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ÁFRICA

Sancho el Fuerte en Africa. Uno de los episodios más sonados pertenece ya al s. XII. En 1195 los almohades, gobernados por el emir de Marruecos Jakub ben Yussuf, dominaban, además del N. de Africa, la España musulmana. Ese año había tenido lugar la batalla de Alarcos en la que destrozaban al ejército de Alfonso VIII de Castilla. El rey vasco, Sancho VII el Fuerte, se hallaba seriamente amenazado por los reyes de Castilla y Aragón y necesitaba urgentemente concertar alianzas si no quería ver caer su reino en manos de ambos vecinos. Bien es verdad que por el norte confinaba con la Aquitania, donde reinaba Ricardo Corazón de León, su cuñado, pero era de todo punto necesario asegurarse el porvenir inmediato. Como consecuencia de esas extraordinarias circunstancias concibió el proyecto de concertar un pacto de alianza con el Emir marroquí, y hasta se aseguró que proyectaba casarse con la hija de Jakub. En 1197 era Alfonso VIII quien ajustaba treguas con el marroquí, pero con el designio secreto de tener más libertad para combatir a Navarra y a León. El castellano denunció al Papa el proyecto de matrimonio del navarro y Celestino III, exhortó, por medio del Legado pontificio, a D. Sancho para que se uniera a los reyes de Castilla y de León con promesa de que las tierras conquistadas a los árabes serían repartidas a partes iguales entre los tres monarcas. Pero D. Sancho no deseaba otras tierras que las arrebatadas a Navarra, o sea, la Rioja, Bureva y alguna porción de Alava ocupadas hacía ya mucho. En 1198, para poder rechazar la agresión armada de castellanos y aragoneses, debió hipotecar hasta su Palacio Real de Pamplona en 70.000 sueldos. Es en este momento crítico cuando el rey vasco se decide ir al Africa en busca de la alianza de Jakub, poderoso y rico. Cuando llegó a Africa se encontró con que el Emperador había muerto y que a su hijo, muy niño, le disputaban el trono. Don Sancho fue retenido prisionero y obligado a luchar por la reposición en el trono del niño, bajo la promesa de cumplir todas las promesas de su padre. Consiguió que el hijo del Emir ocupara el trono pero entretanto había muerto en Aquitania Ricardo Corazón de León, su aliado y pariente, y quedaba el reino desamparado. Alfonso VIII de Castilla y Alfonso II de Aragón, aprovecharon la ocasión para lanzarse contra el Reino. De ahí arranca la pérdida de Alava, Guipúzcoa y Duranguesado. Don Sancho, puesto en libertad, regresó dueño de cuantiosas riquezas pero amargado por la perfidia de sus vecinos.