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TUDELA (PATRIMONIO ARTISTICO Y MONUMENTAL)

Tudela tiene casi intacta su ciudad vieja, habiendo sabido delimitar, a tiempo, sus ensanches hacia Zaragoza. La ciudad vieja tiene su atractivo especial con el arabesco de sus calles retorcidas, angostas, moriscas, con sus casas de altas paredes y largos aleros que apenas dejan ver un cielo brillante. Plazas y plazoletas de trazado irregular, algunas formadas en solares de antiguas mezquitas (casos del Cofrete o de la Plaza Vieja) o de templos cristianos (San Salvador) e incluso creadas por el relleno del foro del recinto amurallado (Herrerías), crean puntos de luz donde convergen múltiples vías; por doquier casas-palacios de ladrillo dorado por el fuerte sol de su cielo o de piedras milenarias que sostienen, sobre sus arcos de medio punto, pesados escudos de armas de viejos hidalgos hacen de Tudela un museo de heráldica por su número y calidad. El número de templos es abrumador, sin contar los muchos desaparecidos en época no muy lejana, mostrando al paseante un inmenso bagaje artístico que recorre más de un milenio de riqueza creativa. Además de lo dicho hay que resaltar que cada vez que la piqueta desmantela muros o remueve el subsuelo salen a la luz bien arcadas de sillería ojivales en perfecto estado, bien restos de época musulmana, no siendo infrecuentes los hallazgos inesperados incluso de época romana.

Ver TUDELA (Voz índice).

La Catedral. La antigua Colegiata de Santa María, fue erigida en catedral en 1783, dependiendo antes de Tarazona. Construida sobre la antigua mezquita mayor del siglo IX, que en principio fue reconvertida para tal uso en 1121 y consagrada en 1149, fue más tarde subsustituida por la actual fábrica. Las obras se iniciaron hacia 1168; dedicada veinte años más tarde estando ya construida la cabecera y crucero, en 1204 fue consagrada. En la segunda mitad del siglo XIII seguían las obras a cargo de Domingo Pérez. El exterior es de sillería, estando los muros rematados por modillones de rollo con motivos vegetales estilizados tratados a bisel, procedentes de la antigua mezquita. Siguiendo los esquemas constructivos cistercienses de escuela hispano- languedociana, su planta en "T" presenta analogías con la abadía castellana de Valbuena y con la iglesia de La Oliva; de tres naves con cuatro tramos, crucero de cinco con el tramo central cuadrado. Arcos fajones apuntados con baquetones en las esquinas sostienen la cubierta, de crucería con nervios trebolados y claves decoradas con pámpanos y racimos. Abside central en hemiciclo entre pares de capillas, cuadradas las de los extremos. Los alzados se articulan por arcadas apuntadas de arquivolta exterior en punta de diamante sobre grandes pilares cruciformes con columnas en frentes y codillos, pareadas en los del crucero.
Templos. La Iglesia parroquial de la Magdalena es una edificación románica avanzada, de la segunda mitad del siglo XII, construida sobre un templo mozárabe que tras la conquista cristiana de la ciudad en 1119, pasó a manos de la iglesia pamplonesa y posteriormente a la de Tarazona. El exterior combina restos de sillería románica con ladrillo de las reformas renacentistas y barrocas; torre románica de planta cuadrada con arquerías de medio punto y coronamiento por cornisa de canecillos. La planta presenta nave única de eje desviado, dividida en 7 tramos. Su trazado irregular parece responder a la disposición mozárabe. Cubre con bóveda de medio cañón apuntada con arcos fajones de sección rectangular sobre semicolumnas; destacan los capiteles con representaciones de la vida de Cristo -en algunos casos de tradición iconográfica bizantina- y decoraciones vegetales, en los que aparece clara la mano del taller del claustro de la catedral. La fachada principal presenta la gran portada románica, relacionada asimismo estilísticamente con los artistas del claustro catedralicio. De medio punto con cuatro arquivoltas; la interior representa un apostolado y una anunciación, la central interesantes figuras de arpías entre hojarasca y el arco exterior, motivos geométricos y animales fantásticos. El tímpano presenta una Majestad inscrita en mandorla cuadrilobulada rodeada de Tetramorfos y está relacionado con el de San Miguel de Estella. Sobre la portada, cornisa sostenida por modillones con representaciones gremiales de gran interés iconográfico. La portada lateral, románica del último tercio del siglo XII, con buenos capiteles y decoración de las 3 arquivoltas con predominio de decoración geométrica. El retablo mayor de este templo, pieza monumental de mediados del siglo XVI es uno de los mejores conjuntos del primer Renacimiento en Navarra. Adjudicado en 1551 al sangüesino Juan Remírez, la mayor parte la llevó a cabo Domingo de Segura entre 1552 y 1556. De traza plateresca y estilo aragonés, deudor en gran parte del estilo de Yoly, consta de banco con cuatro cuerpos coronados por ático entre columnas y frontón, articulándose éstos con columnas exentas de capitel compuesto y fuste estriado con decoraciones en la parte inferior; sobre ellas frisos con grutescos y querubines. Las cajas del conjunto presentan numerosas imágenes de bulto, de manos diversas y desigual mérito, cabiendo destacar un Ecce-Homo y la Asunción de la Magdalena, así como un Crucificado del siglo XVI. A las reformas efectuadas en el siglo XVI corresponden las capillas de Santa Ana, de 1531, así como la bautismal y la de Nuestra Señora de la Esclavitud, estas dos construidas por Luis Garmendía en 1533, autor también del coro bajo. De época barroca son la de las Animas, obra de Juan Abós (1694) y la del Santo Cristo, que oculta una portada lateral cegada- románica y posee un retablo barroco de principios del siglo XVIII, dorado por Lucas de Olleta en 1726, así como una talla renacentista de la Magdalena y un lienzo de la Muerte de San José, atribuido a Berdusán. Al mismo artista caben asignar varias telas del retablo barroco de la citada capilla de Santa Ana, obra del círculo del retablista Sebastián de Sola; en el mismo se aloja una imagen de Santa Ana Triplex, buen trabajo flamenco del siglo XV. En la capilla de las Animas, junto a un retablo barroco dieciochesco, destaca la talla de San Blas, gótica de finales del siglo XIV o principios de la centuria siguiente. En el coro, diversos lienzos de la escuela de Berdusán, al igual que en la sacristía y en un pequeño museo habilitado en dependencias parroquiales, que custodia buenas colecciones de pintura barroca, tallas renacentistas y piezas de orfebrería con punzones tudelanos de los ss. XVII al XIX. Mención especial merece un cáliz de plata, gótico, de finales del XV con añadidos del XVI.

