Biographies

LARRAÑETA CHATAIGNER, Vicente

Perfil biográfico

Nació en Villaba-Atarrabia (Navarra) el 24 de mayo de 1897, en el seno de una familia relativamente acomodada, tercer fruto y único varón de D. José Larrañeta Iturri, y de Dª Teresa Chataigner y Bigalt; la familia se completaba con las tres hijas, Dª Josefa, Dª Petra y Dª Ana. Su padre era natural de Linzoaín, en el Valle de Erro (Navarra) y ejercía como administrador de la fábrica que La Papelera Española tenía en Villaba; luego sería trasladado a Rentería y por último a Tolosa; su madre era de Boeilt, en la Charente francesa [1].

Se casó en Tolosa, el 17 de mayo de 1923, con la joven tolosarra Dª Regina Garmendia Otegui y tuvieron tres hijos, un varón y dos féminas.

Falleció en su domicilio familiar de Tolosa, como consecuencia de una dolencia cardíaca, el 13 de octubre de 1974 a la edad de 77 años [2] .

Formación

Finalizado el Bachiller en el colegio de los Escolapios de Tolosa, ingresó en setiembre de 1915, con 18 años, en el viejo caserón ubicado junto a la zaragozana Puerta del Carmen que desde 1872 albergaba la Escuela de Veterinaria, obteniendo su título el 22 de junio de 1920; en su expediente figura un sobresaliente en Histología y ocho notables [3] . En su época de estudiante perteneció a la tuna, tocando la bandurria.

Su servicio militar lo realizó en Zaragoza como veterinario militar.

Participó en el Curso de Inseminación Artificial que se celebró en San Sebastián durante el mes de agosto de 1946, obteniendo el correspondiente título de especialista.

Algunas habilidades

Su familia, en Villaba, hablaba castellano y francés; D. Vicente aprendió euskera en Tolosa con "Xabier Lizardi" [4] a quien le unía una íntima amistad.

Desde joven mostró especial habilidad para los trabajos manuales -a los que nos referiremos al comentar su estancia en Berastegui- y una extraordinaria sensibilidad por la música; se ha dicho que tocó la bandurria, pero también el piano y el violín, con escasos conocimientos de solfeo, aplicando su finísimo oído.

Actividad profesional

Betelu (Navarra). Finalizados sus estudios, se inició profesionalmente en Betelu (Navarra), durante unos meses.

Errezil (Gipuzkoa). Siendo vecino del Barrio de San Blas de Tolosa, atendió a la convocatoria del Ayuntamiento de la Universidad de Errezil que solicitaba un Inspector de Carnes [5].

Presentó su instancia y en la sesión de aquel Ayuntamiento celebrada el 27 de julio de 1921, bajo la Presidencia de su alcalde D. Pedro Galarraga, se le nombró por unanimidad Inspector Municipal Veterinario de la Universidad de Errezil (Gipuzkoa) [6] , plaza que desempeñaría hasta el 9 de abril de 1922 en que presentó su renuncia [7] , para trasladarse a Ataun.

Ataun (Gipuzkoa). Atendiendo a la convocatoria [8] del Ayuntamiento de Ataun (Gipuzkoa), el 16 de marzo del mismo año solicita el nombramiento al señor alcalde Constitucional de la Villa.

El 1 de abril de 1922 toma posesión de la plaza de inspector municipal veterinario de Ataun, en propiedad, permaneciendo en la misma hasta el 12 de abril de 1934 en que se trasladará a la segunda plaza de Tolosa.

Tolosa (Gipuzkoa). La Corporación tolosarra que presidía el alcalde D. Nicasio Lasquibar, acordó el 19 de febrero de 1927 la creación de la plaza de segundo veterinario Inspector de Carnes de Tolosa, para apoyar el trabajo del veterinario, Sr. Aldasoro Ansorena y su convocatoria [9].

