Biografiak

OCHOTECO SEGURA, Pedro

Perfil biográfico

Hijo de Apolinar Ochoteco, natural y vecino de Irún y de Ascensión Segura, natural de Tolosa (Gipuzkoa), nació en Irun (Gipuzkoa) el 31 de enero de 1909 en el seno de una familia numerosa, siendo el sexto de los siete hermanos [1].

El padre de nuestro protagonista tenía un comercio al que acudían a abastecerse todos los ganaderos de la comarca del Bidasoa, en el que colaboraba nuestro protagonista durante las vacaciones, mientras cursaba el Bachillerato; quizás esta proximidad con los ganaderos le influyó para optar por los estudios de Veterinaria, mientras su hermano José se decidió por la Medicina.

A título anecdótico, su hermano mayor José, médico de profesión, que falleció con 100 años en noviembre de 2007, era amigo de Pío Baroja.

Cuando los requetés en su avance hacia Gipuzkoa, les detuvieron en el verano de 1936, venían alegremente de visitar a la novia del irundarra en su casa solariega de Almandoz (Navarra), en donde Baroja se había encaprichado de una silla y como insistió tanto se la regalaron. La silla está en la casa familiar de los Baroja Villa Itzea, en Bera de Bidasoa (Navarra).

Casó con Dª Juliana Aguirre Iguiñiz, y el matrimonio tuvo cinco hijos, cuatro varones y una fémina; ninguno continuó la profesión paterna.

Falleció en Irun el 3 de mayo de 2001.

Formación

En septiembre de 1930, con 21 años, ingresó en el viejo caserón de la Puerta del Carmen, donde se ubicaba la Escuela de Veterinaria de Zaragoza, finalizando en junio de 1936 con una úlcera gástrica de la que tardaría mucho en recuperarse pero que le permitiría realizar el servicio militar de una forma relativamente cómoda, a pesar del período bélico.

De aquella época de estudiante, guardaba excelentes recuerdos de sus profesores, pero cuando se refería al alavés D. Eduardo Respaldiza Ugarte o al bilbaíno D. Cristino García Alfonso, lo hacía con auténtica devoción, porque le distinguieron con su amistad que cultivó a lo largo de sus vidas y le transmitieron los conocimientos de las técnicas más modernas de sus respectivas especialidades, induciéndole a dedicarse a los tratamientos contra la esterilidad, la obstetricia y la fecundación artificial.

Actividad profesional

Leitza (Navarra). El 9 de enero de 1937, el Ayuntamiento de Leitza reunido bajo la Presidencia de su alcalde Juan Lasarte, daba cuenta de la candidatura recibida desde Irun (Gipuzkoa) del veterinario Pedro Ochoteco Segura, para cubrir la vacante de Veterinario Titular tras la renuncia al nombramiento de Moisés Goñi. Acordaron solicitar informes oficiales a Irun sobre el candidato [2].

Se procedió a su nombramiento, pero no por mucho tiempo. El 14 de febrero de 1937, el consistorio leía un escrito de nuestro protagonista en el que manifestaba que: Permaneciendo en servicio activo y como voluntario a los requetés de guarnición en el frente de Irun, ... y no queriendo tampoco renunciar a dicho nombramiento..., hasta tanto termine este Glorioso Movimiento salvador de España. El Ayuntamiento se dio por enterado

Hondarribia -antes Fuenterrabía- (Gipuzkoa).

Mientras el Gobernador Civil, a propuesta del Inspector Provincial de Ganadería tenía señalado a uno de los titulares de Irún para que asistiera también a la ciudad en lo que a las inspecciones y gestiones oficiales se tratara, los ganaderos de la ciudad sugerían para la asistencia clínica al ganado al veterinario de D. Pedro Ochoteco, por ser persona muy competente y además residente en Fuenterrabía, lo que le permite acudir antes a sus requerimientos [3].

