Lexique

VIAJERO (HISTORIA)

Viajeros en la Guerra Carlista.
H. Castillon.
Con el título Un voyage en Espagne, pendant l'Insurrection carliste publicó este autor una serie de artículos en la revista L'Ilustration. Journal Universel, relativos a la guerra civil y aprovecha para darnos noticias de las costumbres y paisajes que contempla en Vasconia. Fue enviado por la revista y nos interesa por los sucesos de la guerra y las noticias de los personajes. Comienza explicándonos el motivo de su viaje. Los primeros días de enero de 1873, la prensa francesa anuncia que estaba pronta a estallar una nueva insurrección en España. Como había asistido este periodista a la guerra del año anterior, quiso de nuevo estar presente en esta guerra. A continuación nos da detalles de la guerra en Irún y Bera. En esta última villa se hospeda en la Corona de Oro, posada del alcalde Apesteguía, rico comerciante en vinos. Nos describe el carácter del pueblo vasco de cuya sobriedad, que tanto alaba, dudamos. Dice que, en general, los vascos son laboriosos, sobrios, muy religiosos, jugadores y amantes del baile. Dominan las buenas cualidades sobre los defectos. Su tesón para el trabajo, agrícola o industrial, es extraordinario, tanto en los navarros como en los vizcaínos, guipuzcoanos y alaveses. De sus sentimientos religiosos afirma que son un tanto exagerados. Para los vascos la iglesia es el lugar santo por excelencia. El sacerdote es una persona sagrada, cuya palabra para ellos es una prescripción evangélica. La religión predomina en todos sus actos. Esto explica la riqueza con que son adornadas sus iglesias y la cantidad de capillas y ermitas que se encuentran en todas partes. Sobre el juego de pelota y la danza nos da una estampa muy certera. La pasión del juego de pelota no cede en el corazón de los vascos a la pasión por la danza que tiene por corolario la afición a la música. El juego nacional por excelencia es el juego de pelota. No hay villa ni aldea que no tenga un buen frontón. Los domingos y días de fiesta todo el pueblo se reúne para ver lanzar una pelota contra un muro, según reglas determinadas. Le llamó la atención al autor de los artículos la cantidad de dinero que se apostaba; afirma que llegaba a los 20.000 francos. La guitarra -añade- es el instrumento indispensable de todo establecimiento público y forma parte integrante de los muebles tanto en las fondas, posadas o ventas. Sirve no solamente para la música, sino también para hacer bailar a la gente. Nos parece muy extraña la descripción de una de esas ventas en la que todos bailan, hasta los carabineros. Bonita ocasión para el contrabando, si fuera verdad lo que nos cuenta Castillon. La danza predilecta -sigue escribiendo- la popular y nacional del vasco es el "choun, choun". Dos flautas y un tamboril componen la orquesta que interpreta toda clase de aires. Después el escritor hace comentarios políticos. El vasco es muy celoso de su independencia política, y para conservar esta independencia se han levantado con Don Carlos contra el gobierno. Hace una breve reseña histórica sobre el origen y el fundamento de los Fueros. En los artículos siguientes nos da muchos detalles de los acontecimientos de la guerra.