Finalizado el plazo de presentación de solicitudes, en la sesión del 28 de abril de 1927, se analizaba el informe que evacuaba la Comisión de Matadero, formada por los concejales D. Eusebio Alberdi, D. Saturio Egaña, D. Miguel Lumbreras y D. Ramón Huarte, encargada de analizarlas y proponer al veterinario que debería ocupar la segunda plaza. Se habían presentado dos candidatos, D. Vicente Larrañeta y D. Gregorio Munita González que, a juicio de la Comisión, tenían iguales méritos para aspirar a la plaza, por lo que dejaban al Pleno que decidiera. El concejal D. Ángel Lasquibar propuso que los corporativos votaran, lo que se hizo, resultando siete papeletas favorables a cada candidato; volvió a repetirse el proceso con idéntico resultado. Se recurrió entonces a la votación nominal, votando a favor del candidato Munita los Sres. Huarte, Ángel Lasquibar, Lalois, Limoussin, Lumbreras, Eguía, Aristegui y Egaña en total ocho y a favor del candidato Larrañeta, los señores Labayen, Alberdi, Nicasio Lasquibar, Jarso, Furminaque y Elosegui, en total seis, por lo que fue nombrado Veterinario Ayudante D. Gregorio Munita González [10].

El nombramiento sería recurrido por el Sr. Larrañeta ante el Tribunal Contencioso Administrativo, pero el recurso no prosperó. El tercer teniente de alcalde D. Venancio Munita González, dimitía de su cargo como corporativo del Ayuntamiento de Tolosa por considerarlo incompatible con el hecho de que su hermano fuera empleado municipal [11].

El segundo y definitivo intento.

En aquella época, la adjudicación de las plazas de inspectores municipales veterinarios dependía de cada ayuntamiento, si bien, un Decreto de 26 de febrero de 1932, fijaba una serie de requisitos mínimos, entre ellos, amén del correspondiente título de Veterinario, el de Inspector Municipal de Higiene y Sanidad Pecuarias que se obtenía tras superar un curso de formación. Además, cada ayuntamiento en el uso de su legítima soberanía municipal, solía exigir determinadas características, primando, a igualdad de puntuación obtenida en el concurso u oposición, el desempeño anterior del puesto en régimen de interinidad, el hecho de ser natural de la localidad, de la provincia o de las provincias vascas, o el conocimiento del euskera, en el caso del País Vasco, por citar algunos ejemplos.

Jubilado D. Ramón Aldasoro Ansorena, el veterinario segundo D. Gregorio Munita González pasó a ocupar su vacante en noviembre de 1933 y poco después se convocaba la segunda plaza de Tolosa [12] , concurriendo al proceso selectivo D. Vicente Larrañeta, D. Teodoro Navaz y D. Venancio Recalde Berrondo.

Nuestro protagonista hizo constar en su instancia, tal y como exigían las bases, su titulación, su hoja de estudios y que había ejercido la profesión durante catorce años, era Inspector Veterinario de Industrias Chacineras, tras superar el correspondiente curso oficial, que conocía el vascuence y estaba en posesión del título de Inspector de Higiene y Sanidad Pecuarias, especialidad de la que carecían los otros dos concursantes.

D. Venancio, acababa de finalizar sus estudios desarrollados con el moderno Plan Gordón, puesto en práctica a partir de 1932, con brillante expediente; era natural de Tolosa, hijo del herrador del barrio de Santa Clara, y su experiencia se limitaba a unas semanas con su primo Venancio Recalde Olaciregui, Inspector-Jefe de los Servicios Veterinarios de San Sebastián, siete días de sustitución al veterinario de Billabona, Pedro Munita González y algunas visitas a las cuadras de la Beneficencia Municipal acompañando al veterinario de Tolosa, Gregorio Munita González.

La mayoría de la Comisión municipal de Policía, encargada de presentar ante el Pleno la propuesta de nombramiento, presentó el 13 de marzo de 1934 su propuesta razonada a favor de D. Vicente Larrañeta Chataigner por ser el que mayor puntuación obtuvo en la valoración de sus méritos, con las firmas del alcalde D. Antonio Labayen, el teniente de alcalde Sr. Ciaurriz y el concejal D. Juan Goiburu [13] . La propuesta fue asumida por los concejales nacionalistas, socialista y republicanos mientras que la minoría tradicionalista formada por los tenientes de alcalde D. Pedro Caballero y D. Javier Gurruchaga, discrepaban y en un voto particular apoyaban al candidato D. Venancio Recalde Berrondo [14].

