Personaje bilbaino que habiendo sido liberal exaltado en 1820, elector en las elecciones generales de ese año y alcalde de Bilbao, pidiendo en aquellos años "Constitución estricta y abolición foral", se convirtió, al correr del tiempo y de los acontecimientos, en fuerista moderado. Era presidente de la Diputación desde 1838, al mismo tiempo que corregidor o jefe político. Buen orador en vascuence y rico propietario rural, su opinión pesaba en Bizkaia de modo decisivo. Díaz de Mendivil en su Linterna Mágica lo describe así: "Buen orador vascuence, subyuga y conmueve. Chicarrón fornido, hermosos pulmones, vozarrón terrible, buen guixón". El 31 de agosto de 1839, en vísperas del Convenio de Vergara, tenía sus bienes embargados por el Gobierno y se hallaba sin sueldo. La Diputación le entregó, pese a ello, 30.000 reales.
