Comisión de Régimen Foral del PF del estado de las negociaciones que deberá celebrar con el Gobierno". El 19 de diciembre comienzan éstas llevando la parte navarra una comisión negociadora compuesta exclusivamente por miembros de UCD y PSOE. El texto resultante será aprobado tres meses después por el PFN dominado por estas dos fuerzas. En el mismo se enumera la lista de facultades de Navarra, facultades cuidadosamente adaptadas a la LOAPA, en trance de redacción, y se erige a la Diputación en Gobierno de Navarra. No hace falta, en esta ocasión, ningún referéndum popular y el Estatuto unitario vasco es ignorado. El 30 de junio de 1982 el Congreso de los Diputados aprueba esta ley orgánica de "Amejoramiento del Régimen Foral de Navarra" conjuntamente con la LOAPA. Navarra queda así, pese al arcaísmo nominal del título, dotada de un estatuto moderno de autonomía uniprovincial (conforme al art. 143 de la Constitución), pero, no sancionado por medio de Referendum.

El problema de la identidad colectiva de los navarros. Como hemos podido constatar en las últimas páginas, a fines del siglo XVIII y a lo largo del siglo XIX comienza a efectuarse en Navarra una transposición del mero etnicismo a un cierto nacionalismo navarro, fenómeno obstaculizado de forma decisiva por la diferenciación jurídica que, beneficiando a Navarra en especial en los aspectos fiscales, crea en torno a sí una red de intereses muy estables. Esto hace que, pese a sentirse tanto o más vasco que otros habitantes de Euskal Herria, un número importante de navarros no desea pasar a formar parte de la misma comunidad política que las Vascongadas. La encuesta Data analizada por Linz (Conflicto en Euskadi, 1986) da cuenta de la ambigua posición de los navarros en relación con su identidad. 'Cuando preguntamos acerca de su identidad, ofreciendo como alternativas: navarros, tan navarros como vascos, más vascos que navarros, y españoles, encontramos que prácticamente todos los entrevistados se sentían capaces de dar una respuesta y que la identidad navarra es muy fuerte con una clara prioridad sobre la identidad nacional española.

Identidad elegida por los navarros por el uso de la lengua,
lugar de nacimiento e identificación subjetiva
A.- Navarro
B.- Tan Navarro como vasco
C.- Más vasco que navarro
D.- Español
E.- No contesta
ABCDE%
Vasco-parlante
- Clase trabajadora650396----183
- Case no trabajadora4503844-264,4
- Total5503952-477,4
No vasco-parlante
- Clase trabajadora5634522-18731,2
- Clase no trabajadora6030451-24741,2
- Total58324277-42472,4
Nacido fuera de Navarra
- Clase trabajadora4531---524-569,4
- Clase no trabajadora3311---356-274,5
- Total4118----8313,9
Total51317102-599100

Sorprendentemente sólo un 10 por 100 (cerca de un 5 por 100 de los que hablan vasco y otro 5 por 100 de nacidos en Navarra, pero que no hablan vasco) eligieron la identidad española, la cual es elegida por la mayoría de las clases medias inmigrantes españolas pero no por los trabajadores inmigrantes, que se identificaban bien como navarros (un 45 por 100) o quizá como un reflejo del hecho de vivir en zonas vascas, tan navarros como vascos (un 21 por 100). Una clara mayoría de la población no dudó en identificarse como navarros, especialmente entre los nacidos en la provincia que no hablan vasco y con una fuerza algo mayor entre las clases medias de dicho segmento de la población. Existe, no obstante, una minoría importante, el 31 por 100, que se siente tan navarra como vasca, una proporción obviamente mayor entre la minoría vasco-parlante, alrededor de un tercio de la clase trabajadora navarra que no habla vasco y uno de cada cinco entre los inmigrantes. Nos encontramos aquí con otro caso de doble identidad con todas sus ambigüedades y ambivalencias.

