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GÜESA - GORZA

El caserío de Güesa se concentra en cortas calles empedradas junto a los ríos Salazar y Jaurós. Destaca, en un extremo del casco urbano, una construcción de gran desarrollo en forma de L levantada con sillarejo y sillería en esquinas, fechada en el siglo XVI con un portalón de medio punto y rosca moldurada emplazado en el lado más corto y otro acceso más pequeño en un lado mayor. Dos casas que conservan dos amplios portalones en lo alto del pueblo, presentan uno arco rebajado y fecha de 1829 y otro dintel y fecha de 1858.

Se conoce la antigua existencia de dos ermitas ya desaparecidas en el término de Güesa de las que sólo nos quedan los topónimos, la de San Miguel en dirección a Igal y la de San Gregorio. La parroquia de San Esteban es un pequeño edificio de finales del siglo XII o comienzos de la centuria siguiente que sigue el estilo del románico tardío, muy restaurado y reformado en 1955. Presenta nave con cabecera plana y dos pequeñas capillas a la altura del crucero levantadas en una reforma reciente. La sacristía, cuadrada, es del siglo XVI y está cubierta por una bóveda sexpartita se adosa a la cabecera por el lado de la Epístola. La nave se cubre con bóveda de cañón apuntada con fajones que marcan los cuatro tramos. Sus muros dejan a la vista el sillar y la cubierta, salvo los arcos fajones, aparece enlucida. Las capillas laterales se cubren con bóvedas de aristas.

En el exterior no se aprecian las estructuras y los volúmenes medievales a causa de los añadidos, en el lado de la Epístola, de una serie de construcciones modernas que sirven de pórtico y capilla bautismal. El pórtico cobija una portada románica de dos arquivoltas que descansan en una línea de imposta lisa y sus correspondientes pies derechos. En el muro del Evangelio, aún con el añadido de la capilla del crucero, queda visible un contrafuerte, restos de modillones lisos y una línea de imposta en el tramo de la cabecera, elementos, todos ellos, de la primera construcción fechada hacia 1200. Una torre prismática se levanta a los pies, con tejado a dos aguas y huecos adintelados para las campanas.

De las piezas conservadas en el interior de la iglesia destaca el gran retablo mayor de planta plana y traza de severas líneas arquitectónicas, pieza renacentista realizada en torno a 1580. Consta de banco con grandes cabezas de querubines, dos cuerpos y ático este último con columnas jónicas y guirnaldas de frutos sostenidos por niños desnudos, coronado por un frontón curvo con pirámide lateral. Su iconografía se distribuye en relieves de santos y de la Virgen con el niño, además de un San Pedro, el titular, de bulto. En el ático, una tabla pintada con la Virgen y San Juan sirven de fondo para un Crucificado a cuyos lados se sitúan otras dos pinturas. Dos tallas barrocas de San Miguel y San Ramón Nonato se encuentran colocadas sobre las cornisas del ático, ocultando, en parte, las dos pinturas mencionadas.

Toda la escultura pertenece a un periodo de transición entre el expresivismo del segundo tercio del siglo y el Romanismo. Son figuras de canon corto, pliegues minuciosos y rostros algo inexpresivos. Entre estas figuras destacan la del titular, San Pedro y un relieve del banco que representa a San Lorenzo, figuras de rostros finos y bellas labores de esgrafiado. Llama la atención la falta de escenas en relieve, algo que ocurre en retablos de pueblos cercanos, como Iciz y se relacionan también con obras del taller de Sangüesa anterior al Romanismo, como los retablos de Rocaforte, obra de Pedro Pontruvel o el retablo mayor de Ezcároz.

También en el presbiterio, se conservan dos ángeles lampadarios del siglo XVII, vestidos con túnica y sobrepelliz que proceden de un retablo desaparecido. En la capilla del crucero del lado del Evangelio se conservan dos tablas pintadas del segundo tercio del siglo XVI de estilo renacentista que proceden de un retablo de la iglesia de Ripalda, que representan, uno, a una Santa Catalina de canon alargado y otra, el Calvario ambos enmarcados por unos balaustres de madera dorada. Aunque siguen modelos manieristas italianizantes, su ejecución es bastante ruda. La pareja de la tabla de Santa Catalina, tanto por estilo como por dimensiones, es una tabla de Santa Lucía que se conserva en la capilla del lado de la Epístola.

En dependencias de la sacristía se conservan, además de una pequeña colección de orfebrería, una imagen de la Virgen del Rosario con el Niño Jesús, del siglo XVII, y una talla de San Francisco Javier, barroca de la segunda mitad del siglo XVII con policromía de la época.

Las únicas piezas de orfebrería conservadas son un hostiario de plata de sobriedad herreriana y unas crismeras del mismo material neoclásicas de la primera mitad del siglo XIX con estructura de arqueta rectangular sobre patas de bolas y cubierta a cuatro aguas rematada por cruz de sección romboidal. La decoración de guirnaldas y flores menudas se localiza en sus frentes. En el pórtico se conserva una imagen de un Crucificado barroco.

Carmina RIUS SALETA