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La imprenta en Euskal Herria

Si bien es cierto que los chinos la inventaron algunos siglos atrás, la invención de la imprenta moderna está unida a Johannes Gutenberg, y es que las mejoras insertadas por el alemán tanto en la imprenta como objeto como en las técnicas de impresión provocaron un cambio de paradigma en el ámbito cultural a mediados del siglo XV. Se trató de una especie de revolución: antaño las copias de libros se realizaban (tarea realizada principalmente por monjes ) a mano a lo largo de varios años; por lo tanto, la pérdida de una sola obra significaba perder años de trabajo. Junto a ello, cabe mencionar que el sistema de copia manual reducía enormemente la distribución de las obras.

La imprenta moderna, sin embargo, redujo muy considerablemente el tiempo requerido para fabricar copias, y ello también contribuyó a la más rápida difusión y conocimiento de los textos impresos. Escasas décadas después de la invención, la mayoría de países europeos contaba con alguna imprenta (Italia, Hungría, Inglaterra, Francia, España, etcétera), y el nuevo continente tampoco tardó en conocerla de manos del vasco Fray Juan de Zumarraga, que instaló la primera imprenta en México en 1539.

La imprenta llegó a Euskal Herria a través de Francia (recordemos que el Camino de Santiago también influyó en ello) y fue el francés Arnaldo Guillen de Brocar el primer impresor de Euskal Herria. Según algunos estudiosos, fue llamado a finales del siglo XV por los reyes navarros Joan de Albret y Catalina de Foix para que instalara su imprenta en Pamplona, y así lo hizo; por lo tanto, fue la navarra la primera de las capitales vascas en tener imprenta. La primera obra allí impresa fue Manual secundum consuetudinem Ecclesie Pamplilonensis (1489), y a lo largo de once años Brocart imprimió obras sobre distintos temas (religión, medicina, etcétera) y diversos folletos y bulas. En 1501, sin embargo, abandonó Pamplona para dirigirse a Logroño, donde prosiguió su labor de impresor.

Tras la marcha de Brocart a Logroño, la capital navarra quedó sin impresor, y de aquella época apenas se conoce algún texto breve y alguna bula de impresor desconocido: en Nafarroa no se volvió a imprimir libro alguno hasta mediados del siglo XVI, época en la que Miguel Eguia (1495-1544), marido de una de las hijas de Brocart, instaló su imprenta en Lizarra. A pesar de fallecer poco después de abrir su imprenta, realizó una labor de gran importancia, ya que fue el principal impresor de las obras de Erasmo. Entre otros trabajos, Eguia imprimió el Enchiridion militiis christiani ([1503] 1529-1530) del roterdamés.

Antes de fallecer, Eguia contrató a Adrián de Anvers como ayudante, y tras el fallecimiento del primero, fue él quien se encargó de la imprenta entre 1546 y 1568, época en la que se imprimieron cerca de cuarenta libros, entre ellos el primero impreso en Euskal Herria: la Doctrina Christiana (1561) de Elso Santxo. Tristemente, no se ha conservado ningún ejemplar de aquella obra. En 1568 Adrián de Anvers cambió la localización de la imprenta y la llevó a Iruñea. A su vez, pidió permiso para poder publicar en lengua romance en el Reino de Castilla, ya que la mayoría de habitantes y lectores navarros eran vascoparlantes.

El cuarto impresor importante de Navarra fue Tomás Porralis de Saboya, y situó su imprenta en la Pamplona de 1569, es decir, coincidiendo en el tiempo con Adrián de Anvers. Tres años más tarde, Porralis amplió su negocio y abrió una nueva imprenta en Tudela. Parece ser que Pedro Porralis, hijo de Tomás Porralis, aprendió el oficio de su padre, ya que fue él quien quedó al mando de la imprenta de Pamplona. Entre otras obras, cabe destacar que Porralis hijo imprimió la mayor colección de refranes en euskera del siglo XVI: Refranes y sentencias comunes del bascuence (Iruñea, 1596). La imprenta de Tudela, sin embargo, no prosperó, y la ciudad no conoció nuevas imprentas hasta el siglo XIX.

