Politikariak eta Kargu publikoak

Madoz e Ibáñez, Pascual (1989ko bertsioa)

Político y hombre de Estado navarro; escritor, erudito y periodista. Nació en Pamplona / Iruña el 17 de mayo de 1805. En 1813 se traslada su familia a Barbastro (Huesca) donde estudia sus primeras letras en los Escolapios. Al comenzar el Trienio Liberal, en 1820, y tras estudios de cánones en Barbastro, comienza la carrera de leyes en Zaragoza, alcanzando el bachillerato en esta disciplina en 1825. En el verano de 1823 se enfrentan en Barbastro los partidarios del absolutismo contra la Milicia Urbana. Madoz, que se encontraba en la villa aragonesa de vacaciones, refiere, en una de sus intervenciones en el Congreso, su toma de postura: «Soy miliciano nacional desde el día en que vi a los franceses enfrente de mí en el año 1823. Hasta que no vi a los franceses no lo fui, porque era muy joven; pero cuando vi el regimiento 33 en las márgenes del Cinca, me alisté, cogí el fusil, seguí al ejército y me costó tres meses de sitio, diecisiete meses de prisión».
Expatriación. El recuerdo que dejó en Madoz la universidad fue amargo. El mismo juzga este período como «una época de grandes vicisitudes personales, por nuestros compromisos en favor de la causa constitucional». Tras los sucesos anteriores su conducta fue vigilada. Y una vez concluida su carrera en 1828, tuvo que abandonar España. El dos de marzo de 1831 llega a Tulle, y dos meses después se dirige hacia París. La capital francesa congregaba, por entonces a los expatriados españoles más destacados, por lo que Madoz trata de establecer contacto personal con ellos. Entra en la intriga política de la emigración. Contacta con Andrés Borrego, encargado de la Junta provincial del Principado de Cataluña, que le encarga se dirija al Sur de Francia, a fin de consultar a algunos compatriotas sobre su manifiesto que iba a presentarse con objeto de neutralizar los esfuerzos del gobierno español en el asunto de los bonos de Cortes. El ministro del Interior a causa de las actividades imputadas a Madoz, le ordena trasladarse a Tours. Pocos días después de llegar a la ciudad francesa fue protagonista de un hecho que le granjeó las simpatías de Tours. El cuatro de diciembre de 1931 se declaró un incendio en una casa próxima a la habitada por Madoz, quien actuó heroicamente. En el otoño de 1832 se dan cambios políticos en España. Uno de ellos fue el Decreto de Amnistía, promulgado por la regente, el 15-X-1832. Madoz se encontraba entre los afectados, por lo que pudo regresar a España con la mayoría de los exiliados. El resto tuvo que esperar un año más a que se ampliara el perdón.
Del exilio al Congreso. Al regresar a España, Madoz fija su residencia en Barcelona, donde se encarga de la dirección del Diccionario geográfico universal, que había empezado Bergnes de las Casas y lo continúa él a partir de la letra «R». En este mismo año, Madoz va a llevar a cabo un intenso trabajo de publicaciones: redactor principal de la Colección de causas célebres (Madrid, 1840), director del periódico «El Catalán», edita su Reseña sobre el clero y traduce y anota la Estadística de Moreau de Jonnes. Un aspecto de este trabajo es la toma de postura de Madoz, clarísima a lo largo de las notas adicionales. En ellas se desvela el pensamiento de un hombre de la izquierda liberal; se ha convertido en un intelectual politizado, que pone su pluma al servicio de la causa liberal. Posteriormente, se lanza al periodismo; dirige «El Catalán», diario progresista barcelonés. Los nueve primeros números del diario contienen escritos de Madoz, a los que él mismo calificó como su profesión de fe política. Afirma que el trono de Isabel II tendrá su apoyo más seguro en la voluntad popular. Así pues, sólo un monarca constitucional encaja en sus esquemas. Desecha las teorías presidencialistas, según las cuales se considera al jefe del Estado como un ciudadano distinguido. Para Madoz, la diferencia entre absolutismo y gobierno representativo la establece la justicia. La cuestión religiosa constituye el telón de fondo de las páginas de «El Catalán», dados los acontecimientos que tienen lugar durante los años 1834-1835. «El Gobierno que renuncia a intervenir en la enseñanza del clero, en el nombramiento de sus directores y en la elección de los libros de texto, ese Gobierno -decía Madoz- no es Gobierno». Comienza la sustitución de las autoridades antiguas por las revolucionarias. En este caso y en Barcelona recibe el nombre de «Junta de Autoridades», que se reserva las funciones políticas dejando las administrativas a otra distinta, la «Junta Auxiliar Consultiva». Madoz fue nombrado elector en representación de la Milicia, y simultáneamente a la constitución de la «Junta Auxiliar» era nombrado alcalde mayor de Barcelona. De este modo, ingresa por primera vez en un organismo oficial político. En noviembre de 1835 era nombrado comisario regio con carácter de gobernador militar, juez de primera instancia, subdelegado de rentas y jefe de las fuerzas que operaban en el valle de Arán. El principal objetivo de Madoz fue desalojar a las tropas carlistas, donde se habían asentado en agosto de 1835, lo que logra el 28 de noviembre, vencidos los defensores del pretendiente en el puente de Aubert. El período inmediato contempla la presencia de