Lexikoa

MONTERA

Respecto a la época exacta de su adopción en el País Vasco, es una cosa muy difícil, si no imposible, de afirmarse, aunque por estar enclavada nuestra región entre Castilla, Navarra y Francia, en las que se llevó ya por lo menos desde el s. XIV, es de suponer que sería prenda de uso corriente entre los vascos desde esa misma época. Sin embargo, el italiano Cesare Vecelli no la recoge en sus dibujos de trajes varoniles, ni tampoco el alemán Weiditz, que estuvo en España acompañando al emperador desde 1528 a 1533 y que tomó nota de numerosas tocas femeninas y de varios trajes masculinos. A su vez los grabadores Hogenberg y Hoefnagle, que reprodujeron ciudades y personas de nuestra región en 1544 y 1567, respectivamente, no la ponen nunca sobre nuestros hombres, lo que nos hace pensar si sería prenda usada en el monte y caída ya en desuso en las ciudades visitadas por estos artistas, y así tuvo que ser, pues si no es inexplicable cómo 20 años después, o sea en 1587, el licenciado Andrés de Poza diga que los aldeanos vizcaínos llevaban "una montera en la cabeza" y no es posible suponer que un sombrero que era desconocido en 1567 fuese a los 20 años una prenda popular. No obstante la falta de pinturas y tallas de los siglos XIV, XV, XVI y XVII en la que se representen los trajes populares de nuestra región nos priva de ver las modalidades diversas que esta prenda adquiriría en el País Vasco, pues aunque en Vergara, en el núm. 2 de la calle de Bidacruceta, se puede ver entre los interesantes y finísimos bajorrelieves góticos de su fachada un personaje que lleva una montera, no es atribuible este trabajo a ningún artista local, ni aun cabe pensar que se hiciese por un artista extranjero tomando como modelos las prendas de uso en Vergara. A juicio de D. Joaquín de Yrízar, que sobre esta fachada ya tiene publicado un trabajo, el autor de los bajorrelieves es un alemán, y el estar hechos a molde, hace ver claramente que se trata de un artista que llevaba sus trabajos planeados y que luego al recibir encargos en sus viajes los iba vaciando y colocando. Así pues, es solamente por los escritores y viajeros por donde podemos seguir la pista de la clásica montera. Que este sombrero era el único llevado por nuestra gente de campo a mediados del s. XVIII lo dice bien claramente el padre Larramendi en su "Corografía de Guipúzcoa" al afirmar que "los aldeanos y mozos vienen de montera y de palos altos y fuertes que les sirven para bajar cuestas y montes", y lo mismo asegura Iturriaga en su "Historia General de Vizcaya" al decir que en esta región "en los días de labor los labradores usan montera de paño negro". Otro tanto asegura el naturalista inglés Bowles, que recorrió Vizcaya a fines de dicho siglo y que la da como el tocado popular de nuestra gente de campo. En cambio en Navarra debió desaparecer a mediados del mismo XVIII, pues en 1775 Tomás Padró nos dejó un apunte (E Erriaren Alde, 1928, pág. 123) hecho en Iguzquiza, junto a Estella, en el que vemos un aldeano que la lleva (Lám. 1), bien tosca por cierto y con el ala delantera levantada; advirtiendo el autor del dibujo que era prenda ya caída en desuso. Labayru, en su "Historia de Bizcaya", dice que los aldeanos de esta provincia usan "una montera que ni repara del sol ni del agua", añadiendo luego que "hacia la parte de Marquina llaman a las monteras ARANDA CHAPELA, vulgarmente "para rayos", por su forma puntiaguda: CHIMISTAREN CONTRA CUA o ONAZ TARI JAREN CONTRA CUA". En el s. XIX puede decirse que esta prenda había desaparecido en el resto de España, conservándose únicamente en algunas comarcas de nuestras provincias, pues las monteras subsistentes en otras regiones habían sido tan modificadas, como en Asturias, o tan empequeñecidas y simplificadas, como en Murcia, que sólo el nombre tenían de común con la primitiva prenda gótica. En Gipuzkoa, salvo en la región de Oñate