Río guipuzcoano que desemboca en la orilla derecha del Deba, en el término Mendaro de Elgóibar. La surgencia ha sido citada por diversos autores. Madoz dice: «...este manantial arroja tan abundante cantidad de agua a borbotones, que a pocos pasos de distancia y sin recibir más caudal, mueve las ruedas de los barquines y mazos de una ferrería y cuatro molinos de tres piedras cada uno... Todos los veranos se observa la intermitencia de esta fuente, pues sucede que una, dos o tres veces, cuando más se le antoja, no da agua por espacio de 12 horas, y luego continúa manando, sin que nadie hasta ahora sepa explicar la causa de tan singular fenómeno» (Diccionario Geográfico- Estadístico-Histórico de España», Madrid, 1847, pp. 383- 384). Larramendi escribe en 1756: «Entre las fuentes raras y extravagantes, ninguna merece tanta atención como la fuente de «Quilimón», en Mendaro: su agua, siempre clarísima y muy buena de beber, sale al pie de una montaña grande, y muy elevada, y sale de entre peñas vivas, que forman cueva desigual y baja. Desde luego sale arroyo más que fuente, y con tal copia de agua, que a un tiro de escopeta hace trabajar a la ferrería grande de Lasalde y su molino, y en todo el trecho que corre, que es como otros dos tiros de escopeta, hasta el Deva, en que entra, once aceñas trabajan con solo ella. Quilimón tiene raras humoradas. Detiénese de repente; unas veces más, otras menos tiempo, tal vez algunos días, las más veces veinticuatro o veintiséis horas, y tal vez pocas horas. Derretida ya la vena en «Lasalde», está la masa de hierro, que llaman «agoa», en sazón de poderse labrar y casi a punto de llevarse al martinete. Pero de improviso se detiene Quilimón y para también toda la maniobra y faena de la herrería por falta de aguas, dura el chasco todo lo que dura el antojo de Quilimón. Pero, cansado de su misma suspensión, en fin prorrumpe tan cristalino como siempre, ya con todo su raudal, ya no con todo él, ya, en fin, más lentamente, y en pocos minutos con todo su antiguo caudal, pero nunca mayor. Años hay que se detiene muchas veces, como este año de 1754, y otras pasan cuatro años sin detenerse». «Aquí ahora de los físicos, los de las bellas letras; repasen las circunstancias siguientes: No tiene Quilimón ningún respeto al mar, que tiene tan cerca; igualmente se detiene en aguas vivas que muertas, lo mismo en pleamar que en baja mar. No tiene respeto alguno a la luna, ni a sus crecientes ni menguantes, porque se detiene y corre igualmente todas sus fases. Ni tiene respeto al sol, ni a la diferencia de sus estaciones; corre y se detiene en la primavera; y corre, en fin, y se detiene en otoño. Lo mismo se detiene en años húmedos que secos; lo mismo estando los montes inmediatos con una pica de nieve que cuando están áridos y secos. En fin, Quilimón no tiene respetos humanos de los que a lo menos hasta ahora han sido conocidos. Por eso recurro a los de las bellas letras a que descubran algún respeto nuevo por medio de sus alambiques o máquinas hidráulicas o pneumáticas, recipientes, depósitos, tubos, columnas de aire incumbentes, émbolos, bombas y demás donosuras. Dispongan con ese lenguaje en las entrañas de aquella montaña y las vecinas otros artefactos naturales, y denme una probable explicación de los efectos maravillosos de «Quilimón». No me he contentado con oírlo cien veces a los que lo han visto. El año 54, la víspera de San Simón, logré el ver parado a Quilimón como doce horas, y después acá corre sin interrupción: y las demás circunstancias que escribo las he averiguado de testigos oculares dignos de toda fe». La surgencia se encuentra en el fondo del valle, a unos 15 m. de distancia de la regata «Aranerreka», que naciendo en las alturas de «Madariaga» después de un recorrido de unos siete kms. en dirección NO. , desemboca en el Deva en Mendaro. No muchos metros aguas abajo de Quilimón se encuentra «Lasalde» y los restos de sus dispositivos de utilización hidráulica. En el piso de la cueva-surgencia hay mucho canto rodado. En las cercanías del caserío «Irabaneta», un km. aguas arriba de Quilimón, una fábrica harinera de Mendaro captó, no hace muchos años, el curso subterráneo de Quilimón, situado en este punto a la orilla izquierda de «Aranerreka», con lo que al decir de «Irabaneta», Quilimón ha dejado de presentar su tradicional funcionamiento intermitente. En la captación de «Irabaneta» se pueden recorrer, en condiciones favorables de estiaje, unos 200 metros de curso hipogeo penetrando por el rebosadero de la captación. J. E.
