Sailkatu gabe

GIPUZKOA

Bou armado, de 1.200 toneladas, al mando del capitán Galdós, que escoltaba al mercante Galdames en la ruta Bayona-Bilbao y que intervino en la batalla de Cabo Matxitxako, el 5 de marzo de 1937, junto con los bous Nabarra, Bizkaya y Donostia, contra el crucero Canarias, de 10.000 toneladas. Veamos cómo se narra este episodio en Bidasoa Inguraztiak: La mañana del 5 de marzo nace todavía fría y tempestuosa. La mar sigue gruesa, arbolada, aunque el viento va cediendo lentamente. Gruesos nubarrones plomizos corren sobre el cielo gris y los chubascos esconden a veces la costa, los barcos y el horizonte. En este desapacible panorama van a ir apareciendo, poco a poco, los participantes en la batalla, y es esencial comprender que las condiciones de visibilidad eran eminentemente variables en la cola del temporal. Aunque los barcos veían la costa, a veces ellos mismos no se veían, separados por cortinas de lluvia, o escondidos parcialmente por la altura de las olas. El primer bou que aparece en la escena de la futura batalla es el Gipuzkoa. A este barco su derrota y el tiempo le han colocado en una posición a unas 16 millas al Norte de cabo Villano, hacia las 9,00 horas. El Bizkaya, al amanecer, ha divisado la costa con suficiente claridad para situarse por marcaciones y constatar que su posición observada es cercana a su posición estimada, a unas 14 millas al NE de Cabo Matxitxako. Continúa rumbo al Oeste, y hacia las 9,00 horas divisa al Gipuzkoa, al NO. Los dos bous se acercan y se ponen al habla. Gipuzkoa indica que, al igual que Bizkaya, perdió contacto con el convoy después de media noche y no ha visto nada desde entonces. Los dos comandantes comentan lo sucedido y acuerdan reconocer el uno (Galdós) hacia la altura de Santoña y el otro (Bilbao) rehacer el rumbo, invirtiendo la derrota seguida, hacia el Este. Acuerdan igualmente no romper el silencio radio, a no ser por una razón excepcional, ya que se sigue oyendo con fuerza la emisora no identificada. Se separan los bous, cada uno a su misión. Van pasando las horas de la mañana sin novedad. La mar va dejando, aunque siguen pasando chubascos de agua y granizo, que hacen que la visibilidad varíe constantemente. Mientras tanto, los atalayeros y observadores de la costa, en Monte Serantes y Punta Galea, en contacto telefónico con la Jefatura de Marina en el Carlton, no despegan la vista del mar, tratando de apercibir los primeros navíos del convoy. Y son estos observadores los primeros en señalar el inicio del combate. A las 12,30, Serantes y Galea comunican a Durañona, en el Carlton, que divisan un gran crucero no identificado, 18 millas al N de Galea, con rumbo aparente hacia el Abra de Bilbao, aunque no se aprecia muy claramente su derrota. Empieza a cundir la alarma. Durañona hace llamar a Egia quien, habiendo estado en vela toda la noche esperando noticias, está ahora descansando en su casa. La batería de 155 mm. de Punta Galea es puesta en estado de alerta. Todos los telémetros y catalejos siguen desde la costa al gran crucero. Algunos observadores creen divisar un pabellón alemán en su popa. En la Jefatura de Marina se piensa que puede ser un buque alemán o inglés de los patrullas de la no intervención. Los minutos pasan, mortalmente lentos, sin que puedan tomar los mandos decisión alguna. A las 13,10, Bizcaya se encuentra a unas 16 millas al NNE de Matxitxako. Alejo Bilbao, su comandante, al no divisar traza del convoy, llega a la conclusión de que éste habrá sido muy importantemente desviado de su ruta, y posiblemente haya vuelto a Bayona o al refugio de otro puerto francés. Decide, por lo tanto, arrumbar directamente al Abra, para entrar antes del anochecer. En este momento, el horizonte está cubierto por un chubasquillo y la visibilidad es mala, pero va despejando por el NO. Inmediatamente después de dar la ciaboga divisan desde el Bizkaya, muy próximo, en la visibilidad que aumenta rápidamente, un gran buque de guerra que reconocen inmediatamente como el Canarias, navegando al SE, en rumbo convergente al suyo. La sorpresa es mayúscula y las reacciones en el Bizkaya son rápidas. Zafarrancho de combate, a toda máquina, timón a babor, en dirección a la costa, hacia Bakio o Matxitxako, para alcanzar refugio en la zona batida por las piezas de Punta Galea, o, en caso de desastre, embarrancar en Bakio. Al mismo tiempo, el comandante ordena a su telegrafista que haga una llamada general, en claro, comunicando la presencia del Canarias a 20 millas al NNW de Matxitxako, para que tanto los otros bous como las autoridades en tierra puedan tomar las medidas adecuadas. Esto ocurre hacia las 13,30. Examinemos la situación en estos primeros momentos de la acción. Por casualidad, el Canarias ha conseguido un efecto de sorpresa, a