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La Real Compañía Guipuzcoana de Caracas

La pregunta que surge inmediatamente es por qué se estableció en San Sebastián, quiénes fueron sus promotores, además de cuáles fueron sus objetivos. San Sebastián fue la sede principal de la Compañía de Caracas hasta 1752, porque fueron los hombres del Consulado de Comercio de la ciudad los verdaderos impulsores de la sociedad. Fundado el Consulado donostiarra en 1682, debió buscar desde el principio un espacio comercial para sus comerciantes, habida cuenta de que el tráfico lanero y de hierro con Europa había desaparecido prácticamente de su puerto, en favor de Bilbao. Respecto de su denominación de Guipuzcoana, respondía al apoyo que desde el principio recibió de las Juntas Provinciales y como tal envió a Felipe de Aguirre a la Corte para gestionara la petición de la Provincia. Fruto de estas gestiones ante el Secretario de Estado, José Patiño, fue la Real Cédula de fundación. El apoyo de las Juntas también se concretó en el nombramiento de una comisión para que elaborara un reglamento de funcionamiento de la Compañía, una vez concedido el permiso real para su constitución. Esta comisión estuvo formada por: Juan Francisco de Munibe e Idiáquez, conde de Peñaflorida; Juan Raimundo de Arteaga y Lazcano, marqués de Valmediano; José de Areízaga y Corral y Francisco Ignacio de Lapaza y Zarauz. De ahí que se haya afirmado en la bibliografía tradicional, en este caso erróneamente, que la Guipuzcoana de Caracas fue fundada por el conde de Peñaflorida y otros. Lo que sí se puede afirmar es que ellos colaboraron en su fundación.

Aunque está considerada como una compañía privilegiada, es decir, para hacer el comercio en exclusiva con la provincia de Caracas, esta exclusividad le fue otorgada en 1742, cuando, en plena guerra contra los ingleses (guerra conocida por la "Oreja de Jenkins"), la Guipuzcoana prestó gran ayuda a los ejércitos que luchaban en el Caribe. Precisamente fue durante esta guerra cuando Blas de Lezo, accionista también de la caraqueña, se distinguió por la defensa de Cartagena de Indias y otras plazas de la costa del Caribe. La concesión de la exclusividad con el comercio de Caracas suponía que la Compañía podía traficar sin competencia alguna. Además, en la década de los 50, se amplió el privilegio al tráfico con Margarita y Cumaná.