Lexique

NOVIAZGO

Endogamia y vecindad. En la sociedad rural tradicional vasca, en el marco de la aldea, los niños vecinos se han criado como hermanos. Quizás esa condición haya llevado a considerar el matrimonio entre jóvenes de una reducida aldea, aunque no conscientemente, como algo que Ileva en sí un sentimiento de difuso incesto. Lo cierto es que en algunos lugares del país se buscaban las relaciones núbiles en ciertas aldeas, fuera de la vecindad o dentro de zonas más o menos amplias, ocasionando en cierto modo algo parecido a una exogamia, a escala reducida, o al contrario, a una endogamia local. El matrimonio con gente forastera, foránea, extraña al país, siempre se miró con desconfianza. El euskara sedimento de reflexiones y juicios sociales, al dar el nombre senargai y emaztegai a los novios los declara "aptos" para marido y mujer, que no otra cosa significan literalmente ambas palabras. Y apto es poseer las condiciones para tales funciones; y éstas son, como se sabe, múltiples y variadas y nunca unilaterales. El noviazgo aflora en canciones amorosas y de diversas maneras. Una de ellas, por ejemplo, "Kukuak", bajo una melodía popular adecuada al asunto, canta: kukuak -umeak-zulo ttikian-, oi! saratsaren gainean-. Amoña neurea, -ezkondu nai dut, -adina dut betea; -nere lagunak-eginak daude-goan den aspaldi aundian. Lit.: "El cuclillo sus crías - en un agujerito - chiquitito chiquitito, - ¡ay! sobre el sauce-. Abuelita mía, -quiero casarme, -he cumplido la edad; mis compañeras - lo han hecho - hace ya mucho". No basta desear; hay que poner los medios. Se hace a menudo intervenir a algún santo o santa como San Antonio de Urkiola, en Bizkaia, lugar de romerías donde se juntan jóvenes de aquellas comarcas. En la Ribera y llanuras tiene más importancia la ronda a las mozas, recorriendo los mozos con música las calles y cantando coplas alusivas delante de ciertas casas. Pero no solamente las romerías y las rondas sirven a ese fin, sino toda fiesta o reunión de mozos y mozas. De esta clase son un buen número de reuniones laborales como para desgranar maíz o hilar en grupo. La civilización vasca ha tratado siempre de alegrar el trabajo con cantos, juegos y diversiones inyectados en el mismo. Una de estas veladas se llama la artazuriketa que Campión describe en su novela Blancos y Negros, o que la plasma en poesía Orixe en Euskaldunak. A la reunión de hilanderas no se permite la entrada sino a niños y a adultos, pero los sábados está abierta a los jóvenes y es por eso que a este día se le denomina en euskara neskaneguna o "día de las muchachas". Quizá el larunbata, el otro nombre del sábado, se refiera a "lagun", compañero (larun). En el artazuriketa y en otras veladas se jugaba a emparejar a los jóvenes de la localidad nombrando las parejas ideales, una tras otra. Era una sesión medio en veras medio en broma, pero que provocaba grandes inquietudes y recelos entre los interesados. El cortejo a las muchachas, propio de esta edad, producía también intensas inquietudes, alegrías y desengaños. La literatura oral es copiosa. Se refiere a menudo a los atrevidos y a los tímidos. La canción popular "Muthil gaztia", nos presenta a un atrevido: Muthil gaztia. bilo horia, -burian duka banitatia?- Uste duk bai noski haizu dela bethi - gorthiaren egitia andre orori. "Muchacho joven, caballero rubio, -¿tienes vanidad en la cabeza?- ¿crees sin duda que te está permitido hacer la corte a toda mujer?" No faltan los casos de naturalidad como en esta otra canción: Kalla kantuz ogi petik uztaril agorriletan - maitea ganik etxerakoan entzun izan dut bortzetam, - amodioak bainerabilkan haren athe leihoetan. "La codorniz canta en los trigales en julio y agosto; - hela oído muchas veces al volver de mi amada, - pues el amor me llevaba a su puerta y ventana". Otra canción recomienda no ser tímido con las jóvenes: Izarretan den ederrena da - arteizarra goizetan. Nik maiteño bat bakarra izan ta - ezin ikus arratsetan. Gizon gaztiak ezluke behar - lotsarik andre gaztetan. "Entre las estrellas es la más bella - la del alba en los amaneceres. - Tener yo una sola amada y - no poder contemplarla en los atardeceres. - El muchacho joven no debería tener - timidez con las jovencitas". Así desfilan en nuestro cancionero popular la declaración amorosa, el enamoramiento, la fidelidad, el temor, las penas, el amor, el abandono amoroso y la despedida de soltera. La canción popular también se