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EGULBATI

Urbanismo y construcciones civiles

El antiguo señorío de Egulbati, que aparece ya citado en el Libro de Rediezmo de 1268, ha sido recientemente adquirido, tras pasar por diferentes manos, por el Ayuntamiento del Valle de Egüés-Eguesibarreko Udala, como lugar de esparcimiento para los vecinos del valle. Se ha planteado también como marco de campamentos y colonias, así como para centro de interpretación de los señoríos medievales, sin descartar la posible instalación de una explotación hotelera de reducida capacidad, todo ello bajo parámetros de sostenibilidad ambiental, social y económica.

El caserío, muy reducido, consta de cuatro viviendas en estado de abandono y muy deterioradas. Abre el casco urbano un caserón exento, de planta rectangular y tres alturas. Los muros van enlucidos, y la fachada se encuentra en uno de los lados cortos. La puerta se abre mediante portalón de medio punto, compuesto por nueve dovelas, y lleva ventanas rectas enmarcadas por cintas de sillar. Junto a este edificio se ven otras cuatro casas de menores pretensiones, de aspecto más antiguo pero muy arruinadas.

Iglesia de la Inmaculada Concepción

Desde este grupo de casitas puede ascenderse por unas escaleras de piedra hacia la iglesia, en un entorno arbolado de gran belleza, donde los antiguos setos y parterres presentan hoy un aspecto abandonado y asilvestrado, no carente de atractivo. Un frontón de impresionante aspecto, construido en 1942 y más recientemente restaurado, repite al parecer de manera mimética las características del antiguo Euskal Jai pamplonés, en el que sus constructores se habrían inspirado.

En la zona más alta del pueblo encontramos la antigua iglesia de la Inmaculada Concepción, hoy muy alterada y en estado de franco deterioro. Parece responder en su aspecto interior al periodo barroco, aunque al exterior ha sufrido alteraciones en época reciente. Presenta planta muy simple y de pequeño desarrollo, con una única nave, dividida en dos tramos, más cabecera recta. El acceso va en el primer tramo, por el lado de la Epístola, y la sacristía, que prolonga los muros perimetrales, es una reducida estancia adosada al muro testero. Los muros van enlucidos al exterior y al interior, y se perforan por una serie de óculos modernos, con enmarques de sillería, abiertos en cada uno de los tramos del lado de la Epístola. La puerta es un arco de medio punto que apea en pies derechos, y que lleva molduras en la línea del salmer, a modo de capiteles. Se cubre este conjunto con una bóveda de lunetos, cuyos tramos se separan por arcos fajones de color rojo. Por encima encontramos una techumbre a dos aguas, rematada sobre el acceso con una espadaña de ladrillo enlucido que se abre con un arquillo de medio punto.

Al interior del templo, el mobiliario está muy deteriorado y faltan las imágenes. Se aprecia la armadura de un retablo sin policromar, compuesto por banco y una única caja, flanqueada por pilastras y rematada en frontón curvo. Parece obra del XVII. Delante hay seis bancos y dos reclinatorios, así como una pila bautismal desmontada, que muestra pedestal cuadrado, basa circular, fuste cilíndrico liso y copa semicircular sin decoración. Al exterior, en el cementerio anejo, se encuentra una estela discoidea muy deteriorada.

Pertenece a este señorío una imagen de la Virgen con el Niño, destinada sin duda a presidir el retablo, estudiada por Clara Fernández-Ladreda. Se enmarca dentro del grupo derivado de la Virgen de Roncesvalles, en el subgrupo que siguen el prototipo a través de la imagen de Olaz-Subiza. Este subgrupo está conformado por las tallas de Arraiza, Besolla, Gaintza, Enériz, Unx, Osácar y la propia de Egulbati. Pertenece al estilo gótico, con una cronología cercana al último cuarto del siglo XIV. La escultura mide 119 cm. de alto, y presenta a María sedente, con el Niño sentado sobre su rodilla izquierda y sosteniendo un libro. Presenta el característico hieratismo de la época, con una frontalidad también acusada, Los rostros son algo esquemáticos pero amables, en el caso de la Madre con un corte marcadamente triangular, mientras que los ropajes, de largos y ondulados pliegues, contribuyen a cerrar la composición, subrayando hábilmente el vínculo entre Madre e Hijo.

Joseba ASIRON SAEZ (2008)