Lo que debía haber sido una decisión municipal sin mayor trascendencia, salvo para los protagonistas, como lo fueron otros nombramientos de funcionarios municipales coetáneos, se transformó en un asunto político y trascendió a la ciudadanía. Durante el mes de marzo, se sucedieron las sesiones municipales sin resultados; la prensa de la época se hizo eco de la anómala situación; así, La Voz de Guipúzcoa del 5 de abril de 1934, en su columna de dedicada a Tolosa que firmaba el corresponsal Arraiza, decía:

Correspondía el martes (3 de abril) celebrar al Ayuntamiento sesión ordinaria. Ante la expectación y vuelos que ha tomado el nombramiento de segundo veterinario inspector de carnes, el salón destinado al público se llenó hasta el rebosen media hora antes de la convocada.

Resulto, sin duda en previsión de que por tercera vez abandonasen sus escaños los concejales tradicionalistas, que sus colegas nacionalistas, republicanos y el socialista, no acudieron para que, de esta forma, en la subsidiaria de hoy, con los que asistan, se proceda al tan debatido nombramiento, ya que son válidos los acuerdos que se tomen, aunque se ausenten del salón todos los concejales tradicionalistas.

El máximum de probabilidades es que hoy quede el caso terminado, recayendo el nombramiento a favor de don Vicente Larrañeta.

La minoría disidente, encabezada por Pedro Caballero, comenzó recurriendo la propuesta de nombramiento con argumentos jurídicos, habida cuenta se basaba en un Decreto del Gobierno Central que, a su juicio, hacía menoscabo de la autonomía municipal; como esos argumentos no hicieran mella en el grupo nacionalista, especialmente sensible a esos aspectos, continuó con una ofensiva más técnica, alegando el brillante expediente académico de su patrocinado, prueba evidente de su capacidad técnica superior, replicando el concejal Sr. Ciaurriz que ambos aspirantes habían cursado sus estudios con planes diferentes y por lo tanto difícilmente homologables y recordando la experiencia profesional acumulada por el candidato oficial [15] .No faltaría el argumento lingüístico, recordando Javier Gurruchaga los deficientes conocimientos del vascuence del Sr. Larrañeta y su procedencia foránea, mientras se alababa el dominio del idioma del Sr. Recalde, natural de Tolosa [16] . Luego, saldría a colación la filiación nacionalista del navarro y la sintonía con la Comunión Tradicionalista tolosarra, por cuya candidatura hacían campaña sus correligionarios desde el mes de enero; por último, el concejal Sr. Doctoriarena lanzaría acusaciones de intentos de sobornos y compra de votos a cambio de un puesto de trabajo en la Compañía Municipal de Agua y Luz.

En una tumultuosa sesión, D. Vicente Larrañeta sería nombrado Segundo Veterinario Inspector de Carnes el 5 de abril de 1934 [17] y el 17 de abril agradecía la confianza a la Corporación, mientras que su contrincante presentaba un recurso [18] ; el 26 de abril de 1934, con el voto de calidad del alcalde Labayen se ratificaba el acuerdo de nombramiento y se desestimaba el recurso del Sr. Recalde [19].

El mismo corresponsal, en la crónica que publicaba el 27 de abril, entre otros asuntos, en lo que a nuestro biografiado se refiere decía:

A la sesión celebrada ayer en el Ayuntamiento concurrieron todos los concejales y fue presidida en su primera parte por el señor Labayen. Esta concurrencia de ediles era prueba evidente de que algo se tramaba, máxime teniendo en cuenta que el martes no se celebró sesión porque el jefe de la minoría tradicionalista, señor Caballero, se encontraba en su visita mensual a la capital de la República.

