A pesar de quedar lejos la tierra portuguesa de los vascos paleolíticos (cultura franco-cantábrica) los restos arqueológicos y pinturas rupestres han dejado la huella de una expansión por Guadalajara, vía Tajo, hasta las cuevas de La Moura y Ponte de Lage, en tierra portuguesa. Una de las cuevas con vestigios vasquitanos es la de Baousso de Torre. Este milenario camino quedó marcado de topónimos vascoides. En las Oeiras, cerca de Lisboa, y en la Cesareda, donde se hallan dos cuevas con nuestro tipo de arte rupestre, reaparecen también los nombres en -en, -ena y otros, pero muy escasos, como Cascais (Cascante navarro), Estoril, Queluz, Varxea, Arneiro, Adraga, Belas, Larradi, Alhos, Calhariz, Barrosa, Atalho, río Arga y río Toria, pero algunos de ellos dudosos y no seguros. A idénticos resultados conducen los topónimos Carrof, Carraf, Garray que luego de salir del recinto pirenaico se ven en las costas cantábrico-portuguesas, catalanas de Baleares y en la costa occidental de Marruecos (da Garrifa).
Guipúzcoa y Vizcaya en las guerras castellano-portuguesas (síglo XIV). Hasta el siglo XIV no se tienen noticias de interés que relacionen a vascos y portugueses y ahora a través de los vínculos Castilla-Portugal ya que el occidente vasco se hallaba unido a la Corona de Castilla. La guerra de Portugal se hizo más grave en 1370 porque se la sostuvo por mar y por tierra. La marina de Castilla se encontraba agotada; sin embargo, el rey Enrique mandó armar veinte naos, las cuales, aunque deficientes en su armamento por lo desprovisto de las atarazanas de Sevilla, salieron a perseguir a la flota portuguesa, logrando cuando menos ahuyentarla. Enseguida mandó que en el golfo de Vizcaya se armasen naos de combate y se procedió a ello, disponiéndose una escuadra con naves de Guipúzcoa, Vizcaya, Santander, Castro Urdiales y costas de Asturias y de Galicia. En breve se armó esta flota que operó con éxito en el Guadalquivir, alcanzándose con ella que las naves portuguesas no volviesen a molestar las marismas de Andalucía. En 1381 dio comienzo nueva guerra con Portugal, a cuya acción, ayudaba el inglés que pretendía poner en el trono de Castilla al Duque de Lancaster. Para efectuarla dispuso don Juan que se preparase en Sevilla una armada de diez y siete galeas, la cual, al mano del almirante Sánchez Tovar, combatió a veintitrés galeas portuguesas, de las cuales apresó veinte con su almirante y caballeros, de suerte que desbarató por completo la flota enemiga. En esta campaña contra Portugal el vizcaíno don Pedro Núñez de Lara y de Leguizamón que le sirvió con bizarria, hijo bastardo de don Juan Núñez de Lara el IV, señor que fue de Vizcaya, habido de doña María de Leguizamón durante una de sus estancias en el Señorío, fue creado Conde de Mayorga. Y al inmediato 1382 el mismo rey le concedió a este don Pedro Núñez, conde de Mayorga, el patronato de Nuestra Señora de Begoña, por carta de privilegio, del 15 de mayo. Continuaba en 1383 la guerra con Portugal, pero, afortunadamente gestionaron los reinos el casamiento de don Juan y la infanta portuguesa doña Beatriz con la condición que a la muerte del rey Fernando de Portugal, su hija, ya reina de Castilla, fuese la heredera del trono portugués. Poco duró la paz. En 1384 se encendió de nuevo la guerra. Don Juan cercó Lisboa por tierra y por mar. Pero en esta circunstancia se desarrolló una epidemia de peste que mermó el ejército de Castilla y obligó al rey don Juan a levantar el cerco. Durante el sitio murió de peste el vizcaíno don Pedro Núñez de Lara y Leguizamón, que había casado en pleno período de guerra, hallándose en el campamento doña Beatriz de Castro, hermana de las princesas doña Juana de Castro, casada con don Pedro el Cruel, y doña Inés de Castro, mujer de Pedro I de Portugal; matrimonio para cuyo acto se suspendieron las hostilidades y se celebró en Lisboa con asistencia de los grandes de Castilla y de Portugal y el pretendiente de la Corona a este reino, el maestre Avís. La duración de este enlace fue pues, muy corta. Igualmente murieron varios grandes de Castilla y Portugal y caballeros vizcaínos, entre ellos, Ochoa de Muñatones, señor del solar de su nombre, en Musques. En 1384 y siguiente, se armaron muchas naos vizcaínas y guipuzcoanas que partieron a