Lexique

MEMORIAL

Der. Escrito razonado y metódico en el que se expone una situación, describiendo sus antecedentes y sus causas, con la finalidad de solicitar a instancias superiores la conveniencia de determinada actuación o merced, alegando los beneficios que de éstos debería desprenderse. Conforme la Monarquía española se fue haciendo más intervencionista, fue más necesaria la elaboración, por las autoridades forales, de Memoriales en los que se condensaran los derechos del país. Larramendi acusa, a mediados del s. XVIII, a los comisionados guipuzcoanos de descuidar la preparación de estos alegatos: «A falta de diputados bien instruidos y oportunos para la Corte -y qué mal me suena que esto se diga de Guipúzcoa, que ha producido hombres tan hábiles para cualquier superior ministerio-, está otro camino regular: y es presentar un Memorial bien trabajado, sólido, erudito, convincente, que encaje la verdad a pesar de toda la incredulidad y resistencia, y desvanezca fácilmente los que se conciben montes de dificultad, y son de humo y de nubes que levanta la pasión, celosa, sí, del servicio real, pero inadvertida y poco afecta a nuestra exención y libertad. -¡Oh! -me dicen aquí mis guipuzcoanos-. ¡Oh, que estos Memoriales prolijos enojan a los ministros y no dan lugar sino a los que en breves términos exponen sus pretensiones: y de estos Memoriales cortos ha presentado Guipúzcoa en las ocasiones. Pero sepan que no por eso ha cumplido con la obligación de su juramento; y que, no bastando Memoriales ceñidos, está obligada a presentarlos extendidos. Los cortos, por lo común en lances mayores y apretados, no han tenido ningún buen efecto; pero es de creer que siempre hubiera sido atendida Guipúzcoa si se hubiera presentado su demanda armada de todas o las principales razones y apoyos de su justicia. La delicadeza de los ministros (salvo la parte de los presentes) es enfadosa por demasiadamente melindrosa. Que al rey se hable en compendio y sin prolijidades, ya lo he oído muchas veces; pero que sus ministros afecten y aspiren a delicadeza del soberano, no lo entiendo, sino para arrugar la frente y dar mucha corriente al enfado. No ha de ser la representación pesada por especies que contenga inútiles e impertinentes, ni por vanas ostentaciones de elocuencia y de sus lugares comunes, ni por pulimentos planchados y almidonados del lenguaje, pues eso sería abusar de la paciencia de los ministros y robarles el tiempo que necesitan para otros negocios. Pero ha de tener su justa extensión, según la materia es de menor o mayor importancia, y no dejarla al aire y sin fundamento por seguir un descarnado laconismo (...) ¿Hemos de creer que quedarán perfectamente instruidos allá arriba los ministros con un Memorial de pocas aserciones y simples apuntamientos, sin más apoyos y pruebas? ¿Tienen por ventura ciencia infusa? No. ¿Tienen la adquirida, habiendo estudiado nuestro derecho, leyes, fueros y toda la historia de los sucesos civiles de Guipúzcoa? Tampoco. ¿Se han de informar de repente y por ensalmo? Eso menos. Pues ¿de qué servirán esos apuntes e insinuaciones? (..:). Cuando los ministros estuvieran de antemano bien instruidos de los asuntos y especies en que se les va a hablar, ya pudiera pasar esos laconismos que sirvan de despertadores de las noticias antes adquiridas, aunque dormidas. Pero si ninguna tienen adquiridas, ni dormidas, de las cosas de Guipúzcoa, o no tienen más que algunas generalidades infundadas, ¿qué despertarán en ellos esos apuntes y cortedades? -¿Pues qué les haremos -me dicen mis guipuzcoanos- si no gustan de Memoriales largos? Que gusten, que no gusten, presentarlos, y bien impresos. A eso están, y a oír a los que piden justicia, aunque sean pesados y mazas. ¡Miren si deben estar o hacerse cargo de Memoriales bien trabajados, eficaces y concluyentes, a quienes no pondrán otra traba que la de ser largos! ¡Qué trozo de erudición se pudiera derramar aquí sobre esta obligación de los ministros! No hay que creerlos cuando dicen universalmente que no gustan de Memoriales largos. Gustan de ellos en ciertos asuntos: los leen, estudian y alaban. Háblenles largo y larguísimo a su paladar, a su inclinación, a favor de sus ideas y proyectos; no se disgustan ni se enfadan. No gustan de mucha parla, aunque sea hermosa y sólida, en asuntos que no son de su devoción y dictamen, y son de su aversión y malevolencia. Es política divulgar que no gustan de Memoriales largos, para que se arredren los que traen pretensiones, aunque justísimas, que no son según su fantasía y pasión, y que no puedan, granizando razones y argumentos con alguna prolijidad, descubrirles la verdad y justicia que no quieren entender, y crecen el número de aquéllos, de quienes se dijo Noluit intelligere ut bene ageret. Y el remedio a esto se viene a la mano, presentando al rey o a sus ministros un corto Memorial suplicándoles se sirvan mandar al Real Consejo examinar aquel otro más largo que se les presenta y les había de romper sus cabezas (Larramendi: sobre los Fueros de Guipúzcoa, 1983, CAM Sn Sn, 145-148).