Kontzeptua

San Martín

La veneración por San Martín en España arranca de época muy remota, como lo atestiguan las tradiciones sobre la petición de reliquias del santo hecha por un rey suevo de Galicia, para curar a su hijo (textos de Gregorio de Tours, Mirac. Sancti Martini I, 9; "Hist. Franc ." V, 381; sobre el culto a San Martín, en general, Paúl Monceaux, Saint Martin-Récits de Sulpice Sévére mis en français avec une introduction, París, 1926, pp. 64-76). El nombre del santo turonense aparece en un tema legendario en el que figura a veces el de Patxi el herrero, como el de Samiel "San Miguel" alterna en otro tema con el del ferrón que venció al dragón. Samartintxiki "San Martinico" es nombre más repetido que San Martín en la leyenda relativa a este personaje. Fue éste, entre los humanos, el primer labrador que trajo la semilla de trigo, averiguó la época de su siembra y la del maíz y del nabo y cultivó los tres elementos. Fue también el primer hombre que robó al baxajaun las patentes para la fabricación de la sierra, de la soldadura del hierro con fundente, del eje del molino.

Fue, pues, un héroe civilizador. Cuentan en Ataun que Samartintxiki fue al monte Muskia, sito en aquel pueblo, a visitar a los baxajaun o genios que cosechaban grandes cantidades de trigo en aquellas alturas. Disputando con ellos, cayó deliberadamente en un montón de trigo que allí había, llenando de grano sus albarcas. Cuando regresaba al pueblo, llevó en su calzado la simiente del precioso cereal. Al percatarse de este hecho los baxajaun, uno de éstos lanzó su hacha contra Samartintxiki, pero no dio en el blanco. Poco después nuestro héroe oyó a los baxajaun que cantaban: Orirtete, arto ereitte; or erorte, gari ereitte; Sanlorentzôta arbi ereitte "al brote de la hoja la siembra del maíz; al caer de la hoja, la siembra de trigo; por San Lorenzo la siembra de nabo". Variantes de esta leyenda existen en Kortezubi, en Mutriku, en Zegama, en Oiartzun, etc.

El baxajaun fabricaba la sierra, según cierta leyenda de la región de Oiartzun; no así San Martinico que carecía de modelo para ello. Deseando éste conocer el secreto, envió a su criado a anunciar en el pueblo que San Martinico había fabricado la sierra. Al oír esto, el baxajaun le preguntó: "¿Es que tu amo ha visto la hoja del castaño?" "No la ha visto; pero la verá", contestó el criado, quien refirió después a San Martinico lo sucedido. Mirando a la hoja del castaño, San Martinico fabricó su primera sierra. El baxajaun entró de noche en la herrería de San Martinico para comprobar si éste había fabricado alguna sierra. Al verla, le torció los dientes alternativamente, pretendiendo inutilizarla. Pero, en realidad, la mejoró, puesto que, así triscada, la hoja de la sierra podía moverse holgadamente en la hendedura.

Desde entonces se propagó la técnica de la fabricación de la sierra en el mundo. Con igual treta logró Samartintxiki averiguar cómo el baxajaun hacía la soldadura del hierro en su fragua, según se refiere en una leyenda de Kortezubi. Mandó anunciar que él había descubierto el procedimiento para soldar el hierro. El baxajaun preguntó al pregonero: "¿Es que Martinico asperjó con agua arcillosa las piezas de hierro?" "No lo hizo, pero ya lo hará", le contestó el pregonero. Y como consecuencia de este nuevo secreto arrancado al baxajaun o al diablo, la técnica de la soldadura del hierro se propagó por los pueblos. Una leyenda de Sara refiere que el eje del molino de San Martín era de roble y se quemaba luego inutilizándose para el trabajo. El del molino del diablo, en cambio, duraba mucho.

San Martín mandó anunciar que su molino funcionaba ya sin desmayos. "Eso quiere decir que le ha puesto eje de aliso", comentó el diablo. "Se lo pondrá", contestó el pregonero. Y así, gracias al ardid de San Martinico, los hombres pudieron beneficiarse de los molinos en todo el mundo. Es bastante conocido todavía en el País Vasco el llamado "Canto de San Martín" (Samartinen kanta). El año 1918 recogí en Kortezubi una variante del cuento de "las doce palabras retorneadas" que es el mencionado canto. Me la refirió Tomás Kobeaga, vecino del barrio Oma (Nabárniz) que a la sazón trabajaba, como obrero, en nuestras excavaciones de la cueva de Santimamiñe. Me dijo que un carbonero de aquella región rogó al diablo que le ayudase en reunir la leña que tenía desparramada en su bosque. El diablo le ayudó en su trabajo y le pidió como jornal su alma o, en su lugar, que demostrase saber el canto de San Martín. El carbonero optó por lo segundo. Entonces el diablo y el carbonero entablaron el diálogo siguiente:

El diablo: Di uno.
El carbonero: Nuestro Señor él es uno, él nos salvará.
D.: Di dos.
C.: Los altares de Roma dos, nuestro Señor él es uno, él nos salvará.
D.: Di tres.
C.: Las tres Trinidades tres, los altares de Roma dos, nuestro Señor él es uno, él nos salvará.
D.: Di cuatro.
C.: Los cuatro Evangelistas cuatro, las tres Trinidades tres, los altares de Roma dos, nuestro Señor él es uno, etc.
D.: Di cinco.
C.: Las cinco llagas de Jesucristo cinco, los cuatro Evangelistas cuatro, etc.
D.: Di seis.
C.: Los seis candelabros seis, las cinco llagas de Jesucristo cinco, etc.
D.: Di siete.
C.: Los siete, los Sacramentos; los seis candelabros seis, etc.
D.: Di ocho.
C.: Los ocho son los Cielos; los siete los Sacramentos, etc.
D.: Di nueve.
C.: Los nueve, los Ordenes; los ocho son los Cielos, etc.
D.: Di diez.
C.: Los diez, los mandamientos; los nueve, los Ordenes, etc.
D.: Di once.
C.: Los once mil ángeles; los diez, los mandamientos, etc.
D.: Di doce.
C.: Las doce horas santas, los once mil ángeles, etc.
D.: Di trece.
C.: No existen trece. Tampoco tú, en hora que no existe, has de arruinar el alma de ninguno.

Mi informante de Kortezubi añadió que, según creencia popular, el Canto de San Martín equivale al rezo de un Rosario. San Martín figura en una versión de la leyenda, en tantos lugares repetida, sobre construcción de antiguas iglesias. Así, en Amasa empezaron sus habitantes a construir una iglesia en el paraje ocupado hoy por el casco urbano de Villabona. Pero el material que allí reunían de día era misteriosamente trasladado de noche por San Martín a la colina en la que ahora se halla el templo parroquial de Amasa. Esto ocurría una y otra vez. Por fin cedieron en su empeño y edificaron su iglesia donde San Martín quería y la dedicaron a este santo. Ref .: R. M. Azkue: "Euskalerriaren Yakintza", II, p. 312-314; J. M. de Barandiaran: Eusko-Folklore, 1922, p. 7-9; 1925, p. 32 bis; Mitología Vasca, p. 140-141, Madrid, 1960.