Es difícil saber cuál es exactamente el sentido de esta doble identidad, 'tan navarro como vasco', identificarse como un ente colectivo histórico como Navarra y con una comunidad étnica que progresivamente se define a sí misma como una nación que aspira al status de nación-estado. Muy pocos de los nacidos en la región que no hablan vasco se identifican más como vascos que otra cosa, alrededor de un 5 por 100, lo que representa una pequeña proporción de la población, dado que el 70 por 100 de la misma ha nacido en Navarra y no habla vasco (y más si incluimos a los inmigrantes). Sólo entre una minoría, no olvidemos el 8 por 100 de vasco-parlantes, se encuentra una gran pluralidad -cerca del 40 por 100- que se identifica como más vasco que cualquier otra alternativa. Por tanto, la proporción de los que se definen sólo como vascos en la población de Navarra es sólo del 7 por 100. La gran cuestión de la identidad de Navarra sólo tendrá respuesta si ese importante 31 por 100 que siente una doble identidad tiene que tomar una decisión final entre una identidad navarra y una identidad vasca; es esta elección la que crea el problema navarro y lo hace tan imprevisible.

Votos en las Elecciones Legislativas de 1979
segun identidad nacional en Navarra
Identidad
Nacional
Votos
TotalHBEEPNVExtrema
Izq.
PCEPSOE
Navarro51122018273347
Tan vasco como navarro31574073555635
Vasco7292059---2
Español10220591114
No Contesta2------------------
Total5995152211992
Identidad
Nacional
Votos
TotalUCDCDOtrosNo votoNo
contestaron
Navarro518150564163
Tan vasco como navarro31233443721
Vasco7---8---96
Español10168---108
No Contesta21------22
Total599991225123145

Si volvemos a las respuestas a la pregunta sobre la identidad de los que apoyaron a los diferentes partidos en las elecciones de 1979, encontramos que la correlación entre el voto a los partidos vascos y la identidad está lejos de estar clara. Ciertamente pocos de los que votaron a los partidos nacionalistas se identifican como españoles, pero no se sienten abrumadora aunque sí desproporcionadamente sólo vascos; una mayoría se siente por igual vasca y navarra especialmente entre los votantes del PNV, y una minoría insignificante se identifica sólo como navarra, también especialmente entre el electorado del PNV. El hecho de que un tercio de los que apoyaron a UPN, el partido más identificado con la unidad de España y el más opuesto al nacionalismo vasco, se consideren tan vascos como navarros aunque una mayoría claramente se identifica como navarra, dice mucho sobre el sentido ambiguo de esta doble identificación. Una Navarra completamente autónoma dentro del Estado español no rechazaría sus componentes culturales y lingüísticos vascos aunque se opusiera en gran medida a las ambiciones separatistas de Euskadi.

En este sentido es paradójico que los partidos del centro del espectro político, PSOE y UCD, más que UPN, tengan el mayor número de seguidores que se identifican como españoles, pero no es sorprendente a la vista de que las zonas de Navarra en las que estos partidos obtienen la mayor parte de sus votos avanzan hacia el centro de España. El número de los que hablan vasco es naturalmente menor que el de los que dicen entenderlo, 8 por 100 comparado con 15 por 100. Pero aun así, entre los que apoyan a los partidos nacionalistas vascos en Navarra más del 60 por 100 dicen no entender la lengua. Prueba de lo divididos que están incluso aquellos cuyos lazos primordiales los definen como vascos es el hecho de que un tercio de los que apoyan al partido más anti Euskadi, el UPN, entiende la lengua. Se da una interesante diferencia entre los electorados de UCD y del PSOE en cuanto a identificación: un 81 por 100 de los seguidores de UCD han hecho una elección clara a favor de la identidad navarra.

