Lexique

MUTUALIDAD

Mutualidades agrarias. La mutualidad es una asociación de ayudas mutuas cuyos propios asociados se encargan de garantizarse contra riesgos siendo así asegurados y aseguradores al mismo tiempo. En Euskal Herria las mutualidades más antiguas son las denominadas alkartasunak, anaitasunak, ermandadiek, kofradiek, terramak, según las localidades. Todas ellas tienen un fin idéntico: la ayuda mutua contra los riesgos del ganado. Constituyen estas asociaciones una reminiscencia de las que por toda Europa existieron hasta el advenimiento de las mutualidades modernas. El vascófilo Webster, que estudió con detenimiento estas organizaciones agrarias, dice que la mayoría de ellas carecen de estatutos y reglas escritas. "He visto escribe- los papeles de algunos secretarios de estas kofradiak. Se componían solamente de un cuaderno, de un valor de diez céntimos, con una lista de las casas que formaban parte de la hermandad y el número y el valor de los animales asegurados; y he aquí todo. No había ni una palabra escrita más. Conozco la existencia y el reglamento de otras de viva voz solamente. Pero la circunstancia característica de estas asociaciones es que se producen y manifiestan fuera de la ley y de la vida oficial. Son asociaciones perfectamente libres e independientes. Rara vez recurren los asociados a la ley o a los tribunales. En todas partes encontramos esta característica". (Webster. Loisirs, p. 259). Estas asociaciones existían en el siglo XX en número crecido en nuestro país. El número de socios que abarcaba cada una de ellas solía ser en general muy limitado. El vínculo de la vecindad y el retraimiento propio del vasco, a quien sólo le gusta tratar con personas en quienes pueden depositar toda su confianza, son las razones que explican la multiplicación de estas asociaciones y la exigüidad numérica de sus miembros. En el capítulo V de su Condaira expone Iztueta las características de varios tipos de sistemas de prestaciones mutuas entre labradores, sistemas a los que denomina anaitasuna lagunkide, y a los que considera adoptados de los pastores ( bere anaia artzain ondraduai ikasitako ohitura). Describe prestaciones en cada caso de pérdida de ganado vacuno, enfermedad del labrador, hijo o hija obligado a una boda precipitada, muerte y orfandad de un labrador pobre y muerte de señora o señor principal: a) En caso de incapacitación o muerte de ganado vacuno de yugo ( uztarrizko abelgorri) la hermandad entera (aquí lagunkide "asociación de amigos"), le proporcionará enseguida un equivalente (ordaña). b) Si acaeciese que un labrador no estuviese en posesión de animales vacunos y cayese presa de enfermedad grave ( eritasun gaizto), tanto sus parientes como sus amigos y vecinos labrarán sus campos como si fueran propiedades (berenkiak) suyas, comiendo de lo suyo y sin percibir sueldos y gratificaciones ( alogera ta saririk bage). c) En caso de que algún hijo o hija tuviera un tropiezo demasiado joven llegando a comprometer su porvenir debido a la pasión amorosa ( amodiozko naitasunaren bidez gazte limuriturik), y no se le pudiera encontrar casa suficiente ( etxe bazter bat), suelen reunirse en el ayuntamiento ( herriko etxea) parientes, amigos y vecinos con el galán sujeto del tropiezo ( galai irristalariarekin batean), y allí, bebiendo un trago ( eta hemen bere txurruta edaten daudela), el más maduro de los presentes solía proponer que se escogiera para la pareja una artiga grande ( labaki andi bat) de las tierras comunales ( zillegi lurretan, lit. tierras lícitas), se la preparara y sembrara y se le proporcionaran animales, semillas y otras cosas necesarias para el arranque de un nuevo hogar. d) En caso de enfermo de muerte, de escasas posibilidades económicas, sus parientes, amigos y vecinos consolarán por turnos al moribundo alejando ideas amargas y prohijando a la prole ( honako mutiltxo hau nik hartuko det nere etxera, (...) hau nere alabatzat ezagutuko det honezkero). e) Al morir el señor o la señora de alguno de los palacios o casas principales ( jauregi eta etxalderik aurrenengoak, beretako Nagusi Etxekoandreak), existe también una costumbre legal ( legezko oitura) que obligaba a cada uno según los bienes que poseía ( nori bere ondasunak agintzen zioten modukoa). Consistía en llevar a la iglesia los familiares, uno en buey adornado de campanillas ( uztar-idi galaren galakoa tzintzarriz beterik), una hermosa vaquilla adornada de flores y rosetas ( zekor galanta adarretan lore ta errosetak zituela), un carnero grande, aves, manzanas, castañas, etc. Según la obligación de dar de cada uno ( nor nolako emankizunaren azpian arkitzen zan) así debía de contribuir sin falta ( gisa berperean behar zehan erantzun utsialdirik bage). Iztueta dice haber durado esta costumbre hasta 1700. Vicente Laffite, que ha estudiado de cerca el funcionamiento de las hermandades gipuzkoanas, nos dice que sólo en Gipuzkoa existían unas 400 asociaciones de este género. Los 376 reglamentos examinados por Laffite a comienzo del siglo XX, correspondientes a otras tantas hermandades, están constituidos como sigue:Por 5 asociados5 HermandadesPor 10 asociados33 HermandadesPor 20 asociados128 HermandadesPor 30 asociados46 HermandadesPor 40 asociados19 Hermandades Por 50 asociados2 HermandadesPor 90 asociados4 Hermandades