Veamos ahora los motivos para que, a la sesión de ayer, celebrada con carácter de subsidiaria no faltase ningún concejal. Era el escrito de don Venancio Recalde solicitando reposición del acuerdo de nombrar segundo veterinario municipal a don Vicente Larrañeta. Lo muchísimo que se ha hablado y se ha escrito sobre este asunto y los escándalos que en discusión dio motivo en el Ayuntamiento hace que ante el apremio de espacio seamos breves y concisos.

Después de una larga votación y de dos discusiones, una la de la declaración de urgencia y la segunda para decidir sobre el escrito, votación esta última en la que el señor Labayen para deshacer el empate a ocho votos tuvo que hacer uso del suyo de calidad fue desestimada la petición del señor Recalde y esto nos hace suponer que ya no nos veremos obligados a escribir más sobre el caso. El público acogió con grandes aplausos el resultado de la votación.

Pero aquello iba a durar poco tiempo.

El Golpe de 1936

Efectivamente, al producirse la toma de la Villa por los insurrectos, el 11 de agosto de 1936 y el nombramiento del primer alcalde carlista, Fidel Azurza Aramburu [20] , Larrañeta huyó de inmediato con toda la familia, dejando la mesa puesta, según recuerda su hija Mirentxu, primero a San Sebastián. Luego, se sucedería el triste peregrinaje de los refugiados por casas de familiares o amigos de Zarautz, Eibar y, por último, hacia octubre o noviembre de 1936, Algorta (Bizkaia).

D. Vicente ejerció como Inspector Municipal Veterinario de Algorta, fijando su residencia en la misma casa donde vivía la madre del Lehendakari Aguirre, la mutrikuarra Dª Bernardina Lekube.

Al producirse la evacuación de Bilbao, se ofrece a Dª Regina e hijos la posibilidad de embarcar hacia Francia, pero ella se niega a abandonar a su esposo y quedan todos en la villa marinera.

Con la caída de la capital vizcaína, D. Vicente es detenido y conducido prisionero a un cuartel. La familia se traslada a la localidad navarra de Erro, a casa del médico de la localidad en donde ya se encuentran los padres de Dª Regina; mientras tanto, nuestro protagonista, ya excarcelado, recibe la prohibición de acercarse a Tolosa y continúa viviendo en Bilbao, localidad a la que se habían trasladado a vivir sus padres. A partir de 1938, les acompañará Francisco, "Paco", el hijo de D. Vicente, que inicia sus estudios en el Colegio de los Jesuitas de Indautxu.

En 1938, el médico de Erro es trasladado a Beasain, (Gipuzkoa) y con él se desplazan también las féminas de la familia Larrañeta - Garmendia, junto con los padres de Dª Regina, que fijarán su residencia en una vivienda alquilada en la localidad; desde allí, periódicamente y provista del oportuno salvoconducto, Dª Regina se desplazará a Bilbao a visitar a su esposo e hijo.

En aplicación del Decreto 93/1936 del Gobierno de los insurgentes [21] que declaraba cesantes sin formación de expediente, a todos los funcionarios que se hallaran fuera de su residencia, en territorio liberado, sin la debida autorización, nuestro protagonista fue destituido en agosto de 1936.

Fue objeto de un expediente de depuración que dirigió el entonces Inspector Provincial, Miguel Bezares Sillero, que, en 1936 tuvo suficiente habilidad para cambiar a tiempo de chaqueta y fue condenado a cuatro años de suspensión de empleo y postergación en el escalafón durante el mismo tiempo [22].

La Gestora Municipal de Tolosa en sesión del 17 de enero de 1940, decidió convocar la vacante que dejó Larrañeta por huir ante la entrada de los liberadores [23].

En la sesión del 14 de enero de 1942 que presidía el alcalde D. Serapio Altuna Goenaga, se dio cuenta de la instrucción del Subsecretario del Ministerio de la Gobernación para que se revisara el expediente del Sr. Larrañeta, y se acordó solicitar a la Inspección provincial los datos que tuvieran al respecto; obtenidos éstos, se acordó comunicarles que, a juicio del Ayuntamiento, no procedía el nombramiento del citado veterinario [24].