Siguen en esto la posición tomada por el portavoz intelectual del partido, Jaime I. del Burgo, en muchos de sus escritos. Los seguidores del PSOE muestran la heteregoneidad de su electorado aunque sólo dos de entre los noventa y dos entrevistados se identifican como vascos y un 35 por 100 tan vasco como navarro. Sin embargo, añadiendo el 47 por 100 que se identifica como navarro y el 14 por 100 que lo hace como español, la base electoral fundamentalmente no vasca del partido es evidente. En este aspecto parece existir una diferencia clara respecto a los seguidores del PCE y a los de los partidos de la extrema izquierda, entre los cuales predomina una doble identificación probablemente con una inclinación mayor hacia lo vasco. La gran parte de los que no votaron tienden bastante a dividirse en el mismo sentido que la población considerada en su totalidad. Los demasiado cautos como para contestar a la pregunta sobre su voto en 1979 están de forma apreciable menos dispuestos a definirse a sí mismos como vascos en mayor o menor grado, y el 63 por 100 opta por decir navarro. Dado que constituyen una gran proporción de nuestra muestra, cerca de uno de cada cuatro, la activación potencial de la identidad navarra en un referéndum hace que algunas de las predicciones sobre la incorporación de Navarra al País Vasco, basadas en el voto por los distintos partidos y en la posición de los mismos, sean arriesgadas.

Al evaluar la fuerza de los partidos nacionalistas vascos en Navarra no hay que olvidar que HB y EE representan no sólo una elección nacionalista vasca, sino también una ideología política alternativa sobre problemas sociales y económicos y que, en contraste con los votantes del PNV, los de HB y EE dan como razón para su voto las posiciones ante aquellos problemas más bien que el componente nacionalista. En la base de esta ambigüedad vemos factores topográficos, culturales y generacionales. Según una Encuesta de IPES de 1983 la sociedad navarra se halla bipolarizada entre dos bloques nacionalistas (español y vasco); el polo vasquista se hallaría en el Noroeste y estaría constituido por jóvenes de la clase obrera y euskaldunes, mientras que el polo españolista se hallaría en la Ribera, estando nutrido principalmente por adultos y agricultores. Entre los factores de desvasquización más importantes estarían las consecuencias de la escalada terrorista de ETA y la desatención a la lengua vasca por parte de las instituciones.

Elecciones generales del 28-X-1982
Congreso
Carlos Solchaga (PSN-PSOE)Jesus Aizpun (UPN-AP)
Jesus Malon (PSN-PSOE)Javier Gomara (UPN-AP)
Jesus Elio (PSN-PSOE)
PartidosVotos% sobre
válidos
Escaños
PSE-PSOE111.03237,413
UPN-AP73.64324,82
HB34.56311,64
UCD30.73110,35
PNV15.9995,39
CDS12.0834,07
EE8.2572,78
PC2.0240,68

Senado
Francisco Alava (PSN-PSOE)103.002
Victor Manuel Arbeloa (PSN-PSOE)102.097
Guillermo Fernandez (PSN-PSOE)99.713
Alfonso Añon (UPN-AP)72.836

Elecciones Sindicales
(n.° de delegados en las elecciones del 2.° semestre de 1982)
Fuente: EGIN del 29-I-83.
N.º ord.SindicatoNafarroaTOTAL
1ELA2604.647
2UGT4433.566
3NO AFILIADOS6392.783
4CC.OO.2682.752
5LAB87938
6OTROS SINDICATOS79821
7USO266656
8ELA (A)0206
9COAL. DE SINDICATOS0179
TOTAL DELEGADOS2.04216.548

Primer Gobierno de Navarra (1984). La puesta en vigor del Amejoramiento de 1982 se lleva a cabo durante los meses sucesivos a su aprobación. El 8 de mayo de 1983 tienen lugar las elecciones a Parlamento Foral de Navarra del que saldrá la nueva Diputación llamada I Gobierno de Navarra. Tras el triunfo socialista del año anterior en todo el Estado, el PSOE de esta comunidad obtiene también la mayoría:

PSOE: 20 escaños, (35,86 %) Gabriel Urralburu, V. Manuel Arbeola, Antonio Aragón, José Ramón Zabala, Miguel Angel Ancízar, Javier Asiain, José M.ª Ezpeleta, Camino Oslé, Javier Otaño, José Antonio Ruiz, Rafael Pérez Rivas, Arsenio Lebrero (ind.), Andrés de Miguel, Emilio Boulandier, Francisco J. Lora, M.ª Soledad Elizari (ind.), Pedro J. Ardaiz, Juan J. Paredes, Ramiro Maronez y F. J. Vital.