Pagan por el siniestro ocurrido:La tasación completa o valor íntegro57 HermandadesEl 80 % del valor57 HermandadesEl 75 % del valor68 HermandadesEl 50 % del valor48 HermandadesPor el peso que arroje la res en canal82 HermandadesPor el peso que arroje la res en canal
más algo de dinero13 HermandadesUna cantidad fija e invariable por res
asegurada, sea cual fuere su valor33 Hermandades
Manera de satisfacer la parte correspondiente a cada socio: 307 Hermandades pagan una cantidad fija por cabeza asegurada sea cual fuere su valor. 12 Hermandades satisfacen 1,00 pta. al mes por res asegurada. 9 Hermandades satisfacen 0,50 pta. al mes por res asegurada. 6 Hermandades satisfacen 0,25 pta. al mes por res asegurada. 8 Hermandades satisfacen el % que corresponda según el siniestro y el valor de los animales asegurados. 9 Hermandades satisfacen a prorrata tan sólo entre los ganados de igual valor que el siniestro. 6 Hermandades satisfacen el 2 % del valor asegurado. En Vizcaya, según indicaciones de José de Posse y Villelga, existen 330 hermandades, repartidas entre 89 pueblos, de los 121 del Señorío: en el distrito de Bilbao, 62; en el de Durango, 76; en el de Gernika, 97; en el de Markina, 24; en el de Balmaseda, 71. No indica Posse y Villelga el número de socios de cada hermandad, pero puede desprenderse que este número es muy reducido, teniendo en cuenta el número de hermandades de cada localidad; así, sólo en Zeanuri hay 13 hermandades; en Orozko, 11; en Elorrio, 10; en Gordexola, 10; en Mungia, 16; en Erandio, 8; etc. En Gipuzkoa y Bizkaia empezaron a funcionar, en 1907, unas cajas de Reaseguros Provinciales cuyos ingresos provienen de un impuesto que se percibe por cada res que se lleva al matadero. En un principio se dedicaban, estas Cajas de reaseguros, a entregar a las hermandades que a ella pertenecían una subvención equivalente al 70 % del exceso de mortalidad a contar desde el 2,50 % del capital asegurado en adelante. El año 1909 se modificó su misión y, manteniendo las Cajas de Reaseguros, se creó dentro de ellas otra sección dedicada a las enfermedades infecto-contagiosas: su fin consiste en acudir a los centros donde ha habido alguna infección, ordenar sacrificios de ganado enfermo, aislamientos, vacunaciones y entrega de las subvenciones. En muchos pueblos de Navarra y de Álava existen hermandades en las que previa tasación queda asegurado el ganado con el compromiso de sufragar las dos terceras partes del valor del animal estropeado o fenecido. Por ser esas regiones más agrícolas que ganaderas, el ganado asegurado se reduce a las yuntas de bueyes dedicados a las faenas del campo. Una institución eminentemente alavesa, es la que lleva el nombre de "Arcas de misericordia", cuyo origen se remonta a muchos siglos atrás y cuyas ordenanzas fueron dictadas por el Obispo de Calahorra y Santo Domingo de la Calzada, don Juan Bernal de Luco, el año 1554. En la región continental, según Webster, han desaparecido la mayor parte de las antiguas hermandades, denominadas kofradiak, debido a una epizootia que a fines del siglo XVIII "hizo morir al ganado vacuno con la violencia del rayo". La base de estimación del animal muerto difería según las cofradías: en algunas, se otorgaba al dueño del animal muerto el precio de la carne de la res que se vendía a un precio fijo a los miembros de la asociación; en otras, se pagaba la mitad del valor declarado; a veces las tres cuartas partes, y en ciertos casos la totalidad del valor del animal según estimación de los peritos. El mismo autor nos dice que en Zuberoa no hay trazas de que en el pasado existieran estas asociaciones; pero en esa región quedan reminiscencias del gazail, que viene a ser un contrato de sociedad por el cual un particular cede a otro un cierto número de cabezas de ganado con el compromiso de que se encargue de criarlos y de repartir luego los beneficios por mitad. Otra modalidad de hermandad con carácter de mutualidad es la denominada suaro (de su=fuego, aro=hermandad). A estas asociaciones suelen pertenecer los propietarios de los caseríos; el número de sus socios suele