Personalidad de la América virreinal dieciochesca, que, arrancando de muy modestos orígenes llegó a ostentar muchos títulos y reunir una fabulosa fortuna. Nacido en 1682 en el pueblecito riojano de Igea (Logroño), localidad «en la que la vida transcurre de cara a Navarra» y que dio pie a que el propio Ovexas pidiera y obtuviera de las Cortes del viejo reino pirenaico su correspondiente carta de naturaleza.
A sus veintiún años, en 1702, embarcó para las Indias. En 1704 lo vemos en la provincia de Tucumán como alférez de la compañía española del castillo-presidio de Esteco. En este mismo año llevó a cabo una arriesgada acción represiva contra los indios «moscovies» que, abandonando su reducción de San Javier, se dirigían en gran número contra la ciudad de San Miguel de Tucumán. En premio de tal acción fue ascendido a capitán de infantería del dicho presidio de Esteco, empleo en el que permaneció hasta finales del año 1706, en que obtuvo permiso para pasarse al reino del Perú. Instalado en Arica, los años siguientes fueron testigos de la fulgurante carrera de Ovexas en el mundo de los negocios. En 1711 aparece ya como teniente de Corregidor de Arica, y al siguiente año como Corregidor de Arica y Justicia Mayor de Minas. Ovexas, que, por lo visto, estaba dotado de una gran agilidad para los negocios, no desaprovechó la fabulosa coyuntura que le ofrecía su empleo en Arica, puerto marítimo de extraordinario interés económico como salida natural de la plata de Potosí, para enriquecerse rápidamente. Constituyó una sociedad pseudo-mercantil con el tudelano Juan de Mur y Silvestre de Centellas, que se encargaba de los fletamentos de plata y oro de Potosí a Arica. Al parecer, los negocios fueron viento en popa, y en 1713, hecho ya teniente de capitán general de la ciudad de Arica y sus costas, pudo remitir a su padre, en la Igea natal, la sustanciosa suma de 51.981 pesos.
Ovexas fue ensanchando cada día más el círculo de sus intereses y haciendo cada vez más complejo el montaje de su red comercial. De 1716 datan sus relaciones con Ariztegui, mercader de Saint-Jean-de-Luz (Laburdi), al que vendía diversas piezas de plata labrada; sabemos también de sus relaciones por esas fechas con un tal Francisco Magón, agente de Saint-Malo, siendo estos dos últimos intermediarios para sus relaciones con los grandes mercaderes y banqueros al estilo de Rull, Moura, etc., en Francia, Inglaterra y Holanda.
Cesante en su cargo de corregidor por disposición del Virrey y residenciado por sospechas de negocios sucios hacia fines de 1716, Ovexas aprovechó esta ocasión para volverse a España (1718). En 1720 lo vemos nuevamente en Arica, retirado ya del oficio de corregidor, pero más que nunca enfrascado en negocios ilícitos con los «piratas». En 1721 supo eludir «hábilmente» las pesquisas del virrey fray Diego Morcillo, que quiso perderlo, para al año siguiente servirle de mediador en las conversaciones que mantuvo con la escuadra francesa de Mr. de Saint-Jean, sita en los puertos peruanos. Embarcado en dicha escuadra, oficialmente como traidor a su patria pero con el secreto asentimiento del virrey, pasó a Francia, donde en 1723 lo encontramos instalado en casa de un agente suyo de Saint-Malo. Este año le confió el gobierno de Madrid una misión de espionaje, relacionada con los preparativos que hacía la compañía de armadores que había fletado la escuadra de Mr. de Saint-Jean, para lanzar otra con la misma finalidad. Al parecer, los servicios de nuestro indiano debieron ser de lo más eficaces, hasta el punto de que el ministro Grimaldo reclamó su presencia en la Corte. A este fin, provisto como traidor oficial de un salvoconducto especial, Ovexas pasó a Madrid, donde de boca de Felipe V debió de escuchar aquello de «Jamás vi una 'ovexa' con tanta lana», que es el reflejo sincero del estupor que producía al pueblo la visión de la fabulosa fortuna amasada por nuestro biografiado. Indultado oficialmente en el año 1730, se titulaba ya un año después como señor de las Alcabalas de Autol y Ribaflecha y título de Castilla, con la denominación de marqués de Casa Torre y vizconde de Larrate. Muerto al año siguiente en Arica, cuando contaba cuarenta y ocho años de edad. Ref. Alonso de Otazu y LLana: «Hacendistas navarros en Indias», pp. 131-148.
