Es a mediados del s. XIV cuando los turcos otomanos comienzan a presentarse en Europa a costa del Imperio bizantino. En 1453 cae Constantinopla; los turcos se hacen con Grecia (Morea) y con los Balcanes a finales del s. XV. Es la toma de Otranto (1480, Italia) la que pone en pie a Europa Occidental frente al poder arrollador de los otomanos. Isabel la Católica encomendó el 18 de enero de 1841 al contador mayor Alfonso de Quintanilla y al provisor de Villafranca, Juan de Ortega, el reclutamiento de una Armada para defender Italia. Ambos visitaron Burgos, Vitoria, Gipuzkoa, Bizkaia y las villas de la Montaña para poner en marcha el proyecto. En esta última fueron obligados a jurar los fueros el 7 de abril de ese año. El 22 de junio zarparon de Gipuzkoa y Bizkaia 50 naos armadas a juntarse con las de Galicia y Andalucía llegando a Nápoles en octubre. Los otomanos evacuaron Otranto pero prosiguieron su marcha hacia Centroeuropa llegando a cercar Viena en 1529. Las fuerzas occidentales envían entonces una gran Armada que derrota a los turcos en Lepanto (1571); en esta batalla tomaron parte vascos como los capitanes Rodrigo de Zugasti, Ochoa de Recalde y Cristóbal de Munguía. La participación guipuzcoana fue encuadrada por Juan Núñez de Palencia. La amenaza sobre Viena subsistió, sin embargo, hasta la batalla de San Gotardo, en 1664. En las relaciones que mantuvieron los vascos con los turcos hubo diversidad de circunstancias. Algunos navegantes vascos fueron hechos prisioneros, renegaron de la fe cristiana y acabaron sus días felizmente aposentados en el Imperio turco. Otros fueron rescatados por medio de dinero, principalmente por los trinitarios a lo largo de los ss. XVII y XVIII. Los historiadores relatan, por ejemplo, la vida novelesca de un hidalgo suletino, Pedro de Lasala, de Sibas. Tomado preso por unos corsarios argelinos en 1636, cerca del puerto de Nápoles, fue elegido para ser esclavo del Gran Visir de Moravia. Cinco años más tarde el Gran Visir casó una de sus hijas con el Bajá de Trípoli, y pasa a su yerno el joven esclavo vasco. En su nuevo destino el Bajá le toma cariño haciéndolo su favorito. Le ofrece riquezas y su hermana en casamiento, poniendo sin embargo como condición que reniegue de la religión católica, abrazando el islamismo. El rechazo de tal propuesta no disminuye el afecto del Bajá hacia su esclavo. Ya hacía diez años que Pedro llevaba esa vida, cuando llegó como prisionero a Trípoli otro cristiano, un gentilhombre español llamado Agustín Girón de Mexía. Este encuentro suavizó las horas de cautiverio del vasco, y la vida en común duró nueve años, hasta que Mexía consiguió su rescate por intermedio de unos amigos. El instante de la separación fue conmovedor, y Mexía prometió ponerse en comunicación con la familia de Sibas. La promesa fue cumplida y Pedro de Lasala recibió el dinero necesario para su rescate, recuperando su libertad. Se sabe que, hasta 1830, Argel y los grandes puertos del norte africano resultaron verdaderas guaridas de corsarios turcos, que capturaban todos los buques a su alcance, no extrañándose que los marinos vascos, tan amantes de correrías, hayan sido víctimas de esos actos de piratería. Generalmente los euskaldunes no recuperaban la libertad sino gracias a los tenaces esfuerzos de los Trinitarios, Padres de la Merced u otros religiosos que consagraban su vida a esa obra de caridad. Se han publicado listas de vascos rescatados por medio de esos religiosos. Los anales de los Archivos de Bayona contienen, con respecto a la liberación de esos cautivos, la siguiente nota: "Viernes, 26 de agosto de 1729. Ante el alcalde de Poyeit y secretarios, el Padre Pascual Lacase, Comisario General de Redención de Cautivos de la Orden de la Merced, ha declarado haber rescatado en Turquía donde se hallaban esclavos, siete cautivos, a saber: Guillermo de Lacoste, Bernardo Casenave, Tomás Pitré, Jorge Blanchard, Domingo Noel, Pedro Ducassou, Francisco Gentil, nativos y habitantes de Bayona." En los mismos archivos figura una carta del 3 de enero de 1625, dirigida al gobernador, conde Grammont, relativa a seis pobres marineros de Ziburu y de San Juan de Luz, cautivos de los turcos. En la Revista de Gascuña apareció el siguiente relato, referente a la llegada a Bayona, en 1729, de nueve esclavos, de los cuales siete bayoneses, rescatados por los Padres de la Merced: "Los esclavos llegaron a Bayona el 25 de agosto de 1729; el 26, a las 8 de la mañana, fueron llevados ante el obispo por el Padre Lacaze, Redentorista. Los recibió muy gentilmente el obispo y les pidió hicieran el relato de sus sufrimientos durante el cautiverio, que resultó muy conmovedor. Por tal motivo se decidió efectuar una solemne procesión en acción de gracias, fijándose para tal acto el día lunes 29, por ser día de feria; habría así mayor número de testigos de esa piadosa y santa ceremonia. Al salir del palacio epicospal fueron conducidos al palacio municipal donde el alcalde, rodeado por las demás autoridades, los acogió con toda cordialidad. El 29 los ex cautivos, acompañados por dos mayordomos de iglesia, tomaron parte en la procesión, previa solemne misa. Durante la ceremonia se pidió a los asistentes el acostumbrado óbolo para cumplir con el compromiso tomado en el momento del rescate." Cada vez que los cautivos regresaban a sus hogares, se llevaban a cabo ceremonias similares. Ver CAUTIVO, VA.
Ainhoa AROZAMENA AYALA
Ainhoa AROZAMENA AYALA