El 7 de mayo de 1939, el Ayuntamiento de Fuenterrabía presidido por un nuevo alcalde, D. Simón Munduate Maiza, se enteró de una comunicación de la Inspección Provincial de Ganadería, interesando el anuncio de la vacante de Inspector municipal Veterinario que se cubriría por concurso. Los corporativos acordaron que, además de las condiciones preestablecidas de pertenecer al Cuerpo de Inspectores Municipales Veterinarios y ser adictos al Glorioso Movimiento Nacional, se debería incluir como méritos preferentes, los trabajos que presenten los concursantes relativos a Patología, Obstetricia, Esterilidad bovina y Zootecnia, poseer el vascuence, otros idiomas y ser natural de Fuenterrabía, Guipúzcoa o Vascongadas [4] . Estas exigencias, que finalmente sólo se tendrían en cuenta en lo que a los trabajos técnico-científicos se referían, se enmarcaban en el perfil del candidato D. Pedro Ochoteco Segura que gozaba de un acreditado prestigio, pese a su juventud y cuyo nombramiento constituía el objetivo del concurso.

El 10 de julio de 1941, en la Casa Consistorial de Fuenterrabía, bajo la Presidencia del Primer Teniente de Alcalde, en funciones de Alcalde D. Senén Amunárriz, y con la asistencia de los gestores (corporativos) D. Victoriano Aguirre, D. Pedro Mª Aramburu, D. Manuel Larrarte, D. José Martín, D. Francisco Sagarzazu y D. Bernardo Sistiaga, se procedió al examen de la documentación presentada por los aspirantes a la plaza de Inspector Municipal Veterinario y proceder a su nombramiento, si así lo estimaba la Corporación.

Había transcurrido más de un año, según el corporativo D. Senén Amunárriz, debido a las dudas que surgieron en la Comisión de Fomento respecto al cumplimiento de todos los condicionantes por parte de dos concursantes, D. José Agustín Guezala y D. Pedro Ochoteco, que finalmente fueron despejadas por sendos comunicados de la Inspección provincial Veterinaria de fecha de 17 de febrero en el que se afirmaba que el Sr. Guezala Videgain tenía derecho a figurar en el Grupo 2º de los beneficiarios de la Ley de 25 de agosto de 1939 [5] como Alférez Veterinario y en cuanto al Sr. Ochoteco, se recibió otro comunicado de la misma dependencia en el que se afirmaba que Ochoteco ha prestado servicios de frente de primera línea durante siete meses y se encuentra en posesión de la Medalla de Campaña con Distintivo de Vanguardia, según telegrama postal del Excmo. Sr. Capitán General de la Región de fecha de 12 de febrero del año actual.

Cuando los corporativos analizaban la documentación presentada, El gestor (concejal) D. Pedro Mª Aramburu Irastorza manifestó que: desde hace dos años el Sr. Ochoteco viene ejerciendo su profesión con gran actividad y celo, considerando su actuación muy beneficios para la riqueza pecuaria local, especialmente por sus trabajos contra la esterilidad, desconocidos hasta el presente en la localidad, entiende que la vacante debe de proveerse en el citado concursante Sr. Ochoteco. Otros gestores abundaron en parecidos argumentos. La Presidencia decidió que la elección se hiciera por voto secreto, obteniendo nuestro protagonista siete votos, es decir, unanimidad, acordándose su nombramiento [6].

El 17 de julio de 1941, Ochoteco tomaba posesión de la plaza de Inspector de Carnes [7] y el 21 de octubre de 1941, el alcalde D. Francisco de Sagarzazu y Sagarzazu, se enteraba del recurso planteado por D. José Agustín Guezala Videgain [8].

En la sesión municipal del 8 de enero de 1942, los gestores recibieron con estupor la resolución de la Dirección General de Ganadería comunicando el cese del Inspector Veterinario D. Pedro Ochoteco y el nombramiento en su lugar, de D. José Agustín Guezala Bidegain, como consecuencia de la estimación del recurso interpuesto por éste. Nuevo recurso por el Ayuntamiento y Ochoteco [9].