debió desaparecer del todo, a más tardar, a principios de dicho siglo. Ello se comprueba claramente en los numerosos grabados del país ejecutados en los veinticuatro años que median entre la retirada de las invasoras tropas napoleónicas y la primera guerra civil, en los que sólo se observan boinas entre la gente del campo, salvo en una litografía de Sidney Crocker, representando la plaza de Oiartzun, en la que se ve una especie de montera, aunque más probablemente es un sombrero puntiagudo. Tampoco en la "Carta topografía de la M. N. y M. L. provincia de Guipúzcoa", que en 1836 editaron D. José Olazábal Arbeláiz y D. Francisco del Palacio, se coloca montera alguna sobre el aldeano que hay en la cartela simbolizando el país, el que se cubre con boina. En cambio, en Vizcaya siguió usándose, puesto que el alemán Barón de Humboldt, que a principios del XIX visitó esa provincia, asegura que los aldeanos llevaban "una montera negra en punta a modo de casco, de ala triangular de un negro aterciopelado por delante". Todavía en 1844 el bilbaíno Pancho Bringas la coloca sobre la cabeza de los aldeanos que figuran en sus ilustraciones (Lám. 2). En el Museo de Bilbao, existe un apunte de este artista en el que se ve este tocado con todo detalle (Lám. 3). También uno de los Delmas en 1860 la recogió a menudo en sus litografías y dice que los aldeanos llevaban un "colosal sombrero chambergo de ala grande doblado hacia arriba por detrás y extendida por delante". Igualmente Gorosabel en los mismos años la da como usual en ciertas comarcas de Álava y Bizkaia, y el pintor Lecuona la representa frecuentemente en sus cuadros de costumbres. Asimismo, el pintor Seguí, en 1878, ejecutó un fino óleo en el que se reproduce una partida de cartas, en la que entre un grupo de jóvenes tocados de boina figura un viejo con colosal montera. (Lám. 4. Cuadro propiedad del autor.) Y dos años después al ver la luz la revista "Euscal-Erría", se colocó en la portada del primer número un aldeano viejo cubierto con ella, llevando de la mano a un niño, el que sin duda por simbolizar el tiempo nuevo, va cubierto con boina. En el mismo año Mañé y Flaquer, en su obra "El Oasis", da la montera como prenda subsistente en Mundaka y entre los pastores del Gorbea. A fines del mismo siglo aun se llevaba en el valle de Arratia, y de esa época son dos interesantes tallas de madera propiedad del Sr. Izarra de Vitoria y todavía al acabar aquella centuria se podía ver sobre la cabeza de algún viejo arratiano. Quizá por ser ya un sombrero raro de encontrar es por lo que el fallecido D. José de Orueta tuvo la curiosidad de publicar en la pág. 112 de su amenísima obra "Memorias de un bilbaíno", una fotografía hecha en Zeanuri, en la que se ve un viejo aldeano bajo una colosal montera; y de lo poco frecuente que debía ser da una idea la leyenda que figura al pie y que dice: "una de las últimas monteras. Fotografía hecha por el autor en 1896". Todavía en 1900 la casa Maumejean, al fabricar las vidrieras para la Diputación de Guipúzcoa, hizo figurar en un medallón esta prenda, aunque ya sólo como recuerdo de un pretérito tocado, pues como ya hemos visto, en Álava, Gipuzkoa, Navarra y aun en Bizkaia, había dejado de usarse. Hoy en día es un sombrero desaparecido en absoluto, pero no tan antiguo que nuestros museos provinciales se hayan decidido a recogerlo en sus vitrinas. Y es lástima que así sea, pues merece más atención una prenda que, nacida en una remota época del medievo fue llevada ribeteada de armiño por emperadores y reyes, o adornada con plumas por caballeros y juglares, o ya simplificada, por el llorado príncipe Baltasar Carlos, para venir finalmente a morir, parda y menospreciada, sobre la cabeza de un modesto aldeano vizcaíno, que al quitársela por última vez de su cabeza estaría bien ajeno a que cerraba un paréntesis de seiscientos años con tan sencillo gesto.Ref. G. Manso de Zúñiga.