La Iglesia de San Nicolás fue una de las parroquias románicas de Tudela, cuyos orígenes datan de principios del siglo XII, constando documentalmente su donación a Oña en 1131. En este templo estuvo sepultado Sancho el Fuerte desde su muerte en Tudela en 1234 hasta su traslado dos años más tarde a Roncesvalles. Fue asimismo sede de importantes cofradías. La construcción primitiva, de la que sólo perdura el tímpano, fue románica, de una sola nave y cabecera semicircular. Fue reedificada en estilo barroco, habiendo llegado a nosotros la fábrica levantada en 1733. Esta presenta nave única de 5 tramos con cubrimiento por bóveda de cañón con lunetos y cabecera con cuarto de esfera. Muros perimetrales recorridos por cornisa moldurada sobre pilastras de orden toscano. Alojado en el ingreso principal, de doble medio punto enmarcado en molduraje mixtilíneo, destaca el Tímpano de la portada primitiva. Se trata de un ejemplar tardorrománico de finales del siglo XII, estilísticamente relacionado con el claustro de la catedral y con la portada de San Miguel de Estella. Tetramorfos que anuncia el gótico en el tratamiento de los rostros, mandorla con Trinidad y enmarcado el medio punto con cenefa de tallos con profusa decoración vegetal; encima de él se colocó un escudo barroco de la época de la reforma de la iglesia, flanqueado por dos tallas románicas de leones. La torre, unida a la cabecera del templo por un cuerpo con galería de arquillos, es del siglo XVI, con un cuerpo alto a modo de fuste, cuerpo de campanas rematado por otros dos dieciochescos, octogonales. Retablo mayor de estilo neoclásico, fechado en 1766, con cuerpo único de orden gigante con columnas estriadas de capitel compuesto y rematado por ático de pilastras cajeadas. La estatuaria es no obstante barroca de corte académico y atribuible a Carlos de Salas. El retablo de la capilla de San Marcos es manierista de finales del siglo XVII, presidido por un lienzo que representa al titular, de la escuela de Berdusán. El de la del Pilar, barroco de hacia 1670 y pequeñas proporciones, que aloja a la titular, de principios del XVII y que sigue el modelo iconográfico zaragozano. Reviste asimismo interés la capilla de los Remedios con retablo de la titular, obra de Martín de Tapia de mediado el siglo XVI y otro, barroco, de 1733, del tudelano José Serrano; también, un lienzo de la Virgen de Guadalupe, firmado por Antonio de Torres en 1711. La capilla inmediata a la cabecera del lado de la Epístola contiene un pequeño retablo rococó, del siglo XVIII avanzado, dedicado a San Pedro de Alcántara. La misma capilla está presidida por el magnífico retablo de Don Martín de Sesma, encargado por este capellán a Domingo de Segura, quien lo realizó en 1564 en estilo aragonés plateresco tardío. Destacan en este retablo las decoraciones de grutescos de las pilastrillas y frisos. La estatuaria de Segura, de gran estilo, denota las influencias de Forment y especialmente de Gabriel Yoly, a través del cual se manifiestan acentos italianizantes de la escuela aragonesa. Junto a este último y al tímpano, la pieza más interesante de San Nicolás es el retablo de los Tornamira. Se trata de una obra cuya traza contrató Francisco de Tornamira con el mazonero de Tarazona Pierres del Fuego en 1565. De gran expresividad, pertenece asimismo al estilo plateresco de escuela aragonesa, también al modo de Yoly. Las tablas pintadas son de Rafael Juan de Monzón, comenzadas en 1564 y continuadas dos años más tarde por Diego González de San Martín; en ellas se manifiestan influencias de escuela valenciana, destacando el Bautismo de Cristo, estructurado al estilo de Masip y la Inmaculada, que recuerda el arte de Juan de Juanes.

San Jorge el Real responde al esquema constructivo "de Contrareforma", desarrollado por la Compañía de Jesús -que tiene como paradigma la romana iglesia del Gesù- al estilo de la colegiata de Villagarcía de Campos y la Clerecia de Salamanca. Fue edificada a partir de 1608 bajo la dirección de Juan González de Apaolaza en estilo manierista. Las reformas efectuadas a mediados del XVIII le dieron su aspecto barroco, con pilastras cajeadas con capiteles compuestos y cornisa perimetral, así como las ornamentaciones de yeserías y la cúpula decorada al fresco. El retablo mayor, de 1749, es obra de los tudelanos José y Antonio del Río, de influencia churrigueresca que anuncia el rococó, siendo dorado (1757) por los hermanos Olleta. San Jorge posee un abundante y rico mobiliario, destacando el retablo de San Pablo, de 1670, con pinturas de Berdusán (Presentación, de 1666); los dieciochescos de la Misericordia, de Montserrat y de San Babil, así como varias otras pinturas de Berdusán y un Crucificado de Joly, fechado en 1537.

Las antiguas dependencias del Colegio de Jesuitas, las ocupa hoy el Centro Castel-Ruiz en torno al claustro barroco dieciochesco de ladrillo, con arcos de medio punto.

La Iglesia del antiguo convento de Dominicos, hoy integrante del colegio jesuita de San Francisco Javier (éste de finales del siglo XIX), fue fundación del deán Pedro de Villalón y comenzó a edificarse en 1517. Templo tardogótico pre-renacentista -estilísticamente relacionado con Santa María de Gracia- de tres naves con tres tramos y pilares cruciformes; buen conjunto de bóvedas estrelladas, gallonadas y de terceletes. Destaca el sepulcro de Catalina de Figueroa, de finales del siglo XVI. Tuvo un retablo, perdido, de Jerónimo Cosida, no conservando de su antiguo mobiliario más que un magnífico Cristo del segundo tercio del siglo XVI, del estilo de Gabriel Joly.

La iglesia de Santa María de Gracia, perteneciente al hospital fundado en 1549 por fray Miguel de Eza y Veraiz, se construyó entre 1568 y 1572 bajo la dirección de Martín de Aybar en estilo gótico-renacentista. La fachada principal, integrada en las edificaciones de la Plaza Nueva, fue realizada por Pedro Vergé y Diego Romero en 1575; fábrica de ladrillo de forma prismática con contrafuertes e interesante cornisa. Al interior, presenta planta de una sola nave de cuatro tramos y cabecera pentagonal. Cubrimiento por bóveda estrellada; las ménsulas donde arrancan los nervios (policromadas por Juan de Lumbier en 1618), al igual que otros elementos decorativos, son ya platerescas. Retablo mayor, manierista, realizado por Juan de Gurrea en 1635 sobre traza de Jerónimo de Estarragán; con relación estilística con el de Ablitas. En las antiguas dependencias del hospital se conserva una buena colección de pintura y escultura de los siglos XVI al XVIII. Destacan varios lienzos de Vicente Berdusán de la segunda mitad del XVII; entre ellos una Anunciación, de 1663.