combatir a la flota portuguesa. La dispuesta en 1385 se compuso de 26 buques de Vizcaya, Guipúzcoa y Asturias que llevaron vituallas y gente de refresco al sitio de Lisboa, que se reanudó. El 26 de marzo de dicho año expidió Juan, rey de Castilla y señor de Vizcaya, una carta a Bilbao para que no pagase de pedido más de 40.000 maravedíes anuales, que se aplicarían para lanzas mareantes a caballeros vizcaínos. En años posteriores fueron condenados a servir en la guerra con Portugal por fechorías y muertes en las banderías de las Encartaciones, Juan Iñíguez de Retuerto, Iñigo Sánchez, Sancho García de Muñatones, Sancho de la Sierra, Martín Pérez de Poveña, Pedro Estantado, Sancho Viejo, Pedro de San Lorenzo, Diego de Cotorreño, Pedro Ruiz de Llano y otros. En 1402 se hicieron treguas con Portugal por 10 años, y a su juramento acudieron los representantes de las villas marítimas de Bilbao, Bermeo y San Sebastián, como lugares principales en los que se preparaban y armaban barcos guerreros para la flota de Castilla en las aguas portuguesas. Entre los nobles que servían al rey se halló el vizcaíno Martín Ruiz de Arteaga. [Ref. Estanislao Jaime de Labayru: "Historia General del Señorío de Vizcaya", II].
Participación navarra (1384-1385). Carlos III de Navarra, siendo aún Infante, colaboró en la guerra castellano-portuguesa, ayudando a su cuñado Juan I de Castilla. En febrero de 1384 toma parte en el sitio de Coimbra, y, entre abril y octubre del mismo año, en el de Lisboa. Entre el personal navarro que le acompañó destacan los capitanes Pierres de Lassaga, que mandaba el contingente navarro, y Sanchó Périz de Agorreta, quien murió en combate. Componían asimismo el séquito del Infante, el notario Perruco de Olloqui y los escuderos Roulant Périz de Peralta, Pierre de La Croix y Michelet de Saint Johan. La documentación atestigua el paso de Carlos de Evreux por Santarem, Torres Vedras y Sabugal, entrando y saliendo de tierras portuguesas por Ciudad-Rodrigo. Al año siguiente tuvo lugar la segunda parte de la campaña, en la que participó el Infante con 60 hombres, mandados, también en esta ocasión, por Pierres de Lassaga; no intervino el navarro, sin embargo, en la batalla de Aljubarrota, que dio fin, desfavorablemente para los intereses castellanos, a la guerra. [Ref. José Ramón Castro: Carlos III..., Pamplona, 1967].
La Oliva y el Prior de Crato (1580). En 15 de febrero de 1580 Felipe II envió una cédula real al Señorío de Vizcaya, dirigida a la Junta, procuradores, caballeros, escuderos e hijosdalgos en que comunicaba su derecho a la sucesión del reino de Portugal, y deseando que Vizcaya lo supiese para que sus naturales estuviesen advertidos esperando le servirían como lo habían hecho siempre. La Junta de Guernica envió a Pedro de Villela para comunicar personalmente al rey su ofrecimiento. En el marco de las acciones sostenidas por Felipe II para anexionarse la corona lusa, a título de herencia pero forzando la voluntad portuguesa, tras la muerte en 1580 del cardenal-infante don Enrique, último de los Aviz, las tropas del duque de Alba, en una definitiva presión, cercan Lisboa. Ofrecida la corona por el pueblo al Prior de Crato, Antonio de Portugal y derrotado éste en el Puente de Alcántara (25 de agosto de 1580), se exilió a Francia. Los servicios de información castellanos, hostigados por Francia e Inglaterra, que usan al Pretendiente portugués como instrumento de su política anti-felipista, tienen la sospecha de que Crato se ha refugiado en el monasterio navarro de La Oliva, en connivencia con varios frailes. El virrey de Navarra, marqués de Almazán, organiza entonces, por orden de El Escorial, una operación secreta para asaltar el monasterio, interceptar al Prior de Crato y detener a los monjes sospechosos. La acción, de cuya realización y resultados no ha quedado constancia histórica, estuvo cuidadosamente preparada. Al mando del capitán Sarabia, una tropa armada entraría de noche al monasterio y detendría a Fray Pedro de Alfaro, fray Sebastián de Olza, fray Pedro de Puelles, fray Miguel de Gracia y a fray Martín de Ozta, considerado el cabecilla, estando prevista asimismo la distribución de los detenidos en varios monasterios navarros. [Ref. Florencio Idoate: "Rincones de la Historia de Navarra", III].
