En esta ciudad castellana se estableció en 1893 Daniel Zuloaga, tío del famoso pintor Ignacio. Era hermano de Plácido, hijo de Eusebio, que había acompañado a su padre a estudiar en Sévres la técnica de la cerámica. Daniel Zuloaga recorrió los pueblos de Castilla en búsqueda infatigable de viejos cuadros y tallas antiguas pues era también pintor y acuarelista. Segovia lo retuvo y allí instaló sus hornos para emprender la fabricación de cerámica para dotarla de su sello inconfundible. Se estableció, pues, en Segovia con sus tres hijas. El inquieto sobrino Ignacio, ya con éxitos en París y Barcelona, y en correría por tierras andaluzas, fue atraído por su tío y se le ve ya con taller en Segovia en 1898 donde había de componer sus cuadros más famosos en un ambiente de silencio y austeridad castellana.