El antiguo convento de San Antón, en la calle de su nombre, utilizado como viviendas y oculto entre casas desde mediados del siglo XIX, ha visto tras una remodelación urbanística comenzada en 1993, que ha derribado las dependencias conventuales, exenta su iglesia. Fundación del siglo XIV, fue rehecho en el primer tercio del siglo XVIII por el arquitecto Juan Antonio Marzal en estilo barroco pleno.

El del Carmen fue fundado en 1592, ampliándose en 1637 a cargo de Diego de Salvatierra y Domingo de Ucazal. Presenta planta de cruz latina con nave de cinco tramos con capillas entre los contrafuertes; sobrio interior manierista de influencia herreriana. La fachada, aunque de planteamiento manierista, es de comienzos del siglo XVIII. El mobiliario se compone de tallas romanistas y altares del XVII, destacando el de San José con Lienzo del titular debido a Berdusán (1672) y el retablo mayor, de Juan de Gurrea, comenzando en 1653, añadiéndosele ornamentación barroca en 1700. Las dependencias conventuales conservan pinturas principalmente manieristas y piezas barrocas del XVIII.

El convento de Carmelitas descalzos,más tarde: Seminario conciliar de Santa Ana, es fundación de 1597 bajo patronato de Fermín Ecay e Inés Guerrero. Fue construido entre 1601 y 1603 por el cantero tudelano Juan González; la portada es obra de Pedro Miravalles y Martín de Lizarza. Planta manierista, elementos decorativos barrocos y sobrio exterior de ladrillo. Reviste interés la colección de pintura de las dependencias del convento; destacan una Piedad, tabla hispano flamenca del siglo XV, varios lienzos manieristas del XVI, una Glorificación de San Juan de La Cruz de Berdusán, un cuadro de Diriksen (1612) y otras piezas de escuela madrileña, también del XVII.

El de las Dominicas fue fundado en 1622, aunque la iglesia se edificó en 1635 por Martín de Ozcoidi. Presenta planta de cruz latina de cinco tramos con pilastras cajeadas y cubrimiento por bóveda de medio cañón con lunetos la nave y de cúpula con pechinas el tramo central del crucero. En 1685 se ornamentó el templo con yeserías barrocas. La fachada sigue el modelo de la madrileña iglesia de las Mercedarias. El retablo mayor, de hacia 1685, se atribuye al tudelano Francisco Gurrea, autor del de las Recoletas de Pamplona y aunque de esquema manierista, incorpora elementos churriguerescos, así como pinturas de Berdusán fechadas en 1689.

El convento de Capuchinas es una construcción de ladrillo terminada en 1753, estilísticamente correspondiente al momento final del barroco tudelano. Planta de cruz latina de una nave de tres tramos a los que corresponden hornacinas laterales; cubrimiento por bóveda de cañón con lunetos y octogonal sobre trompas en el crucero, todo sobre pilastras cajeadas. Fachada rectangular enmarcada por pilastras de orden gigante decorada con molduras mixtilíneas y hornacina central con establamentos curvos y decoraciones de follaje; versión rococó del esquema derivado de la madrileña Encarnación. Retablo mayor clasicista italianizante. Capilla del Pilar con interesante estatuaria barroca del aragonés Carlos de Salas. El templo cuenta con óleos de Berdusán (Huida a Egipto de 1671, una Virgen de 1676 e Imposición del collar a Santa Teresa, de 1696), así como con un rico ajuar litúrgico con pintura y orfebrería de los siglos XVII y XVIII.
Casa de Misericordia. Fundada en 1771 por Ignacio Mur y Francisca Ugarte, fue construida a partir de 1779 por el tudelano José Marzal sobre traza de Ventura Rodríguez; la iglesia se edificó en estilo neoclásico a mediados del siglo XIX. De la misma época y estilo son las piezas del ajuar.
La iglesia de la Enseñanza de la Compañía de María. Fue fundada a fines del siglo XVII por Francisco Garcés del Garro. Es uno de los mejores ejemplos del barroco navarro; fue construido por Juan Marzal sobre traza de José Alberto Pina a partir de 1732 y presenta planta octogonal combinada de notable influencia italiana. La fachada también es en esencia de estilo jesuita aunque de traza mas clasicista. El interior contiene ornamentaciones de yeserías de mediados del XVIII y, de la misma época, un retablo mayor de José y Antonio del Río con profusa decoración barroca pre-rococó.
Las Clarisas. Establecidas en Tudela en 1241, conservan, en su actual emplazamiento y convento construido en 1960, la imagen de la Virgen de los Favores, talla sedente tardorrománica de finales del siglo XIII, con policromía de fines del XVI. También, un Cristo romanista de hacia 1600, el retablo de la Inmaculada barroco del primer tercio del XVIII y una nutrida colección de escultura y pintura de los siglos XVII y XVIII, entre la que destacan un San Francisco, un San Miguel y una Trinidad de Berdusán. De gran riqueza es asimismo el ajuar litúrgico compuesto por piezas de orfebrería como una cruz procesional renacentista de 1600.
Iglesias desaparecidas. De las 11 parroquias que tuvo Tudela han desaparecido la mayor parte. La de San Julián fue absorbida en época temprana por la de Santa María. La de San Jaime, cuya existencia consta desde el siglo XI, fue derruida en 1806. Subsisten en el extremo NE. del casco histórico, al pie del cerro del castillo, las ruinas de las de San Pedro, también del siglo XII, reformada en 1701 por Juan de Burgos y clausurada por ruina en 1805. En este mismo año desaparecieron las de San Juan Bautista, mezquita hasta 1516 y la de San Salvador, del siglo XIII, cuyas advocaciones perviven en parroquias modernas.
Ermitas y cruceros. La ermita de San Marcos, con el nombre de Mismanes, existía ya en 1222 (sólo quedan restos). Su antigua titular, fue trasladada a la parroquia del Salvador. Imagen románica, de estilo avanzado, del siglo XIII. Talla en madera policromada; sedente, frontal, con el Niño en el regazo.

La de Santa Cruz remonta sus orígenes al siglo XII; reconstruida en 1620, fue rehecha totalmente a mediados del siglo XIX; conserva la talla de la Virgen del Molino, pieza gótica del siglo XIV, con restos de la policromía primitiva.

La de Santa Quiteria, fue construida en 1813, reconstruida en 1816 y ampliada posteriormente.