Los vascos en los alzamientos de Portugal y Cataluña. La incorporación de Portugal bajo Felipe II se interrumpiría en 1640 por su independencia. Dicho año el rey expidió una cédula dando cuenta a Vizcaya del alzamiento de Portugal y de Cataluña y de los apuros por los que pasaba el erario público, esperando que Vizcaya contribuiría como en otras ocasiones. A la guerra de Cataluña había acudido Juan de Garay con 600 caballos, la caballería de las Ordenes y 1.000 infantes a reconocer los puestos de Martorell. Se celebraron Juntas en Guernica para tratar del pedido de Felipe II y en ellas manifestó el corregidor don Jerónimo Quijada de Solorzano las instrucciones que tenía para que los caballeros de Vizcaya fuesen personalmente a servir al Rey en la jornada de Portugal, formando su real guardia. La Junta declaró su indignación por la rebelión de ambos países, Cataluña y Portugal, pero al mismo tiempo le hacía ver la imposibilidad de envío de hombres ya que habían partido ese mismo año para tripular la armada de Cádiz 131 hombres de mar dejando agotada la marinería de los puertos y la contratación: que trece de sus caballeros particulares estaban sirviendo en sus respectivas órdenes militares, y que ese número superaba al que otras provincias contaban en este servicio; que los que se hallaban en el Señorío eran necesarios en la tierra para el gobierno y mando militar de las milicias locales; más con todo, se serviría al Rey dando a sus ministros el importe de 400 hombres por seis meses, para que ellos los alistasen, pues de Vizcaya no podía salir ya más personal. Se repartieron los sueldos de esta gente en esta forma: el coste de 200 infantes a los caballeros y personas particulares, que subió a 7.200 ducados; y el de los otros 200 al Señorío, distribuido el cupo "conforme al reparto de los 200 infantes últimos con que se sirvió a su Magestad para el exercito de Cataluñia". A los pueblos tocó otros 7.200 ducados, siendo 14.400 ducados lo que se empleó en este servicio. A Bilbao tocaron de este cupo del Señorío 64, por los cuales la villa dio 2.000 ducados repartidos entre los vecinos y moradores. La cuota que se asignó por cada infante fue 36 ducados. Los lugares marítimos quedaron exceptuados por haber dado ya los 131 marineros referidos. En 1704 se recibió carta de Su Majestad Felipe V anunciando al Señorío su resolución de salir a campaña en Portugal contra el archiduque Carlos de Austria, su competidor. El corregidor recibió otra carta del Rey avisando que, por noticias de Lisboa, se sabía que dos navíos de corsarios holandeses, de 66 cañones uno de ellos, y otros dos de Flechinga, de 24-30 piezas de artillería, se encaminaban a cruzar el golfo de Vizcaya, y ordenaba se previniesen los puertos del Señorío y participase la nueva a los capitanes mercantes y a las autoridades de San Sebastián y de Guipúzcoa, para estar sobre aviso y evitar contingencias desagradables. Al regresar el Rey de la campaña de Portugal, se celebraron en Bilbao ruidosas fiestas religiosas y profanas. Por todos estos motivos cesó el comercio con Portugal, pero volvió a reanudarse una vez que se hubo consolidado la independencia portuguesa. En las relaciones de comercio de Bilbao con Portugal, aparecen señalados los puertos de Lisboa, Oporto, Aveiro, Figueras, Villa de Conde, Fox, Viana, Setúbal y Faro con importación de grasa, sardina, cueros y vinos; exportándose de Vizcaya, hierro y acero labrados, herrajes, clavazón, arados, armas y balconaduras. Muchos de estos productos eran nuevamente reexpedidos a las Indias Occidentales. Durante el siglo XVIII, la mutua negociación continuó salvo ligeras interrupciones, hasta la guerra de la Convención. En la centuria siguiente y terminada la ocupación napoleónica se vuelve a las antiguas relaciones, enturbiadas por las continuas guerras civiles y revoluciones de que fue escenario la Península. [Ref. Estanislao Jaime de Labayru: "Historia General del Señorío de Vizcaya", t. III; Clavería, C.: Los vascos en el mar, Pamplona, 1966].
