Doctrina religiosa elaborada por Corneille Jansen en la que, siguiendo a San Agustín, la gracia divina prima sobre la libertad humana. Llegó a la diócesis de Bayona, cuando el célebre Jansenius ocupó el puesto de director del colegio de Bayona, en 1612, bajo los auspicios del canónigo bayonés Jean Duvergier de Hauranne, abate de St-Cyran, en cuya casa residió. En 1614, el 27 de junio, Jansenius dio las gracias a la Corporación municipal, "por el honor que le había hecho, al darle el cargo de director de dicho colegio. Y como sus asuntos le llamaban a otra parte, y le era preciso retirarse, le suplicaba que tuviese a bien liberarlo de su cargo y buscar a otro para su puesto". El abate de St-Cyran, por sus relaciones de familia y por sus numerosas amistades, no tardó en propagar su doctrina por la región, que penetró profundamente. Y por eso los jesuitas no pudieron establecerse en Bayona, a pesar de las más altas influencias. Como manifestación de la adhesión a la secta, podemos -dice el abate Dubarat- invocar algunos hechos bien significativos. "En primer lugar, y después de aparecer el libro de la Comunión Frecuente, toda la provincia de Auch, compuesta de un arzobispo y diez obispos, sus sufragáneos, y por cantidad de otros eclesiásticos de segundo orden "lo aprobó unánimemente en una asamblea del año 1645". No se crea que esta aprobación tuvo resultados inmediatos; pero ella cubría con su autoridad una doctrina que no tardó en infiltrarse entre el clero y los fieles. En Bayona no encontramos oposición durante todo el siglo XVII a las enseñanzas de la Santa Sede; incluso no hemos encontrado sobre este tema ni un solo documento en los archivos capitulares. La oposición irreductible al establecimiento de los Jesuitas es quizás la única prueba de tendencia jansenista, que existía sin duda. En el siglo XVIII fue totalmente distinta la cosa. El obispo André Druillet fue el primero que se sumó abiertamente a la secta y arrastró una parte de su clero con él. La célebre Constitución Unigénitus, fue promulgada por el papa Clemente XI, el 8 de septiembre de 1713. El cardenal de Noailles, arzobispo de París, no la aceptó y Druillet, que le debía su nombramiento, se alineó del lado de los opositores y publicó una Pastoral que fue puesta en el Indice. A pesar de algunas tentativas de conciliación, el cardenal interpuso apelación a la bula, el 3 de abril de 1718, y lo hizo público a principios de 1719. Druillet se adhirió el 19 de enero, y puede decirse que con todo el cabildo, compuesto a la sazón por los canónigos Sorhaindo, Couronneau, de Lissalde, Larralde, Haramboure, Castanié, Coronneau, Hayet, Gastambide, Dubrocq y Gaillard; en cambio el clero de Laburdi y de la Baja Navarra se negó en absoluto a aceptarla. Hubo cartas impresas y publicadas contra la secta del obispo. En una de ellas se exclamaba: "Acordémonos todos de que somos vascos, es decir buenos católicos". En otra, muy viva, se decía al prelado: "Abrid los ojos sobre vuestra extraña situación y pensad en vuestra salvación, y en la salvación de vuestros pueblos acostumbrados por un largo episcopado a seguiros". Esta carta era tanto más fuerte cuanto que intentaba refutar, artículo por artículo, toda la pastoral jansenista de monseñor Druillet. En 1721 éste publicó una pastoral de aceptación de la bula, pero sin revocar su llamamiento. Al mismo tiempo hacía venir, para dirigir su nuevo seminario, a religiosos -los Doctrinarios-, que fueron ardientes jansenistas y se atrajeron más tarde numerosas complicaciones. Finalmente, el obispo murió súbitamente, el 19 de noviembre de 1727, sin haberse retractado de antemano de su llamamiento. Tuvo como sucesor a monseñor de La Vieuxville, nombrado en marzo de 1728, cuya primera preocupación fue la de aplastar el jansenismo. A todos los miembros del clero pidió la firma del Formulario y la aceptación pura y simple de la Constitución Unigenitus. En este sentido escribió al cabildo el 17 de septiembre de 1728, los canónigos dieron su respuesta el 5 de enero de 1729; Haramboure y Larralde no admitieron ningún trato; Castanié, Gastambide, Gaillard, Saint-Pé y Couronneau, aceptaron la Constitución; Dubrocq y Hayet pidieron ser informados, Dubrocq esperó la llegada del obispo. Entre el clero, dos vicarios de la catedral, Hiriart y Bernede, se mostraron refractarios. El superior del Seminario fue despedido. Algunas medidas tomadas contra los recurrentes hicieron arrepentirse a muchos rezagados. Los canónigos Haramboure y Larralde fueron los únicos que persistieron obstinados en su apelación. Ya sabemos el horrible escándalo que causó la muerte, y sobre todo el entierro sin solemnidad, de Haramboure, en 1734; el periódico jansenista Noticias Eclesiásticas hizo muchos comentarios sobre ello. Larralde fue exiliado a Haussette, cerca de San Juan Pied-de-Port, y persistió en su actitud hasta su muerte, acaecida el 24 de junio de 1776. Ningún obispo de Bayona favoreció, pues, la doctrina condenada; sin embargo no pudieron despedir a los Doctrinarios que hicieron del seminario un foco de jansenismo. El abate Daguerre, que se atrajo a muchos disidentes, murió en Bayona durante la misión del jubileo de 1751. La obra de M. Duvoisin y las Noticias Eclesiásticas ofrecen numerosos detalles sobre varias manifestaciones del espíritu jansenista en esta época; pero después de todo, el impacto no fue en Bayona tan grande como en otras muchas diócesis de Francia. (Abate Dubarat, Misal de Bayona). La parte guipuzcoana y alto-navarra de la diócesis de Bayona separada en 1566 recibió, según asegura José de Arteche, cierta influencia jansenista puesta de manifiesto principalmente en el rigorismo moral, rigorismo que, sin embargo, no creemos sea mayor que el imperante en las restantes provincias vascas.
Ainhoa AROZAMENA AYALA
Ver DUVERGIER DE HAURANNE, Jean.
Ainhoa AROZAMENA AYALA
Ver DUVERGIER DE HAURANNE, Jean.