Berastegui (Gipuzkoa). Finalizada la sanción, Martín Arregui Artola, "Kako" le convence para que solicite la plaza de inspector municipal veterinario de Berastegi, vacante en la oferta de plazas que hubo en 1941 [25] , de la que toma posesión el 31 de octubre de 1942.

Durante su estancia, se alojará en la Fonda de su mentor, "Kako" en calidad de huésped de diario, en una habitación situada en la planta primera, justo enfrente de la que ocupaba un maestro valenciano, José Del Hoyo, hoy transformadas en comedor del prestigioso establecimiento.

D. Vicente procuraba atender los caseríos de su municipio y de los vecinos Elduayen, Gaztelu y Orexa, por las mañanas, generalmente caminando; cuando tenía que enfrentarse a una empinada cuesta, tomaba su pastilla de cardíaco e iniciaba pausadamente el ascenso; tenía contados los pasos que mediaban desde su domicilio a todos los caseríos y bordas del pueblo y de los municipios que atendía, recuerda la hija de Martín Arregui.

Al mediodía, bajaba siempre que podía a Tolosa en bicicleta, almorzaba en familia y luego regresaba en el autobús de línea con su medio de transporte en el techo del vehículo, en una estampa que se hizo familiar a los viajeros y vecinos de Ibarra, Elduayen y Berastegi.

Las tardes, de regreso ya, en el caso de no existir ninguna urgencia que requiriera su atención, las dedicaba a pintar, a practicar sus conocimientos de alfarería, manualidad en la que también era autodidacta, e incluso, a enseñar el arte de moldear el barro a los jóvenes de la localidad.

También se construyó, personalmente, en la herrería de Francisco Yeregui Aranalde de Berastegi todo el instrumental para practicar las inseminaciones y otros artilugios para los partos y la cirugía que practicaba.

En otoño de 1954, se incorporó a la escuela de Berastegi la nueva Maestra Nacional una joven, Dª Pilar Barrenechea Belío [26] , que también sentaría plaza en Kako con la misma "categoría", es decir, "de la familia", condición que todavía perdura, correspondiéndole tomar asiento en un extremo de la larga mesa de la cocina, donde comían el patrón y su familia, junto a un espacio vacío que esperaba a su habitual ocupante. Llegó e hicieron las presentaciones, recuerda Dª Pilar:

Llegó un señor alto, delgado, de porte distinguido, vestido de oscuro, con traje y corbata de diario, pero traje y corbata.

Nos presentaron. Enseguida entendí que era un señor muy afable, humano, educado, un buen conversador y un caballero.

Tuve la impresión de que nos conocíamos de siempre y para ser mi primer día del nuevo destino, me sentí tranquila y confiada.

Durante la primavera siguiente, se encontraba D. Vicente muy atareado; el Ayuntamiento había cedido una pequeña parcela, a la salida de Berastegi hacia el Alto de San Antón, para construir un Centro Secundario de Inseminación; detrás de tan pomposo nombre se esconde una chabola de ladrillo donde amén de inseminar las vacas de la localidad, evitando al veterinario los traslados a los caseríos para tal menester, existía un pequeño despacho para cumplimentar las sencillas tareas burocráticas que exigía la Diputación, patrocinadora e impulsora del sistema.

En Berastegi era el tema general de conversación y en Kako todos seguían con inusitado interés la marcha de las obras que, diariamente, comentaba un ilusionado D. Vicente. Parecía que no se iba a acabar nunca, pero, finalmente, el albañil entregó la llave. Ahora se trataba de hacer una inauguración solemne, en alguna fecha señalada; se eligió el 25 de mayo; todos en la fonda colaboraban con el evento, recordaba la maestra:

"En primer lugar, coincidió la fecha del santoral con el día de San Urbano y decidió poner a la casita el nombre de "San Urbano".

