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CHINA

Misiones y cultura. Francisco Xabier decide ir a China con la intención de iniciar su evangelización. Embarca, pasa por Malaca, pero le ataca una fiebre maligna. Es transportado a tierra, a las orillas de la isla de San-Choan, en las puertas de China. Vive ahí diez días de lenta agonía. Quienes le vieron testimonian que se dirige a Dios en una lengua que desconocen los demás, pero que adivinan se trata del euskera. Muere el día 3 de diciembre de 1552 con el pensamiento puesto en la difusión del cristianismo entre los chinos. Si Francisco de Xabier no llegó a establecerse en China, sí lo hicieron sus hermanos de la Compañía de Jesús. El P. Ricci fue el primer misionero establecido en Pekín. En 1609 fundaba ya la primera Congregación Mariana después de haber hecho espectaculares conversiones al cristianismo de personajes chinos. En el s. XVII era derribada la dinastía de los Ming por los Manchúes (1644), que también estimaron a los misioneros. En 1664 había ya en China 114.000 cristianos. La supresión de la Compañía y la Revolución Francesa perturbaron enormemente a las misiones de China. A principios del s. XIX las misiones eran ya perseguidas. En 1900 se origina la guerra de los boxers que causó unas 20.000 víctimas cristianas. Posteriormente las alternativas de tolerancia, amistad o enemistad han sido variadas, pero con tendencia a la estima de todo lo europeo hasta la revolución comunista, que echó por tierra el esfuerzo heroico y sostenido de tantos años de apostolado. Todos los talleres, orfelinatos, escuelas y asilos fueron reconvertidos y sus sostenedores perseguidos implacablemente. Los misioneros vascos han intervenido en las misiones chinas a través de las grandes órdenes misioneras: los jesuitas, lazaristas, franciscanos y padres franceses, principalmente. Después de la guerra de los boxers llegaban los cristianos chinos a 600.000 y en 1911 a 1.292.287, con un aumento medio de 60.000 anuales. En 1917 llegaban ya 1.827.172, con un aumento de 90.000 anuales. De 2.380 religiosas había ya 834 indígenas. Los franciscanos tenían en China a principios de siglo 348 misioneros, con 1.783 iglesias, 39 colegios, 1.095 escuelas, 16 seminarios. Los dominicos se habían instalado en 1631, pero procedentes de la misión de las islas Filipinas. En el vicariato de Emuy tenían el hospital mejor de China. Es también muy importante el número de escuelas, orfelinatos, santas infancias y colegios de esta Orden. Los agustinos pasaron a China desde Filipinas en la persona del vasco Martín de Rada, ya en 1577. A principio de siglo tenían 76 iglesias, 53 escuelas y un orfelinato con más de 6.000 niñas abandonadas. Los jesuitas tenían a principios de siglo tres misiones: Kiang-Nan, Che-li SO y Shiu-Hing. «En la lista de misioneros vascos merece citarse con admiración a uno de los naturalistas más célebres del siglo XIX, el P. Armando David. Este insigne sabio y abnegado misionero había nacido el 7 de septiembre de 1826 en la alegre y bonita población laburdina de Ezpeleta. El padre de Armando, que era médico, tenía, además, predilección por la historia natural. Sus conversaciones despertaron en el hijo fuerte inclinación por estudiar los seres vivientes y flores. Deseoso de consagrarse a las misiones en el extranjero, partió de su país para ingresar en la Congregación de los Padres Lazaristas. Algunos historiadores emiten la opinión de que debía quizás esa vocación a la protección muy especial de San Ignacio de Loyola y de San Francisco de Xabier en favor de la parroquia de Ezpeleta. Se sabe, en efecto, que estos dos santos han tenido múltiples lazos de parentesco con la noble casa de los señores de Ezpeleta. (Ignacio fue el fundador ilustre de la Compañía de Jesús; a Francisco de Xabier, verdadera encarnación de celo apostólico, la Iglesia lo propuso como modelo y lo dio como patrono a las misiones del universo.) Debido a sus grandes conocimientos