la vez que una excelente posición táctica cerca del centro del disgregado dispositivo vasco. Al iniciar su acercamiento al Bizkaya tiene por su proa y a babor a este bou y le corta la ruta hacia Bilbao. Pero, cerca de la zona que sus piezas pueden batir, por su través y a estribor tiene, aunque no lo sabe todavía, al Gipuzkoa, el cual, habiendo oído la alerta general del Bizkaya, emprende rumbo a toda máquina hacia Bilbao para colocarse dentro del sector protegido por la batería de Punta Galea. Igualmente, y aunque el Canarias tampoco lo sabe, tiene cerca del alcance de su artillería, pero invisibles todavía, a Nabarra, Galdames y Donostia, por su través o aleta babor. En esquema, se puede imaginar al Canarias en una zona central en la semi-periferia SE de la cual se encuentran, de Oeste a NE, Gipuzkoa, Bizkaya y, algo separados, Nabarra, Galdames y Donostia. Paradójicamente esta excelente posición táctica le va a impedir al Canarias destruir totalmente el convoy, porque los barcos vascos irán apareciendo inesperadamente en el horizonte visual del crucero, y éste, cual leopardo rodeado por demasiadas cebras, correrá siempre tras la última en aparecer. Así, el Bizkaya será salvado por la aparición del Gipuzkoa; éste, a su vez, por la aparición del Nabarra, Galdames y Donostia (y la batería de Punta Galea), y el Bizkaya será perdonado una segunda vez por la misma razón. Volvamos a las operaciones, cuyo curso se va a precipitar. El Canarias va ganando rápidamente sobre el Bizkaya, pero no abre el fuego aunque está a distancia artillera. En el Bizkaya, la tripulación en sus puestos de combate, espera la orden de fuego, a la vez que, mentalmente, se prepara para el choque brutal de la primera salva del Canarias, que puede acabar con ellos. El crucero está a unas tres millas del bou, y Alejo Bilbao va a dar la orden de fuego, cuando observa con asombro que el Canarias vira en redondo, fuerza la máquina y se dirige al Oeste, cambiando su rumbo. El crucero acaba de divisar, por el Oeste, y a unas 12 millas al NE de Santoña, al Gipuzkoa, y decide atacarlo primero, por estar más cerca de Bilbao, y por lo tanto de refugio. Del Bizkaya se ocupará después. Canarias desaparece de la vista del Bizkaya, cuyo telegrafista le hace saber a su comandante que ha hecho la llamada general, y que la estación de Artxanda está comunicando con el José Luis Díez en clave. El comandante le ordena llame a Jefatura de Marina, para que el Gobierno de Euzkadi envíe toda la ayuda posible, destructores o aviones, a los bous. A pesar de todas sus llamadas, la estación de Artxanda (Fuerzas Navales) no contesta, ni contesta tampoco a las insistentes llamadas del Gipuzkoa, que acaba de divisar al Canarias dirigiéndose hacia él, y pide igualmente ayuda. La frecuencia está monopolizada por la conversación en clave entre Artxanda y José Luis Díez. Aunque no ha habido contestación, en Jefatura de Marina sí se han recibido los mensajes del Bizkaya. Durañona ha alertado a Pedro Basaldúa, ayudante del Presidente Aguirre, y a José Rezola, Consejero de Defensa. Es ya seguro que el crucero es enemigo, y hay que actuar en consecuencia. Al mismo tiempo se recibe de Serantes y Punta Galea la información de que Canarias ha abierto fuego sobre el Gipuzkoa. Inmediatamente, y bajo su propia responsabilidad, Durañona ordena al comandante de Artillería Gutiérrez, que manda la batería de la Galea, que dispare sobre el crucero en cuanto esté a su alcance. Ha empezado la batalla. El Canarias divisa al Gipuzkoa a una distancia de unas 8 millas y éste, a su vez, hace rumbo a Bilbao, que dista unas 12 millas. Canarias ataca con su artillería principal, y, a medida que el alcance se va acortando, con su artillería secundaria y proyectiles rompedores. Galdós lleva el Gipuzkoa a toda máquina, y su problema es llegar a la protección de Punta Galea antes de ser hundido. Con una enorme pluma de humo saliendo de su chimenea, el bou lleva su ruta con cortos zig-zags para evitar los obuses del Canarias. Las primeras salvas del crucero, por el oleaje y el mal ajuste de las piezas, tienen una excesiva dispersión. Gipuzkoa, por su parte, hace fuego de sus dos piezas, aunque el crucero está todavía fuera de alcance y sus obuses caen cortos. La situación crítica durará 20 minutos. La velocidad 'del Canarias (24 nudos) es doble de la del bou, pero éste se encuentra a 20 minutos del paraguas protector de Punta Galea. Con gran sangre fría, Galdós maniobra su bou rodeado por los geysers de espuma y agua que levantan los proyectiles del Canarias. La dispersión se va reduciendo y el encuadramiento mejorando. Empieza a hacer blanco el Canarias. Un obús alcanza la pieza de popa del Gipuzkoa, matando a tres de sus servidores e hiriendo a otros. Otro, atravesando la chimenea, estalla