Muelle de Bayona (Lab.). De todos es sabido que las ciudades romanas, construidas a lo largo de cursos de agua, tenían muelles destinados a regular el régimen de las aguas del río. En las reseñas dedicadas a las calles Orbe y Salie hemos indicado dónde estaban situados los antiguos muelles del Nive. Más tarde, cuando el núcleo de ciudad comenzó a ensancharse, los muelles, siguiendo el natural desarrollo de los barrios, fueron estrechando más el cauce del río. Como consecuencia de la extensión del comercio marítimo a partir de la unión de la Rochelle a Francia, los terrenos situados a la orilla del río, dentro del recinto de la ciudad, duplicaron su valor; los ricos burgueses tenían en ellos sus bodegas y sus almacenes con uso privilegiado de los muelles de descarga y a veces situaron en ellos sus propias casas. Las construcciones se extendían en la parte del lecho del río que la marea baja dejaba al descubierto. Simón de Montfort decidió que los beneficios de estas diversas construcciones formaban parte del domino señorial y ordenó la operación que tuvo como efecto imponer a la mayor parte de los comerciantes el censo real, que no pagan desde hacía ya tiempo. Así pues la ciudad de Bayona en plena Edad Media poseía ya muelles como la mayor parte de las ciudades de Francia. Su construcción era muy parecida a la de nuestros días, pero como no había mucho sitio procuraron ganarlo al río mediante saledizos, sin estrechar el canal sin embargo. En las épocas antiguas, las casas de varios muelles estaban en contacto directo con el agua, mientras que una línea de arcadas practicadas en el primer piso permitía la libre circulación. Entre estos muelles, podemos citar las casas del muelle de los Vascos; y de época más moderna, las de la calle del Pont-Traversant, vulgarmente llamadas Arcos del Carbón. Sin embargo, a estos trabajos les faltaba cohesión, resultaban fraccionados, dejando lagunas, orillas y canales abandonados. Y para llevar a buen término todo el sistema de muelles a lo largo de las orillas de un río atravesando por el medio de una ciudad populosa, hacía falta o el poderío de Roma o una administración moderna. Durante los siglos XVII y XVIII, la corporación municipal se preocupó de la vigilancia de estos muelles y de sus puentes. Pero no vamos a citar todas las ordenanzas publicadas sobre el tema, limitándonos a reproducir íntegramente la más antigua de ellas, que nos ofrece interesantes particularidades». Se prohíbe tanto a los maestros albañiles como a los otros, dejar materiales de cualquier naturaleza que sean, así como escombros, a lo largo de las calas y orillas del río Nive; que no se depositen en lugares inaccesibles a la marea más alta, y si lo han hecho se les pide que los quiten enteramente en las veinticuatro horas siguientes, así como los que hayan sido colocados en los muelles que bordean dicho río, bajo pena de una multa de diez libras por cada contravención y una más importante en caso de reincidencia. Así mismo se prohibe a las lavanderas y domésticos de la ciudad, usar a lo largo del río instrumentos para golpear o remover la ropa, bajo pena de tres libras de multa, siendo considerados los señores solidarios de sus domésticos. Además exhortamos a toda clase de personas a eliminar o hacer desaparecer los escombros, materiales y otros impedimentos de las calles, muelles y plazas públicas, que no vayan a ser empleados en ninguna construcción próxima, en las cuatro horas siguientes a su depósito y se pide también que se ponga alumbrado en dichos lugares así como en las casas con andamios, bajo pena de diez libras por cada una de dichas contravenciones, siendo responsables los propietarios con los contratistas, llegando incluso a la confiscación en caso de reincidencia. Y para que nadie pueda alegar causa de ignorancia, ordenamos que la presente orden sea leída, publicada y exhibida en los cantones y cruces acostumbrados de la ciudad y ejecutada a pesar de cualquier oposición. Firmado en Bayona, en Concejo celebrado en el ayuntamiento, el 25 de noviembre de 1768. D. De Sorhaindo, alcalde». Puede verse, pues, lo que en otro lugar decíamos en relación con la construcción de muelles de las plazas de Armas y de la Libertad. El primero que hay, al dejar el puente Mayou, es el muelle de los Vascos. Por el otro lado del río, se encontraban el del Hospital, después del Depósito, el muelle Galuperie y el de los Franciscanos o de Menons. Ref. Edouard Duceré: Dictionnaire historique de Bayonne, 2 vols, Bayonne, 1911-1915.
