Duque de Saint-Simon
Escritor francés. Nacido en Versalles en 1675 y fallecido en París en 1755.
Célebre por sus Mémoires, referidas al período del final del reinado de Luis XIV y la Regencia, entre 1694 y 1723, de gran valor documental para el conocimiento de la vida pública y privada de la aristocracia francesa de esta época. Designado en 1721 como embajador extraordinario en España, en su obra hace numerosas referencias a Bayona y Pamplona, especialmente sobre su estancia en la capital navarra; tema estudiado por Ignacio Elizalde en Navarra en las Literaturas Románicas (III). La obra contiene "Sur l'anexion du Guipuscoa, Alava et Vizcaya á la France, 1700"; "Philipp V á Bayonne (et au Pays Basque), 1701"; "Voyage par Bayonne, Loyola, Vitoria, 1721" y "Voyage par Pampelune, Roncevaux et Bayonne, 1722". La anexión de Guipúzcoa se planteó en el año 1700 junto con la de otros territorios de la Corona dentro y fuera de la península. Algunos de los consejeros de Luis XIV la preconizaban por "ser una llave de España", sin embargo otros, relata Saint-Simon, opinaron que no merecía la pena ya que "la horrorosa esterilidad de un vasto país y la dificultad de los Pirineos siempre habían desaconsejado la guerra "de ce côté-lá" y había permitido, incluso en sus momentos álgidos, una especie de comercio entre las dos fronteras, so pretexto de tolerancia, sin que nunca se hubiera llegado a ninguna hostilidad". El duque fue a España como embajador extraordinario, para pedir la mano de la infanta para el rey Luis XV. Salió el 23 de octubre de 1721, acompañado de un numeroso séquito y llegó a Bayona, donde fue recibido y alojado en casa de M. d'Adoncourt, lugarteniente del rey, que estaba muy considerado. Su gente se distribuyó en las casas vecinas.
"El cambio de coche para nosotros y el equipaje nos retuvo cuatro días, en los que no podría ponerse ningún pero a la amable cortesía sencilla y sin cumplidos ni a los cuidados de M. d'Adoncourt, amén de su mesa tarde y mañana, pulcra, grande y excelente. Este personaje había venido, acompañado de oficiales a nuestro encuentro, cuando estábamos a una legua de la ciudad y a partir de este momento yo fui a caballo. Hubo que soportar la artillería y las cortesías como en Burdeos, y para no repetirme diré que lo mismo pasó a la vuelta, excepto en Blaye donde lo prohibí. Dreuillet, obispo de Bayona, vino a verme, y después cenó con nosotros y todos los principales de la ciudad, pero no fuimos muchos. Al día siguiente fui a casa del prelado que era piadoso, prudente y sin embargo muy agradable de trato, y muy querido de sus diócesis y de todo el país. Iba a ver la ciudadela, los fuertes y todo lo que mereciera la pena ser visto".
La relación del duque de Saint Simon sería incompleta si no nos hablase de su visita a María Ana de Neubourg que se encontraba en Bayona desde 1706.
