Personalidad eclesiástica vasca del s. XVII en América. Fue obispo de Santiago de Chile (1624); anteriormente fue deán de Charcas. Su principal preocupación fueron los indios, en especial los huarpes de Cuyo, que se traían a los lavaderos de oro de Los Andes muriendo muchos en el cruce de la cordillera. Estableció la excomunión para los responsables y una multa de 100 pesos por cada muerto. De fuerte carácter, chocó con las órdenes religiosas, tanto por el control que buscó imponer a su poderío económico como por las normas de conducta que estableció, apoyado por el rey, ante los desórdenes que dañaban la imagen de la Iglesia Católica chilena. También se enfrentó a los encomenderos y la Real Audiencia, porque ésta no aceptaba la inmunidad de la Iglesia ante el poder civil. Justo se dio el caso de La Quintrala, la poderosa y sádica Catalina de los Ríos y Lisperguer, quien encargó al padre Nicolás de Escobar, que era primo suyo, que azotara al cura de La Ligua. Este reclamó a Salcedo, pero nada pudo ante la influencia de los Lisperguer. Después de once años de obispo, respetado y apreciado, falleció en 1634 dejando sus bienes a obras pías. Ref. : Laborde Duronea, M.: Vascos en Santiago de Chile, Chile 1991.
