El consenso científico es que el cambio climático antropogénico es una realidad. A partir de esta premisa, los esfuerzos por controlar sus consecuencias se realizan en dos vertientes principales, a saber, mitigación de los efectos y adaptación a aquellos que son inevitables. El Protocolo de Kioto, derivado de la CMCC, pretende sentar las bases para estabilizar la concentración de GEI y ha sido firmado por 191 países.
El esfuerzo de mitigación del calentamiento global tiene varios posibles frentes de acción. La transición energética hacia fuentes renovables, el uso de la energía nuclear y la optimización del uso de combustibles fósiles son esenciales para reducir las concentraciones de GEI. No solamente en la generación de energía, sino también en su uso pueden introducirse mejoras y reformas para reducir su impacto ambiental. El fomento de métodos de transporte alternativos, así como una mejor planificación urbana pueden contribuir al ahorro de energía. Asimismo, nuevos desarrollos en la construcción sostenible plantean una nueva forma de edificar que permita la conservación de la energía y minimice la aportación de la industria inmobiliaria al calentamiento global.
La lucha contra el cambio climático se desarrolla en varios frentes, entre ellos la conservación de las masas forestales. La reforestación y los programas de recuperación de los ecosistemas boscosos han demostrado ser una herramienta eficaz para contrarrestar los efectos de la acción humana. Otras propuestas más radicales proponen, desde la geoingeniería, soluciones novedosas para el secuestro de carbono o para reducir el forzamiento radiactivo. Los profesores Pacala y Socolow de la universidad de Princeton han desarrollado un plan para reducir 25.000 millones de toneladas de CO2 de la atmósfera, a través de 15 programas. Según sus estimaciones, el plan se completaría con éxito si tan sólo siete de los programas salen adelante. Las propuestas son las siguientes:
- Mejorar la eficiencia de los vehículos, de 48 a 96 km por galón en 2.000 millones de vehículos.
- Un menor uso de vehículos, y mejorar el diseño urbano para reducir los desplazamientos de 16.000 km al año a 8.000 km al año en 2.000 millones de vehículos.
- Edificios eficientes, que reduzcan su consumo de energía en 25%.
- Mejorar la eficiencia de las plantas de carbón, del 40% actual a 60%.
- Reemplazar 1.400 GW de plantas de carbón por gas natural.
- Capturar y almacenar el carbono emitido por 800 GW de plantas de carbón.
- Capturar y reutilizar el hidrógeno de estos 800GW de plantas de carbón.
- Reemplazar 700GW de energía de carbón por energía nuclear.
- Capturar y convertir las emisiones de la quema de carbón en 30 millones de barriles al día de combustible sintético.
- Multiplicar por 50 la capacidad eólica actual, hasta alcanzar los 2 millones de turbinas de 1MW.
- Reemplazar 700 GW de plantas de carbón por 2.000 GW (pico) de energía solar, es decir, 700 veces la capacidad instalada en el siglo XXI.
- Producir combustible de hidrógeno de 4 millones de turbinas eólicas de 1 MW.
- Utilizar la biomasa para sustituir el petróleo, es decir, 100 veces la actual.
- Detener la deforestación y restablecer 300 millones de hectáreas de árboles.
- Utilizar un sistema de arado que conserve el suelo en todos los cultivos, unas 10 veces más que el volumen actual de uso.
A nivel internacional se están desarrollando varias iniciativas para paliar los efectos del cambio climático. Según el Banco Mundial muchos países, tanto desarrollados como en vías de desarrollo, están invirtiendo en tecnologías limpias para controlar las emisiones de CO2. Entre las políticas más extendidas se encuentran planes para la proliferación de energías renovables, objetivos en la reducción de emisiones y una mayor eficiencia energética. Las alteraciones regionales del clima como consecuencia del calentamiento global tiene un impacto mayor en los países menos desarrollados, ya que existen menos infraestructuras y servicios sociales.
El Protocolo de Kioto es la principal herramienta legal internacional que actualmente rige los esfuerzos contra el cambio climático. Este tratado fue firmado el 11 de diciembre de 1997 y entró en vigor el 16 de febrero de 2005; pretende sentar las bases para un acuerdo de reducción de emisiones de cuatro GEI (CO2, SF6, N2O y CH4) y dos grupos de gases, perfluorocarbonos (PFCs) e hidrofluorocarbonos (HFCs). Otro grupo de gases, los clorofluorocarbonos (CFC) están regulados por el Protocolo de Montreal relativo a las sustancias que agotan el ozono, de 1987. El protocolo plantea distintos objetivos para unos y otros países, para no frenar el desarrollo de los países en vías y reconociendo el vínculo que existe entre el tejido industrial de los países más desarrollados y su papel en el calentamiento global.
Además, Kioto ofrece tres herramientas de mercado para apoyar los esfuerzos nacionales; el mercado de emisiones, el mecanismo de desarrollo limpio, y la implementación conjunta. Además, el tratado pone en marcha un registro y un seguimiento de datos más intensivo para estudiar los acontecimientos. Asimismo, se prevé la creación de un fondo de adaptación al cambio climático, para financiar proyectos que apoyen la adaptación al cambio climático.
En diciembre de 2009 se celebró en Copenhague la XV Conferencia Internacional sobre el Cambio Climático, convocada por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Se pretendía que de esta conferencia saliese un tratado que reemplazase al Protocolo de Kioto, que expira en 2012. Las diferencias entre los países dieron lugar a un tratado no vinculante ni en cuanto a emisiones, ni en cuanto al sucesor legal de Kioto. El acuerdo final fue labrado entre EEUU por una parte y China, arropada por India, Brasil y Sudáfrica por la otra. Al final acordaron un modelo no vinculante similar al de la OMC, donde cada país declara sus emisiones. La UE aceptó los resultados de la negociación.
El futuro de la lucha contra el cambio climático en estos momentos depende de los esfuerzos nacionales y de las ONGs. En cuanto a legislación internacional, las herramientas para la mitigación del cambio climático y la adaptación a sus efectos se encuentran aun faltas de desarrollo y sólo puede esperarse que la suma de los esfuerzos individuales y nacionales pueda paliar la situación.