El 15 de diciembre de 1942, constituido en sesión ordinaria el Ayuntamiento de Fuenterrabía bajo la Presidencia de su alcalde D. Francisco Sagarzazu, se dio cuenta de una resolución de la Subsecretaría del Ministerio de Agricultura en relación con el nombramiento del Inspector Municipal Veterinario cuya parte dispositiva decía así: Este Ministerio ha resuelto, anular el concurso convocado por Orden Ministerial del 4 de enero de 1940 [10] , para la provisión de la vacante de Inspector Municipal Veterinario de Fuenterrabía y que se convoque otro nuevo, claro y preciso, en el que se especifiquen las normas de aplicación en la resolución del mismo.

El 19 de enero de 1943 una resolución de la Dirección General de Ganadería ordenaba fuera propuesto D. José Agustín Guezala. Los corporativos, vistas las disposiciones vigentes, entienden que el informe de la Inspección no puede ser una orden, ya que ello supondría mermar las facultades de la Corporación municipal [11].

El 20 de abril de 1943 la Corporación se enteraba de una comunicación del Inspector Veterinario jefe provincial informando en el sentido de que procedía la continuidad en el desempeño interino de la Titular de la Ciudad por D. José Agustín Guezala hasta tanto se cubriera en propiedad, haciendo el nombramiento a favor del Sr. Guezala. Los corporativos se dieron por enterados haciendo presente su disconformidad con la resolución por entender que atentaba a las facultades de la Corporación [12].

Reunida la Corporación de Fuenterrabía el día 3 de octubre de 1946, bajo la Presidencia de su alcalde D. Francisco de Sagarzazu se enteró de la resolución del Ilmo. Sr. Subsecretario de Agricultura, nombrando para dicha plaza a D. José Agustín Guezala Bidegain y en segundo lugar para el caso de que dicho señor no tomase posesión o renunciase, a D. Ramón Suescun Ezcay [13].

Ejercicio clínico libre. Optó por la clínica con el ganado vacuno, dentro del área de la reproducción y como una actuación añadida, atendía en menor medida los problemas relacionados con el ganado equino y porcino de sus clientes. Odiaba a perros y gatos, señala su hijo Pedro Ochoteco Aguirre, a los que se negaba a tratar, salvo en el caso de algún amigo que, como contrapartida, tenía que aguantarle un "sermón" sobre la inutilidad de los perros domésticos o la falta de atención que les dispensaban sus dueños.

Siempre quiso trabajar como veterinario "libre", lo que le ocasionó múltiples problemas con algunos de sus compañeros y con el Colegio. Su carácter ácrata, claro, directo y en absoluto diplomático, no aceptaba leyes o reglamentos que regularan el ejercicio profesional; consideraba los partidos veterinarios cerrados como unos cotos patrimonio y refugio de los mediocres y así lo manifestaba a quien quisiera escucharle y con ese criterio actuó siempre. Fue partidario del mercado libre, porque lo contrario suponía una afrenta a los derechos de los ganaderos y porque estaba convencido de que el mercado colocaría a cada profesional en el lugar que le correspondiera, lo que no le impedía ser extremadamente generoso con los compañeros que se le acercaban, bien para evacuar una consulta, conocer su criterio ante un caso clínico o iniciarse en una técnica que él conociera. Este sentido del compañerismo gustaba practicar, de forma muy especial, con los veterinarios jóvenes que iniciaban su andadura profesional.

Su área de trabajo habitual era muy amplia y abarcaba toda la cuenca del Bidasoa hasta Elizondo (Navarra) y el Valle de Oiartzun, Rentería, Pasaia, Lezo y San Sebastián hasta Orio por la parte guipuzcoana, porque pasando el Bidasoa, en colaboración con su amigo el veterinario de Hendaya Monsieur Grevibilli, de origen ruso georgiano, pero nacionalizado francés, desarrolló una gran actividad en su especialidad reproductiva por los caseríos labortanos, lo que le ocasionó problemas, no sólo con el Colegio Oficial de Veterinarios de Gipuzkoa o su homónimo de Aquitania, sino con las autoridades políticas españolas, pero ni unas ni las otras, consiguieron doblegar su carácter y sus ideas respecto al ejercicio profesional.

Ocasionalmente colaboró con su íntimo amigo y compañero, D. Manuel Gutiérrez Aragón, veterinario en el Centro de Mejora Ganadera que la Diputación provincial santanderina tenía en Torrelavega (Cantabria) y padre del conocido director de cine, guionista y escritor.