ser mucho mayor que el de los alkartasunak; en general suele existir una sola asociación para todos los caseros propietarios que hay en el pueblo. No se pagan cuotas por anticipación, sino un tanto por cada socio después de acontecido algún siniestro, según tasación de la casa quemada fijada por una junta. Hay también asociaciones cuyo fin es la ayuda mutua en casos de enfermedad y de defunción. En Larrabetzu existe una hermandad para los casos de enfermedad integrada por cuarenta familias que pagan una cuota mensual determinada; estos fondos suelen servir para pagar los medicamentos y visitas médicas de los socios enfermos; cuando estos fondos se agotan, por exceso de gastos, cada familia paga una cuota extraordinaria de cinco pesetas. Hay ciertas formas de asociación derivadas inmediatamente del vínculo de la vecindad, e impuestas por un concepto muy elevado de lo que debe ser el trabajo entre seres humanos. Los vecinos se asocian para los trabajos que requieren un esfuerzo en común para el bien de la localidad y emplean sus esfuerzos con el rigor de una obligación, pues en caso de ausencia injustificada tienen que pagar una multa. Esta modalidad de actividad colectiva recibe el nombre de auzolan (prestación vecinal) y abarca obligatoriamente a todos los vecinos de una localidad; para ciertos trabajos existe un reglamento, al cual deben someterse todos los vecinos; así, por ejemplo, para cuidar los caminos de la vecindad hay días fijados para ello; estos caminos vecinales reciben el nombre de eliz-bidea, porque todos ellos desembocan en la proximidad de la iglesia. El auzo-lan se extiende a todas las formas de actividad que presentan utilidad para la vecindad; hace pocos meses hemos tenido la ocasión de admirar el afán con que los vecinos de Udabe (valle de Basaburua Mayor de Navarra) se dedicaban a trabajar en común para mejorar el pórtico de la iglesia (con el fin de utilizarlo en el juego de la pelota), construir un lavadero cerca de una fuente, arreglar algunos caminos, etc. Existe otra modalidad de actividad en común que recibe el nombre de ordeak (trabajos a trueque) que consiste en prestarse mutua ayuda para ciertos trabajos que sobrepasan las posibilidades de los miembros de una familia: la siega, la trilla, la escarda del trigo y del maíz, la siembra, la laya se hacen por el procedimiento de los ordeak. El vecino favorecido no tiene otra obligación que la reciprocidad. El trabajo a trueque obedece a una rotación periódica, o sea que el favor que recibe un vecino, en el momento adecuado lo presta a los otros vecinos; entre ellos el trabajo prestado se paga solamente con trabajo. El trabajo por caridad no responde a esas exigencias de los ordeak, sino que, obedeciendo a circunstancias especiales, no tiene otra finalidad que socorrer a una familia necesitada de ayuda. Muchas veces el párroco anuncia desde el púlpito la situación menesterosa en que se halla tal o cual familia de la vecindad, y a la vez que incita a los vecinos a prestar ayuda en los trabajos atrasados de la familia necesitada, les autoriza para que puedan ejercitar esa caridad algún día festivo. Este espíritu de caridad no se limita entre los vascos a la ayuda en forma de trabajo, sino que se extiende a ciertas aportaciones concretas que reciben en euskera el nombre genérico de lorrak. Los principales son los siguientes: Zimaur-lorra, Bildotx-lorra, Zur-lorra, Etxe aldatz. Las mismas instituciones vascas se dedicaban con su espíritu previsor a evitar que el vasco pudiera llegar a ser un mendigo. Las Ordenanzas de la Cofradía de San Miguel de Alzusta, de Zeanuri, disponen lo que sigue: "Otrosi decimos: que si hubiere algún pobre en la dicha Cofradía que no se pueda sustentar por su pobreza, ordenamos y mandamos que por los cofrades sea alimentado, y ahora sea andando a pedir dos vecinos por la vecindad de dicha Cofradía o vendiendo algún monte o de la venta que hubiere en la dicha Cofradía, y esto sea a cargo de los dichos montazgueros que hubiere y sucediere en aquel año, so pena de cien maravedises en cargo de consecuencias". Todos los menesteres que exige la quema del calero se hacen también colectivamente por la colaboración de los vecinos; mientras unos van al monte a cortar argoma, otros se dedican a arrancar piedra caliza y a traerla al lugar donde se encuentra el horno. Durante la operación de la calcinación, los vecinos hacen de fogoneros por turno. La cal se distribuyen los vecinos por partes iguales, lo que se hace pesándola sobre un balancín, en uno de cuyos extremos se coloca una piedra crecida, y en el otro la cesta llena de cal. La medida usual de la cal es el carro, el cual contiene 36 arrobas y su precio corriente es de 25 ptas.