Dos humilladeros, o cruceros de término, en la plazuela de Sta. María y en la de las Recoletas, atribuidos a Martín de Carrarte en 1540.

La ermita de Loreto, hoy desaparecida, se construyó en 1726, con elementos de otra más antigua datada en 1550.
Palacios y casas. En cuanto a la arquitectura civil, existe en Tudela un predominio de edificaciones de ladrillo con preferencia de dos o tres plantas culminadas por una galería de arquillos que rematan en aleros volados. Han sufrido repetidas restauraciones y conservan escasos vestigios de su pasada grandeza, principalmente escudos nobiliarios.

La casa n.º 4 de la c/ del Juicio es un primitivo edificio remodelado en el siglo XVIII, que consta de 4 plantas adinteladas de ladrillo sobre basamento de piedra.

En la c/ Roso n.º 9 hay un blasón de piedra adosado de estilo barroco, timbrado por yelmo y orlado de leones tenantes.

Plaza de Ugarte n.º 1, donde está ubicado el Ayuntamiento, agrupando dos edificios del siglo XVI con reformas en 1732, 1842 y 1895. En el interior se exhiben la berlina del marqués de San Adrián, una armadura del siglo XVI y restos arqueológicos de procedencia diversa. Además, dos pilas árabes y diferentes piezas encontradas en Calchetas durante la excavación de 1977. También un escudo de piedra con las armas de la ciudad bordeado por las cadenas de Navarra. Varias piezas más en la Sala de Sesiones y en el Archivo Municipal.

El n.º 2 de la c/ Cárcel Vieja es un edificio medieval que conserva vestigios de una arquería lobulada gótica; su enjuta se decora con dragones alados que encuadran un escudo gótico en piedra, el más antiguo de Tudela.

En los n.º 6 y 7 de la plaza de Ugarte se encuentra adosado un escudo barroco en piedra orlado de leones y niños tenantes y con yelmo por timbre.

En el n.º 14 de la de la c/ Pontarrón se conserva un escudo en piedra, obra rococó de la segunda mitad del siglo XVIII. Presenta cinco torreones y bordura de calderos timbrado por yelmo.

En diversas viviendas de la calleja de San Antón se pueden apreciar restos de las construcciones primitivas, algunas fechables a inicios del siglo XVII; la casa n.º 12, de ladrillo, con vano de ingreso descentrado en la planta baja, dos cuerpos principales de balcones adintelados y galería adintelada en el coronamiento que remata por sencillo alero de madera con ménsulas lisas. A la altura del vano, blasón rococó de alabastro. En la casa n.º 11, sobre el balcón principal se conserva un blasón en piedra de la familia Eslabas de hacia 1670.

En el n.º 21 de la c/ Pontarrón está el edificio del Hospital de Niños Huérfanos que consta de tres plantas construidas en piedra con verdugadas de ladrillo. Corona el conjunto gran ático formado por arcos doblados de medio punto que culmina en sencillo alero de madera.

El n.º 12 de la c/ Pedro Ortiz conserva en su fachada las armas de los Arnedo Ororvia y Nimares, escudo neoclásico de alabastro, orlado con guirnalda de hojarasca y yelmo por timbre.

En la c/ Guerreros, la casa n.º 5 es de ladrillo del siglo XVI, consta de planta baja con arco de ingreso descentrado y de medio punto, gran cuerpo principal con vanos rectangulares y ático con vanos cuadrados de dimensiones reducidas.

En la c/ Santa Cruz, hay casas con rasgos de construcciones populares del siglo XVI- el n.º 12 se adosa un escudo neoclásico en piedra, con bordura de guirnalda y yelmo por timbre.

En la c/ del Portal destaca la casa de los Arguedicas, la n.º 30, con interesante escalera barroca de tramos perpendiculares en su interior. Espacio formado por yuxtaposición de dos ámbitos rectangulares comunicados por vanos sobre columnas de capitel compuesto. Los vanos de la primera y tercera altura son adintelados; en la planta intermedia se abren 3 arcos de medio punto sobre una única columna, quedando suspendida la segunda línea de imposta. El cubrimiento es por bóveda de arista sobre ménsulas mixtilíneas. En el n.º 28 hay una casa señorial de ladrillo enlucido muy retocada, obra barroca con arco descentrado de ingreso y escudo rococó en alabastro a la altura de la planta noble. La casa n.º 22 de la misma calle es similar a la anterior.

Lindante con la c/ Pontarrón se alza la casa solariega de los Labastida, monumental bloque cúbico de ladrillo sobre basamento de piedra que data de la primera mitad del siglo XVIII, con dos cuerpos con vanos adintelados y ático formado por galería de arquillos triples, rematando el edificio en volado alero de madera con ménsulas vegetales, con blasón rococó de piedra con las armas de los Labastida de la segunda mitad del siglo XVIII. En el interior destaca la gran escalera imperial de traza dieciochesca.

Entre las c/ Magallón y Vida, el n.º 14 está ocupado por una amplia vivienda del siglo XVII muy modificada, conservando de esa época la galería de arquillos del remate sobre basamento con rígidas líneas de imposta.

En la c/ Magallón hay un edificio barroco del siglo XVIII, la casa de los Ibáñez, con escudo rococó de alabastro de la segunda mitad del siglo XVIII; su interior es cuartelado en cruz; en el vestíbulo hay un interesante relieve gótico en piedra, por tradición se cree retrato de Sancho VII el Fuerte. En el n.º 5 hay un edificio de ladrillo del siglo XVI coronado por galería de arquillos con rico alero de madera.

Obra cumbre en la misma c/ es el palacio de los marqueses de San Adrián, fue construido en la primera mitad del siglo XVI, siendo atribuido a Juan de San Juan. Ejemplo cumbre de casa señorial urbana renacentista en la Ribera, fue edificada en ladrillo según los modelos del valle del Ebro (Lonja zaragozana o palacio arzobispal de Tarazona). En el exterior destaca el alero, atribuido a Esteban de Obray, de madera con magníficas tallas de gusto italianizante que presentan bustos masculinos inscritos en medallones; la cubierta del alero, casetones poligonales decorados con pinjantes vegetales rematados en piñas. El interior se articula en torno al patio cuadrado de dos alturas; el piso inferior con columnas toscanas que sujetan los arquitrabes con zapatas; el superior presenta arcos rebajados sobre columnas con capiteles de decoración vegetal. Mención especial merecen las grisallas de mediado del siglo XVI que ornan los muros de la escalera. Atribuidas a Pietro Morone, de estilo manierista florentino, representan figuras mitológicas sobre fondos arquitectónicos y están asimismo relacionadas con las del palacio episcopal turiasonense. Restaurado en 1993 para usos culturales.

