Comarca leridana comprendida entre los ríos Noguera Ribagorzana y Noguera Pallaresa (Cataluña).
Pallars queda comprendido en el área paleolingüística vasca de los Pirineos, junto con el Alto Aragón y las zonas de reciente o actual dominio del euskara. En sus Estudios de toponimia catalana (1966), J. Corominas evidencia la presencia de esta lengua: «...como en el vasco actual, en los diccionarios y en los textos no puristas, más de la mitad del vocabulario es románico o híbrido vasco-románico -por lo menos en cuanto al número de palabras, si no en cuanto a la frecuencia de su empleo-, así también el léxico de este dialecto alto-pallarés ha debido de ser, a medias aproximadamente, románico y vasco, pero sus elementos románicos presentan las deformaciones y los rasgos típicos de la fonética histórica vasca, no de la catalana ni tampoco, naturalmente, de la aragonesa» (p. 121). Estos rasgos, ejemplificados abundante y convincentemente, son 1) la conservación de -o, -u; 2) de -e; 3) -n- se pierde entre vocales (Lo Solau = Solano, cf. la contraposición de Espot-Solau a Espot-Obago, etc.), consonante que, en contra de lo que ocurre en catalán, 4) se conserva en posición final; 5) el grupo -ns- no ha sufrido, en parte de los nombres, la reducción románica general a -s-; 6) lat. g ha conservado la oclusión ante vocal anterior; 7) el suf. latino -arius toma, como en vasco, la forma -ari (Lamiari < laminarium, etc.); 8) r- toma una vocal protética; 9) -s- antigua puede mantenerse sorda; 10) hay oclusivas sordas intervocálicas sin sonorización, 11 ) l- inicial sin palatalización (cf. cat. Lluch, etc.). 12) li, ni conservados sin fusión (Salient(e) frente a Sallent, etc.); 13) nd no reducido (Cap-redondo, frente a Camprodo, etc.); 14) no diptongación de e, o breves ante palatal, 15) vacilaciones en la posición del acento, y 16) acaso algún ejemplo de p- por f . No son éstos, como era de esperar, los únicos rasgos que Corominas descubre en la evolución fonética del pallarés antiguo: en él no aparecen todos los que nos son conocidos en los dialectos vascos, ni siquiera todos los que son comunes a éstos, y hay otras particularidades (p. 131 ss.) del pallarés que son desconocidas en Vasconia. Pero esto nada tiene de particular, ya que, como comenta Michelena (Sobre historia de la lengua vasca, S.S., 1988, 623), lo que sería de extrañar es una coincidencia total, dada la independencia del desarrollo.
Después de Ribagorza, siempre hacia Oriente, se hallaba el condado de Pallars o Pallarés. Se extendía entre el Pirineo y las tierras de Graus, Benabarre y Monzón. Sus condes dependían en el s. IX de Tolosa aquitana y desde 872 de sus propios condes, empezando por Ramón I. Reinando Sancho el Mayor en Pamplona, Ribagorza y Pallars, se rigen por condes de la casa de ese Ramón I. Estas tierras eran entonces tierras euskaldunas, de habla vasca. Sancho el Mayor logró extender su Reino de Pamplona por estas comarcas empezando por Sobrarbe, desalojando el país de musulmanes y eliminando al heredero cristiano de Isarno, que había muerto luchando con los árabes de Monzón en 1003. Pérez de Urbel recoge calendaciones de algunos documentos reinando don Sancho no solamente en Ribagorza sino también en Pallars. Hacia 1025 se da como probable un arreglo entre el rey y la casa condal de Pallars, año en el cual reina, efectivamente, en esta región pirenaica. En documento de San Juan de la Peña de dicho año, don Sancho introduce la regla benedictina en dicho monasterio firmando él y sus testigos: «...in Legere monasterio, regnante ego rex Sancius in Aragone, in Paliares, in Pampilona, in Alaba et in Castilla». Entre los confirmantes están Sancho Guillermo de Guaskonia y Berenguer, conde de Barchinona (Barcelona). En otro documento de 1026 en que Sancho concede al Monasterio de San Juan de la Peña la estiva de Lecherin se dice: «regnante me rege Sancio in Aragona et in Paliares, in Pampilona, in Alaba (Alava, Guipúzcoa y Vizcaya) et in Castella».-B. E. L.