Madoz en las cortes constituyentes de 1836-1837. El pronunciamiento de los sargentos de La Granja supuso la inclinación de la balanza política hacia el lado progresista, simbolizando en la promulgación de la Constitución del 1812. Semejante anacronismo político exigía una revisión. Este es el trabajo que emprenden las Cortes Constituyentes a finales del año 1836. Sus esfuerzos se verán coronados con la promulgación de la nueva ley fundamental el 18 de junio de 1837. Pascual Madoz estuvo presente en las discusiones parlamentarias. En los debates de las Constituyentes se reveló como un liberal puro. Durante la discusión de la ley de 1839, se manifestó por razones políticas partidario de mantener los fueros municipales y económicos de Navarra y Vascongadas (5 de octubre de 1839). El buen entendimiento entre los distintos grupos liberales en la elaboración de la Constitución de 1837 iba a desaparecer poco a poco. En 1840 la ruptura iba a ser total por culpa de la discusión de la ley de ayuntamientos. Madoz se convirtió en el mes de abril en el portavoz del grupo progresista. Tras la marcha de M.ª Cristina, Madoz fue uno de los primeros en manifestar la urgencia de nombrar una nueva regencia. Y es precisamente este punto el que provocará, a su vez, la división de los progresistas partidarios de la regencia única y los que -éste fue su caso- a preferían triple. Ganaron los primeros, y Espartero consiguió la regencia. Madoz fue jefe político de Navarra en 1841 , durante el alzamiento moderado, y diputado electo. Organizó con éxito la sublevación de la provincia de Lérida contra Espartero en 1843. Desde allí pasó con numerosos efectivos a la de Huesca, obligando a retirarse a Zaragoza a los gubernamentales. Los tres primeros años de la década moderada son una pausa en la vida política de Madoz. En principio se verá apartado de la actividad pública, a causa del proceso que se le instruyó. Tras el juicio, en septiembre de 1844, marcha a París. Y al año siguiente regresará a Madrid para iniciar la impresión del Diccionario que comenzó en mayo de 1845 y concluyó el mismo mes de 1850. En 1834 había iniciado los trabajos previos. Pero las vicisitudes por las que atraviesa el país y sus cargos públicos, así como su permanencia en el Congreso, interrumpen la labor comenzada. Reemprende su estudio en 1839, al comprender que se acercaba el final de la guerra, y es entonces cuando buscó colaboradores en todas las provincias de España que llegaron a sumar la cifra de 1.484, repartidos por la península, Cuba, Puerto Rico y Filipinas. En el verano de 1846 Madoz se retiró a Zarautz para continuar sus trabajos estadísticos. El clima y la acogida de la villa guipuzcoana hicieron de Madoz vecino hasta su muerte y bienhechor de la ciudad.
El bienio progresista; La ley Madoz. Los diez años de mandato del partido moderado pusieron de manifiesto la falta de unidad de la derecha liberal. Era necesaria una revolución, o, por ser más preciso, las revoluciones de 1854. La Gaceta de Madrid del día 8 de agosto de 1854 publicaba el nombramiento de Madoz como gobernador civil de Barcelona. Se encontraba en Lérida cuando recibió la noticia de su nombramiento. El 10 de agosto hizo su entrada en la Ciudad Condal, donde permaneció hasta el 22 de octubre. La situación conflictiva entre obreros y patronos y el cólera fueron los problemas más graves a los que tuvo que hacer frente. El Gobierno de Madrid le concede la Gran Cruz de Isabel II, a la que renuncia. Sin embargo acepta la distinción de hijo adoptivo de Barcelona. Entramos ahora en el período de la vida de Madoz más conocido: su paso por el Ministerio de Hacienda, durante 4 meses largos; el motivo por el que los historiadores se han ocupado de esta etapa de su carrera no es otro que la ley de desamortización de 1855. Expuso a la aprobación del ejecutivo unos puntos como condición para aceptar el cargo. Uno de ellos era la desamortización. En opinión de Madoz debía realizarse sin que fuera necesaria la aprobación de Roma ante lo que el Consejo de Ministros se pronunció afirmativamente. Tampoco hubo problemas para ponerse de acuerdo en las tres propuestas referentes al conocimiento inmediato del estado del Tesoro, a la organización del Senado y a la Ley Fundamental. Respecto a esta última, Madoz propuso que debería hacerse una Constitución «muy liberal». Cuando Madoz propuso su programa desamortizador, existían ya en España múltiples precedentes. Los decretos del bienio 1836-1837 fueron los de más amplia repercusión, antes de la ley del 1 de mayo de 1855. Asimismo, la desamortización de los bienes pertenecientes a los ayuntamientos no se planteó. Madoz es partidario de la desamortización total. «Todo el mundo sabe -decía en el Congreso- que yo llevo el pensamiento de mi desamortización a la desaparición completa de la mano muerta, de la mano mortífera (...), yo he de desamortizar los bienes del clero si puedo, los bienes de los municipios, de los establecimientos de instrucción y beneficencia». Por su parte, la iglesia había manifestado su disconformidad ante las medidas de Madoz. Los modos del ministro hicieron imposible el entendimiento, y al final acabaron rompiéndose las relaciones con la Santa Sede. En junio de 1855 Madoz presentó su dimisión y volvió a ocupar su escaño en la Cámara.
