Lexique

PESTE

Factores desencadenantes de las epidemias. Si hemos de establecer una primera prospección sobre la incidencia de la peste en la demografía vasca, es posible afirmar, en términos generales, que no fue decisiva; sobre todo si la comparamos con los desastrosos efectos que tuvo en otras zonas, especialmente Cataluña, Levante y Andalucía. No obstante, es preciso diferenciar dos áreas en cuanto a la frecuencia y descalabros ocasionados: el área interior de clima mediterraneo (Alava y Navarra) fue la que sufrió con mayor reiteración los envites de la peste; frente al área holohúmeda (Guipúzcoa, Vizcaya y País Vasco Continental) que, excepción hecha de la epidemia de fines del s. XVI, quedó bastante al margen de los itinerarios de esta epidemia. Entre los orígenes y desencadenantes de la peste, al margen de los exclusivamente médico-sanitarios, tuvieron especial y decisiva importancia otros de orden económico y aun climático. La enfermedad siempre aparecía inserta en un ciclo de aspectos críticos, de los cuales era su expresión final y espectacular; una sucesión de malos años agrícolas, acompañados por el parón en la expansión del área cultivada y coincidente con crisis climáticas (enfriamiento, aumento de la pluviosidad,...), provocaban el desequilibrio en el binomio población-recursos, suscitando períodos de hambre generalizada y empobrecimiento de la población, que mostraba así mayor predisposición física a contraer enfermedades y facilitaba su contagio, ayudado por las pésimas condiciones de higiene en las que se vivía. Ello por lo que hace a las zonas interiores y en general a todo el orbe, a lo que cabe añadir otros factores críticos en las áreas de economía más diversificada. Así se explica la incidencia de la peste de 1597-1602 en las provincias costeras. En el último cuarto del s. XVI estas provincias habían llegado a cierto grado de deterioro en sus bases materiales, caracterizado por la crisis de los sectores que hasta entonces, y desde mediado el s. XV, habían protagonizado su crecimiento económico: el marítimo-comercial y el siderúrgico. Aquél fue víctima de la creciente conflictividad internacional centrada en los espacios que lo nutrían (Flandes, Francia,...), el recambio de la carrera de Indias no fue suficiente, el lastre de las crecientes demandas de la Monarquía, tanto en hombres como en barcos, y, en fin, la actividad pesquera se vio afectada además por un cambio en los circuitos tradicionales de los bancos de pesca. La conjunción de éstos y otros factores generó un paulatino retroceso de la actividad marinera y de la construcción naval. El sector siderúrgico se debatió entre la creciente competencia de los aceros norteuropeos, los funestos efectos del vertiginoso ascenso de los precios y la actitud proteccionista de Vizcaya que monopolizaba la materia prima: el hierro.