Guipúzcoa y Vizcaya en las guerras castellano-portuguesas (síglo XIV). Hasta el siglo XIV no se tienen noticias de interés que relacionen a vascos y portugueses y ahora a través de los vínculos Castilla-Portugal ya que el occidente vasco se hallaba unido a la Corona de Castilla. La guerra de Portugal se hizo más grave en 1370 porque se la sostuvo por mar y por tierra. La marina de Castilla se encontraba agotada; sin embargo, el rey Enrique mandó armar veinte naos, las cuales, aunque deficientes en su armamento por lo desprovisto de las atarazanas de Sevilla, salieron a perseguir a la flota portuguesa, logrando cuando menos ahuyentarla. Enseguida mandó que en el golfo de Vizcaya se armasen naos de combate y se procedió a ello, disponiéndose una escuadra con naves de Guipúzcoa, Vizcaya, Santander, Castro Urdiales y costas de Asturias y de Galicia. En breve se armó esta flota que operó con éxito en el Guadalquivir, alcanzándose con ella que las naves portuguesas no volviesen a molestar las marismas de Andalucía. En 1381 dio comienzo nueva guerra con Portugal, a cuya acción, ayudaba el inglés que pretendía poner en el trono de Castilla al Duque de Lancaster. Para efectuarla dispuso don Juan que se preparase en Sevilla una armada de diez y siete galeas, la cual, al mano del almirante Sánchez Tovar, combatió a veintitrés galeas portuguesas, de las cuales apresó veinte con su almirante y caballeros, de suerte que desbarató por completo la flota enemiga. En esta campaña contra Portugal el vizcaíno don Pedro Núñez de Lara y de Leguizamón que le sirvió con bizarria, hijo bastardo de don Juan Núñez de Lara el IV, señor que fue de Vizcaya, habido de doña María de Leguizamón durante una de sus estancias en el Señorío, fue creado Conde de Mayorga. Y al inmediato 1382 el mismo rey le concedió a este don Pedro Núñez, conde de Mayorga, el patronato de Nuestra Señora de Begoña, por carta de privilegio, del 15 de mayo. Continuaba en 1383 la guerra con Portugal, pero, afortunadamente gestionaron los reinos el casamiento de don Juan y la infanta portuguesa doña Beatriz con la condición que a la muerte del rey Fernando de Portugal, su hija, ya reina de Castilla, fuese la heredera del trono portugués. Poco duró la paz. En 1384 se encendió de nuevo la guerra. Don Juan cercó Lisboa por tierra y por mar. Pero en esta circunstancia se desarrolló una epidemia de peste que mermó el ejército de Castilla y obligó al rey don Juan a levantar el cerco. Durante el sitio murió de peste el vizcaíno don Pedro Núñez de Lara y Leguizamón, que había casado en pleno período de guerra, hallándose en el campamento doña Beatriz de Castro, hermana de las princesas doña Juana de Castro, casada con don Pedro el Cruel, y doña Inés de Castro, mujer de Pedro I de Portugal; matrimonio para cuyo acto se suspendieron las hostilidades y se celebró en Lisboa con asistencia de los grandes de Castilla y de Portugal y el pretendiente de la Corona a este reino, el maestre Avís. La duración de este enlace fue pues, muy corta. Igualmente murieron varios grandes de Castilla y Portugal y caballeros vizcaínos, entre ellos, Ochoa de Muñatones, señor del solar de su nombre, en Musques. En 1384 y siguiente, se armaron muchas naos vizcaínas y guipuzcoanas que partieron a combatir a la flota portuguesa. La dispuesta en 1385 se compuso de 26 buques de Vizcaya, Guipúzcoa y Asturias que llevaron vituallas y gente de refresco al sitio de Lisboa, que se reanudó. El 26 de marzo de dicho año expidió Juan, rey de Castilla y señor de Vizcaya, una carta a Bilbao para que no pagase de pedido más de 40.000 maravedíes anuales, que se aplicarían para lanzas mareantes a caballeros vizcaínos. En años posteriores fueron condenados a servir en la guerra con Portugal por fechorías y muertes en las banderías de las Encartaciones, Juan Iñíguez de Retuerto, Iñigo Sánchez, Sancho García de Muñatones, Sancho de la Sierra, Martín Pérez de Poveña, Pedro Estantado, Sancho Viejo, Pedro de San Lorenzo, Diego de Cotorreño, Pedro Ruiz de Llano y otros. En 1402 se hicieron treguas con Portugal por 10 años, y a su juramento acudieron los representantes de las villas marítimas de Bilbao, Bermeo y San Sebastián, como lugares principales en los que se preparaban y armaban barcos guerreros para la flota de Castilla en las aguas portuguesas. Entre los nobles que servían al rey se halló el vizcaíno Martín Ruiz de Arteaga. [Ref. Estanislao Jaime de Labayru: "Historia General del Señorío de Vizcaya", II].
