Monts

SOLLUBE

Monte vizcaíno de 663 m. de altitud. Acceso desde Meñaka, Bermeo, Busturia y Mundaka. Es uno de los montes en que se encendían hogueras para convocar a las Juntas Generales del Señorío de Vizcaya, sobre el árbol de Gernika. Hasta su cumbre llega la carretera del repetidor de TV. Sin embargo la excursión desde Meñaka que con sus caseríos y torre de la iglesia pueblerina, se halla asentada en sus estribaciones, dista algo más del Km. del vecino pueblo de Larrauri. La ascensión es algo penosa, por su fuerte pendiente y en el camino abundan las argomas. Su cumbre es una verdadera atalaya. Abajo la vega y poblado de Mungia, comprendiendo todo Txori-erri. Por fondo Artxanda y Ganguren; a lo lejos Ganekogorta, Pagatzarri y los montes de las Encartaciones; a la izquierda la ría de Urdaibai (Gernika), la iglesia de San Martín de Líbano de Arrieta. Desde la cumbre, se baja a Busturia, Arrieta y a Albóniga de Bermeo.
En la guerra de 1936-1939 la posesión del macizo de Sollube fue duramente disputada por ambos bandos dada su gran importancia estratégica al dominar la llenada de Mungia y constituir una excelente base para un ataque de flanco sobre el Bizkargi, base a su vez de la operación sobre el Cinturón de Bilbao. Tras varios días de intensa acción de la aviación y artillería nacionales, que lograron descongestionar la apurada situación de los Flechas Negras en la encerrona de Bermeo, el día 6 de mayo de 1937 iniciaron las tropas de Franco el ataque sobre Sollube. Según la idea de la maniobra nacional, el ataque, con masivo apoyo aéreo y artillero, sería llevado en dos direcciones: una línea de ataque partiría de la loma de Kastilutxo con avance frontal hacia el Sollube y la otra trataría de desbordar el Sollube por el N. partiendo de Bermeo. El día 6 los avances fueron nulos por la primera línea del ataque, siendo rechazadas hacia Bermeo las fuerzas italianas. Partiendo de Kastilutxo, en cambio, los nacionales lograron llegar hasta el Añetu. Al atardecer ancló tras la isla de Izaro el crucero Almirante Cervera, concentrando el fuego de sus baterías sobre el Sollube. El día 7 la lucha sigue en toda su crudeza. La aviación al servicio de Franco bombardea y ametralla las defensas vascas y sus vías de comunicación con la retaguardia. Los pinares que cubren las laderas del Sollube arden por efecto de las bombas incendiarias. Las fuerzas atacantes no consiguen avanzar. Por la carretera Bermeo-Mungia una columna de pequeños carros de combate italianos Fiat-Ansaldo es obligatoria a retroceder. Al amanecer del día siguiente, sin embargo, por sorpresa y sin resistencia del batallón asturiano que había sustituido a otro de ANV en la cumbre del Sollube, ésta fue tomada por las fuerzas nacionales. Ese mismo día el sector N. quedaba también en manos nacionales, ya que los defensores del Truende y el cabo Matxitxako se retiraron a posiciones más retrasadas para evitar que les fuera cortada la retirada. Varios miembros del batallón asturiano, responsable con su huída de la caída del Sollube, fueron sometidos en Bilbao a un consejo de guerra. El alto mando vasco dio la orden de contraatacar y, tras duros combates, el día 10 los batallones Gordexola y Kirikiño lograron apoderarse de la cima, aprovechando la lluvia y la niebla que dificultaban la acción de la aviación. A pesar de ello no se consiguió establecer posiciones sólidas, ya que las reservas, entre ellas un batallón de la CNT, no acudieron a la lucha. Ese mismo día fuerzas nacionales de la V Brigada tomaban la ermita de Santa Cruz, el vértice Mazoga y, en combinación con la I Brigada, llegaban hasta el pueblo de Rigoitia y el barrio de Anís. Asimismo la brigada italiana Flechas Negras ocupaba ese día Bakio. Los días 11, l2 y 13 prosiguieron los combates. La V Brigada concentró sus esfuerzos sobre la cota 606, a 500 m. del Sollube, consiguiendo, tras repetidos intentos llegar hasta ella, pero debiendo abandonarla ante el contraataque vasco. El 14 de mayo, tras duros combates, las fuerzas de Franco lograron envolver la cota 606. Al día siguiente, los gudaris, tras dos semanas de combate ininterrumpido sobre un terreno arrasado por los continuos bombardeos, abandonaban el Sollube, retirándose al Jata. Ref. A. de A.: «H. D. G.E.», pp. 327 y SS.; Steer: El Arbol de Guernica, pp. 135-140; M. Banda: Vizcaya, Madrid, 1972, pp. 282.