Nicolás Thieblin.
Thieblin fue un periodista norteamericano del New York Herald, del último tercio del siglo pasado que firmaba con el pseudónimo de Azamat-Batuk. Estuvo en España para informar sobre la guerra carlista y más tarde publicó un libro sobre dicha guerra con el título The Spain and the Spaniards. En él habla mucho de los soldados vascos de don Carlos. El libro se encuentra en la Biblioteca Nacional de Madrid. Jesús Pardo publicó un artículo, Los navarros de la última Guerra Carlista, vistos por un periodista norteamericano, en el "Diario de Navarra" (17-VII-79). Thiers, primer ministro francés (1870-1872) -escribe el cronista- hizo lo posible por obstaculizar el movimiento carlista y ordenó el cierre de la frontera, en Navarra, ocupada por los carlistas. Pero Thieblin escribe que era demasiado cauto para provocar una reacción hostil entre los vasco-franceses. Según Thieblin, muchos nobles franceses legitimistas servían voluntariamente a don Carlos. Las constantes intrigas entre los nobles carlistas y alfonsinos y la aristocracia del sur de Francia hacía de Bayona un centro elegante y caro. Había también muchos ingleses y el pueblo ganaba mucho dinero contrabandeando armas por la frontera navarra y abasteciendo a los carlistas de caballos, uniformes y demás pertrechos de guerra. Una brigada de voluntarios franceses, de gente más o menos noble y rica, dirigidos por el belga conde d'Alcántara, de origen español, participó en la guerra. Según Thieblin, iban huyendo de la monotonía parisina, en busca de aventuras. En el ejército carlista había un periodista inglés, cuyo nombre no da Thieblin, "que bailaba el fandango mejor que los vascos, iba de boina y faja roja y sandalias de cáñamo, comía ajos crudos y lo aliñaba todo con aceite rancio". El municipio de Bayona tenía mil cartucheras y correajes, resto de la guerra civil de 1870, y uno de los concejales, caballero simpatizante con los carlistas, sugirió subastarlos. Pero, otro republicano, partidario del Gobierno español, se opuso. Se produjo una discusión. Dos carlistas franceses encontraron a un comerciante en cueros, borgoñón, y éste logró pasar todo directamente a Navarra y Guipúzcoa. Thieblin mismo ayudó a pasar por la frontera un cañón de contrabando con ayuda de varios caballeros legitimistas y un cura vasco que decía a quien le preguntaba que eran dos imágenes santas para su parroquia. Bayona era carlista, pero Biarritz casi enteramente alfonsina. "Los carlistas -dice el periodista- eran dueños de todo el norte, donde estaban bien organizados y divididos en cuerpos de ejército. Construían fábricas de cartuchos y fabricaban armas en Eibar y Plasencia. Fabricaban más de seis mil fusiles a la semana, o sea más que suficiente para la guerra contra la república". Thieblin llegó a conocer bastante bien al célebre cura de Santa Cruz. Según él, éste odiaba de tal manera al bello sexo que nunca tuvo criada y hasta su hermana tenía prohibido ir a vivir con él. Sólo dos modistas de Bera, donde tenía entonces el cuartel general, le caían bien y las había nombrado inspectoras de sastrería militar. También las usaba para recibir a personajes ilustres, ya que sabían tres lenguas: francés, español y euskera. Otra originalidad del cura era que sus hombres llevasen siempre camisa limpia. Cuando llegaban a un pueblo, entregaban las camisas a las mujeres y éstas les daban otras limpias. Como era guipuzcoano, como la mayoría de sus soldados, no conocía el español, ni se preocupaba de ello. La pugna entre los generales de don Carlos y el cura de Santa Cruz era constante. Santa Cruz quería ser jefe militar de toda la provincia de Guipúzcoa y además dirigir toda la administración civil, pero los generales se oponían, aduciendo su crueldad y su falta de competencia militar. v. SANTA CRUZ LOIDI, Manuel Ignacio. Los carlistas llamaban todavía cristinos a los republicanos, y los curas vascos estaban en todas partes, hablando en defensa de los fueros y del Rey, pero "nunca trataban de catequizar a los visitantes extranjeros". Thieblin observa repetidas veces la diferencia que había entre la buena acogida que los campesinos dispensaban a la más pequeña tropa carlista y la indiferencia que mostraban con los soldados republicanos. En conjunto, podemos decir que es una obra muy interesante con bastantes detalles, observados por el mismo autor. Como buen periodista, nos da una panorámica bastante exacta de la guerra carlista, del carácter y costumbres de los habitantes de la región y de su geografía.

Carl. Ferdinand Henningsen.
Fue un escocés, de origen alemán, capitán de lanceros de Zumalacárregui. Había nacido en 1815 y murió en EE. UU. en junio de 1877. Cuando falleció el general carlista -24 de junio de 1835- volvió a Inglaterra, ya que luchaba por su entusiasmo por Zumalacárregui. Publicó su libro Campaña de doce meses en Navarra y en las provincias Vascongadas con el general Zumalacárregui. Fue traducido del inglés por Román Oyarzun (1935). En 1839 apareció un extracto en español por F. Murió E. que puso un breve prólogo. En él se dice que la historia de Zumalacárregui pertenece a España, como la de Catilina a Roma y que debía haberla escrito un español. Pero como ningún español la había publicado en castellano, él se decidía a traducirla. Entró en Navarra por Urdax, se presentó a Zumalacárregui y en el ataque a Ormáiztegui ascendió a subteniente y obtuvo la cruz de San Fernando. Describe no solamente lo que ve, sino también lo que le cuentan. Aparece un retrato de Zumalacárregui, que dibujó personalmente y se cree que es el de mayor autenticidad. Cuando Lord Eliot se entrevistó con el general carlista, el 24 de abril de 1835, se quedó sorprendido al ver, entre los miembros de su Estado Mayor, a aquel joven inglés que hablaba correctamente varios idiomas y se hacía notar por sus modales distinguidos. Muerto Zumalacárregui, dejó el campo carlista y cruzó la frontera, dos días después de la batalla de Mendigorría. Este libro de Henningsen dio a conocer en Europa la figura de Zumalacárregui y la guerra carlista, ya que fue el primer escrito sobre esta materia. Ver ZUMALAKARREGUI IMAZ, Tomás.