Participación navarra (1384-1385). Carlos III de Navarra, siendo aún Infante, colaboró en la guerra castellano-portuguesa, ayudando a su cuñado Juan I de Castilla. En febrero de 1384 toma parte en el sitio de Coimbra, y, entre abril y octubre del mismo año, en el de Lisboa. Entre el personal navarro que le acompañó destacan los capitanes Pierres de Lassaga, que mandaba el contingente navarro, y Sanchó Périz de Agorreta, quien murió en combate. Componían asimismo el séquito del Infante, el notario Perruco de Olloqui y los escuderos Roulant Périz de Peralta, Pierre de La Croix y Michelet de Saint Johan. La documentación atestigua el paso de Carlos de Evreux por Santarem, Torres Vedras y Sabugal, entrando y saliendo de tierras portuguesas por Ciudad-Rodrigo. Al año siguiente tuvo lugar la segunda parte de la campaña, en la que participó el Infante con 60 hombres, mandados, también en esta ocasión, por Pierres de Lassaga; no intervino el navarro, sin embargo, en la batalla de Aljubarrota, que dio fin, desfavorablemente para los intereses castellanos, a la guerra. [Ref. José Ramón Castro: Carlos III..., Pamplona, 1967].
La Oliva y el Prior de Crato (1580). En 15 de febrero de 1580 Felipe II envió una cédula real al Señorío de Vizcaya, dirigida a la Junta, procuradores, caballeros, escuderos e hijosdalgos en que comunicaba su derecho a la sucesión del reino de Portugal, y deseando que Vizcaya lo supiese para que sus naturales estuviesen advertidos esperando le servirían como lo habían hecho siempre. La Junta de Guernica envió a Pedro de Villela para comunicar personalmente al rey su ofrecimiento. En el marco de las acciones sostenidas por Felipe II para anexionarse la corona lusa, a título de herencia pero forzando la voluntad portuguesa, tras la muerte en 1580 del cardenal-infante don Enrique, último de los Aviz, las tropas del duque de Alba, en una definitiva presión, cercan Lisboa. Ofrecida la corona por el pueblo al Prior de Crato, Antonio de Portugal y derrotado éste en el Puente de Alcántara (25 de agosto de 1580), se exilió a Francia. Los servicios de información castellanos, hostigados por Francia e Inglaterra, que usan al Pretendiente portugués como instrumento de su política anti-felipista, tienen la sospecha de que Crato se ha refugiado en el monasterio navarro de La Oliva, en connivencia con varios frailes. El virrey de Navarra, marqués de Almazán, organiza entonces, por orden de El Escorial, una operación secreta para asaltar el monasterio, interceptar al Prior de Crato y detener a los monjes sospechosos. La acción, de cuya realización y resultados no ha quedado constancia histórica, estuvo cuidadosamente preparada. Al mando del capitán Sarabia, una tropa armada entraría de noche al monasterio y detendría a Fray Pedro de Alfaro, fray Sebastián de Olza, fray Pedro de Puelles, fray Miguel de Gracia y a fray Martín de Ozta, considerado el cabecilla, estando prevista asimismo la distribución de los detenidos en varios monasterios navarros. [Ref. Florencio Idoate: "Rincones de la Historia de Navarra", III].
