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PARÍS

Euskal Etxea. En 1529 dos vascos célebres, el guipuzcoano Iñigo de Loyola (San Ignacio) y el navarro Francisco de Javier (San Francisco) se conocieron en París. Ellos serán cofundadores de la Compañía de Jesús. Representan indudablemente a los dos predecesores más universalmente conocidos de la colonia vasca de esta capital y, más concretamente, a los antepasados de los estudiantes vascos de la Universidad parisina. En 1976 había cerca de 20.000 vascos en la región parisina, para dar una cifra redonda. Realmente es muy difícil proporcionar una estadística precisa, ya que el País Vasco de Francia no es una realidad jurídica, y no existen datos oficiales que permitan evaluar, al menos torpemente, su número. Aunque modesta, esta cifra es equivalente, grosso modo, a la población de Zuberoa, la más pequeña, es cierto, de las siete provincias de Euskadi. El principal lugar de encuentro es Euskal Etxea (la Casa Vasca), calle Duban 10, circunscripción n.° 16. Este local fue comprado en la década de 1960, gracias a la iniciativa de un grupo de jóvenes vascos de Iparralde, concentrados alrededor de un sacerdote que preparaba por aquel entonces una licenciatura de filosofía en la Sorbona. El Hogar de la calle Duban comprende una gran sala en el piso bajo, con un bar y un tablado para los espectáculos. En el primer piso hay dos habitaciones más pequeñas y una cocina que permiten servir comidas (de 60 a 80 cubiertos), celebrar reuniones, etc... Aquí se proyectan las películas del cine-club, y tienen lugar los cursos de lengua vasca. En el segundo y último piso, hay instaladas cinco habitaciones-dormitorio con cuatro camas cada una, dos cuartos para las chicas, tres para los chicos, amueblados muy sencillamente, al estilo de los albergues de juventud. Los residentes disponen también de una estancia cocina-comedor. Los aposentos están concebidos como residencias provisionales. Se es admitido por un precio módico durante un máximo de tres meses transcurridos los cuales los jóvenes vascos y vascas deben encontrar un alojamiento fuera y, muy a menudo también un empleo. Existe a este efecto una oficina de colocación al servicio de todos los que buscan trabajo, pero que concierne principalmente a la gente del hogar y empleos poco cualificados. La adquisición de este local sólo fue posible gracias al encarnizamiento de estos jóvenes. No debe nada a la iniciativa, ni siquiera a la ayuda de una administración o de cualquier servicio social, ni siquiera a la más pequeña subvención. El precio de compra fue en aquella época de 18 millones de francos antiguos. Fue cubierto gracias a donativos (500.000 francos fueron recaudados de esta manera), pero sobre todo gracias a un crédito bancario que sin duda no se hubiera obtenido sin los buenos favores de una persona bien acomodada en la jerarquía de un gran banco nacionalizado, originario él mismo del País Vascofrancés. El préstamo fue reembolsado progresivamente, por una asociación (ley de 1901) jurídicamente propietaria del local, por las entradas de dinero proveniente de las cuotas, de las fiestas y galas anuales y de los donativos de los "Amigos de los Vascos", otra asociación del mismo tipo. Por consiguiente fueron los vascos mismos quienes esencialmente financiaron la compra y la instalación de su albergue (los pisos fueron construidos a continuación). Sólo las autoridades eclesiásticas aportaron ayuda a modo de fianza que facilitó la obtención del crédito. El Hogar Vasco alberga también al capellán de los vascos de París, que dispone de una pequeña capilla en el sótano. El es el encargado del recibimiento de los residentes y de la administración cotidiana del Hogar en nombre de la Dirección, elegida por los miembros de la asociación "Euskalduna" que congregaba, desde antes de la última guerra mundial, a los vascos de la capital. Autónomas en todo lo demás, las dos organizaciones, Euskal-Etxea (Casa Vasca) y Euskalduna, venden las mismas tarjetas de admisión. Así, todo miembro de una es, al mismo tiempo, miembro de la otra. La "Federación de las Asociaciones Vascas de París" vende, sea buen o mal año, unas 2.000 tarjetas, es decir, un 10 % de la que se supone es la población vasca de la región parisina. La tarjeta da derecho a la entrada en la Casa Vasca, a descuentos en las fiestas y espectáculos organizados por cada una de las asociaciones y sobre todo a la "colonia" de los niños, de París al País Vasco y regreso, tres veces por año con motivo de las vacaciones escolares. Para muchas familias la posibilidad de enviar de esta manera a los niños, beneficiándose de los billetes colectivos y del cuidado de las acompañantes, es muy probablemente la causa esencial de su inscripción. Por último la cuota da derecho a un abono al periódico mensual de los vascos de París, "Elgar" (juntos). Entre las actividades organizadas por Euskalduna, la más importante es sin duda el "baile vasco" del sábado por la tarde. Abierto a todos, es de hecho frecuentado por muchos no-vascos, y en particular por los procedentes de las provincias del Suroeste, jóvenes inmigrados