Invitó a unas cuantas personas que asistimos a "San Urbano", precedidos por uno de los curas de la Parroquia; Don Julián bendijo la casita y los alrededores.

Para concluir el acto, se colocó en una pared del despacho una estampa del santo y a continuación se tiraron cohetes, no muchos, pero cohetes.

Una faceta de esta extraordinaria persona: Sabía dar gran valor a las pequeñas cosas de todos los días".

Dª Pilar, organizó dos "compañías" teatrales; una con las alumnas de la escuela y otra con los jóvenes que asistían a las clases nocturnas y algunos amigos que se agregaban; el reparto de los papeles, los interminables ensayos y por fin, la representación o representaciones, con notable éxito de espectadores procedentes de la propia localidad y las cercanas, Areso, Elduayen, Leitza o Berrobi.

Se interpretaban obras de teatro, lo mismo en euskera que en castellano, de muy diferentes temáticas y autores, Muñoz Seca, Xabier Lizardi, Ezkondu ezin zitekeen mutilla, de Antonio María Labaien, Jostuna eta Petrikillo, cuyos libretos le proporcionaba el librero Jiménez de Aberasturi a escondidas porque ese autor era sospechoso de nacionalista (con razón) y estaba prohibida la venta de sus obras.

En cuanto se enteró D. Vicente de los proyectos teatrales, se volcó a colaborar en la organización, en el diseño y elaboración de los decorados e incluso en ocasiones, ayudando en la dirección; también llegó a escribir una obra que se estrenó en aquel teatro.

Naturalmente, carecían de medios y se tenían que contentar con los materiales que aportaban algunos altruistas y el mobiliario que prestaban los vecinos, padres de los artistas, generalmente; así, la fábrica de "Arrosi" regalaba rollos de papel de embalar, cartulinas y otros materiales.

"Con estos elementos, unos listones, clavos y unas pinturas baratas, D. Vicente hacía las decoraciones necesarias para todas las obras.

Se esmeraba hasta el límite. Se veía claramente a la persona dispuesta a hacer las cosas bien hechas, completas y sin defectos; no descansaba hasta ver los paneles exactos y encajados. Un ejemplo a seguir".

Su habilidad manual no conocía límites en una época que no se estilaba el bricolaje; con dos botes grandes de tomate vacíos y unos palos de escoba, construyó unos ciriales que exhibieron las alumnas de Dª Pilar en la interpretación de "Los Monagos" que asombraron al propio párroco de la villa; o la decoración que diseñó para "Las siete cabritas y el lobo", construyendo un reloj de madera para que se escondiera la cabrita pequeña.

Él formaba parte de la "compañía" y asistía de vez en cuando a los ensayos, colaborando, aconsejando; disfrutaba de los trabajos que aportaba; parecía que encontraba en ello la felicidad que dan las pequeñas cosas de diario. No le agradecimos lo suficiente, se lamentaba Dª Pilar y añadía, tengo que decir que, sin esa colaboración, no hubiéramos tenido ni la mitad del éxito que tuvimos y él resultó ser una persona entrañable para jóvenes y mayores.

En Berastegui, D. Vicente permaneció hasta el 31 de octubre de 1960 [27] que consigue el traslado a la segunda plaza de Tolosa.

Tolosa (Gipuzkoa). En virtud de la resolución de la Orden de 16 de agosto de 1960 [28] , nuestro protagonista era trasladado a Tolosa.

Desde el 1 de noviembre de 1960 desempeñó la segunda plaza de veterinario titular de la antigua capital foral, ocupándose de la inspección sanitaria de comercios, ferias y mercados, actividad que no era de su especial agrado y de la clínica de una parte de la comarca, en muchas ocasiones, acompañado por su nieto Antxon.

La primera plaza, que comprendía el matadero y la otra mitad de Tolosaldea, la ocupaba D. Venancio Recalde Berrondo; la vida les había unido en Tolosa, si bien, el tiempo que casi todo lo cura, ya había serenado los ánimos.