en ciencias naturales, Armando fue enviado en 1851, antes de terminar sus cursos teológicos, para profesar sus estudios favoritos en el Colegio de Savona, en Italia. El joven lazarista permaneció en Savona hasta 1861. Ese año, el Superior General le confirió la tarea de abrir una escuela en Pekín, capital de China. Cuando llegó a su nuevo destino, Armando se puso a explorar los alrededores de la capital para preparar un gabinete de física y ciencias naturales. Alternaba esas actividades con un intenso apostolado entre los chinos. En la misma época, hacia 1865, contribuyó al desarrollo de los conocimientos geográficos de ciertas regiones de Mongolia, muy poco exploradas. En 1866 emprendió grandes viajes de exploración hacia otras partes escasamente conocidas de la Mongolia Occidental, llamadas Tumet, Urato, Ortos y Maomingan, estudiando a la vez la flora, la fauna y la geología de estos altiplanos. Muchas colecciones fueron enviadas al Museo de París. En 1868 el P. David emprendió otra exploración, penetrando en el Tibet. Al regreso, en 1870, debido a un contratiempo providencial, escapó de ser degollado como sus compañeros de las misiones. La notable alteración de la salud, minada por tres graves enfermedades consecutivas, el cansancio y las privaciones sufridas durante esos viajes, provocaron el inmediato retorno del P. David a Francia. Con motivo de la distribución de recompensas en la Sorbona, el explorador vasco fue agraciado con una medalla de oro por sus investigaciones de historia natural en China y en el Tibet. Los diarios de la época pusieron de relieve, que gracias a las difíciles misiones del P. David se había podido comenzar el estudio científico de las riquezas naturales de China. El Museo de Historia Natural de París organizó una exposición de las nuevas riquezas científicas del sabio y valiente misionero, que en 1872 fue elegido miembro correspondiente de la Academia de Ciencias, en la sección de Geografía y Navegación, ocupando el sillón de otro vasco, Antonio d'Abbadie, designado entonces miembro titular de la misma Academia. El naturalista euskaldun volvió en 1872 al teatro de sus exploraciones y estudios. Acompañado por dos jóvenes chinos, convertidos por él y que lo ayudaron en sus trabajos de historia natural, recorrió la provincia de Honan. En esa nueva exploración, a 1.500 kilómetros de Pekín, estudió las producciones zoológicas de la gran cadena de los montes de Tsing Ling, retornando a Shanghai con una fuerte bronquitis, a mediados de marzo de 1874. Resolvió entonces regresar al País Vasco para visitar a su familia y a sus amigos. Aprovechó su permanencia en Ezpeleta para hacer una excursión al monte Mondarrain, «la montaña más hermosa del mundo», como solía decir. El P. David informó que en este viaje, había contado en China 800 clases de pájaros, de las cuales 80 eran nuevas, y 200 mamíferos, de los cuales 60 eran nuevas especies. Hizo igualmente otras curiosas observaciones sobre animales y plantas. Nuestro abate naturalista, después de un penoso viaje marítimo, logró desembarcar en Francia, exactamente en abril de 1874. Consiguió recobrar parcialmente la salud y vivir todavía 36 años en la Casa Matriz de los Lazaristas, en París, fundando un nuevo gabinete de historia natural; ningún establecimiento privado tuvo otro tan importante. Hasta el final de su vida estuvo en contacto con los más notables hombres de ciencia del mundo entero, y con el último emperador del Brasil, Don Pedro II, a quien asistió en sus últimos momentos (1891). El explorador oficial del Museo Nacional -así lo llamaban- efectuó años más tarde un viaje de exploración hasta Túnez, como naturalista. Su rica colección de historia natural es propiedad del Museo Nacional de Historia Natural de París. Había organizado otras tres colecciones importantes: una -ya la hemos citado- en la Casa Matriz de los Lazaristas, en París; la segunda en Savona, Italia, donde fue profesor, y finalmente la tercera