En la casa n.º 11 de la c/ de las Verjas hay un escudo rococó en alabastro de la segunda mitad del siglo XVIII.

En la c/ de la Merced se hallaba el teatro benéfico; también está la mansión de la familia Ezquerra, construcción barroca de ladrillo edificada en 1691 por José Ezquerra y Ederra. Consta de dos grandes plantas de vanos rectangulares y dos niveles superiores con vanos encuadrados en decoraciones geométricas de acento mudéjar; alero de madera tallada sobre ménsulas de decoración vegetal. Escudo barroco, de carácter monumental, fechado en 1696. El interior conserva una talla barroca, de candelero, de la Virgen de la Merced, procedente del convento de tal advocación.

La Plaza de los Fueros, en su primitiva construcción, corresponde a un amplio proyecto urbanístico entre 1688 y 1691, con esquema ligeramente rectangular, abierta sólo por cinco calles. En su alzado se superponen 4 cuerpos de vanos adintelados, el remate del edificio es una galería corrida de arcos de medio punto. Escudos barrocos con armas de la localidad; la pintura que cubre externamente toda la superficie es un añadido neoclásico de finales del siglo XIX.

En la esquina de las c/ Tornamira con Méndez Vigo hay un blasón bajorrenacentista en piedra de hacia 1600.

En el n.º 3 de la Plaza de Mercado, escudo neoclásico de alabastro con armas de los Fernand.

En la casa n.º 1 de la plaza de San Nicolás, blasón neoclásico orlado de hojarasca y con yelmo por timbre. La casa n.º 3 presenta un escudo de alabastro, obra rococó de la segunda mitad del siglo XVIII con orla de leones tenantes y yelmo por timbre.

En la n.º 5 de la c/ Don Mariano Sainz (= calle Rúa) hay un edificio barroco de comienzos del siglo XVIII, actual casa parroquial de San Jorge. Su aspecto actual es producto de una remodelación neoclásica, con cuatro plantas y cornisa de modillones estriados. En el n.º 6 hay un escudo rococó de la segunda mitad del siglo XVIII muy deteriorado. La casa n.º 9 es un edificio barroco de ladrillo con escudo de finales del siglo XVII. La casa n.º 13, Casa del Almirante o de los Cabanillas Berrozpe. Soberbio ejemplar de arquitectura civil renacentista, de hacia 1540. Fachada de ladrillo de tres cuerpos rematados con galería de ocho arquillos dobles de medio punto al estilo del valle del Ebro sobre zócalo labrado y alero de madera tallada de rica decoración. Los vanos del cuerpo principal están ornados con labores platerescas; presentan esquema rectangular, dinteles con grutescos y medallones y están encuadrados por tres estípites antropomórficos estilísticamente relacionables con la zaragozana Casa Zaporta.

En la esquina con la c/ Cárcel Vieja hay un edificio de ladrillo del siglo XVI, primitivo ayuntamiento, que conserva de su antigua construcción la traza general y la galería de arquillos coronada por alero de madera, así como un blasón en piedra de estilo manierista de finales del siglo XVI que ostenta el escudo de la ciudad.

El n.º 31 de la c/ Don Mariano Sainz es otro ejemplo renacentista, la Casa de Ibáñez-Luna, de cuya fachada plateresca sólo se ha conservado la decoración de uno de los balcones de la planta noble. El patio, cuadrado, tiene un primer cuerpo adintelado con friso estriado, el segundo, también adintelado, con zapatas sobre soportes abalaustrados y el cuerpo superior presenta arcos conopiales mixtilíneos sobre columnas dóricas; la escalera mantiene la traza original del siglo XVI; el n.º siguiente es un edificio de ladrillo del siglo XVI compuesto por dos cuerpos más una galería de arquillos, conservando en su fachada un blasón del Bajo Renacimiento.

La casa n.º 2 de la c/ Serralta es una construcción de ladrillo del siglo XVII que se alza en tres plantas.

Las casas n.º 33 y 37 de la c/ Don Mariano Sainz son de estilo neoclásico.

La n.º 2 de la c/ San Nicolás es una sobria construcción de ladrillo en bloque cúbico, obra del siglo XVII. La planta baja tiene arco de ingreso descentrado y rebajado, dos cuerpos principales y rematando el edificio alero de madera con ménsulas vegetales.

La n.º 18 de la plaza del Salvador tiene un blasón rococó en piedra de la segunda mitad del siglo XVIII, orlado de rocalla y con leones tenantes, timbrándose por yelmo. Su fachada conserva un escudo rococó en piedra. Consta de tres cuerpos, el superior con balcones sobre zapatas.

En la casa n.º 20 de la c/ Granados, escudo barroco de finales del siglo XVII con dos sirenas tenantes y yelmo.

La casa n.º 6 de la c/ del Cofrete Alto, primitiva construcción del siglo XVII, conserva un escudo con las armas de los Gorria de estilo rococó en alabastro.

La n.º 3 de la c/ Velilla conserva un escudo en piedra rococó con orla de rocalla y yelmo.

El n.º 4 de la c/ Descalzos es un edificio barroco muy remodelado con blasón rococó en piedra.

Adosado a la casa n.º de la plaza de Castel Ruiz hay un blasón neoclásico de alabastro, del siglo XIX, orlado por cadenas y guirnalda y yelmo.

En el paseo de Villanueva (= calle Herrerías) hay varios escudos, destacándose los blasones de las casas n.º 43 y 35 en piedra y del siglo XVIII. En el n.º 14 estaba hasta hace poco el "edificio de los Juzgados", antiguo palacio del marqués de Huarte. Pertenece a la primera mitad del siglo XVIII y su principal interés se centra en la escalera. Se trata de una doble escalera imperial que presenta una doble serie de tramos de peldaños enfrentados; de la confluencia de éstos parten tramos perpendiculares que llegan a un rellano central del que nacen a su vez otros enfrentados, paralelos a los de los extremos, hasta el piso superior. Este trazado condiciona una perspectiva visual de gran interés. La caja cuadrada y de gran altura presenta dos niveles de triple arcada sobre columnas y, sobre ellos, dos pisos de triples balcones adintelados; en los muros laterales se abren tres cuerpos de dobles balcones también adintelados, que refuerzan el concepto de patio que presenta. El cubrimiento de la caja es por medio de una serie triple de bóvedas de arista, en cuyos centros penden fragmentos de entablamentos suspendidos de los que cuelgan ángeles, y cúpula elíptica central. Su fachada de la plaza Mercadal está decorada con pinturas barrocas de disposición escenográfica y lenguaje basado en torno a la línea curva, formando guirnaldas y volutas dispuestas en altura y cenefas, todo en torno a los vanos y a motivos principales antropomorfos, siguiendo en las diferentes alturas un plan efectista. El edificio fue restaurado entre 1986 y 1988. El n.º 12 de la c/ Villanueva es el antiguo palacio de los condes de Heredia Spinola, neoclásico dieciochesco con resabios rococó, destaca la portada, enmarcada en un arco mixtilíneo decorado con rocallas, blasonado en la clave y jambas con pilastras cajeadas. El patio aunque sobrio, anuncia la monumentalidad del de Huarte.