Los vascos en los alzamientos de Portugal y Cataluña. La incorporación de Portugal bajo Felipe II se interrumpiría en 1640 por su independencia. Dicho año el rey expidió una cédula dando cuenta a Vizcaya del alzamiento de Portugal y de Cataluña y de los apuros por los que pasaba el erario público, esperando que Vizcaya contribuiría como en otras ocasiones. A la guerra de Cataluña había acudido Juan de Garay con 600 caballos, la caballería de las Ordenes y 1.000 infantes a reconocer los puestos de Martorell. Se celebraron Juntas en Guernica para tratar del pedido de Felipe II y en ellas manifestó el corregidor don Jerónimo Quijada de Solorzano las instrucciones que tenía para que los caballeros de Vizcaya fuesen personalmente a servir al Rey en la jornada de Portugal, formando su real guardia. La Junta declaró su indignación por la rebelión de ambos países, Cataluña y Portugal, pero al mismo tiempo le hacía ver la imposibilidad de envío de hombres ya que habían partido ese mismo año para tripular la armada de Cádiz 131 hombres de mar dejando agotada la marinería de los puertos y la contratación: que trece de sus caballeros particulares estaban sirviendo en sus respectivas órdenes militares, y que ese número superaba al que otras provincias contaban en este servicio; que los que se hallaban en el Señorío eran necesarios en la tierra para el gobierno y mando militar de las milicias locales; más con todo, se serviría al Rey dando a sus ministros el importe de 400 hombres por seis meses, para que ellos los alistasen, pues de Vizcaya no podía salir ya más personal. Se repartieron los sueldos de esta gente en esta forma: el coste de 200 infantes a los caballeros y personas particulares, que subió a 7.200 ducados; y el de los otros 200 al Señorío, distribuido el cupo "conforme al reparto de los 200 infantes últimos con que se sirvió a su Magestad para el exercito de Cataluñia". A los pueblos tocó otros 7.200 ducados, siendo 14.400 ducados lo que se empleó en este servicio. A Bilbao tocaron de este cupo del Señorío 64, por los cuales la villa dio 2.000 ducados repartidos entre los vecinos y moradores. La cuota que se asignó por cada infante fue 36 ducados. Los lugares marítimos quedaron exceptuados por haber dado ya los 131 marineros referidos. En 1704 se recibió carta de Su Majestad Felipe V anunciando al Señorío su resolución de salir a campaña en Portugal contra el archiduque Carlos de Austria, su competidor. El corregidor recibió otra carta del Rey avisando que, por noticias de Lisboa, se sabía que dos navíos de corsarios holandeses, de 66 cañones uno de ellos, y otros dos de Flechinga, de 24-30 piezas de artillería, se encaminaban a cruzar el golfo de Vizcaya, y ordenaba se previniesen los puertos del Señorío y participase la nueva a los capitanes mercantes y a las autoridades de San Sebastián y de Guipúzcoa, para estar sobre aviso y evitar contingencias desagradables. Al regresar el Rey de la campaña de Portugal, se celebraron en Bilbao ruidosas fiestas religiosas y profanas. Por todos estos motivos cesó el comercio con Portugal, pero volvió a reanudarse una vez que se hubo consolidado la independencia portuguesa. En las relaciones de comercio de Bilbao con Portugal, aparecen señalados los puertos de Lisboa, Oporto, Aveiro, Figueras, Villa de Conde, Fox, Viana, Setúbal y Faro con importación de grasa, sardina, cueros y vinos; exportándose de Vizcaya, hierro y acero labrados, herrajes, clavazón, arados, armas y balconaduras. Muchos de estos productos eran nuevamente reexpedidos a las Indias Occidentales. Durante el siglo XVIII, la mutua negociación continuó salvo ligeras interrupciones, hasta la guerra de la Convención. En la centuria siguiente y terminada la ocupación napoleónica se vuelve a las antiguas relaciones, enturbiadas por las continuas guerras civiles y revoluciones de que fue escenario la Península. [Ref. Estanislao Jaime de Labayru: "Historia General del Señorío de Vizcaya", t. III; Clavería, C.: Los vascos en el mar, Pamplona, 1966].