En 1946, invitado por la Junta provincial de Fomento Pecuario de Lugo participó en un cursillo a veterinarios de aquella provincia gallega, junto al mencionado Gutiérrez Aragón, impartiendo clases sobre esterilidad bovina y diagnóstico precoz de gestación, realizando una estancia de dos meses de duración visitando numerosas explotaciones lucenses.

En 1948, esta vez atendiendo una solicitud del presidente de los Payeses, permaneció durante más de seis meses en Barcelona y su provincia, desarrollando su actividad profesional práctica e impartiendo cursos de su especialidad.

En 1949 volvió a repetir con Gutiérrez Aragón el programa formativo desarrollado tres años antes en Lugo, pero esta vez teniendo como escenario Asturias, a solicitud de la Junta provincial de Fomento Pecuaria asturiana.

Mantuvo una fraternal amistad con el mencionado Gutiérrez Aragón, con el veterinario de Andoain D. Jesús Oquiñena Erro, con el de Irún D. Abelardo Díaz García y con el también citado de Hendaya y Sara, M. Grevibilli.

A sus ochenta años, todavía visitaba a algunos clientes del Valle del Baztán.

Deba (Gipuzkoa). Accedió a la interinidad de la plaza de Veterinario Titular de Deba (Gipuzkoa), el 15 de marzo de 1953, permaneciendo en la misma hasta el 10 de agosto del mismo año, fecha en la que renunció al cargo.

Su faceta investigadora y científica . Fue autor de una comunicación titulada "Algunas observaciones clínicas sobre la esterilidad e inseminación artificial en las grandes hembras", que recogía todos los datos e información de su actividad clínica en materia de reproducción, que presentó el Catedrático de Cirugía y Obstetricia, más tarde Decano de la Facultad de Veterinario y director general de Ganadería, el bilbaíno, D. Cristino García Alfonso, en el Congreso Internacional de Fisiopatología de la Reproducción Animal y de Fecundación Artificial, organizado por el Prof. Dr. D. Telesforo Bonadonna de la Facultad Agraria milanesa, celebrado en Milán (Italia) en junio de 1948.

La experiencia de Ochoteco Segura, desarrollada sin apoyo oficial alguno, se expone en 1948 y ofrece los resultados de doce años de ejercicio profesional especializado. El coautor, García Alfonso, catedrático y ex jugador del Athletic de Bilbao, limitará su aportación a ordenar esa información y redactarla convenientemente en formato comunicación congresual del momento, incluir su nombre y remitirla para su publicación a la prensa profesional [14].

Sin ninguna duda, es la aportación científico veterinaria más importante de un veterinario guipuzcoano, publicada después de la Guerra.

Su hijo Pedro Ochoteco Aguirre recuerda cómo, hacia 1952, siendo niño, junto a sus hermanos, solían asomarse al mirador de casa para ver la llegada de Cristino García Alfonso al domicilio familiar de Irún, en coche oficial, precedido de dos motoristas, para visitar a su padre. En aquella época apenas circulaban vehículos por las calles irunesas y a pesar de ser una ciudad cosmopolita y con gran número de funcionarios, la presencia del cochazo y la escolta, llamaban la atención del vecindario. Tras los saludos de rigor y algún café, toda la comitiva se trasladaba inmediatamente al Valle del Baztán, donde ya le tenía preparados varios casos clínicos en distintas ganaderías, que les ocuparían toda la jornada. Sería de ver la estampa que componían el atónito ganadero, los veterinarios, el chófer y los dos motoristas.

Una reflexión sobre la lectura de este trabajo nos hace pensar en un veterinario metódico en su labor investigadora, que anota los resultados de su actividad, lo que le permite confeccionar sus particulares cuadros estadísticos que posiblemente, fueran a parar al archivo del coautor. Una praxis que no era en absoluto frecuente entre sus colegas coetáneos. En la actualidad tampoco.

Sus relaciones con el escultor Jorge Oteiza

Cursó el Bachiller en el colegio capuchino de Lekaroz (Navarra), siendo condiscípulo y amigo del escultor Jorge Oteiza.