en el puente superior e inicia un incendio que se propaga rápidamente. La tripulación se afana en el servicio contra-incendios, mientras la pieza de proa sigue disparando, aunque en vano por falta de alcance. Otros obuses estallan cercanos, acribillando las superestructuras del bou. A pesar de todos los esfuerzos, el incendio va extendiéndose, y envuelve pronto el puente superior de mando de combate. El comandante ordena que se prepare el gobierno a mano en popa, cuando estalla, calentada por el fuego, una caja de bombas de mano que se guardaba en el puente inferior, para cualquier eventualidad. Su metralla mata a un oficial y al telegrafista, hiriendo en la cara al capitán Galdós. Entre el humo y el fuego, los supervivientes de acercan a su comandante, quien yace con la cara ensangrentada. Una esquirla le ha abierto la frente, y la piel y la sangre, cayéndole sobre los ojos, le ciegan y hacen creer que está muerto. Sus compañeros le reaniman, le levantan la piel, le limpian la sangre de los ojos y vuelve a mandar la maniobra. Badiola, segundo oficial, después de una explosión, se encuentra en proa, herido. En el calor de la acción no aprecia su gravedad, pero después, y según sus propias palabras "me di cuenta que me habían llevado medio culo". Badiola, antiguo gudari del batallón Avellaneda, curará de sus heridas, asistirá al bombardeo de Gernika con muletas y continuará una honrosa carrera de capitán mercante y profesor de náutica en Venezuela. Todavía hoy, después de 40 años, hay muchas personas en la costa, desde Ciérvana a Barrika, que recuerdan el dramático espectáculo del Gipuzkoa, verdadera masa de humo encuadrada de obuses que le caían cerca, dirigiéndose al Abra. Dentro de la agonía de los minutos que pasan, el Comandante de la batería de Punta Galea, Francisco Gutiérrez, observa por catalejo al Gipuzkoa y al Canarias, que se acercan. El sargento telemetrista le va dando las distancias: "21.500 metros", "20.000", "18.000", ... La distancia es demasiado larga, pero hay que salvar al Gipuzkoa. "¡Fuego!", ordena Gutiérrez. Esta primera salva, aunque hecha a alza máxima, consigue encuadrar al crucero. La segunda salva es más cercana todavía, y parece que alcanza el blanco. Brutalmente, el crucero vira a babor y arrumba al NE para salir de la zona batida por Punta Galea, abandonando la persecución. Gutiérrez dispara unas salvas más, pero pronto el crucero sale fuera del alcance de sus piezas. Ha terminado el primer episodio de la batalla, hacia las 14,30. Para el Gipuzkoa no ha terminado todo todavía. Galdós, con la cara ensangrentada, sigue mandando la maniobra desde cerca de la destrozada pieza de popa, y pasa sus órdenes al timonel, Ituarte, que lleva el gobierno a mano. Ituarte, bermeano de 40 años, tiene una profunda herida en el pie, pero insiste en quedarse en su puesto, y así lo hará, aunque al final tendrá que gobernar sentado. Afortunadamente, el viento es de Oeste, y lleva el humo y llamas hacia las amuras del bou, dejando libre la popa. Lentamente, interminablemente, la hoguera que es el Gipuzkoa llega a la Galea, donde le esperan dos remolcadores, pero prefiere prescindir de ellos y seguir solo. Al pasar las puntas del Abra le espera el remolcador Altsu, que se pone a su banda y le cubre de agua con sus potentes mangueras de incendio. En tierra los jefes de la Marina han acabado los preparativos para acoger al bou a su llegada. Ertzaña (Policía Militar) ha acordonado el embarcadero del Marítimo, en el Abra, y allí esperan ambulancias, médicos y enfermeras. Esperan igualmente en el embarcadero Egia, Jefe de la Marina Auxiliar, Burgaña, Jefe de Operaciones, Basaldúa, Durañona. Emocionados, miran cómo el Gipuzkoa se acerca, en una dramática visión, con el Altsu a su lado lanzándole cortinas de agua, como queriendo ayudar y dar la bienvenida al hermano herido. Los heridos (12) y los muertos (5) son desembarcados: los primeros son llevados al Hospital Gandarias en Portugalete. Los muertos serán enterrados el día siguiente en el cementerio de Getxo, en una impresionante manifestación de duelo y solidaridad. Sus nombres son: Victoriano Sainz Pérez, Segundo Oficial; Benito Rodríguez Luque, Telegrafista; Faustino de Bastida, Cabo artillero; Francisco de Elordui, Artillero, y Gerardo Tobau, Marinero. El día después del combate Durañona se encuentra en el Carlton, ocupándose de las secuelas de lo ocurrido. Un ordenanza le anuncia la presencia de un hermano de una de las víctimas del día anterior. El muchacho viene de Bermeo, y quiere ver a algún Jefe de la Marina. Durañona le hace pasar, pensando que querrá saber detalles sobre la muerte de su hermano, o tal vez se trate de algún trámite. La conversación es breve: "Vengo -dice el muchacho bermeano- para ocupar el puesto de mi hermano".