A sus veintiún años, en 1702, embarcó para las Indias. En 1704 lo vemos en la provincia de Tucumán como alférez de la compañía española del castillo-presidio de Esteco. En este mismo año llevó a cabo una arriesgada acción represiva contra los indios «moscovies» que, abandonando su reducción de San Javier, se dirigían en gran número contra la ciudad de San Miguel de Tucumán. En premio de tal acción fue ascendido a capitán de infantería del dicho presidio de Esteco, empleo en el que permaneció hasta finales del año 1706, en que obtuvo permiso para pasarse al reino del Perú. Instalado en Arica, los años siguientes fueron testigos de la fulgurante carrera de Ovexas en el mundo de los negocios. En 1711 aparece ya como teniente de Corregidor de Arica, y al siguiente año como Corregidor de Arica y Justicia Mayor de Minas. Ovexas, que, por lo visto, estaba dotado de una gran agilidad para los negocios, no desaprovechó la fabulosa coyuntura que le ofrecía su empleo en Arica, puerto marítimo de extraordinario interés económico como salida natural de la plata de Potosí, para enriquecerse rápidamente. Constituyó una sociedad pseudo-mercantil con el tudelano Juan de Mur y Silvestre de Centellas, que se encargaba de los fletamentos de plata y oro de Potosí a Arica. Al parecer, los negocios fueron viento en popa, y en 1713, hecho ya teniente de capitán general de la ciudad de Arica y sus costas, pudo remitir a su padre, en la Igea natal, la sustanciosa suma de 51.981 pesos.
Ovexas fue ensanchando cada día más el círculo de sus intereses y haciendo cada vez más complejo el montaje de su red comercial. De 1716 datan sus relaciones con Ariztegui, mercader de Saint-Jean-de-Luz (Laburdi), al que vendía diversas piezas de plata labrada; sabemos también de sus relaciones por esas fechas con un tal Francisco Magón, agente de Saint-Malo, siendo estos dos últimos intermediarios para sus relaciones con los grandes mercaderes y banqueros al estilo de Rull, Moura, etc., en Francia, Inglaterra y Holanda.
Cesante en su cargo de corregidor por disposición del Virrey y residenciado por sospechas de negocios sucios hacia fines de 1716, Ovexas aprovechó esta ocasión para volverse a España (1718). En 1720 lo vemos nuevamente en Arica, retirado ya del oficio de corregidor, pero más que nunca enfrascado en negocios ilícitos con los «piratas». En 1721 supo eludir «hábilmente» las pesquisas del virrey fray Diego Morcillo, que quiso perderlo, para al año siguiente servirle de mediador en las conversaciones que mantuvo con la escuadra francesa de Mr. de Saint-Jean, sita en los puertos peruanos. Embarcado en dicha escuadra, oficialmente como traidor a su patria pero con el secreto asentimiento del virrey, pasó a Francia, donde en 1723 lo encontramos instalado en casa de un agente suyo de Saint-Malo. Este año le confió el gobierno de Madrid una misión de espionaje, relacionada con los preparativos que hacía la compañía de armadores que había fletado la escuadra de Mr. de Saint-Jean, para lanzar otra con la misma finalidad. Al parecer, los servicios de nuestro indiano debieron ser de lo más eficaces, hasta el punto de que el ministro Grimaldo reclamó su presencia en la Corte. A este fin, provisto como traidor oficial de un salvoconducto especial, Ovexas pasó a Madrid, donde de boca de Felipe V debió de escuchar aquello de «Jamás vi una 'ovexa' con tanta lana», que es el reflejo sincero del estupor que producía al pueblo la visión de la fabulosa fortuna amasada por nuestro biografiado. Indultado oficialmente en el año 1730, se titulaba ya un año después como señor de las Alcabalas de Autol y Ribaflecha y título de Castilla, con la denominación de marqués de Casa Torre y vizconde de Larrate. Muerto al año siguiente en Arica, cuando contaba cuarenta y ocho años de edad. Ref. Alonso de Otazu y LLana: «Hacendistas navarros en Indias», pp. 131-148.