en Pekín, la que quedó, después de su formación, en poder del emperador del Celeste Imperio. Al Museo de Savona hizo donación de dos faisanes, uno dorado, otro plateado, además de algunos pájaros de rara especie que había traído de China. Ezpeleta, su aldea natal, fue favorecida con un magnífico pavo vivo y un faisán colorado, embalsamado, cuya carne se dedicó a la mesa imperial china. El Museo de Historia Natural de París posee, entre otras, las siguientes colecciones del P. David: en geología 379 muestras; en paleontología varias osamentas y cráneos rarísimos; en botánica 3.425 plantas; en entomología 10.165 especies; en zoología centenares de mamíferos y pájaros. Esta lista basta para poner de relieve esta fisonomía tan original como atrayente. Antes de morir, el naturalista vasco quiso visitar por última vez su aldea natal: Ezpeleta. Se recuerda allí a ese sabio que seducía por su modestia. Con toda sencillez relataba sus viajes. En el mencionado postrer viaje al País Vasco, el P. David trajo con él una araña, gruesa como el puño, muy amaestrada; de buen grado la acariciaba, teniéndola generalmente en su mano, o a su alcance. El animalito obedecía al naturalista con notable docilidad. En cuando daba la señal, partía para recorrer todo el departamento, atrapando las moscas con extraña rapidez, regresando luego al punto de salida. Por otra parte, en plena caza, obedecía instantáneamente al llamado de su dueño, retomando a su lado. El P. David pudo llegar a ese resultado después de prodigiosos esfuerzos de dulzura y paciencia. Quizá haya recurrido a la educación de la música que es, dicen, el único modo de amaestrar a las arañas. Ese modesto, ilustre y extraordinario misionero lazarista falleció en París el 10 de noviembre de 1900, en una humilde celda, como el último religioso del convento. Era miembro de varias Academias. El Gobierno francés le había ofrecido varias veces la Cruz de la Legión de Honor, pero la rehusó humildemente. En 1896, sin pedirle su asentimiento, esa condecoración le fue remitida con motivo del centenario del Instituto de Francia. Naturalista eminente, observador experimentado, explorador infatigable, de una frugalidad legendaria, el P. David ha abarcado en sus estudios, como lo hemos visto, todas las ramas de la historia natural. Recogió mamíferos, pájaros, insectos, minerales y plantas, no rehuyendo ni fatigas ni peligros. Enriqueció el Museo Nacional de París y otros con una inmensa cantidad de muestras de un incalculable valor científico. Uno queda verdaderamente asombrado, y confundido de admiración, al pensar en la ciencia, celo y actividad que tuvo que emplear el Padre lazarista vasco para llegar a tan importantes descubrimientos y traer esa inmensa colección de animales o vegetales desde comarcas tan apartadas. [Ref. Iriart, M.: Corsarios y colonizadores vascos (Buenos Aires, 1945, pp. 112-117)]». Un caso de compenetración vasco-china es la del P. Eulogio Bengoa Acordagoitia, misionero franciscano, natural de Ereño, Bizkaia. Hacia 1909 se hallaba misionero en el Vicariato Apostólico de Hupé Oriental (China), desde donde enviaba reportajes en vascuence para la revista «Euskal Esnalea», de San Sebastián. Los titulaba Chinako barriak. En la revista «E. Alde» publicaba en 1913 un trabajo sobre «La lengua vasca y la lengua china». J. de Alberdi, publicaba en la revista «Aranzazu», «Arantzazuko Ama Txinan». Antes de la revolución y dominio comunista, China tenía dos obispos vascos, uno y otro de la Misions Etrangères. Mgr. Jean Larrat, nacido en Camou-Suhast el 22 de diciembre de 1884, promovido al episcopado en 1933, arzobispo de Kweiyang en 1946, fue expulsado de China en 1952 por los comunistas. Volvió a su tierra natal viviendo humildemente hasta que falleció ejerciendo su ministerio el 12 de julio de 1966. Mgn. Jean Larregain nació en Saint-Péesur-Nivelle el 6 de enero de 1888. Vicario apostólico en Yunnanfu en 1939, pero murió a poco de su nombramiento.