La n.º 1 de la c/ Burgaleta conserva un escudo rococó en piedra del siglo XVIII.

La casa n.º 12 de la c/ Carnicerías, con portada de piedra, es de la segunda mitad del siglo XVIII. Tiene un escudo rococó con las "armas del apellido de Yryarte". En la n.º 9 se conserva un escudo neoclásico.

El n.º 22 de la plaza de Castel Ruiz es de estilo neoclásico del siglo XIX elevado en tres plantas con pilastras y frisos clásicos. También hay un blasón neoclásico en el n.º 23. En el n.º 7 hay un blasón rococó.

En la c/ del Mercado Viejo la casa n.º 7 es una sobria construcción de ladrillo del siglo XVII de cuatro plantas superpuestas con vanos adintelados y galería de arcos dobles sobre pilastras rematada en alero sobre ménsulas vegetales, con un escudo rococó de alabastro con las armas de los Ygal.

En la n.º 17 de la c/ Serralta está adosado un blasón de piedra del siglo XVI muy deteriorado.

La casa n.º 11 es una construcción de ladrillo sobre basamento de piedra fechable en el siglo XVI pero reformada en época barroca.

En la Plaza Nueva o de Los Fueros, proyecto urbanístico del siglo XVIII, destaca la Casa del Reloj, principal edificio de representación municipal. Fachada rectangular dividida en tres plantas. La inferior, de piedra, presenta triple apertura en forma de arcos, con acceso por el central; la principal, balcón corrido con vanos rectangulares entre pilastras, entre los que se intercalan dos escudos barrocos con las armas de Tudela. El remate, sobre el que se alza el templete del reloj que da nombre al edificio, se compone de un cuerpo de balcones con pinturas -añadido decimonónico de estilo neoclásico- representando la abundancia y la sabiduría, en los paños que se corresponden a los de los escudos, y una galería corrida de arquillos de medio punto y alero de madera policromado sobre un friso con ménsulas antropomorfas. Restaurada en 1993.