He tenido la fortuna de recibir unos apuntes que redactara Pedro Ochoteco hijo sobre esta relación, titulados Mis recuerdos con los Oteiza –Jorge e Itziar- en Irún y que gentilmente puestos a mi disposición, trataré de resumir.

Nuestro veterinario coincidió con el célebre escultor en la donostiarra Estación del Norte y cuando Jorge le comentó que venía de América con intención de quedarse en Zarautz o Donostia, le respondió que lo que le convenía era instalarse en la irunesa Avenida de Francia, por donde entran todas las corrientes artísticas y filosóficas que vienen de París, que como tú mismo dices es la capital intelectual del mundo.

Se ofreció a buscar el terreno más idóneo para edificar la casa que el artista tenía diseñada. Un domingo apareció Jorge por casa de los Ochoteco para conocer los avances de las gestiones acompañado de Néstor Basterrechea. Nuestro relator, un adolescente, los acompañó a ver un terreno junto al pabellón del Club de Piragüismo; A Jorge le entusiasmó el paraje, porque una casa en tal ubicación le permitiría mear desde el balcón al río, como lo hacía de niño en Orio, salidas típicas del artista y que hacían las delicias del joven acompañante, en absoluto acostumbrado a esa y otras sutilezas por el estilo, de las que le hacía cómplice.

La iniciativa no prosperó por problemas con la licencia municipal. Tampoco prosperó una segunda, al tratarse de un terreno afecto a la Aduana. Finalmente fue una tercera ubicación en el Paseo de Francia la elegida. Para celebrarlo, almorzaron en La Agrícola, un clásico de la Plaza Urdanibia y luego fueron al Teatro Principal a ver una de tiros, recuerda el otrora mozalbete.

El arquitecto de la villa, una casa muy rara, fue Luis Vallet, arquitecto municipal de Irún hasta la Guerra y luego purgado. Una persona de elevada posición económica que vivía en una mansión en el Faro de Hondarribia.

Nuestro veterinario fue el introductor de Jorge Oteiza en la sociedad intelectual y artística de Irún, entre los que se encontraban Luis Rodríguez Gal –Luis de Uranzu-, padre de los hermanos Rodríguez Salís a quien el veterinario mostraba las casonas, caseríos y ocultos rincones del Baztán. Gaspar Montes Iturrioz, que amén de ser el mejor pintor del Bidasoa era un intelectual notable, sus hermanos Mañolo y Benito, a su vez relacionado con el pintor Vázquez Díaz, al "Chato" Ángel Aguirre, propietario de la mejor pastelería irunesa, cuyo local era el lugar habitual de las tertulias de Jorge con sus amigos, a Eugenio Celaya, subdirector de La Palmera, donde Jorge fundía algunas de sus obras y algunos más.

También conoció a todos los que pululaban alrededor del semanario El Bidasoa, Luis de Uranzu, José de Arteche, Antonio Valverde, Viglione, Emilio Navas..., un mundo que la natural exuberancia del artista hacía crecer sin medida, en una sociedad maniquea donde los buenos eran los afectos al Régimen y los malos los desafectos. Naturalmente, Oteiza, hábil polemista, no se privaba de poner de vuelta y media a la situación política, organizando sonoras broncas, generalmente con los "buenos". Precisamente por ello, no se libró de padecer el acoso, humillación y amenazas de la policía política franquista en su propio domicilio.

Jorge vivió muchos años en Irún y estuvo muy a gusto en aquel ambiente. En su obra Quosque tándem se define como un irunés voluntario y abierto a la frontera. Estaba muy integrado y con su habitual generosidad, se implicaba con las personas y las iniciativas populares, como fuera la ikastola.

Comparando a ambos personajes, Ochoteco y Oteiza, coincidían en su individualismo y su carácter ácrata, pasional y generoso. Eran singulares "bereziak, con criterio propio. Arremetían de frente, contra todo lo que no estaban conformes y, además, eran muy, pero que muy "diplomáticos".