No abandonó su afición por la pintura; incluso procuró instruir en los secretos del dibujo y el manejo de los pinceles a su nieto Joseba; en una ocasión, el célebre pintor Miguel Angel Álvarez acertó a contemplar una de las miniaturas pictóricas que realizaba y manifestó su interés por conocer al artista y su obra; en el domicilio familiar de su hijo Paco, cardiólogo, en Ibarra (Gipuzkoa), se organizó una pequeña exposición que Álvarez contempló entusiasmado, sin embargo, los halagos no fueron del gusto de D. Vicente, enemigo, durante toda su vida de la lisonja y la figuración.

El 24 de mayo de 1967, alcanzaba la jubilación reglamentaria.

Fuentes

ETXANIZ MAKAZAGA, José Manuel. Veterinarios en las universidades de la Alcaldía Mayor de Sayaz (1913-1985). Editado por el Colegio Oficial de Veterinarios de Gipuzkoa en octubre de 2014. ISBN 10:84-697-1110-5; ISBN. 13: 978-84-697-1110-1.

ETXANIZ MAKAZAGA, José Manuel. De herradores, albéitares y veterinarios en Ataun (1746-1980). Boletín de la RSBAP. Tomo LXVI-2-2010, pp 491-558, de mayo de 2011,

ETXANIZ MAKAZAGA, José Manuel. De herradores, albéitares y veterinarios en la guipuzcoana Villa de Tolosa (1736-1986). Editado por el Colegio Oficial de Veterinarios de Gipuzkoa en mayo de 2016. ISBN 978-84-608-3723-7. Depósito Legal SS-649-2016.

Elaboración propia

Autor

José Manuel Etxaniz Makazaga. Doctor en Veterinaria. Real Sociedad Bascongada de Amigos del País (RSBAP). Real Academia de Ciencias Veterinarias de España (RACVE)

Notas

[1] Registro Civil (RC) de Villava (Navarra), Tomo 6, Folio 62 de la Sección 1ª.
[2] RC de Tolosa (Gipuzkoa), Sección 3ª, Tomo 44, pág. 302.
[3] Archivo Facultad de Veterinaria de Zaragoza (AFVZ). 12º Libro de Matrículas, folio 60.
[4] Seudónimo del escritor vasco D. José Mª Agirre (Zarautz, 1896 - Tolosa, 1933).
[5] Boletín Oficial de Gipuzkoa (BOG) de 19.1.1921
[6] Archivo Municipal de Errezil (AMErrez). C-65-02, pág. 94.
[7] AMErrez. C-65-02, pág. 99.
[8] BOG. de 17.2.1922.
[9] Archivo Municipal de Tolosa (AMTo). A-1-215, fol. 8 a 9.
[10] AMTo. A-1-215, fol. 25 a 26 vto.
[11] AMTo. A-1-215, fol. 37.
[12] Gaceta de Madrid (GM) nº 34 de 3.2.1934 y BOG nº 19 de 12.2.1934
[13] AMTo. A-1-227, fol. 157 vto a 158 vto.
[14] AMTo. A-1-227, fol. 159 a 161 vto.
[15] AMTo; A-1-227, fol. 155.
[16] AMTo; A-1-227, fol. 171 y A-1-226, fol. 169 (borrador)
[17] AMTo; A-1-226, fol. 189vto.
[18] AMTo; A-1-226, fol. 198
[19] AMTo; A-1-228, fol. 3 a 4
[20] Ese mismo año sería designado presidente de la Diputación de Gipuzkoa.
[21] Boletín Oficial del Estado (BOE) nº 51 de 9.12.1936
[22] AMTO. A.1.236, fol. 157 vto.
[23] AMBea. 0741-07
[24] AMTO. A.1.236, fol. 151 vto.
[25] BOE nº 8 de 8.1.1.941
[26] Que con el tiempo se convertiría en la esposa de otro veterinario, D. Joseba Mendarte Casares.
[27] Archivo Municipal de Berastegi (AMBers). Libro de Actas del Ayto. de Berastegi, Sesión ordinaria del 5.11.1960.
[28] BOE nº 211 de 2.11.1960