Politikariak eta Kargu publikoak

Soriano Tapia, Luis

(Tudela, 21 de junio de 1895 / 24 de marzo de 1950). Sus abuelos paternos fueron Martín Soriano Garrido (Valtierra), propietario, y Genara Lapuerta Jiménez de Azcárate (Valtierra, ca. 1831-Tudela, 1905), hija del notario tudelano José Manuel Lapuerta y de Esperanza Jiménez de Azcárate.

Una tía abuela de Luis Soriano Tapia, Lorenza Rosalía Lapuerta Jiménez de Azcárate (Valtierra, ca. 1840-Tudela, 1912), casada con el capitán de caballería Pedro Serapio García Bona, nombró al padre del diputado su albacea testamentario. De este modo, cuando falleció en 1912, la herencia se dividió entre sus sobrinos, recayendo parte de ésta en Manuel Soriano Lapuerta, padre de Luis Soriano Tapia. Por línea materna, éste era nieto del tudelano José Tapia, que estaba establecido profesionalmente como cerero, y de Concepción Señorena (Berastegi, Gipuzkoa).

Era el tercero de los hijos del matrimonio formado en 1890 por Manuel Eusebio Soriano Lapuerta (Valtierra, ca. 1860-Tudela, 1934) y Eusebia Concepción Tapia Señorena (Tudela, ca. 1867-1908). Su padre fue oficial de Telégrafos en Tudela y un tío suyo, Antonio Soriano Lapuerta, alto funcionario de los ferrocarriles andaluces. Tuvieron al menos otros seis hijos: María Mercedes (1892), Martín José (1893), José Manuel Joaquín (1897), Juana Felisa (1900), Antonio Cruz Alejandro (1904) y Francisco Antonio Gerardo Soriano Tapia (1906).

Se casó el 14 de julio de 1921 con Babila Carmen Roseta Torres Ezcay (Tudela, ca. 1897), hija de Babil Torres (Tudela) y Olegaria Ezcay (Olite).

Profesionalmente estaba establecido en Tudela como abogado. El 16 de junio de 1921 fue nombrado Interventor de Arbitrios Provinciales con carácter interino para sustituir a Mariano Ríos, que causaba baja por enfermedad. Así fue hasta agosto de 1921, cuando éste último se recuperó. Al cesar entonces en el cargo Luis Soriano, se hizo constar el celo e inteligencia desplegado en el servicio.

En 1917 fue elegido miembro del comité del Partido Republicano Autónomo de Tudela, junto con Ruperto Cuadra, Mariano Ríos, Casildo Moneo, Roque Pinilla, Eusebio Martínez y Luis Cuadra. Tras las elecciones municipales del mismo año, estos tres últimos representaron al Partido Republicano en el nuevo ayuntamiento.

En 1922, como figura representativa del republicanismo local, en un mitin republicano-socialista fue el encargado de presentar al electorado tudelano a Juan Navarro Anguiano (Tudela, 1881-Fontellas, 1936), afiliado al PSOE que moriría fusilado en noviembre de 1936.

En 1930 fue elegido primer presidente de la Agrupación Republicana de Tudela, creada el 5 de abril, que contó inicialmente con 250 afiliados.

En junio de 1930 era miembro del Consejo Foral Administrativo, en representación de Tudela.

A finales de este mismo año, según consta en una carta enviada desde Tudela por Francisco Añino al secretario de la Liga Nacional Laica, era miembro de dicha asociación. Junto a Luis Soriano, aparecen otros miembros del republicanismo local como Mariano Ríos y Esteban López de Goicoechea.

En enero de 1931 formó parte de la Comisión permanente de la Junta de Colonización del Consejo Foral Administrativo.

Fue atacado por El Pensamiento Navarro el 14 de enero de 1931 por votar en contra de otorgar una subvención para la construcción del nuevo Seminario de Pamplona:

Don Luis Soriano Tapia, el que iba "del brazo de Ligués", en las últimas elecciones, según rezaba la copla, protestó y votó en contra de la subvención. Ya puede estar satisfecho también el mantenedor de la protesta, y puede volverse tranquilo a Tudela porque parece que su principal misión en el Consejo era esa: Enseñar la oreja y meterse con el Seminario.

En la sesión del 4 de diciembre de 1931 se desestimó la solicitud del Obispo referente a esta cuestión, de tal modo que la Diputación resolvió definitivamente no entregar cantidades para la construcción del Seminario Conciliar.

Tras ser elegido en las elecciones municipales de 1931 (se presentó en el distrito de Huérfanos), fue designado diputado foral por el gobernador civil. En esta fecha continuaba siendo el presidente de la Asamblea Republicana de Tudela. En la sesión extraordinaria del 25 de abril de 1931 en la que se constituyó la nueva Diputación, al igual que Constantino Salinas Jaca, en vez del tradicional juramento, prometió su cargo, como correspondía a la orientación civil o laica de la República recién instaurada. Ocupó puestos en varias comisiones: Patronato de "El día del libro navarro", Síndico de la Confederación Sindical Hidrográfica del Ebro, Junta Provincial de Instrucción Pública y Junta de Colonización.

El 29 de junio de este mismo año, junto a Aquiles Cuadra y Mariano Ríos, todos ellos del Comité Republicano de Tudela, se dirigió al alcalde de Murchante para advertirle acerca de la animosidad de los vecinos de Tudela contra los de Murchante por haber dado éstos últimos cobijo a los jesuitas de Tudela que habían huido de la ciudad ante el clima anticlerical existente.