Palacio del Canal, o de Carlos V, con delicada labor de yesería plateresca en las ventanas. Se ha querido atribuir a Esteban de Obray, en los veinte primeros años del siglo XVI.
El Palacio del Deán, en la plaza de San Jaime. Edificado poco antes de 1500, compuesto de dos cuerpos principales coronados por galería superior de arcos que rematan en alero de ladrillo. Dos etapas de construcción. De la primera quedan vestigios de estilo gótico mudéjar en la fachada de la calle de la Merced. El ángulo sur conserva restos de una torre mudéjar derribada en 1883, manteniendo aún una ventana geminada de arcos conopiales y un cuerpo decorado con paños romboidales. A la c/ Roso se abre la fachada principal del palacio, primorosa obra plateresca realizada en 1515 bajo los auspicios del deán Villalón cuyas armas aparecen sobre la portada. La fachada con cuerpo bajo con arco de ingreso de medio punto marcado por dovelas de ladrillo; hermosa ventana rectangular cuyas jambas y dintel se decoran con casetones de rosetas modelados en yeso. En 1831 se construyó la portada que da a la plaza de San Jaime.
Fortificaciones. Del castillo de Tudela, uno de los más importantes del reino navarro, no ha llegado hasta nuestros días más que vestigios de carácter arqueológico, a causa de la reutilización de sus restos después de la demolición a principios del siglo XVI, tras la conquista castellana, y las guerras del siglo XIX que consumaron su destrucción. Situado en el cerro de Santa Bárbara, donde hoy se alza el monumento al Sagrado Corazón, en una posición altamente estratégica y fronteriza como tuvo Tudela y dominando el paso del Ebro. Existía en la época de Leovigildo; durante la dominación árabe perteneció a los Banu Qasi, que hicieron de Tudela la capital de sus estados; luego a los Tuchibíes, y más tarde taifa independiente, hasta llegar a la conquista cristiana de 1119. A fines de este siglo era fortaleza, palacio, prisión y cementerio. Servía de recinto exterior a la ciudad en dos tercios de su perímetro, correspondiendo el cuarto al Ebro, con nueve torres en la Mejana, entre el puente y el cantón de la Trinidad, y otras seis entre este punto y la puerta de Calahorra. En una cota superior había otro recinto fortificado, el castillo propiamente dicho. Los dos recintos se completaban con dos fosos. En una eminencia enfrente del castillo y ciudad, rodeada hoy por los ensanches, subsiste la torre de Monreal, atalaya al otro lado del Queiles que completaba el sistema defensivo tudelano, citada en el siglo XIII y que ha llegado a nosotros en una reedificación de 1873. El estudio arqueológico de la misma señala tenía planta rectangular, varios niveles y un aljibe -conservado en gran parte y cubierto por bóveda de cañón- en el inferior. El acceso principal estuvo frente al barrio de San Miguel y su puerta mayor tenía el nombre de "Ferrenna"; la ladera frente a este acceso formaba una gran plaza con un edificio, el "Porch", donde los monarcas impartían justicia. Coronaba la defensa la llamada "torre de Don Menjón". Una interesante reconstrucción del sistema de fortificaciones nos ha llegado de la mano de José Vicente Díaz Bravo, de mediados del siglo XVIII: "Estaba toda la ciudad cercada de una muralla fuertísima, nueve palmos de ancha; toda de piedra de sillería. Daba principio por el rincón que hay, en la puerta del mercado, que en nuestros tiempos fue abadejería; seguía por casa de Agustín Cerreote y haciendo allí un medio ángulo, seguía hasta casa de los Virtos, Don Félix de Borja, y por todo el Mercadal, hasta la casa de Miguel Sagastibelza. De aquí seguía, sin dejar paso a la ciudad, por casa de los Torrijas, hasta encima la fuente de las Carnicerías. Sobre ésta había una torre muy fuerte, y aun se ven vestigios, que defendía la puerta de los Alvazares, que correspondía a la entrada de la plaza nueva. Seguía la muralla por la casa primera de la plaza nueva, dejando fuera el sitio de la casa de Manuel de Sola. Aquí formaba otro ángulo y seguía hasta casa de Don Jerónimo del Bayo y unos vagos que eran de Don Miguel de Eza; luego corría por el barrio de San Julián hasta la puerta de Zaragoza, de donde seguía hasta frente el molino del río Queiles, que estaba en el sitio de la casa llamada del salitre. Proseguía, cercando toda la huerta del Rey, donde había varios torreones a manera de baluartes y una torre muy fuerte que se llamaba Torre de Hor. Seguía la muralla por la casa de Martín Ruiz y aquí había otra torre muy fuerte y elevada, que se llamaba la Torre Monreal, y seguía la muralla por la calle de Papa Lleca hasta unirse con la exterior del castillo. Otra muralla daba principio en la puerta de la morería: era ésta la que hoy llamamos puerta del Mercado; estaba defendida de dos torres muy fuertes y elevadas, a cada lado la suya; desde la que estaba a la izquierda, entrando, corría la muralla por la casa de Rodríguez, Garcés, el Cofrete, y volvía a unirse con la muralla de la Morería, por casa de Don Ignacio de Mur. Sobre el río de Mediavilla, iba otro trozo desde la casa de Joaquín Garbayo, y subía en derechura hasta la cárcel vieja, en la puerta de Calahorra, y seguía por toda la cava dando vuelta al castillo; había varios baluartes, castillos y torres, y algunos hemos conocido en nuestros tiempos. De la puerta de Velilla, comenzaba otra, que seguía la huerta de Dominicas, Dominicos, hasta unirse con una fuerte torre, que hoy se ve al embocadero del río de Mediavilla, en la ciudad. La puerta del Postiguillo estaba al salir de los Zurradores al río Queiles y de ella salían dos trozos de muralla. El uno corría por la huerta de Dan Francisco Aperregui, Padres Carmelitas descalzos, hasta unirse con la muralla de la puerta de Velilla. El otro comenzaba de casa de José Román, casa y jabonería del convento del Carmen y cruzaba hasta el granero de la ciudad; aquí formaba un ángulo y volvía por casa Góngora hasta unirse a la muralla de la puerta de Albazares. Desde casa de don José García corría otro trozo de muralla por toda la calle de las Herrerías y subía a unirse con la muralla de la puerta de la Morería, y lo que hoy es calle de Herrerías, entre las dos murallas, era un foso muy profundo." También conocemos su planta en 1800 a través del plano de Alejandro de Retz, en el que la torre de Don Menjón (con toda probabilidad, "donjon" como torre del homenaje) se denomina de Santa Bárbara. Sólo queda una estancia rectangular con los muros en talud con dependencias abovedadas de medio punto de ladrillo. Vestigios asimismo de la torre de Flor (Hor la llama Díaz Bravo), al O. La campaña de excavaciones efectuada en 1997 en el cerro, dejó al descubierto partes importantes de las murallas del castillo correspondientes a la ampliación realizada en el siglo XIV, reinando Carlos III. En los rellenos de los siglos XVI y XVII aparecieron restos cerámicos y piezas numismáticas del siglo XV y XVI.
Puente del Ebro. De piedra, con 17 arcos, varios de ellos ojivales, y 370 m. de longitud. Aunque la tradición le asigna como constructor a Sancho el Fuerte, conserva elementos romanos y es citado en la conquista cristiana de 1119. Su importancia es consustancial a la ciudad, cuya historia se articula en torno al paso del Ebro, estando por ello fortificado con torres; que todavía constan en pie, aunque deterioradas, en 1802. Todo esto queda de manifiesto en las armas de Tudela, que representan precisamente el puente fuerte. Ya en la época árabe tenía unas "azeñas", molinos, bajo sus arcos -algunas de cuyas muelas pervivirán hasta el siglo XVIII- explotación propiedad de la corona navarra en época cristiana. El puente sufrió repetidamente las crecidas del río, siendo muy importante la de 1643. Tras su destrucción en 1808 para impedir el paso de las tropas francesas, en 1817 el Ayuntamiento encarga un proyecto de reedificación a José Marzal y Antonio Garbayo. El mismo año el Consejo Real hace lo propio con Juan Antonio Pagola, quien finalmente lo llevó a ejecución.