Tras las primeras imprentas de Navarra, llegó el turno de Bilbao. La capital vizcaína era una ciudad llena de vida ya entonces: contaba con cerca de 8.000 habitantes, el comercio creado en torno a las mercancías que llegaban y partían a través de la ría era fuerte, había oportunidad de enviar todo tipo de materiales (entre ellos los libros) directamente por vía marítima, etcétera. Aún así, Bilbao no conoció imprenta hasta el siglo XVI.

Algunos historiadores han defendido que un impresor llamado Juan Lorza abrió su imprenta en Bilbao allá por 1552, pero los datos carecen de fiabilidad alguna ya que no hay rastros de dicho hombre. Contamos, sin embargo, con la referencia de un hombre llamado Juan Elorza que vivió en Bilbao cien años después, por lo que es más que probable que el símil entre ambos nombres y épocas hayan inducido al error.

Dejando a un lado los errores, comúnmente se considera a Matias Marés primer impresor bilbaíno. Era de origen francés y vivió de forma itinerante imprimiendo y vendiendo las obras recomendadas por el concilio de Trento (1545-1563). Tras recorrer España durante algunos años, en 1575 implantó su imprenta en Bilbao y parece ser que tuvo una enorme carga de trabajo, ya que pretendió traer treinta ayudantes desde la ciudad francesa de Nantes. Durante su estancia en Bilbao cambió la localización de su imprenta en más de una ocasión, pasando, entre otros, por el barrio Atxuri y el convento de San Francisco.

En 1588 abandonó Euskal Herria y prosiguió su labor de impresor en otras ciudades como Logroño, Zaragoza y Santo Domingo de la Calzada. Sin embargo, en 1596 se dirigió a Pamplona y en 1607 al monasterio de Iratxe. Marés publicó algunas obras importantes como los trabajos Hidrografia (1585) y De la antigua lengua de las Españas (1587) del historiador Andrés de Poza.

La segunda imprenta de Bilbao fue instalada por Pedro Cole de Ibarra en 1593, y en ella se publicaron algunos trabajos importantes para la historia de la lengua vasca como la Doctrina christiana (1596) de Betolaza o el catecismo Viva Jesús (no fechado). Cole de Ibarra falleció en 1730.

Parece ser que la primera imprenta donostiarra también se creó a finales del siglo XVI, pero solo la conocemos indirectamente. Se cree que fue fundada por Pedro de Borgoña, que también pidió permiso para abrir una nueva imprenta en Iruñea, lo que provocó un pleito jurídico al ser denunciado por Porralis, impresor iruindarra de la época.

Si miramos los datos correspondientes al siglo XVI, percibiremos que la mayoría de los trabajos escritos en euskera fueron impresos fuera de Euskal Herria debido, eso sí, a diversas causas. Cuando Etxepare publicó su Linguae vasconum primitiae (Morpain, Burdeos, 1545) no existía imprenta alguna en Euskal Herria. Por otro lado, cuando los reyes españoles expulsaron a los navarros, éstos partieron hacia Pau: les resultó mucho más cercano y accesible publicar en Francia (las traducciones de Leizarraga, por ejemplo, aparecieron en La Rochelle de la mano de Hautin en 1571, es decir, en uno de los bastiones del protestantismo). Los textos del historiador Garibay también fueron impresos en el extranjero, en la casa de Christoforus Platinus de Amberes en 1571.

Finalmente, cabe mencionar brevemente la labor que algunos vascos realizaron en otros países. Fray Juan de Zumarraga, por ejemplo, fundó la primera imprenta del nuevo continente en México allá por 1539, y el navarro Lope Sanz colaboró ampliamente en las labores de impresión dirigidas por Leonard Hutz en Salamanca.