Pero eran muy diferentes. Ochoteco era un asceta, casi vegetariano y nunca fumó. Muy religioso, de misa diaria a las 6 de la mañana, pero absolutamente reñido con la jerarquía y ortodoxia católica. Entendía la concepción de Jorge del vacío religioso, pero en lo artístico se decantaba por la obra de Gaspar Montes Iturrioz y otros figurativos del Bidasoa, pareciéndole las esculturas de Jorge unos hierros retorcidos.

Oteiza comía de todo y con ansia, fumaba con pasión. En una ocasión le comentó a nuestro veterinario: tú entregarás a la muerte un cuerpo en perfecto estado, mientras que yo se lo dejaré hecho una piltrafa, después de haberle sacado todo su jugo.

Cuando Jorge publicó el libro de poesía "Androcanto y sigo", se lo dedicó a Ochoteco con su estilo telegráfico: A mi amigo Petrus, médico de cabecera, cordialísimo Jorge.

Ochoteco era un bidasotarra para el que el mundo perdía interés fuera del triángulo comprendido entre Bayona, Elizondo y Donostia, imaginario país cuya capital era Irún. Cuando algún amigo suyo procedente de otra localidad le visitaba, acostumbraba a llevarle a la ermita de Guadalupe, desde cuya terraza se divisa toda la bahía de Txingudi con Hondarribia, Irún y Hendaya y extendiendo el brazo en un gesto teatral les decía Mirad, aquí estuvo el Paraíso Terrenal.

El escultor Néstor Basterretxea, con motivo de la inauguración de su exposición en la Sala Menchu Gal de Irún, en marzo de 2013, a propósito de nuestro protagonista, recordaba los orígenes de la casa de la avenida de Iparralde en la que vivió con Jorge Oteiza: «Cuando nos despacharon de Aránzazu, teníamos que encontrar un sitio donde vivir», contaba. «Un día, vinimos a Irun y veo que Jorge se abraza a un hombre que era Pedro Ochoteco, un veterinario nacionalista que estaba sufriendo bastante y entonces, por favorecerle, Oteiza le preguntó: -'¿Y tú de qué vives? y el veterinario contestó: -Pues vendo terrenos y decidimos comprarle uno, en la entonces avenida de Francia y allí hicimos la casa. Fue un sitio inesperado que tenía el encanto para nosotros de que era fronterizo. Al final, hice yo el proyecto, con la ayuda del arquitecto Vallet. En aquella casa vivimos muy bien, felices y muy integrados en el pueblo» [15].

Fuentes

Información facilitada por su hijo Pedro Ochoteco Aguirre

Elaboración propia

ETXANIZ MAKAZAGA, José Manuel. De albéitares y veterinarios en Hondarribia. Luis de Uranzu Kultur Taldea. Boletín de Estudios del Bidasoa, nº 28 pp. 7-109..(2014). I.S.S.N.: 0213-1161. D.L.: SS-424/95,

Autor

José Manuel Etxaniz Makazaga\. Doctor en Veterinaria\. Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País \(RSBAP\)\. Real Academia de Ciencias Veterinarias de España \(RACVE\)

Notas

[1] Registro Civil (RC) de Irún; Sección 1ª; Libro 29; folio 160; Tomo 29.
[2] Archivo Municipal de Leitza (AMLe). Libro de Actas 113.
[3] Archivo Municipal de Hondarribia (AMHond). Libro de Actas nº 01, folio 355vto.
[4] AMHond. Libro de Actas, folio 47.
[5] Boletín Oficial del Estado (BOE) nº 244 de 1.9.1939.
[6] AMHond. Libro de Actas núm.44 folios 121vto a 122.
[7] AMHond. Libro de Actas núm.44 folio 118vto,
[8] AMHond. Libro de Actas núm. 44.
[9] AMHond. Libro de Actas núm.44 folio 149vto.
[10] BOE nº 8 del 8.1.1940
[11] AMHond. Libro de Actas núm.44 folios 188vto a 189
[12] AMHond. Libro de Actas núm.45 folios 1vto a 2
[13] AMHond. Libro de Actas núm.45 folio 165.
[14] Veterinaria. Septiembre de 1948, pp. 595-599.
[15] El Diario Vasco, sección Bidasoa, 23.3.2013