Vestigios romanos. Salvo la villa romana de Soto del Ramalete, pocos restos han perdurado de la época romana, pródiga en estas tierras como lo atestiguan noticias de guarniciones y fortificaciones en las alturas junto al Ebro (v. HIST.) En el siglo XIX aún se conservaban tramos de calzada romana en el término de Traslapuente. Las prospecciones de 1986 en torno a La Magdalena descubren un nivel romano fechable en los siglos II-III. En las excavaciones efectuadas en 1996, se hallaron, por otra parte, de nuevo restos romanos en la c/ Carnicerías, que demuestran la amplitud de un asentamiento no sólo militar, pues esta ubicación corresponde al centro del casco histórico tudelano. Del magnífico conjunto de la villa rústica de Soto del Ramalete destacan los mosaicos (de los siglos IV-V después de Cristo) del Vestíbulo, el de la habitación conocida técnicamente como n.º 5 y el de la habitación octogonal o de Dulcitius. El primero de ellos, de 3,20 X 2,20 m., juega con los colores blanco, negro, gris, verde, amarillo, rosa y rojo. Presenta en el campo decoración a base de guirnaldas enlazadas, ramos y frutos; con un esquema formado por semicírculos de dos tamaños diferentes sobre una base de cuadrícula. Destaca la figura de un delfín, tratada con gran estilización. El de la estancia n.º 5 está enmarcado por una ancha faja de ornamentación geométrica en laberinto mediante combinación de cuadrados, triángulos y paralelogramos. El campo presenta un sencillo trenzado formando svásticas alternadas. El emblema central lo forman a su vez una cenefa con cornucopias y vegetación formando ondas, mezclada con pájaros y hojas de vid; dentro de la cenefa se inscribe un cuadrado con un khantaros sostenido por dos putti y sobre cuyo borde se inclinan dos palomas, con un sentido simbólico propiciatorio de fecundidad y prosperidad. El mosaico de Dulcitius, de 7,35 m. de eje, con una variedad cromática que comprende el blanco, negro, gris, ocre, rojo, rosa, verde y amarillo, se adapta al octógono de la estancia. El conjunto se enmarca en una decoración floral de roleos vegetales enlazados; dentro del marco, un círculo compuesto por una soberbia guirnalda, dejando dentro un gran medallón circular y ocho de menor tamaño en su rededor y una doble serie de otros tantos espacios hexagonales. Los medallones menores, de 0,73 m. de diámetro, ofrecen unos magníficos juegos geométricos y florales con rosáceas de vivos cromatismos. El esquema geométrico sirve de base a la decoración de guirnaldas entrelazadas que rellena el conjunto. El tondo central, con un diámetro de 1,6 m., representa un cazador a caballo en el momento de matar con un venablo a una cierva; el fondo ofrece una peculiar perspectiva circular con un árbol y arbustos. Sobre la cabeza de la figura el nombre Dulcitius, epónimo del mosaico y que parece corresponderse al del comitente, propietario del fundo. Para un estudio estilístico e iconográfico detallado de estas excepcionales piezas, v. la obra de J. M. Blázquez y M. A. Mezquiriz Mosaicos romanos en Navarra (Madrid, 1985).
Tudela Islámica. Tudela fue edificada de nueva planta a comienzos del siglo IX por Amrus Ibn Yusuf, muladí enviado por el emir de la Marca Superior Al Hakam I para dominar la cuenca media del Ebro y la frontera con los Banu Qasi. La población fue cobrando auge durante el siglo X, convirtiéndose por su posición y prosperidad en la segunda ciudad, tras Zaragoza, de la Marca. El recinto fortificado comprendía la población entre el castillo, el Ebro y el curso del Queiles y tuvo cinco puertas principales: la del Puente; las de Zaragoza y Albacares al siglo; la de Velilla al O. y la de Calahorra en la zona septentrional al pie de la alcazaba. En 1986 aparecieron restos de la muralla del siglo X en el extremo N., en los aledaños de la que fue puerta de Calahorra, en la actual calle Ubillos; diez años más tarde, y junto a la plaza del Salvador, más restos de la muralla califal. En la plaza de la Judería han aparecido trozos correspondientes al siglo IX. En 1996 se descubrieron un aljibe o pozo árabe con huellas epigráficas. También ha aparecido numerosa cerámica de estos siglos en las faldas del castillo. Los vestigios califales son de la segunda mitad del siglo X y, según Pavón Maldonado, de influencia cordobesa, siendo los restos califales más septentrionales de la Península. Estos pedazos de fortificación que nos han llegado presentan almohadillado del estilo de la muralla oscense y de la parte primitiva de la Aljafería zaragozana. El aspecto de la ciudad era el de una medina, cuya vida giraba en torno a la mezquita, el zoco principal situado en la zona meridional, y la alcaicería. La Mezquita Mayor estuvo situada en la plaza Vieja y sobre parte de ella fue construida la nueva. Anteriormente, desde 1121 hasta el comienzo de la edificación de aquella en 1168, fue reutilizada como templo cristiano. Las excavaciones efectuadas en 1993 pusieron de manifiesto restos del patio de abluciones, los cimientos de muros perimetrales y del alminar y apoyos de columnas. Fue comenzada su construcción siguiendo los modelos generales del arte andalusí, a finales del siglo IX por el Banu Qasi Musa II; ampliada en la segunda mitad del siglo X por los Tuyibíes y de nuevo a principios del XI. La influencia estilística califal es patente. Las excavaciones arqueológicas confirman dos fases constructivas principales: un primer edificio del que se conservan parte de la cimentación de los muros perimetrales del patio. La remodelación de éste corresponde a la segunda fase, en la que se construyen el alminar interior y la zona porticada del riwag. En las prospecciones han ido apareciendo modillones de rollo, con decoración vegetal, tallados a bisel, del tipo de los reutilizados en el exterior de la nueva catedral. Depositados en el tesoro catedralicio se encuentran también un capitel con hojas de acanto; restos de una pila de abluciones con arquillos trilobulados y enmarques de cintas sogueadas y círculos taladrados; varios modillones, dos arcos geminados y varias almenas decorativas, elemento característico de las mezquitas omeyas. El barrio mozárabe durante la ocupación musulmana fue el denominado "la Morería" con su propia puerta, cerca del término de Velilla.
Tudela judaica. La población judía tuvo gran importancia en la vida tudelana desde su avecindamiento en la primera mitad del siglo X hasta el XV. Hasta el momento (1998) no se han hallado restos arqueológicos que nos proporcionen muestras de su arte o arquitectura. Sobre la judería vieja, citada documentalmente por vez primera en 1135, apenas nos han llegado datos fidedignos. La sinagoga se cita situada cerca de una arboleda propiedad del médico Jacob Suaib, lindante con el orto de Santa María. Estaría pues situada junto a la puerta del Mercado, entre el Ebro, el Queiles, el Mediavilla y la mezquita mayor, en la porción SE. del casco, donde hoy una plaza lleva el nombre de la Judería. Tras la conquista cristiana de la ciudad en 1119, Alfonso el Batallador, para evitar su despoblación, les otorgó el fuero de los judíos de Nájera, momento en que es reconocida su personalidad jurídica. Esto fue confirmado por Sancho el Sabio, quien en 1170 concede autorización a la comunidad judía para trasladar su emplazamiento a la falda del castillo, entre la puerta principal del castillo y el casco urbano. Parece ser que una sinagoga se emplazó en la actual dependencia catedralicia conocida como Escuela de Cristo. La aljama fue una de las más importantes de la Península, con un foco cultural de primer orden del que salieron personalidades de la talla de Yehuda Leví, Benjamín de Tudela, Rabí Sen Tob, Guillermo de Tudela o Abraham Ibn Ezra. La comunidad se dedicó principalmente al ejercicio de la medicina, el comercio y a la administración fiscal. Mantuvo su influencia durante la Baja Edad Media; así, en 1309 la corona les concedió a censo perpetuo la carnicería, la alcaicería, y las tiendas de los plateros y zapateros, entre otros beneficios. Su población aumentó en el siglo XIV con el éxodo judío desde Castilla ocasionado por la reacción antisemita acaecida en aquel reino con el advenimiento de la dinastía Trastamara. A este efecto, Carlos II de Navarra tomó bajo su protección a las juderías tudelana y calagurritana. En 1363 la judería estableció un concejo con 20 regidores; a finales de esta centuria, su población comenzó a descender, lo que ocasionó nueva protección tributaria por parte de los reyes navarros. La presión demográfica ejercida por los judíos tras su expulsión general de Castilla de 1492, ocasionó la misma medida en Navarra, que fue decretada en 1498, siguiéndose éxodo de la población y conversiones masivas al cristianismo. El palenque. A raíz de las ampliaciones urbanísticas experimentadas por Tudela a partir de la década de 1960, fue descubierta al construirse nuevos depósitos de agua, la necrópolis del Palenque, paraje situado en el extremo de una pequeña meseta ubicada al NO. de la ciudad. Las formas de enterramiento y su proximidad a la Judería nueva parecen confirmar se trata del cementerio de ésta, con un arco cronológico que abarca desde el siglo XII al XV. La necrópolis de la vieja judería se situaría por su parte extramuros, al sur del Queiles.