Caserío ubicado en el valle del río Rojo, próximo a su desembocadura en el Ayuda. Los edificios civiles más antiguos se disponen próximos a la iglesia, siguiendo el vial que desde Berantevilla subía hacia los pueblos del valle (V. Palacios, 1994: 179/197). La distribución de las casas es irregular, en terreno en pendiente. Destaca entre ellas una de las primeras de ese camino viejo hoy llamada calle Real, cuya fachada en piedra de sillería se adorna con amplio arco de medio punto y escudo en la primera planta y que podemos datar en el siglo XVI. Son varias las construcciones que conservan todavía vanos de entrada con arcos apuntados y arcos de medio punto, incluso con ventanas con alfeizares moldurados, todos ellos fechables en el siglo XVI.
Destaca de entre todo el caserío la esbelta construcción de la iglesia dedicada a la Asunción de la Virgen. Orientada de este a oeste y dispuesta en la pendiente, llama la atención desde la ladera la alta cabecera del templo. Se trata de un cajón rectangular con contrafuertes angulares y cabecera recta, típica construcción del Gótico-Renacimiento del siglo XVI, adosado a una torre cuadrangular medieval. Se completó posteriormente con el pórtico neoclásico, con tres arcos sobre columnas, que cobija la portada adintelada y moldurada, de construcción coetánea. Su interior es amplio pese a tratarse de un templo de nave única, gracias a la altura de sus bóvedas. Próximas al presbiterio se abren dos capillas laterales, que dan sensación de crucero a la iglesia. Las cubriciones se hacen con bóvedas de terceletes en el tramo del coro, más estrecho, en el de la nave y en las dos capillas laterales, todos ellos descansando en mensulas. En la cabecera se realizó una bóveda de terceletes, sobre mensulas, pero complicándola con un círculo compuesto con nervios, que sugiriera más directamente el cielo. Todas las claves son pétreas y están repintadas, posiblemente llevaran insertas las claves de madera talladas y policromadas. Todo el interior de la iglesia se encuentra, afortunadamente, encalado, lo cual hace posible que en un futuro se pueda estudiar y descubrir la pintura mural que cubrió sus muros en el siglo XVI y siguientes. Destaca dentro de su ajuar mueble el amplio retablo del Barroco en su fase Rococó que cubre el muro recto de la cabecera. Este mueble se encuentra "en blanco" esto es, sin policromar. Sobre zócalo de piedra, consta de banco con sagrario expositor con forma de templete, cuerpo de tres calles y ático con aletones que cierran el conjunto en semicírculo. En el centro se sitúa la talla policromada de la Virgen y en las laterales dos imágenes de san Pedro y san Pablo, rematando la composición el Crucificado. Todo el conjunto se encuentra profusamente decorado con elementos vegetales y rocalla. Pese a que este monumental retablo no ha sido documentado todavía, ha sido atribuido a Manuel Moraza (J. J. Vélez, 1990: 468). En el mismo presbiterio destacan la pila bautismal y un púlpito de piedra con barandillas de forja, que conserva restos de policromías anteriores.
En las dos capillas laterales encontramos dos interesantes retablos hornacina, próximos a la estética del Barroco Rococó. El del lado del evangelio, con inscripción de la fecha 1860, que quizás aluda al repinte, cobija una destacada talla renaciente del Crucificado y otra coetánea de san Sebastián, repintada. El del lado de la epístola alberga una imagen moderna de la Virgen Inmaculada y una talla barroca de la misma advocación en el ático. Conserva un letrero que data el dorado y la policromía del retablo en 1824 "a expensas de un voto". En el muro del evangelio y en una hornacina se encuentra también una pequeña talla de san Vicente, bella imagen barroca con policromía rococó.
A través de la capilla situada en el lado norte se accede a la sacristía donde, además de un mueble cajonera y una talla barroca de vestir, se encuentran vestigios pétreos de una antigua portada románica.
Amaia GALLEGO SÁNCHEZ (2008)