Alexander Slidell Mackenzie.
Este autor norteamericano describe su viaje por España de 1826 a 1827, y en su obra ataca violentamente a Fernando VII y a su familia. El libro fue prohibido por el Consejo de Castilla. A a muerte del rey, en 1834, pensó que había cambiado la situación política y volvió de nuevo a España, dejando constancia de su viaje en su segundo libro. Mackenzie era teniente de la marina norteamericana. Su libro es alegre y optimista y no comprendió el problema que se debatía en España y que dio lugar a la guerra carlista. Cree con gran ligereza que la idea de la independencia existía ya entre los vascos y que se podía realizar este sueño, si Zumalacárregui se decidiera a ponerse al frente del movimiento popular que declarase independiente a las Provincias Vascongadas y Navarra. En esto sigue la línea de Agustín Chaho y de Alexander Somerville. El teniente pasó por los Pirineos y vino a Pamplona, atravesando el valle de Baztán. En Tafalla - escribe- acababan de cazar un jabalí y lo estaban socarrando en la plaza con gran alegría de los muchachos que se relamían con la esperanza de las longanizas. Vuelve por segunda vez de Madrid a Vasconia por Salamanca, Valladolid, Burgos y Vitoria. Tanto a la ida como a la vuelta se pone en contacto con los carlistas y cristinos y de los dos campos nos deja impresiones curiosas y diversas. El viajero es optimista, buen comedor, sensible a los encantos femeninos, y un poco crédulo. Un viejo coronel retirado le aconseja que para viajar por el país dominado por los carlistas se ponga de acuerdo con el traficante Laureano Lanz. En la puerta de la ciudad, los peseteros o "chapelgorris" le hacen un registro. El americano nos cuenta que al día siguiente Zumalacárregui entró en Vitoria y se llevó a 190 prisioneros que fueron fusilados en Heredia.

José Agustín Chaho.
Nació en Tardets, en 1811, y murió en Bayona en 1858, Liberal original, nos dice Justo Gárate, sustituyó la palabra "igualdad", del tríptico francés por la palabra "jerarquía". Se presentó como diputado en los Bajos Pirineos. Al proclamarse emperador Napoleón III, fue desterrado a Vitoria. Gárate escribe que era un amasijo extraño de romanticismo y socialismo, de revolucionario, de carlista y enciclopedista. José María Azcona afirma que era un hombre fantástico y original, precursos de la teosofía y del separatismo vasco. Una de sus obras más importantes es Voyage en Navarre pendant l'insurreccion des Basques (1830-1835). Martín de Anguiozar publicó una traducción incompleta, en 1929. Tal vez no le pareció oportuno dar a conocer lo que pensaba Chaho de los castellanos, del Papa y de los curas vascos. Otra edición más completa, publicada por Justo Gárate, apareció en 1933. Chaho vino a Navarra en la primavera de 1835 y solicitó de la Junta Gubernativa que le permitiera seguir al ejército para escribir la historia de la campaña. Pero la junta no le dio permiso. Poco tiempo estuvo entre los carlistas. Desde que pasa el monte de Larrún, encima de Bera, se siente dispuesto a crear un héroe de novela. Para la imaginación de Chaho no era difícil pintar un Zumalacárregui a su gusto. Chacho va en compañía de un famoso capuchino, tipo de "trabucaire", que había colgado sus hábitos, quien canta y baila las canciones guerreras de los batallones. En Lesaca, se presenta al general Sagastibelza y consigue ver a Zumalacárregui. Chaho ve a Zumalacárregui con los ojos de su fantasía y nos da de él una estampa falsa. Lo compara a Cromwell por su nariz destacada y sus ojos brillantes, como los de un tigre. Zumalacárregui había leído el folleto de Chaho, Palabras de un vizcaíno, pero no estaba conforme con su teoría. Zumalacárregui es para Chaho el caudillo de la independencia vasca, aunque no pensó nunca en tal independencia. Los navarros -escribe- creen que al terminar la guerra serán establecidos los fueros de Navarra. Chaho, entusiasta del pueblo vasco, nos habla de sus orígenes, de sus costumbres y de sus armas con gran loa. Sobre el desafío y el duelo nos dice que era propio de los navarros y de los vascones de la Edad Media. Alude a la frase de Voltaire respecto a los vascos: un pueblo que salta y baila en lo alto de los Pirineos. Es un libro curioso que refleja extensos conocimientos. Ver CARLISMO.