UPN: 13 escaños (23,45 %), Balbino Badós, Albito Viguria, Javier del Castillo, Rafael Gurrea, Antonio Andía, J.A. Zubiaur, Juan Cruz Alli, Luis Medrano, Andrés Basterra, Javier Gortari, José Javier Viñes, Andrés L. Escribano, José M.ª Los Arcos.

AP-PDP-UL: 8 escaños (14,16 %), José Luis Monge, Pedro Pegenaute, J.J. Catalán, P.J. de Miguel, J. L.. del Burgo, J.I. López, Calixto Ayesa, Lucio Jiménez.

HB: 6 escaños ( 10,69 %), Iñaki Aldecoa, F.7. Ilundain, Patxi Arce, A. García de Dios, Jesús M.ª Iraeta, Antonino Alemán.

PNV: (6,9 %), Iñaki Cabases, Fermín Ciaurriz, Pedro M.ª Barbería.

Durante casi un año Navarra va a estar sometida a una ininterrumpida crisis institucional. El nuevo PFN ejercerá sus funciones de forma provisional presidido primero por Juan Manuel Arza y luego por J.I. del Burgo. Una sentencia del Tribunal Constitucional (6-II-84) sobre el procedimiento de elección del Presidente cerrará por fin la crisis en la primavera de 1984. Gabriel Urralburu es nombrado Presidente y toma posesión de su cargo el 4 de mayo de ese año. Al día siguiente lo hacía su gabinete. El primer organigrama se completará en los meses siguientes.

Referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN del 12-III-1986. Frente al resultado favorable obtenido en el resto del Estado, Cataluña, Canarias y Euskal Herria votaron contra tal permanencia. En esta última los votos navarros fueron:

OTAN
N.º Votos%
Censo405..9765,05
Participantes247.70038,9
Abstención157.89746,09
Si99.30252,7
No131.5337,02
Nulos / Blancos17.865

Elecciones generales del 22 de junio de 1986
Votos%Escaños
96.18335,32
4.9001,81
37.93513,92
80.18629,42
7.1672,8
Diputados:
Carlos Solchaga y Luis de Velasco, PSOE;
Jesús Aizpún y Luis Medrano, UPN-CP;
Iñaki Aldekoa, HB.

Partido
PartidoSenadoresVotos%
PSOEFrancisco Alava91.80035
CP-UPNJulián Balduz91.38535
Pedro José Ardaiz89.97934.85
Jaime Ignacio Del Burgo79.40630,75

Elecciones municipales, al Parlamento Foral Navarro y
al Parlamento Europeo, del 10-VI-1987
MunicipalesPto. ForalEuropeas
PNV1.9262.6512.574
PSOE64.26278.33883.111
HB33.19438.11143.523
EA13.90019.82118.991
EE5.5639.6149.453
CDS15.09320.97827.540
AP7.26911.90372.755
UPN43.58769.311----
UDF7.27517.648----

Partido Socialista Obrero Español (PSOE): G. Urralburu; J.A. Asiain Ayala; M.A. Ancizar; J. Otano Cid; J. Malón Nicolao; C. Osle Guerendiain; A. Aragón Elizalde; J. Asiain Ayala; F. Tajadura Iso; R. Felonés Morras; M.D. Eguren; F. San Martín Sala; J.J. Arraiza Meoqui; M.S. Elizari Garayoa; J. Gómez Lara. Unión del Pueblo Navarro (UPN): J.C. Alli Aranguren; J.J. Viñes Rueda; B. Bados Artiz; R. Gurrea Indurain; J. del Castillo Bandrés; J.J. Marcotegui Ros; A. Basterra Layana; J.J. Pomes Ruiz; C. Villanueva Irurral; J.J. Manero Sainz; M. Sanz Sesma; F. Armañanzas; I.J. Gomara Granada. Herri Batasuna (HB): I. Aldekoa Azarloza; F. Aoiz Monreal; I. Iraeta Etxebeste; P. Erdozain Beroiz; S. Alemán Astiz; G. Arbeloa Suberbiola; M. Olite Ariz. Eusko Alkartasuna (EA): I. Cabases Hita; F. Irurzun Olaizola; F. Ciaurriz Gómez; G. Monreal Cía. Centro Democrático Social (CDS): J.A. Eder Esarte; P. García Tellechea; J.J. Otamendi; J.M. Martínez Peñuela. Euskadiko Ezkerra (EE): I. Osteriz. Unión Democrática Foral (UDF): J.I. Del Burgo; C. Ayesa Dianda; J.I. López Borderías. Alianza Popular (AP): M. Urquia Braña; J. Cruz Cruz.