En octubre de 1931, en un mitin de afirmación republicano radical-socialista que tuvo lugar en el Frontón Euskal Jai de Pamplona, prometió la solidaridad de su distrito con el resto de Navarra, a través de unas duras palabras. Se refirió a los riberos como respetuosos con todos los sentimientos, pero si los clericales se salen de la legalidad, no tolerarán que se arrolle a sus hermanos los montañeses y se aplicará con ellos la ley del Talión.

A finales de este mismo 1931, atendiendo a las indicaciones del presidente de la Diputación de Soria, se acordó que Soriano se trasladara a Madrid para acompañar a una comisión de aquella gestora, para entrevistarse con el Ministro de Fomento, al objeto de que se ultimaran las obras del ferrocarril Soria-Castejón, que en Navarra afectaban especialmente a Fitero, Cintruénigo, Corella y Castejón.

Fue contrario al Estatuto Vasco-Navarro. En concreto, cuando la Diputación ratificó el proyecto de estatuto aprobado en San Sebastián el 24 de abril de 1932, mostró su negativa a apoyarlo. No había asistido a la reunión de las cuatro diputaciones, e insistió además en que estimaba más conveniente para Navarra la subsistencia del régimen actual.

En septiembre de 1932 fue nombrado vicepresidente del Consejo Navarro de Cultura, cuyo presidente era Rufino García Larrache (este Consejo se había creado el 10 de diciembre de 1931).

El año siguiente, en compañía del vicepresidente Constantino Salinas Jaca, negoció el convenio de la Diputación con la Compañía de los Ferrocarriles del Norte de España.

En julio de 1933, al renovarse las comisiones de la Diputación, Soriano ocupó las de la Caja de Ahorros de Navarra, Confederación Sindical del Ebro, Junta de Colonización y Consejo de Cultura de Navarra. En este mismo mes viajó de nuevo a Madrid en compañía de Constantino Salinas Jaca, y allí obtuvieron de la Dirección de Sanidad Nacional 75.000 pesetas para el sostenimiento de la Enfermería Antituberculosa de Pamplona. Aprovecharon también su estancia en la capital de España para gestionar otros asuntos de importancia para Navarra tales como la titularidad de los montes de Aézcoa, Instituto y Dispensario de Tudela y otros.

En septiembre de 1933, en compañía del diputado a Cortes Mariano Ansó Zunzarren, viajó a Madrid para discutir con el Gobierno el mantenimiento del régimen privativo de Navarra en materia de médicos particulares. En este mismo mes, con ocasión de las elecciones realizadas en todos los colegios de abogados para elegir al Tribunal de Garantías, en el de Tudela se anotaron 3 votos republicanos: los de Ruperto y Aquiles Cuadra, y el suyo propio. El Eco del Distrito se congratulaba del hecho, a pesar de que la victoria final fuera para José Calvo Sotelo, muy destacado, según el mismo periódico, en la elevación del cupo contributivo de Navarra durante la dictadura de Primo de Rivera.

En septiembre de 1934, JOS, órgano de la juventud obrera socialista de Tudela, que le denominó su santidad el amantísimo y encariñadísimo a los cargos oficiales, le acusó de cambiar de ideología política con extrema facilidad:

A propósito de chaquetas, ¿Pueden decimos cuántas necesitarán los que antes se llamaban izquierdistas, que con su laicismo parecían que se tragaban a los curas y hoy son radicales derechistas? .. ¿verdad que sí, Ríos y Soriano: [ ... ] Ya son otra vez amigos Marsellá y Soriano. ¿Esperan otro Ligués que les sufrague los gastos de la amistad? Que se lleven a los jesuitas, gritaba Soriano desde el kiosko ... ¡Traidores! llamaba desde el kiosko Soriano a Sanjurjo y sus colaboradores. Como se entere su jefe actual, lo va a poner de rodillas.

El contenido de su intervención en la sesión plenaria municipal del 10 de octubre de 1934, con ocasión de la huelga general de ese año, hubiera sido inimaginable dos años antes. Pronunció unas palabras condenando toda violencia, y propuso:

1º. Se condene el intento revolucionario y separatista; y 2º. Se comunique el acuerdo al Gobierno felicitando al mismo por la energía desplegada en defensa de la Patria y de la República y expresando el agradecimiento de la corporación al Ejército, Guardia Civil y demás fuerzas que han contribuido al restablecimiento del orden.

Estos puntos se aprobaron por unanimidad en un ambiente políticamente convulso. Por ejemplo, Maro Castilla Burgaleta, director de El Eco del Distrito y tradicional defensor de Luis Soriano, se hallaba encarcelado por orden gubernativa (El día 9 octubre no se publicó por este motivo el periódico que dirigía).

En los meses finales de la República se hace más difícil hallar noticias sobre Luis Soriano. Empezada la guerra, en una relación de bienes donados por los tudelanos al Ejército, publicada en El Ribereño Navarro, aparece su nombre con la entrega de un anillo oro forma sello con las iniciales LS; dos alianzas con las iniciales LS y BT. Y una moneda de oro de Carlos III de 5 pesetas. Su hermana Mercedes, soltera, también entrega un par de sortijas de oro y un alfiler del mismo material. En el padrón de 1945 Luis Soriano y Babila Torres aparecen en el censo municipal como residentes en Tudela, si bien a partir de esta fecha se pierde toda noticia acerca de ellos. Según el abogado tudelano Julio Alvárez García, Luis Soriano continuó ejerciendo la abogacía en su localidad natal hasta su fallecimiento en 1950. En cualquier caso, pudo evitar la triste suerte que corrieron varios de los miembros más destacados de la política republicana local, posiblemente gracias al giro ideológico que experimentó en los dos últimos años de la República.