antillanos, africanos, españoles, etc. , hecho del que se lamentan precisamente algunos, que echan de menos la época en que el público era menos diversificado. No obstante este baile permite aún numerosos encuentros entre chicos y chicas "del país" y contribuye a perpetuar cierta tendencia a la endogamia. Antes de la fundación de la Casa Vasca era el principal lugar de encuentro y contacto, al menos para los jóvenes. El baile constituye por otra parte una importante fuente de ingresos para la asociación Euskalduna. Además del Hogar y el baile, los principales sitios frecuentados por la colonia vasca son: el frontón, donde se reunen para jugar a la pelota y (apostar), o como espectadora de los grandes partidos de la temporada, y los numerosos restaurantes y cafés regentados por los compatriotas. Algunos de ellos, una media docena, tienen una clientela casi exclusivamente vasca. Allí encuentran de hecho el ambiente y las costumbres de las tabernas de aldea, con los coros improvisados al término de la comida, y la tradicional partida de mus, el pocker del país, que se juega con cartas españolas. Por último, dos veces al año, el día de Todos los Santos y al comienzo del mes de diciembre, los vascos de París se reunen en gran número (entre 1.000 y 2.000) para asistir a una misa, dicha y cantada en vasco, y para la "fiesta anual". Esta tiene lugar en la sala Wagram; consiste en un espectáculo de folklore y varietés, con muchos cantantes y músicos llegados del País. La sesión se abre con el "Gernikako Arbola", himno considerado nacional, cantado por el público en pie. Después del espectáculo, el baile retiene a los jóvenes hasta el amanecer. Para los jóvenes y solteros, los puntos de reunión que acabamos de indicar constituyen lo esencial de su tiempo de ocio. La mayoría se reune de esta manera regularmente. Las amistades, los conocidos, las relaciones son para cada uno de ellos casi exclusivamente vascos, a excepción de sus compañeros de trabajo. El atractivo de sus "compatriotas" y las dificultades psicológicas que experimentan en los contactos extra-étnicos son uno de los rasgos más palpables de la colonia. París es una ciudad privilegiada en un sentido importante: pone en contacto a los vascos de las siete provincias, en proporciones ciertamente desiguales, pero en condiciones excepcionales, a pesar de las dificultades. Fuera de las aglomeraciones urbanas del País Vasco Norte (donde los inmigrados y refugiados del Sur son relativamente numerosos) esta variedad de la colonia vasca existe también en ciertas ciudades de América, tales como Montevideo o San Francisco, pero en París la regularidad de las reuniones y los motivos de actividades culturales frecuentes constituyen un factor importante de encuentro. El fichero de los inscritos a la "Federación de asociaciones vascas de París" permite una estimación aproximada de la composición geográfica y socioprofesional de la colonia. Las fichas, cuando están completas, ofrecen las siguientes informaciones: nombre, "lugar de origen", profesión, dirección, año de inscripción. Sobre una muestra de 100 fichas completas tomadas al azar, hemos examinado a los inscritos conforme a los criterios disponibles. No parece que los resultados sean gravemente ambiguos, según la elección de fichas completas, que representan menos de la mitad del total. Se puede suponer, es cierto, que algunos inscritos han sido más reticentes que otros a la hora de precisar, por ejemplo, su profesión. Sin embargo, parece que el hecho de completar o no los apartados de la tarjeta, en el momento de la venta, depende sobre todo de las circunstancias de la inscripción o de la aplicación del encargado, mucho más que de la iniciativa del inscrito. Las ventas masivas de carnets, por ejemplo, en el momento de las inscripciones para la "colonia infantil", son probablemente el origen de la mayor parte de fichas incompletas. Hay que pensar, respecto a esto, que las parejas con niños en edad escolar o preescolar estén mínimamente representados en nuestro muestrario. Por otra parte, se puede preguntar en qué medida la población de inscritos es representativa del conjunto de los vascos de la región parisina. Ciertas clases están menos interesadas que otras o tienen más dificultades para frecuentar el Hogar. Además, quienes lo frecuentan no están todos inscritos. El control a la entrada no es sistemático más que en el momento de renovación de carnets y, seguramente, los jóvenes en particular, se ven probablemente tentados de abstenerse en este momento. De todas formas, son igualmente los jóvenes quienes se benefician más de las reducciones en la entrada del "baile vasco". En lo que concierne a las jóvenes parejas casadas con niños, también tienen un interés particular en inscribirse (por los billetes colectivos de tren) pero sus fichas están más a menudo incompletas. En todo caso, el sondeo que hemos efectuado es demasiado modesto y los resultados tienen un carácter demasiado aproximativo para que estas consideraciones tengan gran importancia. Sobre 100 fichas completas los datos relativos al origen geográfico son los siguientes:

Iparralde
(País Vasco Norte)
85 de los cuales Zuberoa............36
Benafarra..........27
Lapurdi.............22
Hegoalde
(País Vasco Sur)
7 de los cuales Gipuzkoa.............5
Nafarroa..............1
Bizkaia................1
Región parisina 4  
Sud-Oeste
(Béarn, Landas, Alto Garona)
4  

Hay que notar la preponderancia de los suletinos, tanto más sorprendente si se tiene en cuenta que Zuberoa es, por mucho, la provincia más pequeña de Euskal Herria (menos de 20.000 habitantes). La escasa proporción de los "Vascos del Sur" se explica claramente, por el hecho del desarrollo industrial de sus provincias. Sin embargo, ésta es compensada por su gran participación en la actividades culturales. Son mayoritarios en los cursos de lengua vasca, como alumnos y sobre todo como profesores. Representan casi la mitad de los cantantes y bailarines del grupo folklórico "Gernika". Son también muy mayoritarios cada vez que se trata de actividades "políticas", tales como las manifestaciones de apoyo a los refugiados o a los presos. Los inscritos de la región parisina y de las provincias vecinas del País Vasco Norte son probablemente hijos de emigrados en su mayor parte. No es imposible que entre ellos se encuentren uno o dos bearneses, landeses o algún parisino amigo de los vascos. La distribución del muestrario (1976) según la profesión plantea problemas difíciles. La redacción de las fichas es arbitraria, sin precisión. Los reagrupamientos y distinciones que nos impone la elección de las categorías no lo son menos. Con todo, en este primer nivel de aproximación ciertas cifras son bastante reveladoras.

Trabajo Manual Trabajo no Manual
Café-hostelería
Obreros
Artesanos
Empleados de la Iglesia
Empleadasde hogar
Comerciantes
22
11
7
8
6
3
Administración, servicios públicos
Empleados
Estudiantes
Cátedras medias y superiores, p. liberales
Artistas

13
15
5
8
2


Trabajo Manual
Trabajo No Manual
Jubilados

Total
54
43
3

100