Tras la batalla de Auray, que puso fin a la guerra de Bretaña (29 septiembre 1364), los reyes de Francia y Navarra firmaron un tratado de paz, con la intervención pacificadora de las reinas Blanca y Juana, hermana y tía de Carlos II, y el captal de Buch, a quien el francés quería unir a su causa, y para ello había logrado su liberación de Beltran Du Guesclin. Por este tratado, Carlos II renunciaba a las plazas de Mantes y Meulan, así como al condado de Longueville, que el rey de Francia había otorgado a Du Guesclin como rescate del captal de Buch. Como compensación, Carlos II recibiría la villa y baronía de Montpellier, sin comunicación con sus estados hereditarios, desde donde no le sería posible amenazar al rey de Francia. Este tratado no fue nunca plena ni francamente ejecutado, pues si Mantes, Meulan y el condado de Longueville se perdieron para siempre para la casa de Evreux, Montpellier quedó ligado a la corona de Francia por lazos muy fuertes que Carlos V supo multiplicar y aprovechar, por lo que surgieron dificultades en la interpretación del tratado. La baronía de Montpellier no satisfacía a Carlos II, para el que era una posesión precaria; era un enclave de Carlos II en Francia, quizá oneroso y siempre a merced de un embargo o de una confiscación. Ref. Castro, J. R. Carlos II el Malo. Navarra. "Temas de Cultura Popular".