hace eco de los problemas. El engaño amoroso, por ejemplo, es el tema de la canción suletina Eijerra zira, maitia "bella sois, amada". Eijerra zira, maitia, - erraiten deizüt egia; - nurk eraman othe deizü lehen floria? "Bella sois, amada - os digo de verdad; - ¿quién, por ventura, se ha llevado tu primera flor? a lo que responde la amada despejando la pregunta: Eztizü egin izotzik - ez eta ere kharrunik - ene lehen floriari kalte egin dienik. "No ha habido escarcha, - ni tampoco helada - que a mi primera flor haya hecho daño". El diálogo prosigue, la joven invita al galán que si tanto la ama, lo muestre con obras desposándola en la iglesia. Pero la contestación es evasiva diciéndole que los curas están en España y los monaguillos en Roma, y en tanto que llegan será mejor solazarse en el aposento. El engaño aflora lentamente. Y ya la negativa de la muchacha es contundente: Oihaneko otsua - dolü deriat, gaxua, - antxuekin lo egin eta zeren barurik beihua. "Lobo de la selva, me apenas, pobrecito, - porque habiendo dormido con los corderitos te vas en ayunas". La respuesta del falso galán deja bien claras sus intenciones aviesas: Enün ez ni otsua - gutiago gaxua, - entxuekin lo ginik ere, kuntent gabez beinua. "No soy lobo, - ni menos pobrecito, - porque me vaya descontento después de dormir con las corderillas". El final acontece con una despedida despectiva: Bortü goretan lanhape, - hur-bazterretan ahate; - zü bezalako falsietarik eztizüt nahi deüsere. "En los altos puertos, bajo la niebla, - en las orillas de los arroyos, ánades; de falsos como vos, nada quiero". La confianza y la desconfianza, el atractivo, la broma y el coqueteo andan de por medio en la trama primeriza de estos adolescentes. Eperrak kantatzen dau - goizean bostetan - ez egon, neskatillak, mutilen pentzutan. "La perdiz canta - muchas veces por la mañana: no estéis, muchachitas, pendientes de los chicos". Así van abordando nuestras canciones populares las andanzas de chicos y chicas que preceden a los noviazgos y aventuras amorosas. La separación de chicos y chicas, tanto en los juegos como en las danzas fue terminante en la sociedad tradicional vasca. Esta falta de trato de chicas y chicos en algunas zonas del país llegaba a ser tan terminante que se hacía difícil abordar el hecho de la declaración amorosa. Esta corre siempre a cargo del mozo y se teme el desaire. Así resume el problema Satrústegui. "Resultaba sumamente laborioso el aterrizaje forzoso de la primera declaración, al interferirse en la ya difícil barrera del trato mixto una nueva dimensión de recónditas intimidades, difícil de confesar. Esta declaración personal iba precedida, en general, de un largo compás de espera computable incluso por años de incertidumbre y lucha interior. Ensayaban antes de la hora decisiva la cortesía del pequeño regalo o el gesto amable de una atención. Podía ser la filigrana de una rueca de artesanía trabajada con mimo o el detalle discreto de un pañuelo de seda. Son las horas de la máxima expectación. Se considera humillante para el hombre el desaire de una moza. La reacción podía ser de despecho o de resignación, pero constituía un trauma en la vida del pretendiente. El machismo hacía acto de presencia con las actuaciones más inverosímiles y se mostraba especialmente agresivo con las mujeres indefensas". A un desaire de esa clase debe de aludir el canto de una moza roncalesa dirigido a la ronda de mozos cantándole delante de su casa: "Paskual-Antonio enez dieusa - erkin zitan gezur-xuri, - si quieres comer tomate - en mi huerta hay baratzuri". = El nadie de mi Pascual-Antonio - me ha salido hipócrita - si quieres comer tomate - en mi huerta hay ajo. La boda no tenía lugar sin una previa petición de mano del padre del chico al padre de la chica, y de ahí, el apuro, la incertidumbre, de cómo caería en la otra casa el proyecto matrimonial. En el caso cantado por Orixe, el padre de la chica es propietario del caserío, y, por tanto, rico, y el padre del chico, inquilino y, por tanto, pobre. Miguel, el pretendiente, el novio de Garazi, habla primero a su padre pidiéndole que haga la petición de mano en la primera ocasión. En su conversación sopesan las razones, la posición de ambos novios, la incertidumbre de la respuesta. Los novios se han ya declarado como tales. Y es curioso cómo el casero pobre estima y pone en alto el buen nombre de su caserío y la equiparación al que más.

Bernardo ESTORNÉS LASA.