Lexique

ACTORES Y ACTRICES BAYONESES

El «Roman Comique» de Scarron nos ofrece un cuadro vivo de la miserable condición de las compañías de cómicos nómadas del siglo XVII. Un único y flaco caballo, enganchado a una mala carreta, arrastraba los escasos bienes y las decoraciones de la compañía; eso en cuanto a los medios de transporte. Es solamente hacia fines del siglo XVII cuando empieza la larga lista de compañías de representación en Bayona; encontramos en efecto, en 1682, una orden de la ciudad a su tesorero, Jacques d'Allicourt, por la que debe pagar la suma de 110 libras «a la compañía de comediantes que están en esta ciudad, por la comedia dada al Sr. Duque de Gramont, a su séquito y al público, el día de las fiestas ofrecidas en honor del nacimiento del Duque de Borgoña». Durante el siglo XVIII, las anécdotas se vuelven más numerosas. La señorita Marianne Sujardín, que lleva el pomposo título de directora de la Academia Real de música de Bayona, y una cierta señorita Rosalie Leposte, llamada Mimí, primera bailarina, enseñaron, parece ser, a bailar a la hija de Etienne Arnaud, sinfonista, durante tres años, «de forma, decían ellas, que le permitiera ganarse la vida sin que ella, Mimí, o la Academia, retirase ningún beneficio». Durante la Revolución, los actores se elevan un poco en la opinión pública, ya que están dispensados del servicio de la guardia nacional, y las actrices habiendo ofrecido un don patriótico, recibieron el beso fraternal de la sociedad popular. En el siglo XIX, sus costumbres se vuelven algo más regulares. Una pieza curiosa, datada de 1883, contiene informaciones interesantes sobre algunos artistas que actuaron en la escena de Bayona durante los meses de invierno del año anterior. El director de esta compañía se llama Saint-Bris. David, el jefe de la orquesta, tenía talento, pero era borracho. Rouat, que había debutado en los «Ellevion», había estado acertado, pero no habiendo actuado sino cuatro o cinco veces, el público no habla podido apreciarlo. El señor y la señora Lachat, que habían actuado el año precedente y habían sido bien acogidos por el público, no habían mantenido su talento. Théophile Garcian estaba un poco gastado, y era más apto para ser administrador que para ser volatinero. La señora Bertast era nula. La señora Chatrier era mejor segundona que como primera actriz; se cansaba actuando y le desagradaba el teatro que quería dejar. Mordant Désir tenía una voz gastada y por último la señora Berger, estaba poco favorecida por el físico, ya que era buena, pero demasiado vieja. Los actores y actrices de los que vamos a citar rápidamente los nombres, se dividen en tres clases bien precisas. Los que han hecho en nuestra ciudad sus primeros pasos y que han ocupado empleos secundarios para elevarse después a mayores escenas, los que han nacido en Bayona y por último los que han pasado solamente por nuestra ciudad y han dado algunas representaciones. Uno de los primeros nombres que tenemos que señalar entre los artistas de Bayona, es el de la Montansier, más tarde directora del Palacio Real; luego, sin observar el orden cronológico, Garat, Baroilhet, Julián, Juncar, Adele Dabedeilhe, Lacroix, Lartigue y algunos otros más oscuros. Entre los actores y actrices que debutaron en Bayona o que actuaron allí, para obtener la fama en otra parte, citaremos Collot-d'Herbois, Mm. Dorval, Rose Chéri, Céline Montaland, el tenor Bousquet, Maliar, barítono de la Gran Opera de París, Crambade, que tubo una buena fama provincial, Roudille, Guilhem y Guillemot. Entre las cantantes de operetas, Tony-Reine, Paola-Marié, Mm. Morin y Zélo-Duran. Durante este tiempo son los grandes artistas, los príncipes de las candilejas, quienes se suceden en nuestro escenario sin interrupción. No citaremos sino los más célebres: Talma, Frédéric Lemaitre, Mlle. Georges, Rachel, Mm. Albert-Rubini, Mme. García Viardot, hermana de la Malibrán, Carlotta Patti, Alboni Ronconi, Mlle. Agar, Faure, Coquelín, Sarah Bernard, así como tantos muchos. Ref. Edouard Duceré: Dictionnaire historique de Bayonne, 2 vols, Bayonne, 1911-1915.