Elecciones a Parlamento Foral del 26 de mayo de 1991
y comparación con las generales de 1989
Parlamento Foral 1991Elecciones Generales 1989
Censo:414.031Censo:406.441
Abstención:33,25 %Abstención:45,20 %

Ref. "El Diario Vasco", miércoles, 29 de mayo de 1991.
Partido%VotosEsc.%VotosEsc.
UPN+PP34,9195.6342033,292.2163
PSOE33,3491.3271931,1586.6772
HB11,2230.734611,0330.632-
EA5,5315.15834,8113.349-
IU4,0611.13025,7515.979-
EE2,135.833-2,877.949-
CDS2,055.626-718.538-
PNV1,13.017-0,922.562-
Otros4,3112.125-2,296.117-

El Gobierno de Navarra en el Derecho Estatutario. Siguiendo la Ley Orgánica de Reintegración y Amejoramiento del Régimen Foral de Navarra de 1982, las Instituciones Forales de Navarra son: a) el Parlamento o Cortes de Navarra; b) el Gobierno de Navarra o Diputación Foral; y c) el Presidente del Gobierno de Navarra o Diputación Foral (Título I, capítulo I, artículo 10). Al Gobierno de Navarra o Diputación Foral le corresponden: a) la función ejecutiva, comprendiendo la reglamentaria y la administrativa; b) la facultad revisora en materia administrativa o económico-administrativa, previa a la judicial; y c) las competencias que le atribuye la L.O.R.A.F.N.A. y las que puedan corresponderle con arreglo a otras leyes. Adoptarán la forma de Decreto Foral las disposiciones generales dictadas por la Diputación y la de Órdenes Forales las dictadas por sus miembros.

La Diputación velará especialmente por la defensa de la integridad del Régimen Foral de Navarra, debiendo dar cuenta al Parlamento de cualquier contrafuero que pudiera producirse (Título I, capítulo III, artículos 23 y 24). Una ley foral regulará la composición, atribuciones, régimen jurídico y funcionamiento de la Diputación, así como el estatuto de sus miembros (Título I, capítulo III, artículo 25). La Diputación Foral precisará de previa autorización del Parlamento para: a) emitir Deuda Pública, constituir avales y garantías y contraer crédito; b) formalizar Convenios con el Estado Español y con las Comunidades Autónomas; y c) ejercitar la iniciativa a que se refiere el artículo 39.2 de la L.O.R.A.F.N.A. (Título I, capítulo III, artículo 26). La responsabilidad criminal del Presidente y de los demás miembros de la Diputación Foral será exigible, en su caso, ante la correspondiente Sala del Tribunal Supremo (Título I, capítulo III, artículo 27). La Diputación Foral cesará tras la celebración de elecciones al Parlamento, cuando éste le niegue su confianza o apruebe una moción de censura, o por dimisión o fallecimiento de su Presidente. La Diputación cesante continuará en funciones hasta la toma de posesión de la nueva Diputación (Título I, capítulo III, artículo 28). Ver Presidente y téngase en cuenta la modificación de los artículos 29 y 30 por la Ley Orgánica 1/2001, de 26 de marzo.

Veáse el artículo Navarra. Derecho.

IEZ

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AEE 2012