La descomposición de la monarquía isabelina. La última etapa de la vida de Madoz coincide con la descomposición de la monarquía isabelina. Las dificultades de todo tipo, que han tenido lugar desde 1833, constituyeron un reto al régimen liberal. Unas veces fue necesario hacer frente a serios problemas económicos, otras a conflictos sociales, las más a dificultades políticas. En estas circunstancias el segundo tercio del siglo XIX español presenta como rasgo más definido de la vida política un desarrollo inestable. A pesar de todo, el sistema liberal fue capaz de traspasar la barrera de los años 50. En el verano de 1856, a la marcha de la izquierda liberal durante su «bienio» vino a sumarse el contragolpe de O'Donnell, que dejó al partido progresista casi al borde de la disolución. El 14 de julio de 1856, Madoz presentó en el Parlamento una moción de censura. Más tarde, defendió en las calles madrileñas el régimen del «bienio», al frente de la Milicia Nacional. El partido progresista quedó disuelto y disperso. Marcha de nuevo a Francia y al regresar, en 1858, había surgido en España un nuevo partido dirigido por O'Donnell, que proponía a La Unión Liberal, como una opción de centro. Los progresistas puros se situaron decididamente en la oposición. Madoz se colocó a la cabeza. En 1863 acaban los cinco años de gobierno de La Unión Liberal. La revolución de 1868 acaba con la monarquía isabelina. Hasta 1868 habían fracasado las distintas intentonas revolucionarias. En septiembre de aquel año Isabel II era expulsada de España. Poco tiempo después Madoz rechazaba en el Congreso el papel de conspirador. No estuvo en primera línea cuando la gestación de «La Gloriosa»; su presencia en la Junta revolucionaria de Madrid, en calidad de presidente, dio pie a que se le adjudicara a Madoz la iniciativa del grito «Abajo los Borbones». Poco después, Madoz abandonaba el cargo de gobernador de Madrid, alegaba motivos de salud para la dimisión. La Revolución de septiembre, en definitiva, repudiaba la monarquía liberal, para instaurar la monarquía democrática, asentada sobre el sufragio universal. El partido monárquico-demócrata, en el que se había integrado Madoz, ganó las elecciones. Entre los numerosos candidatos a la corona española figuró Espartero, que encontró en Pascual Madoz su mejor promotor. Desde finales de 1869, cuando ya se empezaba a tantear a los extranjeros, Madoz presentó a las Cortes distintas exposiciones de apoyo a Espartero para que ciñera la corona. En el mes de mayo de 1870 habían fracasado los primeros intentos de Prim de encontrar un rey para España. Fue entonces cuando, desde las esferas del gobierno, se apuntó hacia Espartero. Prim envió a Madoz a Logroño para que le entregase una carta al duque de la Victoria, en la que se le preguntaba si aceptaría la corona de España. Su contestación fue negativa. Se llegó a la votación en las Cortes, una vez que se encontró un candidato. El 16-XI-1870 triunfaba la candidatura del duque de Aosta. En el mismo día de la votación se nombró la comisión que habría de ir a Florencia, a fin de notificar al duque de Aosta el resultado del escrutinio. Entre los diputados que marcharían a Italia se encontraba Pascual Madoz. El día 4 de diciembre la expedición española fue recibida por el rey de Italia en el palacio Pitti. Ruiz Zorrilla ofreció la corona española a Amadeo de Saboya. Partieron de Florencia, presididos por Ruiz Zorrilla, los diputados que regresaban a Madrid. La primera escala la hicieron en Turín. De allí se dirigieron a Génova, a fin de fletar un barco que les condujera a Niza, desde donde proseguirían el viaje por tierra. Su estado de salud impidió a Madoz continuar con la expedición. Permaneció en Génova al cuidado de los médicos de la escuadra española, muriendo el 11 de diciembre de 1870 en la capital ligur. Ref. Paredes Alonso, F. J.: «Pascual Madoz», Pamplona, 1982.